-Señorita Granger, el profesor Snape me ha pedido que le diga que debe ausentarse durante un mes, por lo que sus clases particulares se suspenderán.-

-¿Un mes? ¿Qué le ocurre?-

-Eso no es asunto suyo. Él no me dijo que quisiera que usted conociese el motivo.-

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Quince días llevaba ya andando por esas montañas. Voldemort le había pedido que buscara a una tribu de gigantes que debía esconderse por allí. Tenía que encontrarlos y negociar con ellos, lealtad al señor tenebroso a cambio de regalos.

Pensaba en Hermione Granger a menudo.

Quién sabe cuando podría volver a Hogwarts. A lo mejor ni siquiera volvía. En el caso de que no lo mataran los gigantes, podría morir a manos del mismo Voldemort si no lograba ponerlos de su lado, ya no quedaban muchos, se estaban extinguiendo.

¿Le importaría a ella si muriera?

Severus sabes perfectamente que tú no le importas a nadie. Dumbledore te protege porque te necesita. Voldemort no te mata porque te necesita. Te llevas mal con todo el mundo porque nadie se fía realmente de ti. Y todos tus alumnos, que no tenían porqué tener prejuicios, te odian por como eres. ¿De verdad piensas que le importas a ella?

En ese momento vio una luz que provenía de una cueva escondida debajo de un saliente de roca de la montaña. De la cueva salían gruñidos y golpes que hacían temblar la tierra.

Los había encontrado, pero parecía que estaban peleando. Tendría que esconderse y esperar a que dejaran sus conflictos, sino podría resultar herido.

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-Adelante- dijo Dumbledore. Era por la noche y acababan de llamar a la puerta de su despacho. -¡Señorita Granger! ¿Qué le trae por aquí?-

-Disculpe la hora profesor. Pero, por favor, dígame algo del profesor Snape. Ya lleva más de un mes faltando, eso no es normal en él. ¿Está enfermo?- -Es que el sustituto que le ha puesto no tiene ni idea de pociones.- añadió al ver que Dumbledore la miraba extrañado.

-Lo siento Hermione, ya le dije que no puedo decirle…- De repente la puerta se abrió y entró Filch, el conserje. -Señor. He encontrado a Snape tumbado en la puerta de entrada al colegio. Está inconsciente, y creo que herido.-

-Gracias Argus. Granger vuelva a su dormitorio inmediatamente.- -No profesor, déjeme ir con usted… … Puede necesitar ayuda.-

-Está bien. Pero dese prisa.-

Llegaron al vestíbulo de entrada. Snape estaba en el suelo, había sangre alrededor suya y su pierna izquierda se doblaba en un ángulo extraño.

-¡No!- Hermione cayó de rodillas a su lado llorando.

-Apártese jovencita- dijo Filch.

-Por favor Hermione, hay que llevarlo a la enfermería. Argus, avise a la señora Pomfrey. ¡Movilicorpus!.-

La señora Pomfrey los recibió muy pálida. -Ponlo en esta camilla Albus. Así.-

Con un hechizó, le sanó la pierna. -La fractura ya está, pero tendrá que quedarse, ha perdido mucha sangre.-

-¿Puedo quedarme con él señora Pomfrey?- dijo Hermione mirando primero a la enfermera y luego a Albus con los ojos implorantes.

-Déjala Poppy, no lo molestará.- le pidió Dumbledore.

-Está bien, Albus. Pero no intente despertarlo señorita, necesita descansar.-

-No se preocupe.-

Se quedó sentada al lado de la cama. Dumbledore se fue. Y al final, la señora Pomfrey cerró las cortinas que tapaban la cama en la que estaban, y se fue a dormir también.

En mitad de la noche, Snape se despertó sobresaltado y sudoroso.

Hermione no dormía.

Él la miró un momento y susurró -Me atacaron.- y empezó a temblar. -Tranquilo profesor, ya todo pasó, ya está a salvo.-dijo ella sin saber bien qué hacer.

-¿Hermione?- -Sí, tranquilo, no dejaré que te pase nada.-

Le tocó la frente con la suya, como había visto que hacía su madre, estaba ardiendo de fiebre.

De repente él la acercó hacia sí y la besó. Hermione sintió que el mundo desaparecía alrededor suya. Ya solo existían ellos dos, y sus labios que se habían tocado por primera vez. El beso, intenso al principio fue perdiendo fuerza, las manos que hace unos segundos se aferraban a ella, se soltaron.

Hermione tardó otros tres segundos en darse cuenta de que él había vuelto a quedarse completamente dormido.

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