BELLA OBSESIÓN
Por Light of Moon 12
NOTA DE LA AUTORA: Queridos lectores, no tengo disculpa por haber abandonado la historia tanto tiempo, pero debo admitir que me dediqué de lleno al fandom de Resident Evil y bueno, dejé este un poco empolvado, además de mis múltiples ocupaciones laborales y universitarias, ya me he despejado un poco. Aún así me disculpo por la ausencia.
Saben, como regalo de Navidad, decidí sacar del hiatus todas mis historias que se quedaron en el baúl de todos los fandoms, esperando retomar un poco la inspiración y también su perdón por no actualizar. Volví a releer toda la historia para tomar el hilo y ¡carajo! ¡qué mal lo hacía! jajaja. Pido mil perdones por mi falta de táctica y dicción en los primeros capítulos, pero vamos, como novata cometí muchos errores que espero enmendar ahora. Me vi tentada en borrar la historia y volverla a escribir nuevamente corregida pero creo que eso eliminaría parte de la esencia inicial y bueno, no se notaría el trabajo y avance logrado con los años, y la táctica sobre todo. No soy experta, pero creo que mejoré un poco mi manera de redactar.
Sin más pormenores, los dejo con el siguiente episodio que espero les agrade y disfruten.
Saludos.
CAPÍTULO 7: TALÓN DE AQUILES.
Barcelona, España.
Admirándose en el espejo de marfil, se encontraba el caballero catalán acomodando su sedosa trenza cayendo en su hombro, quedando completamente complacido con su reflejo.
Había pasado una semana desde aquella vez en que se había visto con Maya Suune para averiguar su nueva labor al lado de S.I.N, entendiendo que su misión más detalladamente era derrotar a Ryu para poder ponerlo a manos del presunto presidente de la organización y estudiarlo de cerca para sus fines apocalípticos. Se vió una vez más cual Narciso admirando su reflejo en el lago, soñando despierto sobre el mantener para siempre su belleza intacta, la juventud sempiterna como los pétalos de una flor que no se marchita y que al contrario, a diario florece con más hermosura.
—Adelante. —Dijo al escucha que alguien tocaba la puerta de su aposento.
—Señor, ha llegado correspondencia para usted. —Señaló su mayordomo cargando en las manos un pequeño paquete cerrado, que al juzgar, parecía tratarse de documentos.
—¿Tiene remitente? —Preguntó dando un vistazo rápido.
—No. —Contestó en automático el sirviente.
—Dámelo.
Ramón le entregó el paquete a su amo y acto seguido se retiró de la habitación de rey. No era extraño que llegara a la mansión correspondencia sin remitente o que fuera enviada de manera anónima, ya que por la manera de vivir del dueño de la mansión, era bastante común que tuviera tratos con personas que quisieran mantener en secreto su identidad.
Se sentó en la mesita de madera de roble y abrió el sobre rompiéndolo por un extremo, casi adivinando quién lo había enviado. Leyó el contenido sin sorprenderse o sobresaltarse al principio, cuando halló de repente unas líneas que llamaron su atención.
"... si de algo estamos seguros, es que tenemos algo que probablemente, amas más que a tu belleza."
Adjunto a la epístola, encontró un par de fotografías de una mujer que reconoció al instante, y que hizo que su corazón latiera desbocado en su pecho.
Salió como alma que lleva el diablo de su habitación y llamó a Irene para que le prepararan el auto, tenía que salir con urgencia de Barcelona.
Madrid, España.
Esperaba con una sentada afuera de la oficina del Juzgado Primero en Materia Penal de la ciudad de Madrid en España, ansiosa por que el juez en turno se desocupara para hablar seriamente con él. Llevaba una semana en la ciudad española y después de haber hecho un lío en Interpol que en un inicio la lleno de evasivas, al final y gracias a su persistencia terminaron por admitir que la sede española se deslindó del caso para sederlo a la jurisdicción de un juez local en Madrid.
—Pase, señorita.
Chun Li asintió y pasó sin hacer ruido a la oficina del juez que ya la esperaba, saludando con hipocrecía fingida se sentó frente al escritorio para hablar sobre el asunto que la había traído aquí.
—¿En qué puedo ayudarla, señorita? Siempre ha sido un gusto para nosotros colaborar con Interpol.
—Gracias. Quisiera revisar el expediente relativo al señor Fabio Vega de la Cerna.
El hombre mayor palideció, sabía perfectamente de qué trataba todo eso.
—Se ha quedado mudo. —Dijo Chun Li levantando una ceja.
—No, no, para nada. —Respondió nervioso el sujeto, acomodándose la corbata.
—Supongo que, entonces no tendrá ningún problema en facilitarme el expediente.
—Ninguno. —Dijo sintiéndose acorralado.
—Perfecto, entonces solicitaré una copia certificada del juzgado.
Poniéndose de pie y dando la media vuelta, salió del cubículo y se dirigió al área de archivo, dejando al juez con los pelos de punta.
Barcelona, España.
En un restaurante recubierto de precioso adoquin llamado "Lasarte" yacía sentado en una de las mesas reservadas el caballero catalán y famoso torero, mientras degustaba un Montrachet Domaine de la Romanée Conti en su copa, sin importarle los miles de euros que debía de pagar por esa botella. El dinero nunca había sido problema, y lo sabía, proveniente de una de las familias nobles de Barcelona, nunca creció con limitaciones y hacer reparos por una botella de vino, definitivamente no iba con su personalidad.
Miraba hacia ningún lado cuando de repente un hombre se plantó frente a él;
—Sabía que vendrías. —Dijo la voz con audacia.
Vega no respondió y se quedó en silencio. Al menos no se trataba del hipócrita y falso de Balrog como para que tuviera que simular cortesía.
—Seré breve y te contaré cuál es el plan.
—Te escucho, Sagat. —Respondió educadamente al enviado de Shadaloo.
—El jefe ya sabe de los planes de S.I.N. y el torneo que están organizando.
Fabio Antonio soltó una pequeña risita y le dio un sorbo a la copa de vino.
—¿El jefe? Creí que estaba muerto y los muertos no regresan de sus tumbas. —Contestó con sarcasmo el español.
—¿Cómo tú? Recuerda que, también saliste de la tumba y no olvides gracias a quien. —Acotó el luchador de Muay Thai.
—Jamás se los pedí, saben perfectamente que con mi dinero y mis influencias propias igual lo hubiera logrado. —Informó petulante el torero.
—Como sea, hay muchos que deberían estar en la tumba y sin embargo, continúan en este mundo.
—Pero por favor, Victor. —Dijo Vega levantando su copa. —Están acabados desde la caída de Shadaloo, ¿pretenden acaso competir contra S.I.N. que es una corporación gigantesca?
—Tú lo harás.
Vega de la Cerna enarcó una ceja, ahora estaba realmente intrigado.
—¿Ah sí?
Víctor Sagat sacó de uno de sus bolsillos fotografías de una mujer en algunos sitios de Madrid y se las mostró.
—El jefe cree que tiene madera para volverla una de sus muñecas. ¿No crees?
El torero miró las fotografías y se trataban de la misma persona que estaba en las fotos que había recibido esta mañana. Había planeado no mostrar interés en lo que estaba viendo, pero sus impulsos lo estaban traicionando. En cuanto recordó el cruel destino que tenían las llamadas "muñecas" de Shadaloo e imaginar que esos malvados le pudieran poner una mano encima a esa dama, lo sacaba de sus casillas.
—¿Cómo sé que no son falsas? —Retó tratando de disimular su interés.
—Hotel "Puerta Madrid", habitación 504, en la ciudad de Madrid, aquí en España. Compruébalo tú mismo. —Desafió el mayor con autoridad.
Vega se puso de pie y dejó varios billetes de gran denominación en la mesa, dispuesto a marcharse del lugar.
—Antes de que decidas ir por ella, debes saber que la tenemos bien vigilada así que antes de que decidas "ir a visitarla" —Advirtió Sagat haciendo énfasis en esa última frase y adivinando sus intenciones. —Sabemos perfectamente dónde encontrarte a tí y a ella, así que si no colaboras, quizás tu preciosa mujercita no viva lo suficiente para volver a reencontrarse contigo.
El torero apretó los puños, estaba acorralado. Sabía perfectamente que Shadaloo y su gente no bromeaban en cuanto a sus amenazas y si quería proteger a Chun Li, no tendría otra opción.
—Está bien. Dile al jefe, que estaré esperando sus instrucciones.
Sin decir nada más, salió a toda prisa del restaurante, mientras el luchador de Muay Thai sonreía con suficiencia por haber cumplido su objetivo.
Madrid, España.
Después de llegar del juzgado ordenó servicio de alimentos para la habitación y no ser molestada durante el resto del día. Pidió una jarra de café y se puso a estudiar el caso.
No podía creer lo que había sucedido; no era necesario saber mucho de leyes para darse cuenta del enorme caso de corrupción, tráfico de influencias e impunidad se había cometido. Dentro de un panorama lleno de irregularidades, Fabio Antonio Vega de la Cerna después de haber pasado algunos días en el hospital en terapia intensiva, fue llevado a juicio en donde los abogados mostraron pruebas de su inocencia alegando control mental por parte de Shadaloo aunado a un buen número de problemas mentales que según los alegatos, el inculpado padecía. El juicio concluyó declarándolo culpable de los delitos que se le imputaban en contra del intento de homicidio y demás crímenes, condenándolo al pago de los daños donde el Estado español recibió una cuantiosa suma de euros y el presunto culpable fue puesto en libertad condicional con el único requisito de acudir semanalmente a terapia psicológica durante cinco años.
Arrugó con ambas manos la hoja donde contenía el veredicto de sentencia firme, se estrujó las sienes y se sentó en la orilla de la cama, aún sin dar crédito a lo que acababa de leer. Ese asesino estaba feliz y libre, siguiendo con su vida de celebridad después de que casi le arranca la vida de manera brutal en su departamento de Nueva York. Se había jurado a sí misma que todos los cómplices de Shadaloo pagarían todas sus fechorías y por su cuenta corría que así fuera.
De repente, se teléfono celular comenzó a sonar. No planeaba contestar pero al notar la insistencia, decidió tomar la llamada.
—¿Diga? —Contestó de mala gana.
—Wow, qué mal genio.
Chun Li moderó el tono de su voz al reconocer esa voz que lo llamaba.
—Ken, que sorpresa oírte, perdona. —Dijo disculpándose por su actitud grosera de unos momentos atrás.
—Oye nena, el torneo empieza en dos semanas, justo estoy inscribiéndome ¿quieres que lo haga por ti?
—Verás, Ken, no lo sé, tengo algunos asuntos que…
—¡Oh vamos, Chun! Te mereces unas vacaciones. —Insistió el luchador socialité.
—Es que… —Insistió ella buscando inventar un pretexto.
—Espera, hay alguien que quiere saludarte y que quizás te convenza.
—Hola. —Saludó una tercera voz masculina, que al escucharla, a la representante de China, la dejó sin aliento.
—¿Ryu? —Pronunció casi sin poder creerlo.
—Es bueno volver a oírte.
Automáticamente todo el enojo que sentía se esfumó, fue como un balde de agua fría volver a escuchar a ese hombre que había marcado tanto su vida.
—Pienso lo mismo. ¿Cómo has estado?
—Bien, entrenando duro para el nuevo torneo. ¿Vas a inscribirte?
—Eso quería hacer, pero surgieron unas cuántas dificultades en el trabajo. —Respondió con sinceridad.
—Lo entiendo. —Mencionó el japonés con cierta decepción en la voz. —Pero sería bueno que te dieras un tiempo para esto, siempre es un gusto volver a la lucha.
—Sí tienes razón. —Contestó todavía embelesada.
—Me dio gusto escucharte otra vez, te comunico de nuevo con Ken.
—Igualmente…
—¡Cielos! ¡Qué conversación tan intensa! —Dijo con sarcasmo haciendo sonrojar a Chun Li del otro lado de la línea.
—Te inscribiré nena, no acepto un "no" por respuesta. —Reafirmó el mejor amigo de Ryu.
—Pero Ken…
—Tu número es el 226. —Dijo anunciando que ya había inscrito a la mujer asiática en la competencia.
—Está bien, tú ganas. —Finalizó rindiéndose la dama que vestía de qipao.
—Excelente. Nos vemos en dos semanas.
—Allí estaré.
La joven suspiró hondo y se dejó caer en la cama. Habían sido tantas emociones en este día que estaba agotada, especialmente esa llamada de Ryu la había desequilibrado como una adolescente. Tomó una muda de ropa y se metió en la ducha, necesitaba de un baño para despejarse y que el día terminara de una buena vez.
Mientras ella se duchaba alguien ya la esperaba en el aposento.
Esperando quieto, vigilando cual cazador a su presa, el torero la esperaba en la habitación. Ya había revisado todo, su ropa, sus documentos, la identificación en el bolso… No había duda, era ella.
Ya tenía decidido su plan y no había marcha atrás solo era cuestión de esperar. Cuando dejó de escuchar el ruido producido por el agua de la ducha se retiró sigilosamente a ocultarse en el armario.
Esperó el tiempo prudente, el que creyó necesario para que la agente estuviera profundamente dormida y al sentir que era el momento, se acercó hacia la cama.
Casi sin poder creerlo, se le aproximó con vehemencia para contemplarla al dormir. Tan cerca de él, tan bella, tan suave. Sintió el impulso de tocarla pero no era el momento, ya habría oportunidad más adelante.
—Más bella de lo que podía recordar… —Murmuró apasionado, satisfecho del paisaje que se pintaba ante sus ojos.
Podía seguir admirándola toda la noche, cual coleccionista ante una obra de arte magistral, pero, ya era el momento de irse.
De uno de sus bolsillos tomó el pañuelo empapado en cloroformo y cuando lo tuvo entre sus manos, sin previo aviso lo colocó sobre la nariz de la doncella.
Al sentir impedida su respiración, Chun Li despertó de golpe, y con ojos aterrorizados descubrió la identidad de su agresor. La escena era tal y como la recordaba de hace ya varios años salvo que esta vez el enemigo no vestía ni la garra letal, ni la máscara de luchador, sino un traje fino que lo hacía ver como un modelo de revista de modas. Sus peores temores y pesadillas se estaban materializando frente a ella.
—Tranquila, mi señorita. Vas a estar bien. —Pronunció con la voz más dulce que pudo expresar, para tratar de calmarla.
La asiática comenzó a patalear y a forcejear con sus dos manos para quitar el brazo fuerte del torero pero sus intentos eran sin más, inútiles. Poco a poco sus ojos se fueron cerrando para caer profundamente en la inconsciencia dejándola totalmente indefensa a merced de Vega.
