Sorry por la tardanza pero la culpa la tiene mi gemela... Las reclamaciones a ella XDDDDD
Dean ½
Capítulo VI: "Problemas con el agua"
Hacía cinco días que no tenían agua caliente, así que hacía cinco días que Dean era una treintañera sexi, con cuerpo de vértigo y un carácter de mil demonios.
- Me duele el estómago un huevo – gruñó mientras conducía el Impala – ay, ¡joder!
Detuvo el vehículo en el arcén y se quedó doblada de dolor sujetándose al volante. Pálida. Sam le tomó la temperatura encontrándola un poco fría.
- Descansa un poco, conduciré yo mientras.
Los ojos febriles de su hermano lo fulminaron mientras bajaba del coche y entonces se dio cuenta de la mancha del asiento. ¡Sangre!
- Sammy – balbuceó – estoy sangrando
El castaño bajó a toda velocidad y revisó a su hermana que apenas podía mantenerse erguida y no paraba de quejarse. "Me muero tío, tiene que ser una maldición de alguna bruja, o un mal de ojo". Pero no encontraba heridas por ningún sitio, no sabía de dónde había salido la sangre.
- No tienes nada, no escupes sangre, no veo… - y de repente se echó a reír enfureciendo a la "agonizante" personita que se sujetaba el estómago doblada en dos
- ¿Yo me muero y tú te ríes? – gritó la rubia que si no se sintiera tan mal cogería a su hermano y lo espabilaría a guantazos.
- No te mueres Dean, vaya, tenía que haber previsto esto, tranquilo, estás bien – dijo el menor con una sonrisa de oreja a oreja
- ¿Qué estoy bien?, Sammy tengo agujas rajándome la barriga no puedo estar bien
- No Dean, no son agujas es la menstruación
La chica rubia miró a su hermano con los ojos abiertos de par en par, ¿cómo podía estar tan tranquilo después de decirle eso? ¡Oh Dios! Tenía…
- ¡Cómo me quito la menestración esa! ¡Sammy!
El gigantón que tenía por hermano se partía literalmente de risa y entonces fue cuando se dio cuenta. Se cruzó de brazos enfurruñado, no le resultaba nada gracioso, ¿la puta menstruación esa siempre dolía así? Necesitaba ayuda de verdad y no que se rieran de él.
- Tranquilo Dean, creo que tengo unos paquetes de pañuelos por ahí, servirán mientras encontramos una farmacia. Llamaré a Jody para que nos ayude
- ¿A Jody Mills? ¿Por qué la vas a meter en esto?
- Es una mujer – Sam se enterneció al ver cómo, una vez que había comprendido lo que pasaba, Dean intentaba disimular el dolor – Estás bastante fastidiado ¿verdad?
- Sí, no sabía que esta putada dolía tanto ¿qué le vas a decir a la sheriff?
- La verdad
- Sam…
El castaño acarició la cara de su hermano, hermana… bueno, lo que sea, seguía helada, lo pegó a su pecho frotándole la espalda. Al parecer eso aliviaba a Dean. Se había acostumbrado rápidamente a esa faceta de su hermano, cuando se transformaba aceptaba mucho antes cualquier muestra de cariño.
- Deberías cambiarte mientras llamo a Jody – sugirió sabiendo que a pesar de la trasformación, hablar con la amiga de Bobby resultaría demasiado violento para Dean
La pecosa asintió y se metió en el asiento trasero a cambiarse de ropa usando un paquete de pañuelos como le había sugerido el más alto. Escuchó la conversación de Sam con la sheriff de Sioux Falls sin salir del la parte de atrás del vehículo, genial, también tenía migraña.
- Hola sheriff Mills
- ¿Sam? ¿Estáis bien muchacho? – el castaño sonrió al teléfono, la mujer sonaba preocupada
- Sí, no es nada grave en todo caso – Sam tragó saliva para soltar la bomba – Dean tiene un pequeño problema, lo hechizaron y ahora es una mujer.
- ¿Bromeas?
- No sheriff – el joven prosiguió – es un poco largo de contar, pero ahora es una mujer y por eso necesito tu ayuda, tiene la regla
- Llámame Jody, Sam. – riñó la agente de la ley - Pero eso no es nada que no sepáis muchacho...
- Pues sí, ¿Eso es doloroso?
- Depende, hay mujeres que apenas lo notan y otras que realmente enferman cada vez, pero los dolores duran poco, un día, menos…
- ¿Y sangrar?
- También depende de la persona, dos a cinco días ¿le duele mucho?
- No para de quejarse Jody
- Está bien, consíguele compresas, ibuprofeno y que se aplique calor en la zona, y Sam ¿le haces una foto? Es que no me imagino a Dean como mujer
- Vale – se rió el castaño – cuando no se dé cuenta, muchas gracias Jody.
- Genial, ahora Jody se reirá de mí – se quejó la rubia encogida en el asiento trasero cuando Sam terminó la llamada.
- Nadie se reiría de ti – afirmó el castaño conteniendo la carcajada
- Ahora mismo te odio
Siguieron las recomendaciones de su amiga y se colaron en una granja abandonada a descansar unas horas. El lugar se caía a pedazos pero la cocina aún resistía lo suficiente como para protegerles del viento y del frío de la noche.
Era una cocina antigua, con quemadores y horno de madera, el castaño se preguntaba cómo nadie se la había llevado, una vez restaurada podía valer una pequeña fortuna. Buscó algo de combustible por los alrededores y encontró unos troncos polvorientos en la medio derrumbada leñera.
Dean se había cambiado, como tenía su ropa de mujer manchada había cogido una de las camisas viejas de Sam y lavaba el pantalón en el fregadero con una especie de piedra que olía fatal.
- ¿Hay agua? – preguntó absurdamente el más joven
- ¿No lo ves? Es una bomba, el pozo del que viene aún debe tener algo – murmuró la pecosa frotando la ropa vigorosamente con el improvisado jabón
- Eso huele mal, huele como a aceite rancio
- Creo que es jabón casero, funciona, ¿ves? – le mostró el pantalón que ya casi no tenía manchas - ¿Por qué no buscas una olla o algo? Hay fuego y hay agua, me muero por un baño caliente.
Sam asintió y se acercó a su hermano rodeándolo con sus brazos. Dean venció su cabeza en el hombro del muchacho y suspiró. "Sam, por favor"
Encontró una olla enorme, de restaurante, como para dar de comer a veinte o treinta personas. Mientras la llenaba y la ponía al fuego miró de reojo cómo su camisa se ceñía a la estrecha cintura, realzando el trasero y mostrando las largas y torneadas piernas de la versión femenina del rubio.
¿Encontrarían la solución a su problema? No podía evitar sentirse egoísta, estaba disfrutando esa situación de una forma injusta para Dean. Se acercó a ella avasallándola con su altura, con su fortaleza. Maravillándose por enésima vez de la aceptación que antes había sido tan dura de obtener.
- Te quiero – le susurró acariciándola con rudeza
- Lo sé – replicó pegándose a su cuerpo – pero así no, me repugna un poco
- Tonterías
- Sammy – se quejó Dean al comprender lo que pretendía el castaño
- Tú tienes la culpa, antes no te necesitaba tanto – gruñó el más alto sin soltarla – por favor Dean
- Es asqueroso Sam - ¿asqueroso? La besó como si quisiera llegar hasta su cerebro, poseyendo cada célula de piel de los labios, buscando la pequeña lengua sorprendida por la ansiedad de ese gesto.
Notó el olor dulzón de la sangre cuando el más joven introdujo la mano en el calzoncillo para acariciarla y dudó entre apartarlo o dejarle hacer. Sam desabotonó la camisa dejándola desnuda y tumbándola sobre la mesa destartalada empezó a saborear sus pechos.
Dean respiraba fuertemente por la nariz permitiendo que aquella entidad enorme de músculos y deseo le dominara por completo. Sin apartar los ojos del castaño que, desnudo, rozaba su pene entre los muslos duros y entreabiertos.
El pecoso ya no sentía la frialdad de la mesa, ni el dolor punzante de su costado, sólo el cuerpo duro que le aplastaba sobre la tabla plastificada de la mesita de la cocina. "Bájate" Sam tiró de ella tumbándola boca abajo, los pechos presionados sobre el mueble "Abre las piernas".
Dean se apresuró a obedecer y Sam se metió dentro hasta que quedaron muslo contra muslo. La rubia jadeó de placer, completa, incapaz de moverse rendida al control total que su amante ejercía sobre ella. Terminaron rápido, los dos, sorprendidos por el deseo que los dominaba como nunca antes lo había hecho.
Minutos después Sam preparó el baño, pensativo, analizando lo que acababa de pasar "Es raro ¿verdad?" Ignorando la molesta presencia que volvía a aparecer como cada vez que bajaba la guardia llamó a Dean creyendo que aún estaba en la cocina. Se volvió y se encontró con la mirada inescrutable de su hermano, en el rostro de la muchacha con la que acababa de hacer el amor.
- ¿Estás bien? – preguntó ella metiéndose en la bañera - ¡Oh! ¡Dios! ¡Esto es la gloria!
- Sí – sonrió al tipo de metro ochenta y seis que casi hacía rebosar el agua – estoy genial.
_ Continuará...
puede que en un par de semanas...
