Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer yo sólo sueño con ellos.
¡Hola, guapísimas!... Ay Dios, me moría por poneros ya este capi ¬¬
Así que... preciosas, sin más dilatación,
os dejo con el 7º capi, no me odiéis, por favor.
¡Disfrutadlo!
;)
Secreto de una traición
Capítulo VII
Mis ojos comenzaron a humedecerse y de nuevo me fijé en la pequeña. Ahora, si me fijaba bien, hasta el color del pelo era parecido al mío, sólo que el barro lo oscurecía.
Bella bajó de nuevo la mirada a su pequeña y al verla más tranquila le sonrió tristemente. Seguí de pie, inmóvil, tratando de digerirlo todo. Mil cosas comenzaron a pasar por mi cabeza. Mil preguntas, mil reproches. Pero una sola realidad. Sarah era mi hija, mi hija y de Bella.
El doctor entró de nuevo en la habitación y al verla con Sarah en los brazos, le preguntó si ella era la madre. Ella lo confirmó y volvió su mirada por un segundo a mí, de nuevo pareció entristecida, apenada, pero enseguida la volvió a él.
El doctor le explicó todo; desde los puntos que le habían tenido que coger en el brazo hasta el esguince que presentaba en el tobillo. Y le dio las indicaciones que debía seguir para su recuperación en casa. Ella no perdió detalle de nada, incluso pude ver como su cara se contaría de dolor cuando el médico le explicaba lo valiente que fue recibiendo los puntos.
Finalmente el doctor salió de la habitación y nos quedamos solos. En esta ocasión, Bella evitó mi mirada, y notaba que estaba intranquila. Yo seguía fijando la vista en ellas, incapaz de asimilar que esa mujer, la mujer que amaba como jamás había amado a nadie, me había dado una hija, pero que también… me la había ocultado.
De pronto recordé la conversación que había escuchado en el restaurante. Fue entonces cuando fui consciente de que hablaban de Sarah, y recordé el temor que ella tenía de que yo lo supiera, lo que de pronto comenzó a decepcionarme. Ella me había ocultado adrede algo tan importante como que tenía una hija. La vez anterior debió decirme que era padre y en cambio se calló. ¿Cómo pudo hacerme algo así? Me sentía profundamente herido y decepcionado. Ella era mi hija, yo tenía derecho a saberlo.
Bella pareció darse cuenta de mi debate metal y haciendo ruido llamó mi atención. La pequeña, que se había quedado dormida, se removió inconforme.
- Tenemos que hablar -dije al fin cuando vi que me miraba apenada, lo que no impidió que mi tono sonora con dureza.
- Lo sé, pero necesito ir a casa antes; Sarah necesita su baño y descansar -contestó e hizo el amago de levantarse, pero entonces se dio cuenta que si lo hacía sin ayuda, la niña podría lastimarse-. ¿Me… me ayudas? -me pidió.
Yo me acerqué a ella y pasé, algo indeciso, una de mis manos por detrás de su espalda y con la otra, la ayude a incorporase hasta que uno de sus pies tocó el suelo sin esfuerzo de su parte, procurando que Sarah permaneciera en la misma postura.
- Gracias…- musitó ofreciéndome una pequeña sonrisa cuando, tomándola por la cintura, la ayudé a bajarse y cogí su bolso para que ella pudiera cargar sin problemas a la niña.
La seguí en silencio hasta el coche, su coche; Leah nos interceptó a medio camino y me quitó las cosas de Bella para cargarlas ella. Apenas cruzaba la vista con Bella, estaba seguro que se sentía culpable. Pero yo seguí en silencio escoltándolas hasta el coche.
Con cuidado, Bella dejó a Sarah en su asiento infantil y, cuando se aseguró de que estaba bien sujeta y cómoda, cerró la puerta y le hizo una señal a Leah para que entrara en el coche.
-Dame una hora para que acomode a la niña y luego ven a casa -. Me dijo sin titubear, supuse por el tono que en el camino hacia el coche había estando pensando en cómo abordar la cuestión, y en cierta forma lo agradecí, ni yo mismo era capaz de reaccionar ante tal descubrimiento, y las consecuencia que esto originaba.
Yo simplemente asentí, aún en silencio. Todo esto me tenía en un estado casi de zombi. Incapaz de asimilarlo.
Ella se despidió y después de echar otro vistazo a la niña arrancó, pero antes de emprender la marcha volvió a mirarme desde su ventanilla, yo aún permanecía de pie junto a ella.
- Gracias, Edward, gracias por encontrar y cuidar de mi pequeña - me dijo mirándome con los ojos cristalinos tratando de evitar las lágrimas.
- No tienes porque dármelas Bella, me alegro de que… Sarah esté bien - le confesé por primera vez y también por primera vez me sentí violento. Para mí seguía siendo Sarah, no mi hija… y eso me entristeció, saber que me había perdido los primero meses de la vida de mi primera hija me estaba causando un profundo y desconocido dolor…
Ella asintió apenada sorbiendo por la nariz y tratando de limpiar una de las lágrimas que se había escurrido de sus ojos, y finalmente aceleró saliendo rumbo a casa.
Yo, lentamente, caminé hacía mi coche y por unos minutos me quedé allí, en la oscuridad de la noche, agarrando fuertemente el volante y pasando una y otra vez el momento en el que encontré a mi pequeña en aquella inmunda grieta. Sí, eso era, mi pequeña. De pronto el corazón se me encogió al ser consciente de que no rescataba a la hija de la vecina, sino a mi propia hija; que no era una niña cualquiera la que lloraba dolorosamente entre mis brazos, sino mi propia hija; que no era una niña cualquiera la que se aferraba a mi camiseta y se tranquilizaba con mi canto, sino mi propia hija..
Golpeé repetidamente el volante, sintiéndome frustrado. ¿Por qué? Necesitaba respuestas. Y entonces recordé a mi padre. ¿Por qué no me había dicho él que tenía una hija?, él debía saberlo, él estuvo una semana aquí y volvió. ¿Por qué? ¿Por qué?
Arranqué preso de la ira y conduje todo lo más rápido posible hasta llegar a la casa. No pude evitar mirar hacia la habitación de Bella y justo la de al lado estaba con la luz encendida; deduje que esa era la habitación de mi hija. Sí… mi hija, tenía que ir acostumbrándome a sentirla así, porque a partir de hoy iba a hacer todo lo posible por recuperarla, por recuperar el tiempo perdido, por recuperarlas a las dos…
Entré corriendo a la casa y busqué el móvil que había dejado en la mesa del salón.
-Hola hijo, ¿cómo va todo por ahí? -preguntó mi padre como de costumbre.
- ¿Por qué no me dijiste que tenía una hija? - le reproché como única respuesta.
- Edward…- mi nombre sonó como un suspiro cansado - ya veo que por fin lo has descubierto. Lo siento, no puedo decirte más, que lo siento - me confesó.
- ¿Pero por qué? - mi voz salió temblorosa, y no era para menos, me estaba rompiendo justo en este momento, justo delante de mi padre - ¿Por qué la vida se empeña en separarme de lo que más quiero? -pregunté totalmente abatido dejándome caer en el sofá y sintiendo como unas lágrimas se escapaban de mis ojos.
- Se lo prometí Edward, se lo juré. Ella no quería que te enterases. Bella te teme, hijo, recuerda todo lo que pensaste de ella, y tu manera de actuar por creerla mi amante.
- Pero yo..
- Ella teme que en un arrebato de rabia se la quites. Es lo único que tiene, Edward, no puedes culparla por sentirse así..
- Debiste de habérmelo dicho -volví a reclamarle.
- No te lo dije abiertamente, hijo, pero cuando supe que Sarah era tu hija, regresé. Bella también trató de hacerla pasar desapercibida para mí, llevó la niña a casa de una amiga en la Push, pero una tarde que creí que ella trabajaba, me dio por visitar la playa y las encontré. Y no pudo negármelo. Esa niña, a pesar de los rasgos de Bella, tiene mucho de ti, recuerda que yo te conozco desde que naciste.
- ¿Ella trato de ocultártelo a ti también? -pregunté sorprendido.
- No la juzgues, Edward, no cometas el mismo error dos veces. No la recuperarás así. Y yo quiero que me traigas a casa a mi hija y a mi nieta. Es dónde tienen que estar -. Casi me suplicó.
- No te preocupes papá, intentaré llevar esta situación lo mejor que pueda - le contesté sinceramente aunque me iba a costar digerir esta nueva situación.
- Sólo piensa que de ti, de tu control, depende que tu mujer y tu hija vuelvan contigo. No lo estropees.
- Tranquilo. Y gracias por hacerme venir, papá. Jamás lo hubiese sabido de no haber venido, ¿verdad? -pregunté sabiendo de antemano la respuesta.
- Si Edward, Bella estaba dispuesta a irse si se enteraba que tú sabías de la existencia de Sarah.
De pronto un temor en forma de escalofrío me hizo inclinarme.- ¡Mierda! - proferí al ser consciente de que Bella podría estar marchándose justo en este momento y volvería a desaparecer de mi vida y ahora con mi hija también...
- Tengo que dejarte papá, luego te llamo - me despedí y corté inmediatamente la conversación. Cogí las llaves del coche por si acaso y salí disparado para la casa de Bella.
Comencé a golpear la puerta frenéticamente, una y otra vez… y nada, la puerta no se abría. El temor de que Bella me hubiese engañado y hubiera aprovechado este tiempo para huir, me atravesó de pies a cabeza. Comencé a rodear la casa mirando por las ventanas, pero nada, no se veía ni se oía nada. Seguí corriendo hasta llegar a la puerta trasera y giré el pomo temiendo que estuviera cerrada, pero afortunadamente la puerta se abrió. Entré en la casa con cautela, pendiente de cualquier señal. Al principio la llamé pero al ver que no respondía finalmente decidí subir las escaleras. Con verdadera ansiedad comencé a caminar por el pasillo hasta llegar a la habitación que suponía de mi pequeña y lo que vi… me dejó maravillado…
Bella estaba dormida con nuestra pequeña en sus brazos y sobre una mecedora. Un biberón de leche reposaba sobre la mesita que había al lado.
No puede evitar sonreír mientras mis ojos comenzaban a picar emocionado. Era la imagen más hermosa que había visto en mi vida. Y ahí lo supe, esa era la señal que le había pedido a mi madre. Emocionado, no pude evitar mirar hacia arriba, como si mi vista pudiera atravesar el techo e ir más allá hasta estar frente a ella. "Gracias mamá" dije para mí deseando de todo corazón que llegara hasta ella. Ahora lo tenía claro, nada ni nadie me separaría de ellas, nada… ni nadie. Esta era mi familia.
- Ed… Edward..-salió de pronto de los labios de Bella. Yo creí que me había sorprendido mirándolas y mi corazón comenzó a latir ansioso, pero no, ella permanecía dormida, estaba soñando, ¡soñaba conmigo! Y eso me hizo sentir el hombre más afortunado del mundo. Aunque ella lo negara, yo seguía siendo el único hombre al que había amado, como decía en su nota, y al que siempre amaría.
Impulsado por una necesidad desmesurada de sentirla, me acerqué a ellas y con toda la devoción que sentía en mi corazón por ella, acaricié su mejilla, recibiendo una, casi inapreciable, sonrisa; lo que me hizo sonreír y cerrar los ojos para almacenar esa sensación que el contacto con su piel me provocaba. Volví abrir los ojos y esta vez acaricie a mi pequeña. ¡Era tan suave! De pronto sentí que mi pecho se inflaba. Yo era el padre de esta criatura tan perfecta. Y de nuevo las lágrimas comenzaron a resbalarse por mis mejillas.
Me quedé por unos segundos embobado en la que se había convertido en mi pequeña princesita y cuando volví mi vista a Bella la sorprendí mirándome, lo que me hizo separarme abruptamente de ellas.
- Creí haberte dicho que me dieras una hora - me reprendió ella sin levantar apenas la voz y mirando el reloj de su muñeca.
- Lo siento Bella, pero… temí que volvieras a desaparecer, me iré si quieres y volveré luego - me disculpé, decidí ser sincero con ella.
- No…no… ya que estás aquí, pero será mejor que me esperes abajo, aún no me he cambiado - dijo sonrojándose.
Hasta ese momento no me había fijado que aún llevaba el uniforme.
- Claro, por supuesto -contesté y me dispuse a irme cuando de nuevo me llamó.
-Edward… -No negaré que el escuchar mi nombre de sus labios me hacia saltar el corazón-. ¿Me ayudarías?, no quiero moverla mucho - me pidió nuevamente apenada.
- Claro - volví a responderle y me apresuré para llegar a su lado; pasé de nuevo mi brazo tras su espalda, esta vez sintiendo como mi mano ardía al contacto con su cuerpo, y tiré de ella para que tuviera que hacer el mínimo esfuerzo. Mi pequeña volvió a removerse inquieta y de su pechito brotó un suspiro entrecortado. Lo que a Bella la hizo mirarla con una mueca de tristeza.
- Mi niña, lo que habrá sufrido… - musitó aprensivamente acariciando con el dedo delicadamente su sonrojada y magullada mejilla.
- Es una bebé muy valiente Bella, y muy hermosa - Me atreví decir, lo que provocó una sonrisa en sus labios. Por fin me ganaba una sonrisa de su parte.
- Gracias -respondió agradecida - y es cierto, es la niña más hermosa del mundo - confirmó con orgullo, un orgullo que yo mismo sentí al sentirme, en parte, responsable de su belleza.
Aunque me costó horrores separarme de ella, aparte mi mano de su espalda cuando ya estuvo de pie; sólo me permití rodear la cunita y ver como ella colocaba a nuestra pequeña, como si fuera una muñequita de cristal, sobre la cuna.
"Nuestra pequeña" que bien sonaba eso, pensé mientras sentía una corriente de calor, de un agradable calor, recorrer cada una de mis venas…
- Espero que no le duela mucho el bracito durante la noche -musitó apenada mientras la arropaba con la mantita.
- Yo también lo espero -susurré sin apartar la vista de ese pequeño ángel que dormía como si no hubiese pasado nada.
- Será mejor que bajemos -susurró provocando que mi mirada, que se había quedado perdida mirando embelesado a mi pequeña, se clavase de nuevo en ella -. Ponte cómodo Edward, sólo tardaré unos minutos.
Yo asentí atreviéndome a acariciar la mejilla de mi pequeña una vez más antes de irme. Y de nuevo clavé la mirada en Bella, agradeciéndole de algún modo que me permitiera estar ahí… con ella.
Dejamos a la pequeña durmiendo y mientras Bella se cambiaba yo me permití el lujo de curiosear por la casa.
Un remolino de emociones comenzó a envolverme cuando ví algunas fotos de mi pequeña colocadas por los muebles. Las había desde que era apenas una recién nacida, hasta una de su primer cumpleaños.
Mi estomago dio un vuelco cuando fui consciente que yo no estuve presente en el primer cumpleaños de mi pequeña, y que en cambio, si lo estuvo él. En la foto aparecían todos detrás de ella, que miraba sonriente una tarta hermosa que portaba una velita. Cuánto hubiese dado por haber sido testigo de ese momento. Suspiré apenado con el retrato en la mano, acariciando la carita de mi pequeña, y de su madre, que estaba justo detrás de ella y que, aunque portaba su mejor sonrisa, sus ojos lucían apagados.
- No ha sido fácil -Me sorprendió su voz desde la escalera. Enseguida regresé el retrato a la estantería y enfoqué mi vista en ella. Me sentía ansioso, no lo negaré, quería saber, pero por otra parte, tenía miedo de que lo que dijese terminara separándonos más de lo que ya lo estábamos.
- Ven, necesito un café, ¿te apetece uno? - me ofreció invitándome a caminar hacia la cocina.
- Me vendría bien, la verdad -contesté un poco tímido.
Ella sonrió tímidamente y caminó hacia la cocina. Me invitó a que me sentara y comenzó a preparar el café. Yo no apartaba la vista de ella, pero era incapaz de hablar. En mi cabeza, mil preguntas se arremolinaba y ella parecía estar en la misma situación. Finalmente, la oí suspirar largamente y sin llegar a darse la vuelta, comenzó a decir:
- Te preguntarás porqué no te lo he dicho, ¿verdad? - Más que una pregunta era una afirmación.
- Sí, me lo pregunto -contesté sin saber que más decir.
- No supe que estaba embarazada hasta la segunda falta… -comenzó a contarme mientras servía el café en las tazas; parecía como si el hecho de estar haciendo algo le diese valor, así que no me molesté por ello-, y te aseguro que cuando lo supe… me quise morir -confesó sin llegar a mirarme. Pude ver como su mano temblaba mientras añadía un poco de leche en una de las tazas-. ¿Solo o con leche? -preguntó interrumpiendo se relato.
- Solo, por favor -contesté ansioso porque continuara.
Ella terminó de preparar los dos cafés, y tomando aire profundamente, se giró y caminó con la bandeja hasta dejarla sobre la mesa.
Al mirar sus ojos pude ver como de nuevo estaban cristalinos. Pero no podía hacer nada para evitarlo, necesitaba saber aunque eso le causase dolor..
- Por favor, Edward, no me juzgues a la ligera - me pidió suplicante.
- Continua, por favor - le pedí convenciéndome a mí mismo que debería de tratar de entenderla. Ella pareció dudar por un instante, pero finalmente continuó…
- Cuando me enteré, me sentí realmente asqueada, un monstruo. ¡Eras mi hermano!, ¡me había quedado embarazada de mi hermano!, ponte en mi lugar -me pidió levantando por primera ver los ojos del café para enfocarlos en los mío-. Porque de eso estaba completamente segura… -sus ojos volvieron a concentrarse en el café e incluso puede ver como sus mejillas se sonrojaban -… jamás he estado con otro hombre.
De pronto, saber eso, me hizo sentir el hombre más afortunado de la tierra. Bella sólo había sido mía y aunque era un egoísta por pensar así, realmente me sentía honrado.
-Bella… -musité su nombre emocionado.
-Pero eso lo hacia todo más difícil -continuó diciendo-. Ahora no sólo tenía que buscarme la vida para mí, sino que también tenía que cuidar de un hijo; un hijo producto de un incesto, por lo que jamás debía conocer a su padre… - dijo apretando sus labios cuando estos le empezaron a temblar tratando de controlarlos.
- Puedo entender que te sintieras así antes, Bella… -le dije de la manera más compresiva que podía-, pero… ¿por qué no me lo dijiste cuando supiste la verdad? -le reproché.
Realmente me dolía que cuando supo que no éramos hermanos, aún me negara la existencia de mi hija. "Mi hija," ¡Dios!, cada vez me sonaba mejor y me hacía sentir más feliz de saber que lo era.
- Por miedo Edward -contestó sin levantar la vista del café. Yo clavé mi mirada en ella. Temía que dijera eso, pero realmente quería saberlo por su boca.
- No lo entiendo Bella, ¿miedo de qué? -pregunté apenado- .Vine por ti, desde que supe que te habías ido, te he estado buscando. ¿Es que aún no lo entiendes Bella? Te amo, siempre te ha amado y dudo que lo deje de hacer algún día -. Le confesé con el corazón en la mano...
- Pero eso no te impidió odiarme y hacerme daño… -me cortó clavando sus ojos en mí rebosando de lágrimas - o ya olvidaste como me trataste cuando…
- ¡Enloquecí, Bella! -le grité cortándola esta vez yo - Enloquecí… -volví a repetirle bajando considerablemente la voz, roto de dolor al recordar aquellos momentos -. ¿Acaso no crees, qué pensar que la mujer que amas es la amante de tu padre, no es para enloquecer…?
- Aún no entiendo como llegaste a esa conclusión -musitó ella sin apartar la mirada de mi-. Qué quieres que piense, Edward, llegaste a creer que prefería a tu padre, que lo que buscaba era el dinero, ¿así es como esperas que crea en el amor que sientes por mí?
- Yo os vi -dije de nuevo con un hilo de voz -. Me dijiste que esperabas a alguien y os vi abrazándoos, los celos me cegaron, Bella.
- Abrazaba a mi padre, al único ser que tenía en mi vida Edward, y al que pedí que no dijera nada para protegerte… - me confesó comenzando a llorar.
- Protegerme Bella, ¿de qué?- le reproché negando con la cabeza, aún seguía sin entender sus verdaderos motivos.
- De sentirte tan sucio como yo me sentía - dijo rompiendo en lágrimas.
Podía entenderla, quería entenderla, pero sólo podía pensar en una cosa, en todo lo que nos hubiéramos ahorrado de haber dejado que supiese esa verdad a media.
- Si lo hubiese sabido desde el principio, nada de esto hubiese ocurrido, Bella -le dije tratando de contener mi propio dolor -. Y aunque hubiese sido verdad, yo me hubiese ido contigo a cualquier sitio, no me hubiera importado que fueras mi medio hermana, te amo a ti, nadie tenía porque saber que lo éramos.
- Cómo te atreves a decir eso. Que fácil lo ves todo, Edward, pero te recuerdo que te fuiste, me dejaste la misma tarde en la que me entregué a ti, y nunca volviste - me reprochó sin poder reprimir las lágrimas.
- Mi madre enfermó Bella, ni siquiera me dejaron volver a la hacienda-dije desesperado dejándome envolver por los recuerdos-. Esos años fueron un infierno para mí, tu recuerdo era lo único que me mantenía cuerdo, quería volver, pero mi padre insistía en que debía pasar el tiempo con mi madre, y no tenía excusa Bella, ni siquiera sabía si seguirías allí -. Mi voz se quebró sumergido entre los recuerdos.
- Edward, yo me vi sola, te extrañaba, cada noche lloraba deseando que regresaras pero los meses seguían pasando, y a los meses le siguieron los años. Y cuando mi madre… cuando ella…
- Bella…-De nuevo su nombre se escapó de entre mis labios cuando comencé a ser consciente de todo su dolor.
- Edward, toda mi vida quise saber quien era mi padre, aunque mi madre y mi abuela se desvivían por mí, sentía esa necesidad. Pero te juro que cuando lo supe, lo odié, no sabes lo que supuso para mi saber que éramos hermanos.
- Pero no lo somos Bella, ahora no hay nada que nos impida ser felices - le dije mirándola intensamente, con la esperanza de que recapacitara -. Podemos empezar de cero.
- Las cosas no son tan fáciles Edward, no soy libre -dijo apenada-. Jake se ha portado muy bien conmigo. Él, ha sido paciente, sigue siendo paciente. El no se marcha, no desaparece, y quiere mucho a Sarah… - Escucharla decir eso me hizo sentir un dolor inmenso.
- Pero… yo ….yo te amo Bella. Y Sarah es mi hija… no de él.
- Y no te lo negaré -respondió tratando de limpiar las lágrimas que, a estas alturas, corrían sin restricción por sus mejillas -, pero no me pidas que lo deje todo, apenas hemos compartido dos semanas de nuestra vida juntos. Con Jake llevo dos meses como pareja. El es constante, y se ha ganado un pedacito de mi corazón…
Cuanto dolía oírla decir eso, pero no me iba a dar por vencido.
- ¿Lo amas?
- Lo quiero y él me quiere.
- No te he preguntado eso, Bella… ¿lo amas?
- Puedo llegar a amarlo.
- ¡Mientes! y lo sabes - le reproché levantándome súbitamente.
Ella me miró desconcertada y me siguió.
- Si no lo amas, no serás feliz con él -le aseguré.
- A ti te he amado siempre y nunca lo he sido Edward -contestó con frialdad, y tenía que reconocer que era una verdad como un templo-. De que me ha servido amarte - volvió a repetir mientras las lágrimas seguían empapando su rostro.
- Nunca quise hacerte daño, Bella, yo te amo…
- Lo siento Edward, lamento mucho todo esto, será mejor que regreses a Atlanta, podemos intentar ser amigos…
- Yo no puedo ser amigo tuyo Bella, no podría estar a tu lado y no desear besarte - me acerqué a ella y ella viendo mis intenciones retrocedió.
- No lo hagas Edward, por favor, ahora estoy con Jake, no quiero hacerle daño, no soy así.
- Podemos ser felices juntos Bella, yo sé que tú me sigues amando.
- No…yo…
- No lo niegues. Sé que me amas - volví acercarme a ella a pesar de su resistencia. Ella volvió a pegar sus manos en mi pecho buscando esa separación, pero yo insistir hasta sentir su cuerpo completamente pegado al mío -. Sé que aún me amas, no puedes engañarme… -seguí susurrando pegando esta vez mi cara contra su mejilla, sintiendo en el acto el calor de su piel traspasando la mía-, sé que me deseas, Bella, lo veo en tus ojos, lo siento en la forma en la que tu respiración se acelera cada vez que me acerco a ti -le susurré al oído sin llegar a apartar mi cara de la de ella, llevando mis manos a su cintura y acariciándola, deseándola como nunca en ese preciso instante.
Tanto su respiración como la mía se aceleraron y eso me impulsó a buscar sus labios.
Pero ella nos separó abruptamente antes de que ellos hicieran contacto, lo que me dejó totalmente frustrado.
- ¡No, no lo hagas Edward! -gritó al separarse-, no puedes venir y besarme cada vez que te venga en gana -me reprochó mirándome con los ojos encendidos. Podía ver el deseo en ellos, pero también el reproche, lo que me hizo alejarme de ella apenado-. Respétame Edward, no estoy sola, le debo respeto a… a mi novio - musitó con los ojos repleto de lágrimas.
- No me importa -contesté convencido mirándola con tristeza - no me importa cuanto tenga que esperarte, pero no me iré sin ti, ni sin mi hija-. Le aseguré sin aparatar mi mirada ni un ápice de ella.
- ¿Pelearas por ella? -preguntó tentativamente con un deje de temor en su voz.
- Pelearé por las dos -contesté acercándome de nuevo a ella…
- Edward, por favor - me pidió poniendo de nuevo sus manos en mi pecho impidiendo que diera un paso más hacia ella-. No lo hagas -volvió a pedir suplicante aunque su respiración y sus ojos me decían todo lo contrario..
Y estaba dispuesto a quemarme en el infierno por ello, cuando de pronto, unos golpes en la puerta nos hizo separarnos.
- ¡Bella, Bella abre! -. La voz de su novio sonó preocupada al otro lado de la puerta.
- Tengo que abrir -dijo zafándose de entre mis brazos antes de pasar por mi lado y caminar hacia la puerta…
- Bella mi amor, ¿cómo está Sarah?, ¿por qué no me has llamado ? -le reprochó, acunando su rostro entre sus manos nada más abrir la puerta, y estrellando una y otra vez sus labios contra los de ella impidiéndole que contestara..
- Jacob, por favor, tengo visita -. Le dijo Bella avergonzada. De pronto los ojos desconcertados de Jacob se clavaron en los míos…
- ¿¡Qué hace éste aquí! -gritó pasando hacia dentro arrollando a Bella de camino…
Continuará…
N/A. Ahhhh...¡Maldito seas, Jacob Black! ¡Maldito seas!... es que no lo soporto. ¬¬
¿Y que opináis de los motivo por los que Bella calló? He de decir en favor a Bella, que esta historia esta contada por Edward, por los que los verdaderos sentimientos y sufrimientos de Bella no aparecen tanto como los de él, pero no por ello dejaron de existir. Pensad en ello, pensad en lo que supuso para una chica de 17 años entregar su amor a un hombre y que éste desaparezca por seis años; que entre tanto, y aún amándolo y esperándolo, enterarse que tienen el mismo padre lo que los convierte en hermanos y para colmo, cuando él regresa y ella trata de alejarlo para poder resistir a ese amor que la consumia, él la desprecia, la odia, la trata como la peor de las personas; tened en cuenta que ella no supo que él la creía la amante de su padre hasta que la atacó, por decirlo de algún modo, en la casa, y encima después la culpa de la muerte de su madre... ¿creéis de verdad que Bella no tiene motivos para temerlo, qué ese amor roce esa fina linea del desamor? Y encima se convirtió en mamá. Depués de como la trato, con la prepotencia, con la severidad, con el poder que emanaba en aquellos momentos, no pensáis que ella temiese en que él, por despecho, pudiera quitarle lo que mas amaba en la vida...su hija.
Puede que Edward sea el ser más maravilloso del mundo ante nuestros ojos, el mas sexy, el más guapo, pero no por eso tiene derecho a herir tanto a una mujer y después pretender que nunca pasó nada... ¿no creéis? al menos, yo actuaría como ella, tendría mis reservas con respecto a él... Aunque, como bien habéis dicho muchas, él merece ser escuchado, merece otra oportunidad; él también fue victima de las circunstancias, la merece, sólo que necesitará hacer que ese corazoncito de Bella cure primero...¿no creéis? Os aseguro que eso nos hará disfrutar de lo lindo...(baba)
Bueno preciosas, hasta aquí mi alegato proBella..jajajajaj, espero que os haya gustado y os agradezco infinitamente vuestro apoyo, especialmente a:
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Gracias preciosas, de verdad os agradezco esos comentarios tan hermosos, tan entusastas, es verdaderamente emocionante leeros, creo que espero vuestros comentarios con la misma ansia con la que ustedes esperan el próximo capítulo, que por cierto...¡Dios mío, que capítulo! hasta ahí puedo leer...
En fin mis niñas, ahora si os dejo y prepararos que el próximo capítulo será intenso, muuuuuuuuuuuy intenso...¡Aahhhhh, que nervios!
Un beso preciosas, especialmente a mis reques de mi alma, que seguro me esperaran con la hoja de reclamaciones ¬¬
Hasta el domingo chicas.
Besitos.
/(^_^)\saraes.
