Los Pingüinos de Madagascar de Dreamworks no me pertenece, los personajes originales son obra de Tom Macgrath y Eric Darnell.
¡Hola! Les traigo el capítulo 6, como les había dicho, aquí empieza la acción (pero iremos poco a poco :3). Para ubicarlos un poquito, ésto sucede al mismo tiempo que el capítulo anterior, pero con Julien y los lémures.
Bueno, les dejo el capítulo, que es por lo que están aquí.
VI.-El sexto día: Infestación
Julien abrió los ojos con pesadez. Se sentó en su silla para el sol y estiró sus brazos. Bostezando. -Maurice- llamó a su súbdito mientras se rascaba el costado derecho con pereza, el lémur no tardó en responder a la voz del rey –ve con Mort al parque y tráiganme una nueces- le ordenó, extrañándolo.
-Pero su alteza, usted odia las nueces- le comentó, recibiendo una mirada fulminante de parte del lémur de cola anillada.
-¡No discutas con tu rey!- le gritó –vayan a traerme eso.- Mort y Maurice sólo se limitaron a intercambiar miradas, para después salir de hábitat. Julien los observó alejarse, bajó de la roca y se sentó atrás del rebotador. Sujetó entre sus manos el guardapelo abriéndolo para mirarse al espejo.
–Te tardaste- provinieron varias voces del interior del colgante, algunas sonaban graves, otras agudas; producían ecos, y parecía que varias hablaban español, mientras que el resto, hablaba en una lengua extraña que el rey no entendía.
-Lo siento.- se disculpó susurrando –pero ya envié a mis súbditos a traer nueces. Ya no tendrán que alimentarse de mí.-
-Ah, muy bien, Julien. Eres un gran amigo. Y se nota que sabes cómo dirigir.-
-¿En serio creen eso?- preguntó el lémur, embelesado por aquellas palabras; palabras que nadie solía decirle.
-¡Claro que sí! Eres un estupendo rey y amigo, es extraño que nadie te quiera.-
-¿De qué hablan?- preguntó temeroso, borrando aquella sonrisa de orgullo que se había formado en sus labios ante tal halago.
-Bueno, nadie en el zoológico te tolera en realidad, ni siquiera tus súbditos.- Le decían venenosamente.
-Ellos… ellos me quieren. Por eso Mort y Maurice son tan leales a mí.-
-¿A ti? No te confundas, Juliencito. Mort sólo te quiere por tus pies, él mismo lo admitió y Maurice es un lémur de costumbres, ha servido a la realeza durante años; no es que tú le importes, es que teme cambiar sus costumbres.- Julien desvió la mirada del espejo, escuchando cada palabra que no deseaba escuchar; sabía que todo era cierto, siempre lo había sabido, pero nunca lo quiso aceptar. Para él, Maurice era su mejor amigo, pero para el ayeaye, Julien sólo era el rey. –Ni siquiera eres importante para la nutria, ¿cómo se llama?-
-Marlene…- susurró, no deseaba escuchar lo que querían decirle sobre ella.
-Sí, sí, "la hermosa Marlene", la has llamado. Ella es la única tolerante y cariñosa, en todo el zoológico, pero lo es con todos no por seas especial; Marlene te gusta pero ni siquiera sabe que existes. Debe ser muy triste.-
-Ella… ella lo sabe. Sólo que, como desde el día en que Fred y yo peleamos por ella, no he vuelto a tocar el tema, por eso Marlene…-
-JAJAJAJA qué ingenuo eres, Julien.- El lémur hizo un gesto de dolor ante la risa de aquellas voces, su corazón dolía, como si alguien clavara cientos de pequeñas agujas en él. –Marlene no-sabe-que-existes. Pero no es su culpa, ¿por qué se fijaría en ti, teniendo tan cerca a alguien cómo Skipper? Que es fuerte, valiente, hábil…-
-¡Marlene no tiene nada con Skipper!- gritó el lémur desesperado y a punto del llanto.
-Estás viendo y no ves ¿por qué crees que es tan cercana a él? ¿Por qué crees que siempre lo está buscando? ¿Por qué crees que pasan tanto tiempo, juntos? Abre los ojos.-
-Él es mi amigo, no me haría eso.-
-Hasta donde sabemos, por todo lo que nos han mostrado tus recuerdos, cuando su sentido de amigo/enemigo se invirtió, entonces creyó que lo eras. El resto del tiempo te cree un idiota y estaría feliz de librarse de ti.- Julien inclinó la cabeza hacia el suelo, cuán verdaderas eran sus palabras. Acababan de decirle todo lo que él siempre había sabido e intentó ignorar para no sentir el dolor que estaba experimentando justo en ese momento. A pesar de ser el rey, constantemente se sentía sólo, aunque enmascaraba su soledad fingiendo egocentrismo y que todos lo amaban, pero no lo hacía para engañar a los demás, sino para engañarse a sí mismo. La verdad era: que estaba falto de cariño. –Todos son unos hipócritas ¿no es cierto? Pero nosotros no somos así, Julien.- el lémur alzó la mirada, para dirigir sus ojos hacia el espejo y los seres en él –Nosotros sentimos simpatía por ti desde el primer momento, te queremos y no vamos a dejarte nunca.-
-¿Nunca?- preguntó Julien con ingenuidad.
-Nunca…- susurraron –pero para ello, necesitamos tu permiso. Queremos quedarnos aquí ¿podemos? Así estaremos a tu lado.-
El rey enarcó una ceja y pensó por un momento la proposición que le había llegado. Ya no quería sentirse sólo, la soledad día con día lo consumía –pueden quedarse- les indicó, sin tener ni idea de cuánto se arrepentiría después. Tras otorgar el permiso, el cuerpo se Julien comenzó a doblarse, lentamente, hacia atrás. Su espalda se estaba arqueando, como si alguien tuviese puesta la rodilla sobre sus vértebras y por la cabeza lo jalara hacia atrás; esa fuerza hizo que su cuerpo formara una "n", tocando el suelo con la punta de su cabeza y la planta de sus pies; mientras el rey intentaba gritar de dolor. Su boca estaba abierta, pero de su garganta no salía sonido alguno. Un ruido estrepitoso, similar al de un avión, inundó el lugar y un polvo negro se levantó el suelo, para después, entrar por la boca de Julien ante su mirada aterrada. Finalmente, el cuerpo del rey no soportó más y sus piernas se deslizaron hacia adelante, haciéndolo golpear violentamente el suelo con su coxis. Sentía como aquel polvo negro recorría su garganta, provocándole una tos seca y un chillido en su pecho. Se giró para quedar pecho tierra y tratar de vomitar aquello que invadió por su boca, pero fue imposible. Estaban dentro. Como pudo, se incorporó con la mirada perdida, comenzó a caminar sin rumbo, como si no tuviese presencia alguna, para volver a su silla y caer bruscamente sobre ella, quedando inconsciente
Hubo silencio y obscuridad.
-Su alteza- escuchó una voz grave y tranquila llamarlo –trajimos sus nueces.-
Julien abrió sus ojos con pereza, se sentía agotado, pero ellos tenían hambre. Se sentó sobre la silla, y apenas visualizó las nueces, se abalanzó sobre ellas para devorarlas cual cerdo. Mort y Maurice lo miraron extrañados, pero sin atreverse a decir nada. -Pescado- susurró, para después dirigir la vista hacia Maurice –tráiganme pescado.-
-Pero su alteza…-
-¡Traigan pescado!- gritó y continuó comiendo con desesperación las nueces, a sus súbditos no les quedó más que ir a buscar los olorosos animales.
Entraron al hábitat de los pingüinos para conseguir pescado, pues aunque hubiese en la bodega, no podrían entrar sin su ayuda. Ambos lémures se sorprendieron al encontrarse únicamente con Rico, que miraba la televisión, y a su lado, estaba sentada la señorita Perky –Hola, Rico- lo saludó el lémur ayeaye -¿Dónde están Skipper y los demás?-
-No lo je- respondió el del mohawk alzando los hombros.
-Bueno, como sea. Quería saber si podrías regalarnos algunos pescados para…-
-¡Maurice!- se oyó gritar la voz de Julien con desesperación.
-…el rey- concluyó el ayeaye con leve fastidio.
-¿Pedz?- Rico giró la cabeza con confusión mientras enarcaba una ceja.
-Sí, ¿podrías darnos algunos?- Rico asintió. Abrió el pico y vomitó una montaña de pescados, que les repartió a Maurice y a Mort –Muchas gracias, Rico. Vámonos, Mort.- Indicó para después salir por la escotilla.
-Julien raro- masculló Rico, sin darse cuenta de que el pequeño lémur ratón lo había oído, pues aún no subía la escalerilla.
-Es que ese no es el rey Julien- le dijo Mort misteriosamente y salió del lugar, dejando con el pico abierto al experto en armas.
Los lémures se estaban comportando muy extraño, así que su paranoia (fruto de tantos años de convivencia con Skipper) afloró. Subió la escalerilla y levantó levemente la escotilla para poder asomar únicamente sus ojos. Miró hacia el hábitat vecino, lo que veía lo dejó petrificado. Julien devoraba los pescados, incluso peor que él mismo cuando tenía mucha hambre. El rey lémur arrancaba la cabeza y se la tragaba entera, después desgarraba con sus dientes y patas los costados del pescado para probar sus entrañas, llenándose de la poca sangre que ahí se guardaba. Los otros dos lémures lo miraban con horror y asco, Mort se había resguardado detrás de Maurice. Rico volvió a entrar al cuartel, sin duda debía contarle a sus compañeros lo que había visto, en cuanto volvieran, les diría todo.
Julien por fin había terminado de comer, dejando un verdadero desastre, asqueroso y apestoso. Se dejó caer nuevamente sobre su silla para reposar. Sus dedos estaban llenos de los restos del pescado, así que comenzó a lamerlos para limpiarlos; miró a Maurice y señaló con el dedo índice de su mano izquierda el desastre –Límpialo- ordenó –a no ser, que se te ocurra una forma de evadir tus responsabilidades- le dijo picaronamente, para después lamerse despacio el dedo medio de su mano derecha con la mirada fija sobre su súbdito, a Maurice le quedó claro el mensaje, era más que obvio que lo estaba provocando.
-Iugh- susurró el ayeaye desviando la mirada un momento –mejor limpio- respondió con el ceño fruncido.
El rey se echó a reír divertido por la reacción de Maurice, si no tendría "acción" buscaría otra forma de entretenerse –iré a dar el paseo real- informó sonriendo y poniéndose de pie. –Quiero todo limpio cuando regrese- dio un salto y salió del hábitat.
-¿Qué quiso decir con: una forma de evadir tus responsabilidades?- preguntó con inocencia Mort, poniendo ligeramente nervioso al ayeaye.
-Nada, olvídalo- respondió Maurice –tráeme un balde para tirar esto, por favor- le pidió y el pequeño obedeció –"él nunca había intentado provocarme. Eso fue nuevo."- pensó. –"Tal vez sólo quería molestar"- Las cosas estaban empeorando pero ¿por qué? No lo entendía.
Julien estaba parado afuera del hábitat de los chimpancés, mirando con una sonrisa los ostentosos trajes de gala que vestían. Saltó para mirar de frente a sus vecinos -¿A dónde dijo el conde?-
-Ah, Julien- lo saludó Mason -¿Qué haces aquí?-
-Nada, nada, sólo pasaba por aquí en mi paseo real, y no pude evitar ver sus bonitos atuendos- le respondió sonriendo -¿van a alguna parte, pancés?-
-CHIMpancés.- lo corrigió Mason, aunque estaba acostumbrado a que los llamara así -Pues sí, verás, hay una obra de teatro en el parque, y nos enteramos por una fuente confiable que es muy buena. ¿Te gustaría ir?- invitó el primate.
-No, no. Las obras de teatro no son lo nuestro.-
-¿Nuestro?- preguntó confundido Mason intercambiando miradas con Phil.
-Ya sabes, mis amigos y yo.- Los chimpancés hicieron un sonido con la boca, comprendiendo sus palabras -¿ya se van?-
-No. Nos iremos cuando empiece a atardecer.-
-Bueno, cuando se vayan, pasen a despedirse de mí ¿sí?-
Nuevamente los primates se desconcertaron, pero Julien mantenía su sonrisa -¿Se puede saber por qué tanta amabilidad?-
-Bueno, soy el rey. Es mi deber saber lo que ocurre con mi súbditos- le dijo con ese tono engreído que lo caracterizaba.
-Sí, sí, lo que usted ordene, su majestad- respondió Mason con leve sarcasmo y una sonrisa. Julien salió del lugar y regresó con los lémures.
-¿Cómo estuvo el paseo real, alteza?- preguntó Maurice al ver a su rey entrar al hábitat.
-Ah, bien, iré a acampar con los chimpas- respondió con sencillez.
-¿Podemos ir?- preguntó Mort haciendo ojos de cachorrito.
-No.- le dijo Julien tajantemente, pero después volvió a sonreír –ellos dijeron que no soy capaz de estar sin ustedes ¡y soy el rey! No necesito a nadie, se los voy a demostrar esta noche.-
-¿Y cree que pueda sobrevivir sin mí toda una noche?- habló divertido Maurice, sabía que su rey era tan dependiente de él, que de alguna manera, conseguía quemar la fruta cuando hacía una ensalada.
-Claro que puedo, como rey, no hay nadie más acampista que yo.-
-No hay nada que no puedas hacer- Mort se abrazó de los pies de Julien, pero… se sentían fríos, tan fríos como los de un cadáver.
El lémur cola anillada se inclinó para mirar al pequeño a los ojos y negó con su dedo índice –no toques los pies- le dijo con una macabra sonrisa. Mort soltó sus pies y dio un paso hacia atrás, por primera vez en su vida, Julien le provocaba terror. –Ahora, Maurice, mientras llega la hora de irnos ¡vamos a mover el bote!-
-Pero, rey Julien, usted le prestó la caja de música a Cabo para su cita ¿ya lo olvidó?-
-Ah sí… pero eso no importa, Maurice, aquí tenemos nuestra caja de música- dijo señalándose la boca -¡CANTEN, LÉMURES MÍOS, CANTEN!- ordenó animado y los tres comenzaron a cantar y bailar; duraron horas de esa manera, hasta el momento en que el atardecer comenzó a hacer su acto de presencia, y con él, un par de primates que se acercaron al hábitat de los lémures llamando al rey. Él los miró y se despidió de ellos con su mano. -¡Váyanse por la sombrita!- gritó divertido.
-¿No irá con ellos, majestad?- preguntó Maurice al ver alejarse a Phil y Mason.
-No- le respondió sin dejar de bailar –Ellos se irán antes porque quieren pasar a ver una obra de teatro. La idea a mí me pareció aburrida, así que los alcanzaré al anochecer.-
-Pero a usted le gusta el teatro.-
Julien se detuvo y miró a su súbdito –hoy no me siento de humor. ¡Vamos, sigue moviendo tu enorme bote!- le dijo para después continuar cantando y bailando, hasta que la noche cayó y fue tiempo de que el rey se fuera a su "campamento".
Dio un salto para salir del lugar, aterrizando al lado de un pingüino de cabeza plana que aparentemente iba llegando. Había capturado su atención. –Cola anillada- lo llamó. El lémur miró a Skipper, su rostro no expresaba emoción alguna. –Ya está oscuro ¿Vas a algún lugar?-
-Tonto entrometido- escuchó decir a varias voces en su cabeza -Sí- respondió sin rodeos el rey.
-Ah… y ¿a dónde vas a éstas horas?-
-A acampar con Mason y Phil.- Mantenía su rostro inexpresivo, intentando responder brevemente y que él dejara de hacer preguntas. Temía que aquellas voces lo obligaran a lastimarlo.
-¿Desde cuándo te refieres a los simios como "Mason y Phil"? ¿Y desde cuándo sales a acampar con ellos?-
-Se está entrometiendo demasiado- le cantaron las voces, poniéndolo nervioso -Hoy es una noche especial.- respondió.
-Mmm…- Skipper se frotó el mentón y observó al lémur de pies a cabeza -¿Dónde están Mort y Maurice?-
-En el hábitat.- deseó con todas sus fuerzas que ya lo dejara irse, las voces se estaban alterando demasiado -Una pregunta más y tendremos que arrancarle la lengua. Tal vez así aprenda a no entrometerse en asuntos ajenos.-
-¿No irán contigo?- Julien sólo negó con la cabeza. Estaba perdiendo en la batalla por el control de su cuerpo. -¿Por qué?- El lémur ya no respondió, sólo clavó la mirada en el pingüino, si no se le ocurría algo, Skipper sería lastimado. Querían que le quitara la lengua. -Tú casi nunca sales sin ellos.-
-Ésta ocasión entra en ese "casi"- Se tranquilizó un poco ante el silencio del pingüino, quizás aún podía salvarlo -¿Vas a continuar con tu interrogatorio o ya me puedo ir? Ellos me están esperando- el líder sólo negó con la cabeza. Julien se dio media vuelta para dirigirse hacia la salida del zoológico. Tal vez aquellas voces se lo estaban llevando a quién sabe dónde, pero por lo menos, logró recuperar el control de su cuerpo para evitar que hirieran a su amigo. Aunque Skipper no lo considerara como tal.
Caminó sin rumbo por un buen rato, sin observar en realidad a su alrededor. Cuando su cuerpo detuvo su andar, se encontraba frente al bosque, no podía verse nada por la falta de la luz solar; hacía frío, y el sonido del viento golpeando las hojas de los árboles era aterrador –llegamos, Juliencito- le dijeron las voces en su cabeza, que alguna vez, salieron del guardapelo. –Entra.-
-No…- susurró con miedo. No entendía por qué se sentía tan asustado, se suponía que ellos eran sus amigos, él mismo les dio permiso de quedarse a su lado, y aun así, no quería entrar en la oscuridad. Su mirada se fijó en la nada, o eso parecía, pues ahí, a lo lejos, parado justo frente a él, había una sombra. Un niño del que no podía identificar sus facciones, pero sabía que lo miraba.
-Te ordenamos que entres- le dijeron molestos -¡ENTRA, MALDITA SEA!- gritaron con desesperación ante la desobediencia de su, ahora, hospedero. Julien caminó tembloroso hacia atrás hasta que su espalda se topó con algo frío, una roca. Como pudo se sentó sobre ella, sujetándose con fuerza, casi enterrando las uñas en la dura capa de tierra sobre la que reposaba; escuchaba con horror los gritos, maldiciones y obscenidades que le gritaban, hasta que las voces se callaron. Ya no estaba solo.
-No quiero ir- dijo susurrando una vez se percató de que los pingüinos estaban cerca de él. Un mar de lágrimas se deslizaba por sus ojos, su mirada expresaba terror.
-¿A dónde?- preguntó Skipper acercándose más al asustado lémur, que mantenía la mirada fija sobre el bosque.
-Skipper, hay alguien ahí- le informó Cabo señalando hacia la oscuridad que hipnotizaba la mirada del rey. Julien sólo deseaba regresar a su reino, ya no le importaba lo que pensaran de él, sólo anhelaba estar con sus amigos. Sentirse seguro.
-No dejes que me lleven- le suplicó al jefe de los pingüinos sujetándose la cabeza. Aunque su corazón latía tan rápido que no sonaba como latido, sino como zumbido, respiraba con pesadez –no dejes que me lleven- repitió.
Skipper lo abrazó con cariño (suceso que desconcertó a todas las aves), permitiendo que el lémur se aferrara a su cuerpo también. No podía contener su miedo, expresándolo con un temblor corporal. -No lo permitiré, lo prometo- escuchó al comandante consolarlo. Se sintió más tranquilo al saber que él estaría dispuesto a protegerlo, pero al sentir el cariño y la calidez del abrazo del pingüino, entendió que había sido engañado. Se sentía como un imbécil al haber caído tan fácil en la trampa. Ellos querían entrar en su cuerpo, y él lo permitió.
-"Yo lo vigilaré toda la noche"- había dicho Maurice –"si algo pasa, los llamaré en seguida, no dejaré que nadie se lo lleve"- Todas esas las palabras no dejaban su mente, la incógnita del verdadero padecimiento del rey lémur lo atormentaba. Él era un científico, no creía en esas tonterías de ángeles y demonios; pero si quería refutar todo eso, y dar una explicación racional, como sólo él sabía hacerlo, tenía que investigar más allá. Encontrar la falla en los exámenes psiquiátricos que le había estado practicando a Julien durante esos últimos días. Kowalski abrió los ojos y prestó toda su atención al entorno. Todos seguían dormidos. Se levantó de la litera, y cuidando de no hacer el más mínimo ruido, subió por la escalera para abrir lentamente la escotilla, emitiendo ésta un fuerte rechinido que lo hizo girarse bruscamente hacia sus amigos, preguntándose si Skipper o Cabo lo habrían escuchado (ya que Rico tenía el sueño muy pesado), pero en su lugar, se encontró con cierta lechuza ya conocida para él, ella le había puesto enormes orejeras a sus dos amigos. -Alba- susurró con sorpresa.
-La deep web- le dijo misteriosamente como si conociera el motivo de su salida del cuartel –pero no te tardes, es peligrosa.- le sonrió, para después acariciar y besar la frente de Cabo con ternura.
El científico no perdió más tiempo y salió apresurado del lugar, sin importarle el fuerte ruido de la escotilla, pues ahora sabía que nadie excepto Alba podía escucharlo -¿La deep web?- masculló mientras se dirigía al hábitat de los chimpancés, llevaba consigo su teléfono.
Le lechuza se había quedado esa noche con ellos por órdenes de Skipper. –"Hay que tener a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más."- le había susurrado el cabeza plana luego de invitar cordialmente a la lechuza a pasar la noche en el cuartel, pues al día siguiente, le organizarían una cena de presentación.
Kowalski entró al hábitat que era su destino, y suavemente, despertó a los primates que lo habitaban -¿Se puede saber por qué nos despiertas a media noche, pingüino?- preguntó molesto Mason, mientras Phil hacía ademanes, que por la mirada que le dirigió el primate de pelo café, daba a entender que le decía groserías.
-Necesito su ayuda- les pidió con la voz baja.
-¿Y no puede esperar hasta el amanecer?-
-No. Skipper podría darse cuenta.- Les dijo enarcando sus cejas.
-Ajá… ¿y por qué no quieres que se entere?-
-Es confidencial- atinó a decir –Ahora, Phil- le entregó el teléfono al primate –quiero que busques: signos de la posesión demoniaca.-
Mason y Phil se miraron desconcertados y un escalofrío recorrió sus espaldas -Q-quieres que Phil busque… ¿qué?-
-Ya lo dije.-
-¿Por qué nos pides algo así?-
-Es confidencial- volvió a decir –ahora, por favor, háganlo- Los chimpancés se miraron entre sí de nuevo y cumplieron con la petición. Pasaron varias horas, el sol comenzaba a asomarse entre las nubes, dejando ver los hermosos colores del amanecer, pero ellos le indicaban al pingüino que su tiempo se agotaba. –Nada de esto me es muy útil- se quejó Kowalski, frotándose la parte inferior del pico. Intentaba pensar. –"la deep web"- recordó que le había dicho Alba, seguramente ahí encontraría información más útil que: o le daba la razón, o lo desmentía. Sabía bien cómo entrar en la zona oscura de internet y qué precauciones tomar, pero aun así no le sería tan fácil. Se dirigió (en compañía de los primates) a la oficina de Alice, en donde luego de un rato de instalar y desinstalar cosas, tenía todo listo. Era tiempo de entrar.
-¿Qué estás haciendo?- preguntó Mason con un extraño nudo en el estómago. Sentía miedo de la actitud del pingüino.
-Voy a entrar en la deep web.-
-¿Qué es eso?-
-Se dice que internet es como un iceberg. Todas las páginas y buscadores que usamos comúnmente son sólo la punta, representando tan sólo al 4% de lo que es internet en realidad. El otro 96% es conocido como internet profunda o deep web, ahí puedes encontrar de TODO, absolutamente todo; incluso se dice que es vigilada por el FBI y que es ilegal entrar, pero si en alguna parte encontraré lo que busco, es ahí.- Dijo incrementando el escalofrío en la columna de los primates. Se aseguró de cubrir todos los ángulos para mantenerse en el anonimato, y, tras ingresar algunos códigos… entró. Eran tan espeluznante como sus investigaciones le sugerían, quizás hasta peor. Vio cosas que deseó no haberse topado nunca, pero debía ser fuerte, estaba ahí por una razón. Con ayuda de los primates, volvió a buscar sobre posesiones y la manera de identificarlos; su hipótesis fue correcta, encontró lo que buscaba… y por desgracia, mucho más. –Ya pueden irse, gracias por su ayuda.- Les dijo Kowalski secamente.
-¿Qué? Pero no te hemos ayudado a traducir nada aún, Phil sólo ha escrito un par de cosas.- Le dijo Mason tranquilamente, aunque por dentro, su corazón latía a mil por hora.
-Está bien, no necesitaré que traduzcan, aquí hay videos e imágenes que me ayudarán a entender. Vamos, váyanse, no quiero que vean esto.- Los chimpancés se miraron de nuevo, y asintieron para después salir del lugar. Kowalski sacó de entre sus plumas su libreta y comenzó a documentar en ella las horribles cosas que estaba presenciando –Santo Dios...- susurró en un intento por calmar el pánico que comenzaba a sentir en su interior. Si antes estaba escéptico sobre todas esas cosas, ahora las creía con toda certeza. Sólo le restaba analizar toda la información que tenía para poder responderle a Skipper ¿Posesión o esquizofrenia?
Notas/Aclaraciones
-Se hablan muchas cosas sobre la Deep Web, muchos dicen que no es real y mucho dicen que sí, pero eso es algo en lo que yo no me voy a meter. Sólo la utilizo como parte de la historia, el si es real o no lo dejo a su criterio. :3
-Insisto, el fic NO es slash, está dentro del género "friendship" así que todo lo que hable sobre Skipper y Julien, Cabo o Kowalski, es meramente eso, amistad. Ya si ustedes lo quieren ver como slash, será desición suya. :D
Les agradezco mucho sus reviews y que sigan la historia c: me hacen feliz. uvu Por favor sigan comentando y si tienen dudas, como siempre, pueden dejarlas y yo las responderé con gusto.
