Gracias por sus reviews a: macaen, J0r, Geila Potter-Wesley, Fatty73, jessi-k, ghysella potter, zafiro potter y a diminuta. Especialmente a ginny.holly.weasley. por estar al pendiente del fic.
Tambien a todos los que a lo largo del fic me dejaron reviews. ¡muchas gracias!.
Anteriormente:
Mucho más tarde, saciada por el placer y emocionalmente exhausta por las dolorosas revelaciones de esa noche, Ginny se quedó dormida. Tuvo sueños agitados. Soñó con Harry... y con otra mujer... Con una mujer que parecía ella, pero que no lo era. Harry le susurraba dulces palabras, le decía que la echaba de menos. Que no sabía cuánto. Le juraba amor eterno y le decia suavemente a su oído que él sería su Romeo.
Ginny se despertó sobresaltada justo antes del amanecer. Aguzó el oído, perfectamente quieta. La respiración profunda y regular de Harry, el latido firme de su corazón, la fuerza de sus brazos en torno a ella... Y entonces Ginny lo comprendió todo.
Su nombre clave era Kat (gata). Y la habían hechizado para infiltrarse en la ASMM, y detener de una vez por todas a Evan Rosier. Y su detonante era una sola palabra, un nombre código, dicho de los labios de un solo hombre. Su Romeo.
No existe el amor entre dos personas, sino el complemento de una misma alma.
7 ¿Misión Cumplida?
Lucian Bole se paseaba de un lado a otro como una serpiente enjaulada. Estaba nervioso.
Harry lo observaba atentamente, pero Bole evitaba mirarlo. Harry tenía un mal presentimiento. Miró a Ginny desde el otro lado de la mesa. Ella parecía otra vez distante y preocupada. En las últimas veinticuatro horas, sólo la había sentido cercana mientras hacían el amor. E incluso entonces había sentido en ella cierta tristeza. Harry no lograba sacudirse la impresión de que algo angustiaba a Ginny. Imaginaba que se debía al hechizo de memoria. Pero tal vez fuera que, al hacer el amor, se habían despertado en ella viejas angustias e inseguridades. Quizá había recordado lo suficiente como para saber que Harry la había traicionado. Fuera lo que fuese, ella se negaba a hablar del asunto. No hablaba de nada, salvo de la misión.
-Vamos a repasarlo una última vez -ordenó Lucian Bole-. No puede haber errores.
Sobre la mesa había esparcidos recipientes de comida rápida y envoltorios vacíos. Harry apartó los restos de su desayuno, que apenas había tocado, y cerró la laptop. Hans no se molestó en levantarse del sofá. Esa mañana, el chico parecía un muerto viviente. Tenía la cara pálida y jalada. Seguramente necesitaba antibióticos, por no decir un medimago. Su brazo seguía paralizado. Si la fiebre empeoraba, tal vez no pudiera ayudar a Harry, pero ése no era el verdadero problema. Harry conocía el sistema al dedillo, por lo menos para aquella misión.
De todos modos, la misión no iba a completarse. A esas horas, todo un escuadrón de fuerzas de especialistas Aurores habría tomado posiciones en el hotel. El equipo de Bole no tenía ni una sola posibilidad de éxito. En cuanto apareciera Evan Rosier, se acabaría todo.
Selwyn salió de su sótano con una sonrisa macabra, la clase de sonrisa de alguien que acaba de hacer algo malo. Puso dos maletas metálicas sobre la mesa y las abrió, revisó su contenido y le dijo a Bole:
-Estoy lista -cerró las maletas y aguardó, expectante. Bole se volvió hacia Ginny.
-He seleccionado una ubicación principal y cuatro secundarias -dijo loca explosiva de Selwyn con mirada vacía y expresión ilegible-. La primera explosión tendrá lugar detrás del altar para desatar el pánico y desviar la atención del peligro real -Harry se puso rígido. Miró a Ginny y a Bole mientras ella proseguía sin vacilar, como si planear la muerte de incontables personas fuera un asunto sin importancia.
-Unos cuantos morirán en la primera explosión -dijo ella sin emoción-. Pero la mayoría sólo quedarán aturdidos. Intentarán huir, pero sólo pasarán cinco segundos antes de que estallen los dispositivos secundarios. Cada uno de ellos está colocado estratégicamente. La fuerza de la explosión destruirá los soportes y el muro exterior hasta varios metros de altura a cada lado. La cúpula se derrumbará al instante, matando a todo el que haya sobrevivido a la detonación y al consiguiente caos. Lucian sonrió.
-Perfecto.
-Esperen -dijo Harry ásperamente. Su corazón bombeaba adrenalina a toda máquina-. Creía que iba a ser en un hotel -señaló los planos que había en la pantalla de la laptop, delante de él-. Éstos no son los planos de una iglesia.
Hans apenas se incorporó en en sofá –habías dicho que era un hotel- fulminaba a Bole con la mirada.
-porque no mejor te callas- sin previo aviso Lucian sacó su arma muggle y le pegó dos tiros en el pecho a Hans.
Ginny se levantó de un salto y su silla cayó al suelo.
-No hacía falta que hicieras eso -dijo con ferocidad-. No tenías por qué matarlo.
-Había cumplido su cometido -dejando a un lado su arma, Lucian se volvió hacia Harry-. Para contestar a tu pregunta, ha habido un cambio de planes -mirando a Owen, añadió-: Nos vamos ya.
Harry pensó en sacar su varita y ponerle fin a aquello inmediatamente, pero sabía que sería un error. Tenía que cumplir sus órdenes. Miró a Ginny, que seguía observando con ira a Lucian. Lo que tenía que hacer era quedarse junto a ella.
Selwyn y Owen se llevaron las maletas, seguramente para cargarlas en uno de los todoterrenos, mientras Lucian desaparecía en el patio. Harry aprovechó la que seguramente sería la única ocasión que tendría de estar a solas con Ginny.
-Esto no está bien -dijo, infundiendo a su voz un tono de desesperación, y miró a Hans-. Hans no tendría que haber muerto.
Ginny se abrochó un cinturón de herramientas negro alrededor de la cintura. El cinturón contenía los instrumentos que necesitaría para colocar los dispositivos en su lugar. Iban todos vestidos con pantalones, botas y camisetas de manga larga negras. Los pasamontañas se los pondrían más tarde.
-Era lo mejor para el equipo -dijo ella sin mirarlo-. Si no, Lucian no lo habría hecho.
La mandíbula de Harry se tensó. La que hablaba no era la verdadera Ginny. A Harry no le gustaba nada aquello. Ella había arriesgado su vida para salvar al guardia de seguridad en su misión en el edificio de la IBM, y de pronto la muerte de Hans era «lo mejor para el equipo». Quizá hubiera perdido su mente, trastornada por un maldito hechizo experimental. Harry pensó en las píldoras que le había dado Remus, pero desechó rápidamente la idea. Era demasiado arriesgado.
-No puedo creer que pienses así -murmuró él. Aquello había ido demasiado lejos.
Ella puso el seguro de su arma, su varita escondida en su antebrazo y alzó la mirada hacia él con ojos tan vacíos que él apenas pudo sostenerle la mirada.
-Puede que no me conozcas tan bien como crees, Harry.
Occlumancia. Ginny había usado oclumancia con él. No pudo ver nada en sus ojos.
Avanzaban hacia Londres. Ginny conducía el todoterreno. Lucian iba sentado atrás y Harry junto a Ginny. Selwyn y Owen iban tras ellos, en el otro todoterreno.
Los años de experiencia habían afinado el instinto de Harry: el súbito cambio de planes. El asesinato de Hans. Las señales de la carretera mientras se acercaban a Londres. Todo estaba mal.
Las iglesias no tenían sofisticados sistemas de seguridad electrónicos. Estaba claro que, esta vez, no habían necesitado a Hans. Todo el asunto de su herida y su importancia para la misión había sido una farsa para engañar a Harry, para hacerle creer que al fin lo habían admitido. Harry se preguntaba si Ginny lo sabía desde el principio y si Bole era consciente de que, aunque tuvieran éxito, iban a morir todos. Rosier no dejaría ningún cabo suelto, a menos que le conviniera.
Si no necesitaban a Hans, tampoco lo necesitaban a él. Por eso Bole se había sentado en el asiento de atrás. Quería vigilar a Harry. Ginny tomó la salida hacia la avenida. ¿Por qué tomar una ruta indirecta?
Harry resistió el impulso de mirar hacia atrás, el hechizo hipersensorial no era su fuerte. Raffy debía de estar tras ellos, en alguna parte, informando del cambio de ruta. Era más que probable que también estuviera siguiéndolos alguien de los aurores. Aun así, algo seguía inquietando a Harry.
En el último instante, Ginny se desvió hacia el estacionamiento de un hotel de lujo situado a unas pocas calles de la avenida Westmister.
-¿Por qué paramos aquí? -la voz de Harry sonó alta y áspera tras largos minutos de tenso silencio.
Ginny lo miró mientras detenía el motor.
-Sólo por precaución, James ya sabes cómo es esto.
Él la agarró de la mano cuando Ginny se disponía a salir. Lucian ya estaba fuera del coche, junto a la puerta de Harry. Éste miró directamente a Ginny a los ojos, deseando que viera hasta qué punto estaba preocupado.
-Sí, yo sé cómo es esto. ¿Y tú?
-Tranquilízate, Potter -dijo ella con expresión vacía-. La confianza es esencial. Pero eso ya lo sabes.
Ginny salió del carro y cerró la puerta de golpe. La respiración de Harry se duplicó. Lucian dio unos golpes en su ventanilla. Harry procuró retomar su papel y salió del vehículo. Miró fijamente a Bole.
-Esto es una mentira. Tú lo sabes. ¿Por qué no me liquidaste en la casa, igual que a Hans? ¿A qué vienen estos juegos?.
-Tienes un papel que cumplir, Potter, ¿todavía no te has dado cuenta? – Lucian inclinó la cabeza hacia la entrada lateral por la que Ginny había desaparecido ya-.Vamos.
Dentro del hotel llegaron a un vestuario que usaba el personal de cocina. Owen y Selwyn ya estaban allí. Un uniforme blanco cubría la ropa negra de Selwyn. Apareció un hombre que llevaba una plaquita con un nombre, delantal y sombrero de cocinero y que los condujo hasta un espacioso almacén. Una puerta trasera de descarga permanecía abierta. Junto a ella había estacionado un camión con el logotipo del hotel pintado a ambos lados.
El empleado del hotel asintió con la cabeza y desapareció. Owen abrió las puertas traseras del camión y Selwyn subió a él, seguida de Ginny. Bole empujó a Harry al interior.
Selwyn se puso un gorro de cocinero idéntico al que llevaba el empleado del hotel y se deslizó detrás del volante. Harry y los demás permanecieron escondidos en la zona de carga del camión.
Mientras la loca de los explosivos se alejaba del edificio, Harry se fijó en las dos maletas metálicas que había en el suelo. Una creciente sensación de temor le dificultaba la respiración.
-Las otras eran señuelos -le dijo Bole, advirtiendo la dirección de su mirada-. Mantendrán a tus amigos ocupados durante un rato, porque parecen auténticos y llevan un reloj conectado -sacudió la cabeza mirando a Harry-. No creerías que éramos tan estúpidos como para no tomar precauciones, ¿verdad?
Sí, lo había creído. Harry había dado por sentado que, dado que en el golpe a la IBM no habían utilizado señuelos, en éste tampoco lo harían.
Gran error. Debería haberse dado cuenta de que, si Rorier pensaba hacer acto de presencia, se tomarían medidas de seguridad extraordinarias. Owen se pasó al asiento del pasajero, al lado de Selwyn, y le dio unas indicaciones.
-Tu gente y tú pensaban que estaban alertados? -dijo Bole con una supremacía que a Malfoy le daría envidia-. Pero nunca confié en ti, Harry Potter.
-¿Cómo me descubriste? -preguntó Harry-.
-La cuestión no es cómo, sino gracias a quién.
Harry parpadeó. Su mirada buscó al instante a Ginny, que apartó los ojos sin inmutarse.
-Ella te siguió anoche. Me lo contó todo -Bole se rió secamente.
Harry se negaba a creer que Ginny lo hubiera delatado. Tenía que haber una explicación. Tragó saliva, sintiendo un nudo de emoción en la garganta. Tenía que concentrarse. Procuró despejar su mente de todo, salvo del deseo ardiente de vengarse de Lucian.
-Esto no se ha acabado aún -le dijo con odio.
Lucian se echó a reír.
-Te equivocas, amigo mío -Las manos de Ginny se movieron sobre el cuerpo de Harry. Sus dedos se detuvieron sobre la varita que el pelinegro llevaba en su antebrazo. Ella arqueó una ceja y miró a Bole.
-Creo que has olvidado esto -sacó la varita y la lanzó al otro lado del camión.
Harry aguardaba intensamente el momento de mirar a los ojos a Ginny. Quería ver su expresión. Tratar de leer su mente de nuevo. Pero ella se apartó sin mirarlo. Harry refrenó las palabras que quería decirle. No podía delatarla. Aunque ella lo hubiera traicionado, él no podía hacerle lo mismo a ella. La Ginny que él había conocido nunca habría puesto en riesgo la vida de él para vengarse. Pero tal vez no conociera a aquella Ginny. Tal vez por eso ella lo había elegido a él para el perfil Romeo. Quizá había esperado estos años solo para vengarse. Harry apartó la mirada de ella. No podía creerlo.
Habían salido de la calle, pero Harry no podía ver dónde estaban porque no había ventanas en la zona de carga. Selwyn condujo el furgón alrededor de lo que parecía ser un estacionamiento y se detuvo junto a una puerta. Un lavacarros..
Mientras se sucedían las distintas fases del sistema automático, Selwyn se apartó del asiento del conductor y se quitó el uniforme blanco y el sombrero y abrió las maletas metálicas. Ella le hizo una seña a Bole, confirmándole que podían seguir adelante.
Ginny permanecía sentada solemnemente, sin decir una palabra, procurando no mirar a Harry. Éste fijó su atención en Bole y pensó en abalanzarse sobre él. Sabía que podía vencerlo, pero no quería arriesgarse a que Gin resultara herida en la lucha que se desencadenaría.
Harry empezó a preguntarse cuánto tardarían Raffy y los aurores en darse cuenta de que se habían ido. Raffy llamaría a Malory. Los aurores perderían un tiempo precioso en desactivar los señuelos del hotel, mientras generaban barreras antimuggles. Mientras el lavacarros completaba su ciclo, Harry comprendió cuál era el objetivo de aquella aparente pérdida de tiempo. Acababan de quitar el logotipo del camión. Cuando salieron del túnel, Bole confirmó sus sospechas.
-Este furgón fue especialmente preparado utilizando una pintura que se quita con agua a alta presión. Así que, ya ves, aunque hubiera seguido lloviendo, no habría pasado nada. Impresionante, ¿no crees?. Además si no servía, Ginny es maravillosa con la varita, un simple hechizo de pintura.
-Lástima que el cerebro de la operación no seas tú -comentó Harry. La mirada asesina que le lanzó Bole lo convenció de que tenía razón. Lucian Bole era listo, calculador incluso, pero no era tan bueno. Aún no. Y, si Harry se salía con la suya, nunca lo sería.
- Como he dicho antes -añadió-, esto no ha acabado aún.
Lucian se reclinó contra la pared del camión mientras éste volvía a incorporarse al escaso tráfico. A aquellas horas de la mañana, un domingo, la mayoría de la gente estaba o en casa o en la iglesia.
-Permíteme decirte hasta qué punto se ha acabado –dijo Bole con arrogancia.
Harry se encogió de hombros.
-Tú mismo.
Ginny miraba fijamente hacia delante, procurando ignorar por completo la conversación. Harry quería pensar que saldría en su defensa antes de que todo aquello acabara, pero no podía estar seguro. Deseaba creer que lo que ella le había dicho poco antes acerca de que la confianza era esencial era su modo de decirle que lo tenía todo bajo control. Pero de eso tampoco podía estar seguro. Si el maldito hechizo no hubiera causado tal desorden en su cabeza, los dolores de cabeza, la confusión, todo aquello, habría confiado en ella. Pero, tal y como estaban las cosas, no podía contar con Gin. Sobre todo teniendo en cuenta que era ella la que lo había delatado.
Entonces recordó su desesperación, la tristeza que había notado mientras hacían el amor. Otra cosa que había pasado por alto .Todos los signos de advertencia estaban allí.
-Crees tener un as en la manga -comenzó a decir Bole, lleno de satisfacción-. Pero te equivocas -se agarró con una mano la muñeca que sostenía la varita con la que apuntaba a Harry, apoyada sobre la rodilla flexionada, y continuó-. Verás, dejamos que tu amiguita... - su frente se frunció-. Raffy, creo que se llama... Dejamos que volviera a su automovil y se pusiera en contacto con tu gente antes de que yo personalmente me ocupara de ella.
La rabia y el miedo se extendieron al mismo tiempo por el pecho de Harry.
-¿Dónde está? -preguntó, levantándos.
Bole lo golpeó en la frente herida. El dolor le penetró el cráneo, pero Harry lo ignoró.
-Siéntate…
Harry apretó los dientes para reprimir la rabia que lo consumía. Forzándose a obedecer a Bole, se sentó.
-¿Qué has hecho con Raffy, maldito...?
-No la ha matado -dijo Ginny de repente, con una nota de desesperación en la voz.
-Aún -añadió Bole.
-¿Dónde está? -Harry tenía que saberlo. Debía encontrar un modo de ayudar a Raffy. La sangre le chorreaba sobre el ojo. Se la quitó con los dedos. Ya no sentía dolor. No sentía nada, más que sed de venganza. Lucian Bole era hombre muerto.
-Digamos que está bien amordazada –Bole sonrió. No podíamos arriesgarnos a dejar pruebas, así que pusimos una de las bombas de Selwyn en el taller. No dejará ni el polvo -antes de que Harry pudiera decir nada, Bole retomó su arrogante monólogo.
-Ah, tu amiga Raffy -sonrió maliciosamente-. Unos ojos preciosos -suspiró con melancolía-. Está en el taller, esperando los fuegos artificiales -comprobó su reloj-. En menos de una hora, comprobará las extraordinarias dotes de Selwyn.
Harry miró directamente a los ojos de Bole y sonrió.
-ella te matará…-
-¿de que hablas? Ella estará demasiado ocupada observando la cuenta atrás del reloj, contando los minutos y los segundos hasta que... ¡BUM! -Bole levantó los brazos y se echó a reír mientras Harry lo miraba con odio-. ¿Y a ti qué más te da, Potter? Cuando eso ocurra, tú ya estarás muerto.
El camión se detuvo en el estacionamiento de servicio. El estacioneminto principal estaba aún casi vacío. Ginny miró su reloj. Media hora después, aquel mismo lugar estaría atestado de visitantes habituales y turistas.
Tenía que concentrarse. Era el único modo de cumplir con su deber. No podía mirar a Harry. Estaría perdida si lo hacía.
Él se lo había buscado. No se podía tolerar a los traidores bajo ninguna circunstancias. Ella lo sabía por experiencia.
Pero nada de eso importaba ahora. No podía permitir que sus pensamientos vagaran ni un instante. Sus emociones se habían cerrado horas antes. Ahora funcionaba únicamente por instinto.
Tenía una misión que cumplir. Nada iba a detenerla.
Selwyn se puso el pasamontañas.
-¿Lista?
Ginny asintió con al cabeza.
-Hagámoslo.
Cuando se levantó para deslizarse entre los asientos, Harry la agarró de la muñeca y la atrajo hacia sí.
-Suéltala -ordenó Bole, mostrando su varita.
Harry ignoró a Bole y, agarrando a Ginny de la nuca, la obligó a mirarlo.
-Ginny, estaré esperando a que vengas a rescatarme - la besó con una intensidad que la dejó sin aliento y luego la soltó. Ginny se alejó de él, tambaleándose, y sintió de pronto la piel húmeda por el sudor. Al pasar entre los asientos, oyó un puñetazo y el subsiguiente gemido de Harry. Apretó los dientes y miró hacia atrás una última vez. Él la miró fijamente.
-No contengas el aliento, Potter -le dijo ella-. Cuesta ganar. Deberías recordarlo.
Fuera del camión, Ginny se puso su pasamontañas y tomó una de las maletas metálicas de Selwyn. Sin decir nada, las dos se escabulleron entre la gruesa arboleda.
No sólo le habían dado a Harry una información errónea acerca del hotel. La de la iglesia también era un señuelo. Sí, había una ceremonia conmemorativa a los caídos de la batalla de Hogwarts en otro sitio, a la que asistiría la esposa de Kingsley. Pero ésta no era su objetivo.
Su objetivo era el primer ministro muggle. Ese día, a las doce, asistiría al funeral de un mago amigo suyo. Habría pocas medidas de seguridad. El ministro acudiría acompañado únicamente por sus guardaespaldas. Sería un blanco fácil. Y crearía una catástrofe y posible guerra con los muggles.
Ginny no sabía por qué era el ministro muggle era el objetivo de la misión. Suponía que se debía a que era un enemigo personal de Rosier. El asesinato del ministro era el motivo de la esperada aparición de Rosier.
Dentro de las maletas metálicas había una sofisticada videocámara muggle. Una vez colocada junto a la entrada de la capilla, Rosier podría presenciarlo todo desde la seguridad del camión.
Urnas sobre pedestales de piedra, rebosantes de flores blancas, marcaban la entrada al hotel. Selwyn y Ginny se movían a lo largo del perímetro, manteniéndose cuidadosamente entre las sombras de los arbustos y los árboles. Ginny vislumbró una espléndida fuente y un estanque en el que se alzaba una estatua de una mujer con un niño en brazos. Apartó la mirada, rechazando limagen de ella misma abrazando a una bebé.
Ella ya no era sentimental. Era una mujer con una misión. Pero de todos modos empezó a pensar.
Entraron en la capilla y Ginny se puso de inmediato manos a la obra. Los minutos pasaban volando mientras colocaba las cargas explosivas. Selwyn, en tanto, iba montando estratégicamente la cámara. Tenían sólo quince minutos para completar su tarea.
Ginny permanecía ciega a la espléndida arquitectura y a la deslumbrante belleza que la rodeaba mientras se desplazaba de un punto a otro. Podía haber conectado las cargas con los ojos cerrados y una mano atada a la espalda. Era todo tan sencillo, tan elegantemente sencillo... ¿Dónde ella había aprendido a usar estos chismes muggles? ¿Por qué no lo recordaba? Igual, nadie se daría cuenta hasta que fuera demasiado tarde...
Les quedaban aún tres minutos cuando salieron de la capilla y regresaron entre los árboles. Ginny se quedó paralizada cuando un sacerdote se detuvo un instante para admirar la estatua de la mujer. Selwyn gruñó y le dio un empujón en la espalda. Ginny señaló al cura. Selwyn inclinó la cabeza, comprendiendo.
Durante un minuto que fue el más largo de la vida de Ginny, esperaron a que el hombre siguiera adelante. El más ligero crujir de una hoja caída o el roce de suelas de goma sobre la hierba perfectamente recortada sería un desastre. Ginny no quería que el cura muriera. Cuando el hombre al fin pasó de largo, Ginny dejó escapar el aliento que había estado conteniendo.
-Todo despejado -musitó, y echó a andar hacia delante.
-Espera un momento.
Al darse la vuelta, Ginny se topó con la punta de la varita de Selwyn. Por alguna razón, no se sorprendió.
-Lo siento, Ginevra, pero aunque Lucian se fíe de ti, yo no.
Un fuerte golpe sonó en la puerta trasera del camión. Owen miró por el retrovisor lateral.
-Es el coche de Rosier. Dos de sus gorilas llevan armas muggles.
-Déjalo entrar -ordenó Lucian. Owen saltó del asiento del conductor y se acercó a la parte de atrás del camión. Desde el exterior las abrió de par en par.
Harry alzó la mirada y miró fijamente a Evan Rosier. Deseaba que Bole no le hubiera atado magicamente las manos a la espalda. Nada le habría gustado más que abalanzarse sobre aquel bastardo y tirarlo al suelo, donde le correspondía estar a una serpiente como él.
En el fondo de su mente, se preguntaba si Malory y Kingsley descubrirían lo que había ocurrido, si alguien se habría fijado en el camión y acudiría a detener aquella tragedia. Pero temía que eso no llegara a ocurrir. Su optimismo se había debilitado notablemente durante los minutos anteriores. Estaba claro que Ginny seguía pensando que era uno de ellos y que iba a servir de medio para destruir decenas de vidas.
Además de atarle las manos, Lucian lo había golpeado sin piedad. Harry había aguantado la paliza, pero estaba aturdido. No podía hacer nada por Ginny. Había fracasado en su misión. Y un montón de gente iba a morir por ello.
Rosier entró en el camión. Sus dos gorilas se quedaron fuera, junto al coche, vigilando.
-Así que éste es el espía -dijo Rosier, y, poniéndose en cuclillas, observó a Harry-. Me interesa muchísimo saber qué organización lo ha enviado. Estoy seguro de que no fueronlos aurores. Llevan mucho tiempo intentando infiltrarse en nuestra organización sin conseguirlo.
Harry no dijo nada. ¡por supuesto que eran loa aurores, maldito ignorante!
-Contéstale -ordenó Bole, alzando de nuevo la mano.
-Le diré quién me mandó -dijo Harry con voz ronca. Estaba seguro de que tenía rotas una o dos costillas más. Respiró cuidadosamente e hizo una mueca de dolor.
Rosier se inclinó hacia delante ligeramente.
-Estoy esperando.
Harry le escupió en la cara. Lo cual le costó caro. Cuando Bole acabó con él, Harry no podía sentarse. Estaba tumbado de lado y le dolían los brazos, de los que le habían tirado hacia atrás. Todo el cuerpo le palpitaba dolorosamente. Buen momento eligió para ser insolente, pero al menos le daría credibilidad a Rosier de ser de otra agencia, además de algunos minutos más de vida.
-Ya basta -la voz de Rosier-. La capilla se está llenando -dijo, señalando el monitor que Owen había colocado entre los dos asientos.
Harry se giró, gruñendo por el esfuerzo, para poder ver el monitor. Parejas y familias llenaban los bancos. Harry deseó gritar a Bole y a Rosier, decirles lo terrible que era todo aquello.
-Esperen –dijo Bole de repente.
Harry lo miró mientras Bole observaba de nuevo su reloj. Bole empezó a contar hacia atrás.
-Tres, dos, uno. ¡BUM! -sonrió a Harry-. Se acabó el taller -su sonrisa se hizo más amplia-. Se acabó
Raffy.
Harry se incorporó hasta sentarse. La rabia amortiguaba el dolor.
-Me las pagarás…
Rosier levantó una mano cuando Bole se disponía a golpear de nuevo a Harry.
-El sacerdote se está colocando en su sitio.
Harry sintió una náusea mientras veía al cura acercar se al altar.
-Cinco minutos -anunció Owen Wilson. Miró por la ventanilla-. Selwyn y Ginny ya tendrían que estar aquí. Bole señaló la puerta con la cabeza. -Ve a ver.
Rosier volvió a fijar su atención en Harry.
-Nadie puede detenernos, señor Potter. Nadie. Porque no dejamos pistas. Nuestra gente está preparada para morir por la causa. Reclutamos, golpeamos y luego desaparecemos sin dejar rastro -Rosier se encogió de hombros-. La estrategia perfecta.
Harry asintió con la cabeza.
-Sé exactamente lo que quiere decir, pero ¿lo sabe él? -inclinó la cabeza señalando a Lucian-. ¿Sabe él que está a punto de morir por la causa?
La ira brilló en los ojos de Evan Rosier.
-Lucian es muy importante para nosotros. Ignoro qué está usted insinuando.
-Piénsalo, Bole -dijo Harry-.Aparte de ti, ¿quién sobrevivió a la otra misión en la que participaste? ¿Quién dio la orden de eliminar a Hans?
-¿Va todo bien, señor Rosier? -preguntó el más bajo de los dos gorilas, montándose en el asiento del conductor del camión.
Bole miró vacilante al recién llegado y luego a Harry.
-La ASMM me necesita. Yo no les he fallado, como les falló Hans. A él le faltaba concentración y disciplina.
-Exactamente, Lucian -dijo Rosier.
Harry se echó a reír y empezó a toser. Las costillas le dolían muchísimo.
-Sigue pensando así, Lucian -dijo imitando el tono de Rosier.
-Esto sólo es el principio, señor Potter -le dijo Rosier-. Tenemos muchos más planes. Planes que no puede usted ni imaginar.
Owen se acercó corriendo a la parte de atrás del furgón, con Selwyn.
-No encuentro a Ginny -dijo, jadeante.
-Perdió los nervios -dijo Selwyn, mirando a su alrededor como si temiera que Ginny saltara sobre ella desde la nada-. Esa zorra intentó matarme. Yo me limité a defenderme...
Rosier atajó sus palabras, fijando la mirada en el monitor.
-Es la hora.
Owen montó en el asiento del pasajero y ajustó rápidamente el monitor. Harry miró a Owen y a Selwyn y, luego, al monitor. Una nueva oleada de miedo se apoderó de él. ¿Dónde demonios estaba Ginny? ¿Y si Selwyn ya la había matado? Comenzó a retorcer las manos y a doblar las muñecas, intentando desatarse de las cuerdas unidas con magia.
Lucian comenzó a contar de nuevo hacia atrás.
-Diez, nueve, ocho... -Harry lo intentó con más fuerza- cinco, cuatro, tres...
Harry miró fijamente el monitor. La sangre y la emoción le nublaban la visión. Sin embargo, seguía viendo a la gente que estaba a punto de morir.
-¡Uno!
Harry contuvo el aliento.
Nada ocurrió.
-¿Qué es esto? -gritó Rosier.
Una sonrisa se extendió por el rostro de Harry al contemplar la apacible escena que mostraba el monitor.
Una detonación amortiguada resonó en la parte frontal del camión. Owen se desplomó contra la puerta del pasajero al recibir un disparo certero en el cráneo. Los ojos de Bole se agrandaron.
-¿Qué hace?
El segundo disparo del matón de Rosier silenció a Lucian Bole para siempre. Selwyn, que fue la siguiente, se desplomó sobre el asfalto.
El gorila que esperaba fuera metió el cuerpo de Selwyn en el furgón, junto a Harry. Éste intentó apartarse cuando el matón extendió los brazos hacia él.
-Llévalo al automovil -ordenó Rosier, y se volvió hacia Harry-. Verá, señor Potter, pensamos mantenerlo vivo un poco más -inclinó la cabeza ligeramente-. En cuanto averigüemos para quién trabaja -puso una mano sobre el hombro de Harry antes de que el matón lo arrastrara fuera del camión-.
-¡QUIETOS!
Ginny.
Lágrimas de alegría ardieron tras los ojos de Harry. Nunca se había alegrado tanto de ver a alguien.
-¡Mátala! -ordenó Rosier con voz salvaje.
-Yo no haría eso, si fuera tú -alguien montó una varita justo detrás del gorila más próximo a Ginny.
Las túnicas azules los delataban, Harry estuvo a punto de echarse a reír. ¡Había llegado la caballería!
El otro tipo que había llegado con Rosier fue obligado a salir del camión y a tirarse al suelo.
-Inmobilícenlos -ordenó otro auror.
-Te has hecho esperar -le dijo Harry a Ginny. Se alegraba tanto de verla que ya no lo preocupaba si estaba enfadada con él o no.
-Dijiste que viniera a rescatarte -ella se encogió de hombros y bajó la varita-. ¿Qué otra cosa podía hacer?
-Podías desatarme -sugirió Harry, ansioso por abrazarla.
Sin previo aviso, Rosier se lanzó sobre Ginny. Harry se abalanzó hacia él de cabeza, pero falló y cayó sobre el asfalto. Hizo una mueca de dolor y procuró levantarse tan rápido como pudo.
-Si alguien se mueve, la mato -Rosier se había apoderado de la varita de Ginny y la apuntaba con ella.
-Suéltala -dijo con aspereza-. Llévame a mí.
Un escuadrón entero de agentes aurores los había rodeado. Pero Rosier jugaba sucio. Se mantenía resguardado por las puertas abiertas del camión y tras el cuerpo de Ginny.
Rosier sonrió mirando a Harry.
-¿Por qué no me llevo a ambos? -señaló a uno de los aurores-. Dile que te suelte. Tú conducirás.
Harry le hizo una seña al auror quien lo desató.
-Listo -dijo.
Rosier sacudió la cabeza.
-¡Entra!
Ginny gritó de dolor. Harry se estremeció, intentando conservar la calma.
-Cierra las puertas -le ordenó a ella.
Mientras Rosier la sujetaba con un brazo por el cuello, Ginny extendió los brazos e hizo lo que le ordenaba. Harry se montó tras el volante y encendió el motor.
-¿Adónde vamos?
-Tú sal de aquí -rugió Rosier.
Harry dio marcha atrás y pasó entre los numerosos agentes vestidos de azul. Vislumbró a un par de inefables. No fue hasta ese momento cuando se acordó de Raffy.
-Gira a la derecha -dijo Rosier cuando Harry se detuvo a la salida del estacionamiento.
Intentando no pensar en Raffy, Harry miró a derecha e izquierda. Parpadeó. Se había olvidado de Owen. El muchacho seguía desplomado contra la puerta del pasajero.
Harry necesitaba un plan. Entonces recordó algo que había dicho Owen: «Siempre llevo un arma de repuesto escondida en el asiento del copiloto». ¿varita o pistola? A estas alturas nno le importaba.
Harry se reclinó por completo hacia atrás y observó. Sí, había una varita sujeta con cinta. Miró a el cadáver de Owen y le dio las gracias para sus adentros.
El semáforo del cruce se puso en rojo y Harry se detuvo.
-¿Por dónde? -preguntó, mirando a Rosier. -Sigue recto.
Rosier seguía agarrando a Ginny, pero ella se había apartado de él lo más posible. Sus cuerpos estaban separados por unos pocos centímetros.
-¿Y luego? -insistió Harry, intentando ganar tiempo.
-¡Cállate y conduce! -Rosier tenía la cara morada de rabia.
La mirada de Ginny chocó con la de Harry un instante. Y con eso bastó. Ella sabía qué hacer. La legirimancia fue puesta a prueba y no falló. Una simple orden: autoprotego.
-Está bien, está bien -dijo Harry, irritado-. Hay que esperar a que el semáforo se ponga en verde porque tenemos coches delante. Y, además, necesitas un plan. No pensarás escapar sin un plan. Esos tipos tienen que estar pisándonos los talones.
Diciendo esto, Harry convocó la varita en silencio y apuntó a Rosier. Ginny se había apartado todo lo posible, protegida. Distraído momentáneamente por la posibilidad de que los inefables los estuvieran siguiendo, Rosier ni siquiera se enteró de lo que pasaba:
Alguien desde la sotea le había enviado un avada cadabra a Evan Rosier que cayó muerto sobre Lucian Bole. Harry acercó el camión a la acera y salió de un salto. Abrió las puertas de atrás y tomó a Ginny en sus brazos. Durante un rato, no fue capaz de decir nada. Sólo podía abrazarla. Finalmente se apartó y la miró.
-¿Estás bien? ¿De veras estás bien? Pensé que te había perdido cuando Selwyn apareció sin ti.
Ella arqueó una ceja.
-Selwyn y yo tuvimos unas palabras. Ella intentó matarme y yo la confundí un rato -Ginny se encogió de hombros como solía hacer-. Pero está claro que no tanto como yo esperaba. Es una lástima que volviera corriendo al camión.
Harry escudriñó su cara sin apenas oír lo que decía.
-¿Tu memoria funciona normalmente? ¿Sabes quién eres y lo que está pasando?
Ella se echó a reír.
-Sí a todo -se enjugó las lágrimas de las mejillas-. Durante los últimos días fui recordando imágenes y fragmentos, pero luego, durante la noche... -se encogió de hombros-. No sé si fue por los sueños o qué -buscó la mirada de Harry-. Pero lo recordé todo.
Harry se metió los dedos entre el pelo y exhaló un fuerte suspiro.
-Gracias a Merlín -se quedó callado un momento-. Raffy…-susurró-. Ellos...
-Raffy está bien -le aseguró Ginny.
Harry frunció el ceño.
-¿Cómo lo sabes? -una docena aurores llegaron-. ¿Cómo sabían dónde tenían que ir? -Harry miró a su alrededor.
Ginny sonrió.
-Deberías confiar más en mí, Potter. Después de que Lucian Bole no me dejara más remedio que delatarte, tuve que idear un plan alternativo. Dejé una nota en el todoterreno, con los señuelos. Y desactivé la bomba del sótano, así como las de la capilla. Pero, por si acaso Selwyn tenía preparada alguna otra sorpresa, les dije en la nota que mandaran un equipo de inefables a la casa, y especialmente al sótano.
-además no estaba sola- Harry la miró sin comprender –Hans también es un inefable, y no murió por un balazo: su prima, Linsay es una excelente inefable y medimaga, estaba cerca cuando sucedió…
-Gracias a Merlín. Eso significaba que Raffy estaba bien y Hans estaba vivo. ¡Era de los buenos!
-Eres increíble, ¿lo sabías, Ginny? –Harry deseó abrazarla de nuevo-
La sonrisa de Ginny se desvaneció al instante.
-Tenemos que hablar.
Había llegado el momento. Ginny sabía lo que él le había hecho y no lo había perdonado. Harry no podía reprochárselo.
-Sí, tenemos que hablar.
Una expresión de dolor cruzó el rostro de Ginny. Dejó escapar un gemido y se agarró la cabeza con las dos manos.
-¡Oh, Merlín! -gimió.
Harry la agarró antes de que cayera al suelo. Miró a su alrededor, algo blanco se movía lejos, en la sotea de un edificio, le habían enviado un hechizo que rozó a Ginny. ¿la misma persona que mató a Rosier?...
-¡Que alguien llame a San Mungo! -gritó él. Apretó a Ginny contra su pecho e intentó reconfortarla-. No pasa nada. Todo va a salir bien. Tenía que ser así. Después de todo lo que habían pasado juntos, no podía ser de otra manera.
¿Cuánto van a tardar? -Harry se paseaba de un lado a otro por la sala de espera. No sabía cuánto tiempo podría seguir esperando. El dolor de sus numerosas heridas se había disipado hasta volverse insignificante gracias en parte a la acción de Lindsay, la compañera inefable de Ginny.Esa chica era un prodigio sanando heridas.
Jack Malory lo señaló con su cabeza.
-Te estás volviendo loco por nada, Potter. Ella se pondrá bien. Ahora, siéntate. Es una orden.
Harry sacudió la cabeza y se dejó caer en el sillón más cercano. Al cabo de unos segundos, Malory dijo:
-Has hecho un buen trabajo, Potter. Solo que la misión no ha concluído: Los dos matones que acompañaban a Rosier han confesado que estaban bajo la maldición imperius. Y que actuaban bajo las ordenes de alguien más, que no era Rosier. Pero no recuerdan su rostro. En este momento están en el de Priori Incantatem para luego pasarlos al salón de la memoria.
-Malory, algo mató a Rosier. Una figura se movía ágil entre las soteas. No llegue a divisarla- Jack Malory chasqueño la lengua. –Sirius Black será el encargado de seguirle la pista a lo que sea esté detrás de esto, el asecino de Rosier temía que algo dijera, tenemos que averiguar que.-
-irás de inmediato con Black, será tu última misión antes de graduarte como auror-
-estás loco, no puedo ir… Ginny.. ella-
-estará bien, el misterioso asecino importa más, además, hay algo que encontramos en las ropas de Rosier- Malory extendió una fotografía. El corazón de Harry casi se le sale. Era una foto de Ginny. De cuando estaba en Hogwarts.
No lo pensó un segundo, Harry asintió con la cabeza.
-Eso está bien.
-con una condición, a Ginny solo se le asignarán misiones tipo uno, las de más bajo perfil, y no serán por más de tres días- Lany la necesitaba con ella.
La sonrisa de Malory fue de autosuficiencia. Talvez por que había conseguido que Harry Potter siguiera bajo las órdenes de Kinsgley.
-Trato hecho-
Sin embargo, Harry ya no prestaba atención a la conversación. Necesitaba saber qué tal estaba Ginny. Apenas llegó a San Mungo, mandó a llamar a Remus. Harry confiaba en que pudiera arreglar aquel lío.
A pesar de sus muchas incertidumbres, había una cosa de la que estaba seguro: no podría seguir viviendo sin Ginny. Lo cual era un castigo, porque con esa última misión, encontraría a quien fuera que la había hechizado. La misión podría durar un día, o meses, un dolor golpeó a Harry… Talvez para ese tiempo ya estarían con Ginny y con Lany, con su bebé.
Harry alzó la mirada y vio que Raffy entraba en la sala. Se levantó, al igual que Malory.
-Me alegro mucho de verte -murmuró Raffy-. Durante un rato pensé que habías muerto. Ella se apartó. Sus ojos castaños resplandecieron.
-Yo también -.
Harry sabía lo que quería decir.
-Eres fuerte.
Ella lo abrazó otra vez y luego se volvió hacia Malory. -Tengo entendido que quería verme.
Malory la agarró del hombro.
-Tú también has hecho un gran trabajo, Raffy. Te felicito.
Ella asintió con la cabeza.
-Gracias, señor.
-Ahora -continuó Jack Malory-, quiero que te vayas a casa y descanses un par de días .Tenemos una misión importante para ti. Una misión que no puede esperar más que cuarenta y ocho horas.
Raffy se puso firme y alzó la barbilla.
-Estaré lista en veinticuatro horas, señor.
-Eso quería oír -Malory inclinó la cabeza, complacido, y volvió a sentarse.
Raffy señaló hacia los ascensores. Harry caminó con ella hacia allí.
Raffy entró-.Ya nos veremos por ahí, Potter -agitó los dedos en un pequeño saludo de despedida.
Harry le devolvió el saludo y se dio la vuelta cuando las puertas volvieron a cerrarse. Regresó a la sala de espera, sintiéndose desanimado. Ginny tenía que salir adelante. Había cosas que él necesitaba decirle. Aunque ella no lo perdonara nunca, tenía que intentarlo. Las puertas dobles que conducían la sala se abrieron de repente y apareció Remus. Harry se levantó de un salto y se acercó a él. Malory fue tras él.
-¿Cómo está? -preguntó Harry.
Remus respiró hondo y exhaló un suspiro. Harry apretó los dientes, preparándose para lo peor.
-Ha superado magníficamente la maldición. No hay lesiones aparentes, ni cicatrices. Todo parece en perfecto estado. No hay razón para suponer que la recuperación no vaya a ser perfecta.
-Pero... -sugirió Harry.
Remus pareció afligido.
-No lo sabremos con toda seguridad hasta que despierte y podamos hablar con ella -la esperanza de Harry se tambaleó. Había que seguir esperando-.
Tenía la boca increíblemente seca cuando despertó. Observó la habitación con ojos borrosos. ¿Dónde estaba? En San Mundo. Ah, sí. Recordaba vagamente el trayecto en traslador medico. Harry con ella.
Parpadeó, intentando contener las lágrimas. Ginny también recordaba vivamente cómo le había hecho el amor. Sus palabras susurradas, las caricias que tanto prometían...
No había olvidado ni por un instante a Harry. Le había guardado rencor durante mucho tiempo, pero nunca había dejado de quererlo. Aun así, una parte de ella deseaba propinarle una patada en el trasero por haberse acostado con esas dos muggles.
Sin embargo, Ginny había deseado desesperadamente saber que Harry estaba atormentado y arrepentido y estaba dispuesto a gritarlo a los cuatro vientos. Él había intentado explicarle su situación, pero ella se había negado a escucharlo. Ginny había visto remordimientos en sus ojos incluso entonces, pero estaba demasiado furiosa y dolida para comprender que Harry era tan sólo un hombre, tan susceptible de cometer errores como ella misma.
Lo había perdonado, no había sido justa con él. Tiempo después, claro está. Su corazón se ablandó con el nacimiento de Madelaine Potter, Lany, y con el hechizo encubador que Harry realizó para salvarlas a ambas. Pero incluso ahí no lo había perdonado.
Sirius Black fue quien le explicó, para su vergüenza, de un modo muy, muy Sirius: a Harry le había tocado guardia en Azkaban por un mes, como prueba de su entrenamiento auror. Eso le distorcionó un poco los sentidos y cuando salió, el primer lugar donde fue, un bar muggle. Sirius le terminó de explicar que cuando un hombre sale de Azkaban, precentaba toda clase de necesidades, multiplicadas por mil: comer, dormir, sexo…
La misión y el hechizo de memoria explicaban la repentina reaparición de Harry en su vida. Ginny intentó recordar cómo había ocurrido todo. Recordaba haberse ofrecido voluntaria para el programa. Al rellenar el cuestionario acerca de su Romeo, no había pensado conscientemente en Harry, pero después de rellenar todos los espacios en blanco, le había salido él. A fin de cuentas, Harry era el dueño de su corazón. Por suerte, Harry estaba disponible y había accedido a rescatarla. Sonrió.
Ginny miró a su alrededor un poco más, intentando recomponerse, y su mirada se posó en el hombre que ocupaba buena parte de sus pensamientos y de sus sueños desde hacía más de diez años.
Ginny sonrió. Merlín, qué guapo era. Para ser el hombre que le había roto el corazón, se veía espectacular.
Harry tenía la barbilla ensombrecida por la barba y el pelo revuelto. Parecía haber dormido con la ropa puesta. Pero, por lo demás, estaba guapísimo.
Ginny le había perdonado su error, pero no le había dicho. La verdad era que ella también se había equivocado. A pesar de que él le había rogado que lo escuchara, que lo perdonara por el error que admitía haber cometido, ella se había dejado dominar por el orgullo.
Ahora todo sería distinto.
Las pestañas oscuras de Harry revolotearon, dejando al descubierto sus increíbles ojos verdes, nuevamente tras unas gafas redondas. A Ginny se le paró el corazón.
-Has vuelto -musitó él. Se levantó y se acercó a su lado-. Me alegro de ver esa sonrisa.
Ginny se llevó la mano a la boca. No se había dado cuenta de que estaba sonriendo. De pronto sintió una punzada de dolor.
-Me duele la cabeza.
-Te han quitado el hechizo -le dijo Harry-. Remus y Tonks dicen que todo ha salido a la perfección. ¿Cómo te llamas? Ella frunció el ceño.
-¿Qué?
Harry arqueó una ceja.
-Se supone que debo comprobar que todo funciona bien. Así que ¿cómo te llamas?
Ella dejó escapar un suspiro impaciente. -Créeme, Potter, todo está en perfecto orden. Él asintió con la cabeza, dubitativo. -Bien. Ella se mordió el labio inferior. ¿Cómo podía estar tan guapo? ¿Cómo podía ella desearlo tanto y al mismo tiempo tener ganas de darle una patada en el trasero?
-¿Y tú? -preguntó de mala gana, con petulancia- ¿Estás bien?
Él se apretó una mano contra el estómago.
-Linsay me dejó como nuevo.
Para exasperación de Ginny, una sonrisa se abrió de nuevo paso hasta su boca. La suprimió inmediatamente. -Hay una cosa que me sigue molestando. Él frunció el ceño, preocupado.
-¿Qué? ¿Quieres que llame al medimago?
Ella estuvo a punto de sacudir la cabeza, pero se contuvo. Dobló el dedo.
-Acércate.
Él se inclinó, frunciendo aún más el entrecejo. -Desde que recuperé del todo la memoria, no dejé de pensar en patearte el trasero -entornó los ojos, mirándolo-. Así que procuré no mirarte ni hablar contigo. No quería echar a perder nuestra coartada. Lo único que me impidió no hacerlo fue saber que, al final, conseguiría vengarme.
Él pareció sorprendido.
-Yo, eh, lo comprendo -dijo francamente-. Cometí un error, pero…
Ella lo calló con un dedo
-Te propongo un trato -dijo ella-. Yo no te daré una patada en el trasero en el estado en que te encuentras, ¿de acuerdo? Recibiste dos palizas por mi culpa, así que puede decirse que estamos empatados -alzó una ceja-. Eres un tipo con suerte.
-Ginny, yo no espero que...
Ella hizo un gesto, menospreciando sus palabras.
-Estoy demasiado cansada para hablar sobre esto largo y tendido, o para discutir sobre quién tiene la culpa de qué y quién está en deuda con quién, así que si traes a Lany, y nos construyes una casa… lo dejaré pasar.
Él sonrió -¿muy materialista Weasley?- sin poderlo evitar ella volvió a sonreir
–está bien, con que me traigas a Lany, estaremos bien-
-Lo que hiciste estuvo mal. Pero yo también me equivoqué al dejarte ir sin darte una oportunidad de arreglar las cosas. Cuando amas a alguien, el amor debe estar por encima de todo. Yo no le di ninguna oportunidad a nuestra relación. Él se quedó callado un momento.
-¿Tú me quieres?- a Ginny le pareció un niño asustado.
-Como si no lo supieras -dijo ella con disimulo.
-Quiero que lo intentemos otra vez. ¿Te parece bien?
-Oh, sí -él le besó la frente-. Claro que sí, amor- se incorporó y la miró sospechosamente-. Sólo una pregunta. ¿Qué demonios pusiste en ese perfil de Romeo? Malory dijo que...
-Esa información es confidencial -lo interrumpió ella suavemente-. Ahora, bésame, Potter, antes de que cambie de idea y te dé una patada en el trasero.
-A sus órdenes, señorita Weasley.
Harry la besó. Y en ese momento, cuando la pasión, el deseo y la necesidad se fundieron en uno en su corazón, Ginny comprendió sin ningún género de duda que Harry y ella estaban a punto de reescribir su historia; pero no por ahora.
Tan solo horas después, Harry, que seguía acostado con Ginny en la cama de San Mungo, le explicó su nueva realidad: pero no le dijo toda la verdad, ni siquiera mensionó la fotografía de ella en las ropas de Rosier.
-¿entonces te irás?-
Él asintió -¿Por cuánto tiempo esta vez?-
-no lo sé- sus ojos verdes se clavaron en ella. -¿volverás antes de mi cumpleaños, o el de Lany almenos?-
Él no sabía que decir. –lo intentaré-
-para entonces, el hechizo se romperá y volveremos a estar juntos-
-si- él apoyó su frente con la de ella.
Ginny asintió. Solo una separación más, solo una misión más y Harry, Lany y ella serían una familia.
FIN
El fic que sigue cronológicamente es "Novia por Accidente." Ya lo publiqué y terminé. Algunos datos se amarran y otros quedarán como cabos sueltos, recuerden que es una serie de cinco fics.
MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS Y MÁS QUE TODO POR SU PACIENCIA.
