Disclaimer: Thanks to LyricalKris for letting me translate this story! Solo me adjudico la traducción. ¡Disfruten!
Capítulo 7
Como cualquier adolescente, Edward estaba preocupado por el sexo. Lo pensaba mucho. Y tener una novia no ayudaba. Tener una novia que se sentía increíble bajo sus manos, su cuerpo cálido y sensible a él, hacía las cosas más duras.
Más de una cosa.
Por supuesto que podía esperar. No era un animal fuera de control. Habían hablado sobre el tema como seres humanos racionales y acordaron que ambos querían esperar al momento correcto. No se sentía bien tener sexo bajo el techo de sus padres, así que no sucedería mientras estuviesen en la secundaria. La idea de una habitación de hotel era de mal gusto; no querían sentir que estaban escondiendo.
La noche antes de que se fuera a Darmouth, había sostenido a Bella entre sus brazos, en su cama, tanto como había podido antes de que ella tuviese que regresar a casa.
—No hay apuro —había murmurado contra su cabello—. Tenemos el resto de nuestras vidas.
Habían concordado. Sabrían cuando era el momento correcto.
Estando lejos en la universidad, el sexo era un tópico del que no podía escapar. Estaba en la mente de todos y todo el mundo lo practicaba. No podía ser el único virgen en el campus, pero algunas veces se sentía de esa forma. Sus compañeros no podían entender por qué un chico como él, que pudiese haber escogido entre todas las mujeres del campus, sería fiel a una novia fantasma.
—Un niño de secundaria —había escupido su compañero de cuarto, como si él mismo no hubiese sido uno hacía solo un año.
—Nunca lo sabrá. ¿Qué tienes que perder? —había dicho otro de sus amigos.
—Todo —respondió Edward, sin rodeos y ahí acabo el tema.
Aunque ellos no lo dejaron tranquilo. Contaban toda clase de historias que, a pesar de sus mejores esfuerzos, lo afectaban.
—Soy de una pequeña ciudad —había dicho una chica—. No hay nada más que hacer allí, excepto consumir drogas y tener sexo. Si no le diste sexo cuando estuviste allí, probablemente encontró a alguien más igual de aburrido que ella.
Algunas veces, solo algunas veces, se comenzaba preguntar si estaba siendo ingenuo. La narrativa en su cabeza era hermosa. Lo que tenía con Bella era un sueño. Solo pensar en ella hacía que sus ojos brillasen y se emocionaba de inmediato, sin saber qué hacer consigo mismo. Hacía que su estómago revolotease. Lo hacía escuchar las canciones románticas más cursis y asentir fervientemente a cada palabra cariñosa.
Lo hacía creer en el "para siempre". Más que eso, no podía esperar a tener un futuro juntos. ¿Por qué no? Cuando lo que sentía por ella era bueno, puro y enteramente hermoso.
Escuchando a sus amigos, comenzó a dudar de sí mismo. ¿Estaba siendo estúpido? ¿Acaso no vivía en una fantasía? ¿Realmente lo que él tenía con Bella era tan maleable y humano como las relaciones de todos los demás?
No ayudaba que la mayoría de sus amigos fueran chicos. Ella pasaba más tiempo con Seth Clearwater y Mike Newton Mike, quien la había ayudado a conseguir un trabajo en la tienda de su padre. Cuando habló con ella por teléfono su conversación estuvo llena del nombre de Mike, Seth y un chico de la reservación quién tenía problemas en aceptar un no como respuesta.
Aún así, cuando él estaba en casa por Día de Gracias, vacaciones de invierno y de primavera, eran inseparables. Difícilmente recordaba los nombres de los otros chicos cuando estaban juntos. Cuando estaba con Edward, parecía estar igual que él, de cabeza y envuelta en una bruma de amor.
Y entonces sucedió la noche anterior.
Bella fue a verlo, y para hacer un tour en el campus, solos.
Finalmente estaban solos. Sin padres. El compañero de Edward había sido alejado por la noche.
Por mucho, la noche anterior había sido la mejor noche de toda la existencia de Edward. A pesar del hecho de que habían sido torpes y nerviosos vírgenes, toda la noche había sido perfecta. El solo verla de esa forma, su cuerpo desnudo y glorioso frente a él era mejor que cualquier cosa. Atesoró cada momento, maravillado por cada sonrojo, cada pequeño sonido que fue capaz de provocarle.
Y cuando se deslizó dentro de ella por primera vez, fue como regresar a casa. Se sintió completo. Entero. Perfecto.
Mucho se podía decir acerca del sexo. Sabía que podía ser rudo, divertido. Sabía que también podía ser horrible. La noche anterior descubrió que con Bella, los poetas que hablaban sobre el sexo siendo una experiencia que te acercaba Dios y poder continuar vivo, tenían razón
No había nada más en el mundo, solo ellos, la forma en la que sus cuerpos se movían juntos, su voz agitada y llena de placer, en su oído. La forma en la que su nombre salía de sus labios le otorgaba la mayor alegría que pudiese conocer.
Se fue a dormir con Bella envuelta en sus brazos, sintiéndose parte de un todo más grande. Aunque había una pequeña parte de él que pensaba que tal vez estaba siendo un poco ridículo, sentía como si se hubiese encontrado con un secreto que nadie más en el mundo conocía.
Despertar con su pequeño y desnudo cuerpo presionado contra él, sus extremidades enredadas y superpuestas era exactamente como quería comenzar cada día por el resto de su vida. Para algo tan completamente importante, Edward nunca había estado más en paz con una idea como lo estaba con un para siempre a su lado.
Se permitió despertar lentamente, disfrutando la forma en la que la luz de la mañana jugaba sobre la piel de Bella. Se preguntaba si se sentiría diferente después de su primera vez, y se sentía diferente. Por completo.
¿Cómo era posible sentirse tan conectado con otra persona? Ella estaba en su sangre. Seguramente eran parte de la misma alma.
En modo de adoración e impresión, sintiéndose más que afortunado de que esta chica, esta mujer, lo hubiese escogido por sobre los siete millones de personas en el mundo, se acercó con cuidado, colocando un mechón de cabello detrás de su oreja para poder observar su rostro.
Su mejor amiga. Su novia. Ahora su amante. Y algún día…
Su corazón se saltó un latido cuando recordó lo que estaba en su bolsillo. Todo el día de ayer, mientras le enseñaba el campus, pudo sentir la caja descansando contra su muslo. Más de una vez se preguntó cómo ella no la había sentido, cómo no había cuestionado el ligero bulto que mostraba.
Edward todavía no sabía cómo se le iba a proponer. Se le presentaban múltiples escenarios elaborados. Acostado allí, con Bella a su lado, de pronto entendió que había sido un tonto.
Era Bella. Ella no querría nada elaborado. No querría ser parte de un espectáculo.
No.
Allí, en su diminuta cama donde tomaron el primer paso por el resto de sus vidas, era perfecto. Solo ellos. Solo esta burbuja calidad y agradable.
Decidido, Edward comenzó a mirar a su alrededor, cuidando de no despertar a la chica en sus brazos. Movió su pie hasta sacarlo de debajo de la sábana, logrando atrapar sus jeans del filo de la cama, con cuidado, tratando de no hacer caer los jeans, los atrajo hacia él.
—Sí —siseó por lo bajo cuando los jeans estuvieron lo suficientemente cerca como para tomarlos.
Bella emitió un pequeño sonido, un pequeño gemido, y sus pestañas se movieron. Edward frunció el ceño y rápidamente se estiró para pasar sus nudillos por su mejilla.
—Tranquila, bebé —susurró—. Todavía es temprano, regresa a dormir.
Parpadeó un par de veces, como si estuviera considerándolo.
Él tarareó suavemente una dulce melodía que sabía que le gustaba, y su cabeza comenzó a caer.
Pero entonces sus ojos se abrieron de golpe.
—¿Edward? —murmuró.
—Estoy justo aquí, hermosa. —Ya que estaba despierta, comenzó a dejar pequeños besos contra su frente, y otros en la punta de su nariz.
—Edward —repitió con voz ronca.
Se concentró en besarla, una mano sobre su mejilla y la otra haciendo su camino hasta su bolsillo, hasta que sus dedos se cerraron alrededor de la caja.
—¿Estás despierta? —murmuró contra sus labios.
—Mmhmm.
—Bien. —La besó una vez más y se apartó levemente para poder mirarla. Su pulso estaba acelerado. Tragó el nudo en su garganta—. He estado pensando un poco.
Sus ojos se encontraron con los suyos. Él pensó que lucía adormilada, pero alerta.
Recordándose a sí mismo que ya ella había prometido que diría que sí cuando él preguntase, Edward continuó:
—Estaba pensando que el próximo año estarás aquí conmigo. Estaremos juntos para siempre en solo unos meses, y…
Para su sorpresa, sus ojos se cerraron. Rodó, sentándose mientras lo hacía. Edward observó su espalda desnuda, desconcertado.
—¿Bella?
Ella no respondió. Alcanzó su camisa, colocándosela y luego tomando sus pantalones del suelo.
—¿Bella? —intentó de nuevo. El nudo en su garganta se volvió más grande, más doloroso. Se sentía lento.
Algo estaba mal. Algo estaba muy, muy mal.
—Mira, Edward. —Todavía tenía su espalda hacia él—. Antes de que continúes, hay algo que deberías saber.
Lentamente, Edward se sentó junto a ella. Colocó su mano en su espalda, pero ella se levantó como si su toque le quemase. Él tragó fuerte.
—De acuerdo. ¿Qué cosa?
Dio un par de pasos de ida y de vuelta.
—Yo… —Tragó fuerte y bufó—. No vendré a Darmouth el próximo año.
Los pulmones y el estómago de Edward parecían estar llenos de agua helada.
—¿Qué? —El sonido salió estrangulado.
—Comencé a pensar en ello hace un tiempo atrás, después de que te fuiste. Pero ahora que hice el tour por el campus contigo y lo he visto con mis propios ojos, sé que no es el lugar correcto para mí.
Sus palabras no hubiesen dolido más aunque lo hubiese apuñalado en el estómago.
—Estuve pensando que tal vez necesitamos reconsiderar lo que estamos haciendo.
Y se dio la vuelta.
—Yo… Esta es una gran universidad, pero creo que no es para mí. Quiero ir a California.
—De acuerdo —dijo lentamente, su cerebro revuelto. No entendía lo que estaba sucediendo—. Si no te gusta Darmouth, tal vez podemos tomarnos el siguiente semestre libre. Iré a casa y luego…
—No. —Su voz ahora era más fuerte—. No quiero que hagas eso.
Edward se sentía extraño, casi como si fuera a desmayarse.
—¿Qué estás diciendo, Bella?
—Digo…. —Jugaba con sus manos y aún no lo miraba—. Somos muy jóvenes, Edward. Fue un sueño bonito. En realidad, es un bonito sueño, nuestro plan, pero no es el único, ¿sabes? Creo… Creo que necesito un poco de espacio para entender lo que realmente quiero.
Edward abrió su boca para hablar, pero nada salió. Hasta ese momento, nunca había comprendido el término "no salen las palabras". Estaba absolutamente sin palabras. Su cerebro se rehusaba a trabajar. Se negaba a formular oraciones, mucho menos la letanía que quería gritar.
—Mira, mi vuelo de regreso es en unas horas. No te preocupes por mí, ¿de acuerdo? Sé que no esperabas esto. Buscaré un taxi.
—Pensé… que te quedarías por unos días. —Las palabras salieron como si alguien hubiese tomado sus testículos y les estuviese dando vueltas. Honestamente pudiese haber sido la verdad.
—¿Qué sentido tiene? No quiero estar aquí. —Sonaba tan frívola.
Edward se sentía lleno de hoyos. Dolería menos ser desollado y quemado.
Bella había tomado su mochila. Se dio cuenta de que nunca desempacó.
Había estado planeando esto. Había estado planeando esto mientras hablaban por teléfono por horas, cuando contaban las semanas, los días, las horas, los minutos hasta que se pudieran ver de nuevo.
Había estado planeando esto cuando jadeaba "te amo" contra su piel cuando hicieron el amor por primera vez.
—Me voy —dijo en voz baja—. Lo siento… Tú… Lo siento.
Entonces se fue llevándose, su corazón y su alma con ella mientras cerraba la puerta.
~0~
El revoltoso estómago de Edward lo llevó a despertarse de pronto. Salió corriendo de la cama tropezando y sosteniéndose de la pared antes de lograr llegar al pasillo y de allí al baño. Cayó a sus rodillas frente al excusado justo a tiempo.
Se sentía destrozado de muchas formas. Su cuerpo, purgando lo poco que quedaba dentro de él. Si no estuviese tan ocupado sosteniéndose al inodoro como si su vida dependiese de ello, pudo haberse agarrado la cabeza. Se preguntaba, vagamente, si era realmente posible que explotase.
Cuando por fin terminó, bajó la palanca y colocó su cabeza en el asiento, tratando de respirar. Se sentía como la mierda. Se sentía como si le hubiesen hecho un hoyo y lijado los bordes.
Estaba dolido.
Edward ni siquiera había notado a Bella entrar al baño. No se había dado cuenta de que estaba allí hasta que sintió un pañuelo frío contra la parte trasera de su cuello.
Sus pensamientos se aceleraron. Era difícil pensar más allá del doloroso golpeteo de su corazón latiendo en su cabeza. Y como era usual cuando ella estaba cerca, había un inevitable sentimiento de añoranza. Solo un dolor más al montón.
Recordaba la mayor parte de la noche anterior. Recordaba haber visto a Bella con sus padres, cómo se movió automáticamente para ayudar a su madre en la cena. Nadie se lo pidió. Solo lo hizo voluntaria e instantáneamente. Recordó las historias de Emmett, y ninguna lo había sorprendido realmente. Bella siempre había sido de esa forma, pensando en los demás antes que en ella cuando la necesitaban.
Por supuesto, recordaba cómo ella lo había ayudado a levantarse y a ir a la cama. Entendía que lo hacía por su madre, pero no era necesario que él se sintiera cómodo. No era su deber quitarle los zapatos o arroparlo. Pudo haberlo llevado al sofá y que durmiese allí, pero no lo había hecho.
Y todavía cuidaba de él, aunque sus padres probablemente seguían dormidos y nadie los observaba.
El pañuelo se sentía bien sobre su piel sobrecalentada, y Edward se sintió, por un momento, muy agradecido. Su corazón se enterneció un poco por la forma tan tierna en la que ella limpiaba su cuello y frente.
Pero todavía estaba fresco el sueño/recuerdo de cuán brutal había sido ella al descartar su corazón. ¿Por qué? Su excusa había sido que quería ver qué más había allí afuera para ella. ¿Qué había escogido? ¿Forks y una vida de mártir?
Con un gruñido, apartó su mano de un empujón.
Suspiró.
—Trato de ayudarte.
—No necesito tu ayuda. —Se levantó, pero trastabilló, y ella estuvo allí, envolviendo un brazo alrededor de su cintura.
Bella bufó.
—Sí, lo puedo notar. Mira, sé cuán desagradable es para ti tocarme, pero aguántate. Debiste haber pensado en eso antes de beber tu propio peso en licor.
Estaba molesto porque tenía razón. Y aún lo ayudaba, guiándolo hasta el mesón. Cuando estuvo lo suficientemente segura de que no se caería de nuevo, se estiró hacia los vasos de papel que Esme siempre tenía en cada baño. Lo llenó con agua y mientras él bebía, ella le dio su cepillo de dientes junto con la pasta dental.
—Vete —demandó, sabiendo a la perfección que sonaba como un niño malcriado.
Algo antagonista pasó por sus ojos.
—Te dejaré tranquilo cuando regreses a la cama. No dejaré que te rompas la cabeza solo por ser un malcriado terco.
Él gruñó de nuevo, completamente exasperado por todo: su estúpida decisión de beber tanto, su estúpida decisión de obligarla a casarse con él…
Rio cuando se le ocurrió. Alguna vez había prometido decir sí si él le proponía matrimonio. Esa fue la única promesa que mantuvo.
Edward rechinó sus dientes mientras ella lo seguía, su mano extendida, lista para ayudarlo a llegar a su habitación. Se hundió en el sofá. Ella lo pensó, pero fue a sentarse en la cama.
El aire entre ellos estaba encendido. Fuerte. Pesado.
—Conocí a tu amigo Emmett —dijo en voz baja, de forma casual.
Había tantas preguntas que quería hacerle, pero seguía ebrio y muy molesto. No se sentía del todo bien, y entre eso, su sueño/recuerdo, y sus sentimientos cada vez más confusos, sabía que diría algo estúpido.
No parecía estarlo deteniendo.
La mirada de Bella se posó sobre la suya y respiraba lentamente. Aclaró su garganta.
—¿Cómo está?
La risa de Edward fue insoportable.
—Parece que sigues con tus viejos trucos. Abandonaste a tus amigos tan fácilmente como lo hiciste conmigo. Supongo que debería sentirme agradecido. No les diste el beneficio de abandonarlos justo a la cara.
Ella respiró fuerte.
—Déjame preguntarte algo acerca de… tu ex. Jacob.
La mirada en sus ojos le advirtió que se dirigía a un camino peligroso, pero ya estaba muy dentro.
—Lo conociste en la secundaria. —Estaba uniendo los puntos, tratando de alinear la imagen que tenía de una Bella adolescente con la que él había construido durante los últimos ocho años y la realidad de la mujer frente a sus ojos.
Bella tragó.
—Sí —confirmó con simpleza, sin ofrecerle detalles o excusas.
Él asintió.
—Entonces, siempre me he preguntado a quién te cogiste antes que a mí. ¿Fue a él?
La mirada en su rostro, como si la hubiese golpeado en el estómago, lo hizo sentir más mal, pero no podía formular palabras para retractarse.
—¿Por qué demonios dirías algo así? dijo, exhalando una bocanada de aire.
De nuevo, habló antes de pensar.
—No eras virgen —dijo sin rodeos.
Ella envolvió sus brazos alrededor de sí misma.
—¿Qué? —demandó.
—No tenías tu maldito himen —soltó. En su momento, había estado aliviado. No quería lastimarla, y pensó que simplemente se había roto. Eso sucedió, sabía que había sucedido. Pero después de que terminaron, no podía evitar recordar en cómo la noche que habían pasado juntos era tan insignificante a menos que hubiese alguien más. O tal vez sus compañeros tenían razón. Tal vez mientras él había estado planeando su "para siempre", ella estaba divirtiéndose.
Sus ojos se entrecerraron, llenos de lágrimas de rabia.
—Eres un bastardo. —Su tono era un susurro fuerte—. Por supuesto que era virgen. No hubo nadie más que tú. Antes y años después, no hubo nadie más.
No dijo nada ante eso. Quería llamarla mentirosa, pero no lo sentía cierto. Decía la verdad; sabía que sí. No encajaba con ninguna de las historias que había creado luego de su ruptura, pero era la verdad, después de todo.
Bella se levantó, cruzando sus brazos y alejándose de él, respirando y exhalando.
—¿Cuándo termina esto? —preguntó, su voz dura.
—¿De qué hablas?
—¿Cuándo ha sido suficiente castigo? —demandó, volteándose hacia él con fuego en su mirada—. ¿Cuándo termina esto? Hay un punto en el que la rabia no es justificación. Hay una forma correcta y otra incorrecta de tratar a una persona, y cruzaste esa diferencia. Hace años.
Edward frotó sus sienes. Dios, su cabeza dolía muchísimo. Su corazón dolía.
Todo le dolía.
—Entiende que, a este punto, eres tú y solo tú el que nos hace miserables a ambos —dijo.
Edward exhaló.
—Lo sé —admitió en voz baja.
—Entonces por qué…
—Porque no me puedes agradar. ¡No sé cómo! —Las palabras subían y brotaban de su garganta como un volcán explotando, un fuego terrible y destructivo—. Porque esto es más fácil que perderte de nuevo. Me hace ver como un imbécil y lo detesto. Detesto lastimarte. No imaginas lo mucho que duele, pero es el mejor mal, porque si no te detesto, no tengo otra opción más que amarte. No puedo hacer eso de nuevo. ¡No puedo! —Para cuando terminó, estaba gritando, con la respiración agitada.
Bella lo estaba mirando, sus ojos abiertos como platos, al igual que su boca.
Suspirando, Edward se dejó caer en el sofá, lanzando su brazo sobre sus ojos. Trató de regularizar su respiración, inhalando y exhalando, tratando de calmar su nauseabundo estómago.
—Lo siento —dijo, su tono muy suave ahora, derrotado—. De verdad. Pero no sé cómo hacer esto. —Sentía que estaba perdiendo el último trozo de su cordura. Ya era peor de lo que había sido cuando lo dejó, cuando nada en el mundo tenía ni un poco de sentido.
Ahora no sabía qué sucedía. La detestaba, la amaba. Estaba molesto. La adoraba. Ella era…
Bueno, honestamente, era exactamente como la recordaba: amable, hermosa e inteligente. Eso lo hacía todo más difícil.
¿Por qué?
Si ella no había cambiado por completo, cómo había podido deshacerse de ellos, todos sus planes, la hermosa vida que pudieron haber compartido, tan fácilmente. ¿Cómo, después de haber pasado la noche en los brazos del otro, pudo haber significado tan poco para ella?
Había construido esta visión de ella en su cabeza, moviendo piezas y trozos de información para alimentarla. Si era tan perra, obviamente la vida que habían planeado juntos siempre había sido ficción. Él no podía perder algo construido de materiales que nunca habían existido.
Pero si ella estaba allí, frente a él, igual en esencia, aunque había perdido un poco de la seguridad e idealismo de la adolescencia, ese futuro existía. Era tangible.
Y aun así, fuera de su alcance, algo que no era para él.
Ahora su madre se quedaba sin tiempo, y solo eso era más de lo que Edward podía lidiar.
Era demasiado.
—Edward. —La voz de Bella estaba tan tranquila cuando habló—. Tenemos que resolver esto. No puedo dejar que me sigas haciendo esto. Lo entiendes, ¿verdad?
El estómago de Edward se retorció de nuevo, y respiró por la nariz. Ella era mejor que él. Siempre lo había sido. Tenía todo el derecho de odiarlo, había sido tan cruel con ella, pero aquí estaba, pidiéndole que hablasen.
Sí, probablemente iba a doler mucho. Ya él estaba con un dolor inimaginable, revivir las consecuencias de su ruptura al mismo tiempo que lidiaba con la inminente muerte de su madre, pero se lo debía.
—Lo sé —dijo finalmente.
Escuchó sus suaves pasos por la habitación, y luego su suave mano en la suya.
—Ven. Levántate. Anda a la cama. Duerme un poco.
Levantándose con piernas temblorosas, dejó que lo guiase a la cama y lo arropase de nuevo.
—Bella —llamó, de pronto dándose cuenta que ella estaba en la puerta y no en el sofá. Sus palpitaciones se aceleraron, recordando su salida la primera vez, y entró en pánico—. ¿A dónde vas?
—Solo voy a bajar un rato.
Se calmó, sintiéndose ligeramente mejor. Sus párpados pesaban.
—¿Bella? —llamó de nuevo.
—¿Qué?
—Lo siento.
Hubo un silencio por demasiado tiempo. Él volvió a abrir los ojos para ver si ella seguía allí. Y sí, ahí estaba.
—Tenemos que hablar —dijo finalmente.
—Lo haremos —prometió antes de que se quedara dormido, completamente exhausto por todo como para quedarse despierto más tiempo.
