Flor Artificial
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Por
Kuraudea
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Capítulo VI
Eximente invernal
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«Nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación»
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El lugar era oscuro, sombrío; entró tan deprisa que olvidó prender la luz. Pues el llanto le ganó y le exigía más atención que cualquier otra cosa. Tirada sobre el alfombrado, su cuerpo temblaba mientras sus brazos permanecían cruzados con la intención de controlar ese movimiento involuntario. Su mirada permanecían fija, sin parpadear, como si fuese una muñeca de plástico; sin alma, sin vida y con los pensamientos nulos. Los orbes negros como la propia noche, se humedecían por el brillo de unas lágrimas. Una de ellas brotó formando un camino en su mejilla, escurriéndose así, por parte de su cuello hasta buscar un rinconcito en su oreja, para finalmente desaparecer al consumirse.
En posición «Fetal», la Flor Artificial estaba inmóvil, presa de la garras de la desilusión. Su pecho dolía, sentía un frío desgarrador que le oprimía con fuerzas, quizás, fue consecuencia por salir corriendo de la camioneta sin importarle el frío invernal. Pues bien, lo único que deseaba en ese instante era desaparecer y alejarse de ese «cretino».
Sus labios titiritaban. Tenía miedo de lo que se avecinaba. ¿Qué pasaría de ahora en adelante con el Presidente Brief? Pues analizando la situación había sus riesgos, como por ejemplo, que el joven azul tomará represalias en contra de Polaris y del trabajo que realizaban ambas mujeres para la Sede. Aunque fuera una actitud demasiado inmadura por parte del empresario. Finalmente cualquier cosa podía pasar; hay quienes mezclan lo personal con lo laboral, cuando no debería de ser así.
»¿Y si le cuenta a Violet?—pensó en Ribbon inmediatamente.
Seguramente ella se molestaría muchísimo y con todos los derechos del mundo le dijera «¡¿Qué pasa contigo, Mai?!»«¡¿Por qué hiciste eso?!» Y descubriría nuevamente que estaba en otro de sus famosos brotes del pasado. Ahora, ¿Con qué cara le explicaría lo qué pasó? Pues no era como contarlo como si fuese algo cotidiano, sencillo, y fácil de entender. Sin duda, quedaría en muy mal papel.
Pero pese a toda la vergüenza, su pecho inevitablemente ardía.
Ardía de dolor, de desilusión tras pensar que su «admiración secreta», resultó ser el típico hombre engreído al mostrar su rostro si tener puesta la careta del diario.
Qué desilusión.
»Maldito aprovechado.
La situación resultaba estar tan equivocada que, cada uno de ellos pensaba cosas distintas al respecto: él se hizo a la idea que era una mujer fácil. Mientras ella pensaba que Trunks era un gran cretino. Ese detalle era lo que más le preocupaba a Mai, pues le atormentaba que le juzgarán de tal cosa, no era merecedora del peor calificativo que podría ganarse una mujer: ser una cualquiera. Entonces, una pregunta llegó a iluminarle la mente: ¿Sería capaz de soportar la situación hasta terminar el contrato con la Capsule Corp? Pues en definitiva, la relación entre la estrella y el azul daría un cambio radical.
—No...no puedo...—susurraron sus labios que no tenían ni una pizca del rojo carmesí que lucían horas atrás. Optimistas, frescos. Pensando quizás, que sería una noche inolvidable.
Y lo fue.
Fue la noche más inolvidable de su vida. La más patética de todas.
La escena de la camioneta se recopilaba dentro de su colección de agrios momentos. Posicionándose, probablemente, entre los primeros lugares.
—¿Qué rayos me pasó?—se cuestionó a sí misma. Culpándose por haber hecho la mayor estupidez de su vida.
Secó sus lágrimas, con la mano precioso su pecho y dijo a la nada:
—Tengo que largarme de aquí—se levantó.
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El frío era tan crudo que fue necesario encender la chimenea de la sala. Al menos su cabaña contaba con ese privilegio, aunque todas las cabañas de descanso de los trabajadores de la Sede, gozaban de tener un buen servicio de calefacción.
Sus manos forradas por unos guantes negros, extendieron una frazada que cubrió a su invitado sorpresa.
—Marron...¿Por qué no me dijiste que vendrías?—se hincó frente a ella tomándole de las manos—Estás congelada.
—Estoy bien, no te preocupes—agachó la mirada.
—¿Qué pasa, mi amor?—preguntó el presidente tras haber acariciando su rostro.
La rubia suspiró y le miró a los ojos.
—Pobre mujer...
—¿Cómo dices...?—Trunks no comprendió su comentario—¿A qué te refieres...?
—Cuando llegué, decidí esperarte en el comedor industrial. El tiempo se me hizo eterno y entre empleados pregunté dónde se localizaba tu estancia. Supuse quizás, que ya estarías ahí. Tomé dos vasos de café y, al situarme en medio de la aldea, una mujer que no llevaba un abrigo chocó conmigo.
—¿Estás bien? Dios, estás congelada.
—N-No tengo nada, déjeme en paz.
— Oye...
El empresario evadió la mirada de su Sol. Pues bien sabía de quién se trataba. Era la mujer que no hace unos instantes se le habla insinuado.
—Ya veo...—asintió ligeramente.
Fue un golpe bajo el que recibió.
—Espero no haberte causado un disgusto, Trunks—sonrió la celeste—Yo solo quería que fuera sorpresa mi visita.—agachó la mirada.
Trunks al ver su expresión, supo que no mostró nada de gratitud al respecto.
—Lo sé, mi amor. En serio, es muy lindo gesto de tu parte.—buscó su mirada—Solo que me hubiese gustado saber que vendrías, e incluso hasta hubiera ido por ti a la Central Norte.—sus manos frotaban los brazos de la rubia para darle calor.
De momento el muchacho besó su mejilla.
—Te invito un chocolate caliente antes de ir a dormir, ¿Qué dices, eh?
—Esta bien, Presidente.
El adjetivo hizo que el muchacho esbozara una sonrisa.
—Anda, vamos.—se dirigieron a la cocina.
...
Después de beber una taza de chocolate caliente, hecha por el propio joven; tomaron una ducha y se dirigieron a la cama. Procedieron hacer sus obligaciones «maritales» pues tenían días sin verse y sea como sea, necesitaban de ese momento íntimo, pues para Trunks, satisfacer a la rubia era una de sus obligaciones primordiales como pareja.
Eran altas horas de la madrugada y después de haberse amado plácidamente, deseaban descansar.
—El viaje fue muy largo.—dijo Marron al acurrucarse en el pecho bronceado.
—Me imagino. En realidad si son distancias grandes.
—Lo sé, pero valió la pena—besó su hombro.
El muchacho sonrió.
Y Marron bostezó víctima del cansancio.
—Buenas noches, Trunks.
—Duerme bien, amor.
El pecho fornido del Presidente se convirtió en la almohada de la rubia. Él era de esos tipos que no podía dormir con playera, aunque hiciera un frío atroz prefería quitársela, ahora por obvias razones permanecía desnudo bajo las sábanas. Acariciaba a su ángel. Sus dedos se entrelazaban en los cabellos dorados que parecían finas cuerdas de un arpa.
En tanto, los orbes azules, penetrantes y fruncidos, se fijaban en el techo como si su intención fuera derrumbarlo con el poder de sus ojos. Pues no había otra cosa más que pensar en lo que había sucedido con la mujer de Polaris.
—Aléjese de mi, cretino. ¡¿Cómo se atreve?!
«Cretino, cretino, cretino»
Esa palabra le provocaba un sabor amargo en la garganta—carraspeó—Pues su reacción de alguna forma le había sorprendido. Nunca pensó que esto fuese a ocurrir o salirse de control.
La cabeza le daba vueltas.
»¿Por qué se comportaría así? ¿Qué acaso no era lo que finalmente ella quería? Entonces, ¿Qué pasó?
Recordó sus lágrimas, para colmo en la camioneta permanecía su abrigo. Y de momento no se explicaba el cómo era que sentía pena por esa mujer que se le insinuó, esa que planeaba desintegrar su felicidad, su mundo. Esa que mentía y fingía ser alguien sumisa por tal de conquistarle.
Y sin tan mala era esa mujer, ¿Por qué pensaba en ella? ¡¿Por qué?!
En eso, la rubia suspiró tras modificar su posición. Él besó su frente y se dispuso a dormir.
No quería seguir pensando en lo sucedido.
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—¿Edad?
—40 años.
—¿Eres alérgica algún tipo de medicamento?
—No...—negó cabizbaja.
—Bien. Una vez más te pediré que respires hondo y exhales suavemente.
El «Estetoscopio» fue colocado nuevamente en su pecho.
»1..2..3..inhala.
»1..2..3..exhala.
—No hay más dudas. Tienes principios de bronquitis.—afirmó la doctora Misao, encargada del área de primeros auxilios de la Sede.
—¡¿Bro–Bronquitis?!
—Sí.—contestó la profesional.
Misao, era una doctora con bastante experiencia en su rama. Había sido contratada principalmente para otorgar salud a todos los trabajadores del proyecto. Era una mujer de complexión robusta, cabello decolorado pero, se notaba gran parte de su crecimiento, eso contrastaba un poco con lo rubio de sus largos y puntas. No era muy feminina. Usaba lentes de armazón negro y su típica gabardina de doctor blanca.
—Pe-Pero...
—No te asustes, Mai.—dijo la doctora tras preparar una inyección—El diagnóstico fue oportuno. Ya sabes, abrígate bien, toma muchos líquidos y tomate tres dias de descanso. Yo me encargaré de hacer un justificante médico para enviárselo al Presidente Brief.
«Presidente Brief»—tan solo de escuchar su nombre sus tripas se retorcían.
—Esta bien, gracias.
Mai se recostó sobre la camilla y la doctora Misao aplicó el medicamento.
—Eso es. Listo.
—¿Doctora Misao...?—la estrella se reincorporó.
—¿Si, qué pasa?
—¿Cuánto tiempo durará la medicación?
—Como se trata de antibiótico estaríamos hablando de unos siete días, ¿Por qué?
—Por nada en especial. Es solo que...
—Aja...
—Pienso viajar al Oeste y quería ver si podría autorizarme otra receta médica para continuar con el tratamiento allá.
—Entiendo. No te preocupes, claro que sí.
—Gracias, Doctora Misao.
La mujer fue a su escritorio e hizo dos recetas además de un justificante.
—Aquí tienes tu copia, Mai.—le hizo entrega de la receta junto con una bolsita que contenía medicamentos: pastillas, jarabe y unos sobres de té de abango.
La estrella agradeció nuevamente.
—Gracias.
—Cuídate linda, te veo mañana para tu segunda aplicación. El justificante lo enviaré el Lunes a primera hora.
Mai salió después de una reverencia.
—Así será.
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La estrella se dirigía a su cabaña a paso veloz.
Llevaba un abrigo térmico rojo, gorra, gustes y todo lo necesario para cubrirse del frío. Ahora pensaba que gracias a la bronquitis, tendría un pretexto «decente» para regresar al Oeste. Tal vez inventaría que era algo crónico o algo así. El punto era no ver al Presidente.
Al entrar a su casa-cápsula, se puso ropa cómoda, con una parrilla eléctrica calentó agua y se sirvió el té de abango que le había dado la Dr Misao, y así, aprovecho para tomarse el medicamento señalado. Después, se metió a la cama, pues siendo franca sentía un poco de friebre. Al estar rodeada por almohadas, tomó el control de la televisión que se situaba en la mesa de noche y la encendió con el fin de buscar algo interesante que ver. Su objetivo primordial era descansar, reposar su enfermedad e idear un plan. No iría al comedor, en ese caso preferiría pedir la comida a su habitación. No asomaria las narices por nada del mundo. Era obvio, aún se sentía mal por lo sucedido.
...
Tras dormir un rato, se reincorporó de la cama. Se sentó y su espalda quedó recargada en la pared. Justo a un lado, se alzó la punta de la cortina blanca que cubria la ventana. Por curiosidad se asomó, no había mucho que ver más que nieve, además de las Cabañas de alrededor del resto de sus compañeros. Pero al fijar su vista más a lo lejos, divisó la cabaña del Presidente Brief.
Y lo vio.
Al menos no frente a frente pero, de cualquier forma le incomodó.
El joven azul subía a la camioneta y del lado del copiloto su prometida. Al verla, Mai recordó que chocó con una mujer en la madrugada.
»¿Habría sido la señorita Jinzo?
Pues ambas mujeres se dirigían a la misma dirección.
—Ya veo...—asintió sin despegar su vista del horizonte.
Sin prestarle más atención al panorama, debajo de la almohada sacó su móvil.
»¿Ya estará despierta, Violet?—se preguntó al teclear el número de amiga. El teléfono lo llevó a la oreja y espero a que contestaran su llamada.
—...¿Diga...?
—¿Violet?
—¿Qué pasa, Mai?
—Cielos, suenas terrible.
—Lo sé, traigo una resaca nivel dios. ¿Tú cómo estás?
—Precisamente te hablo por ese motivo. Verás, la salida de ayer me provocó inicios de bronquitis.
—¡¿En serio?!
—Sí, pero no te preocupes, estoy bien. Por suerte la doctora Misao permaneció aquí y me atendió.
—Me alegra, Mai. Qué bueno que no hiciste decidía. ¿Te recetó antibiótico?
—Sí—suspiró—Por una semana, además de otros medicamentos.
—Ya veo, debes de cuidarte...Por cierto, Mai.
—¿Qué pasa?
—Recuerda que tenemos una exposición pendiente en la sala de opciones múltiples, ¿Ya alistaste tu material de trabajo?
La de cabello negro no encontraba la forma de decirle a su colega que no quería continuar, pero tomó valor y lo hizo.
—Violet, ya no quiero estar aquí.—fue directo al grano.
—¿Qué dices? Pero, ¿Por qué? No entiendo.—la mujer de Polaris se consternó por lo que había escuchado. Tanto así, que se reincorporó de la cama.
—Quisiera regresar a la Capital del Oeste. El clima de aquí me está haciendo daño. Además tú puedes dar la exposición sin mi. Yo en tanto podría regresar a Polaris y hacerme cargo de otros pequeños proyecto y trabajar con lo de la Sede en la oficina. Por favor, ¿Sí?
—Pero es que...
—Aunque me digas que me presente no lo haré. Lo siento, en verdad lo siento. Pero no puedo, Violet...No puedo...—se escuchó su voz quebrarse.
—Mai, ¿Acaso pasó algo que debería de saber?—preguntó angustiada.
—No, descuida.—la mujer secó sus lágrimas.
—Es que esto es tan repentino. Que no me creo tal cosa, ¿Pasó algo en el bar, cierto?
—Ya te dije no.
—¡Mai, carajo! Si alguien te hizo algo DEBES de decírmelo. Como empresa externa al proyecto tenemos que exigir que se nos trate bien.
—¡Te dije que NO!—se exaltó la estrella.
—Mai...
—El Lunes a primera hora regreso al Oeste, en verdad lo siento.—colgó.
—¿Mai...? ¿Estás ahí?—la jefa de Polaris esbozó—Qué rayos le pasa.
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La camioneta blanca hizo parada en la Central del Norte, pues la rubia tenía que regresar al Oeste.
Al darse un beso en los labios, Trunks y Marron se despidieron.
—Cuídate mucho, mi amor. ¿Segura que no quieres que te haga compañía?—el joven acariciaba su rostro.
—No, no te preocupes. Es más—señaló al exterior—Creo que ese es mi autobús.
—Ya veo...—contestó el muchacho y la abrazó con todas sus fuerzas.—Cuidate mucho, gracias por tu visita.
—No fue nada.—negó con la cabeza—Yo solo vine porque te extrañaba. Nos vemos pronto.
—Eso no lo dudes. En cuanto llegues a la Capital, por favor házmelo saber.
—Sí, descuida.
—Buen viaje, te quiero.
—Y yo a ti.
Otra beso y la chica bajó de la camioneta.
Como un bello ángel desde lejos le decía adiós a su prometido. Él contestaba el gesto de la misma manera.
La chica subió al autobús y Trunks partió.
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La puerta de la oficina se abrió y en el exterior se apreciaba el atroz viento invernal a sus espaldas. Al cerrar, se cruzó de brazos y esbozó víctima del frío para menguar un poco lo helado de sus huesos. Como todo Lunes el día comenzaba, y había varias cosas por hacer; se sentó de forma natural en la silla de su escritorio y sobre éste, un sobre de color blanco sobresalía entre varios con el sello de la enfermería de CC y la firma de la Doctara Misao.
El joven Presidente tomó el papel, abrió el sobre y leyó:
»Justificante médico del empleado de Polaris por motivo de inicios de bronquitis.
Sin saber cómo actuar o qué pensar al respecto, firmó el papel con el bolígrafo «punto fijo» que descansaba en la bolsa delantera de su gabardina negra. Como siempre la bufanda roja cubría su cuello.
—Dios...—mostró un rostro lleno de culpa.
No era para menos sentirse con un poco de remordimiento. Pues pese haber pasado un bonito fin de semana al lado de Marron, le fue imposible quitárse de la mente la escena de la camioneta.
Cerró los ojos y arrojó un suspiro sentido.
Pues siendo tan típico de los Lunes, ya había empezado con la primer traba del día.
Con la mano tomó su barbilla, torció sus labios y frunció las cejas (ademán muy típico de él). En tanto, su mirada azul, se centraba en la nada.
Pensaba y pensaba vagamente.
Hasta que volvió en sí.
—Tengo que investigar...
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Las escuadras se deslizaban en los planos haciendo sus trazos perfectamente medidos.
—Eso es...—dijo el joven Son, después de marcar una raya en el papel.
En tanto, Ribbon permanecía cerca de él. Ella curioseaba una revista de tips femeninos. Justamente leía la sección de horóscopos y consejos de pareja.
—Escucha esto, Son Goten—rió al tiempo que mordisqueaba una galleta.
—¿Eh...? —el muchacho dejó de hacer su trabajo para escuchar con atención.
»El hilo rojo une a las parejas aunque miles de millas los separen. Eso significa que la relación de una pareja está predestinada.
Volteó con el joven.
—¿Tú crees que esto sea verdad?
—Mmmm...—se puso pensativo el muchacho—Estas cosas del destino y romance son bastante complicadas.
—Bien, continuó.
»Es tu destino si vives un cierto nivel de conciencia en donde necesitas tener un vínculo con esa persona. Pero no necesariamente va ser tu destino si vives esa relación.
—¿Y qué querrá decir eso?—preguntó Goten al alzar una de sus cejas.
—Supongo que hace referencia que a veces las parejas, pese a tener un vínculo armonioso, no necesariamente es el destino final a como muchos piensan. Sino que quizás, hizo falta conocer a alguien más en su camino, o puede ser lo inverso; vivir algo lindo sin estar predestinados.
—Oh, entiendo—asintió el azabache...Por eso siempre diré que es bueno salir con muchas chicas.
—Creo que lo estás tomando a tu conveniencia, ¿Eh?—rió la mujer y prosiguió con la lectura.
»Sin embargo, situándonos en otra perspectiva, cuando se está con una pareja actual y aparece la persona predestinada, se puede dar lugar a no un matrimonio sino a una unión más profunda, con el alma, o con otros aspectos superiores a la pareja que se tiene a un lado. Se descubre finalmente algo que permite comprender mejor la vida. Incluso si después existe una separación con la persona predestinada; el más grande momento de su unión, fue y sería el haber conocido a él o ella.
—Entonces la persona predestinada, llegará tarde que temprano sin importar las condiciones. Quien lo diría, a veces uno cree haber elegido bien—suspiró la violeta—¿Interesante, no crees?
—Creo que solo me confundió más, Señorita Violet.—rascó su nuca.
—¡Bobo!—refunfuñó—Pero creo que tienes razón.—dijo desanimada—Estas cosas son confusas, por eso no hay como los números, esos nunca fallan.
En eso, la puerta se abrió y para la sorpresa de ambos ingenieros, era el propio Presidente Brief justo en el marco de la entrada.
Saludó.
—Buenos días.
—Qué sorpresa, Trunks—dijo de momento Goten—¿Qué te trae por aquí?
—Nada en especial—contestó—Solo quise saludar a mis queridos colegas. Me supongo que después de haber descansado todo el fin de semana, están con toda la actitud, ¿No es así?
El joven empresario mostró media sonrisa, si bien su comentario había sido dirigido con cierto sentido del humor.
—¿Usted cómo amaneció, señorita Violet?
—Muy bien, Señor Brief. Gracias.
—Tenemos una presentación pendiente, ¿Lo recuerda?
—Oh, claro que sí. Ya hemos trabajo en ello, no se preocupe.
»Tengo que decirle que Mai se deslindo de proyecto—pensó Ribbon para sí misma.
Trunks sin saber que más agregar a la conversación, se desesperó de momento, pues no se le venía en mente que otro pretexto interponer para estar a solas con Violet. Finalmente no tuvo otra alternativa más que pedirlo directamente.
—Si no es mucha molestia, ¿Podría regalarme unos minutos de su tiempo, por favor?
—¿Eh...? Sí, claro que si.
—A solas por favor.
La mujer asintió.
—Son Goten, ¿Podríamos traernos de la cafetería unos vasos de café?
—Esta bien, esta bien—renegó—Pero no crean que no me di cuenta que quieren charlar sin que yo esté presente.—sonrió.
Tomó su abrigo, la bufanda y salió rumbo a la cocina industrial.
—Bien, ahora dígame qué se le ofrece.
Ambos adultos tomaron asiento.
—Primero que nada, recibí un justificante médico de la Dr. Misao. ¿Cómo se encuentra su compañera?
—Creo que está bien, aunque le recetaron antibiótico por una semana.
—Ya veo...—desvió la mirada.
Violet al percatarse de su gesto, preguntó:
—¿Sucede algo, Señor Brief?
Éste suspiró y elevó nuevamente su mirada.
—No quiero sonar grosero o como un cretino por lo que voy a preguntar.
—¿Qué pasa?—la mujer de Polaris estaba intrigada.
—Su amiga...—le costaba trabajo decirlo—¿Su amiga es una «cortesana»? Es decir,—extendió sus manos—¿Sería capaz de fingir un estado de ebriedad?
[Cortesana es uno de los sinónimo que se le adjudica a una mujer fácil]
»¡¿Qué?!
Violet parpadeó asombrada, no sabia como reaccionar.
»¿Por qué de repente me hace esa pregunta?
Al recapacitar y situarse a su realidad, una pluma se sostenía en sus brazos. Y fue ahí, que inevitablemente, una enorme carcajada nació de ella.
—¡Ja,ja,ja!
—¿Eh?, ¿Qué sucede?—el muchacho simplemente alzó una de sus cejas. No entendía su actitud.
—¡Esto es lo más absurdo que he escuchado!—decía entre carcajadas mientras sostenía su estómago.
Trunks simplemente se sonrojó.
—Bueno es que...
—Discúlpeme Presidente.—calmaba su risión—No es por ofenderle pero creía que tenía buen ojo para las mujeres. Además ...Mai es de las que se embriagan hasta con jugo de uva.
—¿D-De verdad?
—¡Claro que sí!
—Bueno, yo...—desvió la mirada apenado.
—¿Y a qué se debe todo esto, eh?
—Nada en especial—contestó nervioso—Solo
simple curiosidad, no te preocupes.
La mujer violeta suspiró.
—¿Sabe algo presidente?
Le ofreció un cigarrillo y él negó con un simple móvimiento de mano. Entonces Ribbon, le dio vida a su vicio y del cajón del escritorio sacó un paquete de goma de mascar.
—¿Si...?
—Tal vez a veces Mai actúe de forma rara, pero en serio, es buena persona.—expulsó el humo del cigarro—No quisiera hablar de más porque quizás no me pertenece hacerlo, pero le noto curioso.
—No entiendo. Explícame.—exigió.
—Ella pasa por un duelo, Señor Brief. Un duelo que la consume a pedazos y le quita la sonrisa de cada día. Desde hace dos años está pasado por un proceso de divorcio y, no lo supera aún.
Los orbes azules se dilataron tras descubrir que la propia acción que ocurrió en la camioneta fue producto de un vedadero malestar.
—¿E-Eres tu..?—le preguntó a su visión. ¿A dónde vamos?¿A casa, cierto?
Y el espejismo que en en realidad no se trataba de Silver sino de Trunks, contestó:
—Sí, vamos a casa. No te preocupes, ya casi llegamos. ¿Te sientes mal?
—Eres tú...
—¿Cómo dices...?—volteó hacia ella.
—¿Por qué estás aquí?
—Siempre he estado aquí.
—¡No, no es verdad!.—sus ojos se llenaron de lágrimas al recriminarle.
—Claro que es verdad, te tomé en mis brazos y te traje conmigo.
—¿Entonces, estás aquí por mi? ¿Recapacitaste acaso de tu error?
»¿Qué?
Con ese dato revelado, Trunks, cayó en cuenta que no había sido una simple actuación por parte de Mai, sino más bien era un rebote debido a su duelo de divorcio. Sintió tanta pena porque él se había comportado como un verdadero tirano, el mayor cretino de la historia; estaba arrepentido.
—¿Q-Qué?—dijo en un hilo de voz la mujer.—¿Presidente Brief?—parpadeó con asombro—No, escúcheme, se está equivocando, Señor.
Y el joven mostró una singular sonrisa soberbia.
—Es un hecho que no. ¿Y sabe por qué?—le miró fijamente antes de contestar—Porque usted es una mujer fac...
»Imbécil.
Se insultó una y otra vez en sus pensamientos.
—¿Se encuentra bien, Señor Brief?
El muchacho volvió en sí.
—Ah,sí, sí. —se levantó de la silla—Digále a la Señorita Mai que mañana la espero a segunda hora en la sala de opciones múltiples.
—Me temo que no será así, señor.
—¿Por qué?—frunció la mirada.
—Porque decidió regresar al Oeste. Por algún extraño motivo ya no quiso estar aquí. Ahora se hará cargo de otros proyectos.
»Fue por mi.
»Por mi culpa.
Pero de algún modo, él tenía que hacer regresar a Mai. No iba poder vivir con la culpa.
—Pero descuide, Presidente Brief. Yo daré la exposición.
El azul a distancia negó.
—Si mañana no se presenta la Señorita Mai, cancelo el contrato con Polaris.—advirtió, se dio la vuelta y justo antes de salir, miró sobre su hombro y dijo:—Así que más vale que regrese.
—Pero Señor...
Al salir de la oficia de Violet, chocó con el joven Son, quien traía una charola con los tres bebidas.
—Trunks, aquí está tu café.
El Brief con cara de pocos amigos tomó el vaso de corcho y siguió su camino.
—¿Y ahora qué le pasa?—preguntó Goten—Cada vez le noto más amargando.
En eso volteó con Violet, ella lucía un semblante de preocupación.
—¿Todo bien...? —parpadeó confundido.
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Despertar en el Oeste había sido tan reconfortable que, justo en ese momento valoró lo importante de estar en casa. Volver a la Capital, sin duda, había sido su mejor decisión. Todo estaba en orden, su departamento, su entorno cotidiano, el frío moderado que no afectaba en su reciente enfermedad. Su recinto de trabajo de años que era como su segundo hogar. Todo era mejor que el mal sabor de boca que le había regalado el Norte.
Nuevamente la radio sonó en su estación favorita. El «Hadashi no megami» no hacia un par de minutos que le había endulzado el oído. Qué mejor manera de empezar el día con ese canción. En tanto, una taza de café humeante reposaba sobre su escritorio, y ella, revisaba plácidamente unos planos de otros trabajos pendientes.
Polaris y su gran ventanal no tenía comparativa. Y el palpitar del letrero luminoso de «Hard Rock» alegraba a cualquiera.
»Estoy en casa.
El ring-ring del teléfono interfirió en su trabajo. Fue así, que el volumen de la radio disminuyó y Mai contestó:
—Polaris, buenos días.
—Soy yo, Violet. ¿Cómo seguiste? ¿Qué tal todo por allá?
—Estoy mejor gracias. Aquí en Polaris todo en orden. ¿Y tú?
—Bien...—suspiró—Solo que hay un pequeño inconveniente.
—¿Q-Qué pasa?—mordió la uña de su dedo pulgar. Pues su intuición le alertó de que era algo relacionado al cretino.
—El Presidente Brief me exige que tú impartas la presentación de mañana.
—Pero da igual quien la imparta, ¿No?
»¡Asssh ese tipo!—se quejó en silencio.
—Tienes que volver, Mai.
—No, no puedo.
—Claro que volverás y trabajaras como la gente normal bajo el contrato que nos rige. ¿Pues qué rayos te pasa? Estabas muy bien y de repente aborreces estar acá. El Presidente amanezó en deshacer nuestro contrato si no te presentas. ¡¿QUÉ NO COMPRENDES!? ¡Basta de juegos, Mai!.
—Él no puede hacer tal cosa, solo te está asustando.
—¡Oh, claro que puede! Mañana te espero aquí, ¿De acuerdo?
—Espera un momento, Violet...
Ribbon colgó.
—¿Hola...? ¿Violet...?
»¡Demonios!—tapó su rostro con ambas manos.
...
Su jornada laboral había terminado por fortuna y por desgracia. Pues bien sabía que le esperaba al día siguiente «El frío del Norte y el cretino» La ruta 3 se encargó de llevarla hasta su casa. Solicitó de forma oportuna la bajada del bus; caminó un par de cuadras y subió las escaleras que conducían al cuarto piso del edificio, lugar donde se situaba su departamento. Unos escalones más y, por fin había llegado a la puerta de su hogar.
Con un rostro de resignación fue a tomar una ducha. Cenó un café y un par de panes tostados con mantequilla y jalea de fresas. Se surmergió en la cama. Encendió la televisión y en compañía de su melodrama favorito se hacía compañía.
Era ella, el ruido de la televisión, la preocupación de el día siguiente y el verdugo dentro del closet murmurado.
»Ánimo Mai, ánimo...
...
Al día siguiente había madrugado, tomó sus respectivos medicamentos sin faltar el té de abango. En su bolso de mano echó una cápsula nuevamente con todas sus pertenecías, entre ellas, iba el material de la exposición.
Se maquilló frente al espejo de medio Luna y al apretar sus labios para unificar el color rojo, se miró por unos segundo y dijo en voz media:
—Vete al diablo, Trunks Brief.
Pues claro, no le iba a prestar atención de más a ese cretino. No iba a poner en riego la reputación de Polaris por ese miserable. De alguna forma comprendió a Violet y las consecuencias que podría ocasionar su regreso al Oeste.
Ella era «Mai de Polaris», un ingeniero, una profesional. No una cobarde.
»Basta de tonterías.
Tomó sus cosas y salió del lugar.
...
No tenía muchas ganas de volar, accedió mejor viajar por tren.
Al paso de unas horas había llegado a la conservadora Capital del Norte. Tuvo que transbordar un camión que le llevará a las afueras de la ciudad, donde se localizaba la construcción de la Sede.
Y había llegado a su destino final.
De inmediato lo supo, las manos le sudaban. Estaba tan nerviosa que sentía su pecho oprimido.
La gabardina verde en cambio, se revoloteaba de la parte trasera por el frío invernal.
»Eres fuerte Mai, eres fuerte. Tú puedes.—se dirigió a la sala de opciones múltiples.
Al entrar a la estancia, estaba una mesa ovalada con varios miembros del proyecto. Ahí estaba Violet, Goten y otros ingenieros. Justo al final del óvalo estaba Trunks, con una mirada penetrante y su típica gabardina negra.
Después de un cordial saludo, la muchacha inició con su trabajo. Mai se auxiliaba con un proyector, pues el trabajo estaba hecho por medio de diapositivas.
Todos atentos revisaban sus manuales. A un lado de la mesa había una cafetera eléctrica sobre una mesa cubierta por un mantel blanco; en una charola había una considerable cantidad de galletas azucaradas y filas de botellas de agua natural con la etiqueta de la «CC».
ÉL la devoraba con la mirada. Tenía un poco de toques de soberbia en su rostro, en sus labios.
Mai lo ignoró rotundamente. Y a como dios le dio cordura, después de 40 minutos de catedra, había terminado con el calvario.
Los demás miembros le saludaron y se despedían de ella; cada uno iba saliendo hasta que poco a poco la sala se iba quedando sola.
Violet se le acercó; al oído le dijo con gusto.
—Ya ves, nada te costaba hacerlo—le lanzó un guiño—Gracias por venir, Mai.
La muchacha negó.
—Gracias a ti por hacerme recapacitar.
—Bien, te veo en la oficina.—Ribbon salió y Goten le acompañó.
—Señorita Violet, espéreme.
Pero una persona seguía en su lugar, clavándole la mirada como si fuesen filosas dagas.
«Trunks»
Mai al sentir que quedó sola con su jefe tomó sus cosas, se dio la media vuelta e intentó salir.
Pero él la detuvo.
—Señorita Mai, ¿Puede quedarse unos minutos?
La mujer se frenó, volteó lentamente. Y justo frente a él agachó la mirada; se dirigió con respeto.
—¿Se le ofrece algo, Señor Brief?
El empresario se levantó de su asiento. Se dirigió a ella a pasos lentos con las manos dentro de los bolsillos del pantalón.
Hasta que quedaron frente a frente.
—Primero que nada, ¿Cómo siguió de su enfermedad?
—No creo que sea de su interés. Pero estoy bien, se lo agradezco. ¿Ahora puedo retirarme?—solicitó su retirada de forma tajante.
Trunks esbozó una sonrisa. Supo de inmediato que ella aún estaba molesta, era obvio.
—¿Por qué todo lo haces así?
—¿Eh...?—la estrella alzó la mirada.—¿Qué quieres decir?
—A usted le hace falta «algo» Mai. Es como si estuviese en este mundo sin vida, sin brillo. Haciendo las cosas por pura inercia, justo de la forma en la que dio la exposición, ¿Por qué no hace las cosas con más alma?
La mujer sintió que la sangre le hirvió, frunció la mirada. Como le había dolido ese comentario.
—Eso a su usted no le importa.—alzó la voz.
—Estás esquivada.—esbozó otra sonrisa—A mí y a mis cien fotografías nos interesa mucho.
»¿Qué? —se sorprendió la mujer.
—Ahora entiendo—dijo Mai al suavizar el fruncir de su mirada—Se dio el lujo de revisar mis otros archivos, ¿Cierto?—. metió su mano al bolsillo de la gabardina y sacó la usb roja.—Aquí tiene sus malditas fotografías.—lanzó el artefacto a la mesa y se me dio la media vuelta.
—Espera—alzó la voz el muchacho—No he dicho que te puedes retiras.
—¡¿Entonces cuál es el objetivo de esto?!—atacó la mujer—¿Seguir burlándose de mí?.
—No, claro que no.—negó con la cabeza.
—¡¿ENTONCES?!
La estrella perdió la calma. Pues todo parecía nuevamente otra de sus burlas.
—Entonces no seas cobarde y acéptalo.
—¡¿Aceptar que?!
—¡QUÉ TE GUSTO!
Afirmó el empresario en voz alta.
—¡¿Qué?! Pero qué diablos estás dic...
Respiró hondo el azul para mantener la calma; volvió afirmar.
—Te gusto.
—Sabe algo, Presidente Brief—ella tocó su pecho, pues escucharle decir eso había sido demasiado.— Un buen líder no hace esta clase de berrinches, le falta madurar.
Y eso fue un golpe bajo para Trunks, una bofetada con guante blanco.
—No le permito que me hable de esa menera.
—Se cree digno de criticar la vida del otro pero nadie se puede meter con usted, ¿Cierto? Como se ve que nunca le ha faltado NADA, todo a su merced, a su voluntad. USTED NO SABE NADA.
La mujer tomó su maletín y salió del lugar.
—Mai, por favor espere.
Y lo que se creía que iba a ser un a linda disculpa, brotó sin querer un manojo de emociones y dudas. Algo quizás, probablemente obvio debido a todo los malos entendidos.
—¡Rayos!
.
.
.
Una semana se dejó venir desde aquel ultimo roce. Pues bien, era obvio que se encontraban en la construcción o en la cocina, pero Mai le volteaba la cara en cuanto le miraba de frente.
Era imposible de alguna manera no toparse con el empresario, de igual forma tampoco estaría encerrada en su cabaña. Entonces, fue que recordó que había encontrado un lugarcito especial en el cuarto piso de la edificación. Por suerte, aún se mantenía a salvo.
Sin dudarlo fue hacía allá.
Al subir las escaleras con cuidado, llegó a esa recámara. Abrió la puerta y lo primero que vio fue el viejo espejo ovalado con la sábana que le había colocado encima la última vez que estuvo allí al lado de Trunks. Al seguir observando vio la Flor Artificial.
Se acercó a ella, levantó la cúpula y la tocó. Estaba muy maltratada.
»Pobre...—le dijo.
Se sentó en un viejo sillón, traía consigo un libro para leer, cualquier cosa era mejor que pensar en el cretino. Cansada de lo mismo cerró los ojos y descansó un poco. Pero sin percatarse se quedó dormida.
...
Cuando despertó, eran cerca de las 5pm y los últimos matices del Sol se escondían para darle entrada al anochecer. Salió del edificio inmediatamente. Y para no rondar entre los trabajadores, tomó un camino cerca de un lago congelado. El camino ciertamente era más largo, pero era aislado, justo lo que buscaba.
...
Entre pasos, escuchó un maullido al fondo de unos matorrales. Éstos eran cubiertos con varias capaz de nieve.
La chica se agachó, movió los arbustos y vio a un gatito negro muy simpático. El pobre tenía hambre y frío.
—¿Estás solo pequeño?—y el gatito ronroneó—¡Prrrrrrrr!
Lo regresó entre los matorrales.
—Ahora regreso—mostró una sonrisa—Te traeré un poco de comida y algo para que te protejas del frío.
El minino como si hubiese entendido, contestó con un extenso maullido.
—¡Meooooowwww!
La estrella le acarició la cabecita y se marchó a su cabaña.
—Vuelvo.
.
.
.
Desde el ultimo roce «ÉL» no había podido dormir bien. Hablaba con Marron por las noches pero aun así, le era imposible dejar de pensar en la mujer de Polaris. Se repetía constantemente «¡Soy un idiota!»
Y recordaba sus palabras.
»USTED NO SABE NADA.
Los labores habían terminado y no tenía ánimos de nada. Pensó entonces que salir a caminar a la laguna era lo mejor. Tal vez un poco de aire le caería bien.
Se abrigó y salió.
.
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—¿Mucho mejor, verdad?—soltó una risa Mai al ver al gato en mejor condiciones.
Pues una caja de cartón forrada por plástico fue su nueva casa y por dentro le pusó unas frazadas. No le importó compartirle parte de su cobija. De comida le llevó una lata de atún y agua tibia.
—Anda, bebe agua antes de que se haga hielo.
—Meoooow.
La mujer permaneció unos instantes cerciorándose que el felino se acabara los alimentos.
Ya estaba oscuro, la Luna era grande y plateada; se reflejaba justo en medio del lago congelado. Los árboles sin hojas estaban cubiertos por nieve.
El viento empezó soplar con crudeza.
El gatito mientras tanto terminó de comer y se acurrucó en su nueva casita.
—Te veo mañana. Descansa, bonito.
.
.
.
—¡Ah, qué frío!—se quejó el muchacho.
Después de todo, no había sido una buena idea ir a caminar. Por suerte, traía consigo sus cigarrillos; procedió a fumar para menguar el frío.
Al expulsar la primer bocanada de humo, volteó a un costado. Y entre nieve, divisó a la estrella de Polaris acercarse a él. Pero cuando ella lo vio, se frenó de seco. Y justo al querer darse la vuelta para buscar otro camino, Trunks la detuvo.
—¡No, no! ¡Espera, por favor!—trotó hasta llegar con Mai.
Ésta en cambio, no contestó. Desvió la mirada mostrándose fastidiada.
»¿Y ahora qué querrá?—pensó y se cruzó de brazos.
—Solo te quito un minuto de tu tiempo—abrió las palmas de sus manos, dándole más expresión a lo dicho. En sí, su rostro lucía angustiado—Por favor, ¿Sí?
.
.
Ambos se sentaron en una banca.
Ella de piernas cruzadas a igual que su brazos, viendo hacia la nada.
Él estaba con las piernas abiertas. Llevó su espalda hacia enfrente, debido que los codos descansaban en sus muslos; miraba sus manos, no sabia como empezar.
Suspiró.
—Quiero ofrecerte una gran disculpa.
»¿Eh...?
—Sé que me comporté como un gran idiota. Te herí, te insulté y pensé cosas equivocadas sobre ti. Créeme que no he sido «yo» en estos días, estoy más que arrepentido, lo juro. Si no quieres disculparme lo entenderé, pero en verdad quería decírtelo para estar en paz conmigo mismo.
»Pues nunca se debe de juzgar a nadie sin saber cómo es en realidad o si pasa por algún problema. A veces lo mejor para evitar discusiones es la charla y el diálogo.
Mai le miraba de reojo con disimulo.
—Soy un gran idiota, por favor perdóname.
Después de unos minutos de silencio, la estrella contestó:
—Sí.
—¿Sí...?—volteó hacia ella con sorpresa.
—Lo perdono, Señor. —asintió.—Total, yo también tuve la culpa de mucho. Lo siento, discúlpeme por favor, por mi actitud, por las fotografías, no quiero que piense que estoy loca.
—No te preocupes—contestó seguro.—¿Qué te parece si olvidamos todo este caos y empezamos de nuevo?—le extendió la mano.
Mai apretó sus labios pero finalmente aceptó, unió su mano con la de él.
—Hecho.
—Empecemos de nuevo, Mai.
—Me parece bien.
Y por primera vez, tenía a los orbes azules frente a ella, aquel hombre que admiraba y le hacía sentirse viva. Pues para su gusto «él volvió» y con su hermoso mirar opacó al cretino que empezaba a odiar.
Un cosquilleo en su interior le hizo sonreír.
—Por cierto, como primer requisito. Quiero que me digas solo Trunks, ¿Está bien?
—Lo intentaré...Trunks.
—Eso es.
Soltaron sus manos.
—Sabes Mai, conozco un buen lugar en el pueblo donde preparan unos cafés exquisitos. ¿Quieres ir a tomar uno y charlar un poco?
—¿E-En serio?—se sonrojó.
—Claro.
—Bueno, está bien. ¿No es molestia? —se refería más bien por su pareja. Pues no quería ocasionar más problemas.
—Para nada.—se levantó el muchacho de la banca.—Anda vamos.
...
En la camioneta blanca iban ambos muchachos. Aquella camioneta que hacía un par de dias los había separado; los unia otra vez. Y con sorbos de café descubrirían más detalles de cada uno.
El frío ambiente, la nieve, una balada ochentera, las luces altas y los parabrisas; eran elementos que complementaban el viaje.
Trunks preguntó mientras conducía:
—¿Y cómo te gusta el café?
La estrella volteó hacia él y contestó:
—Con mucha crema. ¿Y a usted?—se rectractó—Quise decir, ¿Y a ti?
—Mmmm...creo que también con mucha crema.
Ambos se miraron a los ojos y sonrieron. Pues era lo primero que habían descubierto de ellos.
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CONTINUARÁ...
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Hola amigos, ¿Cómo están? Pues aquí actualizando con mucho cariño.
Hoy fue un capítulo que para mí ver tuvo sus altibajos y soluciones. Pues bien, no soy muy afán de darle vueltas al mismo asunto, así que en cada capítulo me gusta "avanzar" y ofrecerles un buen contenido, así vamos formando cada vez mejor la estructura de la historia; con más solidez. Espero en verdad les haya gustado. Este capítulo fue muy fluido y fácil de escribir. Y bueno, hago mi mejor esfuerzo, así que si se brinca alguna fallita, les pido disculpas, no soy una profesiónal en la escritura ni mucho menos, escribo realmente por el amor que me mueve la serie de DB, lo hago con el corazón en la mano, se los juro. Y pues el Trumai es mi pairing favorita, desde antes de que fuesen canon ya escribía de ellos dos. También es muy fácil de detectar que Trunks me gusta muchísimo, es mi PJ favorito xD (¡Lo amo!). El Trumar también es mucho de mi agrado, así que lucho realmente para que ambas chicas tengan una participación digna, además de demostrar que ambas pairing pueden ser lindas y equilibradas cuando se manejan adecuadamente.
Y bueno prosigo con los hermosos Saluditos:
-Lectores Silenciosos, gracias por sus View. (Sé que están ahí, las gráficas no mienten xD)
Por sus maravillosos Rw que ahora son mi antibiótico para mí enfermedad.¡Gracias!
Mariana90, WTF, Cereza de pastel, La che, Himeko03, Odette Vilandra, Melmelada, Melissa Ouji, Leonarda, Jimena, Bri 17, Mayfix, MariaEnriqueta, Schala S, ChocolateMint, Nancy Cephyro, EnterradoR, y cielos xD no sé si me falta alguien. ¡Gracias a todos! Por su tiempo, por estar al pendientes de los update.
Respecto a siguiente capítulo que es el #7 espero poder subirlo antes de Navidad, pero ojo, no les garantizo del todo, pues son fechas difíciles, de mucho agetreo: trabajo, posadas, familia, etc. Y ahora quisiera reposar unos días mi gripe y tos que me traen como loca. Si puedo, nos vemos antes del 15 de Dic, sino, me anticipo en desearle una feliz Navidad y un próspero año nuevo 2017. Abrazos para todos.
Con cariño:
Kuraudea Rorena
02/Diciembre/2016
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