VII. Saito.
Al día siguiente de la celebración, todos los habitantes del dojo notaron (por los rostros que tenían) que ni Kaoru ni Kenshin habían pasado una buena noche. A la mañana siguiente, cuál de los dos tenían peor cara, Sanosuke los miró con una ceja levantada.
-¿Qué?- gruñó Kaoru, mientras se sentaba a su lado para desayunar. Se notaba de un pésimo humor.
-Nada, nada…- Sanosuke se dio cuenta que era más sano volver su mirada al plato (al menos para su integridad física). En esos momentos llegaban los padres de la muchacha a sentarse.
-¿Dormiste mal, hija?- le preguntó su madre, algo preocupada.
-Algo… tuve muchas pesadillas.
-Me imagino- murmuró Sanosuke, recibiendo un codazo de Megumi -¿y ahora qué dije?, ¡tú y Kaoru hoy se levantaron insoportables!- agregó luego.
El silencio que hubo luego fue algo tenso, relajado sólo por uno que otro comentario de Kenshin y Sanosuke, hablando sobre cualquier cosa que se les ocurriera, tratando de amenizar el ambiente. Incluso se comentó sobre el buen clima que había por esos días (parecía que todos habían olvidado la gran lluvia que habían tenido que aguantar días anteriores) y sobre la comida del día anterior.
-Por cierto, aún no fijamos fecha para el día de su casamiento- comentó sonriente Yukari, la madre de Kaoru. La pelinegra se puso algo pálida y trató de digerir lo que estaba comiendo en esos momentos –ya les hicimos su fiesta de compromiso y ni siquiera sabemos el día de su unión.
Kaoru y Kenshin se miraron levemente, la primera algo colorada por la manera en que su madre había planteado el tema, y Kenshin sonriendo con algo de diversión.
-La verdad- dijo Kenshin, con la tranquilidad que lo caracterizaba –estábamos pensando con Kaoru que mejor ustedes pusieran la fecha, eligiendo la que más les convendría a ustedes.
-¿De verdad?- Kojiro los miró algo confundido, y luego a su esposa, que se encogió levemente de hombros –en ese caso, creo que sería mejor que comenzáramos a planearlo todo…
-Vamos a conversar hoy con los sacerdotes- sonrió ampliamente Yukari –la primera fecha que tengan la elegiremos, aunque sea mañana mismo.
-Yo creo que será mejor mañana mismo- dijo sonriente Sanosuke, mirando con algo de malicia a los otros dos –estoy seguro que lo que más quieren es dar ese paso, como típica pareja de enamorados…
Kenshin se quedó callado, sin saber qué replicarle. Se dio cuenta que esas palabras estaban cargadas de ironía, pero pensó que era prudente no contestarle, no se le fuera a ir la lengua a alguno de los dos por comenzar a molestarse… por otro lado, Kaoru lo miró feo, sintiéndose algo ofendida.
-Me imagino que tú estabas igual antes de casarte, ¿no, Sano?- le preguntó de vuelta Kaoru, utilizando el mismo tono que él –porque supongo que tanto tú como Megumi estaban perdidamente enamorados…
-Claro que sí- gruñó Sanosuke –y no tienes idea cuánto.
Megumi sonrió, soltando un suspiro de resignación, y miró a Kenshin. Cuando éste la miró la aprendiz de doctora le dio a entender a través de pequeños gestos que deseaba hablar con él lo antes posible, a lo que el pelirrojo asintió, sonriendo, pero aún así sintiendo algo de curiosidad por la gravedad con que ella se lo pidió.
Para suerte de todos, en algún momento el famoso desayuno tenía que terminar, y cuando lo hizo, ninguno hizo mucho tiempo para salir casi arrancando. De esa manera, y a los minutos después, Kenshin y Megumi se encontraron en el patio, y se sentaron a conversar.
-¿Qué me quería decir, Megumi-dono?- le preguntó el pelirrojo.
-Bueno…- ella dudó unos momentos, notándose indecisa. Kenshin esperó pacientemente a que ella se dedicara a hablar –estaba pensando en ti, Kenshin.
-¿En mí?- esta vez él la miró notablemente confundido.
-Sí… quiero decir, en lo que estás haciendo con tú vida- él la volvió a ver confuso –vamos, si sabes perfectamente a qué me refiero. Es principalmente por Kaoru y por ti, ¿has planteado en algún momento que puedes quedarte con nosotros?
A Megumi en parte le extrañó la reacción que tuvo Kenshin ante esa pregunta. Su rostro, que momentos antes se notaba de lo más relajado, e incluso, alegre, había cambiado a uno completamente serio, rayando en lo violento.
-¿Por qué me hace esa pregunta?
-¿y Por qué no podría hacértela?- replicó la otra, con una pregunta también –has pasado unos días acá, has congeniado completamente con la familia, quizás sea más conveniente que te quedes con nosotros a que continúes vagabundeando.
-No creo que esté segura de lo que me está diciendo.
-Por supuesto que sí, si tonta no soy- gruñó Megumi, cruzándose de brazos algo molesta –y si te lo estoy planteando es porque de verdad lo queremos…
-¿Acaso Kaoru-dono se lo dijo?- preguntó Kenshin, y ella pudo notar un leve (muy, pero muy leve) temblor en su voz. Sonrió levemente.
-¿Y si me lo dijo, qué?, ¿acaso las palabras de ella podrían hacerte cambiar de opinión?- preguntó Megumi, con tono de burla.
-Eh…- por unos momentos, el pelirrojo pareció verse avergonzado -¿qué está insinuando, Megumi-dono?
La doctora hizo ojos al cielo, suspirando de cansancio. No sabía si las indirectas mandadas eran muy poco claras, si el pelirrojo derechamente se estaba haciendo el tonto o, simplemente, era demasiado distraído como para darse cuenta.
-------------------------------------------------------------
No muy lejos del dojo, justamente a esa misma hora, un hombre estaba rondando por las calles cercanas al lugar. Era de edad madura, de cabello negro y ojos dorados, alto, y que no pasaba desapercibido para nadie que pasara a su lado.
Caminaba con tranquilidad con un cigarrillo en la mano, y una sonrisa irónica pegada al rostro. En parte, podía decir que parte de lo que más había estado deseando desde hacía años se le estaba cumpliendo… sólo esperaba que la persona que seguía no se hubiera ido aún, ya que según informantes suyos, permanecía en el dojo de los Kamiya desde hacía unos cuántos días.
Y después de unos minutos, llegó por fin. Lanzando el cigarrillo al suelo, se dedicó a observar el lugar con atención. Tenía que reconocer que, a pesar del tiempo que había pasado, continuaba igual a la última vez que lo había visitado.
Se adelantó unos pasos, y justo cuando iba a tocar, alguien abrió la puerta. Vio que una muchacha pelinegra había sido, algo baja, y que cuando lo vio, lo quedó mirando con cierta curiosidad durante algunos momentos.
-¿Saito-san?- preguntó unos momentos después Kaoru, reconociendo al amigo de su padre -¡qué sorpresa tenerlo acá!
-Kaoru, que gusto verte- contestó el hombre, sonriendo levemente –pensé que en esta época estarías con tu prima en Kyoto.
-Ah, sí- la chica cambió su expresión de alegría por otra de nerviosa –es que hay algunas cosas de las que no está enterado- contestó ella, y de pronto sonrió avergonzada -¡pero qué tonta soy!, disculpe por no hacerlo pasar antes, creo que la sorpresa fue mucha.
-Oh, no te preocupes- Saito entró a la propiedad y miró atento a su alrededor -¿se encuentra tú padre en la casa?
-Sí, lo llevaré con él.
-Gracias.
Saito siguió a la muchacha, y ésta le hablaba sobre distintos temas a los que él no ponía mayor atención, ya que se dedicaba a mirar con atención el lugar, buscando sin parar alguna cabellera roja que anduviera por ahí.
-Mi padre está acá- le dijo Kaoru, corriendo el shoji del dojo.
En efecto, Kojiro estaba sentado en medio del lugar, meditando. Abrió los ojos al sentir que era interrumpido, y se puso de pie con sorpresa al notar al visitante.
-¡No puedo creerlo, Saito!- dijo, sonriendo contento al ver a su amigo de muchos años –me hubieras avisado que vendrías.
-No es para tanto, Kamiya- replicó el otro –además, se podría decir que no vengo para una reunión de amigos, sino por trabajo.
Kaoru, que aún no se había marchado, se extrañó un tanto al escuchar eso. Ella sabía que Saito trabajaba de espía para el gobierno, por lo que lo que había dicho le había dado un muy mal presentimiento.
Primero, temía por Megumi. ¿Qué pasaba si él estaba enterado de lo que la chica había hecho antes de llegar con ellos?, ¿cómo poder sacarla de algún embrollo así?... ¿cómo explicarle a su padre para que entendiera la razón de por qué le escondieron eso a él?
Y, también, le preocupaba Kenshin. Lo más seguro es que el vagabundo en el último tiempo no hubiera hecho nada malo, pero ignoraba que Saito había pertenecido al Shinsengumi durante el Bakumatsu, por lo que le debería tener cierto odio, sabiendo que Kenshin había sido Hitokiri Battousai.
-Kaoru- la sacó de sus pensamientos su padre –ve por té, para que Saito y yo conversemos tranquilamente.
-Sí, papá- Kaoru salió del dojo en dirección a la cocina, pensativa. Luego de unos momentos trató de darse ánimos –vamos, no necesariamente tiene que saber que Kenshin es Battousai… sólo me estoy poniendo nerviosa por nada.
Algo más tranquila por su autoconvencimiento, Kaoru fue a la cocina, en donde se encontró con Sanosuke.
-Vino Saito-san- le dijo Kaoru al castaño, que se notó sorprendido –lo más raro es que le dijo a papá que venía por asuntos de trabajo, y no a visitar a un amigo…
Sanosuke frunció el cejo, comenzando a preocuparse.
-Ve con ellos mientras preparo el té, al menos para que escuches parte de lo que están hablando- le dijo Kaoru, en voz baja para que nadie más la escuchara.
-¿Y si advertimos a Megumi o a Kenshin?- preguntó Sanosuke.
-No hay tiempo, ve con ellos.
-Sí.
En menos de diez minutos estaban tanto Kaoru como Sanosuke sentados con Kojiro y con Saito, escuchando atentamente lo que éstos conversaban (aunque trataban de disimularlo). De vez en cuando se mandaban miradas suspicaces, ya que todo lo que habían escuchado hasta ese momento, no tenía nada que ver con Megumi ni con Kenshin.
Después de un rato Kaoru ya estaba pensando que se había equivocado, cuando Saito cambió su semblante.
-Y a lo que venía, querido amigo…- Saito bebió el último sorbo de té, y Kaoru sintió que su estómago se revolvía. Comenzó a ponerse nerviosa –supe que hace unos días recibiste en tu casa a un hombre…
-¿Un hombre?- Kojiro asintió –sí, es el prometido de Kaoru- contestó –para conocerlo mejor dejé que se quedara aquí.
Saito miró a la chica y ésta sintió que su mirada la traspasaba. No sabía si los deseos de vomitar que estaba comenzando a sentir se debía a lo nerviosa que estaba, a la mirada inquisidora de Saito, o al té que había bebido hacía unos momentos. Pensó que lo más seguro es que fuera por la segunda opción.
-¿Es tú novio?- le preguntó, con lentitud.
-Eh… sí…- contestó Kaoru, tratando de controlarse.
-¿Y cuál es el nombre de tu prometido?
-Himura Kenshin- contestó maquinalmente la otra, y al ver que un resplandor pasaba por los ojos de Saito, se dio cuenta que lo buscaba a él.
Le dieron deseos de salir corriendo y contarle a Kenshin lo que estaba pasando, de pedirle que se fuera, que arrancara para evitarse problemas. Pero lo "malo" es que no pudo pararse de su lugar, simplemente las piernas no le respondieron.
-¿Y cuánto tiempo es que llevan juntos?- le preguntó luego Saito, con tranquilidad.
-Eh… bueno…
-Porque me imagino que lo conoces de hace mucho, ¿no, Kaoru?- permaneció en silencio unos momentos, en que ella poco a poco fue poniéndose más pálida -¿o simplemente te lo encontraste un día y decidiste presentarlo en tú casa como prometido para que tuviera donde quedarse en su estadía en Tokio?
-… No, claro que no…- murmuró esta vez la chica, sintiendo que con cada palabra que Saito le decía, se iba haciendo más pequeña.
Kojiro observaba la escena en silencio, y ya llegado a ese punto no sabía qué pensar. Decidió aclarar sus dudas y tratar de quitar la tensión del lugar.
-¿Y cuándo se supone que se casan?- continuó preguntando Saito, ignorando completamente la cara que Kaoru tenía.
-Lo antes posible…- contestó ella, bajito.
-Saito- intervino Kojiro -¿a qué se debe tanto interrogatorio del prometido de Kaoru?
-Muy simple- el policía sonrió un poco -¿recuerdas el tiempo del Bakumatsu, amigo mío?
-Claro- contestó el hombre, confundido por la pregunta de su amigo -¿a qué se debe el cambio de tema tan brusco?
-Es importante que recordemos- continuó el otro –ahora, ¿te acuerdas de aquel personaje que ahora su nombre es una leyenda, debido a lo que logró con su espada?
-…- Kojiro miró a Saito, cada vez más serio –te refieres… ¿hablas de Battousai?
-Ese mismo- Saito miró a la pelinegra –por lo que veo, has estado ocultándole mucho a tu padre… ¿por qué lo has hecho?
Kaoru abrió la boca, pero de ella no salió ningún sonido. Sin darse cuenta había comenzado a llorar. Sanosuke, que estaba a su lado, se acercó y pasó un brazo por sus hombros.
-¿Qué es lo que pasa aquí?- preguntó Kojiro, completamente serio, y mirando a Saito.
-Kojiro- comenzó Saito, serio –hace tiempo que estoy buscando a Battousai Himura, y al llegar aquí, una parte de mi trabajo ha terminado.
Kojiro abrió los ojos, y miró a Kaoru, sorprendido. Por el rostro que su hija tenía se dio cuenta que ella ya lo sabía y, al parecer, Sanosuke también. Por dentro pensó que ambos le debían una GRAN explicación.
-Necesito hablar con él- continuó Saito, poniéndose de pie –¿dónde lo puedo encontrar?
-Aquí me tiene, Saito-san.
La voz de Kenshin resonó fuerte en el lugar. Detrás de él estaba Megumi, mirando con recelo al policía. El pelirrojo se veía demasiado serio.
-Ah, Himura- Saito se volvió hacia él, sonriendo –sí que eres escurridizo, tardé mucho en encontrarte.
-¿Y para qué me busca?- preguntó Kenshin –hace tiempo que el Bakumatsu terminó, el que trate de ubicarme no tiene sentido.
-¿Estás seguro, Battousai?, ¿no has pensado que entre nosotros dos hay un tema que está pendiente?
Kenshin no contestó. Miró a Kaoru, y aunque le dieron deseos de ir hacia ella para reconfortarla en su llanto, se quedó en el lugar en que estaba.
Para sorpresa de los presentes, Saito comenzó a desenvainar su espada.
-Son diez años desde la última vez que nos enfrentamos, Battousai… me pregunto que si el haberte hecho vagabundo habrá hecho que tu técnica bajara su nivel…
-No tengo intenciones de luchar- replicó Kenshin, con seriedad.
-En ese caso, buscaré la manera de obligarte- replicó Saito –porque será hoy el día en que nuestra lucha pendiente llegue a su fin.
Kaoru encontró su mirada con Kenshin, y en pocos momentos se dio cuenta de la intención de él. Se soltó de Sanosuke y corrió a su lado.
-No tienes que luchar- le dijo, en parte sabiendo lo fuerte que Saito era –no le hagas caso, no es obligación que respondas a su amenaza.
-Kaoru-dono, agradezco que se preocupe por mí- contestó sonriendo levemente Kenshin, mientras ambos veían que Saito tomaba la postura Gatotsu –pero debo hacerlo… por favor, salga del medio.
-Pero…
-Ven acá, Kaoru.
La voz gélida de Kojiro la hizo estremecerse, y después de unos momentos, le hizo caso. Volvió al lugar en que estaba mirando alternativamente a Kenshin y a Saito, mientras que Megumi se ponía al lado de Sanosuke, con el rostro preocupado.
-¿Estás listo para pelear, Himura?- preguntó Saito.
Kenshin se puso en posición, esperando el momento del primer ataque.
-----------------------------------------------------------
Hola!!!, ¿cómo están?
Si les soy sincera, me costó mucho empezar el capítulo, ¡no sabía cómo hacerlo!, y ya no quería estar inventándole más excusas a Kenshin ni seguir alargando la historia... por cierto, no creo que queden muchos capítulos ^^. Por cierto, pido disculpas por la demora, pero hace pocos días volví de mis vacaciones y, como supondrán, no pude avanzar nada,
Saludos y agradecimientos a Amary-san, Gabyhyatt, Isabel-san y Mai Maxwell por sus comentarios, ¡qué estén bien!
