∞ Titulo: "Love me, Brother"
∞ Autor:YUKI-NII.
∞ Género: Friendship
∞RantingNC17
∞ Pareja: SasuNaru
∞ N/ANaruto no me pertenece. Todo es de su gran autor, Kishimoto-Sensei
∞ Resumen:Dentro de este mundo, se volverán a encontrar, hasta que al fin puedan estar juntos. Y tú, tú amas a Naruto mas allá de lo natural, más allá de lo permitido, amas a tu pequeño hermano con el deseo perverso de hacerlo tuyo por completo.
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Capitulo. 7
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Kansai 1968…
Llueven lágrimas rosas, de perfume de cerezos y vientos primaverales. Sabe a onigiris con té frío y a rebanadas de sandia fresca. El cabello de Naruto se tiñe de pétalos mientras corre para alcanzar a un gato naranja, de bonitos ojos verdes, Sasuke le ve desde la distancia, observando cómo las manitas se estiran para atrapar a su objetivo, y como este se le escapa entre los dedos, con una mirada altiva y una danza de garritas y colmillos.
Deja el libro sobre su regazo, recargando su espalda contra el muro de la sala de entrenamiento. Naruto ha trastabillado un poco antes de retomar el equilibrio y continuar corriendo, llamando a gritos al felino que se trepa encima de un árbol. Puede prever el llanto antes de que este venga, así que abandona su cómoda posición para ir a traer al rubio. Sin embargo su pequeño hermano se talla los ojos con rapidez, mientras que la suela de su bota se adhiere al tronco y sus manos jalan las ramas para así impulsarse y comenzar a escalar.
Naruto continúa llamando al gato, lo ha bautizado como Kurama, le insta a que baje, diciéndole que se caerá y podrá lastimarse, le promete comida, y una camita caliente, "pero vuelve al suelo tebayo." El gato lo mira unos instantes, gira su cabeza y esconde su cola entre sus patas, su lengua comienza a dar lamidas a una de ellas, Naruto ahora le grita, y hace espaviento con ambos brazos, enojado ante el poco interés que Kurama muestra hacia él, soltándose del tronco. Resbalando, sintiendo las astillas enterrársele en los dedos.
Sasuke que ha caminado a paso lento, estira su brazo, para sujetarle de la capucha de la chaqueta, antes de que tenga un aterrizaje forzoso en tierra y se hiera aun más. Lo deja a un ladito, junto a la macetera, y él comienza escalar, haciendo un ronroneo que le nace desde la garganta, Kurama voltea a verle, de forma perezosa, Sasuke sonríe levemente, cuando sus dedos se entierran en el pelaje del gato y lo lleva hasta su pecho.
El animal se remueve, saca las garras, y da zarpazos al aire. Sasuke continua bajando sin mayor dificultad, le acaricia el lomo, su pulgar comienza a dar masajes tras las orejas de la gato, que inicia a relajarse, a dejar de gruñirle y cerrar los ojos, hundiendo la cabeza hacia la palma abierta, buscando calor, y mimo.
Naruto lo mira, parándose de puntitas, cuando su hermano se inclina y le pasa el animal.
―Solo acarícialo, y después le dejas ir― Naruto sonríe procesando las indicaciones de Sasuke, antes de comenzar a negar y aplastar al gato en un abrazo asfixiante. Kurama da un maullido de queja.
―Pero, a mi me gusta. Quiero llevarlo a casa Sasuke-niichan
―Naruto ― Sasuke da un suspiro, poniéndose de cuclillas, a la altura del menor. Pone sus manos sobre los hombros de este y le mira, atento, serio. El rubio le imita, está en esa edad, donde los gestos, movimientos y manías se le adhieren en su memoria recolectora ― No sabemos si Kurama tiene familia. Míralo, es pequeño como tú
― ¿Igual que yo?― Naruto mira al gatito como si comprobara lo dicho. Sus ojos azules caen de nuevo sobre la figura de su hermano que asiente.― ¿él también ocupa de una mamá y un papá?
―Si
Naruto ahora da un respingo, enterrando el rostro en el pelaje del gato. Susurrando palabras que se ahogan, apretándose totalmente contra el animal. Antes de arrodillarse y dejarle ir. Kurama corre, con la cola en alto, saltando por la reja de metal hacia la calle, camina sobre la delgada barra y se detiene mirándolo fijamente por sobre el hombro. Antes de desaparecer de un salto en caída libre hacia el otro lado.
Sasuke entonces toma a su hermano, acomodándole el cabello, haciendo a las flores de cerezo caer de las hebras doradas, a la vez que le ajusta la camiseta de los Red Sox que se le ha subido y arrugado. El rubio se deja hacer dócil. Pasa sus brazos por el cuello del mayor que ha decidido entrar a la sala de entrenamiento, con Naruto recargado sobre su costado y la cabeza apoyada sobre el hombro.
Hoy han ido con Minato, acompañarle por una tarde hasta el dojo, Kakashi, el alumno estrella, ha pasado a la final de las regionales. Si él gana, ese será un pase directo hasta Tokio, para competir dentro de la categoría de cinturón negro. El joven de cabellos plata acaba de obtener el sandan, el tercer grado dentro de la categoría.
Sasuke recuerda haberlo conocido cuando solo tenía 5 años, cabello largo, ojeras y una mascarilla que le cubría más de la mitad del rostro. Le dio desconfianza. Minato lo había encontrado vagando por las calles, por tercera vez esa semana, parecía desnutrido, un niño abandonado tirado en un callejón. Una boca que no se pudo alimentar, el desecho de una familia que no le quería. Kakashi parecía tantas cosas que el pequeño Uchiha no se sorprendió, cuando una pelea entre Itachi y el de cabellos plata explotó. Nunca entendió cual fue el problema, solo que él quedo en algún momento de la disputa en el medio y recibió un empujón que le mando al suelo. Itachi soltó un puñetazo después de eso.
Cuando Minato llegó esa noche se encontró con el ojo morado de su hijo mayor y con la furia del menor, que exigía una disculpa y que Kakashi se fuera, lejos, donde no pudiera verle más, y no fuera una amenaza para su hermano, que era peligroso y ya había hecho daño. Minato trato de calmarle, de hacerle entender que a veces los impulsos son poderosos si no se le sabe controlar.
Sasuke no quiso escuchar más razón, aferrado de la espalda de Itachi y los ojos brillantes de rabia. Kakashi entonces se levantó despacio, de ese piso donde había escuchado en cuclillas, todo pacientemente. El menor alzó el rostro para así poder gritarle, cuanto es que le odiaba, que él no debería estar ahí, que volviera con su familia, y finalizar con azotes de puerta,
Kakashi desapareció a la mañana siguiente. Fueron semanas enteras de culpa y preocupación. El de cabellos platas volvió a la casa Uchiha con golpes y heridas infectadas cuando se cumplió el mes. Sasuke siempre se ha preguntado el porqué Kakashi volvía, con la cabeza gacha para ponerse frente a su padre y escucharlo, sin replica ni queja, asintiendo a cada palabra y devorando la comida que después el rubio le proporcionaba. Porque soportaba las malas palabras y los desplantes por su parte. Porque nunca le contestaba las provocaciones y solo salía de esa habitación de huéspedes cuando su padre estaba en casa.
Sasuke aún mantiene tantas preguntas guardadas en él, que jamás dirá. Siente que Kakashi es algo complejo, un cubo de colores que trata de encontrar a su igual.
No fue hasta el primer año de la llegada de Kakashi, que fue tomado legalmente como protegido de la familia Uchiha, más específicamente de Minato, que le dio un cuarto, ropa y muchas sonrisas de sol. El rubio entonces decidió, que el de cabellos platas estaba listo, para sacarlo todo, para enfrentarse a sí mismo y liberar su corazón, de secretos oscuros, dolorosos, y profundos.
Las clases de Judo comenzaron entonces.
Las voces de ánimo, rebotan contra las paredes blancas, el choque de testosterona es visible dentro de ese perímetro que actúa como ring para ambos hombres, enfundados en sus trajes blanco y azul. Kakashi tiene la rodilla derecha apoyada contra el suelo, la otra esta estirada en un ángulo de 90 grados, brazo por debajo del mentón, su oponente tres su espalda está inclinado sobre él, los dedos de la extremidad flexionada, estrujan la tela de color azul, y es un jalón, impregnado de la gravedad y la mala posición en que el que el oponente de cabellos oscuros a quedado.
Sasuke ve caer redondo al suelo a Obito, el siempre fiel contrincante de Kakashi, y el hermano mayor de Shisui. Tobi, como cariñosamente ha sido bautizado por la familia, se estira sobre la colchoneta de entrenamiento, da una respiración profunda y cierra los ojos.
El Uchiha está un grado por debajo del dan del de cabellos platas, pero nunca ha perdido la esperanza de derrotarle en alguno de sus encuentros, siempre forzándose, presionando su cuerpo, gritando y maldiciendo, pidiendo una y otra y otra oportunidad hasta que las rodillas se le doblan y apenas puede respirar.
Naruto se revuelve entre los brazos de Sasuke para que le baje. Para correr hasta la colchoneta, perdiendo las botitas en el segundo escalón y rodeando las bancas donde están los demás alumnos contemplando el duelo.
Obito siente como es que un peso muerto le cae sobre el pecho y unas manitas le palmean las mejillas, sonríe, porque lo reconoce, ese toque entre la preocupación y la ansiedad. Ese olor a vainilla y bebe que al rubio no terminar de írsele del cuerpo, con su cara aún redondeada y sus nudillos estofados. No hace movimiento alguno hasta que la aguda voz le susurra al oído que se levante, que todavía puede tumbar a Kakashi y ser el ganador. Le ofrece su ayuda, formar una alianza contra el que le obliga comer las verduras cuando su mama no está y le restringe las visitas a la habitación de Sasuke cuando este está estudiando. Es un villano, un hombre malvado.
Y es inevitable, que Obito lo rodee con ambos brazos, comprimiéndolo contra su pecho de corazón agitado. Mientras ríe en alto.
―Minato-Sensei, creo que Naru-chan seria un mejor oponente para Bakashi. Tiene muchas cuentas pendientes con él.
El Uchiha mayor toma impulso para sentarse y llevar en el proceso al pequeño rubio que no evita quejarse ante el chan. Sasuke mira a su hermano dar más palmadas a las mejillas de Obito de forma enojada, antes de abandonarle y correr hacia su padre que solo puede sonreír ante la escena.
Sasuke a veces piensa que mucha de esa energía y personalidad que tiene el menor viene directamente de Obito, él fue uno de los primero en descifrar los balbuceos de Naruto cuando apenas aprendía a hablar, a leerle el estado de ánimo cuando se rehusaba a hacer lo ordenado y pasarle por debajo de la mesa una porción extra de dulces y postres. Son cómplices. Que se complementa y deshacen ese abismo de 15 años que le separan de sus llegadas al mundo.
Sus risas son melodías para quien los rodean, son energía, rayos de sol, son un todo y un nada. Resaltan dentro del clan, lo recomponen, reestructuran sus formas rígidas y tradiciones poco ortodoxas.
Los ojos de Naruto mirándole fijamente le atraen de sus divagaciones y le hacen regalarle una sonrisa pequeña que es un mundo entero para su hermano que le corresponde el gesto más grande, más pronunciado, mostrándole todos sus dientes de leche y añadiéndole color a sus mejillas.
Porque no existe otra razón que haga más feliz a Naruto que estar ahí, siempre junto a Sasuke.
…
…
…
Osaka 1987….
Obito termina de arreglarse la corbata frente al espejo, Naruto continua dormido, tiene una pierna afuera de la cama y las sabanas enredadas. Lleva dormido más que una hora, cayó rendido al amanecer, después de contar una historia que parecía sacada de un libro de ficción y que el Uchiha mayor se pensó muy seriamente en tomarse prestado y redactarlo él mismo si es que no existía, todo ese mundo de ninjas, jutsus, enemigos y guerras.
Y muy dentro de todo ello, en un punto de inflexión, el sueño del rubio de ser algo grande, reconocido, de ser amado y no temido. Obito no pudo evitar respingar ante lo último, no comprendiendo esa vida de huérfano y marginado que el rubio contaba a susurros y con voz que a veces se le quebraba, al mayor eso le aprecio una vida ajena, algo que le pasaría a cualquiera menos a ellos, que tenían la bendición de tenerlo sino todo, si la mayoría. Así que busco calmar esa mala obra de fantasía que había mutado a tragedia demasiadas veces ya.
Tomó la mano de Naruto entre las suyas, suave, para sacarle del mutismo y restablecerlo a la realidad. A su vida, objetando e imponiéndose contra la depresión que había estado sobre la cabeza del rubio por esos últimos meses.
―Tienes una gran familia Naru-chan. ¿Por qué dices ese tipo de cosas?
Obito aún puede sentir la mirada vidriosa de esos ojos azules, la compasión, la resignación y la redención en un cumulo de matices que se reflejaban en la ventana abierta del hotel.
―Lo sé, y por eso no la quiero destruir.
― ¿De qué estás hablando?
―Quizás, hubiese sido una buena vida, solo nosotros dos, sin familia, sin nadie. Sé que suena egoísta, pero yo quiero estar con él.
Y no lo entendió, no pudo. Porque Obito no podía ver cuál era el problema de todo aquello, a quien era él que le hacía desear ese desastre de mundo, quien podía ser lo suficientemente importante para regresar, a la guerra, y a la soledad. En la historia de Naruto él lo había perdido todo e incluso a Sasuke, al que nombro como su mejor amigo, en esa realidad alterna que más bien parecían pesadillas interconectadas de todos los miedos del menor. Obito quiso explicarle que ahí, Neji seguía vivo y era uno de los mejores en judo a nivel internacional. Que Hinata era la mejor amiga de Sasuke y que jamás se le había confesado ni nada por el estilo.
Que Sakura era una enfermera de un humor horrible pero no una chiquilla tonta que jamás supero su enamoramiento por su hermano mayor. Que había conocido a Minato como padre y no como un no muerto, que él no era un enemigo tratando de matar a todos y que jamás le haría daño alguno aún si esa guerra se hubiese dado.
Pero más importante, que jamás había perdido a Sasuke, ni este a su familia. Que ambos eran hermanos, que se querían. Que era solo esa costumbre de años juntos que ahora le empezaba a pasar factura ante la residencia en Tokio de este por su traslado al hospital.
―Lo veras pronto, Itachi dice que tiene vacaciones acumuladas y que lo arrastrara hasta casa para navidad. Todos sabemos lo importante que son esas fechas para Minato-Sensei.
―No vendrá
―Eso no lo sa…
―Él no vendrá
Naruto se levanto del sofá en el que había permanecido acurrucado. Había tratado de dormir durante la tarde, los sueños de batallas y el olor a sangre le hacían despertar bañado en sudor y temblando. Su teoría de no poder pasar una noche entera tranquila que no fuese en la habitación de Sasuke se hizo un hecho irrefutable. Al igual que su explosión del límite, en cuanto reprimirse las cosas y ocultarle su estado a Obito. Y Naruto dio un salto de fe, decidió confiar, de auto dominarse loco. Lo dijo todo, por pedazos difusos y pesados.
―Y se que sabes porque lo digo tebayo. Eres el único que se daría cuenta Obito-nii
Obito no lo negó ni tampoco reafirmo la declaración del rubio, que a pasos perezosos atravesó la estancia para tumbarse en su propia cama. Porque no podría soportar la mirada del mayor. Porque no quería verle a la cara, porque Naruto era incapaz de esconder por más tiempo su propio amor. Y no quería fallarle a Sasuke, no a él.
El Uchiha mayor, se pasa el abrigo, y se oculta los cabellos rebeldes bajo el gorro de lana, mira a través del espejo al rubio con las cejas arqueadas y el pecho comprimido. Naruto es el sol del clan, un pilar del cual sostenerse, una superación de expectativas cuando nadie más cree. Naruto es tantas cosas que a Obito realmente le duele que la única cosa que realmente quiere no la pueda tener
Porque el amor entre hermanos es prohibido, está mal. Es un pecado. Y él no dejara que Naruto se ensucie en ese proceso de amor que lo está pudriendo. Y lo mantendrá resguardado, escondido de todos, lo protegerá. Incluso si es de Sasuke, y su mensaje de teléfono que le pregunta donde están.
