(N/A): Pongo la nota al principio porque tengo prisa. Tal vez hallan algunos errores, no me dio tiempo de releerlo, es tarde y debo seguir estudiando así que…
Comienzo y Fitz
-¡Oye! ¡Finlandia!
Martes, el primer día de escuela, Carlos caminaba rápidamente hacia su primer período de clase de inglés. Se dio vuelta para ver a Noel Kahn, en su jersey de Rosewood Day chaleco y corbata, acercarse a ella trotando. —Oye. —Carlos asintió. Él continuó yéndose.
—Te saltaste nuestra práctica el otro día —dijo Noel, acercándose a él sigilosamente.
—¿Esperabas que me quedara a mirar? —Carlos lo miró por el rabillo del ojo. Él lucía sonrojado.
—Sí. Nosotros nos enfrentamos. Marqué tres goles.
—Bien por ti, —Carlos dijo impasible. ¿Se suponía que tenía que estar impresionado?
Él continuó por el pasillo de Rosewood Day, cosa que él desgraciadamente había soñado demasiadas veces en Islandia. Sobre él estaban los mismos techos abovedados color blanco cáscara de huevo. Bajo él estaban los mismos pisos de madera de casa de campo acogedora. A su derecha e izquierda estaban las usuales fotos enmarcadas en anticuado alumbre, y a su izquierda, incongruentemente abollados casilleros de metal. Incluso la misma canción, la Obertura 1812, tarareaba a través de los altavoces PA – Rosewood reproducía esa música entre clases porque era "mentalmente estimulante". Arrastrándose junto a Carlos estaban exactamente las mismas personas que él había conocido desde hace muchísimos años…y todas ellas lo estaban mirando.
Carlos agachó la cabeza. Desde que se había mudado a Islandia al comienzo de octavo grado, la última vez que todos lo habían visto, formaba parte de un desolado grupo de chicos cuyo mejor amigo monstruosamente había desaparecido. Atendiendo a eso entonces, donde quiera que él fuera, la gente susurraba a su alrededor. Ahora, se sentía como si jamás se hubiese ido. Y casi se sentía como si Jett aún estuviese aquí. La respiración de Carlos quedó atrapada en su pecho cuando vio un destello de cabello rubio girando alrededor de la esquina del gimnasio. Y cuando Carlos rodeó la esquina pasado el estudio de cerámica, dónde él y Jett acostumbraban reunirse entre clases para intercambiar historias, él casi escuchó a Jett diciendo, —¡Oye, espera!
Él presionó su mano sobre su frente para ver si tenía fiebre.
—Entonces, ¿qué clase tienes primero? —preguntó Noel, aún manteniendo el paso de él.
Carlos lo miró, sorprendido, y miró su horario. —Inglés.
—Yo igual. ¿Él señor Fitz?
—Sí, —musito él. —¿Él es bueno?
—No sé. Él es nuevo. Aunque escuché que era becario del Fullbright.
Carlos lo miró suspicazmente. ¿Desde cuándo Noel Kahn se preocupaba por las credenciales de los maestros? Carlos giró en la esquina y vio un chico parado en la entrada del salón de inglés.
Se veía familiar y extraño al mismo tiempo. Este chico era musculoso como modelo, tenía el cabello saludable, castaño, y llevaba una chaqueta de Rosewood, zapatos Vans sin cordones y un Reloj negro Casio.
El corazón de Carlos comenzó a golpetear. Él se había preocupado acerca de como podría reaccionar cuando viese a sus viejos amigos de nuevo, y aquí estaba James.
¿Qué le había pasado a James?
—Oye —dijo Carlos suavemente.
James se dio vuelta y miró a Carlos de arriba abajo, a todo lo largo, de su hirsuto corte de pelo a su camiseta blanca de Rosewood Day, hasta sus zapatos cafés cruzadas de cordones. Una expresión vacía cruzó su cara, pero entonces sonrió.
—¡Que bien! —dijo James. Al menos seguía siendo la misma voz gruesa de James. —¿Cómo has….dónde has estado?¿Checoslovaquia?
—Ummm, sí —respondió Carlos. Lo suficientemente cerca.
—¡Genial! —Carlos le dio a James una sonrisa sincera y risueña.
—Kirsten se ve como si se hubiese ido a South Beach, —interrumpió un chico cerca de James. Carlos dio vuelta la cabeza hacia los lados, tratando de encontrarlo. ¿Dak Zevon? La última vez que Carlos lo vio, Dak llevaba puesto su aparato de ortodoncia y estaba montando su Scooter Razor. Ahora, se veía incluso más radiante que James.
—Aun así se ve sexy —Dijo James. Él entonces le dedicó a Dak y Noel- quién aún estaba ahí- un gesto de disculpa.—Lo siento chicos, ¿Pueden darnos un segundo?
James sujetó a Carlos por su muñeca y lo llevó directo al baño de chicos en Rosewood Day. Carlos estaba confundido; era la primera vez que se veían en años ¿Y James pensaba que podía tomarlo cómo so muñeco de trapo?
—Mira—Dijo James finalmente—Sonará extraño pero… Te vi ayer en Snookers, con… Con el chico rubio de la barra—Carlos abrió sus ojos como platos ¿Lo había visto? Ahora todo tiene sentido: James era el chico que le parecía conocido.
—¿Cómo sabías que estaba allá? —que tonto, ¿Era lo único que se le ocurría?
—No lo sabía, llegué unos minutos antes, el chico ya estaba allí y después entraste tú. Al principio no te reconocí pero luego me di cuenta de que eras tú; quería saludarte pero el rubio se me adelantó… Lo vi todo.
—Espera, ¿Qué significa todo?
—Baño, rubio, tú, besos ¿Te suena? —no puede ser, James los vio pero ¿Por qué le importa tanto? —Carlos, sé que no nos vemos desde hace tres años pero, no puedes besarte con cualquier chico que encuentres en la calle—Se detuvo un momento—Ahora que lo pienso: no sabía que eras gay.
—Sí, lo soy—Admitió con orgullo—Ahora explícame algo ¿Por qué te importa tanto lo que pasó en el bar? Soy libre de hacer lo que quiera.
—Lo sé pero… No le digas a nadie pero, tu siempre fuiste mi verdadero mejor amigo antes. Me preocupo por ti— sujetó su muñeca con fuera. Aunque no había preocupación en su voz, más bien parecían…—No vuelvas a hacerlo—¿Celos?
—No eres nadie para decirme que hacer—retó soltándose del agarre de James y salío del baño.
—¡Carlos! —Llamó detrás de él, pero ya se había ido.
Carlos se dirigió al salón de clases y se sentó en el primer escritorio que vio. Bajó su cabeza y tomó un par de fuertes y emocionadas respiraciones. ¿Cómo se atreve James a hablarle así?
—El infierno son los otros, —coreó él. Esta era su cita favorita del filósofo francés Jean –Paul Sartre, y un mantra perfecto para Rosewood.
Ella se meció por unos segundos, en pleno modo desquiciado. La única cosa que lo hizo sentir mejor fue el recuerdo de Nathan, el chico que conoció en Snookers. En el bar, Nathan lo había seguido al baño, tomó su cara y lo besó. Sus bocas encajaban perfectamente juntas - ellos no chocaron con sus dientes ni una vez. Sus manos se deslizaron sobre la parte baja de su espalda, su estómago, sus piernas. Ellos habían tenido una especie de conexión. Y está bien, si, algunos podrían decir que fue sólo una…conexión de lenguas…..pero Carlos sabía que era más. Aunque algo lo hacía sentirse extraño, cómo un mal presentimiento.
Él se había sentido tan abrumado pensando acerca de eso la última noche, que había escrito un haiku sobre Nathan para expresar sus sentimientos. Los haikus eran su tipo favorito de poema. Entonces, satisfecho con el resultado, él lo había tecleado en su teléfono y escrito al número que Nathan le había dado. Carlos dejó escapar un suspiro torturado y miró alrededor del aula. Olía como libros de Mop & Glo. El descomunal tamaño, cuatro ventanas acristaladas enfrentaban el césped sureño y tras eso, las verdes y redondeadas colinas. Unos pocos árboles habían comenzado a cambiar a amarillo y naranjo. Había un gran póster de frases shakesperianas junto a la pizarra, y una pegatina de LA GENTE IMPORTANTE APESTA que alguien había pegado en la pared. Se veía como si el conserje hubiese tratado de rasparlo pero renunciado a mitad de camino.
¿Era desesperado enviar un mensaje de texto a Nathan hasta las 2:30 am? Él aún no había sabido nada de él en respuesta. Carlos tocó en busca de su teléfono en su mochila y lo sacó. En la pantalla se leía NUEVO MENSAJE DE TEXTO. Su estómago se precipitó, aliviado y excitado y nervioso, todo a la vez. Pero en cuanto apretó LEER, una voz la interrumpió.
—Discúlpeme. Um, usted no puede usar su celular en la escuela.
Carlos cubrió su teléfono con sus manos y miró hacia arriba. Quien fuera que dijo eso -el nuevo profesor, supuso- permanecía de espaldas al salón y estaba escribiendo en la pizarra. Sr. Fitz era todo lo que había escrito hasta el momento. Él estaba sosteniendo un memo con la insignia de Rosewood en la parte superior. Desde atrás, él lucía joven. Unas pocas de las otras chicas en la clase le daban una mirada apreciativa a la vez que se fundían con sus asientos.
Carlos miró a su lado y James lo miraba con cara de impresión.
—Lo sé, soy el chico nuevo. —Dijo él, escribiendo, AP Inglés bajo su nombre, — pero tengo este folleto que viene de la oficina. Algunas cosas sobre no celulares en la escuela. —Entonces él se volvió. El folleto revoloteando fuera de su mano al piso de linóleo.
La boca de Carlos se sintió seca inmediatamente. Parado en el frente del salón, estaba Nathan del Bar. Nathan, el destinatario de su haiku. Su Nathan, viéndose larguirucho y adorable con la chaqueta de Rosewood y corbata, su pelo peinado, sus botones correctamente abotonados, y un planificador de lecciones encuadernado en cuero bajo su brazo izquierdo. Parado frente al pizarrón y escribiendo…..Sr. Fitz, AP Inglés.
Él lo miró, su cara drenando el color. —Mierda.
La clase entera se volvió para ver a quién estaba mirando. Carlos no quería mirar hacia ellos, así es que miró hacia abajo, a su mensaje.
Carlos: ¡Sorpresa! Me pregunto cómo te protegerá tu casco de esto… —A
Mierda, de hecho.
(N/A): Pos me voy corriendo.
