Germania se organiza un poco el pelo mientras camina detrás del italiano, ordenando y organizando sus confesiones. Italia tranquilamente anda hasta la cocina, saca un par de cervezas, le tiende una al sajón y se sienta en la mesa de la cocina frente a él
—¿Qué es lo que quieres saber? —pregunta entrecerrando los ojos.
—Lo que quieras contarme, me parece que te iría bien hablar.
—Te he dicho ya muchas cosas que no le he dicho antes a nadie. No había hablado de Helvetia ni con Rom.
—¿Qué pasó con ella? ¿Ibas a violarla?
Germania toma aire y le mira fijamente.
—Ja. Era algo que pasaba de vez en cuando...
—¿Más de una vez? ¿Cómo se lo tomaba ella?
—Más de una vez, nació Schweiz... Y Nein, no se lo tomaba bien...
—¿Cómo Britania? —toma un poco de cerveza.
—Nein. Eran distintas. Britania, con todo, estaba en mitad del mar, había mucha gente que pasaba por ahí, conocía a Escandinavia e incluso a Kiev.
—Me refiero a si ella era así contigo.
—Helvetia era mucho más... Aislada. Conocía poco del mundo y lo poco que yo llevaba la progresaba. Hablábamos, pero como era evidente yo no sólo quería hablar...
—¿Hablábais?
—Un poco cuando se dejaba. Dejó de dejarse después de la primera vez.
—¿Cuándo se dejaba... hablar?
—Cuando sólo hablábamos y yo iba desarmado y ella me apuntaba a la cabeza con una piedra o una lanza o... Algo.
—Aja...
—Pero hablaba. Extrañamente lo hacía, poco y escueta, como Schweiz.
—¿Y qué cosas te decía?
—Cosas de la tierra, de las hierbas, de las cabras. Aprendió a hablar sajón y a entenderme con bastante rapidez.
—Eso no suena a algo que haría alguien que te odia.
—Probablemente no. Vivía muy aislada y... Sola. No creo que hablara con mucha más gente.
—Si la mataste como il nonno... ¿o fue con un arma?
—No la maté como mate a Rom, que sí lo maté con un arma —explica mientras recuerda su sangre caliente escurriendo encima suyo mientras veía su vida irse delante de sus ojos. Traga saliva —. Ella se murió sola, no supe cuando hasta que ya no se movía.
—Me refiero a como mataba il nonno.
—Es que... No lo sé. Yo... —se humedece los labios —, no sé cómo mataba él, ni supe nunca cómo se murió ella. Pero Rom... Morían de amor.
—Quizás ella...
—¿Ja?
—Murió de amor.
—¿Helvetia? ¿De amor por mí? Pfff... Nein —niega con la cabeza, absolutamente convencido.
—¿Entonces?
—No lo sé... Quizás la ahogué... Estaba débil y yo pretendía matar a Schweiz... Creo que ella lo sabía.
—Oh... ¿por qué ibas a matarlo?
—Porque quería tierras, no niños. Ya bastante había con los que ya tenía y nadie sabía de Schweiz, nadie le conocía. Era él y luego Helvetia, yo quería que sus montañas fueran mías —se encoge de hombros—. Al final le mate a ella y le deje a él ahí a su suerte porque no me atreví a matarle... Y... Bueno, como es evidente a medio camino me volví por él.
Aunque no os lo creáis, Italia sonríe un poco con ternura.
—¿Pero entonces ella... dió la vida por Svizzera?
—Ella murió para darle fuerzas, creo que con la esperanza de que yo no le matará...
—Oh... entonces seguramente no solo va a odiarte, es posible que crea que esto es tu culpa.
—¿Mi culpa? ¡Pero si yo no he hecho nada! ¡Lo llevé a casa y le cuidé y le quise!
—Pero ella murió con la idea de que tú querías matarlo.
—Pero sabe que no lo hice... —murmura.
—No... Creo que sabe que algo salió mal.
—Había pensado en ir a verla...
—Seguramente habría sido mejor... aunque quizás se imagine que cambiaste de idea.
—¿De cuál idea?
—Pues de matar a Svizzera.
—Que es lo que hice. De hecho... Podría haberla conservado a ella también quizás —murmura tomando su cerveza y dándole un trago lo suficientemente largo como para acabársela.
—¿Qué vas a hacer cuando llegue?
—¿Saludarla y sacarla al jardín para que me grite afuera?
—Mmmm... No estoy muy seguro de cómo va a reaccionar con esto que me estás contando.
—No esperaba que viniera hoy, Italien. No sé cómo reaccione y tampoco es que sepa cómo controlarle más que por la fuerza.
—Es que... Es posible que te odie... y te quiera y te odie aún más por eso.
—¿Y qué hago?
—Pues... ¿qué planeas conseguir? ¿Que querías cuando pensaste que podías ir a verla?
Germania se sonroja un poquito.
—Helvetia es...
Italia levanta una ceja.
—Mi única relación que no es, al menos aún, un triángulo con Rom.
—Aja...
Desvía la mirada.
—No creo que no entiendas lo que eso significa, Italien, no me salgas ahora con eso.
—Entiendo lo que significa, espero saber que entiendes y quieres tú. Tal como la describes es algo TREMENDAMENTE complicado.
—Imposible. Yo mato a UNA y vuelve siendo imposible cualquier relación, Rom mata a cuarenta y hoy todas lo aman.
—No se puede negar que il nonno tiene habilidades —se encoge de hombros.
—Pero yo no tengo demasiadas oportunidades, ¿sabes? No hay miles de Helvetias por ahí.
—¿Lo que estás diciendo es que quisieras... algo con ella? ¿Violarla de nuevo... o algo de verdad?
—Nein, no quiero violarla de nuevo... Querría al menos tener a ALGUIEN de fuera de este círculo maldito, con quien hablar y a quien ver
—¿Quieres ser su amigo?
—Y... Podría acostarme con ella de vez en vez si ella quisiera... —se revuelve un poco.
—Mmmm... ¿Y qué pasa con il nonno?
—¡Él tiene a otras cuatro personas! —se defiende.
—Pero duerme contigo. Te quiere a ti y vas a tener problemas.
—Italien... Duerme con todas. Él puede dormir con todas y quererlas a todas, ¿por qué yo no puedo tener ALGO con Helvetia?
—Porque no te va a dejar. Cuando lo sepa se pondrá celoso, irá y la seducirá a ella.
Germania frunce el ceño.
—Entonces no va a saber con quién es... O vamos a tener problemas
—A mí me parece que vas a tener problemas igual
—Igualmente los tengo —admite y se encoge de hombros—, muchos más de los que quisiera. Igualmente me enfado, e igualmente necesito a momentos a alguien más.
—Puedo cubrirte si lo que quieres es ser su amigo, pero il nonno nunca me lo perdonará si me dices que quieres ir con ella y no se lo cuento —explica. El rubio le mira unos segundos a los ojos
—Quiero ser su amigo.
Italia suelta el aire y se ríe dejando caer los hombros. Germania se encoge de hombros sin dejar de mirarle.
—Bueno, veremos cómo funcionas con ella, no creo que lo tengas nada fácil en ningún caso. Quizás deberías hablar con il signiore para que te cuente como es que él traba a Svizera cuando estaban muy enfadados
—Österreich suele hacer cosas complicadas con Schweiz, lo he visto —sonríe de lado suavemente—. Danke, Italien.
Italia le guiña un ojo. El germano se sonroja un poco desviando la mirada y carraspeando.
—¿Quieres otra cerveza?
—No, salgamos a ver cómo está Svizera, creo que ha pasado algo cuando estaban en el cuarto y quiero saber que tanto —sonríe. La gracia de los italianos con los germanos... En concreto con los cortados con ESTE molde. Levanta las cejas.
—Ah... ¿Ja? ¿Algo como qué?
—Pues algo como... un beso o quizás más.
El chisme alemán.
—Oh... Pero no se acuerda de él. Österreich... ¡Es bastante hábil! —otro al que le impresiona, saca una cerveza para él y una para Suiza que le parece que va a necesitar una. Creo que en Alemania tienen un refrigerador sólo de cerveza.
—Vamos afuera... —murmura con un gesto de cabeza, dándole una palmadita en el hombro. Palmadita que casi me lo destroza, menos mal que está acostumbrado
Italia sale haciendo una risita tonta como la que hace Roma. Germania sonríe un poquito porque bieeeen que le guuuuusta.
xoOXOox
Mientras tanto... Austria mira a Italia irse con su padre a sabiendas de que él le va a interrogar y explicar cómo hace con Alemania, asintiendo con la cabeza a la iniciativa sin pensar que va a volver a quedarse "más o menos" solas con Suiza de nuevo.
Suiza se pasa las manos por el pelo y el querría hacerse un lazo porque por alguna razón le estorba un poco. Cuando por fin se han ido, el moreno le mira y carraspea.
—Me... —carraspea el helvético también sin concluir la frase.
—¿Te?
—Ya he vuelto —sonrojadito.
—Hallo.
—E-Estaba en el baño —premio al comentario inteligente de la tarde.
—Veo que eso sí lo recuerdas.
Toma aire sin entender por qué está nervioso y se ha pasado todo el tiempo a solas en el baño pensando en Austria en lugar de en el hecho de ser INMORTAL. Se sonroja aún más.
—Estaba pensando en esto de ser un país...
—Aja...
—Y me sentí un poco agobiado y confundido por estar pensando en eso.
—¿Por qué?
—Ehm... —inventa, venga... —, pues es una gran responsabilidad y algo que no había valorado y...
—¿Y...? —asiente.
—Y no me lo habías dicho, ni que te habías divorciado dos veces ni que nos habíamos dejado de hablar por muchos años —le mira, porque hasta ahora estaba revolviéndose un poquito, nota su peca junto a la boca, la nariz recta y otra vez los ojos, desvía de nuevo la mirada.
—Te he dicho que había tenido dos otras relaciones, solo estoy tratando de ir lentamente al contarte las cosas.
—Y... ¿Quiénes son estas dos personas? —sí... porque eso es lo MÁS RELEVANTE, claro.
—No están aquí.
—¿Y yo que suelo opinar de ellos?
—Mmmm... Me parece que no te gusta ninguno de los dos.
Suiza se sonroja más.
—¿Y qué hay de ser países? Es cierto entonces... ¿Qué somos inmortales y todo eso?
—No estoy seguro de que seamos inmortales, Vater es igual que nosotros y murió. Pero... si tenemos una vidas mucho más largas y tardamos muchísimo en envejecer.
—Y tú y yo nos conocemos desde que éramos pequeños... ¿Cuándo fue eso? —frunce el ceño
—Unos cuantos siglos antes de Cristo.
El rubio parpadea y se humedece los labios.
—Uhh... Eso es... Uff...
—Ja, eso es un montón.
—Más aún que un montón... ¿Qué hacemos con tanto tiempo? Cielos... ¿Y cuánto tiempo llevamos juntos?
—Básicamente lo que nos apetece.
—Tenemos obligaciones, seguramente... Son años y años y años. ¡Esto es un parpadeo!
—Ja —sonríe al notar como es muy consciente en su concepción del tiempo.
—¿Y de todos esos años cuantos no nos hablamos?
—Más o menos unos... setecientos.
—¡¿Setecientos años peleados?!
—Ja —se encoge de hombros.
—¡¿Y yo estaba con... —se sonroja más—. Frankreich todo ese tiempo?!
—Was? Nein!
Suiza parpadea porque eso ha sonado un poco menos calmado.
—No lo sé seguro pero... no fueron más de veinte años cálculo.
—¿Y con quien más estuve yo mientras tanto?
—Mmm... bueno, tenías un perro. Y había cabras, siempre ha habido cabras.
El rubio parpadea.
—¿Was? —le mira por encima de las gafas. Suiza traga saliva.
—¿Cabras? ¡¿Eso es lo único que puedes decirme?!
—Eres... bastante independiente, siempre te ha gustado estar solo. Estoy seguro que ahora, solo con las personas que hay aquí, estás de los nervios aunque nadie te esté haciendo nada.
Suiza se revuelve sin saber cómo demonios lo sabe.
—¿Entonces estuve sólo unos... Seiscientos años? Con un perro y cabras mientras tú hacías de padre y te casabas dos veces.
—Más o menos... ja.
Suiza traga saliva y se guarda las manos en los bolsillos.
—Supongo que entonces me pareció lo mejor que podía hacer...
—Luego, después de la caída del imperio, tú... adoptaste a mi niña pequeña como tu hermanita.
—¡¿Liechtenstein es TU niña pequeña?!
—Ja —asiente.
—¿Es tu niña con quién? ¿Con tu esposa? —se pellizca el puente de la nariz.
—Nein, ella...
—¿Ja? —sí, un poco exasperado. Bien Austria, lo consigues.
—Ella es una región entre tú y yo, de quien yo me hice cargo al principio... y luego te hiciste cargo tú.
—¿Sabes cómo se ve todo esto? Como que yo llevo toda la vida por ahí ridículamente expectante a recoger tus deshechos... Incluyéndote a ti. Y haciendo lo que tú dices, cuando lo dices, como lo dices.
Austria le mira fijamente dejándole hablar.
—¿Y cuánto tiempo entonces es el que llevamos juntos?
—Hubo un cierto periodo de tiempo, luego paso la guerra y... hace relativamente poco para lo que suponen setecientos años.
—Es decir, hemos estado separados mucho más tiempo del que hemos estado juntos y esta es una relación así —pone el índice y el pulgar juntos —, en comparación a todo lo demás que ha pasado en nuestras vidas.
El moreno aparta la mirada un instante y luego asiente con cierto pesar. Suiza suspira apretando los ojos.
—Entonces esto que parecía ser lo más importante de mi vida no es más que algo así —mismo gesto—, comparado con cabras y perros.
—El tiempo no tiene tanto peso, liebe. Solo es una situación.
El rubio traga saliva porque no le había llamado liebe antes... Y se sonrooooja un montonaaaaaal.
—P-Pero son años y años y años y...
—Ja, lo que se reduce en una asombrosa torpeza al momento de resolver nuestras diferencias.
—Y aun así cuido a tu niña... Y estoy contigo y parezco quererte y pareces quererme... —se pasa una mano por el pelo sonrojadito.
El austriaco asiente de nuevo. Suiza sonríe un poco a pesar de todo, y su cerebro le recuerda además un "y me has besado", que hace que se sonroje un poco más y no le aguante la mirada. Austria nota el sonrojo y sonríe un poco
—E-Entonces... ¿Qué más falta que hablemos? —balbucea un poquito.
—Todo. Nada. No lo sé, cualquier cosa que quieras saber.
—Son dos mil años. Casi debería tomar un libro de historia y leerla mejor —protesta pensando que cosas le falta cubrir—. ¿Sabe... La gente de esto que tenemos? ¿Podemos tener relaciones?
Parpadeo parpadeo.
—Hazme el favor, Schweiz, de repasar mentalmente esa frase en tu cabeza hasta que notes porqué necesitas reformularla.
—Mein gott... Ahora que tiene de malo con la frase... Te parece ofensi... —se detiene al caer en la cuenta.
—Ja, puedo tocarte —responde entonces al notar que lo ha entendido. Se sonroja porque se detuvo por haberlo entendido.
—¿P-puedes tocarme? —levanta las cejas.
—Antes lo he hecho un poco.
—L-Lo... Lo... —besobesobesobeso. Ahora Suiza está balbuceando todo el rato.
—Ja... y creo que te ha gustado. Por supuesto puedo hacerlo más veces.
—E-Es decir que e-esta... —parpadea y le mira volviendo a desviarse del camino inicial que quería tomar.
—¿Aja?
—¡¿Puedes hacerlo más veces?! —susurra.
—Por supuesto. En realidad, antes te encantaba que lo hiciera todo el tiempo.
Sí, sí que estás consiguiendo... Eso. Suiza se sonroja aún más a punto de la combustión interna en realidad, pero las ventajas de no tener esa vergüenza absoluta con Austria le llevan a que pregunte...
—¿Que... L-lo hicieras cómo? —susurro casi inaudible.
—¿Cómo que como? ¿De qué maneras se te ocurre?
Le mira... ¿Estaban hablando de lo que supone que estaban hablando?
—N-No lo sé... —susurrito sonrojado—, por eso te estoy preguntando...
—Puedo hacerlo casi de cualquier forma, Schweiz, conozco bastantes instrumentos de los que se usan para ello y como usarlos si es a eso a lo que te refieres.
Abre la boca, y cada vez se ponen más y más imágenes misteriosas en su cabeza.
—Instrumentos...
—Ja ¿Hay alguno que recuerdes te sea placentero?
—¡¿W-Was?! —chilla en un susurro con la boca seca porque además están a la mitad de la casa y no sabe si le está proponiendo algo... No siquiera sabe las opciones—, ¡Sabes que no recuerdo nada!
—Hombre tanto como nada... sabes cómo funcionan ciertas cosas, es elemental. Quizás recuerdes esto también —se encoge de hombros.
—Nein, no recuerdo nada de cuando tú y yo hacíamos... Eso.
—Pues imagínalo, esa parte no tiene que ver con tus recuerdos.
El helvético traga saliva e imagina... Un beso debajo de las cobijas de cama de Austria, con Austria... Tocándole. Quizás un poco el abdomen, o las piernas... Y sonriendo.
Austria se incomoda un poco porque SABE QUÉ se está imaginando... siendo la suya una versión bastante menos cándida.
—Siempre te ha gustado aquí —acaricia la tapa del piano.
Suiza abre los ojos como platos cambiando la idea a otra más... Familiar para el resto de Europa.
—Aunque, por supuesto, no te dejo subir. Ni a ti ni a nadie. Ni poner nada sobre él —asegura serio. Parpadea y... eso ocasiona lo mismo de siempre... La implantación de la idea de hacer algo prohibido.
—¿Cómo dices entonces que me gusta... Ahí? —pregunta con voz grave.
—Pues... ¿crees que no te conozco o que no lo hemos hecho millones de veces?
Suiza abre los ojos como platos. MILLONES de veces. Se sonroja aún más.
—¿En qué estás pensando que estás tan sonrojado? —Austria entrecierra un poco los ojos, ese tono de maestro de escuela. Tan mono... Traga saliva y le mira.
—P-Pues en lo que me estás diciendo.
—¿Y qué de ello es lo que te hace sonrojar?
Suiza parpadea.
—Pues obviamente...
—Aja
—Estas diciéndome de cuando... Pues... ¡¿Tú por qué crees?!
—No lo sé, es por eso que te pregunto.
—Pues me estás diciendo esas cosas que me incomodan.
—No veo donde está la incomodidad.
—No te conozco aún tanto pero aun así, que me digas que me tocas es...
—¿Te incomoda que te cuente que te toco música?
La cara de absoluto asombro es ÉPICA.
—Algo me dice que no estabas pensando en música —mirada por encima de las gafas, sonrisita de lado. Suiza súper sonrojo avergonzado, da un paso atrás.
—¡Sí estaba pensando en música! —chillidito. Sonrisa de satisfacción austriaca porque así es prácticamente él mismo de nuevo
El rubio se lleva las manos a la cara avergonzado y suena el timbre, por que no.
—¡Eres tú el que me ha hecho pensar en otras cosas! —protesta Suiza con la cara tapada—. ¡Tú y ese beso que me diste arriba!
—Pobre víctima —susurra burlón—. También te dije que te molestaría.
—Pues voy a devolverme.
—Eso me gustará verlo.
El helvético frunce el ceño un poquito y se quita las manos de la cara.
—¿Otra vez con ese asunto de ser invencible?
—Yo no dije que fuera invencible, dije que tú no podías vencerme.
—¡Claro que puedo vencerte!
—Repito, me gustará ver como lo intentas.
—Eres delgaducho y débil...
Alemania por su parte le pide a Prusia un segundo y va a abrir la puerta... (A ver ahora quién demonios es, se pregunta el alemán).
—Ah, no. Desde ya te lo digo, me rindo a cualquier enfrentamiento físico. Eres el... "vencedor" —levanta una ceja.
—¡Entonces sí que puedo vencerte!
—Si esa semi-victoria deshonrosa es suficiente para ti.
—¿¡Por qué deshonrosa!? Es una victoria... ¡Tus victorias de confundirme y hacerme pensar cosas son igual de deshonrosas!
—¿Insinúas que eres idiota y superarte en un intercambio intelectual no es justo?
Suiza parpadea.
—¡Nein, pero tú tampoco puedes ser TAN débil!
—Lo soy, yo mismo lo sé y lo admito.
—¡Eso es tremendamente injusto! —se cruza de brazos mirándole fijamente—. No puedes admitir eso.
—Puedo, puesto que lo estoy haciendo —sonrisa vencedora.
El suizo se acuerda de algo que le ha dicho Inglaterra... Que no sabe si va a ayudarle o no, de hecho no sabe cómo funciona, pero parecía ser el perfecto persuasivo.
—Puedo ganarte.
—Insisto en mi curiosidad al respecto.
Suiza traga saliva, levanta la barbilla y se le planta enfrente. El austriaco le mira, levantando una ceja. Suiza toma aire y en un movimiento rápido levanta la mano y tira con bastante delicadeza de Mariazell. Prusia e Italia, que estaban mirándoles, levantan las cejas. (El alemán se sonroja un poco)
El movimiento parece hasta en cámara lenta, de la base a la punta.
Inglaterra en principio ni se entera por pelear con Francia y la reacción de Austria es la evidente, se paraliza, se le abren los ojos como platos, se sonroja de muerte agarrándose al banco del piano hasta que los nudillos se le ponen blancos, se le acelera el corazón y ahoga un gemido intentando cruzar las piernas si Suiza le permite, pues seguro Suiza le estorba, sinceramente, pero con cierto movimiento es probable que lo consiga.
Suiza abre la boca mirándole con la mano en alto aún y la cara que pone... LA CARA QUE PONE.
Hace que se le acelere el corazón a él también. Puede que Austria solo consiga cerrar las piernas juntando las rodillas entonces.
—S-Suelta a... M-Mariazell... —susurra Austria apretando los ojos ahora tratando de quedarse lo más quieto posible, siendo que cualquier tironcito puede ser fatal. Suiza se sonroja con la voz, la manera de hablar y descubre que sí que le gusta Austria otra vez. Quita la mano mirándole a la cara idiotizado.
—Y-Yo...
Austria se humedece los labios aun con los ojos cerrados y Prusia sonríe malignamente.
—¡Tira otra vez, Schweiz!
—Quizás deberían conseguirse un cuarto... ¿Quieren que los dejemos solos? —pregunta Francia como quien no quiere la cosa.
Suiza, que no es idiota, no tira otra vez, poniéndole a Austria una mano en el hombro y se mueve para, lo crean o no, esconderle un poco, moviéndose. Austria bufa un poco y carraspea levantándose, esperando no tener que dar explicaciones y que le dejen irse.
—Lo siento —es lo último que susurra Suiza, sin mirarse, rojo como tomate e incómodo como en ningún otro momento antes.
—¿A dónde vaaaas señoritoooo? —la risa maligna de Prusia acercándose a Suiza.
—No lo empeores, ¿quieres? —protesta Suiza.
—¿Empeorarlo yo? ¡Machote! —le da unas palmaditas a la espalda muerto de risa.
—¿Machote? ¿Was? —le mira con el ceño fruncido, aún sin recuperarse del trauma de lo que acaba de pasar y lo que acaba de hacer.
—¡Pues mira lo que le has hecho al señorito! ¡Y frente a todos!
—¡Yo no hice nada! —se defiende apretando los ojos.
—Claro que síiii, ¡le has hecho cositas aquí frente a todos!
Y así es como Suiza se vuelve tsundere.
—¡Yo no le hice ninguna cosita a Österreich! —chilla justo al momento en que Alemania, Liechtenstein y Helvetia entran a la sala...
Sí, sí... esa escena con Mariazell ya la habíamos escrito, pero es que siempre es tan genial que fue... ¡irresistible! ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
