Un encuentro en el despacho:
Advertencia: este episodio tiene escenas eróticas.
El almuerzo le pareció eterno, no recordaba cuándo había sido el último día que había tenido menos hambre que aquel. Estaba nervioso, distraído, no había podido seguir el hilo de la conversación de la profesora Burbage. Le había llamado la atención dos veces la mujer. Pero su mente se negaba a pensar en otra cosa que no fuera en la nueva profesora. Intentaba no mirarla y acabó por no soportarlo más.
Luego en su despacho, cuando pudo centrar mejor sus ideas, descubrió que sentía cierto dolor en el pecho. En lo profundo. Aunque no podía descubrir con exactitud el porqué, supo que se debía a Granger. Ella lo había observado toda la comida. Había advertido esa mirada, pero él la había evitado, aún estaba dolido por todo lo que había pasado luego de la gran batalla. Su desaparición… su abandono… eran aún una herida sangrante. No podía olvidarlo y comenzar a actuar como si nada hubiera pasado.
Sentado frente a su escritorio se imaginó que a lo mejor ella quisiera hablar con él a solas. Debía prepararse para esa posible entrevista. Pero, al pasar los minutos y luego la hora, descartó la idea.
Estaba por levantarse para ir a buscar pergamino y comenzar a preparar su próxima clase cuando unos golpes en la puerta lo sobresaltaron mucho. Intentó que su voz emitiera sonidos, quiso decir: "pase". Pero el miedo de que fuera la profesora Granger lo paralizó. Aún no decidía qué iba a decirle. El golpe se repitió.
-¿Profesor Snape?-se escuchó una aguda voz. Una alumna lo buscaba.
Por un loco momento se sintió trasportado tres años antes y creyó que podría ser la señorita Granger. Apartó la absurda idea de la cabeza.
-Pase-dijo con voz temblorosa.
-Disculpe, señor, madame Pomfrey me envía. Quiere que le entregue esto-la niña era alta y de piel oscura, muy diferente a Hermione. Se acercó a él y le entregó una nota.
-Amm, gracias señorita King-dijo mientras leía, más tranquilo.
La enfermera requería una larga lista de pociones, la gripe afectaba a varios en ese entonces. La alumna se retiró, mientras el hombre suspiraba fastidiado por el incremento que tendría en su trabajo diario. Solo en el despacho intentó concentrarse en sus ideas. Estaba más calmado, no podía entender por qué el asunto le causaba tanto sobresalto. Sin embargo el incidente que acababa de vivir le recordó algo. Sus días anteriores a la batalla de Hogwarts.
La señorita Granger había sido puntual en su cita. Él tenía preparado su expediente, con su rendimiento académico, encima de una pila de papeles y trabajos que corregir. Estaba molesto con McGonagall por haberle obligado a hacer aquello pero era su deber y, por otra parte, le causaba curiosidad enterarse de lo que ocurría con la alumna. No deseaba que reprobara todo el año. Era estricto y a veces demasiado cruel con sus alumnos pero no significaba que deseara que reprobaran, sino todo lo contrario.
-Pase y siéntese, señorita Granger-dijo sin mirarla, señalándole la silla que estaba frente a su escritorio.
Hermione se sentó, y entonces recién la miró a los ojos, luego de abrir su expediente. Lo miraba sorprendida y se veía muy nerviosa.
-Quizá se pregunte por qué la he llamado. Debido a que el tiempo de la profesora McGonagall escasea, se me ha asignado la tarea-un gesto de molestia apareció en su cara-de hablar con algunos alumnos de Gryffindor que han bajado sus notas.
Se detuvo y la miró a la cara. Hermione parecía sorprendida, asustada, pero no dijo nada.
-Por lo tanto, tengo que comunicarle que si siguen sus notas bajando corre el riesgo de reprobar el año-dijo el profesor Snape y agregó-: Aunque viendo las que me competen, pociones, le puedo asegurar que ni siquiera sacando una muy buena nota va a poder modificar sus tan bajas calificaciones anteriores.
Hermione pegó un saltito en el asiento. Sus ojos se agrandaron de horror al escucharlo.
-Pero… pero, ¿no hay nada que pueda hacer? ¡No puedo reprobar pociones! Mis padres van a matarme- chilló asustada.
-No suelo dar calificaciones extra. Por obvias razones sería muy injusto para los demás. Ni clases particulares. Lo lamento pero debería haber puesto más empeño en su estudio-su voz sonó demasiado fría, rayando en la crueldad. Pero esa no era su intención. No quería ser cruel con ella sino lo bastante firme como para asustarla, quizás así se tomara más en serio el año escolar.
Cuando vio los ojos de Hermione llenarse de lágrimas su actitud se suavizo un poco.
-¿No puedo hacer un trabajo extra o algo así?-suplicó entrecortadamente.
-No-dijo Snape, cerró su expediente y lo colocó a un costado.
-Pero…
El profesor advirtió que estaba a punto de echarse a llorar, entonces hizo algo que nunca había hecho, le dio una oportunidad más. No le gustaba verla así.
-Concéntrese en sus estudios y al final del año veré si la apruebo o no-dijo el profesor, suavizando su tono de voz.
Hermione se calmó bastante y suspiró de alivio.
-Puede retirarse-agregó.
La alumna se levantó y se dirigió a la salida, pero antes de cerrar la puerta tras ella se dio la vuelta.
-Insisto, si quiere que haga algún trabajo extra curricular, profesor, estoy dispuesta a hacer cualquier cosa para no reprobar su materia. Cualquier cosa-le dijo.
En la frase no había nada extraño pero su tono de voz le pareció tan insinuante que el profesor Snape la miró perplejo mientras un rubor cubría su rostro. Luego, Granger cerró la puerta tras ella dejándolo con miles de preguntas en la cabeza.
"¿Se me insinuaba o estoy teniendo alucinaciones?" Estaba estupefacto por lo que acababa de pasar.
Cinco minutos después hizo un molesto descubrimiento, desde que ella se había ido no había dejado de sonreír. Ya no podía ocultarse a sí mismo la verdad, ni había excusas para no prestarle atención. Una alumna acababa de insinuársele y a él le gustaba.
"Soy un maldito idiota" Pensó, ¿qué ganaba con alegrarse por ella? Nunca podría estar con él.
La noche fue larga, no podía quitarla de su cabeza, pero revuelto en las sábanas pudo por fin conciliar el sueño.
Estaba en la mazmorra donde dictaba su clase, llamando a los alumnos, uno a uno, mientras entregaba los últimos trabajos. Cada vez que le daba el pergamino a alguien éste daba un chillido de terror. La clase entera, por algún motivo, no había entendido de qué se trataba el trabajo que les había asignado y tuvo que ponerles a todos un hermoso cero. Pero la más horrorizada era la señorita Granger, que ya no podía seguir bajando sus notas y con aquella se venía al piso cualquier intento de aprobar el año.
Más tarde, cuando acabó con los nervios de la clase, estando en su despacho, recibió la visita de esta misma señorita.
-Di… disculpe, profesor-tartamudeó- quería saber si podía repetir el trabajo.
-Siéntese, señorita Granger-le dijo el hombre desde su escritorio, señalándole la silla-. Como anteriormente le dije, no puedo hacer eso, es injusto para los demás.
-Pero, entonces, ¿quiere decir que reprobaré? ¿Ya no tengo más oportunidad de aprobar?-dijo Hermione mientras se acercaba a su escritorio.
-No, será muy difícil que…-se detuvo, Hermione no se había sentado sino que rodeó el escritorio y se acercó a él.
-Entienda bien, profesor, haría cualquier cosa por aprobar su materia- su voz era insinuante y Snape se puso nervioso. Molesto consigo mismo le contestó:
-No hay nada que pueda hacer…
-Insisto, haría TODO lo que me pida- dijo acercándose más a él.
No tuvo tiempo de contestar, para su completa sorpresa, Hermione se sentó en sus piernas y colocó sus brazos en su cuello. Snape estaba tan sorprendido que, aunque quiso pararse y sacarla de encima de él, no pudo hacerlo. Sus manos se negaban a moverse. Entonces ella comenzó a darle suaves besos en el cuello. Snape se estremeció. Su vista se dirigió a su camisa abierta y pudo ver desde allí parte de su fina lencería. Perdió el control.
Sus manos recuperaron el movimiento y se dirigieron a su falda. Comenzó a acariciar sus piernas, levantándole un poco la falda.
-¿Qué desea que haga, profesor?-le susurró al oído-. Necesito aprobar su materia.
Snape tuvo unos segundos de cordura.
-Yo… no puedo…
-No diré nada. Será un secreto-le susurró.
Y antes de que pudiera evitarlo, ella deslizó su mano dentro del pantalón y comenzó a acariciarlo suavemente.
Sintió como perdía su cordura y se entregaba al placer momentáneo. La había deseado y mucho. No tuvo voluntad para terminar con esa situación. Cerró los ojos y se entregó a ella. Un gemido salió de sus entrañas mientras Hermione besaba otra vez su cuello.
Sus manos, con curiosidad, subieron por su muslo hasta toparse con su ropa interior, él también comenzó a acariciarla. Ahora fue su turno de emitir gemidos que aumentaron mientras Snape movía más rápido su mano. Luego de unos momentos se detuvo.
-No, no se detenga… por favor, continúe-le suplico excitada.
El profesor sonrió, la tomó de las piernas y la sentó en el escritorio. Tomó su ropa interior y la retiró, con algo de brusquedad. Luego levantó su falda y comenzó a besar su intimidad. Hermione lanzó un gritito de placer mientras que con su mano acariciaba el cabello del hombre.
Luego de un rato se incorporó y le abrió la camisa de un golpe. Los botones fueron a rodar por todas partes. Retiró parte de su corpiño y comenzó a besar sus pechos, deteniéndose en los pezones.
"Profesor Snape" "Profesor Snape"
Cuando volvió a detenerse, Hermione le suplicó que continuara.
-No, ¿no quería aprobar pociones? Tengo un trabajo que encomendarle-le dijo sensualmente.
Hermione le sonrió, y llevó sus manos a su pantalón. No necesitaba saber qué era lo que quería. Bajó su pantalón y luego su ropa interior, mientras el hombre cerraba los ojos, sin embargo, se detuvo. El profesor la miró y notó algo extraño en su expresión. De todos modos Hermione se bajó del escritorio e inclinándose comenzó a besarlo bajo el vientre. Snape entró en éxtasis.
Cuando no pudo contenerse más, la detuvo y volvió a subirla al escritorio mientras abría sus piernas con brusquedad. Ya no podía aguantar más.
-No-dijo ella y lo detuvo con la mano, cuando él la atraía hacia sí.
Entonces comprendió. Siempre de adolescente se había sentido incómodo cuando debía cambiarse frente a otras personas, le había parecido que su miembro no era normal, demasiado grande, muy diferente al de sus otros amigos. Lo avergonzaba. Sin embargo, de adulto descubrió que no tenía por qué preocuparse por ello.
-No te preocupes-le dijo.
-No… no va a entrar-susurró ella tan avergonzada como asustada.
-Claro que sí, no te preocupes.
El profesor Snape estaba en un punto de no retorno. No quería seguir lidiando con ella. Mediante un movimiento rápido la atrajo hacia sí y la penetró suavemente. Hermione lanzó un gritito.
-Cálmate-le susurró el hombre al oído y terminó de penetrarla por completo. Sudaba a mares.
Hermione intentó zafarse de sus brazos pero él no lo permitió.
-¿No querías aprobar?-le dijo con suavidad. Luego la besó y ella comenzó a relajarse.
Entonces, cuando la vio mejor comenzó a envestirla lentamente y luego más rápido. Ella gemía de placer en su pecho. Hasta que llegó a un punto en donde ya no pudo controlarse más y comenzó a envestirla con fuerza, mientras ella daba grititos de placer. El orgasmo pronto los alcanzó.
Cuando acabó, mojado en sudor, la besó en los labios y estaba aún dentro de ella cuando la puerta del despacho se abrió. Entró nada menos que Dumbledore, con una pila de pergaminos en sus brazos. Cuando al levantar la vista vio la escena, los pergaminos se esparcieron por el suelo.
-¡SEVERUS!-exclamó furioso.
El profesor Snape se despertó asustado, el corazón latía muy fuerte en su pecho y su cuerpo estaba cubierto de sudor. No se explicaba cómo siempre Dumbledore venía a interrumpir sus sueños. Quizás era la culpa por estar soñando con ella, no lo sabía. Sin embargo estaba alarmado. Aquello jamás debía pasar en realidad.
La siguiente semana estuvo muy inquieto, nervioso, se sobresaltaba por cualquier cosa, como si los demás pudieran descubrir su secreto anhelo. No quería hablar con Dumbledore. Todavía lo atormentaba su expresión de ira. Tampoco quería encontrarse con la señorita Granger. La evitaba todo lo más posible. Incluso una vez, cuando después de clase se había dirigido al sanitario y al volver la divisó de lejos esperando en la puerta de su despacho, se dio media vuelta antes que lo viera y huyó por una escalera. No deseaba estar a solas con ella, ¿y si perdía el control como en el sueño?
Era prudente mantener a la señorita Granger lejos de él, y así lo hizo. Por algún motivo había comenzado a perder el control de sus emociones y no quería arriesgarse. Esa había sido una buena decisión, pero, por desgracia, no había durado mucho. Aparentemente la alumna deseaba hablar con el de algo y no dejaba de aparecerse por donde estaba, buscándolo. Había tenido que recurrir a la humillante actitud de esconderse entre las estatuas y columnas del colegio.
Sus colegas le daban siempre el mismo mensaje: "La señorita Granger quiere hablar contigo, Severus, quiere ver qué trabajo puedes darle para levantar la nota de pociones y así no reprobar." Pero él se hacía el desentendido, le recordaba la situación demasiado al sueño que había tenido, y prefería huir de ella. Sin embargo no contaba con el hecho de que Hermione Granger estaba empecinada en pillarlo a solas para reclamarle el trabajo.
A este hecho se le sumo otro que no alteraba menos sus nervios. En el gran comedor, durante las obligadas horas de la comida en que la veía, tenía la extraña idea de que ella intentaba llamar su atención de forma algo "incorrecta", poniéndolo en un sobresalto permanente. Colocaba sus dedos en sus labios y lo observaba, se soltaba el cabello de manera provocativa, desabrochaba su camisa "por accidente"…
"¡Basta! Estoy malinterpretando otra vez las cosas… Estoy imaginando cosas… Ella realmente no se da cuenta de lo que hace… Etc, etc." Solía decirse a sí mismo.
Sin embargo un día, luego de la cena, estaba por entrar a su despacho cuando, desde las sombras, apareció Hermione Granger. Haciendo que se pegara un susto tremendo.
-Disculpe, profesor, quería hablarle.
