Aclaración: esta es una adaptación de Lori Foster, con los personajes H.P de nuestra amada J. K.R, espero que lo disfruten…

CAPITULO VII

-EL ENCANTO DE LOS SLYTHERIN-

Sus tacones resonaron en el vestíbulo de mármol conforme se dirigía al despacho del Slytherin. De todas las boticas, aquella era su favorita, seguramente porque estaba en su ciudad y porque era donde más tiempo pasaba Draco. Allí estaba el despacho desde el cual él dirigía su negocio.

Había estado allí numerosas veces, para discutir asuntos profesionales, para conocer a nuevos socios, pero nunca como la amante de Draco Malfoy. Por eso se había arreglado mejor que nunca, con su conjunto más profesional. No quería dar pie a un escándalo a causa de su aspecto. Iba a resultarle difícil tratar con el rubio como si entre ellos no hubiera nada, olvidarse de que esa misma mañana había estado desnuda con él en la cama y que él le había hecho todas esas travesuras tan excitantes.

A las que había correspondido, más que encantada.

Según dobló la esquina del pasillo, se encontró con rostros conocidos y saludó brevemente pero con educación, siguiendo su norma. Malfoy tenía razón cuando decía que ella evitaba incluso las relaciones más sencillas, las relaciones sociales no le resultaban fáciles. Tenía que esforzarse mucho más en esa esfera que en la de los negocios.

Comprender la etiqueta social era mucho más difícil que lograr un acuerdo de negocios.

No había vuelto allí desde la noche de la fiesta. Entonces no había prestado mucha atención a la remodelación, pero ahora sí lo hizo. Las alfombras eran esponjosas, los colores tranquilizadores y elegantes… muy Slytherin sin duda. No era sombrío o anticuado, todo lo contrario era iluminado y muy moderno, nada que ver con la botica que conoció en su primer año de colegio. Sintió una ola de admiración.

Ella misma hubiera elegido algo similar, era algo más en lo que se parecían ambos.

Hermione abrió la puerta de cristal y se acercó al escritorio de Vesta. La secretaria estaba atendiendo una llamada telefónica, así que esperó a que terminara.

«Compórtate de forma profesional», se dijo. No quería arriesgarse a descubrirse ella misma. Estaba muy nerviosa, como si temiera que Vesta fuera a percibir algo distinto en ella, como si pudiera ver algún signo de su intimidad con Draco. Por supuesto que la mujer no se daría cuenta, pero la situación le resultaba más complicada de lo que había imaginado y no pudo evitar removerse inquieta en su asiento mientras esperaba.

Por fin Vesta colgó el teléfono.

—Señorita Granger, qué agradable verla de nuevo.

—Hola, Vesta. Tengo que hablar con el señor Malfoy. ¿Está ocupado?

—Ha pedido que le avisara en cuanto usted llegara. Déjeme que hable con él.

«Maldito hombre», pensó la gryffindor. Malfoy tenía una regla de oro: todo el mundo necesitaba concertar cita previamente para verlo en su despacho, excepto sus amigos más íntimos. Al haberle dicho eso a Vesta, como si no le importara que Hermione interrumpiera su día, era como si hubiera anunciado que tenían una aventura.

Entonces recordó que a menudo se pasaba para discutir algo del negocio y decidió que no importaba. Nunca había seguido las reglas de Draco, sobre todo cuando ella quería algo.

Claro que normalmente lo que quería era un contrato más a su favor, no al propio Malfoy.

La puerta del despacho se abrió y salió él seguido de su amigo Zabini.

Casi había olvidado que Blaise Zabini trabajaba con el. Dos hombres más salieron del despacho y le sonrieron. Hermione sintió que estaba llamando terriblemente la atención. Cada uno de esos hombres dirigía alguno de los negocios de las empresas Malfoy en Gran Bretaña, los recordaba de la fiesta en la noche que Malfoy le había propuesto tener su bebé.

Entonces encontró que le resultaba casi imposible adoptar una actitud profesional, sobre todo porque el rubio estaba mirándola de una forma muy íntima y reveladora.

Seguro que los otros hombres se darían cuenta y su secreto sería desvelado.

Estaba preguntándose cómo reaccionar, cuando Blaise se acercó y la tomó de la mano.

—Hermione, me alegro de verte de nuevo. He oído que has pasado el fin de semana ayudando a Draco a hacer de niñera. Astoria estaba encantada. Juzga el carácter de la gente por cómo tratan a los niños, ¿sabes? Dice que eres toda una madre en potencia.

Palideció. ¿Por qué todo el mundo decía lo mismo? Cuando estaba con un niño se sentía perdida y lo sabía.

Y entonces cayó en la cuenta: Blaise acababa de anunciar a la oficina entera que ella había pasado el fin de semana con Malfoy. Casi gimió de angustia y no tuvo fuerzas para apartar la vista de Zabini y observar las reacciones de los otros hombres. Además, le parecía que el maldito Slytherin lo había hecho a propósito. El silencio cayó sobre ellos y forzó una leve sonrisa.

—Ha sido un placer —dijo irritada, porque la voz le tembló.

Blaise se echó a reír.

— ¿Lo ves? ¿Quién consideraría que cuidar de tres niños todo un día y una noche es un placer? Aparte de Dragoncito, claro está. Él está hecho para tener una docena de hijos al menos.

Draco rió.

— ¿Una docena? No, gracias. Tres ya son un montón.

Hermione no podía creer que el maldito huron alvino estuviera tan tranquilo bromeando y riéndose y permitiendo que la conversación llegara hasta ese punto. ¿Acaso quería que todo el mundo se enterara de lo que había entre ellos? ¿Qué había sucedido con su deseo de evitar un escándalo?

Zabini seguía con su mano entre las suyas.

—Le he repetido a Draco que ahora me toca a mí. Con nuestras dos pequeñas él se pasa el tiempo jugando a las casitas y tomando el té —dijo de lo mas risueño—. Supongo que ambos estarán libres el próximo fin de semana, ¿verdad? A las niñas les encantaría estar con ustedes, a Astoria y a mí nos vendría bien un poco de tiempo a solas.

Draco negó con la cabeza sin dejar de sonreír.

—Danos un mes para recuperarnos y luego nos lo pensaremos.

¿Un mes? Dentro de un mes ya no lo vería, pensó la castaña. Dos semanas era el tiempo que habían acordado y punto. De hecho, ya quedaban menos de dos semanas, habían consumido parte de su tiempo juntos.

Esa idea la dejó paralizada unos instantes y se entristeció al recordar que aquello no duraría, que era una historia temporal. Cuando por fin reunió el valor para levantar la vista del suelo, vio que Draco estaba despidiéndose de los hombres.

Luego ella miró a Vesta, que estaba concentrada con su ordenador.

Entonces sintió la mano de su rubio tormento en su brazo.

—Entra, hablaremos en mi despacho —dijo él en el tono más suave que nunca le había escuchado.

Al contrario que la oficina, el despacho tenía paredes normales, no de cristal, y la intimidad garantizada, así que entró al momento, deseosa de poder recomponerse.

La condujo a un sillón de cuero y luego se arrodilló delante de ella.

— ¿Estás bien? Quiso responder que sí, pero lo cierto era que no estaba bien.

Se sentía fatal.

—Todo esto es muy incómodo.

— ¿El qué?

— ¡Los chismes que seguramente habrá por todo el negocio a estas alturas! —exclamó ella—. Ya lo sabrá todo el mundo.

—Estás sacando las cosas de quicio, cariño. ¿Y qué si la gente cree que salimos juntos de vez en cuando? No es un gran problema.

— ¿Que no es un gran problema? Querías mantener nuestra relación en privado, ¿ya no lo recuerdas?

—Nuestra relación sigue siendo privada. Nadie sabrá que estamos intentando concebir un bebé. Además, eres una mujer atractiva y trabajamos juntos, es normal que la gente suponga que hemos salido a cenar alguna vez.

Se mordió el labio inferior, pero no protestó porque él tenía razón.

—Supongo que estás en lo cierto.

—Sé que sí. Y como mis amigos ya saben que estamos juntos, podrías venir a la fiesta de Pansy.

Lo cierto era que ella no sabía si sobreviviría a otro encuentro con los amigos del blondo.

—No creó que… — Draco se acercó y la besó dulcemente en los labios.

—Sé que no te resulta fácil, pero yo estaré a tu lado. Y después de un rato ya no te importará estar con una gran familia. Quizá incluso te diviertas. Además, los niños están deseando verte de nuevo. Y sé que lo pasaste muy bien con ellos.

—Eso es cierto —susurró.

Se sentía tentada a aceptar, pero le asustaba un poco. Estaba perdiendo el control de la situación y eso no le sucedía desde que era una niña.

—No quiero que todo el mundo crea que tenemos una relación estable.

—Pensarán lo que quieran tanto si acudes como si no. Al menos si vienes conmigo, algo de su curiosidad se disipará.

— ¿De verdad lo crees?

—Claro. Hasta ahora han creído que yo quería mantenerte en secreto. De esta forma, creerán que salimos juntos de vez en cuando.

Tuvo que reconocer que deseaba acudir a la reunión.

—Supongo que tienes razón. Y cuando terminen las dos semanas y dejemos de vernos, todo el mundo creerá que hemos roto.

Malfoy se puso en pie bruscamente y llegó a grandes zancadas hasta su mesa. Se quedó allí, ocultando su rostro de la gryffindor, con una mano sobre la mesa y la otra guardada en el bolsillo de su pantalón. Hermione deseó poder descifrar su estado de ánimo.

— ¿Cómo decidiste ese límite de dos semanas? —le preguntó él sin mirarla.

Ella sabía que estaba en terreno pantanoso, así que se tomó un segundo antes de responder.

—Me pareció un período de tiempo razonable. Si voy a quedarme embarazada, sucederá en ese tiempo.

— ¿Así que pensaste que dejaríamos de vernos sin más y, cuando descubrieras que estabas embarazada, me llamarías para darme la noticia?

Así dicho sonaba muy frío. Y además tenia la certeza de que no iba a quedarse embarazada.

—Creo que mi plan es mejor —le aseguró él.

— ¿Y cuál es? —preguntó con una mezcla de emoción y temor.

—Sigamos intentando que te quedes embarazada hasta que tengamos buenas noticias. Si para ello necesitamos tres semanas, o un par de meses ¿qué problema hay? Y de esa forma yo podré estar presente en cada segundo del embarazo. Accediste a eso, recuérdalo.

En ese momento, deseó con todo su corazón no ser estéril. Pasar más tiempo junto a Draco, permitir que ocupara una parte importante de su vida, era casi rozar la perfección. Pero como ella sabía que eso nunca sucedería, intentó dar con una respuesta que él pudiera aceptar.

Pero no se le ocurría nada, así que contempló la ancha espalda de él, que en aquel momento estaba rígida, hasta que él habló de nuevo.

— ¿Hermione?

—No hay ninguna garantía de que vaya a suceder en cuatro semanas o un par de meses, no funciona de esa manera las cosas Draco. Tenemos que poner algún límite, es lo más lógico.

El se giró hacia ella con expresión decidida.

—Entonces dame un mes—dijo con su tono de «soy el jefe y me vas a obedecer».

La castaña rió porque ese tono nunca la había intimidado.

— ¿Crees que puedes mantener la potencia necesaria durante tanto tiempo? — bromeó ella.

Él sonrió, como si al oírla reír, él también se hubiera relajado un poco. Luego entrecerró los ojos.

—Ven aquí, cariño. Quiero enseñarte algo.

En su mirada había cierto desafío y la curiosidad la movió, se acercó rápidamente al escritorio. Sobre él estaban dispuestas multitud de fotografías de un elegante centro de investigación, o eso parecía por que había otras cosas que no encajaban, con aquella suposición.

— ¿Es una nueva adquisición?

—Sí. ¿Qué te parece? Esta estudió atentamente las fotos. Se veían bibliotecas, salones de estudio, laboratorios de todo tipo, en otra fotografia logro ver habitaciones. También había un salón de fiesta en tono burdeos, verde oscuro y dorado. Otra foto recogía una piscina al aire libre, rodeada de árboles y con una cascada a un lado. En otras había enormes arañas de cristal colgadas del techo. Todo era exclusivo y lujoso.

—Es precioso.

—El edificio es antiguo y hemos mantenido su carácter histórico, que será una cualidad en sí misma. El interior ha sido renovado casi por completo. Vamos a enfocar el complejo de investigación, no solo a la investigación en si, sino a la formación de grupos selectos de estudiantes. Ahí es donde puedes mudarte, si tú quieres, cuando el bebé haya nacido. Me gustaría que lo dirigieras.

Ella abrió mucho los ojos y dio un paso atrás. Se le hizo un nudo en el estómago de temor.

—Comprendo. Le dijo de forma seca

Draco apretó la mandíbula y se pasó los dedos por el pelo.

—De hecho, ahí tienes tu laboratorio el que estábamos negociando, tanto si te quedas embarazada como si no. Es un hecho.

Tardó un segundo en reaccionar y entonces negó con la cabeza.

—No. Nuestro acuerdo…

— ¡Al diablo con nuestro acuerdo! —Exclamó él, y respiró hondo mientras sacudía la cabeza—. Discúlpame. Me siento pésimo respecto a todo esto. Había pensado ofrecerte todo esto antes de pensar en plantearte lo del bebé, pero me lo guardé porque creí que sería un incentivo para que aceptaras mi propuesta. Pero ahora… bueno, te mereces dirigirlo independientemente de nuestro trato, no se me ocurre nadie que lo merezca mas que tu. Eres una buena elección para el nuevo complejo de investigación. A nuestros investigadores, les encanta la idea, ellos te propusieron. Así que sé que lo harás bien.

Hermione no podía pensar con claridad. Estaba siendo un día horrible. — No lo sé, es un traslado tan drástico…

—Es un cambio a mejor, una tremenda expansión para cualquier investigación. El potencial de este lugar es increíble —dijo él—. Claro, que te tendrá muy ocupada.

Tener que dirigir el lugar y ocuparte de tus investigaciones, te quitará tiempo, tendrás que vivir dedicada a tu trabajo. Pero eso no debería de ser un problema para ti, es lo que siempre quisiste.

Ella lo miró a los ojos por la forma en que dijo aquello. Él la taladró con la mirada, ardiente e intensa, mientras esperaba. Pero ella no sabía qué era lo que él esperaba.

—Eso es lo que quieres, ¿no? —insistió él.

—Yo… Sí, quiero crecer.

A pesar de todo, estaba emocionada. El nuevo complejo de investigación era justamente el tipo de lugar en que le gustaría habitar ocasionalmente.

Pero sabía por qué Draco se lo estaba ofreciendo. El quería que ella estuviera tan ocupada que no pudiera interferir en la vida de él y del bebé. Y eso le dolió. Elevó la barbilla y lo miró a los ojos.

—Es una oportunidad fantástica, Draco, pero está tan lejos…

—Hablamos de North Yorkshire en concreto, esta dentro de los límites de la aparición, si no la red flu siempre facilita las cosas —señaló él, cruzándose de brazos y estudiándola atentamente.

— North Yorkshire… —murmuró, apartándose de él y recorriendo el despacho para ganar algo de tiempo.

La situación era muy buena porque ella necesitaría alejarse del Slytherin. Estaba segura de que, cuando se cumplieran las dos semanas. Y ella se las arreglaría para que ese límite no se prolongara, le costaría mucho verlo día a día y hacer como si nada hubiera sucedido entre ellos. Le vendría bien el trabajo extra para no pensar en él, pero marcharse a North Yorkshire…

—La verdad es que no me lo he planteado con calma. Tenía otras cosas en qué pensar —dijo y esbozó una sonrisa nerviosa que él le devolvió.

—Tómate tu tiempo para pensártelo.

—Sí, gracias —dijo y su alivio fue más que evidente.

El se acarició la barbilla pensativo mientras la observa unos instantes y luego fue hasta la puerta de su despacho y echó el cerrojo.

Cuando el Slytherin se giró, la castaña vio la pasión en sus ojos y dio un paso atrás hasta que se topó con el escritorio.

Se detuvo delante de ella y la miró, expectante. Entonces la agarró suavemente de los hombros y la hizo girarse hasta que la puso de frente al escritorio, le quitó el bolso del hombro y lo dejó en la mesa.

—Apoya las manos en la mesa —le dijo él.

Obedeció sin protestar. El pulso empezó a acelerársele.

— ¿Draco?

—Te había dicho que quería enseñarte dos cosas, cariño, ¿recuerdas?

—Lo recuerdo.

Debería haberse sentido avergonzada de que le temblara la voz, pero estaba demasiado preocupada porque él estaba levantándole la falda, como para pensar en nada más.

— Dracooo… no creo que…

—Shh. Existe una costumbre llamada «el de mediodía». Creo que te gustará. Él deslizó sus dedos por los muslos de ella hasta llegar a sus bragas.

—Pero ¿y si Vesta llama a la puerta? —insistió.

—Vesta se ha marchado a comer —respondió él con voz ronca, acariciándole los glúteos—. No tengo ninguna reunión y en este momento me siento particularmente potente.

—Ya veo…

El le rodeó la cintura con un brazo y le acarició el vientre, luego deslizó su mano dentro de sus bragas y ella entreabrió las piernas automáticamente.

—No podemos desperdiciar tu potencia, ¿verdad?

Él soltó una risita y la besó en la nuca apasionadamente. Esta oyó que se bajaba la cremallera del pantalón y decidió que iba a gustarle aquella costumbre.


El día del baby shower llegó enseguida, pero ya no estaba asustada de reunirse con los amigos de Draco. En las últimas dos semanas había ido conociéndolos bien.

Todos la habían visitado en sus laboratorios.

La primera había sido Astoria, que se había acercado con la supuesta intención de conocer más sus proyectos e investigaciones, en especial el de ciertas flores azules. Ciertamente se terminando llevando un par, sin importar cuanto la castaña trato de impedírselo. Pero la mayoría del tiempo lo dedicó a charla con Hermione, a conocerla mejor y a compartir detalles de su vida.

Esa misma semana, Astoria regresó con Daphne y les contó entre risas la reacción de Blaise al estar bajo el efecto de las feromonas de las flores que se había llevado de allí, más el incentivo de una sexy lencería.

—Supongo que he dejado que las cosas se estancaran un poco, porque cuando él me vio con ese body de satén, casi se cayó de la cama.

Daphne se unió a las risas y no puedo evitar llevar las flores, con la intención de imitar a su hermana, luego las llevo directo a una tienda de lencería para completar su plan.

A Hermione le dio algo de pudor que le contaran escenas tan íntimas de sus matrimonios. De hecho, se ruborizó casi todo el tiempo que Astoria y Daphne estuvieron en la tienda, probándose numerosos artículos e incluyéndola a ella en su «conversación de chicas», como lo llamaron ellas.

No le hicieron preguntas indiscretas, pero sí que hablaron de Draco. Todo lo que ella hubiera podido querer saber, ellas se lo contaron y parecieron disfrutar mucho con ello.

—Draco ha hecho de patriarca desde que nos quedamos sin familia y sin Severus —dijo Astoria, poniéndose sería—. Ha escogido un papel difícil y yo creo que se merece un poco de diversión.

La gryffindor se preguntó si consideraban que ella era parte de esa diversión; todo indicaba que sí.

—Draco fue el que quedó más destrozado con la muerte Severus. Sabes el era como un padre para todos nosotros —añadió Daphne—. El nos quería, era muy justo con todos nosotros, pero siempre tuvo una unión especial con Draco, más allá del vínculo padrino - ahijado. Ninguno de nosotros nunca mostró un interés real por las pociones, no al menos como Dragon, así que Severus y él pasaban más tiempo juntos que el resto.

—Cuando el murió —continuó Astoria —, Theo estuvo muy preocupado por Draco. Pero como Draco es como es, ocultó su dolor y se dedicó a fondo a sacar adelante el último año en Hogwarts. Cuando lo terminamos se dedico de lleno a las empresas Malfoy. Luego de que sus padres también fallecieran, presto todo su atención a un negocio en particular, la botica. Fue cuando se propuso a revitalizarlo. Creo que lo hizo tanto para mantenerse ocupado como para honrar la memoria de su padrino y que no nos preocupáramos por el. Fue su manera de seguir adelante.

—Y dejó de salir con mujeres casi por completo. Antes de eso, él parecía decidido a encontrar una esposa. Quería casarse, como el resto de nosotros, y les dio la oportunidad a diferentes mujeres a lo largo del tiempo, aunque siempre elegía mal. Draco es un hombre arrogante pero bueno y siempre le gusta estar al mando. La mujer que lo satisfaga ha de ser fuerte.

Astoria rió y le dio un suave apretón a Daphne en el hombro.

—Él solía decir que buscaba a la mujer perfecta.

—Y nosotras le decíamos que ya estábamos ocupadas —contestó Astoria con una sonrisa.

Las tres mujeres se echaron a reír y Hermione comenzó a sentirse unida a ellas.

—Desgraciadamente yo no soy nada perfecta —dijo sin pensar.

Daphne negó con la cabeza.

—La idea de la perfección sólo existe en la mente de la persona que mira, en función de lo que esa persona busca. Además, el amor encuentra la perfección en los lugares más inesperados.

—Además, Dragoncito y tú estás pasándolo bien y los niños te adoran. De momento eso es más que suficiente, ¿no crees?

La castaña prefirió evitar la pregunta.

—Me alegra mucho gustarles a los niños.

—Están encantados contigo —insistió Astoria—. Y, por lo mucho que quieren a su tío Draco, eso es una condición importante para cualquier relación que él tenga.

Hermione no les había dicho que su relación con Malfoy tenía un objetivo y un tiempo límite. El había dicho que vivieran el presente y ella estaba haciendo eso, disfrutando al máximo y atesorando recuerdos para no volver a estar sola nunca.

Pero las dos semanas estaban a punto de terminar y no le parecía justo continuar con el engaño.

Unos pocos días después, se presentaron Blaise y Theo al laboratorio y observaban todo con un evidente interés. Theo estaba emocionado, pero Blaise parecía abrumado. Hermione se contuvo de sonreír.

—Aquí está la mujer que ha conseguido convertir las noches de la semana en una luna de miel —saludó Theo, acercándose a ella con una sonrisa.

La castaña sintió que se ruborizaba y miró a Blaise, que observaba ensimismado unas túnicas de trabajo.

—Hola, Theo —saludó la gryffindor.

El se acercó a ella y la besó sonoramente en la mejilla.

—Me encanta esta lugar, Mione, de verdad que sí.

El había adoptado el diminutivo que Alexya usaba con ella, igual que el resto de los niños. Se sintió abrumada ante tanta efusividad e intentó recomponerse.

—Me alegro de que te guste. ¿No tienes mucho trabajo hoy?

—No. Blaise y yo estamos comprando los regalos para nuestro próximo sobrino y algún que otro detalle para nuestras hermosas esposas. Y como nuestras mujeres han pasado tantas veces por aquí, hemos supuesto que sabrías qué cosas les gusta más, nada como una opinión femenina.

—Lo cierto es que sí.

Había varias prendas que les habían gustado de cierta lencería pero habían dudado por ser un tanto osadas. Hermione se preguntó cuánto estarían dispuestos a gastarse ellos, así que los guío hasta la tienda. Ambos hombres se sorprendieron al llegar, pero no se echaron atrás, entraron más que complacidos.

—Sea lo que sea que quiera mi chica, se lo compraré —dijo Blaise, disipando las dudas de la leona. Theo rió.

—Pobre Blaise. Astoria te tiene bien atado, ¿eh?

—No me has oído quejarme, ¿a que no?

Nott frunció el ceño en plan de broma. —No sé si me gusta oír esas cosas de mi casi hermana pequeña.

—Tu "hermana" ya no es una niña y te aseguro que tú, Dragon y yo somos unos adolescentes inocentes en comparación. Theo miró a Hermione.

—Blaise, como sigas así vas a hacer que Mione salga corriendo despavorida.

No sabía a qué se referían, pero empezaba a acostumbrarse a las burlas entre ellos dos.

—En absoluto —dijo, encogiéndose de hombros.

— ¿Lo ves? —dijo Nottt—. Cualquiera que conozca a Malfoy sabe que es un hombre muy dedicado. Y es de sentido común que será "dedicado" en todas las facetas de su vida.

De pronto comprendió de qué estaban hablando y tuvo que esforzarse por no esbozar una sonrisa. Sí, Draco era un hombre de lo más «dedicado», excelente en todo lo que hacía, incluido el acto sexual.

—Así que es un rasgo Slytherin, ¿no? —preguntó ella con cierto descaro.

Theo rió.

—Ya lo creo. Y tú con tu bonito gusto en la lencería, encajas en el cuadro perfectamente. No creas que no se, quien eligió, esa prenda tan descaradamente sensual con la que me sorprendió mi rubia tentación. Al igual que se la procedencia de tan encantadoras flores. — Theo sonrío ladinamente — Y por ello tienes mi lealtad eterna, pero respondiendo a tu pregunta. Si, como todos los Slytherin, Draco persigue concienzudamente lo que desea conseguir y no se rinde hasta que lo obtiene. Y ahora dime, ¿qué quiere Daphne? Me muero de ganas de saberlo.

Blaise resopló.

— ¿Estás seguro de que esto no debería ser tu regalo de "Navidad"?

Los dos hombres se miraron unos momentos en silencio y luego se estrecharon las manos.

—Yo escogeré lo que quiero, tú harás lo mismo con lo que te gusta y nos lo regalaremos el uno al otro. Así este año no me regalarás una corbata que no va con nada de mi vestuario.

Los dos siguieron bromeando mientras escogían sus artículos.

—Voy a ser el hombre más feliz del mundo —dijo Theo con un corsé de estilo Victoriano en sus manos.

Blaise le tendió lo que le iba a regalar, un body blanco y ajustado de encaje con liguero.

—Yo también.

Estaban tan emocionados, que Hermione se echó a reír con ellos sintiéndose muy cómoda. Al final de su visita al lugar, habían comprado varias cosas para sus mujeres, algunas para ellos y le pidieron a la castaña que aconsejara a sus mujeres prendas más arriesgadas la próxima vez que le consultaran.

Ella prometió que lo haría.

Eran una familia de amigos tan abierta y cariñosa, los hombres amaban tanto a sus esposas… Eran un grupo muy unido y estaban incluyéndola a ella también. A pesar de sus intentos de mantenerse distante, la gryffindor se sorprendió sintiéndose parte de ellos. De hecho, estaba deseando volver a verlos a todos en el baby shower, a pesar que las dos semanas de plazo que se había autoimpuesto, ya habían concluido y estaban llegando al mes que Draco le había pedido. No quería faltar, sería la primera vez que iría a una fiesta familiar desde que conociera la muerte de sus padres y eso le producía una mezcla de melancolía y excitación.

El rubio pasó a recogerla a las tres. Ella se había puesto más elegante de lo habitual y cuando la vio, silbó maravillado.

—Cariño, vas a ser el mejor postre de la noche.

Al ver cómo la miraba, supo que había merecido la pena gastarse tanto dinero en el vestido de terciopelo negro que moldeaba su cuerpo a la perfección. Se había puesto zapatos de tacón y tenía la misma altura que Draco.

Él la agarró de la mano y la besó en el cuello. Luego acercó su otra mano a uno de sus senos. Ella ahogó un grito.

— ¿Te he hecho daño? —preguntó él, preocupado.

Negó con la cabeza. Esa noche estaba especialmente sensible, sentía como si los senos fueran a estallarle.

—Tus pezones han reaccionado sin que apenas te toque —gimió el Slytherin— Lo que daría por poder estar una hora contigo ahora.

A regañadientes, la soltó para que fuera a por su abrigo.

—Si no nos esperaran…—añadió.

—Pero nos esperan —le interrumpió con una sonrisa.

Estaba tan encendida como él. Aunque tuvieran todo el tiempo del mundo, en lugar de unos días más, nunca se cansaría de desearlo. Sacudió la cabeza, no quería pensar en el límite autoimpuesto de tiempo, ya excedido. No quería que nada estropeara ese día.

Por la mañana había empezado a llover suavemente y en aquel momento todo estaba cubierto por un manto de diminutos cristales de agua.

Una vez junto al coche, él se inclinó sobre ella y le dio un beso que hubiera derretido toda la nieve del polo norte. Luego se separó, la contempló unos instantes y la besó de nuevo. Hermione se olvidó de todo. Entonces oyeron unos aplausos y se separaron. En la puerta del edificio estaban los vecinos de ella con amplias sonrisas en sus rostros.

La castaña se echó a reír y ellos la saludaron con la mano.

—Pequeña Caperucita, ellos vigilan que te vas con el príncipe.

—Así que te consideras un príncipe, ¿eh?

El abrió la puerta del copiloto y esperó a que subiera al coche antes de hacerlo él.

—Me refería a que son muy protectores contigo —aclaró después de poner el coche en marcha.

—Cierto, y es extraño teniendo en cuenta lo retraída que soy. Soy amigable con ellos y nunca los evito, pero tampoco he recurrido a ellos para nada.

—No te hace falta. Tienes algo que hace que la gente confíe en ti. Y hoy en día la confianza lo es todo.

Ella desvió la mirada.

—A veces puede ser estúpido confiar en alguien —señaló.

—Yo confío en ti.

¿Por qué tenía que hacerle eso en aquel momento?, pensó ella.

—Draco, no sigas. No quiero hablar de asuntos importantes ni trascendentales esta noche. Sólo quiero divertirme.

El la miró y tomó su mano. — ¿Y te diviertes con mis amigos?

—Mucho. Están locos y son tan alegres y abiertos, que es imposible no divertirse a su lado.

Percibió que él quería decir algo, pero se contuvo.

—De acuerdo. Pero mañana tenemos que hablar —dijo él.

Asintió porque no vio otra posibilidad. Tenían que hablar. El tiempo se acababa y Draco merecía quedar libre

El resto del camino lo hicieron en silencio, agarrados de la mano y viendo caer la suave llovizna, que poco a poco se fue convirtiendo en nieve, llegando a la casa de la amiga de el. El rubio le había explicado que Pansy amaba la nieve y que con un hechizo, cambiaba la lluvia por nieve, no solía hacerlo seguido pero era un capricho para su fiesta. Algo que los niños iban a disfrutar mucho en su opinión.

Cuando llegaron a casa de Pansy, el Slytherin la condujo a la puerta abrazándola por los hombros. La casa estaba decorada con miles de luces y hadas que revoloteaban por los arbustos, si no supiera que estaban en verano, pensaría que era navidad.

Draco la besó.

—Sonríe, cariño. Hoy es un día para disfrutar de la comida, la compañía y más tarde, hacer el amor. ¿Te parece bien?

—Por supuesto —dijo y rió cuando él fingió que se sorprendía.

— ¿Te estoy malcriando, Mía?

—De forma vergonzosa.

—Así que habías planeado seducirme más tarde… ¿no?

—Iba a hacerlo, sin duda. El deslizó su mano por dentro del abrigo y le acarició la cintura.

— ¿Significa eso que llevas puesto algo sexy y atrevido bajo este vestido, algo que me volverá loco?

—Por supuesto que no —dijo abriendo los ojos con fingida inocencia.

Él frunció el ceño y justo cuanto se abría la puerta, ella le susurró al oído:

—No llevo nada debajo.


Hola, mis lectores!

Feliz 2016, espero que sus comienzos de años hayan sido excelentes…

Primer capitulo del año, espero que lo disfruten, estamos llegando a la recta final de esta historia, quedan exactamente tres capítulos y un posible epilogo, que va a correr por mi cuenta.

Que será lo que va a pasar, Arsem Pao, dio dos posibles hipótesis… Sorpresa, sorpresa uno de esos dos se dara en el siguiente capitulo.

- Draco descubre la mentira y no quiere volver a verla.

- Hermione, queda embarazada.

- Hermione confiesa.

Digan sus apuestas…