Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, la trama y algunos personajes me pertenecen.

Summary: Lo que hay en el pasado puede ser difícil de enfrentar, pero cuando alguien te ayuda ¿será posible lograrlo? ¿Eres feliz? me preguntó y asentí sin dudarlo, siempre lo sería junto él¿Y, tú? regreséNo, no lo soy contestó dejándome estupefacta.


Capítulo 6. UNA LUZ EN EL CAMINO

….

—Hola, ¿Bella, verdad? —escuché que me saludaba. Literalmente estaba roja como un farolito por el sólo hecho de verlo y contemplar esos maravillosos ojos color esmeralda.

—Sí —contesté tímidamente mientras él me recorría con la mirada. No era algo incomodo, al contrario, me agradó su mirada, la forma en que analizo mi figura, me sentía bonita después de mucho tiempo.

— ¿Quieres que le diga a Alice, qué estás aquí? —me miró algo confuso, y sin emitir sonido alguno movió su cabeza negativamente, cosa que me extrañó, pero por mí estaba perfecto, eso quería decir que, ¿prefería hablar conmigo?

— ¿Te gustaría dar un paseo conmigo, Bella? —su pregunta me sorprendió pero lo que más me sorprendió fue mi respuesta.

—Claro, Edward, eso estaría bien —le contesté un poco tímida. Pero ¿qué me pasaba? Yo no era así, al contrario, solía tomar la iniciativa, pero con él todo era diferente, nada podía ser igual que con los demás.

Nos dirigimos rumbo al patio trasero, supongo que por ser él el sobrino del director del lugar no habría problema con que deambuláramos por los jardines que eran exclusivos para los internos.

Edward era el sueño de cualquier mujer, eso era lo que rondaba por mi mente mientras atravesábamos los amplios pasillos de la clínica, no decíamos nada pero todo se sentía correcto, aunque muy en el fondo había algo, una grieta, algo que no me permitía sentirme completa; los avances con Alice hasta el momento eran buenos, me presionaba pero muy sutilmente, no me agobiaba con preguntas tontas y repetitivas, creo que trataba de ganarse mi confianza primero, antes que otra cosa.

—Bella, ¿te parece si nos sentamos aquí? —no supe en qué momento llegamos a ese lugar, pareciera que él lo conocía de tiempo atrás, era muy diferente a donde vi por primera vez a Jasper, era una banca que estaba bajo un roble grande y frondoso; el aire que se respiraba era único, olía a mar, y se escuchaban a los pajarillos cantar alegres, dándonos la bienvenida al lugar, el entorno era perfecto y la compañía bueno, simplemente no tenía palabras para describir como me sentía en esos momentos.

— ¿Por qué estás aquí, Bella? —voltee a verlo sorprendida, definitivamente era una plática que no quería tener con él, y que no tendría.

—Creo que los motivos me los quedo, pero tú, Edward, ¿qué haces aquí? —creí que no era la respuesta que esperaba, pero él no tenía derecho a preguntarme eso.

—Desde el día que te vi, no he dejado de pensar en ti —su declaración me sorprendió, mas no quise ser tan obvia en mi emoción, Edward era mayor que yo, y es obvio que él ya había vivido, yo también, pero no por eso dejaba de ser una adolescente con la cual puedes jugar si no se andaba con cuidado. Tenía mis reservas en cuanto a Edward, se veía serio y que era todo un caballero, pero aun así no podría estar segura de sus intenciones.

— ¿Cuántos años tienes, Edward? —frunció un poco el ceño, tal vez esperaba otra respuesta de mi parte, algo como: ¿en serio? Yo tampoco he dejado de pensar en ti. Pero la realidad era otra y yo no podía abrirme así ante un desconocido, porqué aunque sentía algún tipo de atracción sobre él, no dejaba de serlo.

—Tengo veinticinco, ¿y tú? —al menos no estaba tan perdida en la edad, y tal vez cuando le dijera la mía se sentiría un poco atemorizado.

—Diecinueve —me quedé callada, observándolo, memorizando poco a poco sus gestos, sus manías, la forma en que se revolvía su cabello rebelde y doblaba sus dedos; se notaba nervioso, tenso, pero sobre todo impaciente.

—Sé que te parecerá raro todo esto, Bella, pero tus ojos, ese misterio que envuelven, esa tristeza profunda que reflejan, no me han dejado conciliar el sueño, necesitaba verte, saber cómo estabas, sentirte cerca —no despegué la mirada de esos ojos tan atrayentes que no decían más que la verdad, su labios rosas y perfectos me incitaban a besarlos, pero la realidad me cayó como balde de agua fría, yo no estaba bien, y él simplemente trataba de ser amable. Su preocupación rebasó los límites de la cordura y estaba aquí, frente a mí tratando de convencerme de qué sintió algo que no era más que una ilusión, un espejismo.

Sonreí con tristeza, esto no estaba bien, yo aún tenía que lidiar con el fantasma del recuerdo de la muerte de mi hermano, no era un castigo, no, el privarme de estar cerca de él era lo justo, ¿cómo podría ofrecerle algo a alguien si yo no estaba bien?, ¿cómo yo estando jodida podía ofrecer, amor, cariño, agradecimiento, si yo misma no me aceptaba?

Me aventuré y estiré mi mano derecha, recorrí con la punta de mis dedos su cara. Él cerró los ojos maravillado al igual que yo por la sensación de nuestra cercanía, recorrí sus labios rosas, su nariz casi perfecta, su mandíbula relajada -gracias a mi toque-, sus mejillas coloradas, tan lisas como las imaginaba, y por último: sus ojos, esos ojos en los que podría perderme por días y ser feliz.

Cuando retiré mi mano él abrió sus ojos lentamente, tal vez extrañando al igual que yo la sensación de sentir nuestra piel en contacto, no hubo necesidad de decir nada, nos quedamos viéndonos por un largo rato, hasta que decidí romper el silencio.

— ¿Sabes? Me gusta dibujar —recordé el cuadernillo que dejé en casa con todos los dibujos que hice cuando mi hermanito vivía—. Cuando tengo ganas de hacerlo, siento la necesidad de tocar aquello que quiero plasmar en mi cuaderno de dibujo —siempre fue más fácil para mí dibujar de esa manera—. Y el verte, me ha provocado una vez más el dibujar —se me quedó viendo por largo rato, se notaba alegre, el brillo de sus ojos no tenía límite; era un momento cómodo, todo encajaba y estábamos a gusto el uno con el otro.

— ¿Sabes? —repitió él—. Hace mucho leí un libro, no recuerdo el nombre del autor —suspiró y se removió el cabello rebelde, una vez más—, y el nombre del libro tampoco —sonreí sin poder evitarlo—. Está muy claro en mi mente, yo era muy niño en ese entonces —bajó la mirada y empezó a remover sus dedos nerviosamente—. Trataba de un joven que iba a la secundaría y conocía al amor de su vida allí, o al menos eso creía, la idealizaba tanto que jamás creyó que ella fuera mala, o que su vida fuera tan retorcida como lo era, para él sólo existía ella, su princesa conforme Edward me contaba esa historia, yo no hacía más que observarlo y maravillarme de su relato, de la devoción con la que recordaba esa parte de su niñez.

—Para Carlos, el joven del libro, su princesa era la única mujer para él, era buena, dulce, cariñosa, sexy y muy bella. Pero a la vez con un trato cruel hacía él. Siempre la amó a pesar de lo mala que era con él. Cuando ella empieza a andar con otro, Carlos queda destrozado y empieza a sentir algo similar al odio, él le entrego todo y no recibió nada a cambio.

—Cuando se despide de ella, le exige le regrese su diario. Se porta muy mal con ella y queda destrozado después de eso. Su princesa no era más que un espejismo, al final descubrió a la verdadera princesa, que no era ni dulce ni tierna. Ni nada de lo que el soñó que era.

—Entonces, conoció por primera vez lo que era la desilusión y aunque nunca olvidaría a su princesa, le quedaba la experiencia de haber experimentado el primer amor.

Guardó silencio y sentí algo similar al calor en mi pecho, no sé por qué Edward me contaba todo esto pero me había gustado, como si él hubiera experimentado algo similar, como si su vida no fuera tan feliz y plena como aparentaba ser.

—Lo que más me gustó del libro fue un poema de José Ángel Buesa, y me gustaría que lo escucharas, se llama "La Despedida":

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

Cuando terminó de recitarlo con ese deje de pasión, un nudo se formó en mi garganta, no era exactamente algo que yo quisiera escuchar en esos momentos. La opresión en mi pecho aumentó y unas lágrimas traicioneras abandonaron mis ojos. No, otra vez no, ¿acaso no podría dejar de llorar nunca? ¿Hasta cuando se terminarían las lágrimas? Cerré mis ojos, para sentir por primera vez algo similar al amor, no aquel amor que le profesaba a mi hermano, éste era distinto, era algo que me llenaba, que me hacía sentir plena y en paz conmigo misma.

Después de ese momento tan intimo y especial que compartimos, guardamos silencio, me invitó a sentarme junto a él al pie del árbol que nos cubría un poco de los rayos del sol, me coloqué en medio de sus piernas y recargué mi espalda en su pecho mientras me rodeaba con sus brazos acercándome a él, en ese momento no me importó si era lo correcto o no, lo único que me importaba en esos momentos era que estaba en los brazos del hombre que había esperado encontrar toda mi vida.

Lo sabía, era absurdo. Apenas era la segunda vez que nos veíamos y prácticamente el estaba ilusionado conmigo y yo con él, no nos conocíamos en realidad y ya estábamos profesándonos un amor para toda la vida.

Estaba consciente de que la vida no era así de perfecta y que yo no conocía a Edward, pero los sentimientos en mi interior eran algo que no podía controlar. Sentía haber encontrado a la persona en la que por fin podría confiar, aún sin conocerlo, un extraño sentimiento me hacía no querer alejarme de él.


¡Hola!

Espero les haya gustado el capitulo, ya no fue tan triste como los anteriores, así que bueno ya entro en escena el lindo de Edward…. Se respira un poco de amor en el aire… ¿No les parece?

E. Cullen Vigo, lo prometido es deuda y aquí está el nuevo cap. Jaja espero te haya gustado.

Cath gracias por la beteada y por los consejos tqm esto no sería lo mismo sin ti... Alice, por fin entro Edward lo que tanto esperabas wep… fuiste de gran ayuda en este capitulo gracias! Criss grax por el apoyo tqm.. Gracias por el aporte Meme…

Bueno niñas grax por leerme y por sus lindos riviews, alertas y favoritos…

Besos…

Chapis..