Título Original : A Cure for Boredom

Autora : emmagrant01

Disclaimer: Nada es de mi autoría. El enlace original está en mi perfil. Ésta es una traducción autorizada, los personajes originales pertenecen al universo de Sir Arthur Conan Doyle y a la adaptación de Sherlock de la BBC. La imagen de la portada pertenece al artista Reapersun, es maravilloso, así que visiten su tumblr.

Advertencias: Lenguaje fuerte, escenas de sexo explícitas, relaciones homosexuales, heterosexuales, voyeurismo, relaciones de sumisión y dominación.

Beta : Gudea, quién es genial y me ha metido en cintura hasta publicar, cuyos comentarios, sugerencias y latigazos son justo lo que necesitaba.

Para mi querida AnLy Drew a quién extraño, y a mi beta Gudea que ha explotado a sus pobres ojitos hasta terminar esto.

Ahora dejare esto por aquí y me iré corriendo.


CAPÍTULO 7 : DISTRACTIONS


John vio la figura de Sherlock desaparecer en la esquina del edificio. Paso un rato antes de que pudiera apartar la vista de donde había desaparecido. A la mierda todo… ¿Por qué tenía que ser tan difícil? ¿Qué le pasaba?

—Entonces, ¿cómo te va?

Se volvió para mirar a Greg de pie junto a él, también mirando hacia el final del callejón.

—Más allá de lo obvio, supongo.

John sintió la sangre drenarse de su cara.

—¿Lo obvio? —Dios, no era obvio, ¿o sí?

—Bueno, Sherlock siendo un idiota.

Respira.

—Eso no es nuevo.

Greg sonrió.

—Sí, supongo que no. —Se volvió para mirar la escena del crimen detrás de ellos.

—Los chicos tienen un poco más que hacer por aquí. Técnicamente es el caso de Wilson, sólo me trajo para hacerle frente a Sherlock.

—¿Ahora eres su domador oficial?

—Bueno, no me gustaría meterme en tu territorio —dijo Greg guiñándole un ojo.

—Me vendría bien un descanso de vez en cuando. —¿Sonaba amargado? Probablemente.

—El papeleo puede esperar hasta mañana. Hay un pub unas cuantas calles más allá. ¿Te apetece un trago?

John suspiró.

—Me encantaría, pero ya lo oíste, tengo que trabajar en este… —Sostuvo su teléfono—… símbolo marcado… cosa.

—¿Desde cuándo saltas cuando Sherlock lo ordena?

John sintió su mejillas arder ante eso.

—Yo no salto. Es que… tú sabes como es.

Greg metió las manos en los bolsillos.

—Será mejor que comiences con ello, teniendo en cuenta que internet cierra en una hora más o menos.

John sonrió a su pesar.

—Sabes, creo que en realidad me gustaría una pinta.

Greg sonrió.

—Dame unos minutos para terminar las cosas aquí.

o-o-o-o-o-o

—No es la infidelidad lo que me molesta. —Greg hizo una pausa para vaciar su vaso y luego le hizo una seña al camarero para pedir otra—. Es la falta de honestidad del asunto. Hemos estado casados durante una década y no me importa que ella quiera tener algo por otro lado. Siempre y cuando fuera sólo sexo y supiera que ella todavía me amaba al final del día, yo lo llevaba bien. —Sacudió la cabeza y miró a John—. Seguro que suena completamente retorcido.

—En realidad, suena razonable.

—Es agradable tener a alguien para cuando vuelves a casa, ¿sabes? Bueno, sí, ya sabes.

—Supongo que sí. —El barman sirvió otra ronda frente a ellos y John sacó su billetera—. Déjame pagar esta ronda.

—Gracias. ¿Y qué hay de ti?

—¿Qué hay de mí?

—¿Sherlock realmente no te dijo que le había llamado la semana pasada?

—No. —John tomó un sorbo de cerveza.

—Él es todo un personaje. Sinceramente, no sé lo que ves en él.

—Yo tampoco lo sé la mayor parte del tiempo.

—Debe ser muy difícil vivir con él.

—Por supuesto.

—Es guapo, te acepto eso.

—Dios, lo es —dijo John, sonriendo—. Casi compensa todo lo horrible que él… —Se detuvo, dándose cuenta de que había caído derecho en una trampa. Suspiró y se volvió para mirar a Greg.

Greg le sonrió.

—Debe ser un loco en la cama. Dios, no puedo imaginarlo.

John se encogió.

—¿Es tan jodidamente obvio?

—Ha sido obvio desde hace tiempo, John.

—Bueno, para ser franco, no había nada hasta hace poco.

El rostro de Greg se iluminó.

—Genial. Gane el bote.

John gimió.

—Oh, Dios, no me digas…

—Yo aposté mi dinero a un año. Algunos de los muchachos pensaron que ustedes dos empezarían a follar inmediatamente, pero calculé que no sucedería tan rápido.

El rostro de John ardía.

—Por favor, dime que me estás tomando el pelo.

—No lo hago —dijo, y su voz era amable.

—Y no creo que nadie en el Yard piense mal de ti por ello. De hecho, todo lo contrario.

—¿Cómo es eso?

—La mayoría de los hombres han conocido a Sherlock durante años. Y créeme, todos preferimos la versión "Después de John" a la de "Antes de John".

John resopló.

—¿Así que todo el mundo piensa que lo tengo controlado o algo así?

—No pensamos eso, pero no tienes ni idea de cómo era.

—Creo que probablemente la tengo.

—Oh, pero él era mucho peor antes de que llegaras. Todo el mundo lo odiaba en aquel entonces.

—Todo el mundo lo odia ahora.

—No, ahora lo toleran. —Greg hizo una pausa para tomar un sorbo de cerveza y luego la puso en la barra para volverse hacia John, con una expresión seria—. Nunca te había contado esto, pero una noche, hace tres años lo saque de una cuneta, colocado Dios sabe de con qué. Había sido expulsado del laboratorio de Bart por una falta, no puedo recordar qué fue. Y tocó fondo tan rápido, que fue increíble. Había estado desaparecido durante una semana, y había logrado esconderse completamente de su hermano. Tuve la oportunidad de evitar que fuera acusado, aunque tuve que mover algunos hilos. Mycroft lo metió en algún lugar para desintoxicarlo.

—Mierda. —John lo miró, sintiendo que la sangre abandonaba su rostro. Sabía que lo había pasado mal en el pasado, pero nadie le había dicho cuánto. Y él nunca había preguntado, ahora que lo pensaba.

—Oí que enloqueció al personal de la rehabilitación.

John puso los ojos en blanco.

—Me lo puedo imaginar.

—Y entonces, de alguna manera se metió de nuevo en Bart. Creo que Molly tuvo algo que ver con eso, pobre chica. Seguía siendo el mismo idiota, pero creo que la gente tenía miedo de lo que pasaría con él de otro modo, si no tuviera algo constructivo que hacer con todo esa inteligencia.

—¿Y tú crees que he cambiado eso?

—No lo creo. Lo sé. Todo el mundo lo sabe. Incluso los que no lo conocía antes, ven la forma en que te mira.

John suspiró. Deseaba que eso fuera verdad. Dios, lo deseaba tanto.

Greg se inclinó y bajó la voz.

—Entonces, ¿cómo es el sexo con Sherlock?

John lo miro con incredulidad.

—¿De verdad me estas pidiendo detalles?

—Oh, Dios no. Sólo… de manera general.

Los labios de John se fruncieron un poco mientras consideraba cómo responder.

—Es más raro de lo que te puedas imaginar —dijo después de un momento. No estaba lejos de la verdad.

—Puedes sorprenderte. Tengo una imaginación bastante vívida. —Le guiño un ojo a John y apuró su cerveza.

John exhaló.

—Oh Dios, acabo de salir del armario, ¿no es así?

—Más o menos.

Había otras personas a las que debería decírselo: su hermana era una. Quizás a Stamford. Ahora que pensaba en ello, no había mucha gente a la que quisiera contárselo que no lo supiera ya. Y, claro, puede ser que todo terminara tan rápido como había empezado. Entonces, ¿qué haría? Suponía que seguir adelante con su vida. Uno de los beneficios de ser bisexual era que había más personas que pudieran ser potenciales ligues.

¿Podría llevar a un hombre a casa con Sherlock en el piso? Sintió una punzada en el pecho y su sonrisa se desvaneció un poco.

Greg cogió uno de los vasos de la barra.

—¿Ves los partidos de cricket?

—A veces.

Greg se lanzó a una larga diatriba sobre el reciente mal desempeño de su equipo favorito, y John se apoyó en la barra para escucharle. Dios, era agradable tener una conversación con alguien que no fuese Sherlock. Tenía que hacer esto más a menudo.

o-o-o-o-o

John abrió los ojos. Era por la mañana y estaba en el sofá. Se había quedado dormido en la mesa frente a la pantalla de su ahora reparada laptop hasta muy tarde. Miró a la mesa para ver que el equipo había sido apagado y cerrado. También había una manta sobre él.

Éste era un nivel de preocupación que no habría sido capaz de imaginar en Sherlock hasta hace poco; hacía brotar una pequeña esperanza en su interior. Se arropó mejor con la manta y sonrió.

No había oído regresar a Sherlock la noche anterior. El piso todavía estaba vacío cuando llegó tambaleándose, verdaderamente borracho por primera vez en semanas. Tenía el vago recuerdo de haber cantado el himno del algún club del que no se sabía la letra pero con la mitad del pub animándolo, Jesús bendito. Debería salir a beber con Greg más a menudo.

Se obligó a sentarse y se mareo un poco, aunque siendo honesto merecía sentirse peor. Probablemente se sentiría mejor después de afeitarse, ducharse, y tomar un poco de café.

Llego a trompicones al baño y se desnudó. El sonido de la ducha le recordó que en realidad se había quedado dormido viendo porno… lo que era una cosa bastante triste a decir verdad. Sherlock probablemente se habría reído, sobre todo porque John estuvo viendo porno gay al final, después de haberse decidido a lanzarse totalmente a esto. Y había visto una con dos tíos en una ducha turnándose para chupársela al otro, y ahora volvía a pensar en eso de nuevo.

Maldita sea.

No pasó mucho hasta que empezó a masturbarse. Las imágenes en su cabeza no tenían nada que ver con los dos chicos de Europa Oriental apenas-mayores de edad y extrañamente sin vello duchándose juntos, sino más bien se centraban en su sexualmente distante y absolutamente frustrante compañero de piso. Estaba casi enojado cuando se corrió, lo que no le hizo sentir mejor. De hecho, se sentía peor.

Sherlock y él necesitaban hablar, pero cuanto más tiempo pasaba, más difícil se volvía, y mientras tanto la lista de cosas que necesitaban hablar crecía. Sin embargo, había algo bastante crítico en la cima de su lista, y que necesitaba solucionar de una vez.

No tenía ropa limpia para cambiarse, pero una de las batas de Sherlock estaba colgada en la parte de atrás de la puerta, así que se la puso. Era bastante grande y tuvo que rodar las mangas un poco, pero serviría.

Sherlock estaba sentado en el sofá cuando salió del baño. Todavía estaba en pijama y miraba su portátil con una expresión de concentración en el rostro. No levantó la vista, pero John no esperaba que lo hiciera.

John se dirigió a la cocina para hacer café, tratando de decidir la mejor manera de abordar el tema. Primero tenía que llamar la atención de Sherlock, que no era poca cosa en medio de un caso. Con una taza de café en la mano, cogió el periódico que no había logrado leer el día anterior y se sentó en una silla frente a Sherlock. Leyó por un minuto antes de reunir por fin el valor suficiente para hablar.

—Tenías razón.

—Sí —respondió Sherlock. Sin levantar la vista de la pantalla.

John suspiró después de un momento.

—¿No quieres saber sobre qué tenías razón?

—Tengo razón en todo. Los detalles son insignificantes.

John dejó caer el periódico al suelo con un poco más de fuerza de la necesaria y Sherlock finalmente levantó la vista. Sus ojos se deslizaron sobre John rápidamente, probablemente sólo tomando nota del hecho de que John estaba vestido con su bata, pero aun así John tembló.

—Si sientes la necesidad de explicarte, estoy feliz de confirmártelo.

—Masturbarse es aburrido —dijo John rotundamente.

Las cejas de Sherlock se fruncieron.

—No estoy de acuerdo. Últimamente lo he encontrado bastante agradable.

John arqueo las cejas.

—¿Estás diciendo que estabas equivocado?

—No. Mi anterior acercamiento a la masturbación era insuficiente para satisfacer mis necesidades.

—Así que estabas equivocado.

—No me equivoqué, simplemente tenía que centrar mi atención en los pensamientos e imágenes que me estimularan de manera más adecuada y… —Sherlock hizo una pausa y sus ojos se estrecharon—. ¿Qué?

John sonrió.

—A veces eres tan jodidamente predecible.

Sherlock puso los ojos en blanco.

—De todos modos, gracias por tu orientación en esa área. Soy mucho mejor en eso ahora.

—¿Lo eres?

—Sí. Parece despejar mi mente cuando estoy tratando de concentrarme en un problema.

—¿Mejor que un parche de nicotina?

Sherlock frunció el ceño.

—Definitivamente mejor.

—Bueno, ahora me encuentro aburrido y deprimido. —John se dejó caer en la silla y tomó un sorbo de café.

Sherlock volvió a mirar la pantalla de su ordenador portátil.

—¿Estás diciendo que no pudiste llegar al orgasmo?

—No. Es sólo que… últimamente no lo encuentro muy satisfactorio.

—¿Y el porno no te ayudó?

John hizo una mueca.

—No voy a hablar de lo de anoche. Me refería a hace un momento, en la ducha.

—Me masturbé mientras estabas en la ducha y lo encontré muy satisfactorio.

John miró hacia otro lado y se llevó una mano a la frente. Siempre había oído que era posible amar y odiar a alguien al mismo tiempo, pero nunca lo había creído hasta ahora.

Sin embargo, tenía la atención de Sherlock, que era su objetivo.

—Salí con Greg anoche.

Los ojos de Sherlock se posaron de nuevo en él.

—¿Salir? ¿A dónde?

—A un pub. Bebimos bastante y lo pasamos fantástico. —¿Celoso? Quiso agregar, pero no iba al tema—. Hablamos acerca de ti.

—¿Ah, sí? —Su tono era demasiado informal.

—Me dijo que te encontró en la calle hace tres años, tan colocado que Mycroft te envió a rehabilitación. —Miró a Sherlock.

Los ojos de Sherlock eran duros, pero definitivamente se había puesto pálido.

—Es cierto, lo hizo, y probablemente eso me salvó la vida. Es la razón por la que ofrezco mis servicios al Yard.

John le dedicó una larga mirada.

—No, no lo es.

—No, pero tenía la intención de decírselo algún día, cuando estuviera realmente enojado conmigo. ¿Crees que funcionaría?

—En realidad no. —John hizo una pausa y respiró hondo.

—De todos modos, me hizo pensar, y tengo que preguntarte: ¿Esa es la razón por la que no deseas participar en actividades sexuales con otras personas que no conocen tu estado?

Sherlock le miró fijamente.

—¿Mi estado?

—Tu estado, Sherlock. VIH.

—Ésa no es la razón, no. —Bajó la mirada de nuevo a la pantalla, escribiendo frenéticamente.

—¿Pero tú conoces tu estado?

Sherlock se detuvo.

—No estoy preocupado. No hay nada de qué preocuparse.

—¿Te has hecho la prueba desde la última vez que las usaste?

La mandíbula de Sherlock se apretó y cerró los ojos.

—No.

—Quiero que te hagas la prueba, hoy. Voy a pedir un favor.

Sherlock gruñó.

—No hay tiempo para esto, John. Hay un caso…

—A la mierda con el caso, Sherlock. Vas a hacerte la prueba así tenga que inmovilizarte y clavarte la aguja yo mismo.

Sherlock parecía querer discutir por un momento más antes de que algo así como la resignación apareciera en su rostro.

—Bien, ¿qué hay de ti?

—Ya han pasado dos años desde que me hice la prueba. Pero si quieres me la haré contigo.

Sherlock se encogió de hombros, todavía centrado en la pantalla.

—¿Algo más? —Su voz era firme.

Una victoria por la mañana tendría que ser suficiente.

—No, eso es todo. Voy a vestirme y hacer algunas llamadas. No vayas a ninguna parte. Quiero tu culo en ese sofá cuando vuelva abajo.

Sherlock puso los ojos en blanco, pero no dijo nada.

John se levantó y salió de la habitación, sintiéndose aliviado y ansioso al mismo tiempo. Dios, estos tres días de celibato iban a matarlo. Eso asumiendo que volvería al club el jueves, y eso parecía una total suposición en este momento.

o-o-o-o-o

—John, ¿algo que contar? —Sarah sonrió e hizo un gesto hacia su oficina.

—Sherlock, me alegro de verte otra vez.

Sherlock sonrió forzadamente y volvió su atención al teléfono.

John la siguió y cerró la puerta detrás de ellos.

—¿Vais a haceros la prueba juntos? Qué romántico.

Luchó para no poner los ojos en blanco.

—No es lo que piensas.

Ella sonrió.

—Oh, vamos, John. He visto venir esto desde hace años.

—Estoy aquí como apoyo moral. Pensé que estaría más dispuesto si lo hacía yo también.

—¿Vas a decirme sinceramente que no hay nada entre ustedes dos?

Hizo una pausa y frunció los labios.

—No he dicho eso.

Ella sonrió.

—De acuerdo. De todos modos quería decirte que debería ser capaz de acelerar esto. Puedo conseguirte los resultados el jueves, tal vez incluso por la mañana.

Él exhaló.

—Es perfecto, gracias.

—Estoy feliz por ti, lo sabes.

Su sonrisa era tensa.

—Bueno, eso hace que uno de nosotros lo esté.

Ella arqueó las cejas, pero al parecer decidió dejarlo pasar.

—Jodi te llamará en un par de minutos. Nos vemos. —Ella abrió la puerta y sonrió.

—Es bueno verte de nuevo. Te lo agradezco. —La besó en la mejilla y volvió para esperar junto a Sherlock.

Sherlock le frunció el ceño mientras se estaba sentando.

—¿Qué fue eso?

—Te dije que había pedido un favor.

La mandíbula de Sherlock se tensó, como si hubiera algo que quería decir. Se quedó mirando la puerta del despacho de Sarah por un momento y luego miró su teléfono de nuevo.

John tuvo que luchar para no sonreír. Eso era lo más parecido a los celos que había visto en el rostro de Sherlock. Tenía el extraño impulso de querer inclinarse hacia él, para tomar su mano o hacer algo para tranquilizarlo. Pero mejor dejarle retorcerse. Al menos por ahora.

Aunque claro, talvez sólo estaba viendo lo que tan desesperadamente quería ver. Frunció el ceño.

—¿Sherlock Holmes? —Ambos levantaron la vista para ver a Jodi sonriéndoles desde una puerta abierta.

—Por aquí, por favor.

John lo vio desaparecer por la puerta. No estaba muy preocupado por el resultado de esta prueba; era más por la paz mental que por cualquier otra cosa. Pero sin duda se sentiría mejor cuando los resultados estuvieran listos

Quince minutos más tarde salieron de la consulta con venditas a juego en sus brazos.

—Necesito que vayas a Scotland Yard y ver si puedes conseguir las fotos y todo lo que tengan.

John frunció el ceño.

—Greg dijo anoche que iba a enviarlo todo.

—Y entonces los dos salieron hasta quedar totalmente borrachos. ¿Anoche hiciste la investigación que te pedí?

—No.

—Exactamente. Él ha olvidado enviar el archivo, por lo que tienes que ir a buscarlo para nosotros.

—¿Y tú qué vas a hacer?

Sherlock le miro de soslayo.

—Voy a ir a pensar un poco. Nos vemos en casa.

Claro, ya era una suerte que Sherlock no vinera con él. Ya era bastante malo, en circunstancias normales, pero ahora que sabía que todo el mundo pensaba que estaban follando, era probable que John no pudiera resistirlo.

Hizo una mueca. En algún momento iba a tener que decírselo a Sherlock. O quizá no: el hombre había estado ajeno a toda la insinuación que los rodeaba en todo el último año. ¿Qué importaba un poquito más?

o-o-o-o-o

Sherlock pasó gran parte del día tirado en el sofá encerrado en su palacio mental, y John decidió que era mejor dejarlo solo. Sabía que insistir en que comiera no tendría sentido, pero la taza de café colocada en el suelo al lado del sofá estuvo vacía una hora más tarde, por lo que se sintió un poquito satisfecho.

John extendió las fotos que trajo del Yard en la mesa de la cocina y las estudió una vez más. Cuando volvió a la primera, Sherlock las había mirado superficialmente, asintiendo, para luego dirigirse al sofá sin decir una palabra. John sabía que no debía preguntar sobre lo que vio; en su lugar se concentró en la tarea que Sherlock le había puesto el día anterior: tratar de encontrarle un significado al símbolo de la marca.

No fue sino hasta más tarde por la noche, cuando fue a recoger comida para llevar, que finalmente se hizo una idea de lo que podría estar pasando. Corrió de regreso a su hogar para decírselo a Sherlock, pero el piso estaba vacío. Pasó las siguientes dos horas metido en su portátil, buscando.

—Creo que tengo algo —dijo en el momento en que Sherlock entró por la puerta.

—¿Lo tienes? —Sherlock sonaba escéptico, pero a John realmente no le importaba. Lo había deducido esta vez, estaba seguro. Sherlock se quitó el abrigo y se paró detrás de John, mirando hacia la pantalla de su ordenador.

—Es un culto de alguna clase. Mira estas imágenes. —Abrió una pestaña con varias imágenes que mostraban personas usando marcas con diseños muy parecidos a los de las víctimas.

—Estos son todos de un grupo religioso llamado "Los Iluminados". Al parecer están principalmente en Estados Unidos, pero hay algunos foros que indican que hay miembros en Reino Unido también. No tienen antecedentes de violencia, aunque en su mayoría usan drogas alucinógenas, por lo que podrían tener enemigos, alguien que este matando a sus miembros.

—Interesante hipótesis —dijo Sherlock, y John se estremeció ante la condescendencia en su tono—. Muy inteligente, en realidad.

John suspiró.

—¿Pero equivocado?

—Completamente equivocado. —Las manos de Sherlock se apoyaron en sus hombros y lo apretaron.

—Y supongo que ya lo tienes todo resuelto, ¿no?

—En primer lugar, aunque la mayoría de las imágenes de esos miembros de sectas son de bastante baja resolución, las líneas son demasiado distintas para ser el resultado de una yerra (1). Son más parecidas a tatuajes. En segundo lugar, no es exactamente el mismo diseño, aunque se parecen. Probablemente sea una coincidencia; las líneas con forma de rama son imágenes bastante comunes en ciertos tipos de grupos religiosos. En tercer lugar, los tatuajes se encuentran en diferentes partes del cuerpo: tobillos, hombros, brazos. Están destinadas a ser vistas, para que una persona declare abiertamente ser un miembro del grupo. Pero en el caso de nuestras víctimas, estas marcas se encuentran en la cadera, casi en las nalgas.

—Así que se suponía que las marcas estarían ocultas.

Los dedos de Sherlock acariciaron la nuca de John casi ausentemente y John cerró los ojos.

—No sólo ocultas. Piensa en esto: ¿en qué circunstancias una yerra en las nalgas de una persona sería más visible?

—¿Cuando estuvieran desnudos? —Su voz subió un poco en la última palabra para su vergüenza.

—Exactamente. ¿Y cuándo está desnuda gente? —Sus manos se deslizaron hacia abajo sobre el pecho de John y se inclinó un poco hacia él, presionando su estómago contra los hombros de John.

John recostó su cabeza sobre el pecho de Sherlock. .

—Bueno, cuando tienen sexo es una, pero dos de nuestras víctimas eran niños, así que no puede… —Se enderezó y se volvió para mirar a Sherlock.

—Oh, Dios.

Sherlock asintió.

—¿Quién marca a personas, John? ¿Quién las marca en las nalgas, como si fueran ganado?

John cerró los ojos.

—Mierda. Estamos tratando con una red de tráfico de personas, ¿no es así?

—Precisamente. Hay una razón por la que ninguna de las víctimas fueron reportadas como desaparecidas.

—Debido a que desaparecieron hace mucho tiempo, probablemente en otros lugares.

—Europa del Este, Rusia, quizás de instituciones que luchaban por llegar a fin de mes y estaban dispuestas a aceptar sobornos para adopciones ilegales.

John rebuscó entre la pila de papeles sobre la mesa y encontró los primeros planos de las marcas.

—Son viejas cicatrices. Fueron marcados cuando eran niños muy pequeños.

—¿Cómo de jóvenes?

—A los cuatro años, tal vez cinco. —John se volvió otra vez hacia Sherlock.

—¿Hace cuánto que lo sabes?

—Lo sospeché desde el principio, pero acabo de confirmarlo esta noche.

John apretó la mandíbula.

—Si me lo hubieras dicho, podría haber ayudado. Me habrías dado un punto de partida para mi búsqueda. En cambio me tuviste en una investigación inútil de dos días.

—Fue sólo un día. Además necesitabas una distracción.

John lo miró boquiabierto.

—¿Necesitaba una distracción? ¿Qué demonios significa eso?

Sherlock puso los ojos en blanco.

—Oh, honestamente, John. Me obligaste a hacer una prueba para VIH esta mañana.

—Por una muy buena razón, lo sabes.

—Además, siempre he guardado la esperanza de que trabajes por tu cuenta algún día.

—Qué amable de tu parte. —John se volvió hacia la pantalla del ordenador. Había pasado un mes desde que habían estado en modo John-y-Sherlock-en-un-caso, en lugar de John-y-Sherlock-en-un-Sex-Club. Casi había olvidado lo exasperante que podía ser Sherlock cuando estaba siendo brillante. Hubo un silencio tras de él, y John pudo imaginar el ceño fruncido en el rostro de Sherlock mientras pensaba en qué había dicho que enojara a John tan espectacularmente.

—Dijiste que lo habías confirmado.

—Sí —respondió Sherlock, y como si fuera una señal, el timbre de la puerta sonó.

—Pon la tetera, John. Nuestro invitado ha llegado.

John torció la boca; nunca volvería a escuchar esas palabras y no relacionarlas inmediatamente con el club. Maldita sea.

Un minuto más tarde Sherlock volvió con una joven mujer detrás de él. Realmente era una niña, John la miró largamente, era más joven de lo que parecía. Su cabello castaño estaba enredado y su rostro sucio; sus ropas estaban rasgadas y estropeadas. Se le hacía familiar, quizás era de la red de vagabundos que John había conocido antes.

Sus ojos se estrecharon cuando vio a John y miró por todo el apartamento con desconfianza, con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Hola —se aventuró John, sonriendo de manera que esperaba fuera amable. Miró a Sherlock y señaló con la cabeza hacia el sofá.

Sherlock sonrió.

—Él es John. Queremos hacerte algunas preguntas. ¿Deseas sentarte?

—Sé sobre lo que quieres preguntarme —dijo ella, sus ojos fijos en el suelo—. Pero eso es todo lo que voy a hacer, hablar.

La frente de Sherlock se frunció con confusión.

—Bien.

John suspiró.

—¿Quieres algo de comer?

Ella levantó la mirada ante eso y asintió.

—Vuelvo enseguida —dijo John. Rebuscó en la cocina y regresó unos minutos más tarde con algunas galletas y tazas de té.

La niña estaba sentada en un extremo del sofá, con las manos entrelazadas. Una mochila andrajosa estaba en el suelo junto a sus pies. Miró a John con una expresión cuidadosamente en blanco, pero era evidente que estaba nerviosa. Cogió las galletas de la bandeja y las devoró antes de que hubiera terminado de servir el té. Se fue por más; todavía no había hecho las compras y no tenía mucha comida para escoger en ese momento.

—¿Conoces a esta gente? —oyó a Sherlock preguntar.

Volvió para verla mirando las fotos de las víctimas. Sus ojos estaban muy abiertos por la sorpresa y su rostro se había puesto pálido, haciendo que la suciedad destacara aún más contra su piel.

John maldijo entre dientes y se acercó para sentarse a su lado en el sofá. Era completamente normal en Sherlock ir directo al grano, sin tener en cuenta los sentimientos de las personas. Lanzó una mirada hacia él, pero sólo consiguió una mirada confundida a cambio.

—¿Cuál es tu nombre? —John le preguntó.

—Mandy —dijo, con los ojos fijos en la foto que sostenía—. Su nombre era Karl. Lo conocía.

—¿Qué nos puedes contar sobre él?

Se mordió el labio, como si eligiera sus palabras con cuidado.

—Trataba de ayudarnos. Sabía que ellos irían tras él, pero no le importaba.

—¿A quiénes ayudaba? —preguntó Sherlock, inclinándose hacia adelante en su silla.

—¿Y quiénes son ellos?

Ella lo miró.

—A los otros, los niños. De los hombres que…

—¿Qué hombres? Debes ser más específica.

—Yo no… —Ella miró la foto de nuevo.

John vio la mandíbula apretada de Sherlock… se estaba frustrado. Era hora de intervenir antes de que asustara completamente a esta pobre chica. John tomó el fajo de fotos de su mano y hojeo entre ellas.

—¿Qué nos puedes decir acerca de esta marca? —Levantó una de las fotos que mostraban un primer plano de la marca.

Se quedó mirando la foto por un momento y luego se puso de pie. Sherlock y John intercambiaron una mirada… si estaba a punto de huir, John no estaba seguro de lo que harían. Pero en lugar de eso se subió las tres capas de camisetas que usaba, empujo hacia abajo la cintura de sus pantalones gastados, y se volvió para mostrarles una marca idéntica en la cadera.

Se sentó de nuevo y tiró de sus rodillas contra su pecho, sus ojos se centraron en el suelo delante de ella.

—No recuerdo cómo la obtuve. No recuerdo nada más que el negocio. Ni siquiera sé la edad que tengo, o de dónde vengo. Algunos niños lo recuerdan, pero yo no.

John miró a Sherlock para ver su frente arrugada, su expresión ahora dividida entre la frustración y la simpatía. Siempre odiaba cuando los clientes contaban la historia de sus vidas. Sherlock no pensaba en términos de narrativa personal; su cerebro simplemente no funcionaba de esa manera. Nunca entendía por qué la gente sentía la necesidad de poner un contexto a la información importante. Por eso la simpatía era algo nuevo, y fue sorprendente. John volvió su atención de nuevo a Mandy.

—¿Y el negocio?

—Sexo. —Ella parpadeó.

—Lo había asumido. ¿Cómo era tu vida?

—Nos movían mucho. Era una red de casas. Algunas eran agradables, otras no. Normalmente nos mantenían en grupos de cuatro o cinco. A veces nos quedábamos con los mismos niños durante mucho tiempo y empezábamos a sentirnos como una familia, y entonces nos separaban de nuevo. Las personas que nos atendían fueron bastante agradables. Bueno, excepto que tomaban lo que querían cuando querían.

John suspiró y se apoyó sobre los codos, sin mirarla para darle su espacio. Realmente no quería oír nada de esto, el hecho de que lo que había sido su vida era bastante horrible.

—Por lo general, los clientes venían a nosotros. Había habitaciones en las que les gustaba tenernos, y teníamos que hacer lo que quisieran. No se nos permitía llorar, incluso si nos hacían daño. Si llorabas conseguías una paliza, pero si eras bueno te daban un montón de dulces después.

John apretó los labios por un momento antes de continuar.

—¿Cuándo se detuvo? Quiero decir, ahora estás viviendo en la calle, ¿te escapaste o Karl te ayudo a escapar?

—Los clientes quieren a los más pequeños. Tu valor disminuía mientras crecías. A veces los niños mayores conseguían ser enviados a trabajar a otros lugares, en otros países. Yo no quería ser enviada lejos. Había otros que escaparon y vivían por su cuenta. Karl era uno de ellos. Ayudaba a la gente.

—¿Cómo los ayudaba? —Preguntó John.

—Podía sacarte cuando nadie veía. Tenía lugares seguros en los que podías estar un tiempo, pero siempre estábamos corriendo. Los que eran capturados terminaban muertos, o algo peor. —Se detuvo, mordiéndose el labio inferior por un momento—. Así que no nos quedábamos mucho. Estar en la calle era más fácil después de un tiempo. Nadie hace preguntas. Nadie te ve.

Nadie, salvo Sherlock.

—Pero ellos finalmente lo atraparon, ¿no? Junto con otros. —John buscó entre las fotografías y le entregó imágenes de las otras dos víctimas.

Ella asintió con la cabeza.

—Éste era James. Era muy dulce. No lo había visto desde hace tiempo, pero había oído que fue capturado. Y ésta es… —Miró la otra foto, y se quedó inmóvil, con los ojos abiertos.

—¿Quién es? —John le preguntó después de un momento.

—Steffi. —Su voz sonaba hueca—. Era una amiga. Escapamos juntas. ¿Cuándo sucedió esto?

—Ayer.

Los ojos de Mandy se cerraron por un momento, pero no lloró. Su cara estaba en blanco, como si fuera absolutamente incapaz de expresar emociones.

—Cuando no la vi anoche, me preguntaba si… Ellos habían dicho que nos iban a matar, ya ves. Para mostrarle a los demás que realmente no se puede escapar. Supongo que yo soy la siguiente.

Los ojos de John se posaron en Sherlock otra vez.

—¿Le dirás a la policía lo que nos has dicho? —preguntó Sherlock. Ella asintió y Sherlock se puso de pie, sacando su teléfono del bolsillo. Tecleo un número con el pulgar y se lo llevó a la oreja mientras caminaba hacia su habitación—. Lestrade, soy Sherlock. Puedes… Claro que sé la hora. Esto es importante. —Cerró la puerta tras él y su voz sonó amortiguada.

—Vas a estar a salvo —dijo John—. Vas a estar bien.

Sus ojos se volvieron hacia él y luego de nuevo al suelo. No le creía. Pero siendo honestos, ¿por qué iba a hacerlo?

Le sirvió una taza de té.

Un minuto más tarde, la puerta del dormitorio de Sherlock se abrió y golpeó contra la pared opuesta.

—Lestrade no puede venir hasta mañana. Aparentemente algo de la familia. —El desprecio usado en la palabra familia mostraba exactamente lo que pensaba Sherlock al respecto.

—Puedes quedarte aquí esta noche —dijo John a Mandy—. Vas a estar a salvo aquí.

El rostro de Mandy se volvió pétreo y luego miró hacia otro lado.

—No puedo. Encontraré un lugar, conozco a un tipo con una habitación. Puedo cuidar de mí misma.

—Ellos quieren matarte. No vas a ir a ninguna parte.

Sherlock se acercó al sofá y se quedó mirándola. Ella miró a uno y otro lado entre ellos, su cara ilegible. Su mano, sin embargo, estaba temblando.

Oh. Ella había estado en esta posición antes, John se dio cuenta, y había tenido esperanzas. No podía culparla por no confiar en ellos dos.

Le extendió una mano a Sherlock. Y este le lanzó una mirada de extrañeza, a lo que John contestó con una que decía claramente toma mi jodida mano, idiota. Sherlock se acercó a él y le tomó la mano, dejando que John lo acercara. John terminó con un brazo alrededor de sus caderas y apoyándolo contra él.

—Querida, no tienes nada de qué preocuparse aquí, ¿está bien?

Sherlock por fin lo entendió y pasó sus dedos entre el pelo de John. John levantó la vista y observó a Sherlock mirándole, sonriéndole cariñosamente y acariciando la cabeza de John. John le sonrió y por un momento se permitió imaginar que era real, que Sherlock también lo amaba. Si Mandy no hubiera estado allí, John lo habría tirado contra el sofá y luego lo habría besado.

Miró de nuevo a Mandy, cuyas mejillas estaban un poco ruborizadas. Ella le dedicó una pequeña sonrisa y asintió con la cabeza.

—Puedes tomar una ducha si quieres. Dormirás allí. —Hizo un gesto hacia la habitación de Sherlock y Sherlock se tensó a su lado. Apenas pudo reprimir la sonrisa.

Ella asintió de nuevo. John separó a Sherlock con gran reticencia, aunque se permitió continuar el toque en la parte baja de la espalda de Sherlock mientras se levantaba y se excusaba para ir arriba. Rápidamente hizo su cama y luego mando un mensaje a Greg:

Ella es una víctima de abuso sexual. Si es posible, trae mañana contigo a una oficial mujer.

Se dirigió a la planta baja con un conjunto de pijama.

—Somos casi de la misma altura, ¿no es cierto? —Ella se puso de pie, y sí, eran casi de la misma altura. Le entregó el pijama.

—Estos deben quedarte bien, más o menos. El cuarto de baño está por ahí. Puedes ducharte si quieres. Te traeré una toalla.

Ella asintió y se dirigió hacia el baño. John le pasó la toalla por la puerta y luego oyó el seguro haciendo clic en el momento en que la puerta se cerró de nuevo.

—Supongo que entonces dormiré en el sofá —dijo Sherlock.

—No —dijo John, cerca de la esquina del escritorio—. Dormirás en mi habitación.

Abrió la caja que guardaba la Sig y sacó los materiales para limpiarla. Joder, había pasado un tiempo desde la última vez que había disparado esa cosa.

—¿En tu habitación? —preguntó Sherlock. John se volvió y vio la expresión de asombro en su rostro.

—Sí. Me quedaré en el sofá.

—No es necesario. Estoy perfectamente bien en el sofá.

John dio un paso más cerca de él.

—Los asesinos pueden saber que esta noche ella está aquí, y la quieren muerta. Alguien tiene que vigilar.

—¿Y crees que yo no puedo hacerlo?

—Dime, Sherlock, ¿cuántas veces en tu vida te has acostado con una pistola al lado de tu cabeza, por si eras emboscado durante la noche?

La mandíbula de Sherlock se apretó.

—Ninguna.

—Exactamente. Éste es mi campo. Me quedo en el sofá y vigilo, y tú dormirás en mi habitación.

—Bien. —Sherlock lo miró adorablemente molesto, y a John le costó toda su voluntad no correr a abrazarlo. Que Dios le ayudara, amaba a este hombre. Demasiado.

—Mastúrbate sobre mis sábanas y te mato.

Sherlock casi se echó a reír, John sonrió.

o-o-o-o-o-o

La noche pasó tranquila, para alivio de John. No hubo chirridos en la escalera, y de hecho logró dormir unas horas. Sherlock bajó temprano y preparó café y se sentó en el otro extremo del sofá, levantando los pies de John y colocándolos en su regazo. John flexionó los dedos de los pies y la mano de Sherlock acarició el pie descalzo. John se hizo el dormido tanto tiempo como pudo, pero cuando los movimientos suaves de Sherlock pasaron a masajes firmes, gimió. Dios, Sherlock era jodidamente bueno con las manos. Eso lo sorprendió, de alguna manera.

—Buenos días —se quejó. Sherlock apartó la mano y John gimió.

—No te atrevas a parar. —La mano volvió y John suspiró—. Se siente bien.

—¿Pudiste dormir?

John sonrió; la preocupación era una cosa tan rara en Sherlock, y últimamente había gozado mucho de ella. Se iba a echar a perder pronto si seguía así.

—Un poco. ¿Y tú?

—Sí. Tu cama es sorprendentemente cómoda.

—Puedes dormir allí siempre que quieras.

Mierda, ¿Dijo eso en voz alta? Se quedó lo más quieto posible, fingiendo que se había vuelto a dormir. Las manos de Sherlock se detuvieron por un instante antes de reanudar su labor.

John realmente volvió a dormirse después de eso, su conciencia lo hizo caer en un sueño donde Sherlock se hacía cucharita contra él en el sofá y presionaba su erección contra el trasero de John. En su sueño, John se movió hasta bajar el pantalón de su pijama y luego se apretó de nuevo contra él, Sherlock movió las caderas y…

—John.

John abrió los ojos. Dios, esperaba que no haberse realmente movido durante su sueño.

Sherlock apretó su pie.

—Está despierta.

—Correcto —dijo John, sentándose, dándose cuenta inmediatamente de la presencia de su erección. Acomodo la manta sobre el regazo—. Yo sólo… necesito sentarme aquí y me despertare en un momento. ¿Cuánto café hiciste?

Sherlock sonrió.

—¿Ahora de pronto eres incapaz de ir a averiguarlo por ti mismo?

John lo miró.

—Una chica adolescente está en la casa, por el amor de Dios. No voy a ir desfilando delante de ella con una…

Dicha chica adolescente salió del baño vistiendo el pijama de John. Ella les sonrió forzadamente y luego desapareció dentro del dormitorio de Sherlock, una vez más.

—Si tienes que hacerte cargo de eso, el baño parece estar libre.

—Oh, cállate.

Veinte minutos más tarde estaban todos vestidos y sentados en la mesa, comiendo tostadas y huevos revueltos en silencio. El timbre sonó, y John y Sherlock intercambió una mirada.

—Ése es Lestrade —dijo Sherlock, saltando para ir a abrir la puerta.

—¿Estás bien? —le preguntó John a Mandy cuando estuvieron fuera del alcance de su oído.

Se quedó mirando el plato vacío.

—¿Qué pasará conmigo?

Trató de sonreír.

—Algo bueno.

Oyó varios pares de pies subiendo las escaleras y se volvió para mirar, pensando, por favor, Donovan no. Felizmente, Greg había traído a Amy Kempton, una de las oficiales de las que todo el mundo hacía referencia a en voz baja como una "estrella en ascenso". Ella sonrió brevemente a John a modo de saludo.

Dios, recordó el momento en que había querido flirtear con ella en un bar con su marido sentado al lado. Habría jurado que Greg había dicho que era soltera.

Presentó a los dos a Mandy y todos se movieron al salón para sentarse mientras ella contaba su historia. Greg tomó notas y dejo que Amy hiciera la mayoría de las preguntas. Mandy se centró en Amy casi todo el tiempo, y John se sintió aliviado con su instinto al haber actuado de manera correcta, y también que Greg hubiera comprendido la situación con sólo un mensaje.

Ella habló sobre más aspectos de su vida y las múltiples formas de las que había sido objeto de abuso, John no lo encontró más fácil de escuchar a pesar de lo relatado la noche anterior. Éste era el tipo de cosas que sucedían en la ficción; la idea de personas reales, niños, obligados a vivir de esta manera era difícil de imaginar.

Sintió una mano en su hombro y levantó la vista para ver a Sherlock de pie junto a él, apoyado en la silla donde John estaba sentado. Había estado inusualmente tranquilo durante toda la reunión; de hecho, casi se quedó al margen. John levantó la vista y le dirigió una tensa sonrisa, Sherlock se la devolvió, dándole a su hombro un apretón antes de retirar su mano.

John se dejó distraer por la esperanza sólo un momento. Estos toques en los últimos dos días eran sorprendentes de muchas maneras. A Sherlock nunca le había gustado ser tocado, por lo que John sabía. Sus muestras de cariño eran escasas y se limitaban en su mayoría a la señora Hudson. John no sabía lo que eso significaba, pero al parecer había decidido aceptar las migajas que Sherlock lanzaba en su camino.

Patético.

—Me gustaría que vinieras conmigo a Scotland Yard —dijo Amy, de rodillas ante una temblorosa Mandy—. Puedes hablar con un consejero y encontraremos un lugar seguro para ti. Nos aseguraremos de que nadie te haga daño nunca más.

Mandy levantó la vista, sus ojos repentinamente duros.

—Los atraparan a todos, ¿no es así?

—Lo haremos —dijo Greg. Era la primera vez que hablaba en lo que parecía una hora. Sonaba de la manera en que John se sentía—. Eso te lo prometo.

—Vamos, entonces —dijo Amy, y le tendió una mano. Mandy la tomó y dejó que Amy la llevara fuera del apartamento.

—Enseguida bajo —les indicó Greg, luego se volvió hacia John y Sherlock—. ¿Venís también?

—Por supuesto —dijo Sherlock, empujando la silla fuera de su camino. Estuvo al otro lado de la habitación y cruzando la puerta antes de que John se pusiera de pie.

Greg le guiñó un ojo a John.

—Está contento de tener un caso —dijo John—. Ha pasado un tiempo.

—¿En serio? —Preguntó Greg—. ¿Pensé que tuvisteis uno la semana pasada?

John apretó la mandíbula.

—Ah, claro. Me refería a un caso criminal, obviamente. Ya sabes lo mucho que ama los asesinatos.

o-o-o-o-o-o

—Recuérdamelo otra vez: ¿cómo permití que me convencieras de esto?

Era bien pasada la medianoche y John estaba funcionando con un puñado de horas de sueño. Sin embargo, allí estaban, haciendo un barrido a otra de las casas de seguridad que Mandy había mencionado a la policía. En serio, muy en serio, esto era lo último que quería estar haciendo en este momento.

John frunció la nariz cuando una rata grande se alejó del foco de su linterna y desapareció en un agujero en la pared. Dios, este lugar era asqueroso. El papel desteñido y sucio de la pared -donde no estaban peladas las paredes- parecía que se remontaba a la década de 1960. El suelo estaba sucio y manchado con sustancias que John no quería examinar muy de cerca. Basura, sobre todo paquetes de comida basura y colillas de cigarrillos, se amontonaban por todas partes, restos del inquilino más reciente del piso. Había visto su cuota de miseria en Afganistán, pero lo de verla en Londres -y sabiendo que niños habían estado viviendo así- era más difícil de procesar.

John ahogó un bostezo. Todavía no estaba seguro de qué tipo de evidencia estaban buscando, y preguntarle a Sherlock por pistas no le había llevado a ninguna parte.

—Ésta apenas era mi primera opción —dijo Sherlock mientras examinaba las manchas en un sofá de brazo andrajoso—. Podría obtener información mucho más valiosa, interrogando a los niños.

—Sí, bueno, hay una buena razón por la que no te dejan en un lugar cerca de niños.

Sherlock se volvió para mirarlo.

—¿Qué razón?

John hizo una mueca.

—Oh, Dios, otra vez no.

—Me molesta la implicación de que soy ineficaz de interrogar a la gente.

—No es una implicación. Es un hecho. —Sherlock hizo un sonido casi como un gruñido, y John se adelantó y apretó la cara contra el hombro de Sherlock con un gemido—. No quiero discutir sobre esto ahora. Estoy agotado.

El brazo de Sherlock se deslizó a su alrededor tentativo y le palmeó la espalda. John pasó un brazo alrededor de su cintura y sonrió. Era casi un abrazo. ¿Sherlock lo había abrazado antes? No estaba seguro. Hubo un roce de labios contra su frente y John se quedó inmóvil. De repente se sintió muy despierto, con el corazón latiendo en su pecho. Todo lo que tenía que hacer era inclinar la cabeza hacia arriba, tirar de Sherlock más cerca, y darle un beso. El brazo de Sherlock se apretó a su alrededor. John inhaló y trató de reunir todo su valor.

Se oyó un ruido en la habitación de al lado, y se separaron. John se dirigió a la puerta abierta y presionó su espalda contra la pared al lado del marco, ya con el arma en mano. Hizo un gesto a Sherlock indicándole quedarse atrás. Sherlock asintió, escuchando.

Oyeron dos conjuntos de pasos y luego el silencio.

—Estaban aquí, lo juro —dijo una voz en un susurro ronco—. Deben de haberse ido hace unas horas.

—Mierda —dijo el otro entre dientes—. Mi cabeza será la próxima si no los encontramos, así que será mejor que compruebes tus fuentes la próxima vez.

—Te estoy diciendo, estaban aquí esta noche. Los vi con mis propios ojos.

—Sí, bueno, tal vez te vieron también.

—Son cada vez más inteligentes.

El segundo hombre hizo un sonido de burla.

—No, la mitad de ellos apenas saben leer. No, alguien les está ayudando, alguien…

Se quedaron en silencio repentinamente y John pronunció la palabra "Joder". Se habían dado cuenta de que quien estaba ayudando a los niños todavía podía estar aquí. Miró a Sherlock, quien asintió con la cabeza. Estaban listos.

Los hombres parecían acercarse, claramente tratando de reducir al mínimo el ruido de sus pasos. Los suelos de madera eran viejos y chirriantes, por lo que era prácticamente imposible. John levantó el arma a la altura de su hombro y cambió su peso ligeramente de modo que estaría preparado para saltar hacia delante en el momento en que entraran por la puerta. El suelo bajo sus pies crujió ligeramente.

Mierda.

Los hombres del otro lado de la puerta dejaron de moverse. John se concentró, esperando escuchar cualquier sonido que indicara la posesión de armas. Estaba extrañamente silencioso.

Su mente procesó rápidamente media docena de escenarios y estimó los posibles resultados. Permanecer oculto parecía ser su mejor opción por ahora. Sus latidos se tranquilizaron después de un minuto. Aspiró y exhalo en silencio. Si sus oponentes estaban en la misma posición del otro lado de la pared, podía esperar para salir. Estaban siendo increíblemente pacientes. Y por suerte, Sherlock estaba feliz de dejar que John se hiciera cargo en momentos como éste.

—No hay nadie aquí —uno de los hombres susurró.

—Shhh, idiota. Sé lo que he oído.

—Tal vez se deslizaron por la parte trasera.

Los pasos retrocedieron y John sonrió. Esos dos realmente eran idiotas.

El cañón del arma fue lo primero que apareció por la puerta, y John dejó que el hombre siguiera avanzando, hasta que atravesó por completo la puerta y pudo moverse hasta presionar el cañón de su Sig contra la parte posterior de la cabeza del hombre.

El segundo hombre gritó con sorpresa y levantó el arma en su mano, pero Sherlock lo sorprendió desde atrás de la puerta y le dio un doloroso golpe en el antebrazo. El arma cayó al suelo; Sherlock la cogió y la había dirigido al hombre incluso antes de que hubiera terminado de aullar del dolor.

—Buenas noches, caballeros —dijo John, sonriendo. Dios, amaba esta mierda—. Voy a tomar esta arma, gracias.

Dos minutos más tarde tenía dos hombres boca abajo en el suelo con sus manos extendidas hacia los lados mientras Sherlock telefoneaba a Lestrade.

—Está en camino.

—Bien. —Le entregó una de las pistolas de los hombres a Sherlock y metió la Sig en sus pantalones. Estaba casi seguro de que Greg lo sabía y miraba para otro lado, pero no había necesidad de buscar problemas.

Quince minutos más tarde, los hombres estaban esposados y se los llevaban, Greg Lestrade sacudió la cabeza antes de mirarlos a los dos.

—¿Cómo sabías que vendrían esta noche?

—Sólo una corazonada. —La sonrisa de Sherlock era increíblemente petulante.

John casi gimió. Esa habría sido una buena información a tener en cuenta hace unas dos horas.

—De la conversación que oí, parece que la organización empieza a entrar un poco en pánico.

Greg asintió.

—Y ahora que saben que estamos tras ellos, van a incrementar la seguridad.

—Por lo menos algunos de los niños están a salvo —dijo John.

—Mandy también fue capaz de proporcionarnos la ubicación de algunos de los burdeles. Tenemos equipos infiltrándose en estos momentos. —Sonrió a los dos—. Vamos a llegar ellos. Es sólo cuestión de tiempo.

John asintió. Realmente quería creer eso.

—Estoy seguro de que estaré en contacto. Los dos deberían ir a casa, dormir un poco. O algo así. —Le guiñó un ojo a John, quien puso los ojos en blanco y no miró a Sherlock.

—¿Hambre? —preguntó John a Sherlock una vez que la policía los dejara por esa noche.

—Muero de hambre. ¿Tailandesa?

—¿A esta hora?

Sherlock sonrió.

—Conozco un lugar. —John sonrió y lo siguió por la acera. Que Sherlock comiera era siempre una buena señal.

La luz del sol entraba a raudales por las ventanas cuando John abrió los ojos, el aroma a café era espeso en el aire. Fue a la planta baja para ver Sherlock sentado en un sillón, su computadora en el regazo.

—Buenos días —murmuró John, estirándose.

—Es casi la una —respondió Sherlock.

John cogió el teléfono sobre la mesita cerca del sofá. Efectivamente, había dormido la mitad del día.

—¿Me enviaste un mensaje a las cuatro de la mañana?

—Te has perdido lo más emocionante. Al parecer se las arreglaron para rescatar a cinco niños de uno de los burdeles durante la noche.

—Fantástico.

—Los más pequeños, por lo que dijo Amy.

John frunció el ceño.

—¿Amy te llamó?

—Yo la llamé.

—¿A las cuatro de la mañana?

—Ella estaba despierta. En realidad no parecía tan molesta.

John suspiró.

—¿Tenemos algo para comer?

Finalmente Sherlock levantó la vista de su ordenador portátil.

—¿Cómo puedes tener hambre? Comiste hace diez horas.

John rodo los ojos.

—Algunos de nosotros realmente somos humanos y necesitamos comer a menudo. —Se puso el abrigo y bostezó—. Voy a ir de compras. ¿Necesitas algo?

—No. —Sherlock se centró en la pantalla de nuevo.

John lo miró fijamente durante un largo momento. Estos últimos días habían sido tan extraños, lo cual era raro teniendo en cuenta que habían sido exactamente iguales que la mayoría de los días que había pasado con Sherlock. Sabía que no debería sorprenderse por que las cosas cambiaran entre ellos después de las últimas semanas. Por lo menos, habían cambiado para John -que no tenía claro si era real para Sherlock o no. Pero aun así era difícil soportar el día y resistirse a querer tocarlo y besarlo, y no sabía si le molestaba el extraño equilibrio entre ellos. Si se lo cargaba, nunca podría volver a como estaban antes. Incluso podrían no ser capaces de volver a ser amigos del todo.

No tenía idea de lo que pasaría si le decía a Sherlock lo que realmente quería. Pero tampoco estaba seguro de poder seguir así más tiempo.

—Necesitamos leche —dijo Sherlock después de un momento.

—Bien. —John suspiró y bajó las escaleras.

o-o-o-o-o

Estaba mirando fijamente la sección de patatas fritas cuando su teléfono sonó. Echó un vistazo a la pantalla y reconoció el número inmediatamente.

—¿Sarah?

Hola John. Tengo los resultados. Ambos son negativos, así que nada de qué preocuparse.

Exhaló.

—Fantástico.

Esta prueba en particular tiene una precisión de diez días, por lo que es muy segura.

—Es bueno saberlo. Gracias. Te debo una.

¿Cómo estás?

—Estoy bien. ¿Cómo estás tú?

Bueno, no me quejo. Ocupada.

—Sí.

Hubo un momento de incómodo silencio. Eso resumía toda su relación.

¿Cómo está el negocio de la investigación… privada?

Se echó a reír.

—Oh, sorprendentemente interesante.

Imagino que Sherlock te mantiene atado al trabajo la mayor parte del tiempo.

—Literalmente, en días buenos. —Oh, mierda, menuda insinuación… ¿realmente acababa de decir eso?

Estoy feliz por ti, John. —Sonaba como si estuviera sonriendo.

—Gracias. Lo digo en serio.

Hablamos pronto.

—Por supuesto. Adiós.

Bueno, esto era una cosa menos de la qué preocuparse. Una cosa menos de una lista muy larga.

o-o-o-o-o

—Acabo de hablar con Sarah —dijo John mientras dejaba la bolsa de comestibles en la mesa.

—Negativo —dijo Sherlock.

—Sí. —John no se molestó en preguntar cómo lo sabía. Probablemente algo acerca de la manera en que John había iniciado la conversación o cómo había llevado la maldita bolsa de comestibles le habían dado una pista.

—Así que fue una completa pérdida de tiempo.

John apretó los dientes.

—Bueno, ahora lo sabes.

—Lo sabía desde antes.

—No, no lo sabias.

—Estaba razonablemente seguro.

—¿Desde cuándo razonablemente seguro es lo suficientemente bueno para ti?

Sherlock lo miro de manera extraña.

—Desde que supe que no había participado en ninguna conducta de riesgo.

—¡Sí lo hiciste!

—¿Cómo lo sabes? —replicó Sherlock—. No te molestaste en preguntar, sólo asumiste que me inyectaba heroína con una aguja contaminada.

John frunció los labios y miró hacia otro lado. Era cierto; no había preguntado. Había asumido, pero era una muy buena suposición.

—Sólo trato de ayudarte, Sherlock.

Los ojos de Sherlock se estrecharon.

—Usualmente no estas preocupado por mí. ¿Hay algo malo?

John parpadeó.

—Siempre estoy preocupado por ti, imbécil. Yp… Soy tu amigo. Y yo… —Cerró los ojos y respiró—. ¿Qué soy yo para ti, Sherlock?

—¿De qué estás hablando?

John se frotó la cara con las manos.

—Oh, Dios, no importa. No importa.

Sherlock se quedó callado por un momento y luego dejo a un lado su laptop y se apoyó en los codos.

—Lestrade parece tener la impresión de que estamos saliendo.

—¿Lo estamos? —John no podía mirarle—. ¿De qué otra manera se puede nombrar a estos últimos fines de semana?

—Fue un experimento —dijo Sherlock y John sintió que algo dentro de él se marchitaba.

—Sí, lo fue, ¿no? Todo está registrado en la maldita hoja de cálculo. Todo lo que hicimos, todo lo que pasó. ¿Ahora qué vas a hacer con todos esos datos?

—Después del domingo pasado, sinceramente no estoy seguro de querer continuar.

—Bien, como quieras —dijo John, incapaz de mantener desapercibido el dolor en su voz. Tenía que salir de allí, lejos de Sherlock. Jesús, ¿cómo se había metido en esta situación?

—John, para. —La voz de Sherlock tenía la facultad de hacer que el cuerpo de John respondiera al instante—. Dije que no estoy seguro de querer continuar con el experimento. No he dicho que quisiera dejar… esto.

John exhaló. Mierda. Está bien, entonces. Asintió con la cabeza y miró a Sherlock, sus estomago retorciéndose.

—Está bien. Bien… Bien.

Sherlock miraba el suelo frente él.

—Bien. Así que vamos a continuar…

—Esta noche —soltó John—. Quiero ir al club esta noche. Es jueves, ¿no es verdad?

La mandíbula de Sherlock se apretó ligeramente.

—Está bien. Sí.

—Sé que estamos en medio de un caso, pero…

—Lestrade dejó claro que iba a llamar cuando nos necesitara.

—¿Desde cuándo escuchas a Lestrade?

Sherlock resopló.

—Bueno, antes lo habría ignorado por completo. La alternativa habría sido aburrirme. Pero en este caso tengo una alternativa muy poco aburrida.

John sacudió la cabeza, incapaz de ocultar la sonrisa.

—Hay asesinos que andan sueltos, ¿y realmente prefieres ir a un club de sexo esta noche y verme follando con gente?

Sherlock lo consideró por un momento y luego levantó la vista hacia él.

—Sí.

John pasó una mano por su cabello.

—Eso es… eso es brillante, de hecho.

Los labios de Sherlock se torcieron en una sonrisa.

—Los asesinos saben que estamos tras ellos, de todos modos. Se ocultarán durante unos días. También podríamos esperar hasta que cometan un error.

—Muy perceptivo.

—Por supuesto. ¿A las nueve en punto?

—Es una cita —dijo John envalentonado, se acercó a Sherlock y ahuecó su mejilla con una mano, pasó un dedo sobre sus labios.

—Piensa en lo que quieres verme hacer esta noche. Voy a hacer cualquier cosa por ti, lo sabes.

Sherlock le devolvió la mirada con el rostro inexpresivo, aunque sus ojos estaban negros.

John sonrió y se fue antes de que se viera tentado a hacer cualquier otra cosa. Las próximas horas iban a ser una tortura tal y como estaba. Tendría tiempo para comer un bocado, ducharse y recuperar la cabeza.

Tenía la sensación de que iba a ser una buena noche. Y joder si la necesitaba.


[Nox]

Yerra : La yerra, que en algunos lugares se llama hierra y en otros conserva su antiguo nombre fierra, es un acontecimiento durante el que se realizan varias tareas propias del campo. La principal (y de la que proviene su nombre), es la marcación del ganado orejano (sin marca de dueño), que se hace con un hierro al rojo sobre el cuerpo del animal. Fuente - Wikipedia


Y pues bien, nos acercamos a la fase final, si, lo sé, han esperado mucho por este capi y resulta que es un puente T-T lo siento, ya empecé mi curso de titulación y no tengo nada de tiempo, pero ya falta uno más! y por fin a empezar un Omegaverse del que conseguí los derechos de autor para la traducción XD , ahora si, siéntanse libres de despotricar por mi tardanza, muchas gracias a todos los rw , followers y favoritos, esta vez no he podido contestarlos como se debe, pero de verdad que los he leído y me han dado la fuerza para continuar. Un saludito.

Y please , disculpen si encuentran uno que otro errorcito por ahí, ya no he podido volverlo a leer.