Capítulo 7: Decepciones

Me levanté con una extraña sensación. Estaba decidida a dejar las cosas con Nathaniel y a darme una oportunidad con Castiel. Al pensar en él no pude evitar sonreír. Me preparé para ese día y bajé a desayunar junto a mi tía. Le conté mi participación en el proyecto de ciencias y se alegró mucho por mí. Al terminar de desayunar, mi tía se ofreció a llevarme a clase.

"No te preocupes tía. Hoy me apetece dar un paseo." Dije mientras le besaba la mejilla y salía por la puerta de mi casa.

Bajé pendiente de los escalones mientras me colocaba mis auriculares, lo que hizo que no me diera cuenta del coche que se acercaba a gran velocidad hacia mí. Justo a pocos segundos antes del impacto, alguien tiró de mí e hizo que me callera al suelo.

"¿Estás sorda?" Gritó la voz de mi salvador. Miré hacia arriba y pude ver la mirada agitada de Nathaniel. No tenía pensado verlo tan pronto, pero por suerte, esto pasó desapercibido, ya que aún tenía una expresión de sorpresa en mi cara por el accidente.

"¿Qué estás haciendo aquí?" Fue lo único que pude decir al cabo de unos minutos. Me incorporé y sacudí todo el polvo que tenía encima.

"He venido a acompañarte a clase. ¡Qué susto me has dado!" Exclamó Nathaniel mientras me estrechaba contra él. Fue en ese momento cuando oí el ruido de un motor que aceleraba en cuestión de segundos. Solo pude verle de espaldas, pero pude reconocer a Castiel en su motocicleta. ¿Qué hacía aquí? ¿Cuánto tiempo llevaba?

Llegamos al instituto al cabo de 15 minutos. Por el camino, intenté hablar con Nathaniel pero siempre cambiaba de tema.

"Escucha Didi, solo quiero pedirte disculpas por mi comportamiento de estos días."

"¿Cómo dices?"

"Sí. Sabes que para nada soy así, pero llevo mucho tiempo agobiado organizando cosas como delegado del curso y siento que no he sido un caballero contigo." Miré a Nathaniel incrédula, tenía que estar de broma. "Para compensarte, esta noche salimos juntos." Sonrió mientras colocaba un mechón de mi pelo detrás de mi oreja. "Ahora tengo que irme. Luego nos vemos."

Estaba totalmente confundida. ¿No es así? ¿Qué quiere decir? ¿Pero siempre que se agobie será así? Mi cabeza estaba llena de preguntas, y no encontraba respuesta a ninguna. Aún me faltaban 5 minutos para empezar la clase así que decidí buscar a Castiel para aclarar lo sucedido esta mañana. No lo encontré por ningún lado. Decepcionada, me fui al aula de clase donde ya esperaba el profesor Farres a que los alumnos se colocasen en sus asientos.

La clase se hizo interminable, pero al fin sonó el timbre que ponía fin al día en el instituto. Cogí lentamente mis cosas y me encaminé hacia la puerta. En ese momento alguien se chocó conmigo y caí sobre una pila de taquillas. Me giré y mis palabras salieron de mi boca sin control.

"¡Te he buscado todo el día!" Grité clavando mis ojos verdes en sus ojos grises. Se apartó de mí sin contestarme y empezó a caminar hacia la salida. Sin pensármelo dos veces corrí detrás suya. "¡Castiel!"

"¿Qué?" Su voz sonaba muy irritada.

"Esta mañana-." Empecé a decir, pero me cortó secamente.

"Esta mañana nada. Me ha quedado claro todo. La próxima vez que te apetezca jugar, olvídate de mí." Su mirada era fría.

"Castiel, no es lo que parece. No sé qué estaba haciendo allí. Después de lo de anoche solo quería dejar las cosas claras con Nathaniel."

"Claro." Dijo y se giró, dejándome allí confusa.

No volví a tener contacto con él en todo lo que quedaba de semana. Lo veía en los pasillos, pero se limitaba a esquivar mi mirada y a desaparecer durante el resto del día. Tampoco se presentaba a las reuniones que organizaba Delenay para el proyecto de ciencias. ¿Por qué me tiene que salir todo tan mal? Suspiré e intenté concentrarme en mis asuntos.

Era viernes por la tarde. Rosalya me había invitado a tomar algo con ella en el club donde vi a Castiel tocar.

"Vamos a buscar un sitio tranquilo." Dijo Rosalya mientras empezaba a subir las escaleras. Yo me limité a seguirla. "Apenas hemos tenido tiempo para hablar estos días y necesito que me cuentes cosas."

Nos sentamos en un rincón del club y comenzamos a hablar de temas aleatorios, hasta que finalmente, Rosa sacó el tema que le interesaba.

"Ayer te vi con Castiel y su perro por el parque." Miré a Rosa triste y sonrojada. "¿Pasó lo que yo creo?" Rosa sonreía, sin embargo, su sonrisa no duró mucho al contarle toda la historia. "¡No entiendo como puede ser tan cabezota!"

"Rosa, te miento si te digo que no me gusta Castiel." Empecé, por primera vez, a decir mis sentimientos. Mis lágrimas llenaban mis ojos. "Estoy muy enamorada de él." Mientras decía eso, vi como el club se empezaba a llenar de gente que se iba colocando alrededor nuestra. Me cubrí la cara intentado recuperar mi compostura. Hubiera preferido seguir un rato más así. En lugar de eso, tuve la genial idea de mirar hacia el grupo de gente que se había sentado al otro lado del pasillo. Lo vi y mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas. No fui capaz de retenerlas y empezaron a rodar por mis mejillas.

Castiel estaba allí, con sus amigos. Vi a Lysandro con Bedi, a Armin, a un chico con ropa militar y más gente. Pero mis ojos estaban clavados en Castiel y la chica que estaba al lado suya, riendo y acariciándole. Era una chica morana con un montón de pasadores de colores en su pelo. Rosalya siguió mi mirada.

"Vámonos." Dijo tirando de mí, pero aparté mi brazo y la miré desafiante. "Didi, no tienes por qué ver esto."

"No quiero irme. Y no lo voy a hacer." Pasé mi mirada de Rosa al grupo.

Pasó un rato incómodo en el que Rosa intentaba hablarme de cualquier cosa con tal de que no prestase atención a Castiel y la chica con la que él estaba. Por suerte para Rosalya, Bedi se fijó en nuestra presencia y se acercó a hablar con nosotras. Vi como todo el grupo miraba a Bedi. Fue cuando pude cruzar la mirada con Castiel. Su mirada era fría mientras que la mía era llena de odio. Parece que mi presencia le animó a prestarle más atención a su acompañante mientras de vez en cuando me lanzaba miradas con una sonrisa burlesca.

"¡Chicas! Que alegría de veros." Exclamó Bedi con su alegría característica. Junto a ella apareció Lysandro, que estaba muy pendiente de la peli-rosa.

"¿Qué haces aquí Lys?" Preguntó Rosa con mucha confianza. "Leigh me dijo que no ibas a salir."

"Hubo unos cambios de planes." Sonrió Lysandro mientras lanzaba una mirada llena de dulzura a Bedi. Esa situación me entristeció aún más. Volví a mirar al pelirrojo, que seguía con la chica en el otro extremo del club. Estaba muy ocupado susurrándole al oído cosas que hacían que la chica se sonrojara y soltara pequeñas risitas.

Al final, todos menos Castiel su acompañante se sentaron junto a Rosa y a mí. Estuvimos charlando de cosas del instituto. También hablamos de mi ciudad de origen y de la de Bedi. Me fijé en que teníamos demasiadas cosas en común. Habíamos crecido en la misma zona, habíamos ido al mismo colegio, jugábamos en los mismos sitios. ¿Cómo es que no la he visto antes? Me pregunté.

Al cabo de un rato decidimos irnos a nuestras casas. Lysandro se despidió de Castiel, que decidió quedarse un poco más. Ni si quiera nos dijimos nada. Rosa miraba la escena con una expresión triste. Bajó hablando con Lysandro de algo que no logré oír. Mientras, Bedi y Armin ya habían llegado a la puerta de salida. Dirigí una última mirada hacia la zona de arriba, donde pude captar una última mirada de Castiel.

Una vez fuera, la conversación se alargó. Me acerqué a hablar con Bedi y Armin, ya que Rosa parecía estar muy enfrascada en su conversación con Lysandro. Las conversaciones se fueron acabando al rato y todos nos despedimos. Armin y Rosa fueron juntos a sus respectivas casas. Lysandro se ofreció a acompañar a Bedi. Yo me dispuse a caminar hacia mi casa cuando noté que me faltaba algo. ¿Dónde he dejado mi teléfono? Empecé a hacer memoria mientras volvía al club.

Subí a la zona donde minutos antes había estado con Rosalya y los demás. Me fijé en que Castiel y su chica habían desaparecido. ¡Basta! No pienso dedicarle ni un minuto más. Bajé a la barra donde un camarero bastante simpático me dio mi teléfono.

"¡Muchísimas gracias!" Exclamé con una gran sonrisa.

"La próxima vez ten más cuidado o acabarás perdiendo la cabeza." Rió el camarero mientras se volvía a servir más consumiciones.

"Disculpa, ¿podría hacerte otra pregunta?"

"¿Te has olvidado de algo más?"

"No, no." Reí. ¿Cómo saco yo el tema? "¿Has visto a un chico pelirrojo salir hace mucho?" Wow! Que directa…

"Hay muchos pelirrojos que salen de aquí a lo largo de la noche."

"Es un chico alto y de espalda ancha. Con el pelo realmente rojo. Sus ojos son grises." Me quedé callada intentando pensar en algo más para completar mi descripción.

"¿Iba con una chica con muchos pasadores?"

"¡Si!" Exclamé. El camarero asintió y sonrió.

"Se ha ido hace menos de 5 minutos."

"Gracias." Contesté mientras me encaminaba hacia la salida.

Miré alrededor en busca de Castiel y lo vi apoyado contra la pared hablando con la chica. Me acerqué despacio, intentando no llamar su atención. Conseguí captar algo de la conversación:

"Entonces, ¿qué hacemos ahora?" Preguntó animadamente la chica.

"Irnos a casa." Contestó Castiel sin mostrar mucho interés.

"Vaya." La cara de la chica se iluminó. "¿La tuya o la mía?" Rió acercándose más a Castiel.

"Cada uno a la suya." Dijo Castiel mientras empujaba ligeramente a la chica para separarse de ella. "Escucha, no creo que tengamos ninguna oportunidad juntos. No somos realmente compatibles." No pude evitar alegrarme por lo que acababa de oír.

"Pero pensaba…" La chica parecía decepcionada.

"Ha estado bien pasar el rato contigo, pero nada más." Castiel cortó la conversación y se giró. Rápidamente salí corriendo para evitar ser pillada. Con las prisas, no me fijé en el chico rubio que acababa de salir del club y le di sin querer con el codo.

"Vaya qué casualidad." Dijo mientras me sujetaba por los codos. "Llevo toda la noche pendiente tuya." Adquirió una actitud muy melosa hacia mí.

"Es un halago." Sonreí nerviosamente. "Lo siento, pero tengo que irme."

"¿Por qué tan pronto?" El chico no me soltaba y me estaba poniendo nerviosa.

"¡Suéltame!" Grité, pero eso solo provocó risas por parte del chico y sus amigos. Empecé a sacudirme para librarme de su agarre. El chico no se daba por vencido y acabó rasgando mi camiseta, dejando a la luz parte de mi sujetador. Conseguí librarme y salí corriendo en dirección al parque que había en frente de mi casa.

Corrí hasta que me faltó el aliento. Solo entonces paré y me senté en un banco bajo una farola. Subí mis rodillas y las abracé contra mi pecho. Mis lágrimas no dejaban de caer. Una mezcla de emociones se apoderó de mí y me hizo respirar con dificultad. Oí unos pasos detrás de mí y mi cuerpo se tensó pensando que era el chico de antes.

"¿Qué ha pasado?" Me preguntó Castiel, que lo único que veía era a una chica abrazada a sí misma. Me giré para clavar mi mirada en la suya y fue entonces cuando vio mi maquillaje corrido por mis mejillas. Castiel saltó el banco y se arrodilló para estar a mi altura. Con mucha delicadeza, separó mis brazos de mis rodillas y me las bajó. Vio las rojeces de mis brazos y los arañazos que me habían quedado al intentar librarme del chico. También vio mi camiseta totalmente rajada. No era capaz de mirarle en esa situación. "Póntela." Me dijo mientras me tendía su chaqueta. Lentamente me la fui colocando y comencé a sentir una sensación de confort extraña. "¿Ha sido Nathaniel?"

"¿Podrías por una vez dejar de lado a Nathaniel?" Exclamé muy molesta. "No todo en esta vida gira alrededor de Nathaniel." No podía controlar mi enfado.

"Perdona por pensar que el mismo cabrón que te ha estado maltratando psicológicamente ha tenido algo que ver con esto." Castiel estaba muy molesto. Sabía que todo lo que nos habíamos estado guardando esta semana iba a salir de un momento a otro.

"Eres un capullo Castiel."

"Que sorpresa. En vez de decírselo al imbécil de tu novio, te dedicas a decírselo a los demás."

"¡Tal vez esté cambiando!" Exclamé poniéndome de pie. "¡Y tal vez haya decidido empezar por ti!"

"¿Por mí?" Castiel me imitó y empezó a acercase hacia mí.

"¿Quién se ha estado comportando hoy y esta semana como un capullo?" Empecé a encararme con él.

"Perdona por querer seguir con mi vida y no ir llorando por los rincones por ti." El tono burlesco de Castiel solo hacía cabrearme más y más. "¿Acaso es eso lo que querías que hiciera?"

"Lo que quería que hicieras es que me escucharas y me apoyaras."

"Claro. Tenía que oír como la chica que me gusta me decía que me olvidara de ella porque iba a seguir con su novio." Esas últimas palabras fueron casi un susurro. Me quedé frente a él, mirándole.

"Se te da muy bien mentir." Mi voz sonaba a derrota. "Ahora soy la chica que te gusto. Ahora estás apenado. Pero hace un rato, mientras estabas con tu amiga no había ni rastro de esa pena." Mi agresividad volvió al recordar lo acaramelado que estaba.

"¿En serio pretendes que mi vida solo se limite a ti?" La pelea volvió a empezar y cada vez más agitada. Me encaraba cada vez más y más a Castiel recriminándole que sus sentimientos hacia mí no eran ciertos. La paciencia de Castiel estaba llegando a su límite. "¡Para ya!" Dijo sujetándome las manos y acercándome a él.

Nuestras caras estaban a escasos centímetros. Sentía su respiración agitada. Sus ojos reflejaban una sombra de confusión que fue rápidamente sustituida por determinación. En un movimiento rápido, Castiel cerró el espacio entre nosotros y me besó como nunca antes me habían besado, El beso estaba lleno de rabia y tristeza, como si no fuera a haber otro igual, y con un tono de…¿deseo? Sus manos soltaron las mías y se posaron en mi cintura, atrayéndome así más a él. Tengo que parar. Estoy cabreada con él. Pero tenía tantas ganas de esto. Mis manos subieron hasta su nuca y me acerqué todo lo que pude a él. El beso se intensificó más aún y Castiel rozó su lengua con la mía. Estaba tan suave que hizo que mi cabeza se nublara. Las manos de Castiel decidieron abandonar su posición actual y bajaron una posición, rozando mis caderas y mi muslo derecho. Tenía que parar.

"No está bien esto." Dije separándome de él. No era capaz de mirarle a la cara. Sabía que me encontraría una mirada de decepción.

Castiel se separó y se dio la vuelta. Me quedé de pie, esperando a oír una queja. Sin embargo, se limitó a sentarse en el banco con la cabeza entre sus manos.

"Supongo que ya nos veremos en clase." Dije despidiéndome. Esperé un poco más a una respuesta que nunca llegó. Me giré sobre mi misma y terminé de recorrer el espacio que faltaba para llegar a mi casa.

Entré en ella y me quité los zapatos. Llamé a mi tía, pero no estaba en el piso. Entré en la cocina y vi una nota suya diciéndome que había salido de fiesta. Seguramente no volvería hasta las 6. Cuando mi tía salía, lo hacía por todo lo alto.

Fui a mi cuarto para quitarme la ropa cuando hoy que alguien llamaba con insistencia a mi puerta. Pensé que sería Castiel. Miré por la mirilla y vi a Nathaniel. Me pregunté qué hacía allí tan tarde. Abrí la puerta y le hice pasar.

"¿Sucede algo Nath?"

"¿De donde vienes?" Me preguntó rápidamente.

"He salido con Rosa un rato."

"Solo con Rosa, ¿eh?" Parecía enfadado.

"Sí. Bueno, luego nos hemos encontrado con Lysandro, Armin y Bedi."

"¿Te crees que soy estúpido?" Me preguntó acercándose a mí. "Llevas su chaqueta." Dijo abriéndola y viendo mi camiseta rota. La mirada que me lanzó me caló hasta los huesos.

"Esto tiene una explicación." Empecé a asustarme. El Nathaniel que me acorraló en la sala de delegados hacía un mes ya volvía a aparecer, desapareciendo el chico encantador de estos últimos días. Nathaniel me empezó a empujar hasta acorralarme contra el sillón de mi salón. La sonrisa que se dibujó en su cara era de todo menos tranquilizadora. "Por favor Nathaniel, no lo hagas. Déjame."

"Cállate. No quiero oírte decir ni una palabra más."

"Por favor." Susurré. Eso hizo que Nathaniel se enfadara y me propinara una bofetada. Solo quería que acabara rápido. Cerré los ojos y esperé.