Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y su editorial. La historia es producto de mi locura, la cual amo compartir con ustedes.


Espero les guste el capitulo chicas, Gracias infinitas a mi Beta Yanina, sin ella esta historia no seria mejorada y sin ella yo no seria nada. Les aviso que arme un grupo en facebook, mas abajo nos leemos en las notas! Disfrútenlo!


Nada de lo que preguntan es verdad, ella y yo estamos más bien que nunca. —Sin más… me besó, sin importarle las cámaras, la gente y sin importarle que yo no fuera su verdadera novia, mas sin embargo no podía dejarlo mal, aunque yo no quisiera tuve que corresponderle, de seguro esa acción tendría premio. Me entregué a ese besos, fue como el que me dio cuando me sacó del bar, a diferencia que este fue tierno y paciente, no puedo negarlo lo disfruté y sin quererlo pasé mi mano por su cuello, acercándolo más a mí, clarito sentí como una sonrisa se formó en sus labios. ¡Acertaste!, me dije a mi misma. Él lo vio como actuación, mas yo sabía que no fue así, porque ese beso me había encantado, pero no dejaría que pasara siempre. Se separó de mí y me sonrió. Yo quedé en shock y casi me desmayo cuando dijo—: te amo. —Sus labios se volvieron a juntar con los míos y los paparazzi estallaron en murmullos, risas, mientras que yo le pedía al cielo que me permitiera aguantar todo lo que me esperaba, sabiendo que nada de esto era cierto y que nunca lo sería.

Capítulo beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)

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Capítulo 6

Caprichosa y Superior

Volátil y caprichosa siempre, la mujer.

Bella's Pov.

En el auto era un silencio total. Después de ese inesperado beso, me condujo al auto sin decir nada más. Al igual que pasó en Londres, me alejé lo más que pude de él. Iba conduciendo el gordo número dos, que si no me equivocaba se llamaba Jason, prendí mi celular para checar si había señas de mis amigos o algo, pero nuevamente me llevé una gran decepción… nada. Ni siquiera iba observando la nueva ciudad, no me importaba ver nada, me sentí enojada, cansada, triste, nerviosa y decepcionada, tantas cosas a la vez que no podía con todas. No sabía qué era lo que me esperaba en esa bendita cena, pero si también iba a haber cámaras cuando llegáramos y así iba a ser todo el tiempo, que incómodo sería, no comprendía cómo es que las Kardashian soportan que las graben todo el tiempo, a mí apenas unas cuantas fotos me habían tomado y ya me sentía tensa.

—No tengo la necesidad de presentarte a mis padres. —El gordo me sacó de mis pensamientos—. Ya que ellos y tú ya se conocen, pórtate de lo más natural con ellos y por favor… —No volteé a mirarlo cuando me habló, tenía la mirada fija en mis manos y de reojo pude ver que él miraba hacia las calles de la ciudad que íbamos recorriendo—. Que no se te note lo nerviosa o pensarán que seguimos peleados y quiero que ellos piensen que todo está bien, ¿entendido? —Asentí, esta cena iba a ser de lo más divertido.

Si el gordo tenía su plan, yo también tenía el mío, él podía darme cosas, como… premios, por así decirlo, si hacía las cosas bien, pero no me podía quitar nada de lo que ya me había dado, porque eso yo ya me lo había ganado. Él me puso una trampa para que yo viniera con él, ¿no?, pues yo le haría su vida imposible siempre que pudiera, y esta cena no sería la excepción. Después de que dijo eso, pasaron como veinte minutos más y de pronto el lujoso carro paró, iba a abrir la puerta, pero él atravesó su mano, agarrando la chapa del carro e impidiendo que lo hiciera, lo miré asombrada.

—Anabella odiaba que no le abriera la puerta, siempre esperaba que yo lo hiciera para que ella pudiera bajar. —Rodé los ojos, Anabella… hacía esto, Anabella… le gustaba lo otro, ¡puaj! —. Compórtate Isabella, mis padres ya están parados afuera esperando.

Me tomé la libertad de mirar hacia afuera, la puerta que me daba acceso a salir, quedaba cerca de la puerta de la casa, que por lo poco que veía la puerta era café y con bonitos diseños, a cada lado, tenía unos hermosos cristales que estaban rodeados de tres arcos de color crema y parecía que tenía piedra caliza alrededor, se veía muy elegante. Pero fuera de eso, lo que más me hizo sentir nerviosa, fueron esas dos personas que estaban paradas afuera, con la puerta entre abierta, esperando con grandes sonrisas a que alguien bajara del coche. Esa pareja se veía como de película, mucho más guapos que en las fotos que me enseñó Edward, era alucinante verlos, el hombre de cabello rubio, que supuse era Carlisle, traía puesto un traje muy elegante en color gris, parecido a uno de los que le había visto al gor… Edward. Y la mujer que estaba a su lado, Esme, era hermosa, no era muy alta, podría decir que casi estaba de mi estatura, traía un bonito vestido azul marino, pegado al cuerpo, ella era delgada, su cabello le daba hasta los hombros, era negro y tenía una sonrisa de largo a largo que contagiaba, suspiré.

— ¡Tranquila! Ellos son muy amables, todo estará bien —me dijo el gordo, ¿todo estará bien?, no, no iba a estar bien… iba a estar más que bien, me iba a divertir—. Recuerda Isabella, aquí eres Anabella, caprichosa y superior a todos, ¿entendiste? —Asentí.

Eres caprichosa y superior Bellita, ¿entiendes eso?, pensé. ¡Claro que lo entendía!

El gordo se bajó, no me di cuenta que Jason ya estaba afuera, saludando a los padres de Edward, parece que se llevaban muy bien. De repente se abrió mi puerta, Edward ya estaba parado afuera tendiéndome la mano, aunque no quisiera se la tenía que dar, mis manos estaban frías y temblaban, se la di y me la apretó, no me explicó el porqué, pero sentí tranquilidad cuando hicimos contacto. Su mirada se transformó, al igual que lo hizo cuando bajamos del avión, esa era la señal de que comenzaba la actuación, sin más salí de ese lujoso carro, respiré y me puse derecha, esos sancos en los que estaba montada, no ayudaban mucho.

— ¡Ana! Dios mío… te he echado tanto de menos. —Ni siquiera había dado un paso, cuando la madre de Edward ya me tenía abrazada. ¿Qué hacía? ¿Qué hacía? Lo primero que se me ocurrió fue devolverle el abrazo, la mano de Edward en ningún momento me soltó—. Pero mírate que cambiada estás —me dijo soltándome y observándome de pies a cabeza—, te han sentado bien esas vacaciones en Londres… me debes muchas explicaciones señorita —me dijo mirándome con ojos un tanto molestos.

— ¡Vamos Esme! No abrumes a Ana, viene llegando de ese largo viaje y tú ya pidiéndole explicaciones. —El padre de Edward, quien estaba aún parado afuera de la puerta, nos miraba con una sonrisa en los labios, al parecer también se alegraba de ver a "Anabella falsa" —. Anda cariño, ven a saludarme, pareces asustada.

Yo seguía parada, sin moverme, más idiota que nunca, Edward me apretó la mano y yo lo miré, sabía que ni a él ni a mí nos convenía que nos descubrieran, este juego apenas empezaba. Esme se hizo a un lado, y se fue a abrazar a su hijo, Edward me soltó la mano para poder abrazar a su madre, pude oír que le dijo: "te extrañe cariño", mientras yo caminaba con miedo hacia Carlisle, quien también dio unos pasos para acercarse a mí. "Eres caprichosa y superior Bellita, ¿entiendes eso?", me volví a repetir a mí misma, eso no tenía que olvidarlo, así que entré en personaje.

— ¡Hola Carlisle! —le dije dándole un fuerte abrazo cuando estuve cerca de él, me correspondió—. No me aprietes mucho que mi vestido se arruga —le dije en tono de broma, sentí que se tensó un poquito. ¿Había metido la pata? Me separé y volteé a mirar a Edward, quien me miraba incrédulo… sí la había metido.

—Creo que a alguien por aquí le hacen demasiado bien las vacaciones —dijo Esme con una gran sonrisa marcada en su rostro, después Edward rio torcido, ¡Dios, ese hombre era sexy! —. ¿Ya no estás enfadada con Carlisle Anabella? — ¿Enfadada? ¿Quién se enfadaba con un suegro así? Miré a Edward nuevamente para que me sacara de este aprieto.

—No padre, a Anabella eso ya se le ha olvidado, entendió que esa tarjeta no le hacía falta. —Caminó hacía mi lado y me volvió a tomar la mano, Esme también se puso de lado de su esposo y Jason entró a la casa, no me había percatado que seguía ahí—. ¿Verdad Bella? — ¿Me había llamado Bella? Sí me había llamado Bella, por lo menos sabía que seguía siendo yo, que todo esto era actuado, me sentí un poquito mejor.

—Así es Carlisle —le dije soltando la mano de Edward, no tenía por qué agarrármela todo el tiempo, ¿no? —, esa tarjeta no me hacía mucha falta. — ¿Qué tarjeta?, pensé.

—Me alegra linda —me dijo el padre de Edward—, créeme, si te la cancelé era porque gastabas sin control, además de que eran cosas innecesarias y Edward aprobó que así lo hiciera.

—Bueno… una vez aclarado ese punto, yo pienso que debemos entrar, Rosalie está impaciente por verte Anabella, aunque debo decirte que está molesta contigo porque te fuiste sin despedirte de nadie.

—Pero yo no tenía que darle explicaciones a nadie, Esme —le dije una vez que ellos me dieron la espalda para entrar a casa, Edward me volvió a tomar la mano y me la apretó, no le había gustado mi respuesta, pero me valía un comino, soy caprichosa y superior, ¿no?, pues así me comportaría. Se pararon en seco y me voltearon a ver—. Soy dueña de mi vida y puedo hacer lo que quiera, si quiero puedo irme hoy mismo otra vez.

—Ya decía yo que era demasiado bonito para que fuera verdad —dijo Carlisle mirando a Esme y luego a Edward—. ¡Ha regresado! —dijo en un tono dramático y todos se echaron a reír y volvieron a emprender el camino hacia adentro de la casa.

Edward me jaló hacia adentro de la casa y me dijo algo que me gusto—: Eso que hiciste… merece un premio. —Y me reí, porque con lo que haría adentro más tarde, no me iba a ganar ni la comida por un mes entero.

Pasamos la puerta y casi babeo al ver tanta elegancia adentro, había un pequeño recibidor, con dos mesitas que tenían flores lilas, seguimos caminando siguiendo a los padres de Edward y llegamos a la sala, esa casa era enorme, está muy iluminada y el color, solo de lo que podía ver, era un gris, casi llegándole a plata, la alfombra era beige y los asientos eran color plata, hermosos, con cojines beige con rayas cafés y unos maceteros con plantas verdes que adornaban la casa, enfrente de donde estábamos parados había un enorme ventanal de color blanco y podía ver que afuera había una terraza con una vista impresionante hacia un río. Eso no era una casa, ¡era una mansión! Estaba tan metida observando la casa, que no me di cuenta de la gente que estaba ahí, observándome.

— ¿Solo cinco meses y ya olvidaste cómo es la casa? —Busqué con la mirada de quién era esa voz tan fina y femenina. Pude ver que en el asiento de tres personas, estaba una rubia, podía alcanzar a ver que traía unos pantalones negro, pegados y una blusa roja de tirantes, con unos tacones rojos de infarto, sencilla, pero elegante, junto a un hombre fuerte, que andaba vestido casual, con un pantalón de mezclilla y una camisa tipo polo en roja, hacía juego con la rubia y estaban tomados de la mano, sabía que eran Rosalie y Emmett, era verdad, la rubia se veía y se sentía superior a todos. Seguí mi recorrido y ahí estaba, la gran estrella de Hollywood, la gran Alice Cullen, con un elegante vestido amarillo, pegado y corto, muy corto y un maquillaje negro de infarto, se veía espectacular. ¡Dios! Si Kate estuviera conmigo ya nos hubiéramos lanzado encima de ella para pedirle fotos y autógrafos, era menuda tal y como se veía en las fotos, se veía tan frágil, pero muy linda, le sonreí, ella me miró con mala cara, ¿por qué? —. Si no sales de ese trance Anabella… de verdad pensaré que te quitaron un tornillo en tus vacaciones. —Miré y vi que era la rubia la que me estaba observando.

— ¿Vacaciones? —habló Alice mirándome a mí, una estrella me estaba mirando, juro que me dieron ganas de llorar—. Irse de puta… ¿le llamas vacaciones? —Y todas las miradas fueron hacia Alice y yo miré a Edward asustada al oír esa palabrota de esa hermosa mujer y preguntándome por qué me llamaba puta.

— ¡Alice! —gritó Esme con cara de disgusto—, cuida tu boca delante de mí, niña. —La pequeña chica torció los ojos.

—Eres caprichosa y superior —me susurró Edward quien aún me sujetaba de la mano—. No le caes bien a Alice… ¡Mierda! Lamento no haberte dado muchas explicaciones. —Le miré feo, a buena hora se estaba lamentando, ¿qué haría?

— ¿Qué? No te defenderás Anabellita, ¿tu veneno se ha acabado?

Se levantó del sillón, como retándome. Encima me decía víbora. ¿Qué no se suponía que las estrellas tenían clase y no decían groserías? Vaya decepción. Entonces tomé aire y entré en papel nuevamente, aunque debo decir que estaba bastante nerviosa e incómoda con tantas miradas dirigidas a mí y luego a Alice. Solté la mano de Edward y comencé a caminar hacia donde se encontraban sentados los tres, Carlisle y Esme seguían parados detrás de un sillón de la sala, observando la escena.

—A ver niñita… —mi voz salió tan firme y segura, que hasta yo misma me sorprendí—, que me haya ido sola y sin mi Edward… — ¿Mi Edward? ¡Ja! Tómala, eso salió bonito, y que quede claro que esto que estaba haciendo no era para nada por complacer a Edward, sino que lo hacía por querer echar a rabiar un poquito más a esta gente, que al parecer odiaban a la tal Anabella, bueno no todos, pero haría que todos la odiaran, quien la mandaba a parecerse tanto a mí—. No quiere decir que me ande revolcando con cuanto hombre se me atraviese… —Ella torció los ojos y yo me paré enfrente de ella, estábamos a la misma altura—. Que tú estés acostumbrada a hacer esas cosas cuando sales sola a tus ya acostumbrados viajes y hagas eso de… ¿cómo dijiste?... —le pregunté en tono de burla, pude notar que estaba logrando mi propósito, hacerla rabiar—. Ah, sí, claro, andar de puta en tus vacaciones, no hace que las demás seamos así, ¿entendiste?

— ¿Me estás diciendo puta? ¿A mí? —preguntó gritando.

—A ver… —le dije dándole la espalda y caminando más hacia el centro, donde había una mesita de cedro con unas velas y otro adorno floral hermoso; sintiendo como nunca me había sentido en mi vida, poderosa—, dejemos algo bastante claro aquí, primero… —Me volteé y la miré de nuevo—. Tú eres una niñata malcriada que no tienes derecho a gritarme y además de eso tienes hueco el cerebro… —Ella me miró a mí y luego a su madre ¿creo? —. Segundo, soy dueña de mi propia vida y puedo ir y venir cuando quiera, con o sin Edward… —Los ojos casi se le salían, me tomé la libertad de voltear a mirar a todos los espectadores, casi todas las miradas eran iguales, de asombro, menos la de Rosalie, quien me miraba divertida—. Y por último y no menos importante, ¡sí!, te estoy diciendo puta… creo que lo que las revistas hablan de ti… es verdad, eres tan zorra o más que la tal París Hilton.

La duende dejó de respirar y comenzó a llorar. Enseguida se le acercó Edward y Esme, quien la abrazaron y la consolaron, mientras yo respiraba bastante nerviosa, Carlisle seguía parado en el mismo lugar de antes, mirando con mala cara… y la segunda de la noche... ¡Isabella volvió a meter la pata!, pensé.

— ¿Qué ha pasado contigo Anabella? Pensé que habías cambiado, pero que equivocado estaba —dijo Carlisle caminando hacia donde estaba su hija—. Ven aquí cariño, todo está bien.

No sé en qué me había equivocado, pero había logrado mi propósito, hacer rabiar a la familia. Seguía parada ahí, mirando la escena de consolación y a la pareja que estaba sentada enfrente de mí mirándome. El hombre fuerte me miró y movió la cabeza, pude leer en sus labios que decía: "respira". ¿Me estaba ayudando? ¿Qué sabía él? Y la rubia me sonreía, al parecer ella sí se alegraba de verme.

— ¡Discúlpate con mi hermana ahora mismo Anabella! —gritó Edward mirándome muy enfadado, ahora se enojaba, después que me había dicho que fuera superior. ¿Quién lo entendía? Yo estaba parada jugando con mis manos, estaba nerviosas porque me sudaban, y estaba acostumbrada a pedir disculpas, lo hacía cuando me enojaba con Santiago o con Kate por cualquier tontería, pero… ¿Anabella, la superior y caprichosa lo hacía? Miré a Emmett y él movió la cabeza, no, no lo hacía.

— ¿Estás loco? —le dije mirándolo—. Ella me ha insultado primero y yo solo me he defendido. —Y no estaba metida en papel de Anabella, no señor, ahí estaba hablando Isabella Watson, la que nunca se deja de nadie—. Y no insistan porque no lo haré. —Pegué en el piso con los tacones como niña berrinchuda, Rosalie y Emmett se rieron.

—Pero quién lo diría… —dijo Rosalie, levantándose y caminando hacia mi lado—, la gran Anabella Swan negándole por primera vez algo al gran Edward Cullen, eso sí es para contarse. —Y con esa sonrisa, me estrechó entre sus brazos y me susurró al oído—: ¡Te extrañe mucho!, y por lo que veo regresaste recargada de energías.

No supe qué contestarle, solo le correspondí el abrazo, parecía que era buena persona, a pesar de su aire de superioridad.

— ¡Joder! ¡Qué te disculpes te digo! —volvió a gritar Edward y Rosalie se quitó de mi lado para ponerse nuevamente al lado de Emmett. De repente Edward caminó hacia donde yo estaba parada y me tomó con fuerza del brazo, ese movimiento me dio miedo y comencé a temblar de nervios ¡qué oportuno era mi ataque!

— ¡Suéltame! Me lastimas Edward —grité tratando de zafarme de su agarre, me dolía mi brazo.

— ¡Discúlpate ya mismo!

Me soltó, pero yo ya estaba enfrente de Alice ora vez, quien tenía los ojos llorosos y rojos debido al llanto, pero se veía tan perfecta, ya que ni el maquillaje se lo corrió. Pude ver en su mirada la profunda tristeza que sentía, con una mezcla de odio, sentí lastima por ella. En realidad no conocía nada de ella ¿y si de verdad la estaba lastimando? Deja los sentimentalismo fuera Isabella, lo que queremos es lograr hartar al gordo para poder regresar a Londres, que no te importe esa chiquilla caprichosa, me dijo mi yo interna y le di la razón.

— ¡No me disculparé Edward! —le dije volteando a mirarlo, estaba que echaba chispas, lo veía en sus ojos esmeralda—. ¡No insistas que no lo haré! —le grité, seguía temblando debido a los nervios y lágrimas corrieron por mis ojos, me había enojado por como me estaba tratando el maldito gordo y recordé aquella noche en el orfanato, Jane Vulturi me había jalado de la misma manera y gritado, para que me disculpara con su hija, esa chiquilla caprichosa que solo pensaba en ella y no le importaba que yo no tuviera nada que comer, solo por un maldito pastelillo que le había quitado de su bolsa de dulces. De pronto sentí que me ahogaba y después no sentí nada.

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—Pronto despertará, Edward —una voz no muy conocida habló en un murmullo—. Ya se controló, pensé que ya no le pasaba esto seguido, hay que volver a meterla en tratamiento.

—No lo creo, padre —contestó Edward—, seguro fue por el coraje que hizo, es todo… últimamente ha andado muy sensible, creo que ese viaje la cambió mucho, además está estresada por el largo vuelo que tuvimos, te puedo asegurar que hasta parece otra.

—Aún no puedo creer cómo es que pudiste estar tanto tiempo sin ella… —Se hizo un silencio—. Imagino lo que sufriste esos cinco largos meses, Edward, lo notaba, pero no decía nada para no hacerte enfadar. La verdad no sé qué pasó entre ustedes, pero por el bien de todos espero que todo se haya solucionado y ninguno de los planes que tenían hayan cambiado, sabes que eso afectaría mucho a la familia y a los negocios.

—Todo sigue igual Carlisle, por eso no te preocupes, yo soy el mismo y verás que todo estará mejor. —Sentí como alguien se sentaba cerca de mis pies y pude oír que alguien se retiraba. Me moví y abrí los ojos, seguía nerviosa y me sentía cansada, muy cansada—. ¡Vaya escenita Isabella! —Me miró el gordo con cara de enojo aún. Una lágrima volvió a surcar mi mejilla, sus ojos se me hicieron parecidos a los de la bruja del orfanato, me hacía mal recordar esa fea etapa de mi vida, lo odiaba por tratarme así—. Sabes… no entiendo tus llantos, pero no hablaremos de eso aquí, ni ahora. Recuerda que el que manda en tu vida ahora, soy yo, así que escucha con atención… —Más lágrimas cayeron sin permiso, ¿quién se creía él para mandar en mi vida? Yo ya estaba harta de gente así a mi alrededor, apenas tenía poco tiempo de haber tocado la libertad y me la volvían a quitar. ¿Por qué se creían dueños de mi vida? ¿Quiénes eran ellos para ordenar lo que tenía que hacer?—. Te levantarás de aquí, iremos al comedor a cenar con mi familia y antes de empezar la cena, te disculparás con Alice —habló despacio, me miraba como esa noche que me sacó del bar, yo asentí, pero esa disculpa con esa chiquilla malcriada le iba a salir cara. Miré a mi alrededor y pude ver que estaba recostada en el sillón de tres, no había nadie allí.

— ¿Cuánto tiempo estuve desmayada? —le pregunté con voz quebrada, ya hacía tiempo que no me daban estos ataques, ya no había sufrido de esto.

—Han sido como veinte minutos Isabella, preocupaste a mi madre.

—No era mi intención —le dije y sin más se paró de donde estaba sentando y me tendió la mano para que me levantara, trastabillé un poco debido a que aún me sentía débil y además seguía montada en esos sancos que hacían que me dolieran los pies.

Caminamos solo un poco, ya que cerca de la sala estaba el bonito comedor y todos nos voltearon a ver. La mesa era de cristal con madera de cedro de soporte, las sillas eran de la misma madera que la mesa solo que forradas de color beige, todo muy elegante y ya la comida estaba servida. Carlisle se encontraba sentado en la cabeza, donde acostumbran a sentarse los padres, Esme estaba acomodada a su derecha, seguida por Rosalie y Emmett, de lado izquierdo quedaban dos lugares vacíos y después estaba la gran estrella mal criada de Hollywood: Alice. La miré y me devolvió una mirada cargada de rabia, de ahí en más todas las miradas eran cálidas. Me tragué mi propio orgullo y tenía que hacer lo que el maldito gordo me había dicho.

—Antes que nada… —Miré a todos que ya estaba bien acomodados en sus lugares—. Una disculpa por haberlos preocupado. —Miré a Esme quien me sonrió—. Y… Alice… —Volteé a mirarle y ella torció los ojos. ¡Adiós orgullo! —. Discúlpame por haberme comportado así… es solo que no tolero que me hablen de esa manera… y una disculpa a todos también —les dije y debo admitir que me sentí mejor, miré a el gordo, tenía la cara sin ninguna expresión.

— ¿Alice? —dijo Carlisle haciendo que lo mirara—. Cómo se contesta linda…

— ¡Deja de actuar Anabella! Esa disculpa fue porque Edward te obligó… —Carlisle la miró con mala cara—. ¡Joder!...Está bien… te… disculpo… y yo también prometo… no… —Me miró a mí y luego a Carlisle—. Para qué quieres que diga esto padre… lo he dicho millones de veces y siempre esta arpía y yo terminamos peleando.

Por lo que venía viendo, Anabella no se llevaba bien con esta duende, ¿por qué?

—Dejémoslo así, Carlisle… —le dije y todos voltearon a mirarme—, lo que pasó… pasó y trataré que no se vuelva a repetir.

La cara de Alice fue de incredulidad, pero no me importó, después de todo se había enojado. Edward abrió mi silla y yo me senté, para colmo me tocaba al lado de Alice. Edward se sentó y enseguida Esme ordenó que sirvieran la famosa cena de bienvenida. Seguro ya eran más de las nueve de la noche, yo no tenía hambre, solo quería dormir.

De pronto unas chicas altas y rubias se acercaron con la cena, de entrada dieron una crema de verduras y de plato fuerte era lomo al horno con una salsa que no sé qué rayos era, pero estaba delicioso. De tomar había vino y jugo de naranja, pero yo necesitaba un poco de alcohol en la sangre, ya que esta noche era demasiado tensa. Mientras comíamos, Rosalie comentaba acerca del nuevo romance de Alice con Kellan Lutz.

—Quién lo iba a decir… —dijo Rosalie limpiándose la boca delicadamente—. Ya no saben ni que inventar las revistas.

—Sí… ese hombre no es mi tipo —dijo Alice un poco más relajada, yo solo los miraba mientras comía, al igual que los demás.

— ¿Recuerdas cuando dijeron que andabas con tu antiguo chofer? —le dijo Rosalie riéndose un poco.

—Esa fue la peor locura… yo, con un pobretón… ¡por Dios!

Yo que pensaba que la superior era yo y la tal Rosalie, y mira quien se llevaba el primer lugar. Me pregunté cómo se vería un poco de vino sobre ese bonito vestido amarillo de la duende… Mmm, creo que bien, pero lo dejaría para el final, sería ¡el gran final de Anabella "Cisne" Swan!

—Y cuéntanos Ana… —dijo Carlisle que ya había terminado de cenar, al igual que los otros dos hombres—, cómo te fue en tus largas vacaciones, ¿te gustó Londres?

¡Mierda! ¿Qué vacaciones? Si ni siquiera tuve.

—Bastante bien, Carlisle… — ¿Qué decía? Usaría la táctica imaginativa de Kate, era buena cuando quería impresionar—. Estuve mucho tiempo en el hotel, disfrutando del spa y de la piscina, salí a comprar mucha ropa, perfumes y esas cosas, ya sabes cómo somos las mujeres…

—Y por lo que veo, ¡fuiste a la semana de la moda! — ¿Semana de la moda? ¿Qué rayos era eso?… Rosalie se oía bastante entusiasmada—… no, no fuiste, porque si hubieses ido, te hubiéramos visto, ¿no? —Vaya eso de que las rubias eran huecas era verdad, me reí un poco, se veía tan boba, el resto también sonrió—. Pero si no fuiste… ¿cómo conseguiste esa hermosura Dolce & Gabanna que traes puesta? Yo la quería y no pude conseguirla.

¿En qué idioma hablaban?

—Yo se lo regalé, Rose, lo quería e hice hasta lo imposible por conseguirlo, ya sabes cómo se pone Anabella cuando no consigue lo que quiere.

¿Él había comprado este vestido? Lo bueno es que tenía gustos lindos.

— ¿Ves Emm?… No eres buen marido —le dijo al fuerte dándole un pequeño golpe en el hombro, él solo le sonrió y le dio un beso en la mejilla, la envidié.

—Hablando de maridos… —interrumpió Esme con una enorme sonrisa en sus labios.

—Todo sigue igual, madre… nada ha cambiado, ¿contenta? —No sabía de qué hablaban, pero al oír la respuesta de su hijo ella sonrió aún más.

—Esa voz me alegra —gritó Emmett bastante entusiasmado y todos los demás hicieron lo mismo, yo solo sonreí.

Después de eso, gracias a Dios, no volvieron a hacer preguntas de mis "vacaciones" y las chicas rubias regresaron a recoger todo lo de la cena, una de ellas no le quitaba los ojos de encima a mi hombre… ¡Alto! Ese hombre no era mi hombre… Me estaba volviendo loca. Edward volteó a mirarla y le sonrió, ¡qué descaro! Alice me miró y sonrió burlonamente, Esme y Carlisle estaban en su burbuja, Emmett me miraba divertido y Rosalie me dijo moviendo los labios "defiende". En ese momento era Anabella, ¿no? Así que era la novia y tenía que respetarme, ¡qué malo! Yo quería que el vino se estampara en el bonito vestido de Alice, pero creo que se estamparía en otro lugar. Sin más hice a pararme cuando la rubia coqueta se acercó a mi lado para levantar mi plato, tomé valor y mi copa de vino, sin más hice que me tropecé y el vino fue a dar en el impecable uniforme blanco de la rubia coqueta. Las miradas cambiaron, Alice con asombro, Emmett y Rosalie con diversión y los padres de Edward sin entender nada.

— ¡Fíjate por donde caminas, estúpida! —le grité, de la misma manera que una vez me gritaron en aquel restauran de Londres, donde solo trabajé un día, ya que gracias a mi torpeza un plato caliente de sopa fue a parar al pecho de una chica. En eso bajé la vista y vi que mis pies estaban pringados por gotas de vino ¡perfecto! —. ¡Mira lo que hiciste! —le dije apuntando hacia mis zapatos—. Los manchaste. —Ella me miraba con asombro y yo con un falso enojo, esto de fingir ser alguien era genial. En ese momento me sentí más que superior, aunque ella era un poco más alta que yo, pero eso no me importó. Pude notar que era más falsa que los muñecos de cera que hay en los museos, esa mujer era plástico en los senos y pensar que Kate se quería poner senos falsos.

— ¡Discúlpame Ana! —me dijo. ¿Me llamaba Ana? ¿No se supone que los empleados respetan a los patrones?

— ¿Ana?... Me llamas Ana. —Creo que nadie podría creer mi actitud, pero yo me sentía muy bien—. Para ti yo soy la señorita Cis… Swan, ¿oíste?

—Si, An… señorita Swan…

Tenía ganas de reírme, pero si lo hacía todo se iba a ir al caño. La cara de Edward también era de risa.

—Así me gusta… ahora retírate de mi vista, antes de que te descuente mis zapatos de tu paga.

Salió como bala tanto ella como su amiga, ya habían levantado todo de la mesa.

— ¿Celosa? —preguntó Carlisle con risa.

—No… solo defiendo lo que es mío —contesté mirando a Edward, quien también me sonreía, de pronto me volvió a sorprender, se levantó de la silla y se fue acercando a mí, hasta quedar frente a frente, sus ojos brillaban, al parecer el enojo había pasado. No supe cómo, ni en qué momento, pero sus labios se juntaron con los míos y en ese momento me olvidé de quién era, solo me importaba creer que era Anabella Swan y que tenía a mi lado a alguien que me amaba por primera vez.

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Después de esa incómoda escena delante de su familia, nos levantamos de la mesa, Rosalie y Emmett se retiraron a acostarse, la rubia se despidió de mí con mucho entusiasmo. La tal Alice solo me dijo un adiós y también subió a su cuarto, supongo, solo estábamos los padres de Edward, él y yo, sentados en la sala, yo ya estaba muerta de cansancio y con ganas de dormir, además de ir al baño.

— ¿Por qué no duermen hoy aquí, Edward? —dijo Esme—. Ana se ve bastante cansada ya, además todo lo tienen aquí, ya mañana pueden regresar a su departamento, ¿no lo crees?

—Sí, hijo, yo digo lo mismo, tu novia se ve ya muy cansada, opino lo mismo que tu madre, tú también te ves muy cansado.

Yo estaba recostada hacia el sillón, mi espalda dolía y mis pies, ni se diga.

— ¿Qué opinas Bella? —me había vuelto a decir Bella, no se olvidaba de quién era, sabía claramente que era Isabella, ¡lo sabia! —. Yo también te veo muy cansada.

—Por mí está bien… solo quiero una cama y ya. —Y era la verdad, no me importaba dónde durmiera, solo quería algo blando.

—Me sorprende lo cambiada que estás, Ana…—me dijo Carlisle—, pero ojalá cambies para bien, linda, sería genial que se acabaran un poco los problemas contigo y Alice.

—Trataré de llevarme mejor con ella, Carlisle —le dije, aunque de verdad lo haría porque quería saber cómo era vivir con una estrella.

—Así que ya toleras que te digan Bella…

—Así es Esme y preferiría que me digan Bella y no Ana, ¿les importaría?

—Con gusto te decimos Bella, por nosotros no hay problema… quién lo diría, hace unos meses nadie te convencía de que Bella se escuchaba bonito y ahora tú pidiendo que te digamos así, eres increíble. —Solo sonreí.

—La verdad es que si no les importa me gustaría ir a acostarme, estoy demasiado cansada, el cambio de horario mata.

—Claro linda, puedes irte a tu recámara…

Miré a Edward, ¿dónde diablos era la recámara? El gordo hizo a pararse para tratar de acompañarme, pero Carlisle lo interrumpió.

—Edward, si no te molesta, tu madre y yo queremos hablar contigo hijo, ¿te importaría ir sin Edward a tu recámara?

—Claro que no… —contesté, ya qué me quedaba—. Te espero arriba Ed —le dije con un tono preocupado. Me despedí con un "Buenas Noches" y comencé a subir las escaleras blancas, igual de lujosa que el resto de la casa.

Al llegar arriba, había un enorme pasillo en color beige y el piso de madera, todo era de ensueño, nunca me imaginé disfrutar de un lugar así. Si mis amigos estuvieran conmigo... los extrañaba. Iba caminando como en la segunda puerta, cuando de pronto la primera, que ya había pasado, se abrió, era el hombre fuerte.

—Si buscas tu recámara, te aviso que es la del fondo. —Me señaló, aún estaba lejos de donde yo estaba—. Has estado bastante bien para ser tu primer día, Isabella. — ¡Dios! Él lo sabía todo—. Que no se te salgan los ojos querida, gracias a mí, Edward te pudo encontrar y yo no contaré nada. — ¿Querida? ¿Gracias a él?

—Querida… querida ni que nada, gracias a ti mi vida es un maldito teatro, para ser tan fuerte, tienes un cerebro tan pobre al igual que tu hermana.

— ¡Hey! Con mi hermana no te metas, muerta de hambre… — ¡Otro que me decía así! ¿Qué se creían? A esta gente le encantaba hacer sentir mal a las personas, siempre me hacían sentir menos de todas las formas posibles… y otra vez, comencé a llorar—. ¡Perdón! Soy un imbécil… —Se acercó y me abrazó, lo dejé, mas no le correspondí el abrazo—. No era mi intención hacerte sentir mal… es solo que no tolero que mi hermana sufra, esa niña no entiende…

— ¡Ahora vas con Emmett! —La puerta de más adelante se abrió y de ahí salió la duende envuelta en una pijama rosa y ya sin maquillaje, se veía mucho más bonita—. Si ya decía yo que te estabas tardando, y dime… ¿dónde dejaste a Jacob? Tan rápido te hartaste de él… —No le contesté, Emmett me soltó y pude verla mejor—. Mi hermano, tan imbécil, que siempre cree tu sarta de mentiras.

— ¡Basta Ali! Conmigo no te equivoques, yo respeto a mi Rose…

—Yo no quiero pelear con nadie, aquí no vine para eso, solo quiero dormir y ya —les dije sin mirarlos y caminé hacia la recámara del fondo. La abrí y cerré muy rápido, no quería oír a nadie más.

La habitación era hermosa, de colores rositas muy bajitos en el techo y el resto beige con blanco, la cama era enorme, con muchos cojines, tenía dos mesitas, una de cada lado con su respectiva lámpara y había una puerta al lado de unos cajones, donde había una jarrita con un liquido, me metí y descubrí que era el baño. Una vez hecho lo que tenía que hacer, me lavé la cara y me mojé los brazos, no pude evitar meterme a bañar, me quité el vestido y los tacones, no sé ni dónde los aventé. Me sentí mucho mejor, me enrollé en una toalla blanca que había cerca de la regadera y salí. Busqué el armario y era muy grande, había ropa de mujer de un lado y de hombre del otro. Busqué las pijamas en los cajones y encontré una parecida a la que había en el avión, busqué ropa interior y encontré de la misma marca de la que me había quitado. Una vez vestida, salí y me metí a la cama, solo quería dormir y olvidar que estaba viviendo una vida que no me correspondía.

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Las ganas de ir al baño me despertaron, no sabía qué hora era, pero sí sabía dónde me encontraba. Traté de moverme, pero unos brazos aferrados a mi cintura no me lo permitieron. ¿Qué diablos? Y ahí, a escasos centímetros míos, estaba el gordo durmiendo profundamente, se veía tan lindo dormido, tranquilo y relajado, con una pijama azul marino, gracias a Dios estaba tapado. Ojalá así despertara todo el tiempo, con alguien a mi lado. No me pude contener y le acaricié la mejilla muy despacio con mi mano, tratando de no despertarlo, pero fue inútil.

— ¡Buenos días! —dijo abriendo esas maravillas esmeraldas, le sonreí.

— ¡Buenos días gordo! —le contesté alegremente, al parecer los dos estábamos de buen humor—. Podrías… mmm… soltarme, verás quiero ir al baño.

— ¡Oh! Claro, disculpa, es la costumbre, ya sabes.

Enseguida que me sentí liberada, me fui corriendo hacia el baño y me sentí más tranquila. Salí y él ya estaba sentado en la cama tomando un café.

— ¿Quieres un poco?

—No gracias, así estoy bien, aún es muy temprano, ni siquiera el sol se ve. —Asintió

—De hecho, aún es temprano, son las 4:30 de la mañana, perdón por despertarte. —Tan temprano y tomando café, pensé—. Anabella… verás... — ¿Anabella? Adiós buen humor.

— ¡Isabella, maldita sea! —le grité molesta.

—Como sea niñita, tú me entiendes. —No le contesté porque no quería pelear tan temprano—. Solo te pido por favor que no pelees con Alice, ella… tiene problemas, muchos problemas emocionales, eso de la fama no es nada fácil, así que te pido por favor que no le vuelvas a gritar de esa forma, ¿entiendes? —Asentí—. Otra más, si lo que hiciste ayer con Alice fue por fastidiar, te digo que no es así como debes jugar, si piensas que me hartaré de ti y te mandaré de regreso a Londres por tus caprichitos, te digo que no te va a funcionar… —Le rodé los ojos desde donde estaba parada—. Y si piensas huir un día, te digo que tampoco te va a funcionar, ¿te has planteado la posibilidad de que puedo denunciarte por suplantación de identidad? —Casi se me salen los ojos cuando oí eso, no sabía mucho de delitos, pero no era idiota y sabía que eso se castigaba—. Si huyes algún día, te encontraré aunque te escondas por debajo de las piedras y haré que te refundan en la cárcel, como le iba a pasar a tu amigo el afeminado —dijo dándole un sorbo a su café.

— ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! —grité caminando de lado a lado, él solo me miraba sin decir nada. Comencé a llorar, ¡malditas lágrimas! Andaba demasiado sensible debido a la situación y aparte de que así me ponía cuando la impotencia me invadía. Este hombre sabía jugar bien sus cartas, por algo se había quedado con mis papeles, yo no era nadie, él ya se había adueñado de mi vida. ¿Qué acaso era un juguete? Nunca había podido disfrutar de mi libertad, siempre alguien tenía que mandar sobre mí, siempre y no sabía cuándo acabaría.

—Yo sin embargo te agradezco por prestarte a este absurdo juego, por aguantar mis desplantes, los de mi familia, de verdad que estoy muy agradecido contigo, me has salvado el culo. —Qué forma tan grosera de hablar, mas sin embargo me quedé inmóvil al escuchar sus palabras, de plano, el gordo sí era bipolar. Dejó su café y caminó hacia donde yo estaba parada—. Puedo… puedo darte un abrazo. — ¿Me estaba pidiendo un abrazo? Eso sí me sacó más de onda. Era la primera vez que me pedía permiso para algo, siempre que me tomaba la mano, me besaba o alguna otra muestra de afecto, lo hacía sin permiso. Estaba pasmada, no sabía qué hacer, mis manos estaban cruzadas, sus ojos me miraban esperando la respuesta—. Está bien, si no quieres, no hay problema.

—No, no, espera. —Me volvió a mirar, no iba a desaprovechar la oportunidad de que el gordo me diera un abrazo que le saliera del corazón—. Sí, dámelo… yo sí quiero que… —No me dejó terminar y me envolvió en sus fuertes brazos. Olía delicioso, una mezcla de madera con vainilla, empezaba a amar ese olor, solo dos días y ya me estaba acostumbrando a su compañía. Desuní mis brazos y le correspondí a su abrazo, acomodé mi cabeza en su pecho y me sentí relajada y protegida, me sentí querida y me desahogué. Comencé a llorar y llorar. Lo necesitaba. Sentí como sus manos acariciaban mi cabello y de vez en cuando mi espalda, me relajé y me hundí en los brazos del gordo, mi Morfeo. Me removí ligeramente cuando sentí que me depositó nuevamente en la cama.

—No eres igual a ella, Bella… eres mejor que ella. —Sentí que me dio un beso en la frente, pero creo que ya estaba soñando, eso no podía ser verdad. Después el beso no fue en la frente, fue en los labios y yo me entregué por completo a su beso, le di acceso a que entrara su lengua y poco a poco nuestras ropas fueron desapareciendo. Me entregué a él por primera vez, no fue solo sexo, me hizo el amor. Cuando sentí que entró en mí, que me llenó por completo, desperté sudada y caí a la realidad, eso nunca pasaría, solo en sueños. Esa fue la primera noche que soñé con Edward Cullen* (Frase del libro Twilight)

Me fui al baño al ver que estaba sola, no tenía ni siquiera mi celular para ver la hora que era, pero seguro ya era tarde, porque la luz del día se veía ya bastante fuerte. Me lavé la cara y sabía muy bien que tenía que vestirme, me puse a buscar en el armario algo cómodo, si esta mujer era adicta a la ropa de moda, seguro tenía que tener lo básico: unos pantalones de mezclilla y unos tenis. ¡Eureka! Había encontrado lo que quería. Había unos tenis, pantalones y encontré una blusa blanca con un ligero escote en v, se pegaba bien a mi cuerpo y me hacía sentir más yo. Me hice una coleta y me maquillé muy poco con unos productos que había ahí, no quise buscar más, porque seguro encontraba más maquillaje. Cuando salí del baño el gordo estaba parado cerca de la ventana hablando por teléfono, enseguida me vio, terminó la llamada.

—Te has puesto cómoda —me dijo, él también andaba vestido casi igual que yo, unos jeans, tenis y una playera blanca, hasta parecía que nos habíamos puesto de acuerdo—, y has copiado mi atuendo, muy mal señorita Cisne. —Reí, captó muy bien cuando corregí a la rubia coqueta.

—Así me siento más yo, ya sabes debo por lo menos conservar mi esencia. —Él sonrió negando con la cabeza, me gustaba verlo sonreír.

—Isabella, tu celular ha sonado unas cuantas veces —me dijo y mi corazón comenzó a apachurrarse, eran mis amigos, tenían que ser ellos—, son tus amigos, les di el número de mi móvil, llamarán en una hora. — ¡Buenas noticias! Eso me hizo sonreír.

—Gracias… hoy será un buen día.

Alguien tocó la puerta.

—El jefe ha llegado ya Edward, quiere verte y dice que quiere buenas noticias o si no ya sabes lo que pasará —era la voz de Jason, ya me la había grabado.

—Bajamos en unos minutos Jason, gracias por avisar. —Qué descaro, el gordo atendía en su casa al gordo mayor sin importar que su familia estuviera aquí—. Te espero abajo Isabella —me dijo y salió de la habitación.

Enseguida yo lo seguí, así que quería que yo conociera al jefe, ¡menudo descerebrado! Cuando llegué abajo, busqué a Edward y vi que estaba en la sala, ahí estaba un hombre de bigotes, con un traje gris, muy elegante, unos ojos marrones, muy parecidos a los... ¿míos? Y a su lado una mujer pequeña, de piel blanca como la mía y de cabello largo y de mi color, ambos me miraban con una sonrisa marcada en sus rostros, parecía que les agradaba mi presencia.

— ¡Buenos días! —saludé a todos, me puse de lado de Edward y él tomó mi mano.

—Te lo prometí, Charlie, lo que yo digo lo cumplo, siempre.

—Eres bueno muchacho, sabía que no nos fallarías. —La mujer me miró y sus ojos se le pusieron cristalinos—. No nos vas a saludar —me dijo el hombre… Charlie, claro.

—Disculpe… —le dije, era tonta, me tenía que presentar—. Soy Anabella Swan, novia de Edward…

—Es una broma, ¿no? —dijo el hombre… Charlie.

— ¡Basta! Deja los rencores atrás y dale un abrazo a tus padres, Anabella —dijo Edward y yo me quedé sin habla. Tenía enfrente a unas personas que me hicieron falta toda la vida, las que siempre soñé conocer, esas dos personas que cuando era pequeña me abandonaron y no me quisieron a su lado, a las que me dieron la vida y me tiraron a la calle como si fuera basura. Comenzaba a tener una vida de farsas, una mentira en pocas palabras, pero… aceptar tener unos padres de mentira, fingir querer a alguien que no era nada para mí, fingir que me importaba y que tenía padres, ¿lo haría? ¿Me lastimaría de esa forma?


¿Que les pareció? bueno chicas...antes que nada debo decir que me costo un poco escribir el capitulo, estoy pasando por situaciones bastantes difíciles pero aun así no las abandonare y seguiré escribiendo...¿merezco un review? saben que siempre respondo! Les tengo una buena noticia! el próximo capitulo ya esta terminado, así que pronto actualizare.

con respecto al grupo en Facebook, me alegraría si pidieran unirse, apenas lo abrí ahí me gustaría mostrar las fotos de la casa, del departamento, vestidos y mucho mas cosas para compartir. sin mas...nos leemos pronto y espero que se unan al grupo, Besos Lizz!

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