VII: Indiferencia 1/2
Camina, sigue, está huyendo.
Acaba de besarlo, de sentir su boca con todo el esplendor y la gloria que esta le sugiere. Por Merlín, él no deseaba que se separara nunca de sus labios. La mira alejarse, tranquilamente, como si aquel contacto tan íntimo no le hubiese afectado; mientras que él, se está volviendo loco. Quiere gritarle que se detenga, vuelva y lo bese una vez mas, y otra ¡Y otra más! Así hasta que amanezca… Pero sabe que no lo hará.
Pansy logra perderse de la vista del chico, al entrar al castillo, menos tranquila de lo que antes aparentó, intenta respirar normalmente; su pecho se levanta bruscamente, debido a las enormes bocanadas de aire que toma y no logran llegar a sus pulmones. Siente que el corazón le palpita en la garganta. Lleva las manos a su pecho, cierra suavemente los ojos y de pronto… Los labios le arden, le palpitan; reclaman más.
Ella sigue su camino, entre la penumbra desierta del castillo, se pone la capucha tapando su cabeza y respira profundo. Llega hasta su sala común, sin decir nada, con la cabeza gacha sigue su camino.
— ¿A dónde tan tarde? —Pregunta.
La morena se detiene en seco— A dormir ¿No es obvio? —Responde con ironía. Se vira lentamente— O, la pregunta sería; ¿Qué haces tú tan tarde? —contraataca y mira su reloj en la muñeca.
— Algo me inquietaba, no podía dormir…
—Te he dicho que ser tan zorra, algún día te quitaría el sueño, Alden.
La ojiverde sonríe— Gracias por los consejos, Parkinson —se levanta—. Puedo arreglármelas.
Pansy vuelve a darle la espalda y continúa hasta su habitación.
Al llegar, entra silenciosamente, como si fuera una delincuente que irrumpe en un lugar prohibido; Claro, si Draco se encontrara ahí, seguramente le iría bastante mal. Gracias a Merlín, el príncipe de Slytherin no está y por primera vez, a ella no le apetece preguntarse donde se encuentra esta vez.
Destapa su cabeza con una mano, profiere un hondo suspiro y se tira en la cama. Recarga las manos sobre su abdomen, al cerrar los ojos, esperando dormir, la imagen de un pelirrojo se hace presente; divisa la forma de su rostro, las pecas que invaden su nariz y, sobre todo… Los ojos mas hermosos que nunca ha visto: como de cielo abierto, pero además, con una calidez extraña.
Entonces, imagina.
De pronto, la chica ve como el pelirrojo entra a su habitación, al instante el frío desaparece. Deshace el nudo que sujeta la capucha negra y la deja regada en la cama, sin moverse más de lo necesario, saca los zapatos de sus pies, escucha como caen en el suelo. Sube los pies, todavía con calcetas blancas en la cama, sin abrir los ojos; imagina el cuerpo de Ron sobre ella, como se acerca suavemente.
Un sentimiento desconocido se apodera de ella: Deseo.
Lentamente, desabotona la blusa y recorre con las yemas de sus dedos desde el ombligo hasta el borde de los pechos que están cubiertos por un sostén de encaje verde. Piensa en las manos del pelirrojo acariciándole el abdomen, desabotonando el sostén, cubriendo sus pechos, otorgándoles el calor de su cuerpo. Aire frío escapa de su boca, cuando suspira en un intento de gemido.
Nunca hizo algo parecido ¿Qué se sentirá?, abre sus piernas apoyando los pies en la cama. Lentamente, su mano va trazando un caminillo recto desde un pecho hasta rodear el ombligo y traviesa, vacilante, juguetona… Se mete debajo de la falda, de las bragas, husmeando aquella intimidad hermosa y virgen.
Su piel fría se estremece, al tocar un lugar tan cálido. Tímidamente, juega con el bello púbico; grueso, duro, pero que da una sensación majestuosa a su tacto. El índice se dirige a la pequeña protuberancia, húmeda, abandonada y ansiosa por recibir las caricias. Todo en medio de sus piernas palpita y se humedece, su mano sigue explorando, tocando, palpando, acariciando, masajeando.
Imagina una mano ajena, más grande y fuerte que no le pertenece, entonces, solo entonces; el deseo de sentir aquella mano prohibida la hace arder. Toca más abajo, introduce la punta del dedo medio en su cavidad: Arquea la espalda, con deseo, con furia. Los pechos se levantan y se hinchan, la sensación; es gloriosa, divina, más allá de todo. Queriendo más, introduce el anular lentamente y entonces empieza el vaivén.
Sigue un ritmo lento, suave, armonioso.
Abre su boca para exhalar e intentar respirar. El corazón le late más fuerte que nunca. Siente la boca de él en la suya de nuevo, su mano, su cuerpo desnudo que no ha visto y sin embargo puede imaginar con todos los relieves posibles. Así, buscando, hurgando, encontrando, el vaivén se hace frenético, exquisito, rápido, desesperado… Después de un intenso espasmo que le recorre todo el cuerpo, termina.
El cansancio se apodera de su cuerpo, por primera vez su mente se queda en blanco y siente una relajación intensa en cada uno de sus músculos. Inmóvil, se queda dormida.
Por la mañana los golpes en la puerta de madera la despiertan; Abre los ojos repentinamente, como si hubiese recibido un susto o un gran impacto, se sienta en la cama, no puede creer lo que hizo anoche. Toma los extremos de su blusa y los cruza como si fueran una bata, se levanta, revisa el reloj que está en su muñeca que marca las ocho de la mañana y camina hasta la puerta.
Abre lentamente, asoma la cabeza por la pequeña abertura— ¿Qué pasa? —pregunta Pansy todavía adormilada.
— Hay reunión de Prefectos antes del desayuno —dice Theo, quién está con la espalda recargada en la puerta.
— Cierto, yo… Lo olvidé.
El chico se asoma para verla— ¿Estás bien? — Dice con un gesto de preocupación e intriga.
— No dormí bien.
Hace un gesto con la cabeza, ante tan evidente mentira, pero no se detiene a indagar, ciertamente no es algo que le importe.
— Te espero abajo entonces —finaliza.
Pansy cierra la puerta, se recarga en ella y sostiene su cabeza. Deja salir de su boca un hondo suspiro, al levantar la vista encuentra su reflejo en el espejo plateado del otro lado de la cama, sonríe al notar algo diferente; sus ojos brillan.
Toma un baño caliente, se pone un uniforme limpio, fresco, sin arrugas y toma una bufanda del armario que está frente a su cama.
Theo la espera sentado en el suelo de la sala común, juega con una pequeña pelota amarilla, aventándola una y otra vez.
— Buen día —saluda el chico.
— Hola —responde ella fríamente.
Él le cede el paso, siguiéndola por los pasillos. Llegan hasta el despacho, Theo hace desaparecer la pelota de sus manos, Pansy abre la puerta lentamente, allí los esperaban Hermione Granger y Parvati Patil, las prefectas de Gryffindor. Sin sonreír, ni si ocultar un poco su desagrado, se colocaron a un lado de ellas.
El chico le indica el asiento a Pansy con un ademán de su mano, ella se sienta frente al escritorio cruzando una pierna sobre la otra. Theo se coloca detrás, recargando sus manos en los hombros de la chica. Las otras dos permanecen de pie.
Por las escaleras en forma de media luna que rodeaban la cálida oficina, bajaron la directora McGonagall; quien viste de terciopelo verde, el profesor Dúcan; que está ataviado por completo de blanco y la profesora Trelawney; con sus ropas extravagantes, coloridas, vistosas.
McGonagall, toma posesión de la silla de directora. Los profesores que le siguen se colocan a cada lado del escritorio.
— Jóvenes —habla Minerva—, habrán notado la ausencia de los prefectos de Hufflepuff y Ravenclaw— dice mirando distraídamente papeles sobre el escritorio. Levanta la vista, por encima de los lentes cuadrados— Verán, sus casas se han quedado sin jefes, debido a los incidentes que no necesito mencionar…
— Pero, profesora McGonagall, Usted es nuestra jefa de casa… —interrumpe Hermione.
La profesora se acomoda los lentes— Le ruego no interrumpa, señorita Granger. Con mi nuevo cargo de directora, me temo, no me queda tiempo para cumplir con mis obligaciones como jefa de casa —dice. Dirige su vista a los Slytherin—, La profesora Trelawney me suplirá.
— ¡¿Qué?!¡Pero..!
— ¡Señorita Granger!... —se levanta exasperada— Me interrumpe una vez más y tendré que pedirle que abandone esta sala ¿Me hice entender?
— Si profesora —susurra Hermione por lo bajo. No puede creerlo.
Minerva continúa— Estoy Segura que Trelawney, hará un excelente trabajo —mira a la profesora mencionada y sonríe—. Por su parte, el profesor Dúcan, a quien seguramente ya conocen; será el jefe de la casa Slytherin, además de su nuevo profesor de Pociones.
Hermione hizo una rabieta interna ¿Cómo era posible? ¿Dúcan de Slytherin? ¡¿Por qué a ellos la estúpida e insufrible Trelawney?!
— Por mi parte Jóvenes —dice Dúcan, irrumpiendo los pensamientos de la castaña—, como se los dije, daré lo mejor de mí para corresponder la confianza que ha depositado la directora en mí.
— Estamos seguros que su desempeño será excelente profesor —dice Theo sonriéndole.
— De parte de las serpientes —se pone de pie—, le damos la bienvenida a nuestra casa, profesor August— dice Pansy.
El apuesto profesor, avanza a ella y la estrecha por los hombros, Hermione no puede evitar un deje de celos, el profesor la mira fijamente haciéndola que sonría. No tiene más que discutir, como siempre; lo mejor es para los slytherin, ni si quiera parece que el salvador del mundo mágico se encuentra en Gryffindor.
— Bien —prosigue McGonagall—, supongo, que no debo recordarles lo que se pactó antes de iniciar el ciclo; Las serpientes y los leones deben llevarse mejor que nunca, ahora que ha terminado la guerra, no tenemos por que seguir con tonterías como en años anteriores ¿Verdad?
— ¡Completamente de acuerdo Directora! —dice Pansy animadamente.
Minerva sonríe, se pone de pie y alza su cabeza— Bien, entonces, pueden retirarse a desayunar —hace un ademán con la mano, indicando la puerta.
— Fue un placer profesor —dice la Slytherin.
El profesor se inclina a besar su mano y la deja marcharse. Theo se despide con un apretón de mano de su nuevo jefe de casa, mientras que Hermione, abandona el despacho casi corriendo.
Minerva se retira, subiendo las escaleras, ondeando su largo vestido. El perchero le entrega su sombrero puntiagudo, con una banda plateada en el borde, les sonríe a los profesores haciendo un ademán con la cabeza.
— ¿Nos acompaña al banquete, profesor? —Inquiere la profesora Trelawney.
— Claro que si profesora, será un placer —contesta el profesor Dúcan, amablemente y le extiende el brazo— ¿Puedo hacerle una pregunta Sybill?
— ¡Por supuesto! —contesta la profesora de adivinación.
August abre la puerta de la dirección con una mano y ambos siguen caminando:
— ¿A que se refiere la profesora con "Tonterías de los años anteriores"?
Un gesto siniestro se dibuja en la cara de la profesora, el andar se hace más lento:
— Bueno profesor, Se pregona que el racismo impuesto por Mortífagos y… Usted ya sabe quién, no alcanzó Hogwarts. Sin embargo, muchos de los hijos de ex mortífagos estudian en el castillo, por lo tanto esa forma de pensar en un "orden social" predominaba, mas aquí que en otro lugar. Durante años, esta batalla, predominó entre Gryffindor y Slytherin; hubo acontecimientos catastróficos, peleas crueles entre los mismos alumnos…
— Entiendo —interrumpió el profesor—. Supongo que ahora sin ese "orden social", sin las distinciones de la sangre, debería haber más compañerismo entre las susodichas casas.
Sybill sonríe— Efectivamente, lo primero que intentamos promover, antes de iniciar este ciclo es el compañerismo entre nuestras casas, de las cuales ya somos Jefes.
— ¡Entonces! ¡Haremos que nuestros alumnos se traten como hermanos! —exclamó jovialmente.
Caminan por los iluminados pasillos, entre risas, historias que resultan unas más trágicas que las otras; Desde un niño que abre la cámara secreta y derrota a un basilisco, hasta una impura asesinada condenada a ser un fantasma llorón. Pasan frente a un enorme vitral que ilumina con toda la luz del sol y está casi al llegar a la puerta del Gran comedor, entran: El calor los acoge al instante, caminan por el pasillo central dirigiéndose a la mesa de profesores.
Del otro lado del comedor, la mirada de Hermione se pierde detrás del apuesto profesor. El Cabello plateado del profesor Dúcan se hondea a su paso, su sonrisa fresca, espontanea, sincera; Como de quien demuestra estar pasando un buen rato. La castaña sigue indignada ¿Por qué siempre son las malditas serpientes los que tienen lo mejor?
— Yo creo que será una buena Jefa —dice Harry. El moreno trata de animar a su amiga.
La castaña desvía su vista del profesor, cuando este llega hasta la mesa de profesores:
— ¡Claro que no! ¿A caso no lo recuerdas, Harry? —Dice irritada— "Veeeeaaaan en su interiooor" —hace un gesto "sobrenatural".
Ginny ríe tontamente— Hermione, desde que llegaste solo has estado hablando de ese… Profesor Dúcan y te has quejado de la pobre profesora Trelawney —comenta Ginebra.
— ¡Es que no me entienden! —Se exalta la castaña.
La pelirroja se acerca más a Hermione, lleva sus labios hasta la altura del oído de su amiga— Solo relájate, todo estará bien —susurra suavemente.
Hermione puede sentir el aliento cálido confortándola, huele el brillo labial de cereza que la pelirroja lleva el los labios; al instante, toda la molestia que siente, se desvanece. Hace un gesto de placer, tal cual hubiese comido la fruta más deliciosa del planeta.
Harry suspira, da un trago a su jugo y sonríe— En fin, no vale la pena seguir —dice, abraza a Hermione contra su pecho—, el tiempo nos dirá que tal funciona la profesora Sibyll…
— Sino, piensa que solo les queda un año —interrumpe Ginny.
Los tres sonríen. En definitiva, no hay nadie como la alegre Ginebra Weasley cuando de hacer reír se trata. Hermione ríe hasta provocar que su estomago duela, siente como la sangre le sube a la cara y la sola idea de estar sonrojada le apena.
Harry se apoya en la mesa, levantándose un poco— ¡Ron! —Le grita a su amigo, este no le responde— ¿Ron?
— Ah, eh… ¿si? ¿Qué pasa? —Contesta distraído el pelirrojo.
— ¿Te encuentras bien? —pregunta el moreno.
— No has dicho nada durante toda la conversación —dice Hermione, su tono es mas molesto que interesado en lo que pueda ocurrirle a su novio— ¡Ni si quiera has reclamado que Trelawney sea nuestra…!
La castaña hace un gesto de molestia, la mirada del pelirrojo está pérdida de nuevo. Ginny la convence que lo olvide, lo ignore, ella le hace caso como siempre; a Hermione no le interesa en lo más mínimo que mira Ron, su preocupación viene del hecho que no le preste atención, necesita sentir que la escuchan, la comprenden, pero sabe que el pelirrojo, no lo hará.
Ronald permanece presentemente ausente, su mirada no está pérdida, sabe a donde la dirige y quién la posee. Al otro lado del comedor; la luz del sol le ilumina la cara, ríe, él alcanza a ver su dentadura perfecta y tal vez una parte de su lengua… Cae en la cuenta que no ha visto mujer más hermosa en su vida.
Algo está mal; ella no ha virado su rostro para verlo ni una sola vez. Por alguna extraña razón, quería verla a los ojos. Entonces, ocurre en cámara lenta: Pansy Parkinson, la princesa de las Slytherin, voltea con una lentitud casi torturante, su cabello ondea, parpadea dos veces y clava sus ojos en él. Al gryffindor se le escapa la respiración, la ve sonreír y sin embargo… Su sonrisa no es para él.
Así como empieza… Termina, no quería verlo, ¡Ni si quiera lo vio! La furia se apodera de todo el cuerpo del pelirrojo ¿A que demonios está jugando?, ¿anoche lo besa y hoy lo ignora? Cierra los ojos, intenta tranquilizarse, piensa que debe haber una explicación, porque si no la hay, va a enloquecer.
Sin decir una palabra más, toma la túnica que está a su lado y se levanta. Camina sin hablar con nadie ni despedirse, se dirige a la salida. Antes de dar el paso final para abandonar el Gran comedor, se detiene, mira el suelo, respira profundo y levanta su cabeza; En un último intento la mira, sin embargo, para ella no existe.
— ¿Qué le pasa a Ron? —Se pregunta Harry, al ver salir a su amigo.
Ginny se le acerca sinuosamente al moreno— A veces se pone así —responde la pelirroja— No hay nada de que preocuparse —finaliza.
Al instante el moreno se dedica a besar a su novia en los labios, de una manera dulce y algo boba. Hermione se siente extraña, incomoda tal vez, no le agrada nada presenciar aquel acto de cariño. Ve a todas partes, intentando ignorar a la pareja.
Harry, abre los ojos por impulso. Mueve con su mano los cabellos pelirrojos que hay sobre el hombro de su novia y se asoma; ve fijamente como dos Slytherin se levantan de su mesa, se fija en una: Alden. La chica de ojos verdes. Se levanta, su falda ondea suavemente, el moreno no puede hacer nada, más que seguir el contoneo de su cadera y apreciar las pequeñas partes de abdomen que revela su blusa.
El beso termina, Ginebra entiende que su novio no le está correspondiendo. No quiere indagar en el por qué. Al instante el ojiverde vuelve a mirarla, le sonríe, su mirada le transmite calidez. Ella le pellizca las mejillas y suspira hondamente haciendo que los lentes del moreno se empañen, eso siempre le ha hecho mucha gracia.
Se acerca de nuevo a sus labios— Debo irme —dice Ginny suavemente, casi como un lamento.
Él suspira— Entonces ¿Te veo más tarde? —pregunta con un deje de inseguridad.
— ¡Claro que si! —De inmediato se acerca a su oído—, llega temprano a la torre, te estaré esperando —susurra.
A continuación la chica se levanta, alejándose, al tiempo que contonea sus caderas, tal vez de manera exagerada. No llama la atención de Harry, el estilo del uniforme de la pelirroja no se ve tan justo, redondeado y perfecto como el de Alden ¿Cómo una chica de diecisiete años puede tener el cuerpo de una de veinticinco? No lo sabe, no lo entiende… Pero piensa averiguarlo.
La invitación de su novia, no lo ha dejado tan inquieto, como lo hizo el simple contoneo del cuerpo de una Slytherin.
La primera clase del día es "Discernimiento". el nombre de la clase flota escrito en enormes letras doradas sobre el salón de clases. Como si vieran una película en tercera dimensión a los alumnos les parece una extraña presentación, que sin embargo, pronostica una fantástica materia sobre la cual aprender.
Las ventanas de la clase son enormes vitrales transparentes, que van desde el techo hasta el suelo en forma de gota. La luz del sol se filtra iluminando por completo la estancia que pare ser más grande que todas las otras que han tenido. Entran en grupos grandes, miran en el techo las letras, como la primera vez que pisaron el gran comedor. Los nombres de cada uno están tallados en las mesas de trabajo, indicadas para dos personas.
Las mesas están acomodadas, formando tres columnas frente a un gran baúl que parece ser de acero. La mesa de Ron está en la primera columna, al fondo de la estancia; El pelirrojo no se interesa en fijarse quién podría ser su desdichado compañero, de antemano sabe que si hacen un trabajo en equipo él lo arruinará. Siempre es igual.
De pronto, la siente: Es ella y eso es algo que nadie puede ser capaz de refutarle, la forma en la que tambalea el escritorio cuando ella toma asiento, el perfume que logra quemar sus fosas nasales y ahora, escucharla reír… Por Merlín, no es posible. Distraídamente, para que no se vea su intención recuesta su frente contra la mesa y alcanza a divisar su nombre "Pansy Parkinson".
El corazón de Ron empieza a latir rápidamente, y, aunque no lo nota, el de ella está igual o tal vez mas acelerado; Sin embargo, Pansy sabe controlar su entusiasmo tras una mascara de indiferencia casi real… No sabe que muy pronto, esa mascara no engañará al pelirrojo.
Entonces, el pelirrojo se levanta y la descubre observándolo, la chica no se inmuta, como si mirara una ardilla que corre por el jardín. Se miran a los ojos, ella no revela un solo gesto de expresividad, nada. Ron intenta visualizar algo en su mirada, sin embargo solo ve indiferencia. Hasta que termina; Su combate desprovisto de intensidad, pasión y lujuria, termina.
Al final todos están sentados con sus respectivas; Alden Astor con Draco Malfoy, Daphne Greengrass con Harry Potter, Theodore Nott y Hermione Granger. A ninguno parece importarle su pareja, a Pansy tampoco le importaría, pero tiene un plan. Lo que trama no incluye hacerse amiga de Weasley y ganarse su confianza. Ella no desea su cariño de amigo, quiere algo más y está dispuesta a conseguirlo directamente sin necesidad de cortejos hipócritas.
Las ventanas se cierran estrepitosamente, todos los alumnos se exaltan al quedar en total oscuridad. Se escucha un ruido como un rugido feroz; sale del enorme baúl, el cual se empieza mover tal si encerrara a un Bogart. La enorme puerta doble de entrada al salón se abre de par en par, y con una ráfaga de viento entra un candelabro flotante de color dorado, de siete brazos.
Detrás de la pieza que semi ilumina el salón, entra una figura; Al instante se intuye que es el nuevo profesor. Está cubierto completamente por un sobre todo de oscuro terciopelo, del cual no se distingue el color, podría ser marrón, verde o rojo oscuro.
El candelabro se instala sobre algo parecido a un perchero, destella y las llamas saltan a cada esquina del aula iluminándola por completo. Unas manos huesudas, de uñas extremadamente largas y de color vino salen del sobre todo, se dirigen hasta la capucha bajando la misma.
— Buen día Jóvenes —habla con voz espectral, hermosa, siniestra—. Sean Bienvenidos a su clase de discernimiento. Mi nombre es Angél Collingwood y tendrán el honor —hace énfasis en la última palabra—, de ser mis alumnos.
La profesora Angél, es una mujer de una belleza innata que aparenta tener veintiséis años, cuando no es ni la cuarta parte de su verdadera edad. Su cabello es negro, con un peinado alto extravagante, sus ojos grandes y oscuros, de una mirada profunda sumamente inquietante, nadie le ganaría un duelo de miradas.
Lleva los ojos maquillados de negro con una línea que va hasta sus sienes, pero, probablemente lo más atractivo de aquel emblemático personaje, sean sus labios, de una proporción perfecta, rasgos sensuales dos tonos mas oscuros que su color de piel morena y una especie de círculos metálicos que se asemejan a verrugas a lo largo de la yugular.
Collingwood sonríe medianamente— Vengo del colegio de Durmstrang, era profesora de Artes oscuras —dice mientras camina de un lado a otro examinando a los alumnos—, bien —sonríe y suspira— prosigamos con nuestra tarea.
De inmediato se despoja de la túnica, el aula empieza a estar sofocada. Trae puesto un vestido blanco sin mangas que llega más debajo de sus rodillas. Sobre el hombro izquierdo tiene el sello de lo que parece una X. Todos permanecen en silencio.
— ¿Qué es discernimiento? —Ríe de manera maquiavélica, al tiempo, acaricia el borde del extraño baúl. Nota que al fondo alguien levanta la mano, le da la palabra.
— Por medio de él, percibimos y declaramos la diferencia que existe entre varias cosas.
La profesora sonríe mostrando sus dientes— Perfecto ¿nombre?
La chica traga saliva— Daphne Greengrass, Slytherin.
— Diez puntos Para Slytherin. Pues bien —camina hacía el frente—, discernir no implica habilidad mágica, no requiere suerte y tal vez sea la materia más difícil que hayan tenido en estos siete años —la profesora llega hasta la puerta, sostiene su barbilla con el índice y el pulgar, se vira—. Quién es… ¿Harry Potter?
— ¡Soy Yo! —Exclama el chico, ya acostumbrado a la pregunta.
Angél se aproxima a su mesa, quedando de pie frente a él— ¡Señor Potter! —Aplaude tres veces con sarcasmo— ¡La celebridad de Hogwarts! —Sus fosas nasales se expanden, apoya sus manos sobre el escritorio de azabache— Sepa usted que su "habilidad mágica" es simple suerte, todos podemos tener las habilidades correctas y conocer a las personas adecuadas en el momento preciso, eso nos hará héroes, nos dará títulos de gloria… Pero no nos prepara para el mundo real ¿Cree que lo pero que hay allá afuera era Voldemort? —Sonríe tiernamente— Está muy equivocado.
Todos se quedan expectantes, exceptuando a los slytherin, que por supuesto no dejaría de disfrutar como humillan a Potter públicamente.
— ¡El valor es importante! —exclaman de pronto, con un aire soberbio
Tal como un animal al asecho la profesora se vira hábilmente con una rapidez impresionante.
— Granger… Escuche mucho de usted, señorita —avanza a ella toma un libro que está sobre la mesa de la castaña lo ojea con curiosidad durante unos segundos y después, lo hace desaparecer, haciendo que la chica se sobresalte—, ¡Entiendan algo! ¡El discernimiento, no se aprende de libros! —Fija sus ojos en la castaña—. De antemano advierto: Quien quiera venir a mi clase, a leer, escribir, hacerse el héroe —se fija en Ron—, o tenga miedo —sigue caminando al frente de la clase—, le recomiendo que se retire.
Pansy escucha sus palabras atentamente, cada una es como una enseñanza que le puede servir, ¡Le está describiendo al trío! Potter siempre con su complejo de mártir dando la vida por el mundo, no puede ser feliz si no sabe que hace feliz a alguien más, nunca cometería una acción "cobarde" puesto que sería arruinar su reputación. Granger no puede vivir fuera de los libros, sería interesante verla fuera de control… Y Weasley, el más difícil, aquel que nunca haría nada por miedo.
La Slytherin aprieta los dientes conteniendo una mueca de rabia, ¿Por qué Weasley no podía ser el maldito héroe? Las cosas serían más fáciles.
Aquella mujer prosigue hablando, la morena está demasiado sumergida en sus pensamientos como para prestarle atención, después de minutos en los que la temperatura del salón parece querer cocinarlos, pasando por la explicación de la materia… Llega la pregunta clave.
— La pareja que está a su lado será la que los acompañará todo el curso ¿Todos de acuerdo?
¿Cómo es posible que una mujer, que parece estar terriblemente molesta, pueda sonreír de manera tan hipócritamente dulce? Cada frase que termina, la enmarca con una sonrisa forzada que parece real, su voz se hace dulce y melodiosa pero no deja de ser agresiva. Es incomprensible.
Pansy alza su mano— Quiero cambiar de compañero… Si no es molestia, señorita Collingwood.
Angél se acerca a la chica, sus manos huesudas con uñas largas toma el delicado rostro de la Slytherin:
— Pequeña —dice con un tono verdaderamente fraternal— ¿Parkinson?
— S… Si
Los dedos presionan su barbilla, su expresión pasa de dulce a furiosa— ¡Astor! —Sonríe—, cambia con Parkinson. ¡Pero antes!... Tienes que darme una buena razón para el cambio, pequeña.
La morena mira despectivamente a Ron, clava sus ojos fríos en los del pelirrojo— La compañía no es muy agradable.
El pelirrojo baja la cabeza, un nudo se atora en su garganta y siente los pasos de ella, como se aleja cada vez más hasta que su compañía es reemplazada por la de una desconocida, o de esa chica que se había vuelto la obsesión secreta del qué llevó el titulo de ser su mejor amigo.
Pansy se sitúa dos mesas al frente del pelirrojo, Draco la recibe con un abrazo, la sangre de Ronald empieza a calentarse. Lo mas evidente son sus orejas que toman una tonalidad roja. El resto de la clase, él solo los mira; como la pareja perfecta, se complementan en el más mínimo detalle, la forma en que sus cuerpos se sincronizan en cada movimiento.
A cada segundo que pasa, el calor se hace más intenso, Ronald siente que necesita salir de ahí. Simplemente, ver a la chica que le empieza a robar el sueño besando la mejilla de otro, mordisqueando su oreja, él depositándole besos en el cuello de garza que debería pertenecerle, lo está volviendo loco.
Al final… La tortura, Termina.
El primero es salir, sin mas miramientos ni cordialidades, obviamente es el menor de los varones Weasley. Intenta controlarse, después de todo… Ella no tiene porque querer estar con él, aquel beso, Merlín, se siente tan estúpido. Así como lo besó a él, seguramente Pansy Parkinson ha besado a muchos, tendría curiosidad de besarlo, después de todo; desde que inicio su relación con Hermione, parece ser mas "atractivo" a los ojos de las chicas.
En fin. Piensa en que no tiene importancia y en su mente se repite una y otra vez la misma frase, en el fondo intenta convencerse a si mismo, que su mente engañe a sus nervios para intentar ignorarla.
Cuanto desearía que ella se le pusiera en frente y le gritara, lo humillara. El extraño antojo de que sea mala con él, como en el pasado, se cruza por su cabeza. ¿Eso serviría para apartarla de su pensamiento? Si, es lo más probable. Comprobaría de una vez por todas que No le interesa y seguiría con su vida.
La siguiente clase, resulta ser Pociones, con el "flamante Profesor Dúcan".
De pronto recuerda los suspiros de Hermione y su fascinación por el tipo ese. Es simplemente exasperante como delira, sueña, habla, respira por medio de un hombre tan viejo y que a su vista parece lo más simple del mundo. De nuevo, intenta convencerse de que se siente celoso, sin embargo, ¿celar a Hermione? Eso es algo que nadie puede creer.
Después de sus monólogos interiores, decide ir a su sala común. No ve a sus amigos por ninguna parte, piensa que tal vez estarían en el Gran comedor, resguardándose del aire fresco que a él le fascina y le pone melancólico a la vez.
Atraviesa los pasillos, llega hasta las escaleras, justo cuando una está cambiando, con un gran salto alcanza muy a penas a llegar al primer escalón. Pierde el equilibrio y se detiene en la barandilla para no caer. Finalmente la escalera se detiene, baja. Su cabeza da un par de vueltas debido al movimiento pero se recupera al instante.
— Cola de Dragón —pronuncia con desgano.
La puerta se abre, cediéndole el paso. La sala común está vacía, como es normal en horas de clases, sin embargo, él no se siente bien. Piensa que tal vez le afectó la elevada temperatura que alcanzó el aula de clases hace rato; eso combinado con la ráfaga de frío al mismo tiempo, no debió sentarle bien.
Entra, raramente, la torre está tibia, cuando por lo regular suele ser muy cálida.
"Solo estamos en otoño", piensa.
Se sienta un momento frente a la chimenea humeante que permanece apagada. Recarga su cabeza en el respaldo del sillón más grande y sube los pies sobre la mesa de roble claro, que hay frente a este. Intenta dejar su cabeza en blanco, no pensar en nada… Sin embargo no puede olvidar.
Poco a poco la somnolencia se apodera de él, recuerda sin quererlo, la noche.
De pronto, está de nuevo sentado mirando la nada, pero está vez siente que la está esperando, ella aparece casi en cuanto la piensa, se arrodilla delante de él, separa con sus manos las piernas juntas del pelirrojo colocándose en medio de ellas.
Él la toma de las mejillas, aún sin poder ver su rostro, y la besa. Siente de nuevo el contacto con sus labios. La calidez de invade todo el cuerpo, una sensación tan acogedora que le da escalofríos, la capucha se corre y aunque tiene los ojos cerrados, puede verla, sentirla, saborearla. Ajenamente visualiza la escena, sus manos en su rostro perfecto, ambos labios unidos en un apasionado beso.
Las manos de la slytherin se posan en las piernas del joven, suben desde la mitad del muslo hasta la rodilla y luego descienden hasta sus ingles. Ahí mismo, se detienen para presionar y masajear. Ronald puede sentir como al mover sus ingles, sus testículos empiezan a tambalearse golpeando ligeramente su miembro.
Luego, las palmas de Ron, bajan desde las mejillas de Pansy hasta su cuello y empieza dibujar su figura. Redondea los pechos ceñidos por una blusa de botones, termina atrayéndola por la cintura para pegarla completamente a su cuerpo. Al instante, escucha como la bragueta del pantalón se baja y la mano de ella toma su miembro…
Despierta.
Abre los ojos repentinamente, se incorpora de manera brusca, bajando los pies de la mesa y apoyándose con los codos sobre las rodillas. Respira como si acabase de correr más de dos mil metros, a pesar de todo, tiene el recuerdo fresco de aquel… ¿Sueño? ¿Delirio? ¡¿Fantasía Macabra?!
Se golpea con la mano en frente y vuelve a echar su cabeza para atrás sobre el sillón, está vez, tiene la cautela de no cerrar los ojos. No puede evitar preguntarse ¿Qué hubiera seguido en el sueño?, aunque al instante aparta la idea de su cabeza, quiere olvidar ese instante… O al menos de eso intenta convencerse.
Sin mas, se da cuenta que él no fue el único sorprendido por aquella fantasía; En medio de sus piernas, cautivo por los pantalones, hay un bulto puntiagudo que le hace sonrojarse. De inmediato, como reflejo natural, se cubre con ambas manos. Aunque no hay nadie presente, no le enorgullece fantasear inconscientemente con una Slytherin.
—Tranquilízate —repite una y otra vez en voz baja, casi como un murmullo.
Se levanta con dificultad y decide ir a tomar una ducha. A pesar de tener que caminar un poco, y dejar de pensar en cualquier cosa relacionada con su sueño, la erección no cede en lo más mínimo.
Llega hasta las duchas de los hombres, casi al fondo del castillo, donde los chicos acostumbran tomar un baño después de los entrenamientos.
Procede a desnudarse, deshaciéndose de la corbata que cuelga a los lados de la camisa, al tiempo que desabotona esta rápidamente, se saca los zapatos opacos y viejos que tienen un agujero en la suela, ni si quiera se percata de aquel detalle.
Ahora, lentamente desabrocha el cinturón negro, baja el cierre y por el hueco del bóxer, ansioso de libertad, sale su miembro rígido. Se baja los pantalones y el bóxer blanco. Ya desnudo, se para en uno de los cubículos de mármol blanco.
Al instante, aparece una pequeña nube, relampaguea y agua caliente empieza a caer de esta, como si se tratara de una regadera cualquiera.
Cierra los ojos, se recarga con una mano sobre la pared, dejando que el agua caiga sobre su atlética espalda. El cabello empieza a volverse más oscuro debido al agua… Y los recuerdos vuelven a su mente. El vapor lo hace sentirse asfixiado, no puede dejar de pensar en ella y como la mayor estupidez, su mente reconstruye su sueño inconcluso, agregándole la mitad que le falta.
Aquella mitad, en la que ella toma su miembro, con su pequeña mano se encarga de acariciarlo de arriba abajo, desde la base hasta la punta sin dejar de besarlo. Aquella mitad en la que ella le quita la camisa. La imagina desnuda, el color completo de su piel, hasta el rosado pálido de sus pezones, su ombligo perfecto y de la cintura para abajo solo divisaba sus piernas, pues ciertamente no conoce a ciencia cierta la anatomía de una mujer.
Entonces, sin pensar en más —ya que no tiene la menor idea de que más puede pensar—, llega el momento, aquel en el que se funde dentro de su cuerpo. Una calidez extraña le rodea el miembro hinchado, es su propia mano en la que se está hundiendo y lo sabe, sin embargo, prefiere seguir pensando que está dentro de su cuerpo. Tomándola, poseyéndola.
Mantiene los ojos cerrados, se acaricia lentamente, con fuerza, balanceando su cadera de vez en cuando. Siente que sus mejillas se sonrojan, nunca en su vida se sintió tan excitado como en este momento. Empieza a hacerlo cada vez mas rápido, con más fuerza, sintiendo el relieve de su pene, cubriendo la cabeza, de forma frenética, violenta. Siente que va a estallar y no sabe como liberarse.
Abre la boca, sonidos extraños empiezan a salir de su garganta. Esto lo desahoga, con voz ronca pronuncia una a una las vocales, así veinte minutos en los que se siente morir luego… Todo desaparece: El malestar, el humo, la misma fantasía… Se esfuman. Un chorro caliente y blanquecino es expulsado, al fin, su erección cede.
Cae de rodillas bajo el agua, escucha como esta se va por la coladera. No hay más ruido y sabe que es un idiota.
