Hola queridos lectores!

Les traigo el capítulo siete de la historia! en este fragmento podemos ver un poco más de la vida de sakura, además de más interacción entre el equipo siete!
Espero que les guste! por favor sigan dejando comentarios!

Respuesta a los comentarios del capítulo anterior :)

Denuss: Muchísimas gracias por tu comentario! Siempre me llena de energías leerlos, además de ser fuente de gran inspiración. Creo que Sasuke se merecía ese golpe por parte de Sakura, a pesar de que a ella le haya dolido casi de la misma manera. Creo que el equipo siete está bastante fragmentado y herido y no creo que sea una herida fácil de cicatrizar. Me molesta en demasía cuando otros escritores comienzan con una historia en la que Sasuke vuelve y todos lo reciben con los brazos abiertos, porque es una opción que está más que descartada. Él provocó tanto daño en sus amigos y compañeros que pienso que merece ser castigado por eso, a pesar de que también merece una oportunidad de continuar con su vida en la aldea. Espero que te guste este capítulo! le trae un poco de alegría al ambiente incómodo que se creó en el capítulo anterior, a pesar de que falte bastante para que todo vuelva a ser "como era antes"

Gracias de vuelta por tu comentario, y espero recibir uno por este capítulo también! :)

Cami: jeje gracias por tus halagos! estoy de acuerdo sobre la charla de Naruto y Sasuke, fue un momento muy especial que no pude dejar de escribir. Su relación es un lazo que me parece tan sagrado, que no quería que lo perdieran del todo. Espero que te guste este capítulo! gracias por todo!

DULCECITO311: SIIII el corazón de Sasuke comienza a mostrarse, me intriga saber que se esconde allí jaja. gracias por tu mensaje! espero que te guste este episodio!


7

No sabía cuántas horas habían pasado desde que ambos estaban despiertos, desde que habían decidido finalmente dirigirse la palabra. Los dos tenían mucho para decir, mucho para relatar, y sin lugar a dudas, mucho para preguntar.

Sasuke había notado de inmediato el drástico cambio que había sufrido el carácter de su mejor amigo. Creía estúpidamente que él seguiría siendo el mismo niñato idiota que no podía siquiera intentar mantener una conversación adulta, que lo abrumaría con preguntas incómodas e innecesarias.

Pero eso no había sucedido.

Le intrigaba averiguar más sobre las vidas de sus compañeros. Ellos definitivamente habían cambiado desde la última vez que los había visto, desde que eran tres niños con toda una vida por delante.

A pesar de que no muchos años habían pasado, y de que sus vidas acababan de comenzar, Sasuke sentía el peso de cincuenta años sobre sus hombros. Tantas cosas habían pasado, tantas personas, tanto sufrimiento, tanto sacrificio, tantas peleas.

Su cuerpo era el de un joven de dieciocho años recién cumplidos, pero su mirada era similar a la de un anciano con más recuerdos que proyecciones al futuro.

Naruto por lo contrario en ese sentido no había cambiado demasiado. Su semblante apacible y su sonrisa jamás habían abandonado su rostro, y casi podía afirmar que eso jamás sucedería.

Secó con cuidado sus cabellos mojados, después de abandonar con un paso al frente la prisión de cristal de la ducha. El piso bajo sus pies se sentía tibio y de alguna manera agradable y los huesos de su espalda parecían querer dejar de atormentarlo con las corrientes de dolor que cruzaban su sistema nervioso las veinticuatro horas del día. Se vistió en silencio y después de mirar rápidamente su rostro en el espejo a la derecha abandonó la pequeña habitación, encontrándose de repente con el rostro de su compañera peligrosamente cerca del suyo. Se alejó respetuosamente a una distancia considerable y esperó a que ella hablara con ansias, antes de que el silencio que los rodeaba comenzara a hacerse incómodo.

-El desayuno ya está listo- Asintió levemente con la cabeza ante sus palabras y caminó lentamente hasta la cocina, como si a través del tacto de sus pies descalzos tratara de grabar en su memoria la sensación que el suelo de su hogar provocaba en sus sentidos.

El aroma insulso y casi imperceptible del arroz blanco inundó sus sentidos al entrar al comedor en el que su rubio amigo comía de la misma manera desagradable y poco educada que siempre había comido. La única mujer en la casa, por otra parte, tomaba en silencio la sopa de Miso que suponía ella misma había preparado, a sabiendas de que su amigo nunca había dispuesto ni dispondría jamás de habilidades culinarias.

-¡Sakura-chan, el desayuno está excelente!- Tomó asiento en el único lugar que quedaba junto a su amigo y levantó levemente la mirada para observar detenidamente la sonrisa que acababa de formarse en los labios de la kunoichi ante el cumplido.

Bajó lentamente la mirada hasta el plato dispuesto para él sobre la mesa y probó una pequeña porción de arroz blanco. De inmediato sintió su paladar adormecerse por el placer.

Llevaba meses comiendo basura descongelada que los bastardos de la prisión le daban para que no muriera de hambre, a pesar de que la mayoría de las veces terminaba devolviendo todo el contenido de su estómago por el calor del ambiente subterráneo o simplemente por la consistencia y sabor desagradable que el alimento que le habían suministrado poseía.

Llevaba tantos años sin comer comida decente. Al menos su estómago estaba verdaderamente contento en aquella situación tan tensa en la que los tres se habían visto inmersos.

-Gracias.- Contestó simplemente la de cabellos rosados mientras se levantaba rápidamente de la mesa y llevaba su plato vacío hasta el fregadero. Naruto siguió sus acciones con la mirada y se sorprendió al ver que su amiga se dirigía a paso acelerado a la salida. Sin embargo, antes de poder siquiera preguntar la razón de su ajetreo, Sakura continuó con su discurso.-Tengo que ir al hospital para empezar mi turno, pero les dejé preparado el almuerzo en la heladera. Tsunade-shishou dijo que sería bueno que entrenaran juntos por la tarde, así que me tomé el atrevimiento de pedirle a Sai que me reemplace, si es que eso no les molesta. Los tres entrenaran en el lado oeste del barrio hasta el mediodía y me uniré a ustedes después de las dos de la tarde.- Giró su rostro suavemente y se dirigió, esta vez, directamente al joven de cabellos oscuros. -Sasuke, si tienes alguna molestia física durante el entrenamiento dile a los chicos que te lleven de inmediato al hospital para que pueda revisarte.-

La información se procesó lentamente en la cabeza del único Uchiha con vida en toda la faz de la tierra y pasaron largos segundos de silencio antes de que pudiera contestar.

-De acuerdo.- Ante su respuesta, la pelirrosa asintió levemente con la cabeza y después de mirar por última vez a ambos, se retiró de la habitación y de la casa en la que ahora los tres residían sin decir más nada.

Caminaba a paso lento en dirección al lugar en el que había prestado sus servicios y sus mejores sonrisas desde los últimos cuatro años.

Las personas que pasaban a su alrededor la saludaban con reverencias, las niñas la miraban con esa misma mirada que ella le dedicaba a su maestra y los jóvenes sentados en las veredas se sonrojaban al ver sus torneadas piernas pasar a la altura de sus cabezas. Ella finalmente había logrado ser una mujer respetada y reconocida por la población de la aldea de la hoja, y de las cinco naciones ninjas de la alianza.

Las personas que la habían visto crecer no podían creerlo. Pensar que esa chiquilla escuálida e inútil que había cumplido la simple función de completar el legendario equipo siete era ahora la mejor ninja médico en la aldea y una gran kunoichi reconocida por sus habilidades en velocidad y fuerza extraordinaria a la hora del combate.

Se había ganado el reconocimiento de los grandes, y el cariño de los chicos.

Todo lo que siempre había deseado finalmente comenzaba a tomar cuerpo frente a sus ojos.

Pero.

Ella no era feliz.

Ella vivía ahora en compañía de su mejor amiga de la infancia, Ino Yamanaka. Compartían un modesto piso cerca del hospital de Konoha, a poca distancia del edificio del Hokage y de la casa de su maestra. Los días de semana solía tomar el turno matutino y abandonaba su hogar cuando todavía la mayoría de la población de la villa no había despertado. Trabajaba en su consultorio y en emergencias hasta las dos de la tarde, la hora en la que se desataba una guerra de miradas entre los candidatos que deseaban invitarla a almorzar.

Todos los días almorzaba con un joven diferente o en ocasiones con alguna de sus colegas.

A pesar de que le divertía conocer a sus colegas hombres en la peculiar hora del almuerzo, nunca había considerado tomar en serio las invitaciones que le hacían para cenar o para pasear por los campos de entrenamiento.

La mujer de una sola cita. Así la llamaban en el hospital de Konoha.

Ella solía reírse de ese sobrenombre cuando Ino la molestaba, pero no se tomaba verdaderamente en serio el hecho de que en poco tiempo se había convertido en un trofeo que muchos ninjas de la villa deseaban conseguir.

Después del almuerzo, Sakura solía entrenar en el antiguo campo de entrenamiento del equipo siete hasta que oscureciera, en compañía de Naruto y Sai. Lo que los ninjas no sabían era que la mayoría de las veces, por no decir todas, se limitaban a pelear entre sí, dejándola a un costado sentada bajo la sombra de la arboleda característica, con la pobre excusa de que debía guardar su chakra por si alguno de los dos se lastimaba.

Ella sufría en silencio el rechazo de sus compañeros y en ocasiones se retiraba de la zona despacio, sin siquiera ser notada por sus compañeros de equipo.

Sabía que ellos no tenían la culpa, y que no lo hacían a propósito pero la razón de que lo hicieran simplemente le hacía daño.

Ellos pensaban que ella era débil. Ella probablemente seguía siendo la misma molestia que había sido en el pasado.

Ella entrenaba en el silencio de la noche, después de retirarse del campo de entrenamiento, tomar una ducha y acompañar a su maestra al bar más cercano a emborracharse.

Entrenaba sin descanso hasta altas horas de la noche y volvía en silencio a su hogar exactamente a la medianoche. Ino acostumbraba fingir que estaba dormida, y ella fingía que estaba cansada, intercambiando pocas palabras antes de que el día volviera a empezar.

Su vida estaba incompleta, y sabía que no se completaría hasta que el eslabón perdido volviera a unirse a la cadena, o simplemente desapareciera para siempre.

Sasuke.

-¡Sakura-sama!- Escuchó su nombre en gritos histéricos desde el exterior de su oficina y se apresuró a abandonar sus pensamientos y concentrarse enteramente a la preparación mental a la que siempre se sometía antes de atender una emergencia.

Corrió por los pasillos en compañía de su subordinada hasta llegar a la sala de emergencias en la que sabía debería volver a enfrentar a su peor enemigo.

La muerte.

Miró disimuladamente el reloj situado en la pared frente a su rostro. Desde donde estaba, sentada en una banca en el patio del hospital en compañía de un médico de Suna que la había invitado temprano en la mañana alcanzó a divisar las agujas marcando las dos en punto. Debía volver con sus compañeros.

Le dedicó una última sonrisa a su acompañante después de excusarse torpemente ante su invitación a una cita y caminó a paso acelerado hasta la salida, después de tirar el resto de su comida en el contenedor más cercano.

Caminó hundida en sus pensamientos, hasta que los gritos del héroe de Konoha la sacaron a la fuerza de sus pensamientos. Se detuvo en silencio, pensando que los tres jóvenes que luchaban frente a sus ojos no se habían percatado aún de su presencia. Tomó asiento bajo un árbol cercano a la zona y se limitó a observar atentamente el entrenamiento de sus compañeros.

-Fea- Volteó su mirada levemente hasta chocar con el rostro pálido e inexpresivo de su compañero de equipo y no pudo contener la sonrisa que se curvó repentinamente en sus labios. No lo veía desde la última misión que habían tenido juntos, aproximadamente dos meses atrás.

Se incorporó rápidamente y sacudió con sus manos el polvo de su delantal. Caminó lentamente hasta donde su compañero estaba sin decir palabra alguna y se detuvo al llegar a donde estaba, lanzándose sorpresivamente a sus brazos, sorprendiendo al artista. Sai sonrió levemente ante la acción de su compañera y no pudo hacer más que rodear su espalda con sus brazos delgados en un abrazo cariñoso pero no demasiado invasivo, como los que había visto a Hinata recibir de Naruto durante su última misión.

-¡Sai!- Se separó rápidamente del cuerpo de su compañera al sentir las miradas de los presentes sobre su espalda, percibiendo que habían interrumpido su entrenamiento. Sakura se limitó a mirarlo cariñosamente, posando con cuidado una mano sobre su hombro derecho.-Espero que estos dos no te hayan traído muchos problemas.- El de cabellos negros negó rápidamente con la cabeza y miró confundido a su compañera al ver que esta seguía riendo. Tal vez debería volver a leer ese libro en donde hablaban del diálogo casual, porque a veces no terminaba de entenderlo.

-¿Algún herido hasta ahora?- Preguntó la pelirrosa, dirigiéndose a todos sus compañeros, mitad en broma y mitad en serio. Sabía que si se trataba de Sasuke y Naruto las cosas serían siempre un poco más complicadas de lo necesario. Los tres negaron con la cabeza casi al mismo tiempo y ella asintió complacida ante la dirección positiva que el entrenamiento había tomado.

-Teme, tomemos un descanso.-Pidió el rubio repentinamente, antes de tirarse sin cuidado sobre el árbol más cercano, despojándose de su musculosa negra empapada en el camino. El pelinegro asintió levemente con la cabeza y siguió el mismo camino que su amigo había tomado a paso lento y con la mirada posada atentamente en la única mujer del grupo. Ella se había detenido a hablar de algo sospechoso con el idiota de su reemplazo. Podía confirmarlo por el sonrojo en las mejillas antes pálidas de su compañera y la risa extraña que acababa de abandonar los labios de ese fenómeno. Le quitó interés al asunto a tiempo que se sentaba con cuidado bajo la sombra del mismo árbol que Naruto había elegido para descansar.

Cerró lentamente sus ojos y se dejó guiar por el cansancio de su cuerpo casi hasta caer en la inconsciencia del sueño, antes de que aquella voz irritante irrumpiera repentinamente en sus oídos.

Pensaba que se había acostumbrado a su tono de voz a través de los años, pero esa risa molesta resonando en sus oídos le hacía acordar a la niña con la que había tenido que lidiar en la infancia, no a la joven que lo había golpeado en el rostro la noche anterior.

Dirigió su mirada nuevamente al fruto de su molestia.

Ella seguía hablando y riendo animadamente con aquel idiota que parecía entender apenas el cincuenta porciento de la conversación. En cuanto ambos guardaron silencio de repente, pudo ver que la ninja médico comenzaba a retirar con cuidado su delantal rosa claro y bajaba lentamente el cierre de su conocida musculosa rojiza. Volteó su rostro por inercia al ver que ella efectivamente se estaba desnudando, y se sintió estúpido al percatarse de que llevaba un top rosado de entrenamiento hasta la altura de sus costillas debajo de la prenda que ahora había volado cerca de donde se encontraba la campera naranja de quien descansaba a su lado. Naruto lo miró divertido al percatarse de lo que acababa de hacer y se limitó a fulminarlo con la mirada ante sus risas.

-Teme, pareces un puberto con tus mejillas coloradas, ¿Es que acaso nunca le viste el ombligo a una chica tan linda como Sakura-chan?- Gruñó por lo bajo ante el comentario y se debatió entre golpear su rostro con su puño o destruirlo con una patada.

-Dobe, no digas estupideces.- Volteó su rostro enrojecido de vuelta a donde los otros ninjas se encontraban y se sorprendió al ver que ahora ambos se veían inmersos en un combate cuerpo a cuerpo similar al que se habían sometido su amigo y él minutos atrás.

La joven lanzaba golpes certeros al rostro de su compañero que se limitaba a esquivarlos y atacar con patadas paulatinamente a la de cabellos rosados. Hasta el momento ninguno de los golpes había dado en su blanco y Sasuke pensó por un segundo que la Sakura que había entrenado a su lado a los trece años jamás hubiera podido mantener un combate de ese nivel.

Ella realmente había evolucionado durante los últimos años.

Volvió a dirigir su mirada a su compañero de cabellos rubios y lo examinó por unos segundos con sus ojos negros antes de volver a dirigirle la palabra.

-Hablas como si tú si hubieras visto tal cosa.- El de cabellos rubios explotó en carcajadas ante el comentario de su compañero, recibiendo una mirada glacial por parte del que acababa de hablar. Ese idiota.

-Teme, tengo dieciocho años, no ocho. Por supuesto que he visto más que el ombligo de una chica bonita.-Sasuke sintió su ceja derecha elevarse involuntariamente ante el comentario y sus ansias de golpearlo se hicieron gigantes de repente.- Pero ahora dudo que tu lo hayas hecho...-

Ahora si se lo había ganado.

Escuchó el golpe proveniente del de cabellos negros y se distrajo por un mínimo segundo para voltear su mirada hacia la escena a pocos metros de distancia, segundo que su contrincante aprovechó para propinarle un golpe de puño en el costado derecho.

El lugar en el que se mostraba orgullosa aquella pequeña cicatriz.

Cayó de rodillas al suelo después de recibir el golpe y sintió el cuerpo de su compañero junto al suyo de inmediato al ver que había logrado golpearla.

Sasuke y Naruto se incorporaron de inmediato al sentir el ruido de sus rodillas golpeando con el suelo, acudiendo a donde la fémina se encontraba retorciéndose en el suelo.

-¡Sakura-chan!- El rubio la tomó repentinamente entre sus brazos, levantándola del suelo como si su cuerpo estuviera hecho de plumas. Escuchó un sonido similar a una risa escapar de los labios de la pelirrosa y los tres la miraron confundidos, al ver que se escapaba de la prisión de los brazos de su mejor amigo y se incorporaba dificultosamente a su lado, comenzando a tratar el golpe con su chakra verde claro.

-Estoy bien, solo me distraje por un segundo, es todo. Podemos continuar con el entrenamiento.- Su mirada verdosa se dirigió finalmente al artista, después de pasar por el rostro sorprendido de Sasuke, y la sonrisa en el rostro de Naruto.

El de cabellos negros asintió levemente con su cabeza y camino lentamente hasta la zona en la que habían estado entrenando hasta ese momento, seguido de la ninja médico. Sasuke y Naruto, se dirigieron nuevamente a la sombra de los árboles.

El primero volteó levemente su rostro para mirar al de ojos azules y terminó con la conversación que habían tenido segundos atrás.

-Yo nunca dije que no lo haya hecho, Dobe.- El aludido sonrió ante su respuesta y golpeó su hombro de manera amistosa con su puño cerrado.

-Teme pervertido, deja de mirarle el culo a Sakura-chan.-

El golpe seco de su puño chocando contra su cabeza volvió a escucharse en el campo de entrenamiento, pero esta vez Sakura no desvió su mirada del enfrentamiento en el que se veía inmersa.

Supuso que podía empezar a acostumbrarse a que eso pasara nuevamente.