Hola! volvi con el siguiente capitulo =D este es el penultimo, y me gusto mucho escribirlo porque tiene una escena muy bonita, espero que les guste ^^ lamento haberme tardado, me fui de vacaciones un par de semanas y cuando regresé me enfermé y me dolia tanto la cabeza que no podía sacar inspiracion de ningun lado -.- lo bueno es que ya estoy aqui =3 disfruten!

Disclaimer: Nop, Vocaloid no es mio, aunque quisiera tener por lo menos a Len o a Kaito... pero no, todo pertenece a Yamaha, Sega y Crypton. Hago esto sin fines de lucro.


(Miku POV)

El ambiente de mi habitación estaba en calma, mientras la ligera brisa de la mañana agitaba levemente mis cortinas, y el sol recién comenzaba a levantarse. Yo me encontraba acostada en mi cama, examinando hasta el más mínimo detalle del objeto que sostenía en mis manos: la llave. Estaba totalmente concentrada, revolviendo mis recuerdos, tratando de identificar a qué cerradura pertenecería esa llave tan antigua que el hombre de la máscara me había dado.

Cada vez que recordaba sus palabras, su ternura, el tacto de sus labios en el dorso de mi mano, no podía evitar sonrojarme. Era increíble el parecido entre su beso y el de Kaito. ¿Podía ser cierto que ambos eran la misma persona? ¿Acaso ese hombre que se estaba ganando lentamente mi corazón, con sus gestos, sus palabras, sus acciones, era el mismo que me había encantado con su baile tan sensual y su magia?

Un bostezo escapó de mi boca cuando la trémula luz de los primeros rayos de sol alcanzó mi cara. Dirigiendo mi vista hacia la ventana, para observar el cielo comenzando a llenarse de colores, recordé que debía dormir un poco antes de que mis mucamas vinieran a despertarme para el desayuno. Seguramente ese sería un día muy agitado, en el que tendría que volver a concentrarme en parecer la más encantadora de las princesas en el mundo, todo con tal de ganarme el corazón del príncipe. Mi corazón se llenó de remordimientos, de la culpa que sentía al saber que le estaba tendiendo una trampa a Len Kagamine.

Después de la conversación de la noche anterior, me dije que debía ser sincera conmigo misma. Sabía que si el príncipe se casaba conmigo, ninguno de los dos seríamos felices, pues no nos amábamos. Sería una especie de sacrificio de nuestra parte, por el bien del reino. Mi corazón me imploraba que pusiera fin a esa farsa, que fuera honesta con el príncipe y mi familia, pero yo sabía que no podía hacerlo. Si lo hacía, mi padre jamás me lo perdonaría, y a sus ojos me convertiría en una deshonra. Recordé los penetrantes ojos azules enmarcados en una máscara blanca, mirándome, acusadores. "¿Siquiera te gusta?" Volvía a escuchar en mi mente, con su voz de terciopelo "Ni yo mismo entiendo lo que me está sucediendo, sólo sé que no puedo parar de pensar en ti". Yo tampoco podía parar de pensar en él.

Me levanté para cerrar las cortinas, obstruyendo así la claridad que amenazaba con perturbar mi pacífico mundo. Volví a la cama y me cubrí con las sábanas hasta el cuello, cerrando mis ojos con fuerza, tratando de mantener mi mente en blanco para poder conciliar el sueño. Necesitaba descansar un poco.


(Kaito POV)

Esa mañana, decidí que quería desayunar con los demás, fuera de mi habitación. Me arreglé y bajé al comedor, y en el camino todos los sirvientes con los que me cruzaba me miraban sorprendidos.

-¿No desea usted su desayuno en su habitación, como siempre? – me preguntó una muchacha.

-Hoy no. – respondí – No debería ser un problema, ¿O sí?

-Por supuesto que no, señor Shion. – dijo la sirvienta, nerviosamente, mientras me hacía una reverencia antes de marcharse – Iré a avisar a las cocinas. Disfrute su desayuno.

El Rey se alegró cuando me vio entrar en el comedor, dirigiéndome una amplia sonrisa. Me senté cerca de él, como lo había hecho durante la cena.

-Qué bueno que decidiste unirte a nosotros esta mañana. – me saludó, con amabilidad, como si ya fuésemos viejos amigos. Yo le dediqué una sonrisa, antes de verme obligado a desviar mi atención hacia la puerta.

El sonido de delicados y agraciados pasos me anunció que la recién llegada no era otra más que mi hermosa princesa, Miku. Hoy traía, para variar, un vestido verde esmeralda muy vistoso, con listones color beige decorando la amplia falda y las mangas. También llevaba un peinado distinto: su lacio cabello estaba recogido en un intrincado moño en la parte alta de su cabeza, dejando sueltos dos mechones rizados a los lados de su cara. Se veía realmente encantadora, aunque no podía explicarme el porqué del cambio de apariencia, hasta que mis oídos captaron un hilo de palabras dichas en un tono muy bajo, cerca de mí.

-¿Ves, cariño? Te dije que le iría bien. – escuché decir a la Reina, en el oído de su esposo – Le ordené a las mucamas que la arreglaran de un modo completamente diferente hoy, para eso que tenemos planeado. No podemos dejar que el príncipe crea que ella no tiene más vestidos, ¿O sí? Además, ya era hora de que ella se peinara con más elegancia, se ve como toda una futura novia.

-Tienes razón, querida. – respondió el Rey, con regocijo en su voz – Estoy seguro de que todo el reino se maravillará con su nuevo aspecto.

Así que el cambio era obra de los reyes, supuse que debía habérmelo esperado. Era cierto que Miku se veía bellísima, como siempre, pero en sus ojos pude develar un atisbo de incomodidad, e incluso algo de somnolencia. Era un poco obvio que ella estaría cansada, después de todo, había estado despierta hasta muy tarde esa noche por mi culpa. Yo tampoco había tenido una noche muy tranquila, pues mis sueños estuvieron llenos de imágenes de ella descubriendo mi secreto y mirándome con decepción, antes de correr hacia los brazos del príncipe Len. No podía esperar que ella me prefiriera a mí en lugar de al príncipe, después de todo, aunque yo fuese un noble poderoso, dueño de muchas tierras, no podía competir con la riqueza y fortuna de un heredero al trono. De todas formas, no podía darme por vencido. Tenía una meta que cumplir, llegar al corazón de Miku. ¿Cuándo cambié de parecer? ¿Cuándo dejé de ansiar sólo su cuerpo, sino que pasé querer más que nada su amor? No lo sabía, pero había sucedido. Contra todo pronóstico, me había enamorado de la princesa, y el verla dirigiéndole una amplia sonrisa y una coqueta mirada al príncipe Len antes de sentarse cerca de él me dolía.

El desayuno transcurrió animadamente, conmigo dirigiéndole miradas furtivas a la princesa, mientras que ella me devolvía algunas. De vez en cuando notaba la intensidad de su verde mirada clavada en mí, como estudiando mis facciones. Temí que ella ya comenzara a sospechar de mi identidad, pero al mismo me emocionaba saber que quizá pronto toda esa pantomima llegaría a su fin. En tanto, el Rey no paraba de hablar de la prosperidad de los reinos, de beneficios, de protección, y todas esas cosas que le insinuaban a Miku y al príncipe que un matrimonio sería bien recibido. Miku mantenía una encantadora e inocente expresión en el rostro, aunque sus ojos me hacían cuestionarla, y sorpresivamente, el príncipe Len también parecía querer ocultar su incomodidad detrás de una sonrisa cortes. Después que todos terminaron de comer, mientras los sirvientes se acercaban para llevarse los platos, el Rey se levantó e hizo un gesto para atraer la atención de todos los presentes.

-Quiero hacer un anuncio. – declaró el Rey, alegremente – Altezas, príncipe Len y princesa Rin, como ya saben, es nuestro deseo que su visita sea la más agradable de todas. Por lo tanto, mi querida esposa y yo hemos decidido organizar un paseo por los alrededores del reino, para que puedan dar un paseo y respirar aire fresco, y conozcan todo lo que este país tiene para ofrecer. ¿Qué les parece?

Los príncipes se miraron entre ellos un momento, como buscando aprobación en los ojos del otro, antes de volver a mirar al Rey, quién ya se estaba poniendo nervioso.

-Majestad, le agradezco mucho su invitación. – dijo la princesa Rin, con un tono de disculpa muy respetuoso – Me encantaría aceptarla, sin embargo, me temo que no puedo. Me estoy sintiendo algo mal, y estoy muy cansada por el largo y ajetreado viaje que realizamos ayer. Tendré que declinar su invitación, lo lamento. No obstante, estoy segura de que mi hermano se sentirá muy complacido con ese paseo, ¿no es así, Len? – añadió, mirando con algo de melancolía al rubio junto a ella.

El príncipe se veía un poco incómodo con la declaración de su hermana, pero asintió cortésmente antes de dirigirse al Rey.

-Mi hermana tiene razón, Su Majestad. – respondió, con una sonrisa – Estaré encantado de aceptar su invitación.

-Entonces está arreglado. – dijo el Rey, con un suspiro de alivio, antes de mirar a su hija – Miku, hija, ¿No te molestaría acompañar al príncipe Len en el paseo? Así podrás hablarle de nuestro reino mientras le muestras nuestros lugares más hermosos.

Miku miró con sorpresa a su padre, pero un segundo después recuperó la compostura y mostró su sonrisa más encantadora.

-De acuerdo, lo haré con mucho gusto. – respondió.

Mientras los comensales se retiraban, preparándose para el paseo, pude notar que la princesa Rin abandonaba el comedor con una mirada de tristeza en sus ojos. El príncipe y Miku se veían incómodos, mientras eran escoltados a la salida. En media hora, todos estaban listos para salir, mientras yo estaba encerrado en mi habitación, mirando el carruaje real partir a través de la ventana. Los nervios y los celos me carcomían, y las paredes de la habitación parecían querer desplomarse sobre mí en cualquier segundo. Decidí salir del castillo y dirigirme al pueblo, caminar un poco por las calles, para ver si podía despejar mi mente. Sólo esperaba no encontrarme con los príncipes, o no podría contener mis emociones mucho más tiempo.


(Miku POV)

Mientras los lacayos preparaban el carruaje, mi padre se acercó a mí brevemente, para susurrarme en el oído:

-¡Conquístalo! Tiene que haberte pedido matrimonio cuando regresen, ¿Está claro?

-Por supuesto, padre. – respondí, tímidamente, antes de añadir: - Pero, ¿Y si no lo hace porque no está enamorado de mí?

-No pienses de esa forma, tienes que lograrlo. – me dijo mi padre, severamente – Da lo mejor de ti, y si nada funciona, dale algunas pistas, háblale de romance, seguramente entenderá y te lo pedirá. No te preocupes.

-De acuerdo. – dije, antes de despedirme y subir al carruaje.

Me senté frente al príncipe Len, mi doncella de más confianza se sentó a mi lado, y uno de los de su séquito se sentó junto a él. Primero dimos un recorrido por el pueblo, donde los habitantes se detenían y se inclinaban al ver al carruaje pasar, y los niños más pequeños nos saludaban emocionados, antes de ser reprendidos por sus padres. Luego, anduvimos por las carreteras de los bosques, pasando junto a los campos de cultivos, verdes con lo último del calor del verano, antes de pasar cerca de las minas de oro y diamantes que tanta prosperidad nos daban. Durante todo el trayecto, fui hablando de cada lugar frente al que pasábamos, qué lo hacía tan especial y cuál era su función. El príncipe Len me escuchaba en silencio, atendiendo a mis palabras, aunque su mente a veces parecía estar en otro lugar. Al final, sugerí tomar un pequeño descanso en el parque, antes de regresar de vuelta al palacio. Él accedió, y ordené al cochero detenerse en el parque más hermoso del reino, en el cual se encontraba una hermosa laguna rodeada de árboles de cerezo.

Mi doncella se encargó de extender una colcha cerca de la orilla de la laguna para que el príncipe y yo estuviésemos cómodos, y luego nos trajo un pequeño refrigerio que consistía en dos copas de frutas con leche condensada. Nos sentamos en la colcha, frente a frente, y mientras comíamos en silencio, yo desvié mi vista hacia la hermosa laguna, y él hacia los árboles. El azul del agua era tan intenso que me recordaba al cabello y los ojos de Kaito, así como a los del hombre de la máscara. Tenía una fuerte corazonada, estaba casi segura de que ambos eran la misma persona, sobre todo desde el desayuno de esa mañana. Estaba tan concentrada en mis pensamientos, girando en torno al tacto de sus labios en mi mano, que no me percaté que la mirada del príncipe se había desviado de los árboles y se encontraba posada en mi persona, observándome con cautela, sino hasta que el sonido de su voz me sacó de mi ensimismamiento.

-Princesa Miku. – me llamó el muchacho frente a mí, con un tono amable.

-¿Sí, Alteza? – respondí, sonrojándome un poco por la vergüenza de que me hubiese descubierto mientras estaba distraída.

-Por favor, le pido que me llame sólo por mi nombre. – me dijo, con una pequeña sonrisa.

-De acuerdo, Len, pero entonces te pido que tú también me llames sólo por mi nombre. – dije, sonriendo igual, siguiendo el juego.

-No hay problema, Miku. – respondió, asintiendo levemente para reafirmar sus palabras.

-Entonces, Len, ¿Has disfrutado tu visita? – pregunté, para volver a retomar la conversación.

-Por supuesto que sí. – respondió él – Me siento muy agradecido por la hospitalidad y las molestias que se ha tomado tu familia con nosotros.

-No ha sido ninguna molestia, créeme, estamos muy felices de que tu hermana y tú vinieran a visitarnos. – dije, siguiendo el protocolo de cortesía, mientras exhibía mi mejor sonrisa. – Qué lástima que la princesa Rin no pudiera acompañarnos, no tenía idea de que el viaje la hubiera dejado tan cansada.

-Sí… - concordó él, mientras su mirada se desviaba al suelo, su mente seguramente en otro lugar – Creo que a ella no le sentó muy bien esta visita… ¡Pero seguro que también está agradecida, ustedes han hecho todo lo posible para hacerla sentir cómoda! – añadió al final, con una sonrisa nerviosa, como si creyera haber dicho algo ofensivo.

-Pero no ha sido suficiente… - dije, con preocupación – Tan pronto lleguemos, ordenaré a los sirvientes que hagan todo lo que ella pida. ¿Cuál es el tipo de té que más le gusta a tu hermana? Estoy segura de que una taza de té caliente le sentará muy bien, y quizá un bocadillo de fruta. También haré que le preparen el baño más lujoso, y le traeremos sus libros favoritos, e incluso un poco de música, y…

-Por favor, Miku, no te preocupes tanto. – me interrumpió él, con tono de disculpa – Ella sólo está cansada, no le sucede nada, es que… bueno… pues, es que anoche ella tuvo una pesadilla… - dijo, vacilante, como si algo le impidiera decir lo que quería.

-Oh… - dije, bajando la mirada. No había nada que yo pudiera hacer sobre las pesadillas, no poseía el control sobre los sueños.

Volvimos a caer en silencio. El sol amenazaba con ponerse, anunciando que ya pronto tendríamos que regresar al palacio, y el príncipe aún no me había pedido matrimonio, y una vez que volviésemos al carruaje, la presencia de nuestros chaperones seguramente lo impediría. Mi tiempo se estaba agotando rápidamente. Decidí poner en práctica los consejos de mi padre, y volví a comenzar una conversación.

-¿Verdad que este lugar es muy romántico? – dije, volviendo a atraer su atención, mientras señalaba con un gesto nuestros alrededores.

-Eh… sí, es muy romántico. – respondió, con tono vacilante. Parecía estar un poco incómodo.

-Hay una especie de leyenda sobre este lugar. – comenté, recordando algo que mi madre me había dicho mucho tiempo atrás – Siglos atrás, una princesa y su caballero se sentaron aquí para contemplar el estanque. Un ángel los observó, y al ver que ambos se amaban aunque no se atrevieran a confesarlo, bendijo su amor y les dio el valor de ser sinceros el uno con el otro. Así que ambos se casaron y fueron felices, y este lugar quedó bendito para siempre. Se dice que si alguien le propone matrimonio a su verdadero amor en este sitio, su relación será próspera y vivirán… felices, juntos.

Él escuchó mi relato atentamente, y una vez finalicé, el volvió a sumergirse en sus pensamientos. Yo enfoqué mi vista en el pacífico movimiento del agua, el brillo del sol sobre la superficie, mientras el sol hacía de las suyas y coloreaba el cielo de naranja mientras comenzaba a ocultarse. Mi padre iba a estar furioso conmigo. A pesar de todos mis esfuerzos, no había logrado mi meta en la vida. El príncipe no parecía querer dar ese paso conmigo, pero lo peor de todo era que yo lo entendía. Me conoció el día anterior, era un poco lógico que no pudiera hacerme camino a través de su corazón en tan poco tiempo, y que él tampoco pudiera abrirse paso en el mío. Yo no lo amaba. Ni la bendición de todos los ángeles podría ayudarnos a ser felices, puesto que un matrimonio sin amor está destinado a la tristeza. El sonido de su voz volvió a sacarme de mis pensamientos, y cuando volví a dirigir mi vista hacia él, sus ojos me miraban con determinación.

-Miku, dijiste que el ángel de la leyenda les dio el valor para ser sinceros el uno con el otro a esa pareja, ¿verdad? – dijo él, y yo asentí.

-Sí, así es la leyenda. – respondí, y mi voz sonó un poco temblorosa, sin querer.

-Entonces, creo que ya que estamos aquí, ambos debemos ser sinceros. – dijo, con seriedad, no en el tono romántico de alguien que fuera a declararse. Sospeché que la sinceridad a la que se refería tenía que ver con otra cosa.

-¿A qué te refieres? – pregunté, haciendo como que no entendía.

-Miku, yo, anoche… Vi algo que no debía, accidentalmente. – dijo, forzando las palabras fuera de sus labios, avergonzado. Yo sentí el mundo cayéndose a mis pies, desmoronándose de repente, ante la perspectiva de haber sido descubierta. Ya no me cabía ninguna esperanza.

-Oh… Len, yo no sé qué decir… esto… - comencé a decir, vacilando, tratando de inventar una explicación convincente, pero mi mente estaba en blanco.

-Por favor, Miku, no te preocupes. – dijo él, con un tono de disculpa e incomodidad – Sé que es un secreto, y te prometo que no le diré a nadie.

-No… ¿No lo… dirás? – pregunté, confundida, con un nudo formándose en mi garganta.

-Por supuesto que no. Escucha, - dijo, con una pequeña sonrisa, pero sin perder la seriedad que ameritaba el asunto – tanto tú como yo sabemos lo que se espera de mi visita. Se supone que yo… bueno, te debería pedir matrimonio.

-Yo desvié mi mirada hacia el suelo, sintiendo las lágrimas luchando por materializarse en mis ojos, intuyendo el ritmo que tomaría la conversación.

-Quiero que sepas que pienso que eres una chica muy bella y talentosa, una maravillosa persona, con un gran corazón. – me dijo él, con ternura, mirándome con algo parecido a la disculpa en los ojos – Por eso, creo que mereces ser feliz. De hecho, ambos merecemos ser felices, aunque tenga que ser separados. Yo… no creo que yo pueda hacerte feliz en un matrimonio, Miku. Esto…

-No digas más. – interrumpí, con la voz temblorosa, mis emociones aflorando – Lo que quieres decir es que no te gusto.

-Y que yo no te gusto a ti, ¿o me equivoco? – dijo, inclinándose un poco para tratar de mirarme a los ojos.

-Pero… ¿Sabes cuánto bien le haría nuestro matrimonio a ambos reinos? Por algo eso es lo que todo el mundo espera. – dije, acusadoramente, levantando un poco la vista para dirigirle una mirada enojada.

-Todos los de la corte creen que lo saben todo, pero ellos no están tomando en consideración lo que tú quieres, Miku.

-¿Y si yo quisiera que nos casáramos? – pregunté, sabiendo que era una mentira.

-Entonces te estarías engañando a ti misma. – me respondió él, negando con la cabeza, tristemente – Anoche sucedieron varias cosas que me hicieron darme cuenta de cómo son las cosas en realidad. No sólo lo que vi, que te juro nunca tuve intención de saber, también tuve una conversación con alguien que quiero muchísimo.

-¿Qué quieres decir? – pregunté, sabiendo la respuesta.

-Que ambos tenemos personas que nos importan mucho, y si nos llegásemos a casar, terminaríamos perdiéndolas. – respondió, haciendo una pausa en la que el único sonido que se escuchaba era el murmullo del agua y de la brisa entre los árboles, antes de continuar – Quienquiera que haya sido el hombre que vi anoche, estoy seguro que te hará mil veces más feliz de lo que yo podría.

Yo no respondí inmediatamente, sino que volví a desviar mi mirada, esta vez hacia el cielo lleno de los colores del crepúsculo, mientras meditaba las palabras del príncipe. Así que él también se había dado cuenta, y yo aún lo negaba. Me había enamorado del hombre de la máscara, así como también lo había hecho de Kaito. Cómo deseaba que ambos resultaran ser la misma persona. Dejando escapar un suspiro, volví a mirar a Len, dirigiéndole una sonrisa.

-Muchas gracias. – le dije, aún un poco temblorosa por la emoción, pero con alegría reflejándose en mi tono de voz – Gracias por entender, Len. Tienes toda la razón, no tenemos porqué ser infelices para complacer a unos ancianos que creen saberlo todo – añadí, riendo.

Él también comenzó a reír, y el sonido de nuestra mutua alegría se mezcló como una armonía que llenó el vacío del aire. Cuando la risa comenzó a apagarse, me di cuenta que casi había oscurecido.

-Miku, creo que ya deberíamos regresar, se van a preocupar por nosotros en el palacio. – dijo Len, conservando aún su sonrisa.

Yo asentí, y nos pusimos de pie. Mi doncella corrió hacia nosotros para recoger la colcha y las copas vacías de fruta, mientras nosotros fuimos a sentarnos en el carruaje a esperar que llegaran nuestros acompañantes. Allí estuvimos un minuto en un pacífico silencio, hasta que un pensamiento flotó desde mi memoria.

-Por cierto, Len, - dije, volviendo a captar su atención – espero que esa persona tan importante para ti de la que me hablaste y tú también sean muy felices juntos.

-Él me miró en silencio por un momento, antes de sonrojarse tanto que su cara comenzó a parecer un tomate.

-Ehh… y-yo no creo que… ella y yo n-no… no es posible, ella e-es m-mi… es que… - dijo, tartamudeando con voz temblorosa por los nervios, y su reacción me hizo reír un poco.

-No te preocupes, Len, no me tienes que decir quién es ni nada si no quieres. – dije, con una sonrisa – Sólo espero que ella también pueda hacerte muy feliz, te lo mereces. Creo que tú también eres una persona maravillosa.

-Él paró de tartamudear sin sentido, aunque el color de su cara subió de intensidad. Él pareció meditar un momento, antes de dirigirme una mirada muy seria y asentir repetidamente.

-Sé que mientras pueda permanecer cerca de ella, seré el chico más feliz del mundo. – respondió él, todavía sonando algo nervioso, pero con determinación y seguridad.

-Me alegro mucho, Len. – dije, aún sonriendo, justo antes de que nuestros acompañante subieran al carruaje e iniciáramos el camino de vuelta al palacio.


(Kaito POV)

Me las arreglé para no cruzarme en el camino del carruaje real que tanto revuelo causó en el pueblo, permaneciendo escondido en el interior de un bar con una bebida en la mano, hasta que un hombre entró, anunciando que el carruaje ya se había alejado en la carretera hacia los bosques. Convenciéndome a mí mismo de no terminar el vaso de cerveza, deslicé algo de dinero hasta el encargado antes de marcharme y comenzar a andar por la ciudad.

El aire fresco y la atmósfera alegre de la ciudad me ayudaron a despejar mi cabeza, aunque solo por un momento. Cada objeto o persona que tuviese algo de verde, mi mente volvía a reproducir el recuerdo de los ojos de Miku mirándome, acusadores, llorosos, penetrante, alegres, somnolientos, de todas las formas en que me encantaba verlos. Así anduve por las calles adoquinadas, flotando entre la multitud de aldeanos ocupados, pensando en mi princesa, hasta que noté que el sol se comenzaba a ocultar.

Decidí regresar al palacio para poder estar listo antes de la cena, pero en mi camino algo captó mi atención en la vidriera de una tienda. Uno de los últimos rayos de sol iluminó ese objeto justo cuando pasé por su lado, como si fuera una especie de presagio. Me acerqué, y cuando estuve frente a la vidriera pude ver que se trataba de un hermoso anillo. Estaba hecho de oro, y la cinta tenía la forma ondulada del tallo de una flor, con algunas pequeñas hojas sobresaliendo. Estaba adornado con una gran flor dorada, en el centro de la cual se encontraba una esmeralda que resplandecía bajo la luz del crepúsculo. Parecía algo que usaría una ninfa de los bosques, sino la madre naturaleza en persona. Me quedé mirándolo un largo rato, maravillado con el parecido de la piedra con el color de los ojos y el cabello de Miku, hasta que el encargado salió para cerrar la tienda.

-Estoy a punto de cerrar, joven. – me dijo, sacándome de mis pensamientos – Si quieres algo, entra.

El hombre, ya entrado en años y con el cabello casi totalmente blanco, me hizo un gesto con la cabeza y volvió a entrar a su negocio. Yo sopesé sus palabras, antes de seguirlo. Después de todo, quizás ese anillo me fuera de utilidad.


La princesa Rin miraba por la ventana el atardecer, con algo de melancolía, mientras los sirvientes del palacio se desvivían en comodidades para hacerla sentirse mejor. Estaba muy agradecida por su hospitalidad y su esfuerzo, pero sabía que no podía quedarse mucho tiempo más en ese reino extranjero. Extrañaba mucho su hogar, en el que podía estar cerca de Len a todas horas si quería, sobre todo después de la conversación que había tenido la noche anterior. La pesadilla no le había dejado dormir bien, y se encontraba en realidad muy cansada aún. Cuando sus ojos parecían querer cerrarse solos, se escuchó el alboroto de los sirvientes apresurándose para el regreso del carruaje real de ese paseo que les había tomado toda la tarde. Rin, nuevamente espabilada, vio por la ventana cuando la princesa Miku descendía del carruaje, sujetando el brazo de su hermano, Len. El mundo se desmoronó a los pies de Rin cuando vio esa escena.

"¿Se habrá comprometido con ella, después de todo?" pensaba "¿Todo lo que me dijo anoche era mentira? ¿De todas formas se va a alejar de mí?"

Len no tardó en subir las escaleras y atravesar los pasillos hasta el cuarto de su hermana, donde la encontró sentada junto a la ventana, con la melancolía en sus ojos.

-Rin, ¿estás bien? – preguntó el muchacho al verla, preocupado.

-Sí, hermano. – respondió ella, con una pequeña sonrisa - ¿Qué tal estuvo tu paseo con la princesa Miku?

"Oh, con que eso es lo que le pasa. Seguro cree que me comprometí con ella o algo así." Dedujo Len, con su característica habilidad para adivinar los pensamientos de su hermana gemela.

-Estuvo muy divertido, Rin. – respondió él, dirigiéndole una sonrisa a la rubia – Pero me habría gustado que vinieras conmigo. Eché de menos tu compañía.

-¿En serio? – dijo ella, sin creerle - ¿Cómo podrías echarme de menos cuando tenías a la mejor princesa de todos los tiempos ofreciéndote su mejor sonrisa?

-No te pongas celosa, Rin, no sucedió nada. – dijo el chico, riéndose – De hecho, ambos fuimos sinceros y decidimos que no nos vamos a casar.

La sonrisa de alivio que se abrió paso en las facciones de Rin era tan encantadora que el corazón de Len comenzó a sentirse cálido de nuevo. El muchacho avanzó hacia su hermana y acarició su mejilla con la mano, suavemente.

-Ya te lo dije anoche, Rin. – dijo él, amablemente – Nunca me alejaré de ti.

Ella asintió, ampliando aún más su sonrisa.

-Gracias, Len. – respondió, levantando la mano para sujetar la muñeca de su hermano, manteniendo en su lugar el suave tacto de sus dedos sobre su mejilla.


Fin del Capítulo 7!

Espero que les haya gustado ^^ mientras escribia el capitulo, me enamoraba cada vez mas de Len x3 como saben, el que viene es el ultimo, el gran final, la conclusion... pero estaba planeando hacer un epílogo, ¿Qué opinan? Déjenme muchos y muy bonitos reviews con sus opiniones, saben que todos y cada uno de ellos son muy preciados para mi! =D Muchas gracias a todos los que me dejaron reviews en mis capitulos anteriores!

Matta-ne!