Y allí se encontraba Italia, en su cama de su habitación.

Fijaba sus pequeños ojos en cada hueco de la habitación, no apartaba la vista de cada pequeña cosa.

El otro día se había presentado Gilbert, el hermano mayor de Ludwig, en casa del menor. Sin avisar, y tomando el sofá, como si fuese suyo. Echó al Italiano.

Se sentía algo desplazado.

Pero..., ¿Qué más podía decir o pedir?, ya no tenía nada que ver con ellos. ¿No?

Alemania y el habían tenido una gran disputa aquella noche cuando todo empezó. Pero no quedó ahí.

La cosa avanzó.

Ya no le hablaba.

Feliciano se sentía realmente apagado, como una de esas bombillas parpadeantes de la casa de Antonio. Tenía la sensación que se lo habia cargado todo. Que lo había destrozado.

Suspiró de nuevo, y miró hacia la ventana.

Su hermano no estaba ahí, así que no podía pedir consejo...

Aunque él fuese el mayor y no Lovino.

Miró hacia la ventana y cerró los ojos, viajando hacia el pasado. Recordando una tarde más al joven SIR, su amor de niñez. Su primer amor, su amor verdadero.

Y aun lo esperaba.

Podía hacerlo. No importaba que, lo esperaría.

Para siempre..

¿Nos volveremos a ver Italia?

Claro que si, Sacro Imperio Romano..., te esperaré. Siempre...

Suspiró y pegó su mano al cristal. Recordando

Te quiero,Italia

- Y yo a ti, SIR... -dijo en un ultimo suspiro, mirando como el sol saludaba a los adormilados animalitos. Un día más.