Capitulo 7: El Escape
Despertó, el frío ingresaba por las pequeñas rejillas que se hallaban en la parte superior de la pared, estaba en un cuarto completamente de piedra, donde la única puerta era solo capaz de ser abierta desde el exterior, y la única ventilación se hallaba arriba, en pequeñas rejillas imposibles de ser atravesadas por una persona.
Vio a su compañera de celda, Mortred estaba vestida como una prisionera, desprovista de armamento de cualquier tipo y sentada en el otro asiento, bañado por pequeños haces de luz lunar.
No sabía cuánto tiempo había pasado, y apenas si tenía vagos recuerdos de lo ocurrido en las últimas horas, sin embargo, algo le llamo la atención:
La fría y sádica Mortred se hallaba ahogada en llanto, algo había pasado, probablemente mientras se hallaba incapacitado.
Vio al suelo buscando algo que le dé una pista de lo ocurrido, entonces lo vio:
Una daga de Mortred se hallaba quebrada en el suelo, por la forma en que se había roto, definitivamente la niebla la había destrozado cuando trato de llegar al corazón de un indefenso Abaddon durmiente.
Entonces lo comprendió:
Mortred había tratado de asesinarle.
_ ¿Por qué lo hiciste? -susurro Abaddon, preguntando a pesar de que no esperaba una respuesta de la hermana del velo.
_ Me lo ordenaron -dijo Mortred de manera entrecortada por sus jadeos de llanto-. Debía hacerlo, las hermanas adivinaron la siguiente víctima, y eras tú, te espíe hasta tu llegada a la Fortaleza, te iba a dar muerte hasta que Phoenix y Razzil aparecieron y me impidieron intentarlo, entonces me apresure a unirme a los Dire, esperando el momento para darte muerte y volver con mis hermanas, este era el momento perfecto, estabas sólo y nadie lo sabría, podría escaparme en cuestión de segundos y en una semana estaría con la Orden, pero no, la maldita niebla rompió todas mis dagas -bajo una lágrima por su mejilla-. Ahora no puedo matarte, y no tengo a donde ir, si vuelvo con mis hermanas, me darán la muerte por haber fallado en algo tan simple, ahora, por favor, hazme el favor, y dame muerte con tu fría niebla.
Lejos de ponerse enojado, Abaddon sentía pena y empatía por la asesina, después de todo, era su trabajo, no algo personal, y de eso dependía su vida, además, ya se hallaba fuera de peligro, ella no podría asesinarle, su niebla lo defendería aún mientras se hallase inconsciente, y dijo que tenía una vía de escape, podrían ayudar a escapar a toda la compañía y volver a su búsqueda antes del amanecer, donde serían ejecutados por la Legión de Bronce.
Ahora el problema principal se hallaba en sacar a sus compañeros y convencer a Mortred de que su muerte no era la solución.
_ Lo entiendo -dijo Abaddon al cabo de un minuto-. Pero tu fallo no tiene porque significar tu muerte ni mucho menos el darte por vencida tan fácilmente, se que eres más que una simple herramienta de las hermanas, y que vales más que eso -Abaddon vio como Mortred se limpiaba las lágrimas, era una buena señal-. Aún puedes ayudarnos a completar esta misión Mortred, solo necesito que nos saques de aquí.
Mortred tomo una gran bocanada de aire, y:
_ Está bien -suspiro- pero no podemos salvar a ellos, sólo a nosotros.
_ ¿Qué? ¿Por qué?
_ Se hallan bajo tierra, y el túnel solo se halla en las habitaciones superiores, y no podemos abrirnos paso a la fuerza, no somos suficiente, lo más seguro es irnos de aquí, y seguir con la misión nosotros mismos, mis contactos nos ayudarán a hallar la espada, no necesitamos a Slark o Phoenix para rescatarnos.
Discutieron un largo rato, Abaddon se negaba a abandonar a sus amigos, pero finalmente, cedió ante la hábil persuasión de Mortred.
Mortred dijo unas palabras raras, parecidas a balbuceos, y entonces, una puerta se abrió en el centro de la celda, llevaba a un largo y estrecho pasadizo construido hace años por las hermanas, Mortred entro primero, seguido de Abaddon.
El pasadizo era tan estrecho que apenas si lograron avanzar arrastrándose, dentro hallaron ratas, agua estancada y telarañas.
Al cabo de un cuarto de hora, emergieron afuera del Bastión, muy lejos, además que la puerta se había sellado tras ellos.
Mortred trato de convencer a Abaddon de irse lo más rápido posible de allí, pero el insistió en esperar una hora por si sus amigos lograban escapar también.
Allí, esperaron... Y esperaron.
Finalmente Abaddon se convenció que no iban a lograr escapar, recito unas palabras, y su destrero apareció de la niebla de la noche, junto con su armadura y su espada que el caballo traía en una mochila.
Abaddon y Mortred galoparon toda la noche, alejándose del Bastión.
Al este:
Slark finalmente salió de la oscuridad, Tresdin había dejado varias patrullas buscándole pero finalmente cedieron, saco su hoja sombría y la lanzó al cielo.
Phoenix descendió a toda velocidad, y una vez en tierra se reunió con Slark.
_ No podemos dejarles morir allí -dijo Slark-. Probablemente los ejecuten al amanecer, debemos sacarlos de allí y continuar con la misión, es demasiado importante para dejarla por fallida, necesitamos un plan.
_ Puedo distraer a la Legión -Dijo Phoenix-. Mientras tú abres la puerta al resto y los liberas, soy capaz de aguantar el combate lo suficiente como para que escapen.
_ ¿Estas seguro? -dijo Slark-. Es casi un suicidio, el Bastión está custodiado por miles de soldados, es una fortaleza casi inexpugnable, yo puedo ingresar sin ser visto, pero no podré pelear contra todos allí dentro, si, no hay otra opción Phoenix, debemos hacerlo, y rápido, llevanos a la fortaleza, tú los distraerás, trataré de ser lo más rápido posible, pero aún así es muy probable que me demore quince minutos al menos en sacarles.
_ Esta bien, vamos allá.
Una hora después:
Ya eran las cuatro de la Mañana, a pesar de la velocidad de Phoenix, tardaron mucho.
Phoenix dejo a Slark en la retaguardia de la fortaleza, mientras que él fue al cielo, donde se agrando al doble de su tamaño, y entonces:
Slark vio como Phoenix bajaba en un picado imponente, bañando en llamas a todos los centinelas de la fortaleza, las campanas de alarma sonaron y centenares de soldados acudieron a la llamada, la puerta principal se abrió y cientos de hombres salieron al encuentro de Phoenix.
Era el momento.
Delantera de la fortaleza:
Phoenix se hallaba luchando contra cientos de soldados, que no se podían acercar demasiado debido al constante acoso de las llamas emanadas del núcleo de Phoenix, que incineraban a todo el que se acercaba, Phoenix parecía tener la situación controlada.
Hasta que Tresdin salio con su destrero, bajo, y se preparó para combatir contra Phoenix.
El hijo del Sol baño con su rayo solar a todos los soldados, matando a la mayoría, e impidiendo el avance de Tresdin, que se protegía sus ojos con su mano, y avanzaba muy lentamente.
_ ¡Arqueros!
Una lluvia de flechas lanzadas desde los muros de la Fortaleza bañaron el cielo y llegaron a Phoenix, que se retiró con otro picado que se saldo muchas víctimas.
Tresdin no se rindió, siguió avanzando mientras ordenó a sus arqueros el fuego a discreción, cubriéndole su avance.
Phoenix volvió a emitir otro Rayo Solar, incinerando nuevamente a todos los soldados.
_ ¡Ahora! - grito Tresdin.
Montones de redes gigantescas encerraron a Phoenix.
_ ¡Dadle muerte!
Retaguardia de la Fortaleza.
Slark ingreso de un salto, y sigilosamente, dió muerte uno a uno a los centinelas que le impedían el paso, y entro a la prisión.
Asesinó al carcelero, quitándole las llaves, además de apoderarse de la lista de prisioneros donde se indicaba la ubicación de cada uno.
Se apresuró a ir a la celda de Abaddon y Mortred que estaba más cerca, pero al abrir la puerta, no encontró nada más que un puñal roto, y por la forma, adivino que era de Mortred.
_ Murieron -asumió Slark al instante-. Ojalá el resto no haya corrido la misma suerte.
Descendió al subterráneo, donde hallo a Alchy amarrado totalmente, lo libero con su hoja, y procedió a liberar a Strygwyr y Razzil que estaban encerrados en una habitación.
Los cuatro se apresuraron a socorrer a Phoenix, la fortaleza estaba desierta, todos habían muerto o estaban combatiendo contra Phoenix.
Salieron por la puerta y se encontraron con que habían atrapado a Phoenix, que luchaba por liberarse, mientras Tresdin se burlaba de él, confiada.
Esta vez, no pudieron contener al buscador de sangre.
Strygwyr corrió como enloquecido, los gemelos le gritaban en su mente, y un inmenso ritual de sangre mato a todos los legionarios que ya estaban debilitados y debilitó al resto.
Enloquecido totalmente, Strygwyr mato uno a uno a cada legionario que trataba de contenerle. Mientras tanto, Razzil ya subido en Alchy le dió de beber el brebaje que lo volvió loco y de color morado, luchando con sus dos hojas contra toda la Legión, mientras Razzil bañaba el suelo con ácido corrosivo.
Slark prefirió volverse invisible, y se acercó lentamente a Tresdin, que observaba toda la masacre desde arriba, sin poder hacer nada.
Slark le salto, y se enzarzo en un combate uno contra uno, donde Slark poseía ventaja gracias a sus capacidades regenerativas y a que Tresdin ya se hallaba debilitada por las llamas de Phoenix, que seguía atrapado atrás de ella.
Con cada ataque propinado por Slark, él entendía más los puntos débiles de la Comandante de la Legión, hasta que finalmente su hoja sombría se enterró en el abdomen de Tresdin, que dio un grito sordo, Slark dió por muerta a la Comandante, y libero a Phoenix.
La Legión había sido masacrada totalmente, los pocos supervivientes eran cazados por un frenético Bloodseeker, el resto yacía muerto en el ensangrentado valle al pie de la fortaleza.
