QUE PASÓ FICTIONEROS, LAMENTO NO HABER ACTUALIZADO EN TANTO TIEMPO PERO TENIA UNA SERIA DEPRECIÓN POR PROBLEMAS PERSONALES.

SE QUE ME QUIEREN MATAR POR ESTO, PERO POR FAVOR, LES PIDO QUE ME DISCULPEN Y SEPAN APRECIAR ESTE CAP.

ESPERO QUE LES GUSTE TANTO COMO A MI ME GUSTÓ VOLVER A ESCRIBIR PARA USTEDES.

ESTE ES EL ULTIMO CAP ANTES DE REVELAR LA VERDADERA HISTORIA DE LA PEQUEÑA KAILYE. TENGANME UN POQUITO DE PACIENCIA Y SE VERÁN RECOMPENSADOS CON EL SABER (O ESO ESCUCHÉ POR AHI)

SIN MAS ESPERO QUE LES GUSTE.

POV REGINA:

Ver a Emma y a mi padre caminando, con esa niña a las espaldas de mi mujer, no me auguraba nada bueno, Emma tenía unas extrañas marcas alargadas en el cuello, algo enrojecido, su cabello despeinado y los ojos algo vidriosos, como si hubiese retenido lágrimas en algún momento de la salida.

A pesar de que tuviese esa sonrisa despreocupada marca "Swan", algo en mi interior me decía que le había sucedido algo peligroso.

-¿segura que me desmayé, Emma?-el rostro de la chica tenía un gesto de confusión infantil en toda la cara, su cabeza estaba inclinada y sus ojos castaños brillaban como un pequeño cuando quiere descubrir un secreto a su alrededor…pero…también era ese brillo…parecido al de los ojos de Emma…cuando usaba su "súper poder" para descubrir las mentiras.

-ya te lo dijimos más de diez veces, si, te desmayaste-no podía entender como alguien tan peligroso como esa chica…podía verse…tan tierna, apacible…tan dulce, haciendo esos pucheros con su labio inferior y frunciendo el ceño.

-¿y por qué estoy en tu espalda si tengo mi silla?

-hace muchas preguntas, señorita Thomson, ¿Por qué no admite que se divierte estando en la espalda de la sheriff?-un pequeño sonrojo se apareció en las mejillas y cuello de la chica, mientras ladeaba la cabeza y levantaba el mentón, en un gesto indignado.

Como era de esperar, la asistente de la niña casi nos mata al ver a su "señorita tan agotada, luego de haber sufrido una casi inminente muerte".

-Tenías razón-la mirada de Emma estaba fija en lo alto de las escaleras, donde minutos antes Azul y la chica habían desaparecido-hay que hacer que se vayan…lo antes posible-luego de ver su cuello y escuchar la historia de lo que le había sucedido, no tenía duda alguna, era un peligro potencial, y no solo para mis padres o mi hermana, sino también para mi esposa y mi hijo.

-déjamelo a mí, sé que hacer-mientras Emma se había ido a la estación a trabajar junto a su padre, yo me dediqué a bajar al sótano, donde tenía un pequeño pero bien equipado laboratorio de pociones y pócimas. Tendría que ser muy meticulosa con la preparación de este hechizo, un mal paso, y podría provocar la muerte de quien lo preparase o quien lo consumiera.

Hacía años que no hacia una maldición de sueño, ni siquiera sabía si aún podía prepararla sin equivocarme, apenas si recordaba los ingredientes, y el libro que lo contenía estaba ya demasiado gastado y roto, siquiera sabía con certeza si la página que necesitaba estuviese ahí todavía. Pero gracias a dios mis dudas se disiparon al comprobar que el libro estaba entero. Dispuse todo lo necesario en la mesa vacía que tenía y encendí los tres mecheros que necesitaba.

Las horas pasaron de prisa, con mi mente ocupada y sin nadie que me estorbase o me distrajera, podía trabajar sin presión o contratiempos innecesarios.

Una vez terminada, tenía que pensar como se la daría a la chica que casi asesina a mi mujer, y que anteriormente intentó lo mismo con mi madre y conmigo…las manzanas ya eran algo muy visto, dárselo en un vaso sería muy sospechoso…mi cerebro intentaba trabajar a toda velocidad, tenía que idear un plan a como diera lugar. Hasta que la chispa de la creatividad se encendió.

POV KATHRYN:

Por más que lo intentara no podía recordar que había sucedido en el lapso entre la salida de la mansión Mills y que me encontrara en la espalda de la sheriff, siendo cargada como una niña.

Lo único que deseaba es que toda esta locura de los desmayos, las recaídas y la farsa que ese niño creía, se acabaran, y yo poder volver a mi vida normal.

Estar en una cama sin nada que hacer, nunca fue una de mis cosas favoritas, además mi cabeza estaba tan cargada de dudas y preocupaciones que sentía que sin no la despejaba, me explotaría en cualquier momento.

Sin nada más que hacer, tomé mi carpeta flexible de partituras y me puse a seguir con mi trabajo, las notas no eran para nada consistentes, los acordes un desastre y si mi mente no se despejaba de esta locura, posiblemente perdería mi carrera bochornosamente al entregar esas partituras miserablemente pobres…hasta que se me ocurrió la idea más brillante y a la vez triste de corta vida, nunca antes había realizado semejante obra maestra, tan emocionante y a la vez melancólica en sí misma.

Los acordes hacían llorar y gemir a las cuerdas de mi fiel amigo de madera que me había acompañado desde la primaria. El arco bailaba sobre las cuerdas, mis dedos raspaban el cuello del instrumento, haciéndome viajar a un mundo, donde no había dolor, no había angustia, mi propio universo de paz. Tan concentrada estaba en mi arte que no me percaté que ya no estaba sola. El suave golpe de la puerta me sacó de mi mente.

-que hermosa melodía-la señora Regina estaba de pie medio recargada en el marco de la puerta sonriendo de esa manera maternal, cargando en sus manos un plato de porcelana blanca que traía algo que parecía un postre por el brillo ámbar que cubría la masa horneada-creí que con tanto trabajo tendría algo de hambre-mi estómago le dio la razón a gruñir ruidosamente.

-no es necesario, no tengo hambre-nunca fui buena mintiendo, mi cara roja como una granada me delataba y más cuando el estómago me volvió a gruñir al ver ese plato.

La mujer, me clavó la mirada, como a una niña a quien había atrapado haciendo una travesura o desobedeciendo.

-muy bien, dice que no tiene hambre-dejó el plato sobre la mesa de luz, y levantó la mano-casi se va al otro lado hoy-levantó el dedo índice-se desmayó en luego de salir con mi mujer-elevó el dedo medio-no desayunó-el dedo cordial subió también-y por lo que sé de su asistente se está saltando comidas, lo que me recuerda, no cenó anoche ni medio plato-por último el dedo meñique-cuatro razones que me dan pleno derecho de creer que me está mintiendo.

Me sentí, por un instante, como si mi madre estuviera frente a mí, regañándome, como cuando papá me daba algún dulce antes de la cena y "arruinaba mi apetito".

Pero la gran diferencia de esa ocasión era que el postre que me comería, me induciría a un mundo de pesadillas uno del cual, por más que quisiera, no podría despertar por voluntad propia.

-por favor, aunque sea pruébelo-la voz suplicante de esa mujer se parecía mucho a Azul, ¿Cómo negarme a complacer a una mujer que me estaba brindando tanta calidez sin siquiera conocerme?

El primer bocado, era realmente exquisito, el caramelo derretido bailaba por mi lengua mientras que mis dientes destrozaban el hojaldre horneado y su relleno de crema, manzana y canela. Pero…al pasar por mi garganta, pude sentir que algo no andaba bien, mi cuerpo se sentía pesado, mis pulmones no dejaban pasar aire, me estaba ahogando, y no sabía con qué. Mis manos se fueron instintivamente a mi cuello, rasguñando la piel, en un intento desesperado por respirar.

Y lo último que creí oír antes de perder el conocimiento fue un "lo siento mucho".

Mi entorno era negro, completamente, estaba rodeada por una espesa bruma tan pesada como la brea misma, no veía nada, tampoco oía o sentía nada, pero mi pecho…se estaba desgarrando por los recuerdos, las pesadillas, quería llorar, gritar, suplicar que terminara, el dolor, la agonía, el odio, la desesperanza, la tristeza, la amargura que no había sentido en años, volvía a mi corazón. Hasta, que, de no sé dónde, unos brazos me acobijaron desde mi espalda, eran cálidos, maternales.

-pronto sabrás el porqué de tu destino-esa voz, hacía tiempo que no la oía, era muy pequeña cuando soñaba con ella, había estado conmigo desde que tenía uso de razón y había desaparecido cuando decidí que ya no necesitaba de su consejo-¿me extrañaste?-sabía quién era, no hacía falta que me volteara.

-Morgana-escuché una risita que me hizo sonreír entre ese torbellino de dolor.

POV REGINA:

Aun me siento como la peor escoria del universo al recordar lo que hice, maldecirla con una poción de sueño infernal, pero, lo había hecho por un bien mayor. Con algo de culpa, la acomodé mejor, en la cama, aunque sabía que no podía sentir nada, la arropé y me fui, (ya se lo qué pensarán "que desalmada para irte así sin más" pero no podía hacer otra cosa más que esperar a que su asistente se diera cuenta y se hiciera cargo).

Guardé la empanada de manzana en la nevera, sabiendo que Emma era más de las garras de ojo y que Henry no era muy aficionado a las manzanas, (por lo de ser hijo de la reina malvada), tendría que tirar ese delicioso dulce cuándo volverá del trabajo, era una lástima, pero no quería que nadie de mi familia se envenenara por error.

La tarde se presentó sin ningún contratiempo, era siempre lo mismo de desde que habíamos traído a todo el Bosque Encantado a ese pueblo creado de la nada, algunas cosas se volvieron monótonas y aburridas, papeleo, quejas de los ciudadanos, propuestas que leer y denegar o aceptar, a veces había algo nuevo, como por ejemplo una pequeña feria o un concurso de karaoke.

Por más que quisiera mi mente no me dejaba tranquila con el pensamiento de esa chica, era cierto que tenía un cierto parecido con Emma, tanto su cabello en bucles, como su pequeña sonrisa torcida, pero…ya me había mostrado lo que en realidad era, no era humano, era un peligro potencial, aunque… ¿si me había equivocado? ¿Y si Henry decía la verdad y yo no quería creerlo? Entonces ¿de quién era la pequeña tumba que tenía la lápida de mi bebé?

Mis cavilaciones no duraron mucho tiempo, tenía algo mucho más importante de que preocuparme, y lo estaba por descubrir.

Mi teléfono no dejaba de sonar, una, dos, tres, cuatro llamadas, no podía trabajar tranquila con tantas interrupciones, asi que de mala gana lo atendí, era Emma, su voz en el otro lado del tubo estaba entrecortada, como si le costara respirar, estaba hipando, clara señal de su llanto.

-Emma, ¿Qué sucede?

-Es…Henry-el nombre de mi hijo hizo que entrara en shock, el teléfono se me cayó de las mano en lo que me teletransportaba a nuestro hogar, para encontrarme, con algo que no quería ver, mi pequeño tendido en el suelo de la cocina, con esa dichosa empanada en su mano, inconsciente, mientras Emma intentaba reanimarlo-¿Qué demonios hiciste?-esas palabras siempre se quedarán grabadas en mi mente, y no solo por el tono desesperado, sino también por la mirada de odio y dolor me lanzó quien las dijo.

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