La Flor del Desierto 7

*Ikhny Shy

Levy se detuvo a mitad de camino en el pasillo al recordar que el libro no se encontraba en su habitación, sino que aún estaba en poder de Gajeel. Dudó unos instantes antes de girar sobre sus talones y volver sus pasos hacia la habitación de Lucy.

No se sentía lo suficientemente fuerte en ese momento para volver a hablar con el Dragon Slayer, no cuando su cabeza se encontraba tan repleta de dudas y preguntas. Se tocó los labios con las yemas de sus dedos, sus mejillas adquirieron un leve color rosado ante el recuerdo reciente y suspiró, antes de entrar a la recámara de su amiga.


El guerrero daba vueltas en círculos en el gran salón del palacio. Murmuraba algo con tono enfadado y peligroso acompañando sus inaudibles palabras con exagerados gestos con sus brazos.

Habían pasado dos días desde la llegada forzada de la mujer del desierto y la relación "pre-matrimonial" no iba nada bien, lejos de las románticas expectativas del violento hombre que equivocadamente pretendía arrancarle algo de afecto a la fuerza. La mujer era astuta y de forma pacífica e hiriente lograba aplastar los constantes esfuerzos de su "secuestrador" llevando al hombre a un estado de desesperada locura.

Gajeel no era un hombre que acepta la derrota tan fácil, no se rendiría ante la testarudez de la mujer que eligió como esposa. A como de lugar, ella tendría que amarlo, le guste o no le guste…

-¿Algo te perturba, hijo mío? – El hombre miró hacia atrás por sobre su hombro reconociendo la voz del sultán que se acercaba a paso lento, con sus manos detrás de su espalda y un semblante de sabiduría en su anciano rostro.

-Esa mujer… me está volviendo loco… - Gruñó el guerrero reanudando su marcha en círculos.

-La convivencia no es fácil… - Se burló Makarov haciéndose camino hacia un gran sillón dorado ubicado en el extremo del salón. –Menos, si esa convivencia es forzada… -

-Tsk, que ridículo! – Protestó Gajeel exasperado. –Tiene todo lo que pudiera desear, puede tener lo que quiera aquí! Porqué me rechaza? Porqué no me ama todavía? –

-Tal vez porque le falta algo de libertad. – Propuso el anciano con una sonrisa. Los ojos rojos del joven se posaron en él con una rabia palpable.

-¿Para qué quiere algo como eso? Si tiene todo lo demás… -

Makarov cerró los ojos, suspiró amargamente y miró con preocupación al hombre que volvía a recorrer en forma circular el salón, con el semblante molesto, pero obviamente preocupado por la situación.

-Hijo mío… -

-Tsk, ya va a ver… Esa ingrata! – Bramó girando sobre sus talones hacia la salida del salón. Makarov siguió su figura con la vista y se sostuvo la frente con un gesto de resignación.

-Eres un cabeza dura… -

El joven guerrero atravesó los pasillos del palacio con toda su rabia a flor de piel. Los transeúntes que también circulaban se corrían aterrorizados por la furia de Gajeel, todos conscientes del peligro que significaba cruzarse en su camino.

Llegó hasta la puerta de su recámara donde tenía encerrada a su "doncella" y estando listo para dar una feroz patada, se detuvo, haciendo equilibrio en un solo pie, al escuchar voces del otro lado…

-Tienes que comer algo… o te enfermarás… - Oyó que una voz femenina, que reconoció como la de Lucy, la adivinadora del palacio, decía con preocupación.

-No tengo hambre. – Replicó secamente la voz de su "futura esposa"

-No te creo… hace dos días que no pruebas bocado… tampoco has bebido suficiente agua. –

-No quiero comer, ni beber. Lo único que quiero es irme a casa. – Su voz se quebró levemente al final de la última palabra. El guerrero acercó su rostro a la puerta y apoyó su oreja a la superficie para oír mejor lo que sucedía dentro. No le gustaba nada que alguien más estuviese hablando con "su" mujer, pero si Lucy podía convencerla de comer, por él estaría bien.

-¿Crees que una huelga de hambre va a convencer a Gajeel? Es muy inocente de tu parte. – Concedió la mujer rubia.

-No me importa. Si no lo convenzo, prefiero morir antes que ser su esposa. –

Un gruñido emergió de su estómago, ¿Porqué lo encontraba tan repugnante que prefería la muerte? ¿Qué era lo que tenía de malo?

-Es un poco exagerado, ¿No crees? –

-No quiero estar aquí. Hay gente que me necesita allá afuera y este cerdo me tiene encerrada por un maldito capricho! – Respondió la mujer con fiereza.

El gruñido en el estómago del guerrero se hizo más intenso, le acababa de decir "cerdo"?

-¿Gente que te necesita? ¿Porqué? ¿Qué haces? –

La mujer suspiró. Gajeel podía adivinar que estaba buscando las palabras para explicar lo que hacía y ciertamente las actividades de la mujer del desierto lo tenían más que intrigado.

-Yo… ayudo a la gente… a los viajeros del desierto… -

-¿Así te conoció Gajeel? Tú lo salvaste! –

-Bastante ingrato, ¿No crees? Yo le salvo la vida y él me encierra en una habitación! –

-Es difícil de entenderlo… - Concedió la rubia. –Pero no creo que tenga malas intenciones, solo que no sabe como expresar gratitud. –

-Pues te aseguro que esta no es la manera. –

-Como tampoco una huelga de hambre te ayudará a salir de aquí. –

-No quieras confundirme. Seguiré sin comer ni beber, hasta que me libere o hasta morir. Pero no me rendiré ante él. No accederé a su capricho. –

El guerrero se separó de la puerta y con la mente hecha un torbellino volvió sobre sus pasos por el pasillo.

Salió del palacio y miró hacia el cielo. El sol se ocultaba entre los médanos y la noche amenazaba con congelar a quien se atreviera desafiar al desierto. A Gajeel no le importó y recorrió las calles de la ciudad buscando un lugar donde ahogar sus pensamientos. Sentía el amargo sabor de la derrota en su paladar y no le agradaba ni un poco… morir o huir… esas eran las únicas opciones de la mujer que amaba, pero darle una oportunidad a él de mostrarle su verdadero yo ni se le cruzaba por la mente.

Vió a un trío de hombres salir despedidos por una puerta. El grupo, tambaleándose y algo aturdidos se pusieron trabajosamente de pie y abrazados unos con otros caminaron por el callejón donde se encontraban. Se notaban sus pasos torpes y desequilibrados mientras avanzaban a los tropezones hablando incoherencias en un tono de voz bastante elevado…

-Borrachos… - Masculló el guerrero con expresión de asco. Desvió su mirada hacia la puerta por donde habían sido expulsados, una mujer de más o menos su edad de largo cabello castaño, estaba apoyada contra el marco de la puerta de brazos cruzados, observando con fastidio a los individuos que continuaban su camino por el callejón. Sus ojos oscuros se posaron sobre el hombre de pie en medio del camino, lo observó de arriba abajo con aire despectivo, Gajeel resistió un gruñido, ¿Cómo se atrevía a mirarlo de esa forma?

-Vaya, vaya… un guerrero del palacio… ¿Qué haces en un sitio como este? –

-Ese no es asunto tuyo… - Respondió el guerrero con voz ronca, irguiendo su espalda, tratando de sonar amenazador. La mujer sonrió de lado, nada impresionada por la presencia del hombre.

-Parece que alguien está un poco gruñón, ¿Necesitas un trago? –

Gajeel avanzó unos pasos hasta estar cara a cara con ella, la mujer seguía sonriendo de lado. Desde el interior del lugar podía oírse mucho ruido y gritos. El guerrero torció la cabeza a un lado confundido.

-¿Qué lugar macabro es este? –

-Ven… de verdad necesitas un trago… -

La mujer lo tomó de la mano y lo obligó a entrar al lugar. Gajeel no se resistió demasiado y se dejó llevar por un pasillo iluminado solo por algunas antorchas que alumbraban irregularmente las paredes, dándoles a éstas un color amarillento y arenoso. En el fondo podía verse una luz más intensa y sombras que se proyectaban en las paredes del salón, por lo que el guerrero podía distinguir, una pelea intensa se estaba dando dentro…

Cerró los ojos levemente por el cambio de iluminación, dentro del lugar había unos cuantos hombres y mujeres gritando y animando una pelea que se daba en el centro. El guerrero se abrió camino entre los presentes para observar mejor lo que sucedía. Sus ojos se ensancharon como platos al reconocer al par de individuos que batallaban con fiereza…

-Salamander… Fullbuster… - Murmuró, mientras los dos hombres continuaban con su pelea.

-Apuestas, apuestas, ¿Quién será el vencedor de esta ronda? El favorito de la multitud parece ser Natsu, ¿Alguien apuesta a Gray? – Comenzó a gritar la mujer que lo había obligado a entrar. Los gritos dentro del salón se hicieron más intensos y monedas de oro comenzaron a aparecer frente a su rostro. –Jajaja, así me gusta… -

-Esto es… ilegal… - Murmuró con asombro y horror Gajeel, mientras veía frente a sus ojos las apuestas, las peleas y los tazones de alcohol que ofrecía con una sonrisa una mujer de cabello corto violeta y enigmáticos ojos verdes.

Aún en estado de shock y sin pensarlo demasiado aceptó uno de los tazones y bebió del líquido ofrecido de un solo trago, el ardiente elixir recorrió su garganta y su mente pareció apaciguarse en un instante. Pronto sus preocupaciones por el lugar donde había "caído" se fueron diluyendo a medida que continuaba bebiendo.

El lugar estalló en gritos de victoria y algunos abucheos al caer ambos contendientes, exhaustos por la feroz batalla y riendo cada uno con el puño del otro en su rostro. La mujer de cabello castaño caminó hacia ellos y rodeó a los caídos como inspeccionando la escena.

-Es un empate. – Anunció finalmente y todos volvieron a ovacionar exageradamente. Gajeel bebió de otro sorbo largo otra de sus copas y se limpió el líquido con su antebrazo.

-Yo también quiero pelear. – Exclamó con autoridad. Todos los presentes voltearon para verlo.

Los contendientes que yacían en el suelo parecieron ponerse pálidos al verlo y lentamente se sentaron en el suelo.

-¿Gajeel?... ¿Qué estás…? – Comenzó el de pelo rosado obteniendo del moreno una sonrisa de lado.

-Ustedes dos tienen mucho que explicar. Pero eso será luego… ¿Quién peleará conmigo? – Golpeó su puño derecho contra su palma izquierda mientras miraba a su alrededor con aire amenazador. –Necesito dar algunos golpes. –

-Yo seré tu contrincante. – Anunció una voz y los presentes le abrieron camino.

Gajeel sonrió, su contendiente parecía más joven que él, de cabello negro y ojos rojos, como una versión fresca de sí mismo.

-Esto será… divertido… -


-Gajeel, ¿Qué rayos estás haciendo? Ya es nuestro turno. –

La voz chillona de su compañero parecía perderse entre las palabras que inundaban su mente, quería seguir leyendo, deseaba conocer la batalla que se daría entre el hombre del desierto y aquel que se animó a desafiarlo, el relato llenaba su mente de preguntas y el Dragon Slayer no se veía capaz de abandonar la atrapante lectura…

-Cabeza de metal, ¿Estás escuchándome? –

Gajeel seguía sin contestar, mientras sus ojos ávidos continuaban recorriendo las líneas de texto.

-Deja eso! – Natsu le arrebató el libro de un tirón rápido, logrando "despertar" a su compañero de hierro.

-¿Qué haces, Salamander? – Gritó el pelinegro con fiereza, levantándose del suelo con los puños en alto.

-¿Desde cuando lees? – Preguntó el mago de fuego examinando el libro como si fuera algo extraño.

-Qué te importa! – Gritó Gajeel quitándole el libro de sus manos.

-No, la verdad que no me importa. Tenemos que salir, es nuestro turno de luchar! – Exclamó Natsu golpeando su puño contra su palma. –Estoy encendido, no puedo esperar a darle una buena lección a Sabertooth. –

El Dragon Slayer de Hierro le confió el libro a Juvia y siguió a su compañero de fuego a la arena. Pensándolo fríamente, no estaba en buenas condiciones para luchar. Su cabeza estaba arrebatada de pensamientos y demasiada confusión, pero no podía negarse a una buena batalla…

Continuará…

Ikhny Shy.

Gracias a todos por sus comentarios al capítulo anterior! Me demoré mucho en escribir este capítulo, espero que también les haya gustado,

Será hasta el próximo!