Natsu no me pertenece, para mi mala suerte, FT es completa propiedad de Hiro, yo solamente juego con ese sexy pelirrosa y sus amigos.

Lucy Heartfiliapensamientos o recuerdos

"Natsu Dragneel"— plática telefónica.

Yo no soy mala

Capítulo 7: Doblegado

De muchos, Natsu, de malditos hombres— aquellas palabras de la rubia no solamente se habían clavado en su mente sino en su piel, en sus entrañas, llenándolo de asco.

Desde la pelea con Lucy y descubrir lo que ella era, había mantenido la distancia, no era quien para sentir asco de aquello, de lo que ella había hecho, pero algo en su interior tan posesivo y fuerte como un cruel veneno, no lo dejaban de hacerlo sentir de otra manera. En aquellos días había tenido pesadillas con las palabras de la rubia, pesadillas en las cuales la veía inclinada en una cama, piernas abiertas con el trasero al aire y a un tipo follándola desde aquella posición, el asco se había hecho peor cuando descubría que él era aquel sujeto que estaba metido en su cuerpo hasta las pelotas, se había levantado y como un puto marica había tenido que correr al baño para inclinarse contra el retrete y vomitar; tenía ojeras, sus pensamientos eran una mierda y se retorcía por querer ver a la rubia. Aún sintiendo el asco que sentía, aquella oscura posesión de querer ser el primero para Lucy, quería verla, pero era más orgulloso, había faltado a la clase que compartían, tenía buenas calificaciones, no le afectaba a menos que reprobara los exámenes y cuando el profesor aceptó darle el material aún cuando no asistía a clases, no volvió a aparecer por el aula, tampoco iba con Jellal, su primo le había preguntado qué había sucedido, pero él no le contestó.

—¿No irás?— fue la pregunta de su primo al salir de su habitación.

Estaba sentado en el mueble, los pies sobre la mesita mientras jugaba PSP4. Era sábado en la noche, un puto y aburrido sábado en la noche.

—No.

Hacía un mes que Natsu tenía aquella actitud, distante, ausente y sumamente volátil como la mierda. Evitaba a Lucy, lo sabía, en la universidad no se juntaba con ellos ya, Natsu había estado juntándose con Gray o con cualquier otra persona que no fuese con él y esto le cabreaba jodidamente mucho. Era su puto primo, había empujado al pelirrosa a esto, se estaba comportando como una mierda, lo sabía y ahora no sabía como arreglar aquello y para empeorar las cosas, Loke, el hijo de puta había estado rondando a Lucy y aquella noche la había invitado a la fiesta de Halloween que había organizado un compañero.

—Lo siento— se disculpó Jellal.

El pelirrosa no lo miró, sabía que no lo sentía realmente. Jellal no lo quería cerca de Lucy, y para suerte de su primo, se le había cumplido su deseo.

—¡Diablos!— gritó, exasperado. —Lo siento, Nat, vale?— dijo. —De verdad lo siento. Sé que me he comportado como un maldito contigo, a pesar de…

—No vallas por ahí. No lo putamente hagas— lo interrumpió, su voz cortante y fría.

—¿De verdad está en peligro?— el peli azul estaba seguro que su alejamiento hacia la rubia era por su causa. —¿Mi relación con Erza está en peligro porque no te gusta Lucy?— Natsu no respondió. —Te gusta y estás putamente encabronado por saber que Loke la está rondando— sí, también había escuchado y visto aquello, otro factor para no volver a acercarse a la rubia.

—¡No me gusta!— gritó, poniéndose de pie y haciendo que el control del juego cayere sobre la alfombra.

—¿No?— pero aquella pregunta fue burlona. —¿Crees que voy a creerte?— preguntó.

—No lo hagas. Por una mierda que no lo hagas— le advirtió al apretar los puños con furia. Si Jellal seguía en aquella mierda lo iba a golpear, iba a jodidamente golpear a su primo tan malditamente fuerte que luego Zeref le reclamaría por dejar que una mujer se metiera entre ambos. —Eres mi puta sangre, somos hombres, Jellal. No quiero golpearte por una mujer, no quiero jodidamente hacerlo— habló entre dientes con la respiración contenida.

—Te follaste a Kinana y tiraste los condones del cajón del baño luego de tu presentación antes los chicos de enfermería— aquella afirmación obligó al pelirrosa detener el paso cuando intentó marcharse a su habitación.

El pelirrosa fue rápido. El furioso puño de Salamander golpeó su rostro, su mejilla, y el peliazul no hizo nada para evitarlo, era un golpe que se había ganado por aquella conducta de mierda, estaba poniendo a su primo, su hermano por debajo de chica y no sabía que mierda hacer.

—No vuelvas a buscar condones en mi cajón— su voz era un oscuro gruñido, sus ojos verdes estaban oscuros como el pasto muerto por el atardecer y su cuerpo estaba duro en alerta. —Mejor vete a la puta fiesta, no tengo deseos de escuchar más mierda— terminó.

No recordaba la última vez que habían peleado, no lo hacían, eran primos, hermanos. Zeref los había jodidamente obligado a llevarse bien y no pelear por mujeres cuando Jellal, por la separación de sus padres terminó en su casa, ya esa edad se llevaban bien, pero vivir bajo el mismo techo los unió aún más.

—Ella no está interesada en Loke— las palabras de su primo nuevamente lo detuvieron cuando intentó ir a su habitación. —Pero Erza cree que lo podrá estar— el pelirrosa apretó los puños, cabreado al escuchar a su primo.

Si Jellal supiese porqué se había alejado de la rubia por aquel mes no estuviese diciendo aquello. Jellal y Zeref siempre fueron unos posesivos con sus conquistas, ellos querían ser primeros o se metían con chicas con menos folladas que otras, a él eso le importaba una mierda, sí él tenía el derecho de pasarla bien, no veía porque las chicas no podían, pero ahora, ahora sabía a lo que se refería su hermano cuando le decía la maldición de los genes Dragneel, eran unos jodidos posesivos, no perdonaban traiciones y cuidaban lo suyo celosamente. La madre de Jellal, su tía, había encontrado a su padre con su secretaria, aquello la había destruido tanto que se había largado del país, lo había dejado todo, le había pedido a Igneel que cuidara de Jellal.

El peliazul salió del apartamento, dejando a un muy irritado Salamandre. Mierda, todo era una puta mierda. Jellal no tenía ni media hora que se había marchado cuando Natsu salió de su habitación completamente vestido, tomó las llaves de Happy y las dejó en su bolsillo. Necesitaba tomar algo, mucho alcohol en sus venas para sacarse a Loke, a Lucy y todos los hombres que habían estado entre sus piernas de su cabeza y de su sistema. Los había visto, ese baboso coqueteaba con ella y carajo, su sangre hervía por aquello, mierda, estaba ardiendo en celos, de posesión, pero su orgullo era malditamente más grande y fuerte.

Aquel hermoso cabello rubio, aquellos grandes ojos chocolates y aquella pequeña y rosa boca habían sido de otros, de muchos otros y él no podía lidiar con aquello. Cuando había visto a Lucy en la arena cuando peleaba, diablos, parecía una pequeña cosita hermosa, delicada, aquellos lentes los encontró caliente como el infierno, toda una princesita, pero ahora, ahora no sabía que jodidamente veía. Él no pensaba que las chicas eran adorables, él pensaba que eran follables, pero por todas las putas, lo pensó con Lucy. No podía odiarla por estar con otros hombres, eso era una mierda egoísta, pero no podía agradarle, no cuando él quería estar entre sus piernas, no cuando él era quien quería besar aquella boca y acariciar aquel cuerpo.

Estacionó el auto cuando llegó fuera del lugar, salió de este y se guió hasta entrar y acercarse a la barra, allí pidió, una botella de cerveza no le haría nada, necesitaba puro alcohol para olvidar, un litro de Johnnie Walker Gold Label era lo mejor para empezar bien aquella noche. Le gustaba aquel wishkey.

—Hola, muñeco— estaba a mitad de su litro pedido minutos atrás cuando alguien susurró aquel meloso susurro en su oído.

Miró sobre sus hombros, tras él se encontraba una chica con el cabello platino, guapa y con el cuerpo envuelto por un pequeño y atrevido vestido dorado.

—¿Quieres bailar?— el pelirrosa deslizó la mirada por su cuerpo con descaro y luego la pista de baile.

Terminó el trago en su baso, tomó la botella de cristal y se dirigió a la pista de baile con la chica. No fue agradable y mucho menos tuvo deseos de arrancarle la ropa a la chica mientras ésta movía su culo contra su entrepierna como lo hubo deseado con Lucy, aquello si había sido agradable, delicioso, se había puesto duro mucho antes de que la rubia hubiese meneado su perfecto culo contra su polla mientras habían bailado en la fiesta de Loke. Aquello no era nada comparado con Lucy, los movimientos de Lucy eran sincronizados junto a los suyos, su pequeño cuerpo era sexy, caliente, y sabía como menear aquellas curvas mientras bailaba junto a él.

—No meteré mi polla en el coño de una puta— fue el susurro del pelirrosa contra el oído de la chica antes de dejarla en plena pista de baile.

No necesitaba ningún otro culo moviéndose contra su polla, necesitaba el culo de aquella rubia, sexy, sensual, necesitaba a Lucy y que Dios le ayudara, la buscaría y por toda la mierda, si Loke estaba con ella el infierno se iba a desatar, juraba que mataría a ese puto de mierda si se atrevía a tocarla, Lucy era suya, tenía que ser suya, era una cosita hermosa que se estaba metiendo en su ser, ni Loke ni ningún otro pendejo la iba a tener ahora. Si Lucy era una puta, lo sería en su cama, él no era un santo, si ella tampoco lo era, la tendría en su cama y no volvería a estar con nadie más, no mientras él la quisiera para sí.

No importa cuánto alcohol tuviese en sus venas, nunca había tenido un accidente automovilístico, y aquella noche no sería la excepción. Desde el momento en que salió del lugar y subió en Happy había dejado a un lado la botella, tenía que estar consciente de lo que haría, no cometería ningún error, no quería olvidar lo que sucedería con Lucy cuando la encontrara la mañana siguiente en su cama, porque definitivamente, Lucy estaría en su cama aquella noche.

000…

Ella sabía que no le tuvo que haber hecho caso a Erza, quitarse su segura ropa y dejar que finalmente todos vieran que no estaba gorda ni mucho menos, sino que tenía demasiadas curvas no era algo bueno. Unas horas atrás se había disfrazado como coneja como si trabajara en algún lugar para adulto. Sabía que encargarle su disfraz a Erza era mala idea, pero no imaginó cuánto. Tenía el cabello suelto, en su cabeza llevaba orejas de conejo de color rojas al igual que el disfraz mientras llevaba pantimedias de color negra con zapatos de tacones. Se sentía incomoda, cansada y notaba las miradas hambrientas de algunos pervertidos sobre ellas, eso le molestaba, actuaban como si miraran un pedazo de steak cocinado y del cual todos querían una probadita.

Había bailado con Loke, había notado que era un chico interesante y hasta agradable en cierto punto, pero entonces recordaba a Salamander y su interior gritaba como si estuviese engañando a alguien al tratar a Loke. Ella le había dicho lo que era, él la había mirado como la cosa más repugnante existente y ahora ella se sentía miserable como si le estuviere siendo infiel, era basura. No había visto a Natsu, él en aquel mes se había perdido, alejado completamente de ella y aunque era aquello lo que había querido desde que puso sus ojos sobre ella, su interior no estaba contento con aquello. Natsu era todo lo que ella odiaba, no lo podía extrañar pero lo hacía y dolía.

—¿Y esa carita?— la voz de Loke la hizo levantar la mirada. Éste sonreía y le ofrecía una cerveza.

Su tercera cerveza en la noche, negó con la cabeza. No era amante de las cervezas o el alcohol, apenas había empezado a tomar luego de escaparse de casa, cuando llegó a Magnolia meses atrás, se atrevió a probar una cerveza. La noche con Natsu en la fiesta de Loke, había sido diferente, allí tomó por segunda vez, estaba nerviosa y ahora lo aceptaba, nerviosa por la cercanía de Natsu, luego en la mañana no había tomado cuando Jellal le pasó comida y una botella. ¿Por qué había tomado las cervezas que le había ofrecido Loke? Por estúpida, era estudiante de enfermería, no podía estar intoxicándose.

—¿No?— preguntó Loke. —Pero si la noche es joven— observó su reloj. —¿No me digas que ya estás mareada con dos cervezas?

—Un poco solamente— aceptó algo avergonzada.

—Vaya, pensaba que tenías más resistencia. — dijo en tono burlón.

—¿Por qué?

—Te vi tomar con Natsu en mi fiesta la otra vez, no parecías mareada.

—Solamente tomé una cerveza— dijo a la defensiva, no tenía que decirle de lo de la playa.

—Pero parecías bastante dispuesta a tomar más si él te lo ofrecía— sonrió.

—¿Podemos dejar de hablar de Natsu?— no era tonta, Natsu la estaba evitando desde lo de enfermería, él le tenía asco.

—Lo siento, no quería incomodarte— el pelinaranja levantó la mirada de la rubia, solamente para encontrarse con una alta y musculosa figura que se acercaba tras la rubia. Natsu. —¿Quieres bailar?— le preguntó, alejarla de allí antes que Salamander se acercara sería un punto a su favor.

—…— ni siquiera pudo hablar, un posesivo y fuerte brazo rodeó su pequeña cintura. Giró el rostro al levantarlo para ver quien se había atrevido a hacer aquello y se quedó sin aliento. Natsu. No pudo articular palabra, solamente lo miró, parecía enojado, no, furioso, tenía la mandíbula fuertemente apretada y juraba que aquella vena que se marcaba en su cuello latía por el enojo.

—Oh, Natsu— saludó Loke con tono sarcástico.

—No tienes que fingir, estúpido. Tampoco te trago, eres como cáncer en las pelotas, Loke— fueron las duras palabras del recién llegado.

¿Qué sucedía allí? Natsu no la miraba, pero si sentía el fuerte agarre en su cintura.

—Entonces, suelta a Lucy, estábamos por ir a bailar— susurró con acidez.

—Sí, y crees que eso sucederá, pobre pendejo.

Había divisado a Lucy, era imposible no hacerlo aún con el alcohol en sus venas, solamente ver su figura y aquella rubia melena mientras ella permanecía de espalda, supo que era ella y su cuerpo se calentó sorpresivamente. Se había quedado sin respiración, Lucy, estaba disfrazada, usaba un coqueto disfraz de conejo y él maldijo su puta suerte por no ser el primer chico que la había visto con aquel atuendo, por no ver todas esas perfectas curvas marcarse bajo aquel disfraz. Lucy se había despojado de la ropa holgada.

—Nos vamos— no aceptaba negación. Su voz fue baja, firme y autoritaria.

—¡Claro que no!— finalmente consiguió decir.

Ambos se miraron a los ojos por primera vez. Aquello no era normal, no era normal que se quedara sin aliento cuando aquella verde y penetrante mirada se encontró con la suya.

—No estoy pidiendo tu opinión— gruñó y tiró de ella.

—¡No, déjame!— Natsu estaba demasiado enojado, algo en él le gritaba peligro, que alejarse aquella noche era lo más seguro.

—Déjala, no se irá contigo— bramó Loke, tomando a la rubia del brazo para alejarla de Natsu.

Observó la mano que se había cerrado alrededor del brazo de la rubia y luego miró el rostro de Loke. No pensaba que aquel pendejo fuera tan estúpido. Tomó la botella de cristal que sostenía en su otra mano, dispuesto a estrellarla contra la cabeza de Loke.

¿No sería capaz, verdad? Se preguntó cuándo vio la clara intención de Salamander. Natsu iba a romper aquella botella en la cabeza de Loke, su peligrosa y salvaje mirada se lo gritaba.

—¡No!— se interpuso entre ambos chicos.

—¿Vez que eres una puta?— preguntó. —Necesitas que una mujer te defienda— terminó Natsu. —Si te sigues preguntando acerca de Karen, es una puta, un culo caliente el cual me follé solamente una vez, supéralo.

Lucy volteó a mirar al pelirrosa con sorpresa, abrió los ojos grandemente. Aquellas duras y crueles palabras por parte de Natsu en las cuales aceptaba haberse acostado con aquella chica le dolieron, no entendía porqué, pero le dolían.

—Vamos— Natsu tiró de ella, alejándola de Loke.

Por alguna razón sus piernas obedecieron, siguieron a Salamander mientras éste la conducía fuera del lugar. Algo estaba mal con ella, no estaba asustada, no tenía miedo, pero su corazón golpeteaba violentamente contra su pecho.

—Sube— pidió Natsu al abrir la puerta del copiloto. Por un momento estuvo tentada a girar sobre sus talones y correr, correr lejos del pelirrosa pero hiso todo lo contrario, subió al auto.

Natsu rodeó el auto y se colocó tras el volante, poniéndolo en marcha.

—¡¿Qué diablos sucede contigo?!— chilló apenas el auto estuvo en marcha.

—¿Por qué mierda te disfrazas como puta?— gruñó entre dientes, no necesitaba recordar lo que ella había hecho en el pasado, ahora la quería con sus jodidas ropas holgadas. El silenció cayó como barde de agua helada. —No deberías salir vestida así— respiró por la boca para tranquilizarse, necesitaba tener la cabeza fría.

—¡Detén el auto!— exigió. Era un error, no tenía que ir con Salamander, era un estúpido, prepotente, un engreído, la ponía de mal humor. —No veo la necesidad de que compartas tu auto con una puta— dijo entre dientes. Estaba enojada.

—Mierda, Luce, no eres una puta, nena— no apartaba la mirada de la carretera. Era tarde, habían pocos autos transitando. Ni siquiera sabía porqué estaban discutiendo por aquello, él sabía lo que había sido, no lo quería recordar, quería hacerse la idea que ella era como había imaginado. Inocente, su cuerpo estaba limpio y nuevo.

—Cállate, no quiero escucharte, Natsu, de verdad que no quiero— ahora era ella quien estaba enojada, muy enojada. Se había comportado como una estúpida al dejar a Loke allí para irse con ese estúpido.

—Lo harás, quieras o no, lo harás— gruñó. —¿Por qué diablos andas vestida así?— tenía que respirar por la boca para no soltar una maldición tras otra. —¿Dónde está tu ropa?

—¿Perdón?— pestañeó y le miró. —¿Intentas decirme como debo de vestirme?— preguntó incrédula.

—Lu…

—¡No eres mi padre!— no lo podía creer, Natsu era tan estúpido que era capaz de intentar decirle como vestir.

—¡Mierda que no lo soy!— rugió, enojado, molesto. Estaba encabronado, solamente con recordar cuantos hijos de putas la habían mirado en aquellas ropas lo hacía apretar los dientes y sentir como si la vena en su cuello fuera a explotar. —Pero no tienes ni la puta idea de cuánto deseo echarte sobre mi regazo y golpearte el culo hasta que estés tan sonrojada y adolorida que no puedas sentarte— las palabras del chico resonaron una y dos veces entre los pensamientos de la rubia hasta que ésta se sonrojó violentamente.

¿Realmente Natsu acababa de decir aquello? ¿Qué clase de enfermo era?

—No te pongas tímida, nena— apartó unos segundos la mirada de la carretera cuando no recibió repuesta de la rubia. —Sé que te estás mordiendo la lengua para controlarte.

Y Lucy lo odió por dar justo en el clavo, tenía que controlarse, las palabras de Salamander no les tenían que afectar como lo estaban haciendo.

De repente el pelirrosa detuvo el auto, habían llegado al apartamento.

—¿Dónde estamos?— preguntó mirando fuera del auto. Natsu había detenido el auto frente a lo que parecía un apartamento.

—Baja— ordenó cuando rodeó el auto y le abrió la puerta.

—Eso no sucederá— dijo con seguridad. Claro que no bajaría del auto para estar a disposición de ese estúpido quien sabe dónde, y entonces se aterró, se había subido al coche de Natsu, Erza era novia de su primo, pero ella no conocía a Natsu, no tenían ninguna clase de confianza o lazos. Habían intentado ser amigos pero eso no funcionó.

—Mierda— gruñó entre dientes e inclinándose contra la voluntad de la rubia, la tomó de la cintura y se la echó en el hombro.

—¡No!— chilló Lucy. —¡Bájame!— golpeó la dura espalda de su captor pero Natsu la ignoró mientras pequeños gruñidos salían de su boca en advertencia.

Caminó con ella en el hombro, el chico abrió un portón de metal y segundos más tardes entró por una gruesa puerta de caoba. Un apartamento de soltero, pensó aterrada cuando estuvieron dentro del lugar. Natsu la dejó en el piso.

—¡No me acostaré contigo!— chilló, segura, enojada. —¡No me convertiré en una más que ha pasado por este lugar!

—¡Deja de gritar, mierda!— se miraron, enojados. —No traigo a mujeres a mi apartamento, estúpida.

Sí, y él pensaba que iba a creer aquella mentira.

—Sí, y te voy a creer— se cruzó de brazos, buscando seguridad. Nunca tuvo que hacerle caso a Erza, se sentía desnuda, completamente desnuda con aquella ropa y ahora estaba a merced de Salamander por estúpida.

De muchos, Natsu, de muchos malditos hombres— las palabras penetraron entre sus pensamientos y recordó que ella no era inocente.

Vio como Natsu la dejaba y desaparecía por un pequeño corredor. Su mirada vagó por el lugar, no vivía tan mal, vivía decente y hasta juraba que mejor que muchos, claro, su mala vida le permitía darse aquellos lujos.

—Toma— la chocolate mirada volvió sobre el chico, éste había regresado y estiraba la mano con ropa. —Quítate ese maldito disfraz, Luce, quítatelo— demandó entre dientes.

Lucy lo miró entre sorprendida y confundida. El pelirrosa señaló el corredor y ella solamente se acercó allí hasta desaparecer.

Carajo, estaba jodidamente enojado, no esperó aquello, sí, había descubierto que Lucy no tenía ningún gramo de grasa pero no pensó que ella lo dejaría en evidencia, que se mostraría ante los demás, mierda, mierda y puta mierda. Recordaba como se había levantado la camiseta en la enfermería y dejado ver sus pechos sobre su sostén. Podía imaginar a toda aquella bola de babosos mirándola, mirando aquellas perfectas curvas sobre ese puto disfraz y aquello hacía hervir su sangre. Necesitaba alcohol, salió del apartamento hasta su coche y tomó la botella de cristal y regresó al apartamento.

Juraba que Lucy no sería capaz de usar algún disfraz coqueto ni mucho menos, usaba lentes, vestía holgado y se veía que no era muy segura de sí misma, ella no tenía que vestirse así, debería ser prohibido. Echó un poco de hielo en el vaso para luego echar un poco de licor, lo removió con el dedo y luego dio un sorbo. Por alguna razón ahora el líquido le quemó la garganta, parecía que minutos atrás había tragado arena y traía la garganta tan reseca que bajar el alcohol le quemó.

—¿Eres alcohólico?— la voz de la rubia interrumpió el silencio en el lugar. Estaba sentado en la barra, con su litro de alcohol por la mitad, vaso con hielo y dispuesto a dar otro sorbo cuando la escuchó y tuvo que girar el rostro para mirarla.

Puta madre. La vio, allí de pie a pasos de él. Se había quitado el maldito disfraz con todo y medias y se había puesto la camisa porque no veía que llevaba los shorts que también le había ofrecido. Camisa de hombre a mitad de muslo, cabello esparcido por hombros y boca rosada para besar. Aquella noche sería un puto infierno.

—No, no lo soy— dijo finalmente cuando pudo articular palabra. Las mujeres no lo dejaban sin palabras, ninguna lo había logrado hasta aquella noche.

Se sentía incomoda, Salamander le dio la espalda y siguió concentrado en su bebida, parecía que aún estaba enojado, no entendía a ese hombre.

—Tengo hambre— dijo avergonzada cuando sus tripas rugieron. Aún seguía de pie en el mismo lugar.

El pelirrosa se puso de pie, rodeó la barra y fue hasta el refrigerador el cual abrió. La rubia observó cómo sacaba un paquete de pechugas y luego en la lacena tomaba unos espaguetis.

—No tienes que cocinarme— le dijo acercándose al ver las intenciones del chico. —Puedo comer…— dudó. —¿Tienes algo de cereal y leche?— preguntó. El pelirrosa abrió un cajón donde la rubia observó dos cajas de cereal. —Eso bastará— sonrió acercándose al chico.

El olor de la rubia lo rodeó al ésta acercarse y estirarse a su lado intentando tomar una caja de cereal, olía delicioso. La observó, mirando como todo su cuerpo se estiraba y la camisa de botones se estiraba mucho más de lo necesario, lo suficiente como para que la curva de su trasero se empezara a ver y dejara a la vista unas pequeñas bragas verde limón de algodón. Ella se puso en puntitas, teniendo que agarrarse de él para intentar que su mano fuera sobre la caja de cereal pero aún así no llegaba.

—¿Puedes ayudarme?— le preguntó con una ceja arqueada,

El pelirrosa no tuvo que estirarse, solamente levantó el brazo y tomó una caja que intentaba alcanzar.

—Gracias— agradeció cuando se la entregó.

Natsu abrió el refrigerador y sacó el cartón de leche. El pelirrosa la observó y vio como sus mejillas se tornaban rosas. ¿Por qué se sonrojaba?

—Te devolveré lo que coma— le aseguró.

—Como sea. Come— volvió tras la barra mientras observó como ella tomaba un tazón y vertía leche. Lucy. En su cocina. Comiendo su comida. Con su ropa. Piernas desnudas. Era putamente sexy, se sentía jodidamente posesivo.

—¿Por qué te vestiste así?— sus miradas se encontraron, se miraron en silencio, sin decir nada. —¿Para sorprender a Loke y dejar en claro que no tenías libras de más?— la sola idea de que ella se hubiese vestido así por Loke lo hiso gruñir. Quizás ella quería volver a ser la chica que se divertía con los chicos.

—No me interesa llamar la atención de nadie— le dijo al terminar de echar un poco de cereal en el tazón. —Erza fue la quien se encargó de comprar ese disfraz.

—Espero que sí.

—¿Qué quieres decir?— preguntó al sentarse al lado de Natsu.

—No sé qué creer sobre ti. Eres tímida, Luce, no eres de las chicas lanzadas— la rubia lo miró con sorpresa. —Eres reservada, no quieres o querías que supieran que tienes curvas y estudias algo para lo cual no tienes vocación.

—Ese no es tú problema.

—Lo es, nena, estás estudiando enfermería.

—No eres el director— le recordó.

—Pero soy el mejor— igual le recordó y ella prefirió no pelear, era mejor seguir comiendo de su cereal. —No quiero que te vuelvas a poner esa cosa— o si no te la quitaré yo mismo y no te me escaparás hasta que hayamos terminado.

Quedó boquiabierta cuando el pelirrosa se puso de pie con botella en manos luego de decirle aquello y fue hasta el mueble, justo frente al televisor y se sentaba allí.

—¡Oye!— le gritó. ¿Realmente él intentaba decirle cómo vestir?

La miró cuando ella se acercó y se detuvo justo frente al televisor.

—¡No pretendas decirme como vestir!— dijo indignada.

—Si te vuelves a colocar esa mierda te encerraré en mi habitación donde nadie pueda verte— dijo simplemente.

Lucy abrió la boca, indignada, sorprendida pero no pudo decir nada.

—Estoy caliente, Luce, putamente caliente desde que te vi con ese disfraz y tú estás asustada y sé que también estás excitada.

Salamander la tomó de la mano, tiró de ella y quedó sentada sobre su regazo. No hablaron, solamente se observaron hasta que Natsu llevó una mano tras su nuca y la acercó a su boca. Besándola, tomando su boca con posesividad. No se resistió, solamente le dio la bienvenida, separó los labios para él y dejó que su lengua entrara a su boca.

Continuará


Sé que es fuerte y sé que odiaran la actitud de Natsu, pero me dio mucha cosa el cómo se siente, no era algo que le había preocupado antes y ahora le preocupa y atormenta, él veía a Lucy con otros ojos y ahora resultó que no era como la veía, a mí me dolería algo así y me confundiría los pensamientos, pero como ya ven, al final no lo puede resistir, aún cuando tenga todos esos pensamientos el pelea contra lo que quiere.

Muchas gracias por los reviews, disculpen que no pueda responderles en este capitulo pero no se imaginan que clase de frío hace y como tengo que estar abrigada u.u. Espero responder para el próximo capítulos.