Miré el reloj sobre la puerta y lancé un bostezo. La enfermera a mi lado sonrió y colocó otros expedientes sobre el mostrador.

–Pareces cansada Nishikino-chan.

Asentí y me restregué los ojos un poco. Terminé de acomodar las hojas dentro de una carpeta y la puse sobre el grupo que ella acababa de poner ahí.

–Es agradable trabajar con alguien que por lo menos te tolera un poco –dije inconscientemente. Ella me miró con algo de molestia.

–No diga eso joven. No todos aquí son iguales. Además, hoy has sido de gran ayuda para el área de emergencias. Le diré al médico de área que le pida a la administración que te trasladen de por vida a esta zona.

Ambas reímos con fuerza. Luego de que Honoka se fuera y de llorar por más de diez minutos, regresé al hospital y hablé con mi padre. El aceptó mis disculpas, levantó la suspensión y me permitió seguir trabajando durante el día, pero me trasladó al área de emergencias, en donde él creía, podría estar mejor.

–Hoy ha sido un día tranquilo –dijo mi compañera con una sonrisa acomodando otros expedientes–. Ya vamos a salir y no ha llegado ningún caso extremo.

–Me hubiera gustado ver algo de acción –dije devolviéndole la sonrisa.

Pero unos segundos después, escuchamos la sirena de una ambulancia. Mi compañera me miró con sorpresa. Notó como otros enfermeros ya corrían hacia la puerta de emergencia y la abrían por completo. De la ambulancia bajaban una camilla con una persona en lo que parecía ser un disfraz gigante.

–Mejor no hubiera dicho nada –dijo mi compañera y comenzó a buscar un registro de entrada. Yo no podía apartar mi mirada de los que ingresaban al hospital. El médico de turno se acercó a los paramédicos.

– ¿Qué sucedió?

–Paciente femenina de unos veinte años, atropellada por un camión de carga. Probable fractura en brazo izquierdo y golpe fuerte con herida expuesta en la cabeza.

Me sorprendió escuchar eso. Era mi primera vez en la sala de emergencias, y nunca había visto entrar a un paciente grave. El médico giró algunas instrucciones y comenzó a seguir la camilla que era ingresada por la puerta interna. Iba rodeada de enfermeros así que no pude ver a la paciente.

Suspiré y miré a mi compañera que se preparaba a llenar los datos de la paciente que el paramédico que se quedó en la recepción le pasaba, cuando vi entrar por la puerta a tres personas, un joven de cabello rojo, similar al mío, y dos chicas, Honoka y Rin.

Rin comenzó a correr hacia la puerta pero uno de los enfermeros la detuvo de la cintura.

– ¡Déjenme pasar, que quiero ver cómo está Nico-chan nya!

– ¡Honoka, Rin! –grité al verlas. Rin dejó de forcejear y me miró al igual que Honoka y el joven que venía con ellas.

– ¡Maki-chan! –gritó Rin y corrió hacia mí, me abrazó fuertemente.

– ¿Rin, qué sucede? –le pregunté tratando de separarme de ella.

–Nico-chan… Nico-chan…

No me dijo nada más porque le faltaba el aire, pero dijo lo suficiente para entenderle. Como si en cámara lenta se tratara, miré el rostro de Honoka, luego el de Rin bañado en lágrimas y luego miré a la puerta que se seguía moviendo. Sin saber por qué, empujé a Rin para que me soltara y comencé a correr hacia el interior de la sala de emergencias.

Varias camas estaban en la habitación, pero solo una estaba ocupada, y sobre la persona estaban el médico y los enfermeros tratando de quitar el disfraz y revisando los signos vitales. Sentí un dolor en el pecho y me acerqué a la cama.

Ver el rostro de Nico-chan bañado en sangre me destrozó. Sin pensarlo, me acerqué corriendo y comencé a gritarle.

– ¡Nico-chan idiota no te vayas a morir!

Antes de que un enfermero me tomara de la cintura para sacarme de la sala, pude notar que Nico estaba consciente y ¿me sonreía?

No sé cuánto tiempo pasó, pero para mí había sido una eternidad, esperando a que alguien saliera y nos dijera algo. Honoka y Rin se habían sentado a mi lado, la última llorando mucho y abrazando mi brazo. Honoka me había tomado la mano, y aunque no lloraba, se notaba muy nerviosa.

Unos minutos después salió el doctor. Al verlo me puse de pie tan deprisa, que golpee a Rin en su nariz.

– ¿Doctor? –Él me miró y sonrió, lo que hizo que me sintiera un poco más tranquila.

– ¿Es amiga tuya la paciente, Nishikino-chan? –Asentí y sentí que una lágrima se me escapaba por la mejilla. Él acarició mi cabeza–. Ella está bien, descuida.

– ¿No tiene nada malo? –pregunté con la voz cortada.

–No. En realidad ese feo disfraz que vestía evitó daños mayores. Fue como un amortiguador para ella. Solo tiene golpes en todo su cuerpo y un corte en la cabeza.

Respiré aliviada y pude escuchar que Honoka y Rin hicieron lo mismo. Miré hacia la habitación, y como si leyera mi mente, el doctor habló.

–Se le aplicó un tranquilizante. Dormirá por un buen rato. Pronto la llevaremos a otra sala.

El doctor se alejó y comenzó a conversar con mi compañera. Las tres nos volvimos a sentar y Rin comenzó a limpiarse las lágrimas. Yo noté que Honoka tenía la frente roja, con un chichote en ella. Rin tenía un agujero en su pantalón y la rodilla llena de sangre. Me levanté y traje unos vendajes. En silencio limpié la rodilla de Rin y coloqué uno.

– ¿Qué fue lo que pasó? –pregunté mirando a Honoka mientras le ponía un vendaje en la frente.

–Un camión la atropelló mientras corría.

– ¡¿Pero por qué?!

–Por nuestra culpa nya –dijo Rin con una voz muy suave.

La miré fijamente y parecía a punto de llorar nuevamente. Honoka continuó hablando. Contó todo lo sucedido en el canal de televisión y como Nico, al verlas, huyó de ellas. Yo solo ponía plena atención y escuchaba los leves sollozos de Rin. Cuando Honoka terminó, tomó aire y se relajó completamente.

–Pero… –comencé a decir despacio pasando mi mirada de una a la otra–. ¿Por qué huiría de ustedes?

–No lo sé, la verdad –dijo Honoka, encogiéndose de hombros.

–Tal vez no nos quiere ver más nya, como tu Maki-chan que ya no nos quieres.

Miré a Rin con sorpresa. Ella no me miraba, solo se miraba las manos que había entrelazado y colocado sobre su regazo.

–Yo no… eso es mentira Rin-chan. ¿Quién te dijo eso?

–Honoka-chan. Ella dijo que no quieres regresar a μ's.

Miré a Honoka que me asintió despacio con esa cara tonta que en ocasiones puede poner. Me mordí el labio y despacio abracé a Rin.

–Tal vez Yazawa-san huyó porque no quería preocuparlas.

Hasta ahora, no había reparado que el chico que había llegado con Honoka y Rin todavía seguía ahí, a nuestro lado. Su voz grave me sacó del trance y las tres lo miramos fijamente. Honoka se me adelantó para hablar.

– ¿Por qué lo dices?

–Porque, ella es así. Hace un año que la conozco y siempre oculta su sufrimiento y preocupaciones detrás de esa mascara de Súper Idol que ella ha creado. Me imagino que con ustedes ha sido igual, y al verlas, no sé por qué, decidió escapar para no enfrentar la realidad que vive.

– ¿Cuál realidad nya? –preguntó Rin adelantándose nuevamente a mi pregunta.

–Que no ha logrado ser la Súper Idol que quiere. Que simplemente trabaja como utilera en un canal de segunda.

Honoka y Rin bajaron la mirada. Yo en cambio, me fijé mejor en el joven frente a nosotras. Por algún motivo me sentía irritada.

– ¿Y tú quién eres? –pregunté en un tono algo más fuerte de lo que quería. Honoka y Rin me miraron asustadas. El chico enarcó una ceja y me miró fijamente.

–Yo soy… un compañero de trabajo de Yazawa-san.

– ¿Solamente? –volví a preguntar en el mismo tono. Él sonrió.

–Solamente, no te preocupes –Y levantó las manos justificándose mientras sonreía–. Las Idols no pueden tener nada más.

Ese comentario me enojó mucho. Lo fulminé con la mirada.

–Nishikino-chan, ¿puedes venir un momento?

Mi compañera me llamaba desde detrás del mostrador. Yo me levanté y me acerqué a ella mientras notaba como el chico se sentaba al lado de Honoka que se había corrido hasta abrazar a Rin.

– ¿Qué necesitas? –le pregunté a la enfermera mientras ella me miraba.

–Aquí está la orden de traslado de habitación para tu amiga. La llevaran al séptimo piso, pero tus amigas no pueden entrar hasta mañana, ya que la hora de visita pasó.

–No te preocupes, yo me encargaré de todo.

–Pero ya salimos de nuestro turno. Deberías dárselo a las enfermeras del…

–Yo lo haré, no te preocupes.

Ella sonrió y me dio la hoja con los datos de Nico. Yo la tomé y me dirigí a la habitación de emergencias a buscar a algunos enfermeros que me ayudaran a llevar la cama de Nico hacia arriba. Me detuve un momento con Honoka y Rin.

–Chicas, ya van a pasar a Nico-chan a otra habitación pero no pueden verla por hoy. Además de estar dormida ya pasó la hora de visita del hospital. Será hasta mañana.

– ¿No podemos verla nya? –le negué despacio a Rin. Ella hizo un puchero.

–No te preocupes Rin-chan. Mañana vendremos en la mañana. Tenemos que hablar con ella, convencerla y planear como...

–Pero yo mañana no puedo. Tengo que trabajar nya. Si no voy me van a amonestar nuevamente y me van a despedir nya.

Honoka se golpeó la cabeza con la mano y se quejó, ya que se dio en la herida. Luego de acariciarse un poco, nos miró.

–Yo vendré sola Rin. La convenceré y te prometo que lograré que Nico se nos una. Luego nos veremos en mi casa, en la noche.

Rin asintió y sonrió. Yo las miré fijamente pensando. Honoka estaba determinada, era la misma Honoka de antes, la que yo recordaba, la testaruda, no la chica acabada que vi en la mañana. Sonreí y suspiré profundamente, de alguna manera más alegre.

–Te enviaré un mensaje Honoka cuando Nico despierte. Y le pediré a mi padre permiso para que te deje entrar.

– ¡Guau!, gracias Maki-chan.

Honoka se levantó y me abrazó. Rin hizo lo mismo y unos minutos después, luego de intercambiar nuestros mails, las dos salían del hospital. El joven me miró fijamente mientras terminaba de acomodarse el cabello.

–Enfermera, ¿Cuánto tiempo estará en el hospital?

– ¿Por qué? –volví a usar el tono fuerte. Él sonrió nuevamente, algo que me molestaba.

–Porque debo informar en el canal cuanto tiempo estará fuera. No pienses nada más.

Le di una última mirada molesta y consulté el expediente en mis manos. Al parecer, Nico solo estaría unos dos días en el hospital y luego tendría reposo en su casa. Suspiré y hablé despacio pero sin variar el tono.

–Estará aquí hasta pasado mañana. Luego, el doctor decidirá el tiempo de reposo.

–Está bien. ¿Y a qué hora es la visita mañana?

Sé que fruncí el ceño con fuerza ya que me dolió la frente. El sujeto sonrió y puso aire de suficiencia. Dándole la espalda comencé a caminar hacia el interior del hospital.

– ¿Enfermera?

–A las dos de la tarde –le dije ya cerrando la puerta.

Trasladamos a Nico-chan a la habitación 7-C del séptimo piso. Mientras subíamos por el ascensor, la miré fijamente. No había cambiado mucho en tres años. Su cabello seguía siendo de un negro azabache intenso y suponía que mantenía su largo, y de estatura al parecer no había crecido ni un centímetro. Una enorme venda blanca le cubría parte de la cabeza, pero dejaba su flequillo y sus dos típicas coletas a la vista. Sonreí y ayudé a empujar la camilla hasta la habitación.

Con cuidado, los enfermeros la colocaron en la cama y se marcharon. Yo terminé de cobijarla y de asegurarme de que estuviera cómoda. Solté sus coletas y acaricié su largo cabello hasta colocarlo debajo de su cabeza. Cerré las persianas y puse el aire acondicionado a una temperatura agradable.

Suspiré. Por alguna extraña razón, no quería dejarla sola. Acerqué una silla de la habitación y me senté al lado de la cama.

–Nico-chan idiota –comencé a decir en un susurro mientras la miraba–. Han pasado tres años y te tengo que volver a ver, pero en una cama de hospital. Idiota.

Me recosté en la cama sin dejar de mirarla. Dormía tan plácida y dulcemente que parecía ser otra persona y no la chica de mal genio que yo conocía. Le acomodé el flequillo y me quedé ahí, mirándola por horas y sin saber porque. el sueño me fue ganando la partida y caí rendida a él.

Comencé a sentir que acariciaban mis dedos. Era un contacto suave, un contacto tierno. Una, dos, tres veces tocaban las yemas de mis dedos con delicadeza, casi rozándolas solamente. Abrí los ojos y me costó recordar en donde estaba, hasta que unos ojos de color rubí que me observaban fijamente, me devolvieron a la realidad.

–Hola –dijo Nico con una pequeña sonrisa.

–Hola Nico-chan –contesté devolviéndole la sonrisa. Sentí rubor en mis mejillas.

–Perdón por despertarte, pero sentí algo entre mi mano y tuve que tocarlo.

Bajé la mirada hacia la mano de Nico y pude ver mi mano entrelazada a ella. Sentí que la temperatura de la habitación subía a 200 grados a pesar de estar el aire acondicionado puesto. Rápidamente la solté y me eché para atrás. La silla cedió a mi peso y caí de espaldas al suelo. Toda mi cabeza retumbó al chocar con la fría alfombra.

–Maki-chan, ¿estás bien? –preguntó Nico tratando de incorporarse un poco.

–Por tu culpa no –dije mientras me levantaba y levantaba la silla. Sentía que la cabeza se me iba a partir en dos.

– ¿Mi culpa? Tú fuiste la que se lanzó para atrás. Además, eras tú la que tenía mi mano agarrada.

Otra vez mis mejillas se sonrojaron. Podía imaginar mi cara del mismo color que mi cabello. Acomodé la silla y me senté sin mirarla. Crucé los brazos y las piernas y comencé a jugar con mi mechón de cabello.

– ¿Cómo… cómo te sientes? –le pregunté aun mirando hacia la pared.

–Me duele la cabeza y siento mi cuerpo molido. Tengo algo de frío por el aire acondicionado y un poco de hambre… –Lancé un suspiro de enojo y la miré. Ella sonreía y sus ojos se quedaron fijos en los míos–…por lo demás, estoy bien.

No supe que decir. Nico seguía mirándome fijamente y su rostro dibujó una sonrisa. Yo me sentí algo incómoda. Me acomodé mejor en la silla y me acerqué a ella.

– ¡Idiota! –Dije en un tono alto–. Casi matas de tristeza y preocupación a Rin y a Honoka. Tienes suerte de que lo que sea que llevabas puesto te protegió de heridas mayores.

Nico se echó para atrás y bajó la mirada. Su sonrisa se convirtió en una mueca de molestia.

–Ellas no debieron buscarme en primer lugar. Si ellas no llegan, yo no hubiera huido.

Sentí un dejo de reproche en su voz. Entrelazó las manos sobre su regazo y miró a la ventana. Por las persianas entraban algunos rayos del fuerte sol que ya estaba asomando por el cielo.

– ¿Por qué huiste? –Le pregunté débilmente. Nico me miró asustada.

– ¿Qué?

– ¿Por qué huiste? Debes tener una razón para escapar de esas dos locas.

–No es solo de ellas… –dijo en un susurro. Esperé a que continuara hablando pero ella se limitó a seguir mirando sus manos. Suspiré con molestia.

–Bien. Si no quieres hablar conmigo, allá tú –me puse de pie. Nico me miró–. Te traeré el desayuno y le diré a las enfermeras que ya despertaste. Yo me iré a mi casa a descansar y le avisaré a Honoka, por lo menos para que esté tranquila.

Llegué a la puerta y cuando puse la mano sobre el pomo, Nico comenzó a hablar con la voz entrecortada por sollozos.

– ¿Crees que soy una fracasada?

Me giré para verla, pero ella seguía en la misma posición, mirando sus manos sobre su regazo.

– ¡Contesta Maki! ¿Crees que soy una fracasada?

– ¿Por qué debería siquiera pensarlo? –le pregunté casi en un susurro, pero recordé las palabras del joven que venía con Honoka el día anterior. Sentí un dolor en el pecho.

–Sí no consigues tus sueños, eres un fracaso. Si no logras lo que te propones, eres un fracaso. Si fallas en lo que haces, eres un fracaso.

– ¿A qué quieres llegar Nico-chan?

–No lo entiendes Maki. ¡Soy una fracasada! –me gritó. De sus ojos bajaban lágrimas en cantidad. Su mirada estaba desorbitada y respiraba con dificultad.

–Nico…

–Es por eso que no quiero verlas. No quiero que vean a una fracasada. Es por eso que huyo, porque no quiero que vean lo fracasada que soy. En tres años no soy ni la sombra de la Idol que quiero ser. No soy ni la cuarta parte de la persona que quiero –tragó con fuerza–. Incluso he dejado a mi familia, porque no sé cómo mirarlos a la cara. Nozomi siempre tuvo razón, solo soy como la mascota de todo. Hubiera preferido que ese camión…

No terminó de decir lo que sabía iba a decir porque yo la abrazaba con fuerza. De mis ojos bajaban la misma cantidad de lágrimas que los de ella.

–Idiota, ni siquiera pienses en decir eso, ¡me oíste!

Escuché balbuceos, pero no salieron palabras de su boca. Yo la aprisioné más fuerte.

–Nadie piensa que eres una fracasada, nadie y menos yo. Siempre te he visto luchar, siempre he visto lo que te esfuerzas, y lo que sufres. No creas que no lo sé, siempre lo supe, lo mucho que te esfuerzas, fue solo un año lo que estuvimos juntas pero fue suficiente para…

Enterré mi cara en su pecho y bajé hasta su regazo. Mis manos perdieron su fuerza y cayeron por su cabello hasta la cama. Mis palabras ya no querían salir por el llanto.

–Si alguien es fracasada, soy yo que tiene que seguir los caprichos de sus padres porque no tiene el valor de revelarse, de hacer lo que quiere, de estar con quien quiere…

Sentí una mano sobre mi cabeza. Acarició mi cabello despacio durante unos segundos y sentí como me daba un beso en la cabeza. No hubieron más palabras, solo eso.

– ¿Cómo terminamos revelando esto? –me dijo en un susurro cerca del oído unos minutos después. Yo levanté la mirada con sonrojo y ella me miraba fijamente–. La gran Nico Ni no debería hablar de cosas tristes. Ella está para hacer feliz a los demás. Nico Nico Ni.

Reí, secándome las lágrimas, pero reí. Nico también se limpió las lágrimas y suspiró fuertemente.

–No tienes remedio Nico-chan, ¿lo sabes? –ella encogió los hombros.

–Tu tampoco Maki, sigues igual de tsundere como siempre.

–Yo no soy… yo… ah, olvídalo –ella rio, y eso me hizo reír.

–Prometamos algo Maki-chan, entre nosotras. Que no nos volveremos a ver en este estado. No nos queda bien a dos Idols como nosotras.

–Yo no soy Id…

–Lo eres, siempre lo serás –y sonrió.

Estiró su dedo meñique y yo estiré el mío. Los unimos en una promesa secreta.


Que capitulo, ¿verdad?. Ahora que pasará... Comenten que les va pareciendo la historia y gracias por seguirla.