El calor y la comodidad que la rodeaban eran tan agradables que Elicia no quería salir de ahí nunca, pero sabía que debía hacerlo, tenía que continuar o después se le haría demasiado tarde. Destapándose por completo tras una siesta que creyó había durado solo unos minutos la chica se levantó, oyendo cómo la lluvia caía, golpeando suavemente el cristal de su ventana. Estaba muy oscuro, lo cual quería decir que habían pasado horas, no minutos, pero el haber dormido un poco le había sentado muy bien, lo necesitaba desde hace tiempo. No había soñado nada esta vez, solo descansó, cosa que pudo traerle un poco de paz a su mente.
Tras pasar por el baño para lavarse un poco la cara y haber ido a buscar un cucharón enorme a la cocina, la chica se dispuso a seguir desde donde se había quedado antes de que Edward la interrumpiera. La mezcla había comenzado a tomar una consistencia muy grumosa apenas comenzó a revolverla, y el olor que expelía era suave pero no muy agradable, seguramente en parte por el amoníaco y el azufre. Tras ver que ya era suficiente, quitó la lona que cubría el círculo de transmutación y colocó la tinaja en su centro. Elicia se quedó de pie frente a la escena, pensando muy cuidadosamente lo que estaba a punto de hacer, estaba rompiendo muchas reglas, tabúes y también estaba yendo contra las órdenes de su maestro, quien sólo pensaba en protegerla al prohibirle realizar algo como lo que estaba por hacer. Todo lo que podía esperar era que un día Edward y Alphonse pudieran perdonarla, que su dolor finalmente había podido más que la culpa y había cedido a su curiosidad. Ya no había vuelta atrás, ya todo lo que quedaba era rezar porque esta vez las cosas salieran bien, a diferencia de cómo había ocurrido cuando ambos hermanos Elric lo intentaron ellos mismos.
Tomando un pequeño cuchillo de su bolsillo, lo puso con cuidado sobre uno de sus dedos, haciéndose una pequeña cortada que dejó salir una gota de sangre, la cual Elicia hizo caer en la mezcla, para ser absorbida de inmediato. Ya estaba todo lo necesario para recrear un cuerpo y también parte del alma de la chica, para que no hubiera duda de a quién se estaba tratando de traer de vuelta. Ahora ya sólo faltaba comenzar.
Elicia, un poco temerosa y respirando hondo, se arrodilló en el círculo y lentamente acercó sus manos al diseño que ella misma había dibujado con tiza. Su corazón latía a mil por hora, miles de pensamientos iban de un lado a otro en su mente, las palabras de Edward sobre los peligros de las transmutaciones humanas resonaban en sus oídos, el tiempo pareció detenerse y parecía que el universo también lo había hecho. Uno de sus dedos había apenas rozado la superficie blanca del diseño, cuando un sonido la hizo detenerse en seco, casi dándole un infarto debido a la tensión que sufría. Pensó que lo había imaginado, pero lo volvió a escuchar, sintiendo como si fuera un deja vu o algo parecido. La puerta, alguien la estaba tocando. La chica no podía creerlo.
Elicia: -suspira- Primero Edward y ahora otra persona más viene a interrumpirme. ¿Quién podrá ser con este clima? -se levanta-
La pobre adolescente no podía creer su mala suerte, pero como sabía que no podía ser de nuevo Edward ni tampoco su madre, imaginó que podría deshacerse de esa molestia en poco tiempo. De todos modos cerró otra vez la puerta de la bodega, acercándose a la de la entrada. Cuando la abrió, todo lo que pudo ver era la lluvia cayendo, no había nadie del otro lado. Mirando de un lado al otro en caso de que la persona estuviera en algún otro sitio Elicia pudo ver que tampoco había nadie ahí. Finalmente la cerró, no quería mojarse.
Elicia: Debió ser un bromista -se voltea- ¡AAHH!
La pobre chica casi cae al piso de la impresión al ver delante de ella a una figura misteriosa, cubierta de negro, que la miraba fijamente, aunque no podía estar segura debido a una enorme capucha que cubría sus ojos. De todos modos el susto había sido tremendo, y no sabía ni qué decir, sólo se quedó quieta, temblando de miedo. La extraña figura le extendió una mano, cosa que ella vio con aún más miedo. Sin saber qué hacer, Elicia solo cerró los ojos, esperando lo que fuera que esa persona fuera a hacer. Curiosamente nada pasaba, pero cuando abrió de nuevo los ojos, pudo ver que de hecho esa extraña persona trataba de entregarle algo… dinero.
Elicia (confundida): ¿Ah? ¿P-Pero qué…? -la mira- ¿Qué es esto?
Mujer: Es tu cambio, de cuando compré el azufre por ti. Te fuiste tan rápido que no me dejaste entregártelo
La chica estaba muy confundida y aún algo asustada, así que simplemente tomó el billete y algunas monedas. Recordó cuando aquella mujer compró por ella el ingrediente que hacía falta, estaba tan agradecida que ni siquiera cayó en la cuenta que le había entregado un poco más de dinero del necesario. Apenas recobró la compostura, la miró nuevamente.
Elicia: Gracias, pero no tenía que venir hasta aquí solo por esto, menos con esta lluvia, puede resfriarse
Mujer: No te preocupes, estoy acostumbrada a salir bajo condiciones extremas, una pequeña lluvia no es gran cosa
Elicia: Si quiere puede quedarse hasta que el clima mejore, mi madre no está en casa, pero nos podemos hacer compañía, también puede ir al baño a secarse
Mujer: Eres muy amable, pero sólo vine a dejarte el dinero y algo más, hace mucho que lo tengo conmigo y lo guardaba en caso de que alguien pudiera necesitarlo, tú resultaste ser ese alguien
La chica no entendía de qué hablaba aquella mujer, fue entonces que notó un enorme saco justo a su lado, cubierto por un poco de lodo e igual de mojado que la ropa de quien lo llevaba. Era muy grande, tanto que no sabía cómo no lo había visto antes, quizá estaba tan sorprendida por esa repentina visita que no se dio cuenta de nada más. Elicia recibió el saco, el cual pesaba una tonelada y media casi la mitad de su altura, ni siquiera supo cómo esa delgada mujer pudo cargarlo por el camino. Estaba por abrirlo para saber qué rayos tenía dentro, cuando una mano la detuvo.
Mujer: Por favor, no lo abras todavía, es muy importante que lo conserves
Elicia: ¿Por qué?
Mujer: -se arrodilla frente a ella- Yo sé lo que estás haciendo, sé que intentas traer de regreso a la vida a tu padre
La pobre chica quedó horrorizada y congelada. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? Era imposible que alguien, sobre todo una extraña de quien ni siquiera conocía su nombre, pudiera saber una información tan importante, pero la sabía, y eso no le gustaba nada. No le dijo nada, pero su cara se había puesto pálida y había comenzado a sudar, la mujer, por su parte, continuaba tranquila.
Mujer: Calma, no se lo diré a nadie, pero por favor no me preguntes cómo lo sé, simplemente quiero que sepas que lo que estás haciendo es muy peligroso, pero si estás dispuesta a correr el riesgo, el contenido de este saco te podrá ayudar a que el resultado salga mejor y anule cualquier posible peligro, pero será sólo hasta cierto punto. Por favor ten mucho cuidado y recuerda lo poderosa que puede ser la alquimia -se levanta-. Me tengo que ir, nos vemos -va hacia la puerta-
Elicia: -va hacia ella- ¡Un minuto! ¿Exactamente quién es usted y por qué me ayuda? No tiene que decirme cómo supo sobre esto, pero al menos dígame su nombre
Mujer: Lo sabrás a su tiempo, por ahora sólo conserva ese saco que te di, pero no lo abras, su utilidad la conocerás una vez que todo esté hecho -se va-
La extraña mujer de negro sólo salió por la puerta y la cerró tras ella, dejando a la pobre chica muy confundida, sorprendida y con un sinfín de otras emociones que se mostraban en su rostro. El saco, ahora a su lado, contenía algo misterioso y extraño que no podía saber todavía. No lo abrió, pero lo tocó para ver si al menos podría adivinar. Lo que fuera que estuviera dentro era duro, y al parecer había mucho de eso. No podía saber nada más, y eso la preocupaba mucho.
Con dificultad arrastró el saco hacia la bodega, si la iba a ayudar con su transmutación entonces lo mejor era tenerlo cerca en caso de necesitarlo. Lo dejó en un rincón, donde no le estorbara, y apenas recuperó el aliento tras mover algo tan pesado pudo volver al trabajo, esperando que esta vez no debiera aguantar más interrupciones tan molestas.
En el pueblo, en la estación de trenes, Edward y Alphonse ya deberían haber partido hacia Ishval, pero debido a la repentina tormenta su tren estaba retrasado. Llevaban largo tiempo esperándolo y el mayor de los dos comenzaba a sentirse de mal humor. Con los años había aprendido a controlar su mal carácter y a dejar de enojarse si no era necesario, pero esta situación ya lo estaba superando.
Edward (de brazos cruzados): Esto es una tortura ¿hasta cuándo deberemos estar aquí sentados?
Alphonse (a su lado): Sólo ten paciencia hermano, seguramente el tren ya no debe tardar
Edward: Llevamos esperando toda la vida, más vale que nos regresen el dinero de los boletos si no nos dejan partir pronto
Ambos hermanos estaban muy nerviosos y el mayor de los dos se mostraba furioso. La lluvia era cada vez más fuerte y la temperatura había bajado mucho en la última hora. Tras un rato más de espera, un empleado apareció, para así poder calmar un poco a ambos hermanos y a todos los demás pasajeros que esperaban tomar su tren.
Empleado: Les agradecemos su paciencia, sabemos que algunos tienen prisa por abordar lo antes posible
Edward: Ya era hora ¿Cuándo llegará nuestro tren?
Empleado: Lamentablemente los viajes de hoy fueron suspendidos debido al mal clima. La poca visibilidad hace peligroso el transporte y además la lluvia ha provocado un deslizamiento de tierra en una de las vías, impidiendo que las máquinas se muevan. Apenas la situación se normalice retomaremos los viajes
La gente estaba muy molesta, muchos tenían asuntos importantes que atender y también amigos y familiares a los cuales querían ver, pero era claro que no podrían ir a ninguna parte ese día, por eso la única opción que quedaba era regresar a casa y poder viajar en otra ocasión. Ambos hermanos estaban muy molestos, sobre todo el mayor de ambos, ese viaje era importante, pero no había de otra, la gente de Ishval tendría que arreglárselas sin ellos hasta que el clima mejorara.
Alphonse: -toma sus maletas- Es mejor volver a casa hermano, no podemos hacer nada
Edward: Si, tienes razón. Es mejor que vaya a echarle un vistazo a Elicia, la pobre no se sentía muy bien cuando me fui de su casa y quizá pueda necesitarme
Alphonse: ¿Quieres que vaya contigo?
Edward: No, tú ve a casa, de todos modos no me tomará mucho tiempo
Los hermanos regresaron a casa, el menor de ambos moría de frío y no podía esperar por tomarse un chocolate caliente, mientras que el mayor sólo quería estar seguro de que su alumna se encontraba bien. El camino era lodoso y difícil de transitar, así que debieron hacerlo con calma.
En casa de Elicia, la chica finalmente notó que ya nadie iría a molestarla. Ya no más interrupciones, era momento de hacerlo y ya no podía postergarlo más. Retomando su posición de antes, miró detenidamente el círculo y, respirando aún más hondo mientras oía la lluvia cayendo fuertemente contra el techo de la casa, colocó ambas manos en el sitio que correspondía. Contuvo el aliento cuando todo a su alrededor se iluminó debido a un fuerte resplandor proveniente del círculo, para ser seguido después por algo parecido a un tornado aún más brillante. Hasta ese momento todo parecía marchar muy bien, Elicia sonreía muy esperanzada, lo que tanto trabajo le costó hacer finalmente estaba sucediendo.
Elicia: Ya casi papá, sólo espera un poco más y estaremos juntos de nuevo
La luz se hacía cada vez más fuerte conforme pasaban los segundos, el tornado era muy potente y amenazaba con destruir la bodega, Elicia sabía que su madre se molestaría al encontrar un desastre semejante, pero la sorpresa con la que planeaba recibirla seguramente la haría olvidar su enojo.
La luz, de un potente color amarillo brillante, siguió por algunos segundos más, pero en un momento cambió de color, ahora era de un oscuro y extraño color púrpura negruzco, la cual se expandió todavía más, tirando las cajas, herramientas y cosas almacenadas en la bodega, partiendo la madera de la entrada que daba al jardín y causando un gran desastre. Elicia ahora estaba asustada, no sabía si quizá había hecho algo mal o no, pero tenía que corregirlo de inmediato.
Elicia: El libro, tengo que ver el libro -se levanta, pero luego cae-
No podía ir a ninguna parte, algo la estaba deteniendo. Miró hacia un lado y pudo ver un extraño tentáculo negro agarrado a su pierna, ella trató de soltarse, pero esa cosa no quería ceder. Varios tentáculos más, de menor tamaño, entonces le siguieron, enterrándose en la piel de su pierna, causándole un enorme dolor a la pobre, que la hizo gritar agudamente. Pese al dolor intentó ponerse de pie, pero más tentáculos como esos la sujetaron por su otra pierna y brazos, haciendo que ya no tuviera posibilidad de escapar. Ahora más que nunca temía por su vida.
Elicia: ¡Suéltenme! ¡Ayuda!
Pero nadie la escuchó. Cerrando los ojos fuertemente la chica entonces decidió dejar que esas cosas hicieran con ella lo que quisieran, supuso que ese era su castigo por ir en contra de las leyes de la alquimia y de la naturaleza, por no ser capaz de superar su tristeza y por ser lo bastante egoísta como para pensar sólo en ella y no en quienes la querían.
Sintió luego cómo los tentáculos ahora la arrastraban hacia otro lugar, un enorme agujero, negro como ninguna otra cosa que hubiera visto antes. La oscuridad luego dio paso a una brillante luz, que la llevó hacia un lugar muy extraño. Sintió entonces que su cabeza estaba por explotar, ya que una por una, horda tras horda de información llegó a su cerebro a una velocidad bestial. Datos, conceptos, ideas, secretos, misterios, rostros, escenarios y hasta recuerdos pasaron frente a sus ojos centésimas de segundo antes de que éstas llegaran a su mente y se implantaran ahí. Lo último que vio entonces fue algo que parecía una foto de su familia. Sus padres y ella, sonriendo en una imagen que databa de hacía una década exacta. Elicia hizo lo que pudo por llegar hacia ella, pero algo se interpuso entre la foto y ella, y eran las pequeñas y escalofriantes caras de cientos de criaturitas, a las cuales les pertenecían al parecer los tentáculos que la sujetaban. Muchas la miraban como riéndose, y ella no podía evitar sino sentirse muy asustada, pidiendo como nunca que la dejaran ir, que la perdonaran, que no le hicieran daño, pero lejos de hacer eso, las criaturas la depositaron, sin ella saberlo, frente a una puerta enorme, más grande que su propia casa incluso, con un decorado escalofriante y siniestro, la cual se abría ante ella, mostrándole infinidad de rostros con las más variadas expresiones. Se vio finalmente libre del agarre de esos tentáculos sin saber cómo exactamente, pero sin necesidad de preguntar fue luego que vio cómo la puerta empezaba a cerrarse. Sintió que debía ir hacia ella, así que corrió para evitar que se cerrara, sentía que si impedía que lo hiciera podría obtener una respuesta a lo que necesitaba, que podría significar algo muy importante para ella, pero antes de llegar, las puertas finalmente se cerraron, impidiéndole poder ir al otro lado.
Elicia (casi sin aire): No… no entiendo nada… ¿Qué es este lugar? ¿Qué quieren de mi? Por favor, si alguien puede oírme, quien sea, dígamelo, necesito saberlo, necesito que me digan si podre obtener alguna respuesta a mi pregunta -derrama algunas lágrimas-
Todo comenzó a volverse borroso luego de eso, la puerta comenzó a moverse muy rápido y apenas podía mantenerse en pie, sin darse cuenta de que era ella. Los mareos empeoraron y Elicia cayó al suelo, siendo lo último que vio al cerrar los ojos, el cómo más tentáculos pequeños y afilados se aferraban de ella, succionando un líquido que provenía de su cuerpo, cuya falta hacía que apenas pudiera mantenerse consiente. Cuando abrió los ojos de nuevo, unos segundos más tarde, estaba de regreso en la misma bodega. No podía pararse, mucho menos hablar, el sólo respirar y tratar de enfocar la vista, tapada ligeramente por su desordenado cabello, ya era un trabajo muy pesado para su completamente exhausto cuerpo, el cual parecía haber sido completamente drenado de cualquier energía. Elicia no sentía que ninguna de sus extremidades faltara, pero era obvio que le hacía falta algo mucho más vital. Sentía que otro desmayo estaba cerca. Como pudo levantó su cabeza, tratando de ver qué había frente a ella. Fue entonces que pudo verlo pese a su mala visión y al vapor que rodeaba todo. No estaba muy segura de si lo había logrado o no, pero sin duda alguna estaba vivo, lo que ella había creado estaba vivo y se movía, con mucha mayor dificultad que ella, eso era seguro, pero parecía estar entero, no sangraba ni le faltaba nada. Apenas podía ver su rostro, no estaba segura de si era humano o no, pero al parecer la miraba y trataba de articular un sonido apagado. Al parecer la reconoció y hasta trató de extenderle una mano, o al menos algo que lucía como una mano. Elicia como pudo quiso regresar el gesto, pero con ese simple movimiento de su brazo su energía finalmente se agotó del todo y se desmayó. La criatura no supo cómo interpretar eso, por lo que simplemente se quedó quieta, como esperando porque la chica reaccionara.
Una vez que Alphonse ya estaba en casa, secándose luego de la caminata, y de que Edward buscara un paraguas para no quedar todavía más empapado, éste se dirigió a casa de Elicia, esperando que su alumna hubiera dormido algo y se sintiera mejor luego de lo que le había pasado. No pensaba presionarla con el tema de sus lecciones, él sabía que lo primero era ella, aún si se había enfermado por su propio y tonto descuido.
Caminando con cuidado, el alquimista fue hasta la puerta de la casa de su alumna. Pudo ver luz, así que pensó que estaría en el comedor cenando o algo por el estilo. Eso lo alegraba, quizá no estaba tan mal, pero al menos quería ver si podía ayudarla en algo para así darle más tiempo para seguir recuperándose.
Edward: -toca la puerta- ¡Elicia! ¡Soy Edward, déjame entrar por favor!
La criatura escuchó la voz desde afuera y hasta creyó por un segundo haberla reconocido. Le era muy difícil moverse, y su cabeza comenzó a dolerle cuando imágenes muy extrañas llegaron a su mente, en parte debido a esa voz y también al nombre que acababa de oír. Comenzó a arrastrarse para poder ocultarse, ya que tenía miedo, no sabía si era seguro estar allí más tiempo, pero no veía ningún lugar donde ir, así que simplemente se escondió en un rincón, donde habían cajas y otras cosas, borrando sin querer buena parte del circulo que había ayudado a crearla, dejándolo irreconocible.
Elicia seguía sin reaccionar, estaba muy pálida, incluso parecía muerta. Afuera, Edward ya se estaba impacientando, no sabía en dónde podría estar la chica y eso ya lo estaba preocupando y mucho. Comenzó a moverse debido a eso, topándose sin querer con el humo que salía de la entrada principal de la bodega y con las tablas de la misma, rotas y a punto de caer. El pobre quedó espantado, y de inmediato temió por la seguridad de su aprendiz.
Edward: -golpea más fuerte- ¡Elicia! ¡Elicia! ¡Ábreme por favor! ¡Elicia! -mira a todos lados-
Como única solución, Edward debió usar una roca para romper la cerradura y así poder abrirla de una vez por todas. Entró a la casa, todo estaba intacto y no parecía haber rastros de un incendio en ninguna parte. Se dirigió entonces a la puerta por la cual se entraba a la bodega desde el interior, y apenas entró se encontró con la chica desmayada. Se dio prisa por socorrerla, pero algo no estaba bien, estaba muy blanca y algo fría también, poniendo su oído en su pecho pudo escuchar que su corazón aún latía, pero era muy leve. Tenía que llevarla a un hospital lo antes posible, sino quizá podría morir, pero la lluvia era muy fuerte y no había ningún modo de llevarla al pueblo. Debió dejarla en el sofá de la sala un momento y comenzar a gritar luego de salir de la casa.
Edward: ¡Ayuda! ¡Quien sea, por favor! ¡Ayúdenme! ¡Es una emergencia!
Los pocos vecinos que Vivian cerca comenzaron a asustarse por los gritos desesperados de Edward. Una vecina de mediana edad, mayor que Gracia, salió con impermeable y paraguas, para ver por qué tanto alboroto.
Vecina: ¿Qué ocurre? ¿Está todo bien?
Edward (aterrado): No, no lo está. Mi alumna… cuando vine a su casa… la encontré desmayada y con poco pulso, y no tengo cómo llevarla a un hospital
Vecina: Mi esposo está de viaje en estos momentos, pero dejó el auto en casa, lo traeré y podremos llevarla, sólo espere un poco -se va rápido-
Edward: ¡Por favor dese prisa!
Edward se apresuró en ir a buscar a Elicia, la cubrió con una manta para que su cuerpo no se enfriara todavía más y apenas la señora volvió con el auto se dirigieron al pueblo, al hospital más cercano, para que atendieran a la pobre chica y pudieran salvarla. El pobre alquimista sólo la abrazaba mientras que la mujer conducía lo más rápido que podía , rogando porque no fuera demasiado tarde.
Edward (llorando): Elicia… por favor no mueras…
CONTINUARÁ…
