VII. Was created for you
.
.
.
Un beso que sabía a cerveza, a cognac, a ouzo, un beso que sabía a ligue de una noche por casualidad en el bar equivocado, el hispano admitía que ese hombre, ese niño de rostro afable tenía cojones… y tenía también un sillón antiquísimo que hacía que se le clavaran los resortes en la espalda.
En un momento estaban uno encima del otro en un amasijo de brazos y piernas, Shura acariciaba tímidamente, aunque al paso de los minutos con más ansiedad, su carne conmovedora, piel de bronce, como muchos griegos, vientre duro y liso, de talla menor que él, pero ante todo: su carne conmovedora.
No pueden evitar gustarse.
Zephyr le acaricia desesperado abriendo su ropa, no soporta la tela, no cubriendo ese cuerpo escultural, jamás había estado con un hombre así, con un rostro bello como nunca había visto, con un cuerpo de vértigo bajo el que él ansiaba cobijarse.
