Disclaimer:Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece, es pertenencia de su respectiva autora, Akira Amano.
Advertencias:Universo Alternativo (AU). Si no quedo claro, este fic es Yaoi, pareja principal, 5927, con roces 1827 (Muchos roces).
Yunmoon Projects
Presents:
Borderline
Capítulo 7 – En el límite
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Tsuna le había besado, no había sido un beso apasionado, no había sido si quiera en los labios, pero le había besado… ¿Podía pensar que Tsuna sentía algo por él? Quería creer que sí, pero las acciones del castaño era tan aleatorias que no estaba muy seguro. Pero había recibido un beso de Tsuna, no podía evitar sentirse… cautivado, por ese beso inocente y fresco. Tsuna era tan lindo.
-¿Entonces que vas a hacer?-.
Oh sí, ahora recordaba que Yamamoto había visto la escena y ahora le estaba interrogando como si fuera un policía o su madre. Soltó un gruñido y volvió la cara al plato para comer más sushi.
-Deja de llenarte la boca de comida y dime que harás-.
-No se-.
Soltó finalmente, Yamamoto soltó un suspiro. Gokudera no le estaba tomando la importancia necesaria a ese beso, ¿acaso no se había dado cuenta que Tsuna le miraba con amor? Probablemente no, pero Yamamoto lo entendía, él también se había asustado cuando vio que Tsuna estaba apunto de morir atropellado, bueno, si no moría sin duda se iba a lastimar muy feo. Coloco una mano sobre el hombro del peliplata.
-Tienes que pensar con cuidado-.
-¡Ya lo sé!-.
Gokudera se levantó de la silla y se dirigió a la salida del lugar, pero antes de irse volteo a mirar al pelinegro.
-Voy a pensarlo… ¡Así que deja de preocuparte friki!-.
Luego de eso salió del lugar y Yamamoto soltó una risita, lo bueno es que había puesto el letrero de cerrado en la entrada del lugar. Su padre camino hacia la barra y soltó una risa al igual que Takeshi.
-Hayato sigue siendo el mismo-.
-Jajaja, sí-.
Gokudera por su parte estaba muy confundido, Tsuna le había besado y eso le había fascinado, pero que tal si el moreno sólo le besó… por agradecimiento de salvarlo. Si esa había sido la razón entonces Gokudera no deseaba divagar más en el asunto, tener esperanzas vanas no era algo de lo que estaría agradecido, de hecho, si Tsuna le había besado sólo porque si entonces… entonces cortaría todos los lazos con el moreno. No podría soportar por mucho más tiempo sentir algo por ese chico y que él… él sólo le viera como un amigo. Realmente pensó que ser amigos sería suficiente, pero Gokudera no era ese tipo de persona que se conformaba con tan poco, él era el tipo de persona que lo quería todo. No iba a soportar tener una relación a medias con el castaño, eso no le haría feliz y cabía decir que Gokudera era egoísta cuando se trataba de ese asunto. Así era él amor para él.
Con pasos lentos Gokudera llegó a su casa, ya lo había decidido, mañana mismo le preguntaría a Tsuna cual había sido su motivo para besarlo y si el moreno le decía que no había motivo entonces Gokudera no iba a insistir más en el tema ni tampoco en su relación, simplemente iba a olvidarlo. Estaba cansado.
Abrió la puerta de la casa y con sorpresa se encontró a su padre y madre hablando en la sala con su hermana mayor. Bianchi estaba sería, cosa rara en ella. Hizo acto de aparición entrando en la sala, claro, primero se acomodo la ropa.
-¡Bienvenido a casa Hayato!-.
Saludo su madre, Gokudera asintió con la cabeza y se sentó al lado de su hermana.
-¿Ves? Te dije que no tardaría mucho-.
Comenzó su madre con una sonrisa. Gokudera sonrió, aunque no estaba seguro porque sonreía.
-Hayato… Nuestros padres van a volver a Italia-.
Dijo Bianchi, cortando la silencia atmosfera, su padre le miró seriamente.
-Has estado en Japón por cuatro meses. Es hora de volver-.
Gokudera abrió los ojos sorprendido.
-¿Volver?-.
-Así es, nos dijiste que querías seguir siendo pupilo de Shamal y por lo visto Shamal ya te enseño todo lo necesario, es hora de regresar-.
-Pero el semestre aún no termina-.
-No te preocupes Hayato, con un examen te validaran los cursos que has tomado-.
Dijo su madre.
-Hayato no quiere regresar-.
Gokudera miro a Bianchi, molesto, pero ella estaba muy seria. No parecía decir eso por molestarlo, estaba tratando de ayudarlo. Pero Gokudera no quería ayuda y la mirada de su padre se lo confirmo.
-¿Qué no quieres volver?-.
-¡No es así! Si dicen que es bueno volver, entonces volveré-.
-Hayato…-.
-¡Tú no decidas por mí! Volveré… ¿Cuándo lo haremos?-.
-Mañana mismo-.
Eso lo tomó por sorpresa, Gokudera soltó un jadeo tan suave que sólo Bianchi fue capaz de oírlo, pero no dijo nada, su hermano ya había decidido marcharse, entonces no había nada que ella pudiera hacer, aunque realmente deseara golpearlo para que recapacitara y se diera cuenta que volver no era algo que realmente quisiera. Gokudera se levantó del sofá.
-Bien, entonces preparare mis cosas-.
Gokudera se fue pero Bianchi pudo ver su rostro de incertidumbre. Si realmente no quería ir debería de decirlo, pero Hayato era tan tonto, siempre hacía lo que sus padres le decían, aún se preguntaba cuando iba a volver el antiguo Hayato, el pequeño peliplata que luchaba por lo que quería y aunque Bianchi había hecho hasta lo imposible por regresar a ese antiguo Hayato no había, el peliplata se negaba a volver a esa forma, sencillamente deseaba borrar la berrera que tenía con su padre, Hayato no era tan apreciado como debería. Bianchi estaba ligeramente enojada con sus padres, por no entender a su hermano.
-Papá… Hayato no…-.
-Hayato volverá a Italia. Porque deseo hacerlo acreedor de todas mis acciones de la compañía-.
Bianchi lo miró con sorpresa y luego miró a su madre, ella nunca estuvo interesada en los negocios de la familia, pero… ella no sabía que su padre pensaba darle todo a Gokudera, no le molestaba, todo lo contrario, era bueno para el chico pero… pero no estaba segura de que esa fuera la decisión correcta.
-Bianchi, ¿vas a volver a Italia?-.
-Lo siento, pero aún no deseo volver-.
Su padre frunció el ceño imperceptiblemente pero no dijo nada, Bianchi no era el tipo de chica que le gustaba ser controlada y eso sus padres ya lo sabían. Sin más la chica se fue hacia el primer piso de la casa, sino podía detener a Gokudera entonces le ayudaría, ella sólo quería lo mejor para su pequeño hermano.
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Tsuna era consciente de sus sentimientos. Sabía que Gokudera le gustaba, pero estaba saliendo con Hibari, no quería engañarlo, Hibari era una persona muy importante en su vida, no quería lastimarlo. Necesitaba decirle la verdad de sus sentimientos, necesitaba decirle lo que sentía en realidad. Después de haber besado a Gokudera realmente le pesaba la conciencia, no podría comer si no le decía todo a Hibari. Así que ahora estaba parado frente a la puerta de la casa del prefecto. Tenía que decirle todo.
Tocó la puerta despacio y en menos de cuatro segundos le abrieron la puerta, Hibari tenía una mueca de irritación, pero se veía totalmente cansado, probablemente estaba haciendo papeleo del comité de disciplina. El pelinegro le tomó de la muñeca y la metió rápidamente en su casa. Con sorpresa Tsuna entró a la casa y más sorprendido aún sintió como el pelinegro le abrazaba. ¿Qué le estaba pasando a Hibari?
-¿Hibari-san?-.
-¿Sabes? Está bien si todos se van de mi lado. Yo no necesito a nadie. Pero a ti… a ti te necesito Tsunayoshi. Tú… te has vuelto algo importante para mí-.
Estaba mal, realmente ese no era Hibari, Hibari no era del tipo de persona que mostrara ese tipo de debilidad, Hibari era fuerte, no es que no le gustara ser abrazado y recibir esa declaración, pero así no era el prefecto, porque en ese momento el castaño notó que el pelinegro se escondía de algo. Tsuna frunció el ceño e hizo lo que probablemente nunca hubiera hecho al verdadero Hibari, se apartó del pelinegro y le miró con enfado.
-Este no es Hibari-san. Hibari-san es alguien fuerte que le gusta enfrentar los problemas en lugar de esconderse de ellos, quien prefiere no irse por las ramas e ir directo al grano. ¡Hibari-san no es el tipo de persona que se escuda detrás de alguien! Y-yo… no sé que habrá pasado con el hermano de Hibari-san pero… Si esto te hace dudar, es porque es importante… si te cubres conmigo… entonces nunca resolverás nada y siempre te molestara-.
Hibari le miró sorprendido en un principió y luego soltó una risita. Bien, eso le había abierto los ojos, realmente se estaba volviendo débil con todo lo dicho por su hermano.
-¿Qué es lo que quieres, Hibari-san? ¿Qué es lo que deseas hacer sobre tu hermano? Yo te ayudare en todo-.
-No voy a irme con él, pero quiero conocerlo-.
Tsuna sonrió, ese si era Hibari, quien hacía todo lo que quería y nunca dudaba de sus decisiones. Aunque ahora era su turno de contarle la verdad. De decirle que se había enamorado de Gokudera.
-Hibari-san yo…-.
Tres golpes en la puerta los alertaron, Hibari se dirigió a la puerta principal de su apartamento y la abrió. Tsuna se asomo un poco y pudo ver una cabeza rubia, era el hermano de Hibari, el pelinegro volteo y con la mirada le indicó que se quedará adentró, Tsuna asintió y volvió a la sala mientras escuchaba la puerta principal ser cerrada, tal vez ellos estarían hablando afuera. Se sentó en la sala y comenzó a pensar en la forma que le diría a Hibari todo lo que sentía.
Varios minutos después la puerta volvió a abrirse y Hibari entró solo al departamento, Tsuna se levantó de su sitio y lo miró.
-¿Hibari-san?-.
-Él va a quedarse en Japón, pero luego volverá a Italia-.
-¿Vas a irte con él?-.
-No. Japón es mí lugar, no voy a irme-.
Tsuna sonrió, ese era Hibari, realmente le alegraba ver que el asunto estaba siendo resuelto, ver que Hibari seguía siendo el mismo. Ahora era su turno, soltó un suspiro y cuando iba a decirle a Hibari todo, el pelinegro soltó algo que provoco un ligero temblor en su interior.
-Tú estás aquí, yo no voy a irme-.
Tsuna cerró la boca, apretó los labios y cerró los ojos. Eso no podía ser, Hibari no podía estarle atando de esa forma. Lo quería, realmente lo quería mucho… pero ya no lo amaba como antes, no quería seguir con él sino podía corresponder sus sentimientos de forma adecuado. Probablemente estaba mal, si, eso era seguro. Pero todo había comenzado por esa mala comunicación, si Hibari le hubiera dicho que si al instante… ¿se había enamorado de Gokudera? No lo sabía, realmente no tenía ni idea, pero el punto es que ahora estaba enamorado del peliplata y aunque deseaba que no fuera así no podía detener sus sentimientos.
-Hibari-san…-.
El pelinegro le revolvió los cabellos y le besó con sutileza la coronilla. Tsuna abrió los ojos y se dio cuenta que realmente estaba atrapado dentro del mundo de Hibari. Pero lo quería, así que realmente no le pareció tan malo. Sólo le afectaba el hecho de que tendría que dejar ir sus sentimientos y retomar toda su atención en Hibari.
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El día comenzó con normalidad, el primer día del festival cultural. Claro, todo iba bien hasta que la presidenta del club de teatro comenzó a gritar enloquecida. Todos sabían que tenía que ver con la precipitada declaración de Gokudera.
-¡Cómo que te marchas! ¡Te has comprometido con el club de teatro! ¡Tus compañeros te necesitan también!-.
-¡Ya lo sé maldita sea! ¡He encontrado a alguien que puede sustituirme a partir de mañana! ¿Acaso te cuesta entender eso?-.
-¡Él que no entiende nada eres tú! ¡Todos nosotros estuvimos contigo, que otra persona venga no será lo mismo! ¡Nosotros confiamos en ti!-.
-Estaré con todos este primer día. Pero mañana ya no estaré en Japón. ¡Así que si ya lo entendiste deja de gritarme!-.
-¡Eres un idiota!-.
-¡Cállate mujer!-.
La discusión se intensificaba a cada tanto, para todos fue un alivio ver a Yamamoto entrar al auditorio y llevarse al peliplata, aunque la presidente del club de teatro continuaba molesta. Yamamoto intentó tranquilizar a Gokudera, pero era difícil, Gokudera estaba realmente exaltado.
-Vamos, cálmate. Todos ellos lo han entendido… ella sólo… está un poco molesta porque no le avisaste antes-.
Gokudera frunció el ceño.
-Si lo hubiera sabido antes… no hubiera aceptado todo esto… ¡Para que mierda estaría practicando todas las tardes y soportando a esa estúpida mujer!-.
Vaya, sin duda alguna él no parecía estar contento con su regresó a Italia, Yamamoto se imaginaba que estaba pasando, Gokudera siempre trataba de ser un hijo obediente, después de todo tenía un padre difícil.
-Tranquilo… Y… ¿Qué le has dicho a T-…?-.
-Nada, no le voy a decir nada. Él ya tiene a Hibari-.
-Pero…-.
-Déjalo, realmente déjalo-.
-¿Piensas irte sin hablar con él?-.
-Sí, pienso hacer eso-.
-Gokudera… si te vas así no vas a estar tranquilo. Lo que sientes es importante y si lo dejas así…-.
-No importa ya-.
-Deberías aprender un poco más de Bianchi-san. Ella sabe lo que quiere y lucha por ello, tú sabes lo que quieres y si tu padre no lo desea entonces lo dejas-.
Gokudera miró a Yamamoto y luego sonrió.
-Ese es mi problema… Yamamoto, eres mi mejor amigo. Pero no quiero que te metas en los asuntos de mi familia…-.
-No me estoy metiendo con tu familia. Lo estoy haciendo con tu pésima perseverancia. Gokudera, tú no eras así… ¿Por qué cambiaste tanto?-.
Porque su padre le había dicho sus verdades, su padre le había dicho que era infantil, que era inmaduro, que no sabía lo que quería y que sólo se metía en problemas. Su padre le había dicho que él no deseaba un hijo así… Gokudera había sufrido un fuerte shock con todo eso y mucho más cuando su madre le pidió que tratara de entender a su padre. Antes era otra persona, pero ahora que estaba creciendo debía de madurar, eso lo sabía y ahora evitaba ser egoísta.
-Tal vez vuelva a Japón, sino es así, espero verte en Italia, Yamamoto-.
El pelinegro soltó un suspiro, Gokudera tan necio y obstinado.
-Vale, se que nos veremos de nuevo, Gokudera-.
El peliplata sonrió levemente y luego camino a la salida.
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Tsuna había dejado a Hibari hacer sus rondas con el comité de disciplina, al parecer todo lo del festival ponía de malas a Hibari y descargaría su frustración con todo aquel que se pasara de listo. Si, había decidido no buscar a Gokudera más, pero eso no quitaba que no pudiera ir a ver su presentación. Cuando llegó al auditorio se preocupo, había mucha gente y tal vez ya no alcanzaría lugar, pero por suerte quedaban un par de lugares en la última fila.
Antes de la representación del club de música comenzó la obra del club de teatro. El club de música se encontraba en un rincón de la parte baja del escenario, así que le fue imposible ver al peliplata, pero todas las melodías durante la obra fueron espectaculares. Una vez la obra dio fin el auditorio se llenó a un más, tanto así que los chicos se encontraban de pie o sentados en los escalones.
Cuando el telón se abrió todo estaba oscuro, pero una luz se encendió de repente, Gokudera fue el primero en ser iluminado, Tsuna lo vio y soltó un ligero jadeo, no lo había visto desde que lo había besado y sinceramente la parecía lejano ese día. Todo el espectáculo comenzó con una ligera melodía proveniente de un piano, proveniente de Gokudera, sus manos se movían ágilmente por el largo del piano. Era sorprendente escuchar su interpretación, era dulce y cálida, Tsuna se sentía cautivado.
La presentación fue hermosa, Tsuna se sentía tan sentimental que por un momento creyó que lloraría, pero no lo hizo. Una vez todo término la mayoría se levantó y aplaudió, Tsuna salió de ahí, ahora debía de volver con Hibari, seguro ya habría terminado sus rondas. Una mano le detuvo del brazo y Tsuna se exaltó un poco, pero al ver que se trataba de Yamamoto se relajo, no lo conocía, pero había escuchado muchas cosas buenas de Yamamoto, entre esas cosas buenas podía destacar que era amigable con todo el mundo, cosa que agradecía.
-Lo siento mucho, si te asuste. Mi nombre es Yamamoto Takeshi, Tsuna-.
El moreno asintió.
-Sawada Tsunayoshi…-.
-Jajaja, sí, lo sé. Te has vuelto famoso después de que Mukuro volviera a Namimori-.
Tsuna no dijo nada sobre eso, había sido un asunto delicado del cual deseaba no hablar más. Yamamoto le sonrió tranquilizadoramente y Tsuna no pudo evitar no relajarse.
-¿Sabes? Me considero el mejor amigo de Gokudera-.
Eso altero un poco a Tsuna, ahora no sabía que pensar del repentino acercamiento del beisbolista.
-Lo conocía hace ya varios años en Italia, él era un chico con un temperamento demasiado pesado, yo trataba de llevarme bien con él, pero él siempre me rechazaba como amigo. Era temperamental, impulsivo y sobre todo aspiraba a tener todo lo que deseara. ¡Yo lo admiraba mucho! De alguna forma él dejo de ser así… y ahora por ello él hace todo lo que sus padres le dicen… No se donde quedo el Gokudera que yo conocía…-.
-Yamamoto…-.
-A lo que quiero llegar es: ¿No estás dejando todo en manos de Gokudera? Mira, no me quería meter, porque Gokudera me lo pidió… pero… si tú no dices nada entonces él se ir-…-.
-¡Yamamoto!-.
Ambos chicos se exaltaron un poco, voltearon hacia la dirección de donde provenía la voz y ambos vieron a un chico con el uniforme del equipo de beisbol, Yamamoto se despidió de Tsuna y se fue hacia donde lo llamaban. Tsuna soltó un suspiro, lo mejor era no escuchar nada sobre Gokudera. Se dirigió hacia el comité y con sorpresa notó que Hibari estaba recargado en el marco de la ventana con aire pensativo, sin saber que hacer decidió entrar, Hibari volteo enseguida y lo miró a los ojos.
-¿Cómo estuvo?-.
-¿Eh?-.
-Tu recorrido, ¿cómo fue?-.
-Estuvo bien… fui a ver la obra de teatro y al club de música. Fue fantástico-.
-Ya veo-.
Hibari volvió la vista a la ventana. Tsuna dio un paso y luego se congelo en su lugar.
-Terminemos-.
Soltó de repente y Tsuna abrió los ojos con sorpresa.
-¿Hibari-san?-.
-Terminemos…-.
Tsuna estaba reamente confundido, no sabía que interpretar de eso, bueno, era obvio que Hibari quería que terminaran, pero… ¿pero no le estaba primero pidiendo que se quedara a su lado? ¿Ahora le estaba diciendo que terminaran? Bueno, realmente quería escuchar la razón… pero a la vez no deseaba hacerlo, estaba un poco confundido.
-¿Por qué?-.
-Porque eso es lo que has estado queriendo decirme desde ayer-.
Tsuna soltó un jadeo al sentirse descubierto.
-No, yo no…-.
-Tsunayoshi, sólo hazlo-.
Tsuna bajo la cabeza, se sentía ligeramente avergonzado, no sabía que debía de decir, pero sin duda alguna Hibari estaba haciendo eso por él.
-Yo…-.
-Gokudera Hayato no es tan mala persona… es un herbívoro molesto… pero no es el peor-.
Lo sabía, Hibari lo sabía.
-Si lo buscas ahora tal vez lo encontraras. Él se va de Japón hoy mismo-.
-¿Qué?-.
Tsuna miró a Hibari con pánico, el moreno miró hacia la salida de Namimori, hace más o menos media hora había visto al peliplata salir de Namimori y subir a un auto, seguro ahora se dirigía al aeropuerto. Hibari se levanto de su lugar y se acercó al castaño.
-Tsunayoshi… te llevaré con él-.
No estaba seguro de eso, pero sin esperar respuesta el pelinegro le tomó de la muñeca y se lo llevó de ahí.
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Gokudera bajó del auto y ayudó a su padre a sacar las maletas, su madre se mantenía a la distancia hablando con Bianchi. Su vuelo saldría en unos momentos, así que tenían prisa. Bajo la última maleta y se encamino junto a su madre y Bianchi mientras que su padre se llevaba las maletas. Bianchi le sonrió levemente y su madre le revolvió un poco los cabellos.
-Desde que te fuiste hemos hecho muchos cambios, hemos cambiado tu cuarto como dijiste que querías… tu padre se encargo de ello-.
-Se lo agradeceré luego-.
Cuando vio a su hijo con esa cara tan seria se dio cuenta que tal vez lo estaban obligando a irse, ella era consciente de su hijo le obedecería en todo y esa nunca había sido su intención. Ver a su hijo ser obediente no era tan… bueno como todos pensarían, porque había perdido parte de su carácter y su personalidad. Ella no deseaba eso para su hijo.
-Hayato… no estás obligado a volver… si quieres quedarte en Japón estará bien-.
-No, ya lo he decidido-.
Era obvio que nada estaba del todo decidido. Ella realmente no quería obligarlo a irse. Pero él era tan necio y su esposo era igual, ninguno iba a ceder nada. Bianchi vio a su madre dudar, Gokudera se alejo un poco y ella le sonrió a su madre.
-Él estará bien, su carácter le hará luchar finalmente por lo que quiere-.
-Lo sé… pero…-.
-El avión saldrá por la terminal B-04. Es hora de irnos. Bianchi, nos vemos pronto en Italia-.
Bianchi asintió ante lo dicho por su padre, su madre le besó la mejilla y le dijo exactamente lo mismo que su padre, Gokudera la miró por un momento y luego le dio la espalda, la pelirroja simplemente soltó un suspiro pero cuando escucho la voz de su hermano sintió que realmente estaba haciendo un buen papel como hermana.
-Gracias por todo… Bianchi-.
Ella sonrió, se acercó a Gokudera y le abrazó por la espalda.
-Ten un buen viaje-.
El peliplata se alejó rápidamente y con el ceño fruncido y un ligero sonrojo se fue al lado de sus padres. Bianchi dio media vuelta y se encamino a la salida, realmente esperaba que la decisión de su hermano fuera la correcta y no estuviera escapando de nada, escapar de los problemas sólo te provocaba más problemas.
Cuando estaba llegando a la salida sintió que alguien la empujaba, miró al lado y vio a un pequeño castaño salir disparado, le pareció un poco grosero, pero al ver a un pelinegro entrar a paso lento detrás del chico decidió no decir nada, después de todo parecía tener muy mal temperamento.
-Che…-.
Escuchó al chico y hubiera seguido de largo sino hubiera escuchado lo siguiente.
-Más te vale hacerlo bien, Gokudera Hayato-.
Bianchi giro a ver que pasaba, pero el pelinegro sólo giro y salió del aeropuerto, se preguntó si debería volver para ver que pasaba y finalmente decidió hacerlo, algo le decía que ese castaño que había pasado corriendo a su lado tenía que ver con los últimos cambios de su hermano.
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Tsuna había escuchado que el vuelo a Italia salía en la terminal B-04. Nunca en su vida había corrido tan rápido, pero según había entendido Gokudera no tenía la intención de volver a Japón, no lo vería de nuevo. Se detuvo cuando por fin pudo ver al peliplata, pudo observar como entregaba su boleto y como comenzaba a ingresar.
No podía permitir que se fuera. Estaba enamorado.
-¡Gokudera-kun!-.
Gokudera se detuvo en la entrada, sus padres continuaron su camino hacia el avión, pero él lo había escuchado, un grito ahogado, alguien lo llamaba y sabía de quien se trataba. Volteo y pudo ver a Tsuna bajar corriendo unas escaleras, su respiración era arrítmica y tenía un ligero sudor en la frente, Gokudera no quería interpretar nada de esto, pero…
-¡Lo siento mucho!-.
Gritó de repente, Gokudera soltó su maleta y se acercó a paso veloz a él.
-¿Qué haces aquí? ¿Estás bien?-.
-Eso no importa. ¡Lamento mucho haberte ignorado todo este tiempo! Pero tenía miedo. A mi me había gustado por mucho tiempo Hibari-san y tú… tú… comenzaste a gustarme… Yo quería que Hibari-san siguiera siendo mi persona importante… pero no podía porque tú ya me gustabas… lo siento-.
Era su imaginación, si, eso era. De ninguna forma Tsuna estaba frente a él sudoroso y casi llorando mientras se le declaraba. Sin duda alguna eso era un sueño.
-Por favor… no te vayas-.
Y cuando lo vio llorar Gokudera supo que no era un sueño, tomó el rostro de Tsuna con cuidado y lo miró directamente a los ojos.
-¿Por qué no quieres que me vaya?-.
-… Porque… porque me gustas-.
Si, lo sabía, estaba haciendo un espectáculo para todos los que estaban a su alrededor. Pero realmente no le importaba, Tsuna le gustaba, Tsuna también sentía algo por él, parecía casi un sueño, pero sabía que no era así, sabía que realmente el moreno estaba frente a él. Lo alucinante de todo esto, es que él estaba apunto de decir sus sentimientos.
-Yo te amo, Tsuna-.
El moreno se sonrojó ante lo dicho, pero no paró de llorar. El peliplata le acarició con suavidad el rostro, realmente lo hubiera besado, pero eso sería demasiado, le soltó lentamente.
-Me iré a Italia-.
Tsuna bajo el rostro.
-Pero voy a volver-.
Rápidamente el castaño elevo el rostro y sonrojado recibió el beso de Gokudera en su frente.
-Pensé en rendirme y dejarlo todo una vez me hubiera ido… pero con esto… no quiero perderte-.
-Gokudera-kun…-.
-Se bueno y espérame, ¿si?-.
Tsuna asintió mientras se limpiaba las lágrimas.
-Esperare, lo prometo…-.
Gokudera sonrió, acarició su cabello marrón y luego se alejo.
-Nos vemos, Tsuna-.
Bianchi miró la escena a la lejanía, oh, vaya, esto si que no se lo esperaba. Su hermano se había enamorado de un chico, y de uno lindo. Sonrió de lado, al menos gracias a eso Gokudera volvería.
Un final feliz, sin duda alguna.
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-Así que… al final terminaste con él… Si que eres idiota, ¿sabías?-.
-Che… Cállate, o te morderé hasta la muerte, Rokudo Mukuro-.
Mukuro soltó una de sus comunes risitas y luego se separó de la pared en la que ambos habían estado recargados. El pelinegro miró sus movimientos y frunció el ceño cuando el peliazul se puso frente a él, Mukuro sonrió arrogante y luego pegó su nariz con la del pelinegro.
-¿Por qué no sales conmigo? Te consolare-.
-¿Tus deseos de morir son tan grandes? No lo sabía-.
Hibari saco una de sus tonfas y Mukuro retrocedió, hacerle ese tipo de bromas a Ave-kun era fantástico, pero no era su tipo, así que todas no eran más que bromas sin un significado oculto.
-De cualquier modo, ambos perdimos, ¿no quieres que te ayude con la frustración? Deseo limpiar el suelo contigo-.
Hibari sonrió, lo único que le gustaba de Mukuro era que siempre lo entretenía con una batalla, era una de las pocas personas que podía darle diversión, levantó una tonfa y sonrió sádicamente.
-Diviérteme, Rokudo Mukuro-.
Mukuro sonrió, realmente deseaba golpear a Hibari Kyouya, pero hoy permitiría que él le golpeara, después de todo, haber tenido al chico que te gusta, pero dejarlo ir porque él quería a otra persona era mucho peor que lo que a él le había pasado, Tsuna ni siquiera sabía que alguna vez Mukuro había estado enamorado de él.
Sinceramente, esperaba que Hibari recibiera algo bueno.
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Las clases continuaron con normalidad después del término del festival de cultura, para buena suerte del club de música, la presidenta del club de teatro dijo que se haría cargo de ese club hasta que Gokudera volviera, aunque realmente nadie sabía si iba a volver o no. Bueno, Tsuna sabía que iba a volver, pero no sabía cuando.
Yamamoto comenzó a acercarse a él y en algún momento notó que ya se habían hecho amigos. Hibari, por su parte, se distancio un poco de él, Tsuna no lo culpaba, pero no quería dejarlo solo, después de todo le había hecho una promesa. Pero cuando se entero que el pelinegro estaba comenzando a tratar de nuevo a Mukuro y que las cosas con su hermano iban bien entonces se sintió aliviado, por Hibari, claro esta. Mukuro volvió un par de veces a Namimori, en una de sus visitas le dijo la verdad, de porque razón él y Hibari se llevaban tan mal. Ambos, Hibari y Mukuro, habían estado enamorados de él, entonces ambos se veían como rivales. Cuando Tsuna se enteró de eso se sonrojó, nunca se imagino que alguien como el peliazul se enamoraría de alguien como él. Después de todo Mukuro era realmente atractivo, al igual que Hibari.
Tsuna estaba preocupado, iba llegando tarde a clase y tenía examen de matemáticas en su segundo periodo, quería estudiar un poco antes de la prueba, por eso deseaba llegar temprano. Corrió tan rápido como pudo y con miedo se dio cuenta que estaban a punto de cerrar la puerta, llegó a penas y luego Hibari lo regaño. Después de recibir su merecido regaño corrió a clase, pero al llegar a su salón se dio cuenta que había mucha gente en la entrada, se extraño un poco y se sorprendió más cuando escucho un par de gritos.
-¡Te has tardado mucho! ¡Sabes cuan maldito difícil es atender dos clubs!-.
-¡Nadie te pidió nada!-.
-¡Agradece maldita sea!-.
-¡Gracias!-.
Tsuna se abrió pasó entre la gente, sin poder creer que la voz realmente perteneciera a la persona que creía. Pero una vez pudo ver un ligero destello plateado se dio cuenta que no estaba equivocado. Era Gokudera. El peliplata lo miró y le sonrió, el castaño se sonrojó levemente y luego bajo la mirada. Había regresado. Gokudera realmente había regresado. Ante la mirada de todos el peliplata se acercó a Tsuna, le tomó la mano y luego… luego lo besó.
La mayoría soltó un jadeo al ver eso, otros se quedaron mudos y la mayoría estaba en blanco, el propio Tsuna se había quedado callado, no podía pensar y moverse tampoco parecía ser una opción. Si, realmente estaban en el límite. Gokudera se separó después de ese casto y sorpresivo beso.
-He vuelto-.
Tsuna seguía sin poder pensar, pero asintió por inercia, el peliplata sonrió cariñosamente y el castaño se sonrojó mucho más de lo que ya estaba.
-Bi-bienvenido… Gokudera-kun…-
Y claro, después de eso comenzaron todos los murmullos, felicitaciones y mucho más.
Poco después fueron reconocidos como una parea oficial. Hibari golpeo a Gokudera por ser un exhibicionista y lo amenazó sobre matarlo si le provocaba el llanto a Tsuna. Al final incluso recibió una visita de la muerte –Rokudo Mukuro-, le dijo que iba a terminar sin ojos y órganos si intentaba dañar a Tsuna. Gokudera supo que Tsuna era realmente querido por muchas personas peligrosas.
Sobrepasar el límite realmente no era malo, lo complicado de pasar ese límite es conocer todo lo que no te permitía ver esa división. El límite sólo significaba un nuevo mundo que descubrir.
Tsuna nunca había querido pasar el límite, le temía a lo desconocido, pero ahora se daba cuenta que ese límite era fascinante, mucho más si lo pasabas con alguien querido.
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Si, se que dije que volvería hasta abril, pero tenía que terminar este fic, me costó llegar a este final, me hubiera gustado hacerlo mucho mejor, pero juro que me esforcé mucho por este capitulo. CielHibird, lamento mucho la demora, pero te traigo este final esperando que lo disfrutes.
Shao~ shao~
