CAPÍTULO VII
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Ely… Eleanor… Candy…
No tengo cabeza para nada. ¡Demonios!
¿En que momento me entero que Ely no es mi madre? Sino mi hermanita.
No comprendo porque… porque ¡se fue! Su deber como madre era quedarse con…
Su hijo…
¿Acaso no me quiso? ¿Tan mal hijo era que tuvo que irse? ¿Por qué?
¡No entiendo nada!
¡Y encima la muy tonta de Candy esta en malos pasos! ¡Diantres!
¡Tu no, Candy White! ¡Tu no!
Tú no puedes decepcionarme también.
¡No puedes!
¿Quién es Albert? ¿Quién?
¿Tu novio? ¿Quién? ¿Por qué es tan importante para ti?
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Lanzó su agenda detrás de su almohada, su cuerpo estaba frio. Mejor dicho fresco, la ducha solo le había calmado la conmoción, aunque aun estaba molesto con todo eso. Estuvo acostado con una toalla en la cabeza con la que había secado sus cabellos.
-Richard tiene muchas que explicarme. –mencionó, se refería así a su padre cuando estaba molesto. Su padre también le había ocultado cosas, pudo haber tenido sus razones. Pero eso no le justificaba que hubiera dicho que ¡su madre había muerto! Era mentira. ¡Mentira! El sonido de unos suaves toques a la puerta le sacó de esas reflexiones.
-Adelante, Pony. –al menos ella estaba cuando se requería de comprensión. Si acaso la abuela que nunca tuvo. –Como si fuera mi madre. –murmuró.
-Mi niño… Tome un poco… es te, eso le servirá para no enfriarse, lo último que quisiera es que usted se enferme. –decía Pony, de manera comprensiva. El castaño no entendía porque no había nacido como hijo de esa mujer.
-Gracias, Nana. –recibió la taza, después de sentarse y hacer a un lado la toalla.
–¿Te sientes mejor, Terry? ¿Qué ocurrió? -Pony arreglo las cortinas, iluminando la habitación de Terrence. –Así esta mejor.
-Mi madre no era mi madre. Y la que sí me abandono para irse a cumplir sus deseos egoístas. Ely era mi hermana, y Eleanor… ¡A quien le importa!
-¡Oh Terry! Lo siento mucho…. Entonces esa señora que vino ayer si era su…
-¡No, Pony! Ni siquiera lo digas. Esa mujer no es mi madre. –la mirada de Terrence era inexpresiva, severa. Pony solo observo como el castaño bebió, conocía lo suficiente a Terrence como para saber bien que aquello había sido una de las peores cosas por la que podía pasar. Lo notaba tan decaído, tan desanimado, tan indefenso. No, algo debía de hacer.
-¿Pero al menos sabes la razón de…
-No, y no quiero oírla, Nana. No quiero. Yo no tengo madre. No lo olvidemos.
-Niño Terry… -La mujer solo lo miro con tristeza. –No se aflija por eso.
-No estoy afligido, Nana. ¡Estoy molesto! Y no es todo de lo que entero… Candy esta saliendo con un tipo mayor. ¡Mayor!
-¿Candy? –Pony se sorprendió. –Candy… ¿Su nueva compañera? La de su nueva aula. ¿La chica pecosa?
-Sí, ella… misma. No entiendo que hace una muchacha como ella con un tipo que solo la podría perjudicar… ¡Es una inconsciente! Se lo quise advertir.
-Ya veo. Lo tomo ¿bien?
-No.
-¡Oh! ¿Le gritó? No, mi niño. Así no se razona. –negó la mujer, mientras se paso una mano por la barbilla, estaba meditando. –Creo que eres un buen amigo al preocuparte por ella. Sé que se dará cuenta. No la conozco, pero llegara a la conclusión correcta. Ya verás que sí, Terry…
En eso el celular de Terrence vibró, era un mensaje de texto.
-Recibiste un mensaje, Terry. Si quiere me retiro para darle privacidad.
-No es nada. Solo es Susana que no entiende que no estoy de humor para nada, menos para aguantar sus insistencias.
-¿Susana? Mmm…. ¿la chica de la fiesta? ¿Esa Susana?
-Tienes buena memoria, Nana.-sonrió el castaño.
-Solo preste atención. No entiendo porque usted no tiene novia. Porque me imagino que debes ser popular entre las chicas.
-Me halagas, Nana. Pero después de lo que paso la ultima vez, pues prefiero que todo este así…-miró el vacío, como recordando. –Es mejor…
-Terry… Tú no fuiste el culpable de lo que paso a la pobre señorita Patricia. Eso fue solamente un terrible malentendido que…
-No me justifiques, Pauline. No lo hagas. Patricia solo quiso darme su cariño sincero, y yo ¿Qué hice? Portarme como un estúpido. No debí de seguirle el juego si yo no quería nada serio en ese momento. Ella fue muy noble... Nunca merecí su afecto, nunca. No quiero repetir lo mismo.
-¿Por eso ella se fue a Londres?
-Sí, por eso.
Y otra vez volvió a vibrar el teléfono móvil de Terrence.
-Si salgo con ella solo se repetiría lo mismo. ¡Y no quiero!
-Pues parece que no se rinde. –rio Pony. –¿Cómo es Susana? Aparte de ser con quien te viste atrapado en un juego, nada sano por cierto. No debiste de besarla, por eso esta detrás de ti…
-¡Como sea! No recuerdo bien eso, seguro que solo fue algo del momento, porque ni lo recuerdo.
-¿Estabas enamorado de la señorita O'Brien?
-No lo sé…quizá si hubiera sido lo contrario, pero sabría definirlo. Hace mucho tiempo que no la he vuelto a ver porque se fue a Londres. Dudo que regrese al menos no hasta que hayan culminado sus estudios. Esa es la razón por la que no debo de confundir mis sentimientos… de lo contrario otras personas solo sufrirán.
OoOoOoOoOoO
¿Sabes como me sentí cuando leí la nota que colaste en mi mochila? ¡Feliz! ¡Oh no lo sabes!
Pero no se como paso, ¿Cómo te diste cuenta de me gustas? No lo se, pero…
Mañana te veré… Me citaste.
¡Por nada del mundo faltaría!
Estaré ahí para verte…
Cada vez que pienso en ti, no puedo evitar reírme nerviosa…
¿Crees en las almas gemelas? ¡Tampoco lo creía! Pero ya no se que pensar.
Me dijo Annie que te habían visto leer libros sobre Medicina…
¿También quieres ser medico?
¡Yo también! Ese ha sido mi sueño desde niña…
Algún día me recibiré como medico. ¡Algún día!
Mamá dice que no me esfuerzo lo suficiente, pero se que lo dice para impulsarme a superarme.
Ella es así. Sé que aunque no sea muy afectiva me quiere.
Lo supe cuando me dijo que las mujeres debían ser más cuidadosas y me dijo que yo ya era una señorita…
No entiendo porque se enfada cuando le hablo de Albert.
Es mi hermano, y solo muerta dejare de quererlo.
Annie esta tan o más emocionada que yo.
Ella quiere a Archie, nuestro amigo. Su mejor amigo.
Algo se me debe ocurrir para ayudarles, pues Annie me ayudo con Anthony…
Es lo menos que podría hacer. ¡Jajajaja! Ahí voy.
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Escribía Candy, después de apagar la cocina. Había preparado la cena. Después de hacer sus deberes de la escuela, y sus quehaceres. No entendía porque me causaba una sensación de malestar cada vez que recordaba que había discutido con Terry.
Terrence había sido amable con ella, había abogado por ella al incluirla en su petición de realizar el examen que habían perdido, que por cierto fue porque el castaño se había metido a defenderla. No lo conocía antes de eso, o eso ella creía.
-Terry… -susurro, recordando su mirada de enojo. Luego se llevo una mano a la cabeza tras recordar la conversación con Albert.
Su hermano le había dicho que tuviera cuidado con que muchachos se relacionada. Claro que ignoraba que cierta Susanita había ido con el chisme distorsionado de que ella, la misma Candy había hecho que dos muchachos de su escuela se pelearan, según la rubia lacia por su actitud coqueta. Recibiendo una mirada incrédula de Albert, pero si le creyó que su hermana debía ser más cuidadosa. Candy no entendía porque su hermano le dijo todo eso, pero solo asintió. En fin Albert era Albert, nunca se equivocaba, pensaba Candy. Tras eso no le conto que había recibido una nota de Anthony, donde decía que lo vería a solas. Candy no malpensaba de nadie. Siempre andaba viendo la bondad de todos los seres, incluso tenia predilección por los animales, pese a que en su casa jamás le dejarían tenerlos por su madre. Priscilla detestaba a los animales, mejor dicho les temía por sus alergias.
-¡Candy! –se sobresalto al ver a su padre. No entendía porque había llegado temprano a casa.
-Papá… Llegaste temprano a casa. –Candy se acerco a saludar a su padre, beso su mejilla. –¡Qué bien! Prepare la cena. Es la comida preferida de mamá… Seguro que así se le va el enojo. –sonrió de manera tierna la pecosa. Sintió que su padre la abrazo acariciando su cabeza.
-¡Qué linda! Seguro que se derretirá. Toma. –le entrego unas hojas.
-¿Qué es esto, papá?
-Los resultados de los exámenes de sangre, lo que te pidió tu escuela para la clase de educación física.
-¡Ah! Es cierto… ¡Gracias, papá! No se como sacaste tiempo. El doctor Lenard es comprensivo con nosotros. ¡Que bueno que tía Lara te lo recomendó!
-Supongo. –William se dejo caer en una de las sillas cansado. -¿podrías darme un vaso con agua, Candy? –coloco una bolsa de azúcar sobre la mesa.
-¡De inmediato, capitán White! –Candy alzo una mano como si fuera un marinero.
Cuando Priscilla decía que no tenía gracia, era por ese tipo de conductas. Candy le sirvió un vaso de limonada a su padre, que puso en sus manos la bolsa de azúcar.
-¿Conoces quien se los quiera comer?
-¡Ah! Muchas gracias, papá. Pero hoy no es mi cumpleaños. –se rio Candy.
-¿Y eso qué? Estaban de oferta.
-Pues están deliciosos. ¿Ya comiste unos?
-Son tuyos. –William solo observo como la rubia devoraba uno tras otros los panes dulces. –Es un muchachito. –murmuró.
Había tomado la decisión de mantener silencio respecto a aquello. No entendía el porque. El porque al parecer le habían mentido.
"¿Ella lo sabia? ¿Lo sabía y aun así me dio a Candy? Es peor de lo que dice Priscilla... ¿Quién en su sano juicio haría algo así? Pero... ¡No! No creo que ella me haya mentido. Quizá solo se equivoco… Quizá salía con otras personas en ese tiempo y pues… paso eso… ¿Pero quien no sabe eso? Digo cualquiera sabe con quien esta… ¿A quien le debo de reclamar? ¿A quien? Candy es la única inocente de todo esto. Solo ella… Y si fue así debió ser por algo… ¡Al demonio! ¡Sangre o no es mi hija! Tiene mi carácter, el mismo jodido carácter fuerte. Si no lo heredo pues entonces lo aprendió." Pensó William, que suspiro tras beber de una sola la limonada.
-¿Quieres otro vaso, papá? Le dejare también para mamá.
-Come tu, son para ti. ¿Ya quieres comer?
-Sí, pero esperaremos a mamá.
"Si no es mi…. ¡No! ¿Y por qué es tan llorona? Según yo eso lo heredo de su abuela. ¿Ahora de quien se supone que lo saco? ¡No! A lo mejor ella no lo supo, y… ¿Pero lo sabe? Porque si en verdad no lo sabe cuando lo sepa… ¡Me querrá quitar a mi hija! ¡Nadie me quitara a mi hija! ¡Nadie! Así deba de tragarme mi orgullo y hacer como que nada paso. Pues así será." Reflexionaba William.
Esa noche cenaron tranquilos, Candy sonrió al ver que sus padres hicieron las paces. Sonrió porque sentía que había ayudado a que la situación mejorara un poco.
"¿Y a este que le pasa? Nunca se disculpa… Per ahora lo hizo. ¡Qué extraño está William! ¿Habrá visto a esa? NO lo creo, ella esta lejos. Lejos… "Pensaba Priscilla, al ver a su esposo que se sentó en el sofá, antes de que la rubia pecosa prendiera la televisión. Hizo un gesto de fastidio al ver que Candy se lanzo de manera escandalosa en un sofá mas grande.
-¡Candy! Siéntate bien. Esa no es forma de comportarse de una muchacha.
-Aquí vamos de nuevo. –suspiro William, pero prefirió ignorar ese comentario.
-Sí, mamá. Lo siento. –Candy se sonrojo, mientras se sentaba colocando sus piernas una sobre otra. Se veía adorable con sus pantuflas rosadas, que parecían las garras. No se maquillaba y llevaba una trenza que descansaba en su cuello.
-Nunca crezcas. –se decía para si William, entendía que la belleza en una mujer significaba, lo entendía. Y le causaba fastidio. Mientras menos "señorita" fuera su hija, mejor. Era obvio que con una madre ausente en la primera etapa de la vida de Candy, y al ser criada en consecuencia por dos varones, por su padre y su hermano. Era entendible que sus conductas fueran como un muchacho. Razón por la que Candy les caía bien a los muchachos que conocía. No cualquier chica estaba interesada en el marcador de los partidos de futbol. No cualquier otra chica se colocaba una camiseta enorme y gritaba: ¡Viva mi colegio!, en los partidos de futbol que presenciaba.
Razón de más por la que incluso sus compañeros decían que Candy era un buen amigo. ¡Sí, amigo! Claro que eso se vio tambalear al verla un poco más arreglada, por Annie.
Nada sospechaba de la "cita" de su hija. Nada. Habría pegado un grito al cielo de haberlo sabido. Nada, ni nadie lastimaría a su niña. Claro ya no era niña, pero así tuviera cuarenta siempre seria una niña de escasos años a sus ojos. Mientras nadie mas supiera nada de nada, todo estaría bien.
OoOoOoOoOoO
Al día siguiente Candy deserto contenta, salto de la cama con ganas de querer cantar. Pero no lo hizo, habría sido sospechoso. Su madre no dejaba de hacerle preguntas después de que su padre se hubiera ido después del desayuno. En una de esas preguntas "casuales", así le llamaba a su interrogatorio extensivo. La mujer se entero de dos cosas primero que Candy era muy despistada, como siempre. Y que Anthony estudiaba en la misma escuela que su hija.
Sus ojos brillaron, quizá podría haber algo, pero solo suspiro frustrada al escuchar que era popular entre los muchachos. Aunque advirtió esa alegría mal disimulada que mostraba Candy al hablarle del joven. Si se podía sacar provecho de ello pues…. Pero otra vez veía a la chic torpe que jamás encajaría en los altos estándares de aceptación de las altas esferas de la distinguida sociedad.
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Candy fue a casa de Annie, quien le retoco el cabello. Optando por hacerle dos trenzas cruzadas y colocarle unos ganchos en la cabeza. Al llegar a su salón de clase estuvo inquieta, no vio a Terrence, hasta unos tres minutos antes de que sonara la campana de ingreso.
La muchacha sentía que debía de quebrar esa incomodidad entre ellos. Pero no pensó en nada, y al final solo coloco un pequeño envase donde estaban unos bollos junto con una nota de gratitud. Terrence se dirigió a su sitio, y apenas si noto aquello. Pero no le dirigió la palabra. Terrence estaba con mejor estado anímico que el día anterior, pero no quería tener otra discusión.
-¿Quién soy yo para opinar en su vida? –se decía Terrence. En eso leyó la nota que estaba junto a los bollos.
"Para Terry:
Gracias por ayudarme a dar mi examen. No tenías que hacerlo, pero lo hiciste. Gracias. Y creo que tienes razón de preocuparte. Albert me dijo algo parecido. Me dijo que tuviera cuidado con los muchachos. Lo quiero mucho, es mi…
Pero esa parte la había rasgado sin querer al desprenderla nota del envase transparente. Pero no se le escapo la tentativa: "Espero te gusten."
Observo que la rubia se iba, era el receso. Quiso segurilla, pero alguien se le atravesó en el camino.
-¡Terry lindo! Aquí estoy. ¿me esperabas? Vamos, te invito a comer conmigo.
-Elisa.
-La misma. Vamos. –la pelirroja tomo su brazo.
-Gracias, pero ya me invitaron.
-¿Qué? ¿Quién?
-No seas chismosa, Elisa.
-No lo soy. Hoy juego el equipo de nuestro salón, bueno tu antiguo salón. ¿Qué no te animas?
-Estaré ahí, cuando me haya desocupado.
-¿A quien buscas?
-¿A quien?
-Sí. ¿Acaso querías seguir a Candy? –Elisa lo miro ceñuda.
-¿A White? ¡Claro que no! Ella solo…
-En efecto, es muy simple. No es el tipo de chicas que te gustan.
-Tu tampoco. –murmuro el joven.
OoOoOoOoOoO
Mientras que Candy caminaba adentrándose por la parte abandonada donde estaban apiladas las carpetas viejas y demás cosas que se suponía era basura que no podía abandonar el predio por burocracia. La rubia estaba nerviosa, jugaba con sus manos. No dejaba de pasarse una mano por la cabeza. En eso oyó crujido de unas hojas que eran aplastadas. Ella se giro.
-Anthony...—sonrió con mirada ilusionada. Para escuchar una risa escandalosa, lo que le hizo sorprenderse.
-¿Anthony? ¡Jajajajaja!
-¿Qué? ¡Tú no eres Anthony! No te burlas…Sera mejor que te vayas, porque él no tarda en llegar, Niel.
-Pero que resumida eres, Candy. Thony no vendrá.
-¿Cómo? ¿Esta enfermo?
-¿No lo adivinas? Jajajaja… Anthony no te escribió esa nota, nunca lo haría. No eres de su tipo de interés romántico. Pero que ingenua eres… Jajajaja...
-¿Qué? ¿Qué has dicho? ¡Anthony no me escribió esa nota! ¿Entonces quien… ¿fuiste tu? ¿Por qué?
-Te dije que aceptarías salir conmigo, y lo logre. –Niel sonrió de manera retadora.
-¡me mentiste! Anthony no me escribió esa nota, pero en el papel decía que… ¿Qué haces? -se asusto al observar Niel la había acorralado sin que ella se diera cuenta.
-Cállate, tonta. Se que te gustara…–sujeto a la rubia, de manera que estaba muy juntos. Candy se quedo congelada por la impresión, Niel estaba a un paso de besarla por la fuerza.
En eso el impacto de un golpe preciso hizo que se separara de Candy, que agradeció aquello en silencio. Porque un poco más y ese gusano la hubiera besado.
-¡Pero que!
-Así que estabas usando mi nombre para tus fechorías… ¿Verdad, Daniel? –Niel observo una mirada azul modesta que brillaba. Hablando del rey de Roma.
-¡Anthony! –se sorprendió la rata de Legan.
-Anthony…-Candy lo miro sorprendida.
-¿Estas bien, Candy? –Anthony ignoro a Niel, que solo se alejo para evitar un confrontamiento con el rubio que se notaba que estaba más que enfadado por aquel incidente.
-¿Eh? Sí… -aunque sonaba sorprendida.
-Estas temblando. ¿Te asustaste? Ya se, ¿Por qué no me acompañas?
-¿Eh? –Candy no daba crédito a lo oía.
-En mi mochila tengo un refresco. Si quieres te lo doy, dicen que el agua es buena para el susto.
-¡Oh! Yo… yo... no te….-balbuceaba Candy. –Esta bien, gracias Anthony.
-Bueno entonces nos vamos.
-Sí. –caminaron cerca de las carpetas rotas. -¿Por qué me ayudaste, Anthony?
-Porque… porque hubiera podido faltarte el respeto. –recordó la conversación de Candy con Terrence en la Biblioteca. –Además tu ya tienes novio. ¿Cierto?
-¿Novio? ¿De donde sacas que yo tengo novio, Anthony? Estas equivocado.
-¿En serio? Pero Terrence y tu discutían por Albert, porque tu sales con ese joven. Pero bueno, es tu vida… aunque creo que no seria muy recomendable que tu…
-Albert no es mi novio. –Candy se adelanto.
-¿No? ¡Ah! Pues… bueno pero igual sales con él…
-Tampoco. Al menos no como algo más. –en eso la rubia sin querer se apoyo un poco en unas mesas apiladas y estas cayeron. Anthony la aparto al jalar su brazo.
-Cuidado. ¿Sabes? Eres como un muchacho. Jajajaja…-se reía Anthony, Candy solo lo observo. No sabían que unos dos jóvenes los miraban sorprendidos.
-¿Anthony? Aquí estabas tu… te estamos buscando… y…
-¿Candy? Brower.
-Elisa… Terry….-dijo Candy, al verlos no muy lejos. Anthony seguía sujetando el brazo de Candy, porque se había olvidado al reírse. Candy sintió la mirada penetrante de Terrence, no supo porque le pareció un reclamo. No, mas bien sintió un ligero escalofrió.
Anthony menciono que había dejado su mochila en su aula. Elisa solo miraba eso con cierto aire escéptico. Sintió coraje de ver a Candy junto a Anthony. Pero sonrió después de ver la mirada fría de Terrence. No todo podría ser tan malo.
-Terrence, nuestro salón jugara contra tu salón actual. Iré a ver el partido, seguro lo poco que dure porque ya comenzó. ¿Te animas, Candy?
-¿Yo? Claro. –sonrió la Pecosa.
-Gracias… Te tomare la palara.
-¡que bueno, Terrence! –Anthony parecía contento. –Mientras más quieran animarse mejor.
