Capítulo 7
He pasado más de veintiocho día sin saber nada de ella. Cumpliendo con mi día como si no fuera más que un robot, una maquina diseñada para actividades. Mis sentimientos se congelaron al saber que ella ya no estaba aquí. Soy incapaz de sentir un atisbo de felicidad o tranquilidad, o cualquier clase se sentimientos que mantengan estabilidad; todo mi cuerpo se reduce a vagas sensaciones de frustración, dolor y tristeza.
Respirar es un acto tan inconsciente; sé que el aire entra a mis pulmones, y logran un sinfín de acciones para que mi cuerpo funcione, pero me niego a pensar que sigo vivo. No lo estoy, o al menos no lo siento de esa manera. Vivir es sentir cosas en la piel, disfrutar las cosas que logren hacer sonreír, y amar más allá que la vida misma. Pero sin Leah percibo un montón de cosas que no son vivir. Ella es vida para mí, hasta en sus peores momentos, cuando grita, reí o simplemente callada; ella es mi vida.
El tiempo no son más que las manecillas del reloj moviéndose, girando constantemente. Para mí todo ha quedado congelado. Todos se mueven, menos yo. Yo sigo varado, en medio de un desierto esperando a que ella aparezca para darle sentido a mi vida.
Un mes, ya ha pasado un mes desde que Leah se había marchado. Un mes, donde no se digna a mandar un mensaje o una llamada. Un mes, que las ansias se burbujeaban como lava en mi cuerpo. No soporto estar sin noticias. No soporto la idea de que está sola, sin que nadie la cuide, aunque ella no necesita que la protejan, suele hacerlo muy bien, sola. Pero yo quiero cuidarla, protegerla. Tenerla encerrada en mis brazos.
Un día intenté ir a buscarla. La mochila sobre mi hombro tenía lo necesario. Total no eran muchas cosas, podía pasar las noches en cualquier lugar, fuera de la vista de los curiosos, en mi forma de lobo. Pero el único que me detuvo fue Seth.
—Jacob, por favor, sé cómo te sientes —alegó, interponiéndose en mi camino. Me detuve sólo por consideración— Pero ella me prometió que hablaría y cuando lo haga nos dará su dirección, y ni yo ni nadie te va a detener —aseguró. Tiré la mochila en el suelo, y me volví furioso. Yo quería estar con ella lo antes posible.
Los días pasaron, el no verla aumentaba cada día mi mal humor. Todo me molestaba: las palabras de consuelo de mis hermanas, las palabras sobre la paciencia de Billy, ver la cara de perro de Harry me enfurecía y por eso trataba de mantenerme lo más alejado de él ya que si lo tenía podría matarlo con mis propias manos. Me enojaba la cara de dolida que ponía Sue, no sé porque le duele cuando ella no hizo nada por detenerla.
Los chicos de la manada ya estaban más que hartos y prevenidos de mi cambio de humor, tan solo me hablaban para hacer las guardias, pero de ahí en fuera, prefieren estar a cien metros lejos de mí. El único que se quedaba a mi lado era Seth. Sam por otro lado seguía empeñado en quitarme el puesto de Alfa, y cuando se enteró de la partida de Leah tuve que usar todo mi autocontrol y mi voz de mando para controlarlo, exigió saber el motivo por el que se fue, pero Seth y yo le ocultamos esa información. Y Harry y Sue no son tan tontos como para decirlo.
Ahora me encuentro sentado en la arena, en el mismo lugar donde ella me abrazó y lloró en mis brazos pidiéndome que le quitara ese dolor. Como pretendía que lo hiciera, si no me dio la oportunidad. Estoy enfado con ella. Como se atrevió a irse sin decirme nada. Restregué mi cara, quitando algunas solitarias lágrimas. Vi el cielo gris. Una tormenta se acerca, el viento gira a mí alrededor, pero es imposible sentir el frío. Necesito más aire.
—Jacob —escuché la agitada voz de Seth. Levanté la mano en señal de saludo, pero nunca aparté la mirada de las olas.
—Seth —saludé, cuando se sentó a mi lado. El chico respiró agitadamente y aun así sonrió.
—Ella... —las palabras salieron en medio de respiraciones rápidas— Ella… llamó.
—¿Qué? ¿Hablas en serio? —pregunté, poniéndole toda mi atención.
—Sí, me acaba de hablar…
—¿Cómo está? ¿Está bien? —pregunté, desesperado.
—Sí, Jacob, tranquilo. Ella me dijo que está muy bien, que encontró personas realmente buenas que las están apoyando —me contó, y por primera vez desde hace un mes, pude respirar tranquilo.
—¿Dónde está, Seth? —quise saber, inmediatamente recogería mis cosas y la iría a buscar.
—Se encuentra en Seattle —no queda muy lejos, por fin, por fin volvería a ver a mi Leah— Ey, ¿A dónde vas? —me preguntó, cuando de un salto me levanté de la arena.
—¿A dónde crees? Voy a ir a buscarla.
—Jacob, a estas horas ya no hay ningún bus disponible —afirmó— Además ella me pidió que te dijera que no fueras tan impulsivo.
—¿Te preguntó por mí? —una sonrisa se instaló en mis labios ante esa posibilidad.
—Obviamente, me dijo que te extraña y que te… quiere —soltó mi futuro cuñado, de manera incomoda— Bueno pues, ya quita esa cara de idiota que da miedo y coraje, recuerda que soy su hermano —exclamó, molesto.
—¿Qué cara quieres que ponga?, si tu hermana dijo que me quiere— le dije, realmente feliz— Yo voy hacer que me ame —aseguré.
—Bueno, bueno, ve aquí está su dirección. Como te lo prometí, ni yo ni nadie te va a detener de ir a buscarla —me entregó un papel doblado a la mitad.
—Cómo si alguien me lo pudiera prohibir —bufé, en el momento que leía la dirección.
—Supongo que mañana te iras —afirmó.
—Obviamente.
—Me gustaría ir contigo, pero le prometí a Leah que no le daría problemas a Harry y Sue, y no creo que ellos me den permiso de ver a mi hermana. La única manera seria escaparme, pero eso sería meterse en problemas y mi hermana me mataría —dijo el chico derrotado. Él al igual que yo se muere por ver a Leah.
—Seth, tranquilo, ya casi saldrás de vacaciones, yo me encargo de que Billy convenza a Harry para que te deje salir conmigo e iremos a ver a tu hermana —traté de subirles los ánimos y al parecer lo logré porque sonrió débilmente.
—Faltan tres meses para eso —suspiró derrotado, luego sonrió— Cuídala Jacob, y trata de hacer que se olvide de tanto dolor. Cúrala, yo sé que tú lo vas a lograr —declaró. Y ese voto de confianza no lo iba a traicionar, yo curaría a Leah aunque tenga que morir en el intento, pero yo lo lograría.
—Te juro que hare todo los que este en mis manos —respondí— Ahora vamos —me observó, confundido.
—¿A dónde vamos?
—A reunir a la manada.
—¿Para qué? —empezamos a caminar hacia mi casa.
—Pues necesito dejar a alguien a cargo, yo me voy a ir y no sé para cuando regrese —contesté.
Cuando llegamos a casa, tomé el teléfono y les marqué a los chicos para que vinieran inmediatamente.
—¿Y a quien dejaras en el puesto? —preguntó, cuando solté el teléfono.
—Billy y yo ya habíamos hablado de eso y él cree que lo mejor será dejar a Sam —su cara de torno molesta— Sé que no te agrada, pero de todos es el más maduro. No te preocupes Seth, tratare que no te afecte. Es más ¿te gustaría salirte de la manada por un tiempo hasta que yo regrese? —propuse. El elevó una ceja, pensando, y segundos después negó con la cabeza.
—No creo que sea bueno relevarme de mis obligaciones, estaré bien —prometió, con una sonrisa.
—De acuerdo —suspiré.
Los chicos llegaron y todos nos encaminamos al pequeño claro cerca de la casa, los chicos cuchichiaban entre ellos. Unos me miraron con los ojos entrecerrados, y otros confundidos, quizás verme sin mi cara de amargura tuviera algo que ver.
—Bueno, los llamé por algo muy importante. La cosa esta así, mañana me voy a ir, no sé cuánto tiempo estaré fuera, pero para lo que estamos aquí es porque necesito dejar a alguien al mando mientras yo no esté aquí —informé, rápidamente.
Me senté en una roca, les vi la cara uno a uno, tentándome a dejar a alguien más en el cargo. Todos eran mis amigos, pero seguían siendo unos niños, además que lo indicado sería dejar al siguiente en la lista y éste sería Sam. Suspiré, y me bajé de la roca. La decisión estaba tomada.
—¿Pero a dónde vas? —preguntó Jared.
—Es algo personal —fue toda mi explicación.
No me permitiría tener problemas con Sam antes de irme. Me acerqué a él. Sus ojos negros me miraron con enojo, ninguno de los dos nos gustaba estar cerca del otro, y al parecer ese coraje siempre estaría entre los dos. Respiré profundo, necesitaba toda mi voluntad para hacerle la pregunta.
—¿Te gustaría estar a cargo mientras yo regrese? —pregunté, casi en un gruñido. Sus ojos brillaron emocionados. Yo sé que lo que más quería era ser el alfa, pero eso no lo obtendría, sería mi remplazo por un tiempo hasta que yo vuelva.
—Sí —aceptó, con la voz seca.
—De acuerdo, chicos él será su líder hasta que yo vuelva —remarqué las últimas palabras.
No quería que realmente creyera que esto era definitivo. Nunca le daría ese gusto. Yo seguiría mandando, pero había algo más importante en este momento: regresar con Leah, y cuando eso suceda relevare a Sam de su cargo. Los chicos tan solo asintieron, algunos con indiferencia y otros un tanto molestos, pero no sabía si porque yo había pasado de ellos, o es que también soportaban bien poco a Sam. Cualquiera que sea el caso, estaban molestos.
—Una cosa más, como ultima orden de alfa, Seth hará guardia con Quil y Embry, de acuerdo al día que les toque a ellos —ordené. Sam ni queriendo podría pasar por alto mi regla. Seth tan sólo asintió muy feliz— De ahí en fuera, Sam los va a organizar.
Me giré, y caminé hasta mi casa. Ahora le tocaba a Sam organizar las rondas. Era seguro que lo disfrutaría. Pero eso ahora tiene poca relevancia para mí. Entré a la casa y fui directamente a mi habitación, preparé una mochila, con un par de mudas de ropas. Saqué el poco dinero que tenía guardo, que había ganado en la reparación de algunos carros o motos.
A la hora de la cena, le informé a mi familia sobre mi partida. La cara de mis hermanas rápidamente voló a la ensoñación, alegando que sería un príncipe en busca de su princesa perdida. Estaban locas. Billy, él por otro lado me mandó una mirada reprobatoria, no quería que yo me fuera, pero poco podía hacer. Me fui a dormir, y programé la alarma.
El sol ni siquiera había tocado el cielo, cuando yo con maleta en mano salía de casa. Billy me detuvo en la puerta, y sacó un fajo de dinero. Me negué aceptarlo, eran sus ahorros y no quería gastarlo.
—Tal vez te haga falta —apretó el dinero en mi mano. Me puse a su altura y lo abracé fuertemente.
—Gracias, papá —suspiré. Él negó con la cabeza, con una sonrisa.
—Estás enamorado, hijo, y me alegro mucho que sea de ella —le sonreí.
Él ya sabía a razón por la cual Leah se fue. Cuando se lo dije, estuvo muy decepcionado de la actitud de Harry. Mi padre amaba con locura a mis dos hermanas, y él jamás se atrevería hacer algo para que ellas se fueran de su lado.
Tomé el primer autobús con destino a Seattle. Quería estar con ella lo antes posible. Suspiré, ahora era cuando empezaba la verdadera lucha. Yo tenía que estar preparado para enfrentarme al recuerdo de Sam, y arrancarlo de una vez por todas del corazón de Leah. Sé que será difícil, pero ahí estaré para ella.
Hola, aquí lo tienen. Espero que les haya gustado.
Gracias por mandarme sus comentarios, en verdad tienen que saber que me hacen el día cada vez que llega uno. Gracias por eso.
Nos leemos el próximo lunes.
By. Cascabelita
