Gracias por seguir la historia y por vuestros comentarios.

La reacción del escritor no se hizo esperar. Se levantó de su silla.

- ¿Ella? – dijo mirando a la capitana.

Gates asintió conteniendo la sonrisa. El escritor negó con la cabeza volviendo a sentarse.

- ¿Tiene alguna objeción señor Castle? – preguntó con firmeza la capitana.

Castle miró a su abogado que negó con la cabeza.

- Bien. Entonces, si no les importa, síganme, operaciones especiales espera para darnos las últimas indicaciones.

Castle se levantó de mala gana. Sabía de sobra que se iba a arrepentir de haber aceptado tener un guardaespaldas. Siguió a la capitana que les guio hasta la sala de reuniones.

- Señor Castle, él es el teniente Collins – presentó la capitana.

El escritor le tendió la mano, saludándole.

- Inspectora Beckett – añadió después la capitana – el teniente estará al mando de la operación.

- Teniente – dijo ella saludándole.

- Kate – saludó el teniente - me alegro de volver a verte.

Ella asintió levemente desviando de inmediato la mirada para evitar los ojos del teniente. Castle observó con detenimiento la escena. Sin duda la inspectora y el teniente habían sido algo más que compañeros en el pasado. Y apostaría su Ferrari a que no habían acabado bien.

La explicación al protocolo de seguridad era tan aburrida para el escritor, que se dedicó a evadir su mente fijándose únicamente en las miradas y gestos que el teniente regalaba a la inspectora. Cualquiera que se fijase podría darse cuenta que ella, o bien era una fantástica profesional que eludía las señales en su trabajo, o bien lo que hubo entre ellos había dejado un mal sabor de boca en ella. Lo que estaba claro es que Collins seguía interesado en Beckett.

Unos minutos después, tuvo que dejar su entretenimiento cuando la capitana se dirigió a él.

- Señor Castle, nos hemos tomado la molestia de contactar con su agente. Está al llegar.

- ¿Con Paula? – preguntó extrañado - ¿Para qué?

- Es posible que, dada su situación social y su fama, sea conveniente que emitan notas de prensa en las que se justifique sus apariciones junto a la inspectora Beckett.

- ¿Justificaciones?

El teniente se adelantó en la respuesta de la capitana.

- La prensa se preguntará quien es Kate y que hace a su lado ¿No cree?

- Un momento… ¿Y qué pretenden…?

- Eso dependerá de su agente – continuó la capitana – pero no vamos a permitir que se descubra que le está protegiendo. Bajo ningún concepto se filtrará que es su guardaespaldas.

El escritor soltó una sonora carcajada.

- ¿No querrán hacerla pasar por mi novia? – preguntó mirando a la inspectora y comprobando la cara de pánico de esta.

- Pero señor… - intentó protestar Kate a su capitana.

- Cuando llegue su agente – cortó Gates dirigiéndose al escritor – buscaremos la mejor opción.

Castle observó a la inspectora, comprobando el rubor de su cara. Estaba claro que la remota idea de aparecer en una nota de prensa como la novia oficial de Richard Castle no estaba en sus planes, si no fuese porque tampoco entraba en los suyos, estaría dispuesto a seguir el juego por fastidiar un poco.

- Todo esto me parece un gran error – manifestó el escritor – si mi fama se ve afectada por… Demandaré a su comisaría – amenazó.

La capitana bufó.

- Si no le importa – dijo dirigiéndose al teniente – continúe con las explicaciones, debo hacer una llamada…

Gates salió de la sala cerrando la puerta y marcando en su teléfono móvil.

- ¿Señor? – dijo a su interlocutor - Le habla la capitana Gates.

- Dígame, ¿Han encontrado ya a ese asesino?

- Lamento comunicarle que no. ¿Puedo hacerle una pregunta personal señor?

El alcalde, al otro lado de la línea, se sorprendió.

- Adelante capitana.

- ¿Conoce usted personalmente al señor Castle?

- Sí, hemos coincidido… ¿Por qué lo pregunta?

- Señor, soy policía y no soy estúpida. ¿Son ustedes amigos?

El alcalde mantuvo silencio unos instantes.

- Supongo que no puedo esconderlo. Somos amigos.

- Señor, necesito que utilice esa amistad e intervenga. El señor Castle no está convencido del plan con su guardaespaldas.

El alcalde suspiró.

- Le pido que mantenga discreción en este asunto – pidió el alcalde.

- Ese no debe ser su preocupación ahora señor – aseguró Gates.

- Hablaré con él – afirmó el alcalde - sigan con el plan. No podemos permitir que atenten contra él.

- Le informo que además, he tomado la decisión de vigilar a los otros dos escritores hasta que se resuelva el caso.

- Le agradezco su trabajo.

La capitana volvió a la sala, comprobando como instantes después el escritor pedía salir de la misma para atender una llamada importante.

- ¿Qué ocurre Robert? – preguntó Castle.

- Tengo que pedirte un favor Ricky.

- Sabes que si está en mi mano…

- No pongas ninguna pega al departamento de policía. El asesinato de Gordon nos ha puesto en el punto de mira mundial. Necesito que colabores con nosotros.

- Robert… Quieren que mi guardaespaldas que se haga pasar por mi nueva novia…

- ¿Y qué problema tienes Ricky? ¿Es fea?

Castle bufó.

- No es eso.

- ¿Entonces?

- Me arrepentiré de esto, lo sabes…

- Yo creo que no. Tienes a la mejor cubriéndote. Encontraremos a ese hijo de puta Ricky.

Castle volvió a la sala.

- ¿Va a durar mucho esta reunión? –preguntó mirando su reloj.

- Depende de usted y de su grado de colaboración – contestó el teniente.

- Bien. Si es por eso, podemos finalizarla cuanto antes. Seguiré sus instrucciones.

Kate miró a su capitana que le hizo un ligero gesto apenas perceptible.

- ¿Cuándo debe empezar esta farsa? – preguntó poniendo los codos sobre la mesa de juntas

- La inspectora está preparada para ir con usted de inmediato – indicó Gates.

- Bien – dijo levantándose y mirando a la inspectora – pues entonces, ¿Podemos irnos?

- Le recuerdo que todavía no ha llegado su agente – informó Gates.

- Arréglenlo con ella, y ella me informará.

Kate levantó una de sus cejas.

- Inspectora – dijo Gates – la mantendremos informada en todo momento.

El escritor salió de la sala seguido de su abogado y de Kate, hablando con el primero e ignorando por completo a la segunda.

- Señor Castle – le demandó ella a su espalda – necesito coger mis cosas y…

- ¿Me va a hacer esperar mucho? – dijo sin darse la vuelta - Creo haber dicho que tengo prisa.

- Serán un par de minutos.

- Esperaré en la calle.

La inspectora, visiblemente enfadada fue hasta su escritorio, donde tenía su maleta y su bolsa de trabajo.

- ¿Ya te vas con él? – preguntó Espo.

- No sabéis de la que os habéis librado – confirmó ella cogiendo sus cosas – es totalmente insufrible.

El moreno sonrió intentando infundirle ánimos.

- Tendremos que pillar a ese tío cuanto antes.

- Por favor – suplicó ella para librarse cuanto antes del escritor.

La inspectora salió a la calle y buscó con la mirada al escritor. Negó con la cabeza. Ese engreído se había marchado sin ella. Tendría que llamarle. Buscó su móvil y sacó de su bolsa el listado de protocolo de la misión, buscando los datos de contacto del escritor.

- ¿Señor Castle? – preguntó cuando él contestó al teléfono – Estoy en la puerta de comisaría y no está aquí.

- Si no recuerdo mal dijo un par de minutos. He esperado cinco y estoy de camino a mi casa.

Ella bufó desesperada. Era un mal educado.

- Bien – dijo sin querer decir nada más que entorpeciese su misión desde el principio – iré para allí.

- Adiós – dijo él cortando la comunicación sin dejar que ella pudiese preguntar la dirección.

Kate miró el móvil, comprobando que efectivamente se había cortado la comunicación.

- ¡Será estúpido! – dijo sin reprimirse.

De repente y a su espalda oyó una tos fingida. Se dio la vuelta comprobando que el escritor la miraba con cara de pocos amigos y los brazos cruzados sobre el pecho.

- Esto sólo ha sido una advertencia – dijo él – no pienso perder mis planes por su falta de puntualidad.

Ella puso los ojos en blanco negando con la cabeza. Al final tendría que plantearse dimitir.

- Tengo prisa – dijo él comenzando a andar.

Kate le siguió como pudo, él no llevaba nada en las manos y su paso era apretado. Sin embargo, ella tenía que ir remolcando su maleta y su bolsa colgada en el hombro. La inspectora dio por hecho que él no le iba a facilitar en nada su tarea.

- ¿Pretende ir andando hasta su casa? – preguntó ella cuando vio que él seguía andando y se habían alejado ya bastante de la comisaria.

- Andar es muy sano, ¿No lo sabe inspectora? Tengo esa sana costumbre.

El escritor apretó un poco más el paso, no estaba nada contento con la decisión de tenerla a ella de guardaespaldas y no iba a facilitarle en nada la vida. Si tenía que seguirle, que apretase el paso.

Kate no se amedrentó y apretó el paso a sabiendas que la falta de costumbre tirando de una maleta, de seguro que le dejaría una bonita contractura.

Media hora después, en un alarde de caballerosidad, Richard abrió la puerta de su portal y cedió el paso a la inspectora.

- Vaya… Muy amable – dijo ella – gracias.

- De nada – contestó él girándose para que ella no pudiese ver la sonrisa de suficiencia del escritor.

El escritor saludó al conserje, indicándole que Kate sería una invitada en su casa durante los siguientes días.

- Le llevaré la maleta señorita – le indicó el hombre.

- ¡Oh! No te preocupes Henry – dijo el escritor – ya podemos con ella.

Castle sonrió forzadamente a Kate, que le contestó con una mueca. Estaba claro que el tipo haría todo lo posible por fastidiarla.

El escritor abrió la puerta de su casa, dejando que ella pasase primero. Kate miró a su alrededor. Sinceramente esperaba que su casa fuese mucho más espectacular de lo que era. Daba la sensación que el escritor era una persona sencilla.

- ¡Madre! – gritó él.

- Estoy aquí querido – dijo Martha bajando por la escalera - ¡Vaya! Vienes muy bien acompañado – observó mirando a la inspectora.

- Madre, ella es la inspectora Perkel, se quedará aquí un tiempo.

Kate tendió la mano a la mujer.

- Inspectora Beckett – corrigió.

- Encantada querida – dijo Martha lanzándose a abrazarla – yo soy Martha ¿Cuál es tu nombre de pila?

Kate se quedó algo paralizada por la familiaridad de la mujer.

- Katherine… Kate… Puede llamarme Kate.

- Estupendo querida. Te enseñaré tu habitación. Richard – dijo dirigiéndose a su hijo mientras empujaba a Kate escaleras arriba – ocúpate del equipaje de Katherine.

Richard fue a protestar, pero no lo hizo al ver la mueca sonriente que le dedicó la inspectora sin que su madre la viese y que sin duda era para chincharle.

Se quedó mirando la escalera negando con la cabeza y sonriendo. Quizá todo aquello iba a ser más divertido de lo que pensaba…