Cuando salieron del baño, la noche estaba ya bastante avanzada, pero los dos amantes no tenían prisa por dormir. Como había dicho Bulma, estaba bien tener tiempo para disfrutar a solas en pareja y hacer locuras de vez en cuando.
-Oh, mira -dijo entonces Bulma, haciendo que Vegeta girase la cabeza en su dirección-. Parece que Olivia ha pensado en todo.
El matrimonio llevaba un rato tumbado en la cama después de la aventura de la bañera de hidromasaje; y considerando el efecto que había provocado en Vegeta el hecho de metérsela a su mujer embadurnada de lubricante de silicona, un accesorio especialmente adecuado para "jugar" en el agua, Bulma había empezado a curiosear por los cajones cercanos para saber qué mas trucos habría dejado Olivia escondidos por ahí... Y deseando probarlos todos.
El saiyajin, por otro lado, a pesar de haber disfrutado con el sexo entre burbujas, al enterarse de quién había sido la artífice de los gadgets y accesorios que habían visto por el apartamento, sexuales o no, tampoco se había divertido tanto con la idea de que la asistente de turno se lo hubiera estado imaginando desnudo o en alguna situación comprometida.
"Estupendo", rezongó mentalmente. "Ahora también soy el sueño erótico de esa pavisosa..."
-¿A qué te refieres? -preguntó, curioso, al ver a su mujer inclinada sobre el borde de la cama y manipulando Dios sabía qué.
Sin embargo, la expresión de haber sido pillada en falso de Bulma cuando alzó la cabeza y se giró no le dio ninguna confianza.
-Oh... Pues... - dudó ella.
Era curioso; pero, de repente, la mujer acababa de caer en la cuenta de que entre criar a Trunks, el entrenamiento de su marido y vivir con sus padres, Vegeta y ella nunca habían tenido tiempo de profundizar en ciertos... aspectos de su intimidad. Por el momento, los satisfacían las relaciones sexuales clásicas, con alguna variante. Pero... ¿cómo reaccionaría Vegeta ante la opción de ampliar las posibilidades con lo que había, por ejemplo, en el cajón bajo la cama?
Por supuesto que era algo que Bulma ya había discutido con Olivia y, por ejemplo, el tema de mostrarle las bondades de un lubricante para poder disfrutar, digamos, en ambientes acuáticos, era algo relativamente sencillo; pero la millonaria, conociendo a su marido, era más reticente a usar otros trucos materiales con él. Aunque ella misma hubiera disfrutado en el pasado de algún que otro juguete tanto sola como acompañada, no estaba segura de poder anticipar cómo reaccionaría un orgulloso príncipe saiyajin a que le ofrecieran... No sé. ¿Esposarlo a la cama, por poner un ejemplo?
Su asistente habia insistido en que sería muy constructivo para los dos, incluso para reactivar la pasión después de tantos años de matrimonio. Bulma casi se había reído ante aquello.
"Como si a Vegeta le hiciese falta reactivación. Entra al ruedo como un toro bravo con provocarlo un poquito..."
Quizá, pensaba Bulma, la mejor idea sería dejar que ella fuera la parte pasiva. Por algún motivo que la mujer intuía relacionado con su traumático pasado, Vegeta odiaba con fuerza las situaciones en las que se veía sometido a hacer o aguantar algo sin posibilidad de movimiento o maniobra. Y los juegos sexuales, incluso los más sencillos, no eran una excepción a esta regla.
Pero Bulma también se consideraba una mujer a la que no se le ponía nada por delante cuando quería conseguir algo. Y sospechaba que, con la motivación adecuada, el orgulloso saiyajin tendido a su lado podía terminar pasando por el aro y entregándose del todo a un nuevo escenario de placer, tanto para ella como para él.
-¿Qué pasa? ¿Te ha comido la lengua el gato? -bromeó él entonces, sacándola de sus reflexiones, mientras se erguía sobre un codo y en su fuero interno se preocupaba un poco por su falta de respuesta-. Bulma, ¿qué ocurre?
Ella, insegura, se mordió el labio. Después, rendida, inspiró hondo y se dispuso a lanzarse a la piscina.
-A ver cómo te lo explico -empezó la mujer de pelo corto azul, sintiendo que enrojecía sin querer y sin ser capaz de sostenerle la mirada a su marido mientras hablaba-. Como ya habrás intuido, en la Tierra, desde hace mucho tiempo... el sexo... ha... evolucionado, digamos, y ha ampliado sus posibilidades.
Vegeta frunció el ceño, tratando de intuir por dónde iban los tiros.
-¿Te refieres a lo de hombres con hombres, mujeres con mujeres, y esas cosas? ¿O a lo del lubricante?
Bulma estuvo tentada de echarse a reír. Sí, a veces tendía a olvidar que el ambiente en el que había madurado Vegeta no era precisamente abierto a posibilidades más allá de lo estándar.
-Eh... Bueno, no solo a eso -lo corrigió con suavidad-. Eh... digamos que las parejas cuando... tienen sexo... aparte de lo tradicional utilizan... -Bulma notó cómo un calor aún más intenso subía a sus mejillas mientras buscaba la forma correcta de decirlo; casi no se atrevía a mencionar la palabra "juguetes" y menos considerando que él la miraba con una mezcla de extrañeza y preocupación que podría traducirse en "no tengo ni puñetera idea de lo que me estás contando"-. Oh, qué diablos -decidió ella entonces, cortando por lo sano-. Creo que será mejor que lo veas por ti mismo -girándose para volcar los brazos por el borde de la cama, la mujer cogió entonces una caja oscura que había en el cajón y la depositó sin miramientos sobre las sábanas, entre los dos-. Vamos, ábrelo.
Vegeta la miró, bajó la vista a la caja y la volvió a subir hacia ella, sin saber si aquello era una broma o no. Al comprobar que el rostro de Bulma había alcanzado un rojo casi nuclear y apenas lo enfocaba por el rabillo del ojo, Vegeta optó por levantar muy despacio la tapa de la caja, con mucho cuidado y temiendo lo que pudiera encontrarse ahí. Por supuesto, se llevó una sorpresa mayúscula.
"Pero, ¿qué...?"
-Di... Dime que estás de broma -pidió a su mujer, apenas pudiendo contener la risa de lo absurdo que sonaba todo aquello-. Quiero decir, ¿me estás diciendo que quieres usar estas... "cosas" para acostarte conmigo?
Era de locos. Absolutamente increíble. ¿Qué diantres quería decir Bulma? ¿Y de verdad los terrícolas habían llegado a ese punto?
Bulma, por su parte, resopló algo cohibida y tratando de ignorar la risa disimulada de él.
-No todas -se defendió, con algo más de rudeza de la pretendida, sintiendo que la desesperación por no ser capaz de convencerlo empezaba a hacerse patente-. Créeme que hay muchas formas nuevas de obtener placer usando esas "cosas"... -"Pero no espero que un guerrero borrico del espacio lo entienda", pensó, conteniéndose a tiempo de decirlo en voz alta. En parte, esperaba mayor comprensión y aceptación por su parte. ¿Es que no confiaba en ella?-. Además, ¿no dijiste que no volverías a dudar de mí?
-Sí, claro que lo dije -replicó Vegeta, algo picado-. Pero una cosa es el lubricante y otra, pues... -ella le dirigió una mirada furibunda y dolida, a lo que Vegeta optó por recular al modo conciliador. Le encantaba el carácter de su mujer, pero cuando la bronca iba contra él... Prefería que las cosas volvieran a la dulzura y el cariño lo antes posible. Al menos eso le hacía sentir que tenía algo de control sobre su relación matrimonial-. Bulma, eh -la llamó él entonces, viendo que ella había apartado la vista; el saiyajin acarició su brazo, atrayendo de nuevo su atención mientras trataba de no mostrar sus sentimientos más de la cuenta. Los iris azules de ella estaban algo empañados y eso estrujó un poco el corazón de Vegeta, a pesar de todo, casi hasta hacerlo arrepentirse de todo lo dicho hasta el momento-. Oye. Reconozco que esto me ha sorprendido, pero no te enfades conmigo por ello, ¿vale? Aunque -ella mantenía un gesto inseguro y él se encogió de hombros, sonriendo con confianza- de verdad que no sé por qué tengo que usar un artefacto extraño, sea el que sea, para lograr algo que puedo conseguir por mis propios medios.
Bulma sonrió a medias, sabiendo a qué se refería.
-No dudo de tus habilidades -admitió entonces, tendiéndose de nuevo frente a Vegeta y acariciando su pecho desnudo con un dedo-. Y admito que tienes muy buenos atributos que serían la envidia de cualquier terrícola corriente -lo estaba adulando, pero Vegeta se dejó sin esfuerzo mientras Bulma rotaba sobre sí misma, se situaba boca abajo sobre las sábanas y doblaba las piernas, cruzándolas en el aire en un gesto bastante sensual a ojos de su marido-. Lo único es que... -prosiguió ella-. Me apetecía probar algo nuevo.
Vegeta sonrió, sacudiendo la cabeza. A veces su mujer podía ser un poco excéntrica, pero no solía tener reparos en decir lo que pensaba. Si en aquel momento le preocupaba lo que él podía opinar, era porque era algo importante para ella. Vegeta observó de nuevo la caja con aire reflexivo, debatiéndose interiormente. En el fondo, había una diminuta chispa de curiosidad tratando de abrirse paso desde su mente hasta su corazón y su entrepierna. ¿Qué podía salir mal? ¿Acaso tenía algo que perder?
Bulma lo observaba, expectante y algo decaída al sospechar que su plan de fin de semana estaba a punto de irse al traste por una tontería.
Pero la mujer fue la primera sorprendida al comprobar cómo Vegeta, despacio, alargaba la mano, levantaba la tapa de la caja, analizaba en silencio su contenido para, finalmente, tomar un aparato alargado y rojo de silicona con dos dedos.
"Está bien, si es lo que Bulma quiere...", pensaba él. No podía negarle nada, aunque lo intentara.
Por su parte, Bulma, al ver aquello, alzó la comisura de los labios enseguida, olvidando su temor como por ensalmo y aceptando la oferta de empezar con algo sencillo.
"De acuerdo", pensó excitada, mientras tomaba a su vez el bote de lubricante acuoso de un anexo de la caja con una mano y el consolador vaginal que él sujetaba con la otra. "Esperemos que Vegeta no se arrepienta a medio camino..."
Vegeta se incorporó un segundo después que su mujer, observando cómo ella tomaba aquel extraño artefacto entre sus dedos; pero se sorprendió al ver que, tal y como lo cogía, lo depositaba a un lado junto al bote de lubricante y se giraba hacia él con los ojos brillando de picardía.
-¿Qué te propones? -quiso saber él, sin poder esconder media sonrisa curiosa.
Bulma lo imitó mientras quitaba la caja del medio y la depositaba en la mesilla de noche.
-No tengas prisa, cielo. Primero hay que calentar...
