Katniss se había puesto su pijama mientras Peeta se estaba bañando ¿Qué iba a pasar ahora? ¿Peeta ahora si estaba dispuesto a tener sexo con ella? Se vio en el espejo del tocador, estaba aterrada, pero lo que no sabía era el porqué. Por una parte sería su primera vez y estaba nerviosa por eso, y por otra parte, quería que Peeta la volviera a besar ¡Por Dios, como le había gustado que la besara! Jamás alguien lo había hecho, es más, le parecía asqueroso. Se tocó los labios, besarse con Peeta le había resultado condenadamente delicioso.
Peeta salió del baño, vistiendo únicamente un pantalón de pijama y secándose el cabello con una toalla. Le sonrió, tal como ella lo había hecho en el almacén sin ser correspondida, ahora él le sonreía. Dejó la toalla en una silla y se acercó a ella viéndola por el reflejo del espejo.
Katniss se puso tensa ¿Qué debería de hacer ahora?
-Buenas noches – le dijo Peeta dándole un beso en la mejilla. Y sin más se fue a acostar, apagando la luz de la lámpara.
-Bue… buenas… noches.
Katniss se acostó a un lado de él ¿Qué demonios le pasaba? ¿Solo un buenas noches y ya? Quería patearlo y tirarlo de la cama para gritarle: ¿Por qué carajos no me vuelves a besar? ¡Ella deseaba un segundo beso! Volteo a verlo, él simplemente estaba con los ojos cerrados y su respiración era lenta y tranquila. Jaló la sabana enojada, tapándose hasta el cuello.
Peeta tenía los ojos cerrados recordando el beso. Tantas veces que había soñado con besarla, con sentir sus labios sobre los suyos, con acariciar su trenza. Por fin lo había hecho, y quería seguir haciéndolo por el resto de su vida. Pero tenía que estar consciente que ella estaba con él únicamente por conveniencia y que sus sentimientos tenía que guardárselos solamente para él. Como su esposa, la podía obligar a hacer ciertas cosas, pero jamás obligarla a entregarse a él, la amaba demasiado para eso.
De nuevo, Peeta despertó gritando a la media noche. Katniss enseguida lo abrazó por la espalda, recibiendo un golpe en la cara por parte de él al querer pretender quitarse algo que lo estaba atacando. Pero aun así, ella lucho por abrazarlo.
-Ssshhhh – le susurraba ella al oído para calmarlo – todo está bien, estas en casa.
Peeta, sentado en la cama, respirada agitadamente, sin embargo, ya estaba consciente de que había sido una pesadilla. Se talló los ojos, tratando de despertarse completamente, borrando cualquier recuerdo de la pesadilla.
-Gracias - le dijo regulando su respiración – gracias, otra vez.
Katniss lo soltó y se sentó a un lado de él, tocándose el ojo.
-¿Qué te pasó? – le preguntó Peeta.
-Nada, solo…
-¿Te pegué?
-Fue un accidente.
-Oh, por Dios, perdóname, Katniss – le decía Peeta tratando de ver el ojo golpeado.
-No es nada.
-Demonios –Peeta se levantó al baño trayendo consigo una crema – déjame ponerte esta pomada, no quiero que se te ponga morado el ojo.
-Estoy bien – le dijo Katniss acostándose en la cama bajo la insistencia de él.
-La próxima vez que tenga pesadillas, por favor, aléjate de mi – le decía untándole pomada en el ojo.
-Trato de ayudarte – le dijo dolida.
-Y lo haces, pero no quiero lastimarte.
-¿Qué soñabas? – le preguntó Katniss viéndolo a los ojos.
-¿Grité tu nombre de nuevo? – ella negó con la cabeza haciendo que su cabello se desparramara más en la almohada – no recuerdo bien, solo que corría por el bosque y que los árboles me atacaban, yo trataba de quitármelos de encima – le dijo acariciando el rostro de ella delicadamente – escuchaba una voz que me gritaba y yo trataba de correr hacia esa voz.
-¿De quién era esa voz?
Se le quedo viendo, tenerla frente a él, acostada, indefensa, hermosa aun con un ojo rojo, y estarla acariciando sin que ella pusiera objeción, le daban ganas de besarla.
-No recuerdo – mintió.
-¿Rue?
-Tal vez – se encogió de hombros - ¿Aun te duele? – ella negó con la cabeza sonriendo – no vuelvas a intentar calmarme si ves que yo estoy violento – le dijo como dándole instrucciones a una niña.
-Hoy me tomaste desprevenida, la próxima vez usaré mis habilidades para esquivar golpes.
Ambos sonrieron.
-Duerme, ya es la segunda noche que no te dejo dormir bien – le dijo Peeta dándole un beso en la frente – que descanses.
-¿Tú crees que puedas dormir bien? – le preguntó Katniss levantándose un poco de la cama, al ver que Peeta caminaba hacia el tocador para dejar la pomada.
-Lo intentaré. Pero puedo dormir en el otro cuarto si…
-¡No! Bueno es que… - demonios ¿Qué le estaba pasando? Ver a Peeta sin camisa, vistiendo únicamente un pantalón de pijama la hacía ponerse nerviosa – ayer, después de que empecé a platicarte de mi padre, te quedaste dormido y ya no despertaste en toda la noche.
-¿En serio? – ella asintió – entonces si me quieres platicar de tu padre, de preferencia que no sea de noche, sino nunca voy a saber nada de él.
Peeta se acostó a un lado de ella recargando su codo en la cama.
-Quiero que duermas bien.
-Yo también quiero que tú duermas bien. Vas a regresar al capitolio en cuanto terminen los juegos, tal vez tus pesadillas continúen, pero al menos el tiempo que estés aquí, quiero que estés tranquilo.
-¿Qué propones?
-Hablar, hasta que te duermas.
-De acuerdo ¿de qué quieres hablar?
Peeta se acostó de lado en la cama y Katniss hizo lo mismo. Ambos estaban frente a frente.
-¿Qué te han dicho los psicólogos acerca de tus pesadillas? – Peeta suspiró fuertemente.
-Que no me guarde todo para mí, que trate de hablarlo o escribirlo.
-¿Y lo haces?
-Más o menos. No precisamente lo hablo, no tengo con quien, y no se me da mucho el escribir pero… lo intento.
-¿Tus pesadillas empezaron después de que ganaras los juegos?
-No, empezaron la primera noche de la cosecha, cuando fui seleccionado.
-¿Rue también tenía pesadillas?
-Sí. En el edificio de entrenamientos hay un tejado, solíamos colarnos ahí en la noche a platicar.
-¿De qué hablaban?
No quería decirle que de ella, y de cómo bromeaba con Rue al hablar sobre cómo sería que ellos se casaran y tuvieran hijos. En aquel entonces lo veía como algo imposible, más porque él estaba seguro que no saldría vivo de la arena. Ahora ahí se encontraba frente a ella, a centímetros de distancia, casados y bajo la misma sabana.
-De todo un poco. Nos burlábamos de Haymitch – ambos sonrieron – y de cómo se vestían en el capitolio.
-Rue. Muchas veces me imaginaba a Prim en su lugar – Peeta empezó a delinear los labios de Katniss con su dedo – me hubiera vuelto loca. Mil veces me hubiera presentado como voluntaria.
-O casarte conmigo.
-Yo siempre dije que jamás me casaría, y que jamás tendría hijos. No quería sufrir como lo hace mi madre en cada cosecha.
-Ya no vas a sufrir por eso. Aquí estoy yo para protegerte.
A Katniss se le cerraban los ojos del sueño, y más sintiendo las caricias de Peeta en su cara. Era tan relajante y placentero, que sentía que iba a dormir en las nubes.
-Duerme – le dijo Peeta muy despacio al verla cerrar los ojos.
-Peeta… dame un beso – dijo Katniss entre sueños.
-Te amo – le dijo dándole un suave beso en la boca, sin embargo, ella ya estaba dormida.
A la mañana siguiente, Katniss despertó con una sonrisa. Peeta no estaba a un lado de ella, pero le había dejado una nota en la almohada: "Buenos días ¿lista para tu primera clase de repostería?"
Se levantó de inmediato a darse un baño. Sí Peeta no estaba en su habitación privada significaba que había dormido bien, al menos eso ella esperaba.
Cuando bajó a la cocina, ahí estaba él muy concentrado haciendo pan. Vestía con un mandil blanco y sus brazos estaban llenos de harina.
-Hola – le dijo Katniss sonriendo desde la puerta de la cocina. Peeta levantó la mirada también con una sonrisa, pero al verla bien, cambio su cara a preocupación.
-No puede ser, se te puso morado el ojo.
-Solo un poco.
-Pensé que con la pomada no se iba a notar nada. Debería de ponerte hielo – le dijo dejando la masa para buscar en el congelador un poco de hielo.
-Déjalo así, ya se me pasará. He tenido golpes peores.
-¿Por qué? – Le pregunto Peeta preocupado -¿Cazando?
-¿Cómo sabes que cazo? – Katniss se puso tensa, se suponía que nadie sabía que ella salía a cazar al bosque, era ilegal y Peeta tenía autoridad en el distrito como para llevarla a la cárcel. Pensó en Gale, sí Peeta sabía que ella cazaba, seguro sabía que Gale también lo hacía.
-Ayer. Tu mamá dijo que le dabas a Amanda ardillas.
-Ah…si, algunas cruzan la cerca y las atrapo.
Peeta asintió lentamente, sabía que ella le estaba mintiendo, pero entendía las razones.
-Entonces ¿no quieres hielo?
-No, así está bien ¿Que estás haciendo? – le apuntó a la masa.
-Panque – sonrió – con mantequilla.
Habían pasado toda la mañana preparando pan de diferentes estilos, entre risas y bromas. Katniss ahora estaba conociendo otra fase en la vida de Peeta: el panadero hábil y creativo. En muchas ocasiones ella solo se limitaba a verlo, mientras él hablaba y hablaba explicándole acerca de cómo hacer pan.
Cuando por fin se habían sentado en la sala con una charola llena de pan y chocolate caliente, sonó el teléfono.
-Seguro es Madge, siempre me habla – le dijo Katniss estirándose para tomar el teléfono – Hola, Madge.
-Hola, preciosa, soy Haymitch ¿se encuentra tu querido esposo?
-Te llama Haymitch – le pasó el teléfono a Peeta, no le caía nada bien Haymitch, y mucho menos que le dijera preciosa.
-Hola Haymitch.
-Te estoy esperando.
-¿Por qué?
-¿Qué acaso no has visto los juegos? Ya terminaron.
-No. No los he visto.
-¿Tan ocupado te tiene tu esposa? – se burló Haymitch.
-¿Quién ganó?
-El profesional del Distrito 1 – Peeta resopló.
-¿A qué hora es el evento?
-Mañana hay un desayuno con el nuevo vencedor y en la noche la ceremonia de clausura. Tendrías que venirte esta misma noche.
-De acuerdo. Te veo mañana.
Peeta colgó el teléfono recargando hacia atrás su cabeza en el sillón. No quería irse, no ahora, estaba tan feliz al estar con Katniss que lo único que quería hacer es estar a un lado de ella todo el día.
-¿Ya te vas? – le preguntó Katniss disimulando su tristeza.
-Sí, ya terminaron los juegos.
-¿Cuándo regresas?
-En un par de días nada más. Hay una serie de eventos cuando terminan los juegos: entrevistas, comidas, etc. Y al final lo más importante es el banquete de la victoria, donde van las personalidades más importantes del capitolio, mentores, alcaldes de todo Panem y los patrocinadores. Cuando terminen me regreso.
-¿Por qué tienes que ir a todos esos eventos?
-Ahora ese es mi trabajo. Los vencedores trabajamos para el capitolio, nos paga por eso – le dijo Peeta con la mirada perdida.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Que cada vez que el capitolio quiera algo de nosotros, debemos dárselo sin protestar. Ahora quiere que estemos presentes en todos los eventos que organizan, como fingiendo que somos una familia feliz de vencedores de los juegos – sacudió la cabeza y tomó la mano de Katniss delicadamente – debo buscar a Madge, su padre me pidió que la llevara con él cuando regresara ¿Quieres acompañarme?
-No, supongo que se ocupará en preparar sus cosas para irse. Mejor le llevó pan a Prim. Extrañaba tu pan y si sabe que hiciste y no le llevé… – ambos sonrieron.
-De acuerdo, te veo más tarde – le dijo Peeta dándole un beso en la boca.
Cuando Peeta cerró la puerta al salir, Katniss sonrió de oreja a oreja. No la había besado como la noche anterior, pero le había dado un beso en la boca. Le encantaba como se comportaba ahora con ella, era tierno y delicado, como si ella fuera especial. Sin borrar la sonrisa en su cara, guardó pan en una bolsa y se fue a casa de su madre.
-¡Por Dios! – Gritó la madre de Katniss al momento en que la vio entrar a su casa - ¡Ese hombre te ha golpeado!
-No, mamá, fue un accidente, no es nada.
-¿No te golpeó él?
-Sí, pero fue un accidente.
-Katniss, dime la verdad ¿Qué te hace ese hombre? ¿Te golpea, abusa de ti?
-Mamá, no me hace nada, no te preocupes, estoy bien – Katniss abrazó a su madre al verla tan preocupada, cuando se va dando cuenta que Prim estaba viéndola con lagrimas en los ojos.
-Prim ¿Por qué lloras?
-Ese hombre te golpea por mi culpa, te casaste con él para protegerme.
-Katniss ¿se enojó por cómo le hablé y se desquitó contigo?
-Mamá, Peeta no me golpea, fue un accidente. Créanme, por favor.
Ambas mujeres vieron a Katniss con desconfianza. Estaban seguras que ella negaba que Peeta le hiciera daño para no preocuparlas, pero sabían perfectamente por la gente de la Veta como era Peeta: déspota, amargado, incluso cruel con algunas personas.
-Peeta hizo pan, incluso me enseño a hacerlo – les dijo con una sonrisa para animarlas – ayer intenté hacer un panque y fui un fracaso, pero éste está delicioso.
Katniss no se quedó mucho tiempo en casa de su madre. Primero porque tenía que ir con Peeta a despedirlo y segundo, porque era imposible la situación con su madre y Prim, no le creían que ese golpe en el ojo haya sido un accidente.
Para cuando llegó a la aldea de los vencedores, Peeta aun no llegaba, así que empezó a preparar una maleta para él con sus cosas personales, como: cepillo de dientes, rastrillo, jabón, etc. Cuando él regresó no trajo consigo muchas cosas, así que no fue necesario hacerle una gran maleta.
Peeta salió de casa de Madge directo a buscar a Darius. Tenía que hablar con él acerca de las actividades que dejaba pendiente ahora que no iba a estar ni él ni Madge. Cuando llegó al cuartel de los agentes de la paz, de inmediato todos se pusieron en posición de firmes. Darius salió de su oficina para recibirlo.
-¿Te vas hoy?
-Sí. Te encargo mucho el almacén, le diré a Katniss que siga con sus actividades ahí pero necesito que la apoyen en todo. Madge se va conmigo.
-De acuerdo.
-También te encargo que sigan vigilando al amigo.
-¿Quieres que vigilemos a tu esposa también?
Peeta lo pensó un momento pero al final asintió lentamente.
-Sean muy cautelosos, no quiero que se dé cuenta nadie.
-Tenlo por seguro.
-Sí Katniss llega a encontrarse con ese hombre, inmediatamente me llamas por teléfono, no importa la hora.
Katniss estaba preparando la cena cuando escuchó la puerta principal cerrarse. Sin querer, su corazón empezó a palpitar rápidamente emocionado ¿Qué le pasaba?
-Hola, perdón por la tardanza, pero tenía que confirmar que el tren viniera por nosotros esta misma noche.
-¿Tienes tiempo de cenar?
-Claro. Voy a guardar mis cosas…
-Ya lo hice- Peeta sonrió frunciendo el ceño – soy tu esposa ¿no? Ese es parte de mi trabajo.
Peeta se acercó a ella aun sonriendo.
-Y parte de mi trabajo como esposo es agradecértelo – le dijo dándole un beso en la boca- ¿te ayudo en algo? – le preguntó Peeta separándose de ella para ver lo que estaba cocinando, cosa que hizo que Katniss hiciera una mueca con la boca en disgusto sin que él lo viera. Ella quería que la besara como en la noche anterior.
-No, ya tengo casi todo listo.
-Huele riquísimo. Voy a lavarme las manos.
Mientras cenaban, Peeta le platicaba a Katniss como le había caído la noticia a Madge de que esa misma noche tendrían que irse al capitolio. Ambos reían porque Peeta imitaba a la perfección a una Madge histérica en preparar su maleta en tan poco tiempo.
-¿Le gustó el pan a Prim? – Le preguntó Peeta despreocupado, pero al ver el cambio de semblante de Katniss se preocupó - ¿paso algo?
-No, nada – Peeta levantó la ceja, así que Katniss solo suspiró resignada – se preocuparon por mi ojo morado. Piensan que…
-¿Te golpeo?
-Sí. Yo les dije que fue un accidente pero no me creyeron –Peeta soltó su tenedor en el plato – no te preocupes.
-¿Cómo no quieres que me preocupe, Katniss? Tu madre piensa que te golpeo – se levantó empezando a caminar de un lado a otro – sé que desde que regrese de los juegos me he portado diferente con todos en el Distrito. Es algo que no puedo controlar, esta rabia que siento es más fuerte que yo, me domina completamente, pero jamás te lastimaría físicamente.
-Lo sé. No te preocupes, hablaré con ella y la convenceré.
Ambos voltearon hacia la ventana al escuchar un claxon en la entrada de la casa.
-Es Madge, quedó en pasar por mí. Voy a lavarme los dientes y por mis cosas.
Katniss salió a despedirse de Madge quien le prometía traerle muchas cosas del capitolio. Cuando Peeta salió de la casa, dejó sus cosas en la cajuela del carro de Madge y tomó la mano de Katniss para llevarla un poco alejada del auto.
-Te encargo mucho el almacén, ahora estarás sola.
-Claro, no te preocupes – le dijo un poco nerviosa -¿Saldrás en televisión?
-Lo más seguro es que si. Por ser el último vencedor debo darle la bienvenida al nuevo vencedor.
Katniss bajó la mirada apenada.
-¿Qué pasa?
-Nada.
-Dime.
-¿Me mandaras un beso?
Peeta sonrió al ver tan colorada a su esposa.
-¿Por qué mejor no te lo doy ahora?
Katniss levantó la mirada ilusionada. Peeta la tomó de la cintura acercándola hacia él y la besó, tal como la noche anterior, pero se sorprendió ante la reacción de ella. Katniss intensificó el beso, no era muy experta, pero era algo que ella quería o que su cuerpo pedía a gritos. Sus dedos recorrían la nuca de Peeta perdiéndose en el cabello rubio.
Cuando terminó el beso juntaron sus frentes.
-¿Me llamaras cuando llegues?
-Claro. Todos los días te llamaré.
-¡Peeta el tren nos espera! – le gritó Madge desde el carro.
-Está enojada conmigo – le dijo Peeta riéndose – porque no le di más tiempo para cargar mas maletas.
-Pues espera más maletas de regreso. Prometió traerme ropa bonita.
-Tú no necesitas ropa del capitolio para verte bonita.
-¡Peeta!
-Debo irme – dijo rodando los ojos.
-Suerte.
Cuando Katniss vio el carro perderse en la esquina sintió una opresión en el pecho, como un dolor mezclado con tristeza ¿Por qué estaba sintiendo todo eso? ¿Se estaba acostumbrando a la compañía de Peeta? ¿Pero porque sentía esas ganas inmensas de que él la acaricie, la bese, la haga sentir especial?
Apenas habían pasado dos días desde la partida de Peeta y ya estaba desesperada. Él le hablaba por la mañana para darle los buenos días, pero eso era lo único bueno que le pasaba. Había decidido no ir a la escuela por su ojo morado, si ni siquiera su madre y su hermana le creyeron que Peeta no la había golpeado a propósito, no se quería ni imaginar lo que dijeran en la escuela. En el almacén solo iba a verificar la mercancía, pero evitaba ante todo a las mujeres para que no le preguntaran. En casa de su madre, solo reinaba el silencio ante la preocupación de que ella era maltratada por su esposo. Así que prefería estar alejada de las personas hasta que su ojo estuviera completamente recuperado.
Una mañana, después de hablar con Peeta, decidió salir a caminar. Estaba tan aburrida, que prefería mil veces a Madge rogándole que se probaran vestidos. Recogió un par de piedras y las empezó a aventar distraídamente, sus pensamientos solo estaban en la sonrisa de Peeta. Sin querer, aventó una piedra hacia la cerca y no se produjo ningún ruido. La hizo detenerse extrañada. Aventó otra y ningún ruido. Se le hizo extraño, cuando la cerca esta electrificada se escucha un pequeño silbido al hacer contacto con la piedra. Se acercó más y de nuevo aventó otra piedra. Nada. Se aventuró tocando la cerca y se llevó la sorpresa que no estaba electrificada. Sonrió al instante mirando el bosque. Sin pensarlo dos veces, cruzó la cerca y salió corriendo hacia el bosque. Hacia tanto tiempo que no lo hacía, que en esos momentos se sentía libre como cuando su padre la llevaba a cazar.
Una hora después ya tenía un par de ardillas, conejos y pájaros alrededor de ella. El arco y sus flechas estaban tal y como las había dejado la última vez que había estado ahí, y al parecer, sus habilidades como cazadora, también seguían intactas.
Escuchó un ruido que la hizo sobresaltarse, pero no vio nada, supuso que era un ciervo, sonrió recordando que tiempo atrás hubiera preparado el arco para tener una comida digna en casa. Así que de nuevo se relajó recargándose en un árbol. Comúnmente eso hacía con Gale, mientras esperaban que alguna de las trampas que él ponía diera frutos. Absorta en sus recuerdos, una voz a su espalda la hizo abrir los ojos asustada.
-¿Catnip?
Soy mala! Ahora que todo iba bien, viene Gale, pero ninguno de los dos lo planeó ¿Acaso Peeta lo creerá así? El ruido que escuchó Katniss en el bosque si saben quien es ¿verdad? porque recuerden que Gale no hace ruido, sus pies son de terciopelo.
Mil gracias por sus reviews, me encanta leerlos y releerlos jeje.
Saludos.
