Han sido un cúmulo de cosas que de repente me han traído la inspiración, así que... ¡UN NUEVO CAPÍTULO! Disfrutadlo, os mando un besototote acucarachado.- cieloabierto
- Esto no me ha aclarado las ideas, Jamie.
- Quiero estar contigo –se sinceró el chico.
- ¿Así y ya está? –se asombró de la simpleza.
- ¿Necesitas un anillo de compromiso o algo por el estilo? –ironizó.
- No seas tonto, solo que no sé como actuar ahora contigo.
- Actúa como siempre –y acto seguido recibió un puñetazo en el hombro, por parte de Lia– ¿te has vuelto loca?
- Me has dicho que actúe como siempre… –sonrió e intentó elevar la cabeza para besarle, pero él apartó la cabeza– ¿me vas a negar un beso?
- Por desgracia, no –y la besó.
Tras un rato, decidieron levantarse. James avisaría a sus primas, que se encontraban volando sobre sus escobas que Cornelia les tenía que contar algo, y así fue como las tres amigas se reunieron una vez más en aquel dormitorio que ya reunía más de un secreto.
- Teníais razón –dijo sin más la muggle.
- Si James ha venido a avisarnos y teníamos razón –comenzó a cavilar Mique– mi mejor amiga y mi primo ¿están saliendo? –preguntó con cierta duda.
- ¡SÍ! –gritó, y recibió un abrazo común.
- Nadie se lo va a creer, James con una muggle, Já –rió Rose– no te lo tomes a mal, Lia, pero, en serio, James ha pegado un gran cambio.
- No me lo tomo a mal, y un poco sí que he notado su cambio.
- No sabes lo que me alegro de tenerte aún más cerca –dijo Mique.
Siguieron un rato hablando, a fin de cuentas, era su primer novio, era el primer beso de su vida, mientras que el chico ya estaba mucho más avanzado en la materia.
A la chica se le parecían eternas las horas de camino a La Madriguera o cuando se encontraba sola en casa, necesitaba verle, necesitaba oler su colonia que se había convertido en una especie de droga. Él sin embargo, se pasaba una buena parte de la noche pensando en ella, hasta que un día, decidió cometer lo que podría ser denominado como 'su primera locura por amor'.
- Mamá, quiero hablar contigo, un momento –dijo James mientras ayudaba a su madre a recoger la mesa de la cena.
- Ya estás hablándome, cielo –dijo Ginny.
- Me refiero en privado–aclaró el adolescente.
- Está bien, vayamos a tu dormitorio –y salieron a la par de la cocina– ¿tengo que asustarme? –dijo una vez en la habitación.
- No, solo quiero hablarte de Cornelia.
- Oh, es muy dulce esa niña, deberías acercarte más a ella, puede que se te pegue algo bueno –dijo su madre mientras le miraba con ternura.
- No puedo estar más cerca de ella, mamá.
- ¿A qué te refieres cariño? –levantó una ceja la pelirroja.
- Estoy saliendo con ella –agachó la cabeza.
- ¿Por qué te pones así?
- Es muggle –se podía apreciar el deje triste en su voz.
- Eso no es malo, James, lo que importa es que seáis felices. ¿Lo eres?
- Sí, mucho.
- Asunto arreglado –sonrió la mujer del chico que sobrevivió y le dio un fugaz abrazo a su hijo.
- ¿Te puedo pedir algo más?
- Lo que quieras, siempre que esté en mis manos –había heredado de su madre todos los dichos habidos y por haber.
- Quiero ir a verla esta noche.
- Pero no vive cerca, y papá y yo estamos agotados como para llevarte –su hijo rió– ah, ¿te refieres a…? –James sonrió en forma de afirmación– ten mucho cuidado, prométemelo.
- Te lo prometo.
Y así fue como James convenció a Ginny para que le dejase ir volando en su escoba hasta la casa de la chica por la cual se le caía la baba. Sabía cual era la dirección, había estado allí antes en compañía de sus primas. Detuvo su medio de transporte frente a la ventana de ella, no eran más de las once de la noche, y golpeó el cristal, observó como tras la cortina una sombra se movía y se dirigía hacia él.
- ¿Qué haces aquí? –dijo Lia entre asustada y divertida.
- Tengo mis derechos.
- Ninguno, eres un estúpido –se rió– entra rápido –tenía miedo de que se cayese.
Jamie se agarró del alfeizar y saltó, después mediante el típico hechizo cogió su escoba y la dejó a un lado del escritorio. Lo único que le preocupaba en aquel momento era en saciar sus ganas de besar a Lia.
- ¿Tantas ganas tenías de verme? –dijo la chica no sin sonrojarse.
- No te haces una idea –y entonces apartó las manos de ella que estaban en sus hombros estableciendo un espacio entre ellos y la besó. Fue un beso ansiado, parecía que Voldemort hubiese vuelto y sería el último beso entre ellos.
- Eh, tenemos mucho tiempo. Relájate –la chica intentaba pararle los pies.
- Pero es que yo –le dio un beso corto– no quiero desaprovechar el tiempo.
Todas las alarmas de Cornelia saltaron, comenzaron a tornarse de verde a rojo, y un sonido realmente molesto le atormentaba la cabeza. No, James, no le haría pasar por eso si ella no quería. Está bien, nunca lo habían hablado, jamás habían mencionado el tema, pero ella no quería llegar tan lejos. Le gustaba demasiado, de acuerdo, pero era su primer novio, hacía tan poco tiempo que se habían dado su primer beso, debía pararle los pies como fuese.
