Miré a Hermione bastante confundido y apenado, todo se estaba saliendo de control. De pronto, noté que Herms palidecía rápidamente y comenzaba a respirar agitadamente.
- Mis padres…- apenas y susurró antes de salir corriendo del caldero chorreante.
-¡Hermione! – grité esperando llamar su atención y que dejara de correr. Ella se detuvo por unos segundos hasta que llegué a su lado y antes de que pudiera emprender marcha, la retuve por el brazo.
-Mis padres, si los mortifagos ven el profeta sabrán que me escape de Rookwood- exclamó bastante agitada forcejeando un poco conmigo.
-Tranquilízate, lo mejor es pensar antes de actuar- exclamé recordando las veces que el profesor Dumbledore me lo dijo. Hermione me miró por unos segundos antes de suspirar y asentir con la cabeza.
Rápidamente emprendimos marcha rumbo al ministerio. Una vez ahí, me dirigí a la oficina del ministro esquivando a todos aquellos que querían saber sobre mi supuesta boda. De mala gana me abrí paso cuando unos hombres se colocaron frente a mí y miraron a Hermione de arriba abajo, me dio tanta rabia que no pude evitar maldecir algunas veces y abrazar a Herms en un acto posesivo.
Demoramos un poco en llegar a la oficina de Kingsley Shaklebot, quien era el ministro desde hace tres años.
- Harry, que bueno verte ¿Qué te trae por aquí?- dijo Kingsley una vez que estuvimos frente a él- siéntense.
-Gracias. He venido aquí por un asunto muy importante…
-Si necesitas seguridad para tu novia hasta el día de su boda no te preocupes, pondré a los mejores aurores a su disposición- dijo con una gran sonrisa en el rostro. Miré a Hermione disculpándome por el rumbo que estaba tomando mi mentira, ella me miró intensamente antes de suspirar.
-No vine por eso. Necesito un favor, algo personal – volví a mirar a Hermione y al darme cuenta que sus ojos se encontraba cristalinos, tomé su mano para darle apoyo
-Sabes que te ayudaré todo cuanto pueda- exclamó Kingsley.
- Necesito utilizar tu chimenea, es la única que no esta vigilada y que no podrá ser interceptada- expliqué.
- Por supuesto- dijo el ministro levantándose y encaminándose a la puerta- les daré privacidad, si me necesitan estaré afuera.
-Gracias- dijo Hermione. Cuando Shaklebot salió, tomé un puño de polvos Flu y los arrojé a la chimenea antes de gritar fuerte y claro el nombre de la persona con la que quería hablar y el lugar en el que ésta se encontraba.
-¿Harry? ¿Qué sucede?- cuestionó Neville, un amigo del colegio y compañero de trabajo.
-Necesito un favor- dije rápidamente, mirando constantemente a Hermione.
-Claro Harry ¿De qué se trata?
-Manda a Hayden a Azkaban con la orden de obtener varios cabellos de Rookwood, dile que tome una de las pociones multijugos que están en mi oficina y que se presente ante los mortifagos.
-Lo que me pides es algo arriesgado, además no sabemos la ubicación exacta de los mortifagos- dijo Neville mirándome un poco contrariado- ¿Para qué quieres algo así?
-Yo sé donde están- susurró Hermione débilmente. Voltee a verla sorprendido ¿Por qué no me lo había dicho antes?
-¿Quién es ella?- pregunto Neville mirando a Herms con el entrecejo fruncido.
-¿No has leído el profeta?- cuestioné pensando con cierto alivio que ninguno de mis compañeros se enteraría de esta mentira.
-Claro que lo leí, pero deje de creer en Rita Skeeter desde hace varios años. Debiste ver la cara que puso Jacob cuando le leí la nota- comentó con una pequeña sonrisa en el rostro.
-No importa eso ahora –dije adoptando un semblante serio- Hermione ¿Dónde están los mortifagos?
- Están dispersos, pero cada mes se reúnen en una mansión en Rumania. Es el refugio de Rookwood- susurró mirando el suelo. Sabía que Hermione se sentía terrible, podía imaginarme su miedo y su dolor, pero no podía consolarla, no sin ante asegurarme de prolongar un poco la vida de sus padres. Miré a Neville con determinación y le di unas cuantas instrucciones de lo que quería que hiciera Hayden antes de despedirme.
Cuando salimos del ministerio, Hermione se encontraba aun más nerviosa. Sin saber muy bien que hacer, la abracé por lo hombros pegándola a mi cuerpo. No era una persona que supiera que hacer en momentos como éste, tan solo recordé lo que ella hizo cuando estábamos en casa de mis padres y lo mucho que me ayudaron esas muestras de cariño.
Ninguno de los dos teníamos ánimos para seguir paseando por el callejón, por lo que nos dirigimos directamente a mi auto. Emprendimos marcha de regreso a la madriguera rodeados de un silencio ensordecedor. Hermione miraba por la ventana perdida en sus pensamientos, se mordía el labio inferior y de vez en cuando una lágrima corría por su mejilla.
-Estarán bien, lo prometo- susurré apretando levemente su mano, ella me sonrío tristemente y limpio las lágrimas que ya habían ganado terreno en sus mejillas.
Arribamos a la madriguera cuando aun faltaban tres horas para la boda, Hermione se dirigió a la habitación que compartía con Luna y Ginny para descansar un poco. Me quedé en la sala mirando el crepitar de las llamas. No podía evitar sentirme impotente, yo era uno de los mejores aurores y no estaba haciendo nada para salvar la vida de los padres de Herms.
Estaba a punto de ir con Hermione cuando algo brillante llamó mi atención. Un gato plateado se acercó a mí mirándome fijamente, me levante rápidamente del sofá sabiendo lo que significaba eso, Hayden había localizado a los mortifagos.
Después de tantas emociones y conflictos, una buena ducha era lo que me ayudaba a librarme de todo. Dejé que el agua corriera por mi cuerpo relajando todos y cada uno de mis músculos y permitiéndome despejar un poco mi mente. Media hora después, estaba frente al espejo del cuarto de Ron, haciendo descomunales esfuerzos para acomodar un poco mi cabello.
Bajé algo apresurado al ver la hora, se supone que ya debería estar con Luna para llevarla al altar. Como pude, me coloqué la túnica y ajusté un poco la corbata esperando no estar muy retrasado. Luna me esperaba al pie de la escalera con una enorme sonrisa en el rostro.
-Tardas más que una mujer Potter- me dijo antes de reírse descontroladamente. La miré con el seño contrariado sin poder creer lo que veía, Luna estaba bastante nerviosa.
-Lo lamento, fue culpa de mi cabello. Luna estás hermosa- comenté antes de que ella pudiera decir algo. Sonrió bastante complacida y me abrazó fuertemente. Bastante consternado, correspondí a su abrazo.
-Gracias Harry, gracias por hacer lo que mi padre no puede- susurró desde mi cuello, por lo que me costo un poco entenderle. Cuando me di cuenta de su tristeza, la abracé con más fuerza esperando darle consuelo. Nunca fui una persona que mostrara su cariño, ni siquiera sabía como hacerlo, pero a lo largo de estas horas junto a Hermione, estaba aprendiendo que es lo que tenía que hacer cuando una persona estaba mal.
-Gracias a ti Luna por estar siempre a mi lado, y por concederme el honor de entregarte en el altar. No llores, recuerda que éste es tu día especial- Le sonreí al tiempo que limpiaba una de sus lagrimas. Luna dejó de llorar y en su rostro se dibujó una gran sonrisa, se separó un poco de mí y miró algo ó alguien por encima de mi hombro. Volteé pensando que me estaba jugando una broma, pero me sorprendí mucho al ver a Hermione bajar las gradas con una tímida sonrisa. El vestido verde esmeralda resaltaba no solo sus ojos, sino también su cuerpo. Era un poco ajustado del busto y holgado de la cintura. Llevaba el cabello suelto, adornándolo tan solo con un listón del mismo color que el vestido.
-Te ves muy bien Hermione- dijo Luna dándole un abrazo y un beso en la mejilla.
-Gracias, tú te ves hermosa- dijo para después mirarme. No podía decirle nada, repentinamente me había quedado mudo. Le sonreí tontamente antes de ofrecerle mi brazo.
-¿Nos vamos? –cuestioné mirándolas a ambas. Luna asintió con la cabeza y juntos cruzamos el umbral de la puerta.
Los jardines de la madriguera lucían en todo su esplendor. Había varia mesas colocadas alrededor de la que seria la pista de baile. Cerca del pequeño bosque, se encontraba un arco lleno de flores, desde donde se veía a un hombre bajito y robusto que leía unas tarjetas. La señora Weasley caminaba de un lado a otro un poco histeria, arreglando los centros de mesa. Ginny con cara de fastidio, corría tras ella intentando calmarla. Del otro lado del jardín, al final de la alfombra roja que conducía al improvisado altar, el señor Weasley conversaba muy animado con todos sus hijos y con Draco. Reí por lo bajo al ver la cara de Ron, estaba más pálido de lo que la había visto en mi vida, miraba nerviosamente el altar y parecía que apenas podía mantenerse en pie.
¿Estaría igual el día de mi boda? Sin poder evitarlo, miré a Hermione y en un abrir y cerrar de ojos me puse nervioso. El solo imaginar verla con un vestido de novia caminando hacia mi del brazo de su padre, hizo que mi corazón se acelerara. Acaricié su mano y cuando ella volteó a verme, le sonreí prometiéndole en silencio que un día llegaría nuestro momento. Ella me miró algo apenada, sin embargo; acaricio mi mano discretamente.
Cuando llegamos junto a la señora Weasley, ella abrazó fuertemente a Luna diciendo cosas que no lograba entender. Hermione recargó su frente en mi pecho y me abrazó como si su vida dependiera de ello. Tarde mucho en comprender que ella pensaba en sus padres cada vez que Molly se mostraba afectuosa con sus hijos y con nosotros. Cuando me di cuenta de eso, correspondí a su abrazó y besé su cabello de la forma más tierna que pude.
- Eres un cursi Potter- siseó McLaggen mirándome con odio. Como no quería molestarme éste día y echarle a perder la boda a Luna y Ron, opté por ignorar a Cormac. Tomé la mano de Hermione y juntos llegamos a donde se encontraba Ron.
-¡Harry! ¿Qué haces aquí? ¡Tú deberías estar con Luna!
-Si Ron, pero…
-Ella se ha ido ¿verdad? Ya no quiere casarse conmigo- exclamo histérico. No pude evitar reír un poco al ver el estado de Ron, más aun cuando comenzó a respirar agitadamente y anuncio a sus hermanos que se desmayaría.
-Tranquilízate Ron- le dije dándole una palmada en el hombro- Luna esta con tu madre, solo vengo a avisarte que ya es hora. Ve al altar para comenzar- terminé sin permitir que mi amigo me interrumpiera. Aun pálido, Ron caminó por la alfombra hasta llegar al lado del funcionario del ministerio.
-No debiste reírte de él- comentó Hermione- a ti no te gustara que se burlen de ti el día de tu boda
-Nuestra Hermione- exclamé con una sonrisa en el rostro.
-¿Cómo?- cuestionó confundida, alzando levemente las cejas. Solo le sonreí y con un gesto señale a Cormac, quien parecía pendiente de nuestra charla. Hermione suspiró y se soltó de mi agarre para tomar su puesto, no sin antes darme un beso en la mejilla.
- ¿Estas listo?- cuestionó Luna colocándose a mi lado. Asentí levemente con la cabeza ofreciéndole mi brazo. Con una sonrisa en el rostro, emprendimos marcha hacia el altar.
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NOTAS DEL AUTOR:
Hola, primero que nada quiero disculparme por la demora, estuve muy atareado con exámenes y tramites para ingresar a la universidad, pero por fin se termino todo y aprovecharé estas vacaciones para escribir y actualizar lo más pronto posible. Les agradezco por la paciencia que han tenido y por seguir mi historia, igualmente agradezco por sus comentarios que me ayudan a mejorar. Del siguiente capitulo solo puedo adelantarles que será el comienzo de todo. Espero les guste este capitulo y tengan tiempo de dejarme un comentario.
Por cierto, a la chica que pregunto sobre mi Nick le digo que se debe a un fic que leí hace tiempo. La historia se situaba en una fiesta de disfraces en Hogwarts, Hermione asistía con Ron y Harry no tenia animo para asistir. Pero Ron se va con Lavender y deja a Hermione sola y llega un chico vestido como el zorro. Pasan una velada agradable y se besan, pero el chico se va sin decirle nada. Al día siguiente descubre que ese chico es Harry e inician una relación.
Ese fic me gusto mucho, y de ahí surgió mi Nick. Zorro. (Como no sabía su nombre, Hermione le dice así)
Bueno, es todo. Nos veremos pronto, lo prometo.
……..OoOoO……..
Harry y Hermione
"La amistad nace del corazón y muere persiguiendo un amor"
