CAPÍTULO 7: VACACIONES

A la mañana siguiente, los cuatro policías y el detective estaban esperando a que les llamasen para entrar por la puerta de embarque. L había cogido los billetes en Business. Cuando estaban todos en el avión, se sentaron Light al lado de la ventanilla, Leyre a su lado y L junto al pasillo, con el pasillo a modo de separación, Matsuda y Stella se sentaban en los dos asientos contiguos, bromeando constantemente y sacando de quicio al detective.

El vuelo duró unas nueve horas, las cuales pasaron con los jóvenes la mayor parte del tiempo durmiendo, excepto L que había decidido arrasar con todos los dulces del avión.

Al llegar al aeropuerto, un taxi les llevó al hotel, cercano a la Playa del Carmen. Habían cogido tres suites contiguas y se distribuyeron de la siguiente forma: Light y Leyre en una, Matsuda y Stella en otra y para decepción del detective, él solo en una habitación. Cada uno se metió en su respectiva suite para deshacer el equipaje, ya que pasarían una semana en el hotel.

En la habitación de Leyre y Light todo parecía tranquilo.

La chica colocaba la ropa en el armario, todavía impresionada por el lujo del hotel.

Light observaba el paisaje desde el balcón, admirando la belleza del mar turquesa que se extendía hasta el límite entre la tierra y el cielo.

Cuando Leyre terminó de colocar todo, se reunió junto al castaño que seguía absorto mirando las magníficas vistas.

-Precioso, ¿verdad?- preguntó Leyre observando la inmensa playa de pálida arena que tenían frente a ellos- Al final tendremos que darle las gracias a L.

-Es espectacular, sí...- susurró Light contemplando a la chica, que se giró para mirarle, notando como su comentario no se refería sólo al paisaje.

El policía besó a Leyre con dulzura en los labios, tomándola de la barbilla y pasando después su mano por el cuello de la joven.

Ella siguió el beso con una ligera sonrisa.

Los labios del policía pasaron por la mejilla de la chica y bajaron por su cuello con delicadeza.

Los brazos de Light rodearon a la chica, guiándola hasta la cama. Allí la tumbó con su cuerpo sobre ella, moviéndose con cuidado, sin brusquedad, acariciando placenteramente a la joven que se estremecía con cada roce.

Los besos eran lentos, rodeados de caricias provenientes de ambas partes.

Light bajó los besos a la clavícula de Leyre, bajando con sus manos los tirantes de la camisa de la chica, besando también sus hombros, haciendo que ésta cerrase los ojos disfrutando de tanta atención, acariciando los cabellos del castaño.

Rodeó las caderas del policía con sus piernas y pasó sus manos por debajo de la camisa de Light, acariciando su espalda.

Algunos besos se convirtieron en pequeños mordiscos que acababan por lamer la piel de la chica con más ansia.

Llegados a este punto alguien llamó a la puerta de los chicos, interrumpiendo la escena.

-Light, Leyre, nos vamos a cenar fuera. Salid ya- la voz de L sonó desde el pasillo del hotel, haciendo que por un segundo ambos policías asesinaran mentalmente al detective.

Se colocaron la ropa y el pelo, abriendo la puerta y saliendo al pasillo encontrándose con L encorvado, en su postura habitual con las manos en los bolsillos.

En la habitación de al lado, Stella y Matsuda habían acabado de colocar ya todo el equipaje.

El chico estaba sentado en la cama observando los movimientos de Stella, encandilado.

Ella se dio cuenta de esto y se giró mirándole con una sonrisa.

-¿Qué ocurre?- le preguntó divertida.

Matsuda se sonrojó al instante.

-Oh... Nada... Es sólo que... Hace dos semanas que salimos y ya vamos a dormir en la misma cama y bueno...-Dijo el chico algo cortado.

-Si quieres les pedimos al servicio de habitaciones que suban otra cama- sugirió Stella bromeando con una sonrisa.

-No, no, si así está genial -el rubor de las mejillas del chico era más que evidente.

A Stella le pareció increíblemente tierno verle tan preocupado por dormir junto a ella.

La chica se sentó a su lado para descansar un poco tras deshacer todas las maletas.

El policía la observó con timidez, y al tenerla tan cerca sonrió con dulzura.

Ella le devolvió la sonrisa, dando valor al chico para acariciar la mejilla de Stella y dedicarle un tierno beso en los labios.

Stella se quedó quieta, sintiendo una vez más los labios de Matsuda sobre los suyos.

No le desagradaba del todo, pero la atracción no era igual a la que había sentido con el detective poco tiempo atrás.

Ella, aún así, correspondió el beso, dejando que el chico la tumbase en la cama y siguiese con los besos.

La policía pasó sus manos por el pelo del chico, haciendo que este intensificase el beso, entrecortando su respiración.

Las manos de Matsuda pasaron por debajo de la ropa de la chica con algo de torpeza.

El chico se apoyó mal sobre la cama, tambaleándose y cayendo de llenó sobre Stella, que no pudo evitar reír por la situación.

El joven también rió algo avergonzado, y tras esto volvió a besarla interrumpiendo la risa de la chica, con más intensidad, sorprendiendo a la policía. Al parecer no era tan torpe.

Matsuda estaba ya sobre ella, acariciando una de las piernas de Stella, subiendo por el muslo, agitando el pulso de la chica.

Fuera, en el pasillo, donde Light y Leyre acaban de salir, L les dedicó una sonrisa malévola con claras malas ideas.

Light suspiró sabiendo lo que intentaba.

El detective cogió algo de impulso y aporreó la puerta con abrumadora fuerza, casi derribándola.

-¡Matsuda, Stella! ¡Salid ya! ¡Nos está esperando el taxi!- exclamó el detective haciendo que Matsuda se sobresaltase en la cama.

Ambos se levantaron y, colocándose la ropa, salieron al pasillo. Stella miró a su alrededor y vio a L frente a la puerta.

Sin decir nada salieron del hotel. Pero fuera no había ningún coche.

-¿Dónde demonios está el taxi?- bufó Stella percatándose de la mentira que había soltado el detective.

-Oh, ahora vendrá. Voy a llamarlo- dijo con tranquilidad, cogiendo su móvil y llamando a un número.

Matsuda suspiró viendo que había sido interrumpido prácticamente por capricho del chico.

Y Light se dio la vuelta dando un punta pie a la pared del hotel, por no pegarle un puñetazo al detective.

En pocos minutos, llegó el automóvil, que les llevó directos a un restaurante que se encontraba en primera línea de playa. Ya estaba atardeciendo, así que decidieron sentarse e ir pidiendo la cena, la cual pasó extrañamente tranquila, por lo que tanto Light, como Leyre y Stella comenzaron a sospechar de que algo tramaba el detective. Se hizo de noche, y los cinco terminaron de cenar. A Leyre se le antojó un helado, por lo que Light tuvo que acompañarla a comprarlo, dejando a Stella, L y Matsuda solos.

-Podríamos dar un paseo por la playa. Es muy romántico- propuso Matsuda cogiendo la mano de Stella.

-Claro, me parece bien- contestó Stella sonriente, mirando al detective de reojo, el cual los observaba con demasiada atención.

-¿Vas a venir de sujeta velas?- preguntó Stella de forma cortante.

-No soy celoso, podéis hacer como si no estuviese- contestó L con pasotismo.

Stella bufó incómoda por la presencia del detective.

-¿Damos ese paseo?- preguntó dándose cuenta de cuanto molestaba esto a la chica.

Matsuda asintió sin percatarse de la tensión que había entre Stella y L, y los tres bajaron a la playa, quitándose los zapatos y comenzando el paseo.

No muy lejos de allí, Light y Leyre ya habían comprado el helado, y se les había ocurrido la misma idea, dar un paseo nocturno por la orilla de la playa.

El agua rozaba sus pies descalzos. Light salpicó sin querer a la chica, y ella le devolvió el gesto con una sonrisa burlona. El castaño la miró divertido y la salpicó aún más, haciendo que ella corriese intentando evitar el agua que ya había empapado parte de su ropa. Light corrió tras ella, siendo salpicado aún más, y en venganza, la cogió por la espalda intentando tirarla al agua. Leyre gritaba y pataleaba entre risas, notando como el castaño ya la había alzado del suelo dispuesto a tirarla, pero en el último momento, cuando ella ya se veía completamente empapada, Light la tumbó sobre la arena, quedando él a su lado, sonriéndole por la pequeña pelea.

-Ya se te ve mucho mejor- dijo Leyre observando al chico con dulzura.

Light la sonrió y con ese mismo gesto, perdió su mirada en el mar.

-Sí, ha sido buena idea venir aquí. Nos hacía falta algo de tranquilidad- murmuró con serenidad.

-Espero que ya no tengas más esas pesadillas- deseó la chica dirigiendo la mirada hacia el mismo punto donde Light miraba.

El castaño la observó atento, en silencio, escuchando cómo de fondo las olas rompían en la orilla.

-Sí... Cuando estoy contigo es mucho más fácil dejar de pensar en ello. Es como si estar a tu lado me tranquilizase. Nunca había sentido algo así por nadie- dijo el chico con sinceridad, observando a su novia y esperando una reacción por su parte.

Ella le miró con ternura, conmovida por sus palabras. El chico pasó una mano por la mejilla de Leyre, y acercándose lentamente, besó sus labios con delicadeza. Detuvo el contacto un momento, separándose apenas unos milímetros- Sabes que te quiero- tras decir esto, continuó con el beso acariciando la piel de la chica de forma cariñosa, delicadamente, como si temiese que en cualquier momento, ella fuese a desaparecer. Los besos de Light ya bajaban por el cuello de la chica, que le abrazaba atrayendo su cuerpo al de ella, encantada con esos pequeños momentos románticos que el castaño la regalaba. Light bajó las manos hasta la camisa de la chica, desabrochando los botones con dedicación. Cuando iba más o menos por la mitad de la camisa y sus besos se estaban volviendo pasionales, escucharon un silbido que les llamó la atención. Buscaron el foco del sonido con la mirada y se encontraron con que a lo lejos, en el paseo marítimo, se encontraban Stella, L y Matsuda, apoyados en la barandilla. La chica alzó la mano saludándoles con algo de burla. Leyre se abrochó los botones de la camisa, y Light se levantó y ayudó a la chica.

-Parece que no nos van a dejar en paz nunca- dijo el chico con una sonrisa falsa dedicada a sus tres amigos.

-Eso me temo- contestó Leyre con otra falsa sonrisa y devolviéndole el saludo a su amiga.

Los cinco se reunieron y volvieron al hotel, cansados por el largo viaje. Los primeros en entrar en la habitación, fueron Light y Leyre. Stella, Matsuda y L se quedaron frente a la habitación de esta última pareja, despidiéndose del detective.

-Bueno L, entonces... ¿Aquella es tu habitación?- preguntó Matsuda con una sonrisa inocente.

-Sí, es la mejor suite de todas. Espero que no os haya molestado, pero como iba a dormir solo, por lo menos quería tener la mejor de todas.

Stella no podía creerse lo avaricioso que podía llegar a ser el detective.

-La verdad es que dormir solo tiene que ser un rollo- dijo Matsuda con una mirada preocupada.

-La verdad es que sí, pero ya estoy bastante acostumbrado. Siempre estoy solo- contestó dedicándole una mirada fugaz a Stella.

-Vaya... Me da un poco de pena...- dijo Matsuda llevándose una mano a la cabeza.

-Tú tienes suerte Matsuda. Yo voy a pasar todas las vacaciones en esa habitación, solo- L lanzó una mirada de oso panda abandonado que derretiría el corazón a cualquier persona en el mundo, salvo el de Stella, que ya sabía lo que él chico intentaba.

-Oh, no digas eso L... ¿Por qué no duermes con nosotros?- propuso Matsuda encandilado por la mirada del detective. Stella no se podía creer que hubiese caído en sus redes tan fácilmente.

-No creo que sea buena idea. Esa habitación es para dos personas, además, L estará mejor en una suite como esa- rebatió Stella retando con la mirada al detective, segura de que ganaría ese pequeño duelo.

-Vaya Stella, parece que no quieras que duerma con vosotros, ¿acaso tienes miedo de que te haga algo? Te prometo que no soy sonámbulo. Aunque creo que tú eso ya lo sabes...- murmuró esto último, dejando a Matsuda confuso, sin entender muy bien a qué se refería. Stella decidió cambiar de tema rápidamente, antes de que el policía atase cabos.

-Sigo pensando que estarás más cómodo solo en esa suite. Además, nuestra habitación tiene solo una cama, y no creo que te sintieras agusto durmiendo junto a nosotros- siguió replicando la policía.

-¿Enserio crees que no estaría agusto?- de pronto L puso un tono algo pícaro, adoptando una postura intimidante.

-Pero podemos pedir una segunda cama- propuso Matsuda sin escuchar bien el comentario de L. Stella se negó en rotundo, viendo perfectamente en los ojos del detective sus intenciones.

-No, no, no y no. Que te acojan Light y Leyre, a ver si tienes más suerte- dijo Stella golpeándole con el dedo índice en el pecho, haciendo que L la observase desde arriba.

-Pero yo prefiero dormir con vosotros, tengo más confianza- volvió a decir con segundas. Stella ya comenzaba a irritarse, y Matsuda, sin pillar ni una, sonreía halagado.

-Oh, venga Stella, ¿es que no estás escuchando a L? No quiere dormir solo. Además, él ha pagado todo esto, deberíamos hacerle este favor- le pidió Matsuda apenado. Stella le miró con incredulidad, sin poder creer que fuese tan tonto de caer en el burdo truco del detective, cuya única intención, era molestarles. Para colmo, ella estaba quedando como la mala. L acababa de arrinconarla y estaba a un paso de la victoria.

-Pediremos una segunda cama y no molestaré. En cuanto queráis un poco de intimidad, sólo tendréis que pedirlo- prometió el detective con una expresión de niño bueno que terminó de convencer a Matsuda y sacó de quicio a Stella.

-¡Decidido! Duermes con nosotros- exclamó Matsuda triunfal sin saber la que había liado.

Llamaron al servicio de habitaciones y estos trajeron una cama supletoria que colocaron frente a la de matrimonio.

Cuando llegó el momento de acostarse, Matsuda y Stella, se tumbaron en la de matrimonio, y L parecía dispuesto a dormir plácidamente en la segunda cama.

Apagaron la luz y se hizo el silencio. Más o menos a mitad de la noche, Stella notó como alguien rodeaba su cintura desde atrás. El único tumbado en la cama era Matsuda, así que sin girarse, retiró la mano del muchacho.

-Ahora no Matsuda, tengo sueño- susurró Stella adormilada.

El joven agarró su mano con fuerza, y volviendo a rodear su cintura, la atrajo pegando su espalda a su torso y llevó los labios hasta el oído de la joven.

-¿Ahora no? ¿Cuántas veces lo habéis hecho?- preguntó L con cierto tono receloso.

Stella dio un respingo al escuchar la voz del detective tan cerca de ella

-¿Tú qué haces aquí?- preguntó Stella entre susurros, intentando zafarse de su agarre.

-Eso no contesta a mi pregunta- respondió L.

-Me da igual tú pregunta. ¡Vete a tu cama!- ordenó Stella consiguiendo apartarse de su lado, pero fue atrapada de nuevo por L, volviendo de nuevo a la posición inicial.

-Es que tengo frío...- dijo logrando pasar una de sus manos por debajo de la camisa de la chica.

Esta se revolvió entre sus brazos.

-Como no te apartes, grito- amenazó Stella.

L puso una mano sobre la boca de la chica, impidiendo que Stella gritase. Sus rostros eran separados por la propia mano del chico. L aprovechó la proximidad y apartó la mano. Rápidamente, antes de que Stella gritase, atrapó la boca de la chica con sus labios. El beso era voraz, demasiado violento, casi como si quisiese asfixiarla. Stella agarró al detective de la camisa queriendo apartarle, pero el detective mordió el labio de la chica con más intensidad cada vez que ella tiraba de su camisa. Por un momento ella pensó que le haría sangre, así que dejó de apartarle, notando como L aflojaba el beso. Se apartó dejando su rostro a escasos centímetros de la chica, la cual le dirigió una mirada de odio. L sonrió y se levantó.

-Ya no tengo frío. Buenas noches...- susurró sonriendo burlonamente y acostándose en su cama. Stella se giró ofuscada sin entender el comportamiento infantil del detective. Para sentirse más segura, se acercó a Matsuda, asegurándose de que aunque el detective volviese a despertarse, no podría volver a acercarse tan descaradamente.

Al día siguiente por la mañana, tras el desayuno, los cuatro policías y el detective, decidieron ir a practicar Snórkel. Antes de que los chicos se metieran en el agua para comenzar la actividad, los monitores les dieron un último aviso.

-No os acerquéis a las cuevas que hay entre las rocas, ya que suelen haber pequeños tiburones y anguilas- los chicos asintieron preparándose para bajar del barco. Matsuda estaba colocándose las aletas, cuando "accidentalmente", L desató unas cuerdas que sujetaban uno de los mástiles, que viró directamente hacia el policía, dándole un fuerte golpe en el pecho y tirándolo al agua.

Nadie se dio cuenta de esto hasta que Matsuda empezó a pedir auxilio, por lo que nadie se percató de que había sido el detective. Todos se asomaron corriendo, observando cómo Matsuda chapoteaba pidiendo ayuda. Light contuvo la risa, y Leyre se llevó la mano a los labios intentando ocultar lo divertida que resultaba esa escena. L sonreía abiertamente, apunto de soltar una carcajada.

-Tenemos que ayudarle- sugirió Stella buscando un salvavidas.

-Déjale que chapotee un poco, a ver si aprende a nadar- se carcajeó el detective.

Stella iba a gritarle cualquier improperio, cuando uno de los monitores se asomó para ver dónde había caído el chico.

-¡Tenemos que subirle ahora mismo!- exclamó el hombre- Esta zona no es apropiada para el Snórkel, hay muchas rocas, además hace poco avistaron varios tiburones blancos, y es muy peligroso- avisó el monitor alarmado.

Los chicos se quedaron boquiabiertos, y Light enseguida cogió el salvavidas y lo tiró al mar. Todos observaron atentos cómo Matsuda se agarraba al flotador, mientras Light y el monitor tiraban de la cuerda atrayendo al chico hacia el barco, pero ésta rozaba demasiado la cubierta de la embarcación, y tras arrastrar la cuerda pocos metros, ésta se arrojó y se rompió, dejando de nuevo al policía a la deriva.

-¿No hay más flotadores?- preguntó L alarmado, preocupado porque la broma se le estaba yendo de las manos.

-Sí, bajaré a la bodega, allí hay otro- dicho esto, el monitor abandonó a los chicos.

-¡Matsuda, no te preocupes, todo va bien!- gritó Leyre intentando tranquilizar al joven policía.

-Eso es, lo más grande que hay aquí, sólo son tiburones blancos- informó L con el dedo índice hacia arriba, haciendo que Matsuda pidiese ayuda entre chapoteos.

Entonces, se hizo un extraño silencio, en el que los chicos observaban atentamente al policía en el agua. De pronto, este pegó un bote asustado.

-¡Aaaaaahhhh! ¡Algo me ha rozado el pie!- gritó alarmado.

De pronto todos se pusieron serios ante la idea de que realmente el chico pudiese estar en peligro.

-Enserio, ahora me ha rozado las costillas- gritó Matsuda al borde del pánico. El chico comenzaba a ahogarse de puro miedo, sin saber ya cómo nadar.

A Stella se le heló la sangre, y sin pensárselo dos veces, se aupó en la barandilla del barco para saltar en rescate de su novio. Entonces notó cómo alguien la cogía de la camiseta por la espalda, y tiraba de ella hacia atrás, haciendo que se separase del borde del barco. En ese momento vio como L era quien se acercaba a la barandilla y saltaba sin dilación. El detective cayó al agua nadando hacia Matsuda. Stella estuvo apunto de llamarle "estúpido", no sólo había impedido que ella saltase, sino que se había tirado él mismo.

L llegó con rapidez junto a Matsuda, que seguía revolviéndose en el agua. L se agarró al salvavidas junto con el chico y le cogió del cuello de la camisa para que dejase de salpicarle.

-¿¡Quieres parar ya!? ¡Aquí no hay nada! Si sigues chapoteando, nos ahogaremos los dos- avisó L con seriedad.

-¡Pero tengo algo en la espalda!- exclamó el policía desesperado.

L llevó la mano bajo la camisa de Matsuda y de ahí sacó un pequeño pez que se revolvía en manos del policía.

La mirada de L lo decía todo.

-¿Te parece esto un tiburón blanco?- preguntó cogiendo al pececillo con la punta de los dedos y agitándolo frente a la cara de Matsuda.

El chico hizo un puchero algo avergonzado. L soltó al pez, que escapó al instante. Stella, Leyre y Light miraro Matsuda más aliviados, lanzándoles un nuevo salvavidas. Stella suspiró aliviada al ver que ya se acercaban al barco. Cuando iban por la mitad del camino, Stella empalideció, viendo una aleta enorme a unos 300 metros de L y Matsuda.

-¡Daros prisa, no perdamos más tiempo!- exclamó ocultándoles lo que acababa de ver, evitando que Matsuda chapotease de nuevo.

-Relájate. Acabo de salvarle la vida a tu novio- contestó L con retintín en las últimas dos palabras.

Light y Leyre también se percataron de la presencia de ese horrible animal, pero tampoco quisieron alarmar al detective y al policía.

-Daros prisa, venga, que se nos va a hacer tarde- les instó Leyre para que acelerasen.

Los dos comenzaron a subir por la escalera hasta la cubierta. Cuando llegaron junto a sus amigos, Stella le dio un abrazo a Matsuda, y Leyre y Light, a L. En ese momento, L se fijó en la aleta que sus amigos habían avistado.

-Madre mía Matsuda, tienes un sexto sentido. Ahí va tu tiburón- dijo el detective con serenidad, señalando la aleta. Matsuda empalideció apunto de marearse.

El resto de la mañana lo dedicaron al Snórkel, en una zona vallada mucho más tranquila. A la hora de comer, los chicos regresaron al hotel rememorando la caída de Matsuda una y otra vez, sin explicarse cómo había podido ocurrir.

Por la tarde decidieron bajar a la playa. Stella llevaba un bikini negro con dos tiras que se entrecruzaban en el pecho. El bikini de Leyre era rojo, de palabra de honor, con dos aros dorados a los lados en la parte de abajo. Los chicos llevaban bañadores por encima de las rodillas y de distintos colores. El de Light era blanco, el de L, negro y el de Matsuda, azul marino.

Los cuatro policías y el detective pusieron las toallas en la arena y se dedicaron a echarse crema. Leyre le echó bronceador a Light por la espalda.

-Podrías darme un masaje...- sugirió el chico con voz tentadora causando risa en la chica.

-Claro, claro- rió- Luego te lo doy- prometió pasando sus manos por su bien formada espalda, extendiendo la crema.

Matsuda le pidió a Stella que le echase crema por la espalda, pues también estaba muy blanco. El policía se sentó en la toalla y Stella se puso tras él de rodillas, pasando sus manos por los hombros de su novio. L ya estaba sentado en la toalla de al lado, mirándoles con incómoda atención.

-¿Ya te has echado crema, L?- preguntó Matsuda inocentemente- Mira que eres muy blanco- le recordó Matsuda.

-Sí, ahora me echo- respondió con una voz seria, como si estuviese pensando en otra cosa.

Todos menos L decidieron meterse en el mar. Stella y Leyre entraron con cuidado, al contrario que Light y Matsuda que se metieron al agua con brutalidad.

-Parad ya, que nos estáis salpicando- se quejó Leyre entre risas.

-Venga, si no está fría- dijo Matsuda invitándolas a sumergirse.

Light, al ver la indecisión de su novia, sonrió con malicia y la salpicó por completo. Ésta le observó indignada.

-¿Cómo te atreves?- gritó Leyre conteniendo la risa. Light se carcajeó, haciendo que ella saliese corriendo tras él, quien inmediatamente comenzó a huir, pero no pudo llegar muy lejos, ya que Leyre enseguida lo atrapó y se abalanzó sobre él, haciendo que este la cogiese a caballito, intentando no ser ahogado. Ella seguía intentando hacerle la aguadilla, pero el forcejeo duró demasiado y los dos terminaron cayendo al agua, en una parte donde no cubría apenas. Light y ella se levantaron completamente empapados aún entre risas.

-¡Eres idiota!- exclamó Leyre riéndose del chico.

Light la cogió de la cintura y la atrajo hasta su cuerpo, besándola con pasión. Ella pasó sus brazos por el cuello del chico, y este aprovechando el despiste de Leyre, comenzó a empujarla hacia atrás poco a poco mientras seguía besándola. Está no podía evitar reírse, notando como en pocos segundos caería al agua, pero no estaba dispuesta a ello, así que empujó al chico con fuerza en la misma dirección, haciendo que perdiese el equilibrio y tuviese que clavar una rodilla en la arena. Light no tuvo más remedio que dejar a Leyre en el agua, ya que sino, él también caería. Por tanto, Leyre quedó medio tumbada en la orilla y Light sobre ella, de rodillas. Él volvió a besarla, esta vez sin trucos. Unos metros más a la izquierda, Stella había continuado metiéndose en el mar, y cuando el agua le llegaba más o menos por el ombligo, Matsuda la cogió de la cintura y la levantó del suelo, causando un leve pataleo de la chica en el aire.

-¡Suéltame!- exclamó entre risas.

-Entendido- contestó Matsuda soltándola de golpe, haciendo que ésta cayese de lleno en el agua. Stella se levantó declarándole la guerra al chico con la mirada, y Matsuda comenzó a nadar despavorido mar adentro. Ella le siguió hasta alcanzarle en una zona donde casi no hacían pie. Ella le cogió de los hombros, y utilizando todo su peso, le hundió en el agua. Este emergió rápidamente, cogiendo a la chica de las muñecas, y evitando así, una segunda aguadilla. En vez de eso, hizo que la chica le rodease el cuello con sus brazos, haciendo que se acercase mucho a él. La distancia que separaba sus rostros era muy escasa, y fue acortándose poco a poco, hasta que Matsuda besó los labios de la chica con ternura. Ella le siguió el beso, acercándose más a él, apoyándose en los hombros del chico para salir un poco del agua. Matsuda bajó sus manos por la espalda de Stella, llegando a los cachetes de la chica, los cuales para sorpresa de Stella, apretó con fuerza, mientras profundizaba el beso. La chica pasó su mano por la mejilla del policía y rodeó con una pierna, la cintura del chico. Este, no conforme con el gesto, subió la otra pierna de la joven hasta su cintura, quedando completamente pegados. Los besos se estaban volviendo algo precipitados, debido a la excitación del joven. Matsuda subió sus manos de nuevo hasta la espalda de Stella, desatando la parte de arriba del bikini. Ésta no se percató de ello, hasta que sintió las manos del policía paseándose libremente por sus pechos.

Stella ahogó un suspiro, y muy a su pesar, detuvo al chico, poniendo el dedo índice en sus labios.

-Ahora no... Dejémoslo para esta noche- susurró Stella al oído de su novio.

El chico sonrió conforme, y tras darle un último beso, salieron del agua.

L había observado toda la escena de las parejas, mordiéndose el labio inferior con rabia. Sabía perfectamente que podría ser él, quien estuviese así, pero debido a la decisión que había tomado, eso era imposible. Aunque le diese rabia, prefería ver a Stella a salvo antes que amenazada de muerte. En la arena ya estaban Leyre y Light sentados, haciendo un pequeño castillo. Stella tuvo que echarle crema a Matsuda en la espalda nuevamente, para evitar que se quemase. Tras esto, los dos se unieron a sus dos amigos para hacer el castillo. L se levantó de su sitio dispuesto a participar, y tras ayudar un poco, se levantó del suelo y debido a su "torpeza" resbaló sobre una de las torres del castillo, salpicando a Matsuda toda la espalda de arena. El chico se levantó y fue hacia el mar para enjuagarse la espalda. Stella, que se había dado cuenta del detalle del detective, se levantó tras Matsuda para acompañarle al agua.

Light y Leyre también decidieron volver al mar.

-L, ¿no te vienes al agua?- preguntó Light con amabilidad.

-No me apetece. Demasiada sal y pececillos- contestó el detective sentándose en su habitual postura. Light respiró con resignación, y junto con Leyre, se marcharon al agua.

Los cuatro estaban nadando y riendo. Cuando se les ocurrió jugar a la pelota, Stella recordó que tenía una hinchable en el bolso y fue a por ella. Al salir del agua, vio al detective en la misma postura en la que le habían dejado, con el dedo pulgar en los labios. La observó llegar y le retiró la mirada sin interés. Stella frunció el ceño y sacó la pelota deshinchada del bolso con brusquedad. Cuando iba a irse, se fijó en que la piel blanca del detective se estaba tornando de un rojo fuerte. La preocupación pudo con ella.

-L, te estás quemando, ¿te has echado la crema?- preguntó Stella acercándose a él.

-¿Te estás preocupando por mí?- preguntó el detective evadiendo la pregunta de la chica, haciendo que ésta rodase los ojos.

L al notar esto, contestó a la pregunta de Stella.

-No, no me gusta pringarme.

-Madre mía, eres peor que un crío- dijo Stella agachándose a su lado y cogiendo el bote de bronceador. Echó un poco en su mano y la extendió por sorpresa en la espalda del joven, provocando que diese un respingo.

-Te he dicho que no quiero- murmuró L con una débil negativa.

-Ya estás quemado, por lo menos procura no terminar como un cangrejo- dijo Stella pasando sus manos por los hombros y espalda del chico provocando un escalofrío.

-Te dije que no te acercases a mí- susurró L entre dientes, queriéndose convencer a sí mismo.

-No te preocupes, que ya te dejo- Stella se levantó malhumorada no habiendo terminado de extender bien la crema por su piel. El detective cogió a Stella del brazo para detenerla.

-Ya que has empezado a echármela, por lo menos, hazlo bien- dijo el detective tumbándose boca abajo y esperando a que ella prosiguiese con su masaje. Stella bufó con intención de largarse y dejar al chico a solas con su soberbia, pero pensándolo mejor, decidió hacerle pagar todas de una vez. Se arrodilló a su lado extendiendo la crema por sus omóplatos, con cuidado para no hacerle daño. Bajó lentamente hasta sus costillas provocando que a L se le tensasen todos los músculos. Stella se dio cuenta de que aunque no quisiese, el detective seguía reaccionando a sus caricias. Siguió bajando hasta casi meter las manos por dentro del bañador, volviendo a subir, poniendo algo nervioso al detective, que suspiró levemente. Stella sólo pensaba en hacerle pagar por todas y cada una de las faenas que le había hecho el detective desde que cortaron.

-Date la vuelta. También te has quemado el pecho- ordenó esperando a que el chico obedeciese.

Una vez que el chico ya estaba bocarriba, Stella pasó una de sus piernas alrededor de su cadera, quedando sentada sobre él, sorprendiendo al detective que contuvo el aliento. L iba a hablar, pero se le trabaron las palabras cuando Stella pasó sus manos por su torso, repartiendo un poco de crema de su piel. Para llegar completamente hasta sus hombros, tuvo que moverse hacia arriba, tensando aún más al chico, al que ya le costaba respirar. Stella al notar esto, se echó hacia atrás, empujando su cadera contra la del detective, imitando unas lentas embestidas. L cerró los ojos y agarró con fuerza la toalla, entreabriendo los labios cuando la chica continuó con esos movimientos.

La crema hacía ya rato que se había absorbido por la piel del detective, pero Stella seguía con los movimientos, haciéndolos más profundos, acelerando incluso su propia respiración fingida para excitar aún más a L. Cuando el detective agarró la cintura de la chica dispuesto a bajarle la parte de abajo del bikini, Stella apartó sus manos y se quitó de encima. La chica se acercó descaradamente a su rostro con una sonrisa burlona.

-La crema ya está echada...- Stella miró hacia el bañador de L- Relájate pequeñín. Creo que necesitas algo de agua fría. En ese momento, L intentó agarrarla con frustración, pero Stella fue más ágil y se levantó dirigiéndose hacia el agua.

L se quedó en la toalla observándola. Esta vez, el derrotado había sido él.

Llegó la noche y tras darse una ducha, todos se arreglaron. Leyre, llevaba un vestido de palabra de honor, a la altura de la rodilla y con el pecho de color blanco, cinturón negro y falda rosa palo. Stella, llevaba un vestido blanco y negro de espalda abierta. L llevaba una camisa blanca ancha, sin botones y unos pantalones negros ajustados. Light, llevaba una camisa de botones rosa clarito y unos pantalones negros. Finalmente Matsuda, llevaba una camisa azul marino y un pantalón blanco. Los cinco amigos fueron a cenar a un restaurante. L ni siquiera miraba a Stella, pues estaba molesto por la "broma" de la chica, ya que por su culpa, había tenido que meterse en el mar. Matsuda, ajeno a todo lo ocurrido, llevaba a Stella de la mano con una sonrisa boba en la cara. Light también llevaba a Leyre de la mano. El chico, sintiendo algo de calor, se llevó una mano al cuello de la camisa, desabrochando uno de los botones, dejando más al descubierto su bien formado torso, captando las miradas de la mayor parte del género femenino del restaurante, incluidas las miradas de Stella, L y Matsuda, que le observaban sin poder evitar preguntarse cómo conseguía estar tan bueno. Leyre le arrastró de la mano, intentando evitar todas esas incómodas miradas. Se sentaron en una mesa, y tras terminar de cenar, decidieron pasar el rato en un pub karaoke que había cerca de allí. Comenzaron tomando unas copas sin atreverse ninguno a subir al escenario. Tras varias copas, Light fue el primero en subir. Eligió la canción "I don't wanna miss a thing" de Aerosmith. Evidentemente, la mayor parte de la canción la pasó mirando a su novia. En cuanto acabó, todos aplaudieron al castaño, incluida gente externa al grupo, que había comenzado a vitorearle. El siguiente en salir fue Matsuda, que eligió la canción "Baby, i'm yours" de Arctic Monkeys. El chico le dedicó la canción a Stella, quien le sonreía con dulzura. También fue aplaudido por la multitud. La gente empezó a agolparse alrededor los cinco amigos. Solo faltaba L por cantar, que ya llevaba varias copas de más al haber visto cómo Matsuda le dedicaba esa canción a Stella y como ella le sonreía.

-Venga L, te toca- dijo Leyre con una sonrisa.

-No, no me apetece- contestó evidentemente ebrio.

-Déjale, si alomejor no sabe ni cantar- comentó Stella sin mirarle.

L se levantó golpeando la mesa.

-Apuéstate lo que quieras a que canto mejor que esos dos- dijo L tambaleándose.

-¡Anda ya!- exclamó la chica sin darle credibilidad.

Al instante, L se subió al escenario, eligiendo una canción un tanto a boleo. Cuando empezó a sonar, ninguno podía creerse que se tratase de "Seré tu amante bandido" de Miguel Bosé. La gente empezó a carcajearse y aplaudir, porque aunque el chico era algo ridículo, en realidad cantaba bien. L no apartaba la mirada de Stella, la cual intentaba por todos los medios no carcajearse, pero al ver que el chico la señalaba y sonreía, ella rompió a reír, sonrojándose un poco. Al bajar del escenario, todos se agolparon para felicitarle, queriendo una foto con él, ya que seguro que muchos de ellos lo habían grabado. El buen rollo volvió a surgir entre ellos, sentados alrededor de una mesa, sacándose fotos y tomando copa tras copa. Light y Matsuda fueron a por más copas, dejando a Leyre, Stella y L charlando animadamente.

-Madre mía, ha sido el mejor espectáculo que he visto en mi vida. Enhorabuena L- le felicitó Leyre con una sonrisa divertida.

-Tendríamos que haberlo grabado- dijo Stella sonriendo mientras tomaba un sorbo de su copa.

-Puedo repetirlo cuando queráis- ofreció el detective alzando su vaso exageradamente.

-Eso me encantaría verlo- respondió Stella riendo.

-A ti te lo haré en privado- tras esto, se abalanzó sobre la chica, mordiendo su cuello e intentando besar sus labios. Stella le apartó rápidamente.

-¿Pero qué haces?- preguntó sorprendida.

-¿Qué pasa? ¿No te gustan mis besos? Pues en la playa bien que te movías encima mía. ¿Qué pasa? ¿Ya no tienes ganas?- tras esas preguntas, volvió a intentar besarla.

Stella le apartó, ya que al chico solo le faltó llamarla "puta".

-No te acerques- espetó Stella visiblemente enfurecida.

Leyre agarró al chico, separándola de la policía.

-Sí, sí, ahora disimula. Pero bien que te has puesto encima mía como una golfa- rebatió el detective casi gruñendo.

Stella le cogió del cuello de la camisa con rabia golpeándole en el pecho.

-No quiero que me vuelvas a dirigir la palabra en tu vida- bufó la chica que tras decir esto, se marchó con paso firme.

Leyre se acercó a L para hablar con él.

-L, ¿por qué le has dicho eso?- preguntó la joven confundida.

-Porque la quiero, y me estaba volviendo a acercar a ella. Prefiero que me odie a que me quiera- contestó el detective con sinceridad dando un largo trago hasta terminar su copa.

Stella se encontró por el camino con Light y Matsuda, y cogiendo la mano de su novio, le miró suplicante.

-Matsuda, ¿podemos volver ya al hotel?- preguntó Stella rogándole con la mirada- No me encuentro bien- Matsuda se quedó confuso por ese cambio de actitud, pero no pudo negarse a la petición de la chica.

-Claro... Vamos al hotel- contestó el chico- Nos vemos mañana, Light- se despidió de su amigo dándole la copa y se marchó de la mano de Stella. Light les observó anonadado, sin entender qué había ocurrido, pero sospechando que el culpable de todo, era L. El castaño volvió junto a su novia y su amigo que estaban en silencio, con cara de situación.

-¿Qué ha ocurrido?- preguntó Light refiriéndose a la repentina huida de Stella.

-Nada importante- cortó L, confirmando las sospechas de Light.

-Al final acabarás arrepintiéndote de todo esto- vaticinó el castaño con un suspiro sentándose junto a Leyre- Toma, un regalo de Matsuda- dijo tendiéndole la copa al detective, el cual tomó la copa de un sorbo y con rabia, interpretando ese comentario como que esa noche necesitaría beber mucho.

Continuaron charlando una media hora. Cuando Light se levantó de nuevo para pedirle al camarero la cuenta, sintió un mareo y se llevó la mano a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza, como si hubiese escuchado un sonido muy agudo. Tras esto, una ronca voz resonó en su cabeza. "Light, no creas que los humanos que han utilizado la Death Note pueden ir al cielo o al infierno".

Esto consiguió que el chico rechinase los dientes, sintiendo un punzante dolor en su cabeza, apunto de caer al suelo. Sus dos amigos le sostuvieron, sentándole de nuevo. Light aún confuso, intentó recobrar la respiración jadeando un poco.

-Ryuk...- susurró reconociendo al dueño de la voz.

-¿Qué has dicho?- preguntó de nuevo L sacándole de sus pensamientos.

-No lo sé... Estoy muy mareado- respondió aturdido.

-Llévale fuera, que tome el aire. Yo pagaré la cuenta- dijo L dirigiéndose a la barra, dejando que Leyre llevase a Light hasta la entrada del pub.

Tras un rato, L se reunió con ellos, viendo a Light más recuperado.

-Parece que estás mejor, Light- dijo el detective observando la mejoría de su amigo. Light asintió.

-Sí, voy a llevarle a que le dé un poco el aire para que se recupere del todo- dijo Leyre preocupada por su novio.

-Bueno, en ese caso, me vuelvo al hotel. Es tarde. Nos vemos mañana- tras decir esto, el detective cogió un taxi y se marchó dejando a la parejita que se dirigía a la playa.

Ambos caminaron hasta pisar ya la fina arena de la costa.

Era una noche de cielo despejado, por lo que se podían ver perfectamente todas las estrellas en el firmamento junto con una gran luna brillante.

Los dos iban de la mano, hasta llegar a la húmeda orilla, donde se iban quedado impresas las huellas de ambos.

Una leve brisa templada y acogedora recorría el paisaje envolviendo a los jóvenes.

-¿Ya te encuentras mejor?- preguntó Leyre con una sonrisa a su novio.

-Sí, solo ha sido un mareo sin importancia.- Aseguró el chico tranquilizándola.

Ella asintió reconfortada.

Light pasó su brazo por los hombros de la chica, acercándola hacia él, paseando con serenidad por la orilla.

Ella sonreía abrazando la cintura del chico.

Una ola rompió demasiado cerca de ellos, mojando a los dos jóvenes por encima de los tobillos.

Estos comenzaron a reír apartándose.

-Ey, está más caliente que cuando nos bañamos- dijo Leyre sonriendo aún agarrada por Light.

-Dicen que por la noche es cuando mejor está el agua- aseguró el castaño mirando a la policía con una pícara sonrisa.

La tomó de la mano y la arrastró al agua aunque ella gritaba atropelladamente decenas de "no, no, no".

Light la tomó de la cintura y la besó cuando el agua llegaba ya a sus rodillas. Ella le abrazó profundizando el beso sin poder evitar sonreír.

El chico dejó que ella le sacase del agua cogiéndole de la mano y le llevase de nuevo a la orilla, volviendo a los besos.

Esta vez el policía no iba a dejar que se le pasase la oportunidad y desabrochó la cremallera del vestido haciendo que este cayese por los hombros de Leyre sin llegar al suelo.

-Esta vez no habrá interrupciones- aseguró Light pasando sus manos por la cintura de la chica, retirando más el vestido, besando la zona baja del cuello, pegando su mejilla en el hombro de la chica que disfrutaba cada caricia devolviéndole los besos.

Light tumbó a Leyre en la arena, con el vestido de la chica a la altura de la cadera y bajando, mientras ella retiraba la camisa del joven desabrochando todos y cada uno de los botones.

Se la quitó al policía con cuidado, lentamente, acariciando cada parte de la cálida piel del muchacho.

Light terminó de retirarle el vestido con maestría, dejándolo a un lado, junto con su camisa, sin preocuparse mucho de como quedasen luego.

Las ansias aumentaban en los besos del chico, que mordía con algo de desesperación los labios y el cuello de la chica, que jugueteaba con sus cabellos provocándole escalofríos al castaño.

Light bajó una de sus manos por su vientre, mordiendo el labio inferior de la boca de la chica, pasando por debajo de la ropa interior de la chica, que cerró los ojos con fuerza ahogando el primer gemido.

El policía estaba sobre ella, observando con atención las reacciones de la chica, disfrutando con cada gesto de la joven.

Leyre acariciaba el torso del chico, bajando también por sus caderas hasta los pantalones, desabrochándolos con rapidez pasando su mano por toda la zona, haciendo que Light pegase su frente a la de ella, conteniendo la respiración y cerrando los ojos con fuerza, intentando no gemir.

La chica ya rodeaba al castaño con sus piernas y este las acariciaba buscando más gemidos en ella.

El chico llevaba sus labios a los pechos, y volvía a subir hasta su boca, pasando después de nuevo al cuello.

Sus movimientos ya eran acelerados por la excitación, retirando Light toda la ropa que les quedaba a ambos y cogiendo a la chica en brazos de improviso.

Ésta emitió un pequeño grito cuando el joven la cogió por sorpresa y la llevó de vuelta al agua.

Ambos seguían juntos, pero esta vez se encontraban en el mar, llegándoles el agua hasta los hombros.

La chica envolvió a Light con sus piernas a la cadera y le besó con pasión.

Este la cogió de los cachetes y la atrajo más a él, haciendo que emergiese ella más del agua, llegándole entonces a la joven el agua por debajo de la cintura.

Los dos se miraron directamente a los ojos, ella acariciando la mejilla del chico con dulzura y él contemplándola con una sonrisa.

Se besaron despacio, tornando el contacto más agresivo, de forma caprichosa y ansiosa.

Sin previo aviso Light decidió que no pensaba esperar ni un segundo más y embistió a la chica con fuerza, sorprendiéndola, haciendo que ésta soltase un fuerte gemido, notando cómo había sido más profunda e intensa que nunca.

El corazón se le iba a salir del pecho al joven, sintiendo como la chica arañaba su espalda de puro placer.

Light también jadeó cuando notó como un punzante placer se instalaba en su vientre y hacia que le fallasen las fuerzas, pero se mantuvo firme y prosiguió los movimientos de igual intensidad.

Leyre no podía evitar gemir con cada una de las embestidas, agarrando con fuerza la piel del chico, apretando el contacto, aunque esto fuese prácticamente imposible.

El castaño entreabría los labios intentando respirar con normalidad, cosa que por mucho que se empeñaba en lograr no conseguía.

Ella tenía su rostro entre sus manos, besándole con cariño, haciendo que él correspondiese de igual forma.

Las embestidas se relajaron tras esto, llevando Light el control del ritmo, moviendo las caderas de la chica con las manos, alzándola del agua y volviendo a sumergirla, acompañando este vaivén de los gemidos de la joven.

Leyre seguía los movimientos que él dictaba, haciendo que el castaño gimiese con voz ronca y entrecortada, disfrutando tanto como ella.

En los últimos momentos las embestidas se aceleraron rápidamente, dejándoles sin aliento, llegando al final en un último gemido que dio Leyre contra la piel de Light, que cerró los ojos disfrutando del cálido aliento de la chica sacado a base de satisfacción.

Con esto ambos habían calmado su apetito, pero seguían deleitándose de los besos que ambos seguían dándose.

Al rato salieron del agua, y tras ponerse la ropa de nuevo, algo llena de arena, volvieron al hotel en taxi.

Horas antes, en el hotel, Matsuda y Stella acababan de llegar a su habitación.

-¿Te encuentras mejor?- preguntó el chico visiblemente preocupado.

Ella asintió con una sonrisa.

-Mucho mejor. En realidad ha sido una tontería, siento haberte hecho volver tan de repente.

Enseguida el joven policía negó con la cabeza.

-¡Claro que no! ¡No lo sientas! Lo primero es que tú estés bien- dijo con una dulce sonrisa.

Stella se sonrojó al ver todas las atenciones que el chico la prestaba.

Desvió la mirada algo azorada cuando él se acercó.

El chico pasó una mano por la mejilla de la joven, acariciándola con delicadeza, como el que toca por primera vez un preciado y delicado marfil.

Los ojos de Matsuda estaban clavados con suavidad en los de ella, casi con miedo a que ella se apartase en cualquier instante.

Cuando vio que Stella no se movía, y mantenía su mirada fija en la suya, se acercó poco a poco al rostro de la joven, besando los labios de ella con atenta ternura.

La chica cerró los ojos disfrutando de la finura con la que Matsuda lograba besarla, muy distinta a la forma brusca en la que L la besaba, llegando a ser algo lasciva.

Estaba claro que ambos chicos eran dulces, pero el comportamiento del detective se asemejaba a algo más felino, mientras que el agente de policía era más cauteloso y delicado.

Matsuda rodeó la cintura de la joven sin demasiada presión, profundizando el beso, haciendo que esta vez fuese ella la que acariciase el rostro del chico, bajando sus manos hasta el cuello y la nuca.

El policía cortó el beso, bajando su mirada al vestido de la chica, con intención clara de buscar una forma de quitarlo.

Llevó sus dedos hasta la cremallera y la bajó lentamente, observando atento como reaccionaba ella.

Stella tomó la nuca del chico, bajándola y besándole, como dando permiso de que continuase.

Él, captando el mensaje, terminó de bajar la cremallera y el vestido cayó desplomado al suelo.

Al policía ya se le entrecortaba la respiración, notado como la chica desabotonaba, también despacio, la camisa azul marino del policía.

Cuando estaba abierta casi por completo Matsuda llevó sus manos a los cachetes, haciendo que Stella se detuviese sintiendo las manos del agente apretar su piel y bajar casi entre sus piernas.

Stella se pegó aún más al pecho del joven, que seguía llevando sus dedos a esa zona, por encima de la lencería, introduciéndolos más hasta que la chica agarró con fuerza la camisa de Matsuda y puso su cabeza en su hombro, soltando un quejido de placer.

Esto hizo resoplar al policía, que decidió pasar la mano de igual forma pero por debajo de la ropa interior, provocando esta vez un gemido en ella.

Él la besó ahogando por sí mismo el gemido, como si pretendiese devorarlo.

No se esperaba Stella que el agente llegase a esas cosas.

Tenía que admitir que le era imposible parar de jadear cuando volvía a introducir los dedos por su lencería.

Reuniendo fuerzas, Stella consiguió centrarse en retirar la camisa del policía y bajar hasta el botón de sus pantalones.

Matsuda bajó sus tiernos labios al cuello de la chica, rozando con su pelo la mejilla de ella.

Esta caricia involuntaria le recordó demasiado a los besos de L, quien siempre cosquilleaba su piel con sus cabellos.

Tragó saliva intentando borrar todas las imágenes del detective que se le vinieron a la cabeza.

Matsuda atrajo la cintura de la chica a la suya, haciendo que notase cada músculo de su tenso cuerpo.

Ella agradeció ese gesto, ya que la sacó de sus pensamientos al instante.

Stella quiso subir el tono de la escena, provocando al policía y acabar así de una vez por todas con todos los recuerdos que le llegaban de L.

La chica pasó sus brazos por el cuello de Matsuda, y llevó su boca al oído del joven, pegándose a su cadera, subiendo una pierna en la cintura del chico, dejando que este acariciase sus muslos, subiendo hasta la ropa interior.

Ella gimió levemente, a propósito, en el oído del chico, mordiendo el lóbulo de su oreja y gimiendo de nuevo cuando este pasó la mano quitando, por fin definitivamente, la lencería.

La llevó hasta la cama, tumbándola boca arriba y poniéndose él encima.

Ella llevó sus manos a los pantalones del policía y los bajó con descaro, acariciando la zona a propósito haciendo que el propio Matsuda gimiese y se mordiese el labio inferior, deteniendo todos sus besos y movimientos por la placentera tensión.

Una vez los pantalones estaban en el suelo, ella le rodeó con las piernas, quitándole él también el sujetador.

El chico miró a Stella como pidiéndole permiso para comenzar de verdad.

Esta le sonrió agradada por la caballerosidad con la que él la trataba.

Acarició la mejilla del joven y la besó con ternura, recorriendo el moflete y bajando al cuello, indicándole que podía empezar.

Las manos de Matsuda bajaron a los muslos de la chica, llegando a su cadera, la cual levantó con fuerza comenzado con las embestidas.

Stella se quedó sin aliento con las primeras, sin poder siquiera gemir, rodeando la nuca del chico con los brazos y cerrando los ojos disfrutando.

La entrecortada respiración de Matsuda chocaba contra su cuerpo, dandole pequeños escalofríos, unidos a los que ya recorrían su espalda.

Stella le pidió al chico que fuese más rápido entre gemidos, y este obedeció al momento, empujando con más fuerza y fiereza, soltando cortos gemidos que paraban los besos que daba a la chica.

A la policía le costaba creer que ese fuese el torpe agente con el que siempre había trabajado en la comisaría.

Ella tomó el rostro del chico y acalló sus gemidos con un largo beso en los labios que encandiló al joven.

Él acarició los pechos de la joven, haciendo que ésta abriese más la boca y pudiesen profundizar el contacto.

Las embestidas se mantuvieron firmes bastante rato, dejando a Stella casi derrotada, y fueron aflojando hasta llegar al final, donde Matsuda quedó sobre ella, agitado por tanto ejercicio, sudando por el esfuerzo al igual que ella. Él beso el cuello de la joven y se tumbó a su lado. No había sido tan fogoso ni agresivo como cuando estaba con L, pero había estado bien. El policía era más tierno, más cuidadoso, preocupado en todo momento por no molestarla o hacerla daño.

Esto la había, gustado, y para su sorpresa, se vio abrazando al agente de policía que correspondió gustoso ese gesto cariñoso.

Estuvieron así bastante rato, hasta que Matsuda cayó dormido. Stella acarició desde el hombro hasta el antebrazo del chico, analizando la silueta del joven, dándose cuenta de que en su muñeca, faltaba algo. Se acaba de percatar de que había perdido la pulsera que su madre le regaló cuando apenas era una niña. Stella se levantó apresurada, buscando su ropa a tientas, pero no la encontró, así que se puso la camisa de Matsuda y tras abotonarla, salió apresurada de la habitación, buscando por el pasillo del hotel, esperando que se hubiese caído cerca de la puerta. Estaba agachada buscando por el suelo, cuando repentinamente alguien se agachó a su lado.

-¿Qué buscas?- preguntó la voz del detective muy cerca del oído de la joven, erizando el vello de su nuca.

Stella desvió la mirada sin querer contestar al detective.

-Ya puede ser algo importante para que salgas así al pasillo- comentó el detective, observando que Stella llevaba una camisa que le llegaba hasta menos de medio muslo.

Stella al ver que no podía encontrar sola su pulsera, decidió tragarse su orgullo y pedirle ayuda a L.

-Es la pulsera que me regaló mi madre- dijo la chica angustiada por la idea de haberla perdido.

L asintió y comenzó a buscar junto a ella. Bajo una mesa de decoración del pasillo, L se percató de que algo brillaba. Se acercó para cogerlo y vio que se trataba de la pulsera de la policía.

-Ya la tengo- anunció el chico cogiendo la pulsera con la punta de los dedos, levantándose para dársela a la chica. Ella la cogió y una sonrisa iluminó su cara. L estaba dispuesto a abrochársela cuando de pronto se fijó en que en la parte baja del cuello de la chica, se había formado una mancha rojiza que se tornaba algo morada en el centro. Un chupetón.

L la miró a los ojos con decepción y tristeza. Había supuesto que eso pasaría, pero no tan pronto, ya que no le había dado tiempo a asimilarlo.

-¿Ha sido la primera vez?- preguntó con la voz queda.

Stella desvió la mirada deseando que en ese momento se la tragase la tierra. Entonces asintió levemente, notando como el detective soltaba el aire que había contenido. L se dio la vuelta y entró en su habitación, cerrando la puerta tras él de un golpe. Stella volvió a su habitación con un extraño dolor de estómago, sintiéndose la peor persona del mundo, como si de verdad le hubiese traicionado, aunque realmente él fue el causante de todo.

A la mañana siguiente, los chicos fueron a un centro comercial. Allí se dividieron, yendo las chicas por un lado y lo chicos por otro. Ellas visitaron varias tiendas, deteniéndose en una de lencería fina.

-Podríamos entrar...- sugirió Leyre.

Stella la miró asombrada.

-¿Qué quieres comprar ahí?- preguntó Stella incrédula.

-Bueno, es que... Como Light lleva una temporada tan raro... He pensado en comprar algo de lencería para darle una sorpresa- contestó Leyre con una sonrisa.

-Vaya, pues no es mala idea. Vamos- dijo Stella acompañando a Leyre al interior de la tienda.

Al final las dos compraron unos picardías, formados por un corsé de finos tirantes, ajustado, con ligas y finas medias. El de Leyre era de encaje blanco y el de Stella de encaje negro. Salieron de la tienda y vieron que tenían una llamada perdida de L y un mensaje de Light. En el mensaje decían que se encontraban en una tienda de electrónica y que las esperaban allí. Al llegar vieron que en la puerta estaba L solo, seguramente esperando a que sus dos amigos saliesen.

-¿Qué os habéis comprado?- preguntó con curiosidad al ver que la bolsa era de una tienda de lencería.

-Es una sorpresa. No les digas nada a Light y Matsuda, pero nos hemos comprado un corsé con unas ligas y unas medias finas. Muy bonitos,la verdad- explicó Leyre sacando el suyo de la bolsa y enseñándoselo.

-Precioso- contestó el detective sin mostrar demasiado interés. Entonces dirigió la mirada a Stella.

-¿Y el tuyo?- preguntó con agresividad.

Ella desvío la mirada sin querer contestarle, al parecer ese chico era algo masoquista. Stella, al notar las miradas de su amiga y del detective, no tuvo más remedio que ceder y mostrarle a L el suyo. Su cara se tornó algo más seria de lo habitual. En ese momento, Leyre guardó las bolsas al ver que Light y Matsuda se aproximaban hacia ellos.

Los chicos comieron en el centro comercial, y decidieron que esa misma noche irían a la feria.

Cuando llegaron, se produjo una larga disputa sobre en qué atracción subir primero.

-Yo voto por la noria- dijo Leyre con una sonrisa.

-Yo veo mejor los coches de choque- rebatió Stella convencida de que sería allí donde irían primero.

-Yo creo que es mejor ir a esa montaña rusa de ahí- aportó Light señalando a un dragón que daba vueltas a toda velocidad sobre unos raíles.

-Nada de eso, lo mejor es el tiovivo- aseguró Matsuda convencido.

L suspiró fuertemente.

-Está claro que no tenéis ni idea. La mejor atracción de todas, es el pasaje del terror- dijo señalando a una gran caseta oscura, decorada con fantasmas, demonios y alguna bruja.

-Yo ahí no entró- avisó Matsuda asustado.

-Pues no entres- dijo L con indiferencia- Ya entro yo con Stella- concluyó acercándose a la chica y rodeando sus hombros con el brazo, haciendo que Matsuda se pusiera celoso.

-A ver chicos, no os peleéis- pidió Light aliviando la tensión entre sus dos amigos- Hacemos una cosa, montamos todos en todo, pero siguiendo un orden. Así todos quedaremos satisfechos- resolvió conforme con su propuesta. Todos asintieron y comenzaron por los coches de choque, ya que era la atracción más cercana.

Leyre montó con Light, conduciendo el chico, Matsuda conducía el coche en el que iba con Stella y L montó solo.

Nada más empezar, Light les dio un golpe a Matsuda y Stella, no muy fuerte, devolviéndole ellos el choque de la misma forma. Todos comenzaron a reír divertidos, conduciendo con relativa tranquilidad. Pero de pronto, L aceleró a tope y embistió a Stella y Matsuda, haciendo que chocasen contra el borde de la pista, derrapando. Ese no fue el primer golpe, ya que detrás de este vinieron muchos más, hasta hartar a Stella, que se levantó de su sitio.

-Matsuda, quita de ahí. Conduzco yo- dijo Stella con seriedad.

El chico asintió y se cambiaron las posiciones. Stella no iba a permitir ni un solo atropello más, así que asesinando a L con la mirada, aceleró directa hacia él, chocando de frente, haciendo retroceder el coche del detective, hasta que este se golpeó con el final de la pista, dándole una fuerte sacudida. Ambos se retaron con la mirada y volvieron a golpearse aún más fuerte. Matsuda creía que no saldría ileso de allí, y Light y Leyre observaban incrédulos cómo esos dos se golpeaban como si de dos críos se tratase.

La siguiente atracción, fue el tiovivo. Light y Leyre se montaron en una pequeña carroza. El castaño pasó su brazo por los hombros de la chica, atrayéndola hacia él y disfrutando del paseo. Sin embargo, Stella, L y Matsuda, se montaron en tres caballitos contiguos. Cuando la atracción arrancó, L alzó una pierna y golpeó a Matsuda en la cintura.

-Oh, vaya. Esta atracción es muy pequeña y no quepo bien- se excusó L con una sonrisa encandiladora.

Matsuda estaba apunto de caer al suelo por el golpe, pero Stella le sujetó quedando el chico apoyado sobre los pechos de ella, provocando que L casi diese un fuerte golpe sobre su caballito.

La siguiente atracción fue la montaña rusa. Cada vagón era de tres personas, y Stella ya no estaba dispuesta a compartirlo con L. Por tanto, Leyre, Light y L se sentaron delante y Stella con Matsuda, detrás. La atracción arrancó y el vagon comenzó a coger velocidad. Cuando ya estaba al máximo, L aprovechó para lanzar un gapo que inevitablemente cayó en la mejilla de Matsuda, el cual se quejó al instante. Nadie había visto quién había sido el autor de la broma, pero Stella sí, por ello le soltó a L una fuerte colleja en la cabeza, haciendo que este se girase para mirarla.

-Perdón. Se me ha escapado la mano- mintió Stella con una falsa sonrisa.

La siguiente atracción fue la noria. Las cabinas eran de seis personas. En una iban Light y Leyre, por orden de la chica, que se negaba a ir en el mismo vagón que sus amigos, así que en el otro vagón, iban Matsuda, L y Stella para disgusto de esta última.

En la cabina de Leyre y Light, todo era romántico y Light besaba a la chica con dulzura, disfrutando también de las vistas. Mientras que en la cabina de al lado, la tensión podía cortarse con un cuchillo. A pesar de que frente a ellos había tres asientos libres, L había decidido ponerse en medio de la pareja.

-¿No preferirías sentarte ahí?- preguntó Stella señalando los asientos de enfrente.

-Es que tengo frío. Estoy mejor aquí- aseguró rozando aún más su hombro con el de la chica. Matsuda y Stella tuvieron que aguantar esa escena hasta que la noria se paró.

La última atracción fue el pasaje del terror. Matsuda se negaba en rotundo a entrar. Finalmente, entre todos convencieron a Matsuda para entrar. Caminaban por los pasillos completamente en silencio, escuchando de fondo los ruidos de ladridos de perro y de verjas antiguas chirriantes. La decoración era muy buena. L vio su gran oportunidad en una falsa telaraña. Cogió una araña de plástico y la puso en el hombro de Matsuda que ya caminaba agarrando fuertemente a Stella, casi temblando de miedo. Al notar el roce de la araña en su hombro, pegó un bote y un grito haciendo que todos se carcajeasen al ver que sólo se trataba de una araña de plástico.

Stella sabía perfectamente que había sido L, pero decidió ignorarlo y encontrar la forma de devolverle el susto. Cuando llegaron a un pasillo más oscuro y algunas partes de las paredes comenzaron a moverse con el aumento de volumen de los sonidos, L se tensó y caminó con paso inseguro.

Stella se posicionó tras él, esperando a que todos les adelantasen y se quedasen prácticamente solos.

Cuando llegaron a un cruce donde se bifurcaba en pasillo de los valientes y el de los arrepentidos, L se paró y dudó un poco sin saber que tras él, se encontraba la policía. Ella aprovechó y acercándose a su oído gritó un ronco "L", puso sus manos en las costillas del chico sobresaltándole por completo. Este gritó despavorido, exagerando al máximo el susto. Stella comenzó a carcajearse con fuerza, riéndose de la reacción del detective.

-Madre mía... Vale que nos llevemos mal, pero tampoco tienes que matarme- dijo el detective cogiendo aire cuando comprobó que se trataba de la chica y no de un ente sobrenatural.

-No sabía que tenías tanto miedo de los fantasmas- siguió riéndose la chica.

-No les tengo miedo. Sólo me has pillado desprevenido- se defendió el detective intentando salvar el poco orgullo que no había perdido.

Ambos siguieron caminando por el pasillo de los valientes y tras algún que otro susto, llegaron al final y se reunieron con los otros.

Tras esto volvieron al hotel y todos entraron en sus habitaciones. Incluido L, que volvió a dormir con Stella y Matsuda.

Al día siguiente tras desayunar y hacer alguna excursión, decidieron ir a una pastelería que L había encontrado cercana al hotel.

Entraron y se pidieron un café con un pastelito cada uno, pero L se quedó en la barra indeciso sobre qué escoger. En la mesa, los cuatro policías comenzaron a charlar amenamente.

-Light, ¿qué tal los mareos?- preguntó Stella al castaño.

-Algo mejor... Ayer no tuve ninguno- contestó el chico con una dulce sonrisa.

-Sí, bueno, yo empecé a preocuparme cuando te mareaste en el pub- dijo Leyre acariciando la mano del chico.

-Pero luego en la playa se me pasó- rebatió con una sonrisa algo pícara, dando a entender a los otros dos policías lo que había ocurrido entre ellos.

-Vaya, vaya... No perdéis el tiempo, ¿eh?- dijo Matsuda riendo.

-Tú tampoco. Ya he visto el chupetón de Stella- comentó Light con una sonrisa interesante.

Matsuda se sonrojó sin saber qué contestar.

-Bueno Stella... ¿Qué tal es tu novio en...?- preguntó la chica picando a su amiga y haciendo que el policía se pusiese aún más rojo.

-La palabra sería sorprendente...- contestó Stella causando la risa en Light y Matsuda.

-Osea que no eres tan tonto, ¿eh, Matsuda?- preguntó Light dando un ligero codazo al chico.

Este tartamudeó un poco.

-Bu... Bu... Bueno...- rió nerviosamente el chico- En realidad surgió de pronto. No fue planeado- siguió riendo nerviosamente.

En ese momento, un pastel de nata aterrizó en la cabeza de Matsuda. Todos alzaron la vista y vieron a L con los ojos muy abiertos y cara de inocencia.

-Oh... Perdona, me he tropezado- se disculpó el detective con un falso gesto de preocupación.

Matsuda cogió servilletas para limpiarse.

-¿Te ayudo?- preguntó el detective con una falsa sonrisa.

-No te preocupes, no pasa nada- contestó el policía con una inocente sonrisa, creyendo que de verdad había sido un accidente.

-Acompáñame al baño- le dijo Stella a su novio.

L se quedó estupefacto, ya que lo último que quería, era que esos dos se quedasen solos en un baño, ya que sabía muy bien lo que pasó la primera vez que se quedó a solas con ella en un baño.

El detective suspiró viendo como todos sus intentos de fastidiarles salían mal y fue a coger otro pastelito.

Esa noche, Stella y Leyre planearon cómo sería la sorpresa que le darían a Light.

-Entonces, ¿sólo tengo que decirle que suba a la habitación para coger tu móvil?- preguntó Stella ultimando los detalles.

-Básicamente sí. Cuando estemos a punto de coger el taxi para ir a cenar, yo diré que voy al baño contigo, en realidad iremos a mi habitación, y tú volverás para decirle eso a Light. Allí le esperaré con todo preparado y habré pedido que suban la cena a la habitación- explicó Leyre con claridad.

Stella asintió y pusieron en marcha el plan en cuanto llegó la hora.

Cuando ya habían llamado al taxi para que les llevase al restaurante, Leyre y Stella se excusaron y fueron al baño. Rápidamente, subieron a la habitación de la joven. Allí prepararon todo y pidieron la cena.

Stella volvió a bajar al hall del hotel donde los tres chicos las esperaban.

-¿Y Leyre?- preguntó Light confuso al no ver a la chica.

-Ahora viene, que está en el baño. Por cierto, me ha dicho que subas a la habitación a coger su móvil que se le ha olvidado- contestó Stella indicándole que subiese.

El chico la miró con suspicacia sospechando que tramaban algo, pero obedeció a la policía y subió a la habitación.

Al abrir la puerta, Light se encontró que sobre la mesa de la habitación había unos platos perfectamente colocados, dos copas de vino tinto y una vela en el centro. La habitación estaba tenuemente iluminada con velas aromáticas que daban un ambiente romántico envuelto por un agradable olor dulzón. Sonaba una melodía lenta de fondo. Sobre la cama había repartidos varios pétalos de rosa. Leyre estaba sentada frente a la mesa, vestida con un corto vestido de seda blanco. El chico se acercó a ella con una sonrisa, y antes de sentarse, acarició uno de los tirantes del vestido de ella.

-Eres única para las sorpresas- murmuró el castaño cogiendo a la chica de la barbilla y besándola con dulzura. Light se sentó en la otra silla y apoyó su cabeza en su mano, mirando a la chica con interés.

-Entonces, ¿te ha gustado?- preguntó ella coqueteando.

-Es la mejor que podía haber pasado esta noche- contestó con una mirada intensa- Me parece muy gracioso que te hayas conpinchado con Stella- comentó divertido deduciendo el plan de las chicas.

-Al principio no me hacía gracia la idea de dejarla sola con L y Matsuda, pero al final ella insistió en que hiciese esto- dijo Leyre devolviéndole la mirada de la misma forma, memorizando cada detalle del rostro de su novio.

Comenzaron a cenar degustando los deliciosos platos que la chica había encargado al servicio de habitaciones. La cena pasó con una charla amena y evidente coqueteo entre la pareja. Cuando terminaron, Light sonrió de forma pícara.

-Solo faltaría el postre, ¿no crees?- dijo dejando que la chica leyese entre líneas.

Leyre captó el mensaje y se levantó de su asiento, poniéndose frente a él. El chico se giró para observarla. La chica bajó lentamente la cremallera de su vestido, haciendo que este cayese al suelo, dejando al descubierto el picardías que había comprado el día anterior. Light ni siquiera pestañeaba, observando a la chica de arriba a abajo, memorizando hasta el más mínimo detalle.

-Nunca había visto este conjunto- murmuró sonriendo y levantándose hacia ella, poniendo las manos en su cintura.

-Lo compré ayer- la chica no pudo terminar la frase ya que el castaño había capturado sus labios con deseo, llevando sus manos a los cachetes de su novia, apretándolos con fuerza. Paseando su lengua por la boca de la chica sin contemplaciones.

Ella no se esperaba una reacción tan rápida por su parte y gimoteó mientras pasaba sus dedos entre sus piernas para acercarla más a sus caderas.

Antes de detener el beso, Light mordió el labio inferior de la boca de la chica.

Hizo lo mismo también en la mejilla y pómulos de la joven, apretando más el agarre de su mano sobre la lencería de Leyre.

Ella abría la boca emitiendo pequeños suspiros entrecortados mientras intentaba también introducir sus manos por el pantalón del chico.

Leyre lamió el cuello del policía haciendo que este respirase con fuerza al sentir el roce de la lengua de la chica en su piel.

La agente desabrochó el botón del pantalón de Light, subiendo de pronto a la camisa de este, desabrochándola con rapidez y quitándosela entre más besos voraces.

El joven, con la camisa ya en el suelo, llevó una mano a la espalda de la chica, acercándola por completo a él, y con la otra acarició con decisión los pechos de la chica por encima del corsé.

Leyre cerró los ojos, disfrutando cada fuerte apretón sobre ellos, y llevó sus manos de nuevo al desabrochado pantalón del chico, que ya comenzaba a excitarse.

Ella colaboró en esta excitación pasando su mano por toda la zona, entrecortando por completo la respiración del joven.

Esto era más de lo que Light podía o, por lo menos, estaba dispuesto a soportar.

Le dio la vuelta a la chica, dejándola de espaldas a él, y recorrió su cuello a mordiscos con saña, volviendo a introducir sus manos por la parte interna de los muslos de la chica, haciendo que gimiese con fuerza al sentirse completamente pegada al cuerpo del policía.

Este la empujó a la cama, boca abajo, quedando él sobre la espalda de ella.

Una agradable y punzante sensación de placer se agarró al vientre de la chica, suponiendo perfectamente las intenciones de Light, que jadeaba impaciente por lo que iba a llegar.

El chico bajaba sus pantalones con prisa, con una sola mano, y con la otra apretaba los cachetes de la chica, bajando sus dedos entre las piernas sin pudor, provocando que Leyre se arquease deleitándose con dichas caricias, atrayendo más al policía, invitándole a ponerse sobre ella de una vez por todas.

La excitación de Light había llegado con demasiada celeridad, casi sin poder controlarla, por lo que bajó presuroso la parte de abajo del picardías sin llegar a quitarlo por completo, y antes de sacarse los pantalones definitivamente ya embistió a la chica, que seguía boca abajo, gimiendo y arqueando la espalda desesperada.

El propio Light gimió en el oído de la chica con esa primera y fuerte entrada. El deseo le estaba comiendo por dentro y tenía que apagarlo de alguna forma.

No había sentido tantas ansias en toda su vida.

Apretaba el cuerpo de la chica entre sus manos, sintiendo su piel entre ellas, mordiéndola, lamiéndola y apretando los dientes ahogando gemidos que terminaban por salir sin remedio.

La velocidad era estrepitosa, dejándola sin respiración, sin muchas opciones de movimiento, ya que la mantenía bajo su cuerpo sin dejarla ni un segundo de tregua.

Esa velocidad vertiginosa era peligrosa, ya que si seguía así todo terminaría rápido y era lo último que pretendía hacer.

Si Leyre había comprado ese picardías él se encargaría de darle el uso apropiado y necesario.

Se paró de golpe con gran esfuerzo y se levantó, haciendo que la chica se diese la vuelta con una mueca de disgusto sin entender por qué se había detenido.

Él la levantó de la cama y la rodeó con sus brazos, besándola y guiándola hasta el baño de la habitacion, ocupado en su mayoría por un gran jacuzzi.

Ella entendió al instante sus intenciones.

Light desabrochó el corsé y bajó las ligas de la chica de forma lenta y sensual, agachándose frente a ella, repartiendo besos por su vientre, por los muslos, y subiendo hasta la zona interna más sensible de estos.

La lengua del chico sacaba grandes suspiros y gemidos en Leyre, que acariciaba los cabellos del chico que se arrodillaba frente a ella.

De pronto Light se incorporó con agilidad, y velozmente la alzó del suelo, metiéndose ambos en la cálida agua.

El chico estaba sobre ella, volviendo a las embestidas de antes, manteniendo esa misma velocidad precipitada, aunque Light intentaba frenarla para aguantar más tiempo.

Leyre mordió el lóbulo de su oreja y este gimió de forma ronca cuando ella pasó sus piernas por las caderas del chico, profundizando las embestidas sin piedad.

Light comenzaba a fatigarse por tanta fuerza y celeridad, y Leyre, notando esto, hizo que esta vez fuese él el que estuviese abajo.

Ella se sentó sobre el joven, quedando ella parcialmente fuera del agua, que le llegaba por debajo de la cintura.

Light puso los brazos a los lados del jacuzzi, dejando que fuese ella la que tomase las riendas.

Leyre se aproximó al castaño, localizando tras de él el botón que activaba el jacuzzi.

Para apretar el botón tuvo que alargar la mano, acercando sus pechos al rostro de Light, que no desaprovechó la oportunidad y los atrapó con ansia.

El jacuzzi comenzó a hacer burbujas, y Leyre gimió cuando notó la boca del chico en sus pechos, prácticamente devorándolos.

Las embestidas continuaron, dirigidas por Leyre, que emergía y volvía a bajar marcando bien cada movimiento, profundizando completamente, haciendo que Light echase hacia atrás su cabeza, abriendo la boca y soltando gemidos ahogados que se unían a los de la chica.

El ritmo era más suave que al principio, con el objetivo de estar así largo rato.

Pero la excitación del chico le llevaba a aumentar la velocidad de forma repentina, sacando más quejidos de Leyre que se abrazaba al cuello de Light.

Ambos acabaron de esta forma, abrazados, el joven cogiéndola de la cintura y ella rodeando su cuello, con un último beso.

Estaba claro que comprar ese picardías no había sido mala idea.

Por otra parte, Stella, L y Matsuda estaban llegando en el taxi al restaurante.

-Stella, ¿estás segura de que se quedan a cenar en el hotel?- preguntó Matsuda desconfiado- Mira que Light estaba seguro de venir con nosotros- murmuró el chico confuso.

-Sí, seguro. No te preocupes- contestó Stella con una sonrisa dulce.

L ya suponía todo lo que había pasado.

-No te preocupes, que seguro que se lo pasa mucho mejor en la habitación- murmuró el detective con ironía.

-Aaaah... Vale- por fin había pillado lo que ocurría.

Los tres amigos entraron en el restaurante y se sentaron en una mesa del fondo. La velada pasó tranquila, ya que L no intentó nada, estaba desanimado, algo depresivo. Toda la vitalidad que había tenido en los primeros días parecía haberse evaporado. Stella se entristecía de verlo así, pero tampoco podía hacer nada, ya que él mismo lo había decidido así. Stella, L y Matsuda volvieron al hotel y el único que charlaba animadamente era el novio de la chica. Stella seguía la conversación, y L estaba como ausente, casi sin abrir la boca, como si supusiese todo lo que iba a acontecer, decidió irse a su habitación, cerrando la puerta lentamente, sin despedirse de su "subordinada" y el policía. Una vez dentro de la suite, L se quedó con la mano en el pomo, mirando la puerta, con la mirada cansada y dando un largo suspiro. Stella y Matsuda entraron a la habitación. Stella dudó unos segundos en si usar esa noche la lencería que se había comprado o dejarlo pasar. Ella apreciaba muchísimo al policía, pero por un extraño motivo, no se sentía con ánimos de pasar la noche con él, teniendo al lado a L con esa melancólica expresión. Matsuda la besó en los labios, con la misma delicadeza con la que siempre lo hacía, y notando el desánimo de ella, separó sus labios y la miró a los ojos.

-Estoy algo cansada- se excusó Stella por no haber correspondido al beso. Matsuda se separó y asintió apenado. La chica se cambió de ropa y se tumbó en la cama, y Matsuda se sentó observando sus movimientos con una expresión triste, como si supiese lo que de verdad le ocurría a ella. Cuando Stella se tumbó de lado dando la espalda a su novio, este se puso a su lado pasando el brazo por su cintura y atrayéndola hacia él, mientras le daba un beso en el hombro, notando como ella se estaba distanciando poco a poco aunque no quisiese admitirlo.

A la mañana siguiente todos bajaron al hall del hotel para ir a desayunar, pero se sorprendieron al ver que L llevaba la ropa de siempre.

-Disculpad, pero hoy no tengo ganas de hacer nada. Estoy algo cansado, me quedaré en la habitación- dijo el detective con el mismo tono de siempre, intentando aparentar indiferencia delante de sus amigos.

-¿Estás bien L?- preguntó Light preocupado por el estado anímico de su mejor amigo.

-Claro, no es nada- tras decir esto, levantó la mano despidiéndose con pasotismo y desapareció tras el ascensor. Stella le miró sintiéndose extrañamente culpable. El taxi ya había llegado y todos iban a entrar, pero de pronto, Stella se dio cuenta de que le faltaba su móvil.

-¡Me he dejado el móvil arriba!- exclamó sorprendida.

Dicho esto salió presurosa, de nuevo hacia las habitaciones. Cuando caminaba de forma acelerada por el pasillo, se encontró al detective que se disponía a abrir la puerta de su suite, pero cuando la vio, se detuvo.

Ambos cruzaron sus miradas, quedándose en silencio, estáticos. La chica le miró con lástima y L con rencor.

Stella suspiró desviando la mirada, incómoda por la presión negativa de los ojos del detective sobre ella.

Vale, se había acostado con su novio, pero eso no tenía nada de malo ¿no? Esta pregunta daba vueltas una y otra vez en la mente de la joven, que aunque a simple vista parecía estar en lo cierto, no podía evitar sentirse horriblemente mal.

Iba a abrir la puerta de su habitación pero L, apretando los puños con fuerza, sin poder contener su rabia, la cogió de un brazo y la dio la vuelta, haciendo que la mirase fijamente.

Ella giró el rostro, sin querer enfrentarse a él directamente.

Pero L no la dejó, y cogió su rostro, haciendo que levantase la mirada, escrutándola con sus oscuros ojos.

-Has tardado poco en encontrarme un sustituto- bufó con evidente enfado.

Este chico era realmente infantil, primero la decía que no se acercase, que todo había sido un burdo juego, y después se empeñaba en torturarla haciéndola sentir culpable.

-Solo he hecho lo que tú mismo me mandaste, "jefe"- recalcó ella con rabia. A pesar de sentir culpabilidad quería mantenerse firme ante L.

Stella notó como él apretó los dientes, odiándola por unos segundos.

Apretó las muñecas de la chica, acercándose a ella, empujándola contra la puerta provocando un seco golpe.

-Que bien que seas tan obediente- la seca ironía de sus palabras heló la sangre de la chica, que contuvo la respiración.

La mirada de L era realmente atemorizante.

Por unos instantes Stella sintió que el chico le había enseñado los dientes, como un animal furioso. Ella tragó saliva sin ver escapatoria posible. El chico llevó su rostro al de ella, pasando sus labios por su pómulo, lamió la piel y la mordió con saña, haciendo daño a la policía.

-¡Para!- exigió ella cerrando los ojos intentando apartarle.

-¿Eso le gritabas también a él cuando te tocaba?- su pregunta estaba cargada de celos.

-Basta ya, L- pidió la chica intimidada.

Él la ignoró por completo, mordiendo el lóbulo de su oreja y bajando hasta el cuello para seguir enrojeciendo la piel de la chica.

-¿Te besa él así?- le preguntó con rabia, apretando más sus labios contra ella.

Pasó sus manos por el vientre de la chica, bajando hasta su falda, pasando por debajo de ella sin miramientos.

Esta cerró los ojos y apretó los labios con fuerza, negándose a besar en los labios al chico.

Los dedos de L pasaban ya con descaro por entre las piernas de la chica que resoplaba conteniendo con todas sus fuerzas los gemidos.

-¿Te acaricia así?- volvió a preguntar apretando el contacto, haciéndolo más profundo, provocando que Stella entreabriese los labios de la impresión.

El detective aprovechó para pegar su boca a la de la chica, mordiendo la lengua de la joven, como si quisiese comerse literalmente sus labios.

El cuerpo del joven contra el de la policía le cortaba la respiración y, junto con el agresivo beso que ella estaba recibiendo, no podía evitar esa placentera tensión que englobaba su cuerpo.

L se separó apenas unos milímetros de la boca de Stella.

-Venga dime, ¿te besa así? Vamos, contesta- la voz ronca y llena de rabia amedrentaba a la chica- ¡Contesta!- alzó la voz con furia, haciendo que ella cerrase los ojos, acobardada.

-¡No!... No lo hace- alzó su voz de igual modo con ese "no", pero musitó esas tres últimas palabras.

De pronto L pareció relajarse, la tensión de sus hombros bajó, y rodeó la cintura de la chica más débilmente. Stella soltó el aire contenido, esperando que el chico se tranquilizase y la dejase ir. El detective sonrió de extraña forma, casi cerrando los ojos.

A la chica le dio mala espina ese repentino cambio de humor. Algo en su interior comenzó a enviar señales de peligro cuando volvió a acercar su rostro al de ella, pero no pudo moverse ni un centímetro, pensando en que en cualquier momento se echaría a temblar.

-Muy bien, pues tendré que hacerlo yo- dijo con un tono malicioso, con esa sonrisa falsa que rápidamente fue rota por un gesto agresivo y violento, como el de un tigre que está a punto de morder a su presa. Mordió a la chica, sí, y llevó sus manos a sus cachetes, acercándola a él mismo, buscando su propio deleite sin importarle demasiado el de ella.

Subió la camisa de Stella y pasó sus manos con saña sobre ella, apretando y mordiendo sus pechos, haciendo que ella emitiese quejidos debatidos entre el placer y el dolor.

Subió la falda de la joven, y con una sola mano desabrochó sus pantalones y los bajó también, sin quitarlos del todo.

Ella intentó pararle, cogiendo su rostro y apartándolo, pero él se negó a refrenar sus intenciones. L cogió el rostro de la chica con su otra mano, apretándolo, haciendo que abriese la boca y le besase. Esperó a que ella terminase por corresponderle, disfrutando al fin de los añorados besos del detective.

Puso una pierna de la chica en su cintura y comenzó a embestirla con celeridad y desesperación. Empezó de forma atropellada, sin ningún tipo de cuidado.

Los dos jadeaban casi a la vez, Stella agarrándole del pelo con fuerza y él apretaba y arañaba la piel de la chica de forma lujuriosa.

La rapidez con la que se movía el detective le agotó en seguida, terminando en algunos minutos, pero ya con sudor en la frente. Ambos intentaban recobrar la respiración cogiendo grandes bocanadas de aire con la boca.

L se separó de ella y se puso los pantalones respirando ya por la nariz. Ella se colocó también la ropa sin saber qué decir. Sentía su piel arder por los arañazos y mordiscos del detective.

-Te están esperado abajo- el chico le indicó para que se fuese- No te confundas... Aunque haya pasado esto nosotros seguimos como antes.-Sus palabras fueron frías, dejando sin aliento a Stella.-Entre tú y yo no hay nada.-Terminó de L se separó apenas unos milímetros de la boca de Stella.

-Venga dime, ¿Te besa así? Vamos, contesta.-La voz ronca y llena de rabia amedrentaba a la chica.-¡contesta!-Alzó la voz con furia, haciendo que ella cerrase los ojos, acobardada.

-¡No!... No lo hace.- alzó su voz de igual modo con ese "no", pero musitó esas tres últimas palabras.

De pronto L pareció relajarse, la tensión de sus hombros bajó, y rodeó la cintura de la chica más débilmente.

Stella soltó el aire contenido, esperando que el chico se tranquilizase y la dejase ir.

El detective sonrió de extraña forma, casi cerrando los ojos.

A la chica le dio mala espina ese repentino cambio de humor.

Algo en su interior comenzó a enviar señales de peligro cuando volvió a acercar su rostro al de ella, pero no pudo moverse ni un centímetro, pensando en que en cualquier momento se echaría a temblar.

-Muy bien, pues tendré que hacerlo yo.-Dijo con un tono malicioso, con esa sonrisa falsa que rápidamente fue rota por un gesto agresivo y violento, como el de un tigre que está a punto de morder a su presa.

Mordió a la chica, sí, y llevó sus manos a sus cachetes, acercándola a él mismo, buscando su propio deleite sin importarle demasiado el de ella.

Subió la camisa de Stella y pasó sus manos con saña sobre ella, apretando y mordiendo sus pechos, haciendo que ella emitiese quejidos debatidos entre el placer y el dolor.

Subió la falda de la joven, y con una sola mano desabrochó sus pantalones y los bajó también, sin quitarlos del todo.

Ella intentó pararle, cogiendo su rostro y apartándolo, pero él se negó a refrenar sus intenciones.

L cogió el rostro de la chica con su otra mano, apretándolo, haciendo que abriese la boca y le besase.

Esperó a que ella terminase por corresponderle, disfrutando al fin de los añorados besos del detective.

Puso una pierna de la chica en su cintura y comenzó a embestirla con celeridad y desesperación.

Empezó de forma atropellada, sin ningún tipo de cuidado.

Los dos jadeaban casi a la vez, Stella agarrándole del pelo con fuerza y él apretaba y arañaba la piel de la chica de forma lujuriosa.

La rapidez con la que se movía el detective le agotó en seguida, terminando en algunos minutos, pero ya con sudor en la frente.

Ambos intentaban recobrar la respiración cogiendo grandes bocanadas de aire con la boca.

L se separó de ella y se puso los pantalones respirando ya por la nariz. Ella se colocó también la ropa sin saber que decir. Sentía su piel arder por los arañazos y mordiscos del detective.

-Te están esperado abajo- el chico le indicó para que se fuese- No te confundas... Aunque haya pasado esto nosotros, seguimos como antes- sus palabras fueron frías, dejando sin aliento a Stella- Entre tú y yo no hay nada- terminó de decir con desdén.

Ella sintió una fuerte punzada en el pecho, sintiendo cómo la había utilizado.

La rabia surgió con fuerza en la chica y sumó todas las fuerzas que le quedaban para salvaguardar su orgullo.

-Me parece bien. Acabo de comprobar que puede que Matsuda no me bese como tú, pero lo hace mucho mejor- sus palabras sonaron completamente sinceras. L la miró con incredulidad.

Stella se dio media vuelta y se fue con paso firme y tranquilo, dejando a L impresionado, aún asimilando ese último comentario de Stella.

Stella volvió junto a sus amigos con paso apresurado, intentando arreglarse y que no se le notasen las marcas de su cuello. Cuando vio a Matsuda no fue capaz de mirarle a los ojos. Entraron al taxi y Light y Leyre notaron perfectamente que algo había ocurrido allí arriba, ya que Stella ni siquiera llevaba el móvil que había ido a buscar. Pasaron el día de forma agradable, sin ningún problema, aunque Stella apenas hacía caso a Matsuda, sin poder olvidar las horribles palabras que le había dedicado el detective.

Llegó la noche y Stella repitió la escena del día anterior, sin querer acostarse con su novio, sintiendo unas horribles ganas de llorar que reprimió por orgullo.

Pasaron los días y L siguió sin querer juntarse con sus amigos, en especial con Stella y Matsuda.

Llegó el último día que pasarían en Cancún, y Light convenció a L de que pasasen juntos el último día, que quisieron pasarlo tranquilamente en la playa, ya que el vuelo salía temprano al día siguiente y debían acostarse pronto.

Todos se pusieron a jugar al fútbol con un balón de playa. Stella y Leyre eran las porteras, L y Light los jugadores y Matsuda, el árbitro.

Iban dos a dos, y cuando Light estaba a punto de marcar el tercero, un fuerte pitido resonó en su cabeza, escuchando su propia voz. "Una vez que miras a tu alrededor, te preguntas si le harías un favor a la sociedad deshaciéndote de todas estas personas." Él nunca había dicho algo así, estaba cien por cien seguro, pero entonces... ¿Por qué acababa de recordarlo? Sólo conocía a una persona capaz de decir algo así estando plenamente consciente. Kira. El chico cayó al suelo sin llegar a chutar la pelota, llevándose las dos manos a la cabeza. L se acercó a él y se agachó para observarle. Light levantó la mirada y se la dirigió al detective, el cual se sorprendió al ver los ojos de su amigo. Un extraño brillo malicioso se había colado en ellos. Esa mirada que el detective había visto tantas veces en su amigo, pero que hacía ya meses, había desaparecido. Ese brillo le indicaba que Light podría ser Kira, pero ya hacía tiempo que había desechado esa idea, aunque seguía repitiéndoselo al castaño. Ahora, el corazón de L se había parado, viendo de nuevo esos ojos traicioneros en su mejor amigo. Light pestañeó, y esa mirada desapareció, volviendo a adoptar su limpia mirada habitual.

L no dijo nada. Se quedó parado frente a su amigo. Stella, Leyre y Matsuda se acercaron para ayudar a levantarse al policía, que también se había quedado observando al detective.

-¿Estás bien Light?- preguntó Leyre preocupada.

-Sí, sí. Sólo ha sido un tropiezo- contestó el chico tranquilizando a su novia.

-No, no ha sido un tropiezo- dijo L con seriedad, levantándose y quedando cara a cara con Light- Estoy seguro en un 60% a que esos mareos que estás teniendo y las pesadillas, tienen algo que ver con Kira, ¿me equivoco?- preguntó el detective suspicaz llevándose el dedo pulgar a los labios.

-¿Pero qué dices L? ¿Puedes dejar esas tonterías durante un rato?- preguntó Leyre enfadada por el comentario inapropiado del detective.

-Déjalo Leyre... Da igual- le quitó importancia Light.

-No, no da igual. La mirada que acabo de ver sólo es propia de Kira. Y esto sólo confirma mi teoría de que perdiste los recuerdos hace meses, y ahora por alguna razón, los estás recuperando. Dime, ¿qué has hecho?- preguntó L con interés.

Light bajó la mirada sabiendo que todo lo que había deducido el detective, era cierto.

-¡Quieres dejarle en paz de una vez, L!- alzó la voz Leyre visiblemente furiosa por el estúpido comportamiento del detective.

-No te alteres Leyre. En realidad esto nos ayuda en la investigación. Las posibilidades de que sea Kira han aumentado exponencialmente- confirmó L observando a la chica, que estaba a punto de darle un guantazo.

-¿Pero qué te pasa? ¿Es que no tienes límite? ¿Sabes acaso el significado de la palabra amistad? ¿Respeto? No puedes andar acusando a la gente como si nada- le espetó Leyre irritada en defensa de su novio.

-Sólo estoy diciendo que tu novio es Kira. Algo que todos sabemos desde el principio- rebatió L con absoluta tranquilidad.

Leyre se acercó al detective dispuesta a abofetearle, pero Light la detuvo y se la llevó de allí para tranquilizarla.

Light la tiraba del brazo, separándola cada vez más de sus tres amigos.

-¡Suéltame Light!- exclamó la chica enfadada.

-Tranquilízate Leyre. Ya sabes cómo es- dijo el chico intentando calmarla.

-¿Pero qué dices? ¿Acaso le has oído? Te está diciendo que eres un asesino, y encima sin pruebas. ¿Tú a eso le llamas amigo?- preguntó Leyre indignada.

-Leyre, si lo dice, es porque así lo creerá- el chico ni siquiera se molestó en negar las palabras del detective, cosa que terminó por ofuscar a la chica.

-¿Le estás dando la razón?- preguntó aún más indignada- ¿¡Pero qué os pasa hoy a todos!? ¡Tú no eres ningún asesino!- exclamó Leyre convencida, sin entender por qué estaban manteniendo una conversación tan ridícula.

-¡Claro que no lo soy!- exclamó el castaño- Pero no me importan sus palabras. Ya estoy acostumbrado- dijo el chico con resignación.

-¿Y vas a dejar que te siga acusando de esa forma?- preguntó la chica incrédula por la respuesta de su novio.

-No, no es eso Leyre. Pero ahora mismo, no sé ni siquiera yo qué pensar. Todas esas pesadillas, las voces... ¿Y si tuviese razón? Todo lo que ha dicho encaja- con estas palabras, Leyre abrió los ojos como platos.

-¿Pero tú te estás oyendo? ¿Insinúas que eres el mayor asesino que hay en el mundo y ni siquiera te acuerdas? Ahora resulta que yo fui Hitler y no me acuerdo- ironizó la chica sin creerse que su novio pudiese estar pensando eso enserio.

-No lo sé Leyre. Si tú estuvieses en mi situación, lo entenderías. Esto es difícil, ¿sabes?- dijo Light empezando a irritarse.

-¡Claro que no te entiendo! No entiendo cómo puedes pensar esas tonterías. No le hagas ni caso a ese imbécil. No tiene ningún sospechoso y se agarra a ti porque eres su única opción, aunque sea sin fundamento- rebatió Leyre con los nervios alterados.

-Es el mejor detective del mundo. No acusa sin fundamentos- murmuró Light.

-¡Dios mío! ¡Esto es increíble! Muy bien, tú eres Kira, yo soy Hitler, L es gilipollas y todos contentos. Fin de la discusión- concluyó Leyre con ironía.

La chica se disponía a irse pero el castaño la agarró del brazo con brusquedad poniéndola frente a él.

-¿Puedes dejar de ser tan infantil? ¿Crees que con cuatro ironías arreglas todo?- la gritó el chico.

-No me grites- contestó Leyre dolida.

-¡Has empezado tú!- exclamó Light más alto.

Leyre se soltó del agarre de Light y se volteó reuniéndose con sus amigos. Cuando pasó por al lado de L, la chica le golpeó un hombro con el suyo propio sin ni siquiera mirarle.

Se excusó con Stella diciendo que quería terminar su maleta y se fue al hotel, que estaba prácticamente enfrente de la playa.

El resto de la tarde pasó muy tensa. El cielo comenzó a nublarse.

-No entiendo por qué Leyre se ha ido tan enfadada. En realidad, sólo he dado mi opinión- dijo L con pasotismo.

-Aveces uno tiene que saber guardarse sus opiniones para momentos más idóneos. Pero parece que tú no tienes esa facultad- contestó Stella dejando KO al detective.

-Puede que yo no tenga esa facultad, pero no eres la más indicada para reprocharme mi falta de virtudes- rebatió el detective con saña.

-¿Estás insinuando algo?- preguntó Stella visiblemente ofuscada.

-¿Quieres que empiece a enumerar?- contestó el detective mirándola con los ojos entornados, retándola.

Stella le asesinó con la mirada y se levantó yéndose sin decir nada. Matsuda fue tras ella mirando también mal a L. Light era el único que seguía con él.

-Ya te estás pasando, ¿no?- preguntó el chico enfadado.

-¿A qué te refieres?- preguntó el detective fingiendo no saber a qué se refería.

-Primero me acusas a mí de ser Kira, discutes con Leyre y ahora insultas a Stella, ¿te has propuesto quedarte sin amigos? Porque si es así, lo estás consiguiendo- dijo Light levantándose y yendo hacia el hotel.

L se debatía entre si seguir a su amigo o ir en busca de Stella. El detective se levantó y decidió ir tras la chica, ya que se había portado como un verdadero idiota.

Mientras tanto, Stella era agarrada por Matsuda.

-Stella, ¿estás bien?- preguntó el chico deteniéndola.

-Sí, sí, no te preocupes. Quiero estar un rato sola- contestó la chica con dulzura.

-Pero...- Matsuda iba a hablar, pero la chica lo detuvo.

-Enserio, estoy bien, no te preocupes. Vuelve a la habitación- le tranquilizó Stella.

El chico asintió dejando a Stella sola y yendo hacia el hotel, resignado.

Stella siguió caminando, esta vez más lentamente, sintiendo como el cielo estaba cada vez más encapotado, cayendo unas pequeñas gotas a su alrededor, esto le dio igual y siguió caminando sin rumbo fijo.

L la divisó, y sin pensárselo dos veces, caminó con largos pasos hasta alcanzarla.

-Stella- la llamó desde lo lejos. La lluvia ya comenzaba a caer, y el fuerte ruido de las gotas golpeando el asfalto, distorsionaba su voz.

La chica se giró encontrándose la imagen del detective empapado con las manos en los bolsillos de los pantalones.

-Déjame en paz- bufó ella girándose para seguir con su camino. L la cogió de la mano impidiendo que siguiese.

-No seas tonta. Vas a coger frío- dijo con preocupación.

Stella le miró incrédula e indignada.

-¡Pero a ti qué te pasa!- exclamó- ¿Te crees que puedes jugar así con la gente?- preguntó molesta- ¿Crees que eres superior a los demás? Pareces bipolar. Antes casi me llamas puta y ahora... ¿Te preocupas por mí?- Stella soltó una carcajada irónica. Al ver que el chico no respondía, siguió- Como el otro día en el pasillo, ¿te crees que soy tu mascota o tu juguete?- preguntó dolida- Si decidiste dejarme, no vuelvas a usarme para luego reírte de mí. Eso sólo lo hacen los capullos, y yo pensaba que no eras uno de ellos, pero me equivoqué- la chica cargaba sus palabras de rabia.

La lluvia arreció con fuerza, provocando un fuerte sonido, haciendo que la chica tuviese que gritar. Unas lágrimas salieron de sus ojos, las cuales quitó enseguida.

-Si ya no me quieres, olvídate de mí y punto. No es tan difícil, ¿sabes?- dijo limpiando más lágrimas que caían continuamente de sus ojos.

A L se le cayó el alma a los pies, dándose cuenta de todas las estupideces que había cometido y que al principio le parecían las correctas. Acababa de destrozar el corazón de la persona que más quería. Se sentía peor que un perro, sin tener derecho ni a mirarla.

En ese momento, L sintiendo que le escocían los ojos, se acercó a Stella y la estrechó entre sus brazos, dejando la cabeza de la chica sobre su pecho.

-Perdóname...- musitó en el oído de la chica que no correspondía su abrazo.

-Suéltame- pidió ella sin fuerzas para alejarse por sí misma del detective.

-Perdóname por favor- repitió L abrazándola con más fuerza, haciendo que la chica se aferrase a él fuertemente y llorase en su pecho.

El chico le estrechó aún más entre sus brazos y comenzó a hablar.

-Siento tanto todo esto... Me he comportado como un maldito imbécil. Quería protegerte de todo daño y el primero que te lo ha hecho, he sido yo- musitó besando el pelo de la chica.

Stella sólo pudo sollozar sobre su torso- Maldita sea... Todo lo que dije fue una mentira, una asquerosa mentira- Stella se separó del detective y le miró a los ojos- Claro que te quiero. En ningún momento fue un juego. Sólo dije todas esas tonterías para mantenerte a salvo, pero ya no aguanto toda esta hipocresía ni un segundo más. Voy a ser un egoísta por una vez en mi vida. No voy a volver a estar solo, aunque eso sea lo que debería hacer. Te quiero, y quiero que estés a mi lado. Aunque sea contrataré un ejército de guardaespaldas, pero te aseguro que no voy a dejar que te alejes de mí nunca más- dijo el detective cogiendo la cara de Stella entre sus manos. Puso su frente sobre la de la chica, con el agua cayendo por sus rostros- Dime que me has perdonado... Dime que no me odias como me merezco.

-No te odio. He intentado hacerlo y no puedo- las lágrimas seguían resbalando por las mejillas de la chica mezclándose con la lluvia.

En ese momento, L la besó con increíble delicadeza, como nunca lo había hecho. Stella correspondió al beso, dejando que el detective acariciase sus mejillas y degustando sus dulces labios. L terminó el beso, dándole otro más corto en la mejilla. El detective puso sus manos sobre los brazos de la chica, frotándolo suavemente.

-Hace mucho frío, te vas a poner mala. Vámonos al hotel- dijo L con dulzura. Acto seguido, cogió la mano de Stella y la llevó hasta la entrada del hotel.

Pasaron por el hall, cogidos de la mano, completamente empapados, y subieron al ascensor sin decir palabra alguna.

Una vez dentro, L acarició el rostro de la joven besando sus labios de nuevo, sin presionar demasiado.

Stella correspondió el beso, pasando sus dedos por el cuello del detective, rozándolo con cuidado.

El chico se separó de ella unos pocos centímetros con una pequeña y leve sonrisa.

En ese momento la puerta del ascensor se abrió.

Frente a ellos estaba el pasillo que llevaba a sus habitaciones.

L sacó a la chica de la mano y la llevó hasta la puerta de su habitación.

Stella observó la de Matsuda preocupada.

El detective se percató de su dilación y, tras abrir la puerta, se quedó esperando.

-Yo... Sabes que no quiero obligarte a nada... Es más, entendería que no quisieses venir conmigo después de cómo me he portado- dijo esto último sin mirar a la chica, con voz susurrante.

Stella suspiró mirando la habitación que compartía con el policía.

Es verdad que todo lo que L le había hecho le dolió de sobremanera, pero aún así le seguía queriendo.

Miró de nuevo al detective sin soltarle la mano, y L, entendiendo la respuesta de la chica, la llevó con él a su suite.

Cerró la puerta tras de sí y comenzó a besarla lentamente, esta vez sin prisas, sin miedos a una interrupción o apuestas que cumplir.

Ahora sólo estaban ellos, empapados, volviéndose a besar con sinceridad.

Las manos de L recorrían el cuerpo de la chica, pasando debajo de la ropa mojada que se pegaba a su piel.

Stella le abrazaba por la cintura, acariciando su húmeda y fría espalda.

Los besos se tornaron tiernos y algo juguetones por parte del joven, que capturaba y mordía levemente el labio inferior de la chica, para después soltarlo y volver a empezar.

L bajó los tirantes de la camisa de la chica, acariciado así los mojados hombros de ella, bajando hasta sus pechos acariciándolos con cuidado.

Todo fue muy diferente al atropello del pasillo.

El chico retiró poco a poco la camisa de Stella, quien hizo lo mismo con la del detective.

Este volvió a besarla envolviéndola en un abrazo acogedor que eliminó todo frío que ella pudiese sentir.

La joven pasó sus manos por el torso de L, acariciando la piel del chico, sintiendo cuánto había echado esto de menos.

Stella desabrochó los vaqueros del joven que seguía besándola con intención de ir incluso más despacio.

Él acariciaba el pelo empapado de la chica, rozando su espalda con la otra mano, guiándola de espaldas hasta que ella se sentó en la cama y él mismo la tumbó.

Ella apoyó la cabeza en la almohada y L se acomodó sobre ella, poniendo las piernas de la chica en su cintura.

Continuó con los largos besos, lamiendo los labios de la chica y acariciándolos de forma melosa.

Stella tenía sus manos en la espalda del chico, recorriéndola con la yema de los dedos, suavemente.

L la miraba con los ojos entrecerrados, contemplándola absorto mientras ella le acariciaba.

-No sé cómo he podido ser tan idiota- susurró como si hablase para sí mismo.

Ella le sonrió y besó su mejilla como si de un niño pequeño se tratase.

Él también sonrió y, cogiendo el rostro de la chica con su mano, la besó con dedicación.

Ambos se quitaron la ropa que aún les quedaba y, tras algunas caricias más, L comenzó a moverse sobre ella, empezando despacio, dejando que se acostumbrase mientras rozaba el cuello de la chica con sus labios, notando como el placer subía de sus caderas a su estómago.

El primer jadeo llegó de L, que se movía de forma acompasada y profunda, dando agradables y leves mordiscos sobre la piel de Stella.

La chica también soltó un quejido cuando este decidió levantarse con algo de brusquedad sobre ella, separándose de su rostro, bajando la cabeza con los labios entre abiertos resoplando, haciendo que la punta de los cabellos de L rozasen la frente y mejillas de ella.

A pesar de lo lento de los movimientos estos eran profundos y marcados, por lo que los suspiros y gemidos no paraban de llegar al ritmo de las embestidas.

El sudor tardó más en llegar ya que la humedad de su piel les mantenía fríos por más tiempo, y tardaron más en cansarse.

Al final ambos terminaron en una última embestida más brusca que dejó a L apoyado en sus antebrazos, sin poner todo su peso sobre ella, que respiraba por la boca, fatigada.

Él cortó esta respiración besándola con ternura, descargando toda la dulzura que tenía en ese último beso.

Cuando se separaron ella le sonrió al joven acariciando su mejilla.

Stella acarició los pómulos de L, rozando sus marcadas ojeras.

-Hoy duerme conmigo- pidió ella sabiendo que lo normal es que el chico pasase el resto de la noche despierto, entretenido en otras cosas.

Pero esta vez ella quería que durmiese a su lado.

El joven la miró a los ojos y sonrió, asintiendo con otro corto beso en los labios.

L se tumbó junto a la chica, cara a cara, y la rodeó con sus brazos atrayéndola hasta él, quedando ambos dormidos en esa posición.

En la habitación de al lado, Light abrió la puerta con cuidado. El chico también estaba empapado, ya que le había pillado la lluvia de camino al hotel. Leyre estaba haciendo las maletas. Se había duchado y cambiado de ropa. Cuando llegó el chico, ambos se miraron fijamente durante unos segundos. Rápidamente Leyre retiró la mirada y terminó con sus labores. Light siguió mirándola estático en la puerta, sin saber qué decir. Finalmente se decidió y se acercó a ella por la espalda, rodeando la cintura de la chica con sus brazos. Acercó su boca al idea de la chica.

-Siento haberte gritado- susurró con voz melosa.

Leyre cerró los ojos al sentir el contacto del aliento de Light en su piel. La chica acarició el cuello del chico aún sujeta por los brazos de este.

Él besó el cuello de la joven con dulzura, sintiendo cómo ella le perdonaba.

-Yo siento haberme alterado tanto- contestó la pelirroja con ternura.

Esa noche pasó con tranquilidad. Por primera vez en todas las vacaciones, las parejas originales se habían reencontrado.

Al día siguiente, el vuelo salía a mediodía. De la habitación de L, salió Stella, que entró en su habitación con la ropa ya puesta, intentando no hacer ruido, pero Matsuda la esperaba sentado sobre la cama.

-Buenos días- susurró la chica sintiéndose culpable.

-Buenos días- contestó el chico apenado.

Stella iba a excusarse por lo de la otra noche, pero Matsuda la cortó.

-No tienes por qué inventarte nada. Sé lo que ha pasado. Lo llevo sabiendo desde el principio. Puede que a mí me quieras, pero ni la mitad de lo que le quieres a él- dijo con una mirada desolada.

Stella tragó saliva intentando encontrar unas palabras que le reconfortasen, sin hallarlas.

-No sé cómo empezar a pedirte perdón...- Matsuda la volvió a interrumpir.

-No quiero que lo hagas. En realidad sólo tengo dos opciones. Una, salir ahí fuera y pegarle una hostia, o, dejarte ir. Pero ninguna de las dos me sirve, ya que ninguna hará que estés conmigo y te quedes a mi lado- su voz se quebraba en las últimas palabras. A Stella le empezaron a arder los ojos, sintiendo rabia por no poder corresponder al chico como merecía.

Se acercó a él, y quedando frente a frente, le abrazó. Matsuda tardó unos segundos en corresponder su abrazo.

-Que sepas que no me arrepiento de nada de lo que he hecho contigo- aseguró Stella apunto de llorar.

El chico la abrazó más fuertemente. Stella sintió cómo el policía derramaba algunas lágrimas, sabiendo que aunque ella intentaba reconfortarle, ya la había perdido. Más bien, nunca había sido del todo suya.

Stella secó las lágrimas que le habían resbalado por la mejilla y besó la frente del joven con ternura.

Horas más tarde, todos se reunieron en la entrada del hotel. Había llegado la hora de despedirse de Cancún, aquel idílico sitio en el que habían pasado esos interesantes días.

Embarcaron en el avión para pasar otras nueve horas de vuelta a la capital española.

Esta vez, Stella se sentó con L y Matsuda junto a Light y Leyre.

-¿Le has dicho algo?- preguntó el detective acercándose al oído de la chica, observando cómo Matsuda ni le miraba.

-Bueno... Se podría decir que sí...- contestó Stella recordando la escena- En realidad cuando llegué a la habitación, él ya imaginaba lo ocurrido- concluyó Stella.

-Vaya, no es tan tonto como esperaba- susurró L llevándose el dedo pulgar a los labios.

La chica suspiró resignada por el comentario del detective.

-Bueno, tú hoy querías decirme algo, ¿no?- dijo Stella con una sonrisa burlona.

-¿Yo? No recuerdo tener nada que decir- sonrió de forma juguetona, sabiendo a la perfección a lo que se refería la chica.

-Creo recordar que era algo referido a volver con cierta chica- dijo mirando hacia arriba, dándose pequeños toques con el dedo índice en la barbilla fingiendo un gesto pensativo.

El detective la sonrió entornando los ojos, planteándose si seguir con el juego o rendirse. Evidentemente, eligió la primera opción.

-Puede que lo hayas imaginado, porque yo no quiero volver con ninguna chica- Stella lo miró incrédula pensando en que había vuelto a engañarla. De pronto dirigió su mirada a los ojos de la joven- Porque en realidad, yo nunca la he dejado- finalizó acercando su rostro al de ella. Stella se ruborizó al instante, y L la besó en los labios con dulzura. El detective quería profundizar el beso llevando una mano al muslo de la chica, pero Stella se opuso, ya que tres asientos más a la derecha, estaba Matsuda dormido. Aún así no le pareció correcto.

Leyre pasó todo el viaje dormida, con la cabeza apoyada en el hombro de Light, con el brazo de este rodeando su cuerpo.

Llegaron a Madrid de madrugada, por lo que cada uno cogió un taxi y se fue a su casa para intentar descansar todo lo posible antes de ir a trabajar al día siguiente.