La cena continuó, en una atmosfera que tenía cualquier cualidad menos la de ser amistosa. Yoshino arremetía constantemente contra Temari mientras esta le rebatía, ambas con la sapiencia que solo ellas manejaban cuando de falsedad se trataba. Durante esa contienda, Shikamaru y su padre se mantenían en silencio, frenando a sus mujeres cuando la situación se salía de control.

¿Siempre ocupas ese perfume? — averiguó la mayor mientras bebía de la taza de té que sostenía entre las manos.

¿Debería cambiarlo? — cuestionó Temari con sarcasmo ante la extraña pregunta.

No, no es eso. Es muy reconocible. — declaró, sonriendo con autosuficiencia.

No es el adjetivo que busco pero… gracias de todas formas. — contestó ella, mirando la extraña expresión de Yoshino.

Cuando lo sentí el día del festival, enseguida me di cuenta de que ya lo había percibido en otra ocasión. — reveló la madre de Shikamaru, golpeando con las uñas la taza que sostenía, creando así un ruido que perturbaba la paciencia de cualquiera.

Vaya, que buen olfato señora. Podría unirse a una de las patrullas de rastreo. — sugirió con ironía mientras bebía el último sorbo que le quedaba de té.

Shikamaru quien observaba atento la conversación no dudó en intervenir pues notó el tono utilizado por Temari y vio también el rostro de su madre ente la atrevida respuesta de ella.

Temari ¿Mañana vas a trabajar? — señaló intentando ser lo suficientemente llamativo como para atraer la atención de todos los ocupantes de la mesa.

Temari se giró hasta el joven quien estaba sentado a su lado.

No, mañana debo emprender camino a Sunagakure. Mi estadía aquí finaliza al alba. — le explicó, recibiendo una contrariada expresión de su amigo ante su respuesta.

Entiendo. — pensó, desviando la mirada hacia un costado.

La rubia le observó, estudiando esa extraña respuesta pero rápidamente miró a Yoshino quien dejó salir una pequeña y molesta risita para atraer nuevamente su atención.

Es una lástima. — exclamó con retintín la dueña de casa.

Ya lo creo. — ladró la rubia, apretando los dientes con desagrado.

¿Cuándo volveremos a tener tu agradable presencia aquí en Konoha? — cuestionó el hombre, mientras encendía una de sus pipas sin pedir autorización a nadie.

No lo sé Shikaku-san. Solo Gaara decidirá eso. — explicó ella, usando un tono indudablemente más amable con el dueño que con la dueña de casa.

Hablas con demasiada confianza del Kazekage. — dijo Yoshino buscando romper la conexión amistosa que entablaba su marido.

Claramente. — Temari rodó los ojos. — Me crie con él. Gaara no deja de ser mi hermano por su título, señora. — espetó cambiando su actitud en cosa de segundos.

Ya es tarde. Te espera un largo viaje, es mejor que no te entretengamos más. — puntualizó Shikamaru a medida que se alzaba de pie y sacudía sus muslos. Él miró a ambos adultos con aprecio e invitó a la rubia a que le siguiera.

Tienes razón. Gracias por su hospitalidad, Yoshino-san, Shikaku-san. — sonrió a él, dejando en evidencia su claro favoritismo.

Yoshino y Shikaku se miraron, asintieron y aprobaron aquello despidiendo a su invitada con una amable sonrisa.

Shikamaru caminó con ella hasta la puerta, cerró tras su salida y se calzó las zapatillas.

Vamos, te acompaño. — expresó mientras estiraba sus brazos por sobre su cabeza con pereza.

No te preocupes, puedo volver sola. — contestó ella con ese testarudo tono particularmente suyo.

No es problema, quiero hacerlo. — respondió raudo el menor y Temari no lo criticó.

La lluvia había cesado, el cielo permanecía oscuro y las aves nocturnas emitían una ronda musical singular, los constantes pasos tronaban en la mojada acera y los dos disfrutaban de la compañía que tenían sin necesitar nada más, caminando por la aldea despreocupados, como simples adolescentes.

Lidiaste bien con ella. — comentó el más joven cuando por fin llegaron, subiendo por los escalones que daban al hogar de su compañera.

No iba a dejar que la madre de un mocoso me intimidara. ¿Olvidas que me crie con la viva imagen del Shukaku? Mi hermano fue un jinchuriki, sé lidiar con bestias. — declaró ella, introduciendo la llave en la cerradura y abriendo la puerta.

Mañana te vas. — se inquietó Shikamaru, mirándola con ese aplomo tan suyo turbado.

Sí. — musitó ella con la voz débil notando la intranquila mirada del menor.

Voy a extrañarte. — balbuceó, manteniéndose de pie ahí frente a ella, con la luz de la luna iluminándole la espalda.

¿Sí? — cuestionó con un hilo de voz, casi en un susurro.

Shikamaru suspiró reconociéndose a sí mismo lo cierto de sus palabras.

Sabes que sí. — asintió sonriéndole ligero, volteándose preparado para alejarse.

Espero que no tenga que pasar más de un año para que vengas de nuevo. — exhaló mientras colocaba su pie en el primer escalón. Como si buscase una excusa para evitar largarse tan pronto.

Tú también puedes ir. — agregó ella, con el mismo propósito que él.

Lo sé, pero es complicado. — se lamentó, bajando la vista hasta esa serie de peldaños en desnivel que se le hacía tan corto. — Entonces... Me voy. — sentenció y se inclinó para emprender marcha.

Shikamaru... — lo nombró, en un arrebato de un segundo.

Uhm…— se volteó a mirarla, con la esperanza centelleándole en los ojos.

Quédate. — insistió, sabiendo todo lo que aquella pequeña palabra significaba.

Él la miró, directo a esos ojos esmeraldas de los cuales él sabía que ella abusaba. La contempló y sintió como su corazón latió desbocado dentro de su pecho. Así mismo, pudo escuchar también como el de ella palpitaba raudo. Tragó, pasando por su garganta esa decisión que no le costó tomar pero que traía consigo un trato implícito, una confesión tácita y giró sobre sus talones para subir el escalón que había bajado, adentrarse en la casa y aguardar ahí hasta el siguiente amanecer.

Temari tenía el corazón en la garganta, estaba nerviosa y su respiración era lo bastante irregular como para que cualquiera se diera cuenta. Cerró la puerta, quedándose ahí frente a la madera, sin agallas aún de voltearse, con la luz todavía apagada y la vivienda en oscuridad absoluta. Su cabeza no formulaba ningún pensamiento más claro, el único existente era que no quería que Shikamaru se fuera, sentía la necesidad de su compañía, el apuro de su presencia… Todo esto solo le aclaraba más la idea de que se había enamorado de él pero ¿Había sucedido ahora o era algo que se remontaba desde hace ya varios años atrás?

Shikamaru notó el paulatino temblor del cuerpo femenino y no dudo en abordarla, tanteando sus hombros con tersura. Callado, silencioso y sereno como sabía ser.

No creas… que esto significa que volverá a pasar lo de la otra noche. — se estremeció ella, volviéndose hacia él. Con coraje, con gallardía como si eso impidiese que el dedujera lo que ella acababa de descubrir. — No quise decir que e…—

Sin embargo, los labios femeninos fueron callados por los contrarios. Shikamaru no pudo reprimirlo más, la tomó por las mejillas y le estampó un sólido beso.

Temari quedó asombrada por su seguridad, sintió su boca, su aliento, su sabor, su calor y no se movió, se mantuvo estática.

¿No quieres que suceda? — cuestionó esa terquedad que caracterizaba a la chica, la que para él no era importante en aquel momento. — Respóndeme…— ordenó.

El pecho de la rubia subía y bajaba, todo le parecía asfixiante. Tenía las mejillas coloradas, el calor sobre la piel le quemaba y sus labios permanecían hambrientos de más. Bajó por unos segundos sus ojos y luego alzó la mirada junto a su osadía para capturar por cuenta propia la boca que segundos antes le había sorprendido.

Y esa fue respuesta suficiente. Así, sin palabras, no bastó que vociferara algún tipo de lenguaje, ya que con esa acción a él le había quedado más que claro todo.

Las manos de ella fueron hacia su cuello, envolviéndolo con autoridad y agresividad, mientras que las masculinas soltaron su cabeza con ligereza y se situaron en la estrecha cintura de la mujer sosteniéndola con sumisión. Se besaron, jugando con sus lenguas, haciendo cada movimiento en completo conocimiento, conscientes de cada dirección que su atrevimiento y entereza fijaba. Sus respiraciones agitadas chocaban con la ajena y la impaciencia comenzaba a hacerse presente entre esas cuatro paredes las cuales daban la impresión de volverse más estrechas a cada segundo.

Temari le comenzó a subir la playera con exasperación haciendo que él acatara su deseo y le ayudase con la tarea pero nuevamente Shikamaru no tomaba la iniciativa, tal y como podía recordar la rubia. Sabía que él no se movería con rapidez, que se tomaría su tiempo otra vez a pesar de que ella necesitaba su calor en ese preciso instante.

Tú… ¿Quieres? — tembló nerviosa y avergonzada por cuestionarse su propia sensualidad.

Shikamaru se ruborizó, apoyó su frente contra la adversa y la presionó más hacía su cuerpo, apoyándose contra la madera de la puerta.

¿Acaso no sientes las ganas que tengo? — gruñó él con ese tono de voz tan delicioso que Temari apenas recordaba de la noche pasada.

La mayor sonrió, recuperando esa confianza tan suya, le miró con travesura y posó su diestra sobre el pecho desnudo del contrario.

No lo sé bien… — murmuró mientras deslizaba la mano en descenso por el torso del menor. — Debería comprobarlo por mí misma. — jugó y continuó, abriéndose camino por dentro del bombacho e introduciendo su frío toque por entre su ropa interior llegando así al tibio, húmedo y duro miembro masculino.

Sus ojos verdes brillaron con lujuria, quedándose estáticos en el oscuro y profundo iris de él, su mano escaló la virilidad rodeándola y retrayendo con un lento movimiento el prepucio, disfrutando a cada segundo las exquisitas expresiones que le regalaba su amante. Shikamaru por su parte se maravilló. Amaba verla dominar, percibir ese aire de superioridad de ella le parecía jodidamente sensual y tenerla ahí, masturbándolo era sin duda, una de sus más profundas fantasías.

La aguja del reloj avanzaba y con ella la velocidad de los movimientos de la muñeca femenina, eran más profundos y también, ella no descuidaba y ejercía mayor presión con sus dedos acariciando con el pulgar su glande.

Shikamaru quien no era alguien duro de roer, se veía afectado. Jadeaba y su virilidad estaba erguida a más no poder. Su anatomía rebosaba de vigorosidad a la espera de esa tan deseada unión. Sus brazos se sujetaban a la madera de la puerta, mientras que los pausados besos que compartía con Temari eran interrumpidos por sus intranquilos brotes de placer que se veían reducidos en gruñidos.

Okey… Ya… es tiempo. — jadeo, arrastrando sus palabras.

¿Tiempo de? — cuestionó la rubia mirándolo con la excitación desbordándole los ojos.

Tiempo de oírte gemir a ti. — sentenció, bajándose la ropa y dejándola caer por sus piernas.

Shikamaru apartó la mano femenina y con anhelo comenzó a desvestirla, acompañando cada movimiento con apasionados besos. Ella no se resistió, lo ayudó agradeciendo esa proactividad.

Las prendas cayeron al suelo y la desnudes fue haciéndose presente. El joven Nara la tomó en sus brazos con premura, se quitó la estorbosa ropa de los pies y caminó con ella en dirección a la habitación.

Me gusta cuando tomas el control, aun cuando sabes que no lo tienes. — alabó ella, burlándose en un tono sugerente mientras se sostenía del cuello ajeno con ambas manos.

¿No lo tengo? — discutió con esa voz provocativa que había comenzado a explotar.

Por supuesto que no. — afirmó sensualmente ella.

El menor la depositó con suavidad sobre el colchón. — Así que así será… — expuso a medida que se acomodaba sobre ella. — Me convertí en un hombre Nara, cien por ciento Nara supongo... — exhaló dejando su aliento chocar sobre los cerezos femeninos.

Supongo. — suspiró Temari, dejando de prestarle atención a esa trivial conversación pues sabía lo que se avecinaba entre ellos.

Cayó uno sobre el otro, Temari debajo de él y con las piernas separadas en cada costado del menor, rodeándole la cintura con las mismas. Sus brazos le acariciaron la espalda en donde existían aún vestigios de sus rasguños pasados, le presionaron y atrajeron cada vez más cerca hasta que su virilidad tocara su entrada. Hasta que la rigidez masculina acariciara la humedad que había brotado por su gracia.

¿Puedo? — suspiró, mientras se acomodaba y entrelazaba sus dedos con los ajenos.

Hazlo… deberías dejar de preguntar y solo hacerlo…— gruñó ella, apretando su toque de manos, agradeciendo que él fuese así de delicado.

Entonces él empujó apenas tuvo la aprobación, tomándola con lentitud. — Es necesario… Necesito saber si lo deseas tanto como yo. — se estremeció a medida que introducía su longitud dentro de ella.

Temari lo sintió resbalarse dentro y un suspiro profundo le quitó el aliento. Sus paredes se abrían debido a la intromisión y el placer brotaba a cada centímetro que Shikamaru se apoderaba de ella. La escena comenzaba a ser real, ella y él, haciéndolo.

¿Te gusto? — suspiró ella, mirándolo con los ojos entrecerrados debido a la abrumadora sensación.

Me encantas Temari. — respondió él, moviéndose contra ella y comenzando un rítmico vaivén entre sus cuerpos.

Shikamaru…— gimió y él se lo agradeció, pues por primera vez podía cautivarse con esos exquisitos sonidos.

El cuerpo femenino sintió como la hombría se introducía una vez tras otra tocando justo donde debía, sus latidos se multiplicaron y los pensamientos se evaporaron. Ambos se sumergieron en el placer, dejaron que sus cuerpos se conocieran, que se conectaran y se unieran, que se fundieran en un enlace que nadie pudiera romper. Ella jadeó en cada embestida y él tembló ante su calidez. Tras cada segundo las sensaciones se multiplicaban, la emoción aumentaba, acrecentándose a pasos de gigantes. El sudor aperlaba sus espaldas, el pecho de cada uno, las frentes y hacía que sus cabellos se pegaran en la húmeda piel. Los gemidos ocupaban la habitación junto al acuoso sonido de ambos cuerpos colisionando, chocando entre sí debido a cada arremetida.

La velocidad variaba. Desde la lentitud y suavidad del arranque hasta el consistente ritmo sólido y firme que marcaban ambos, llegando hasta ser despiadado, inclemente. Volviendo luego a lo opuesto: sutil, delicado, tenue.

Shikamaru se sujetaba a la cintura de Temari como si de su vida dependiese eso, las venas de sus brazos estaban hinchadas y su ceño fruncido. Su boca entreabierta dejaba escapar graves gruñidos que probaban lo bien que se sentían los movimientos de esa mujer que meneaba sus caderas con armónico frenesí. Sus cuerpos calzaban a la perfección, haciendo que la constancia fuese un camino en dirección el orgasmo que ambos comenzaban a escalar.

Temari se estremeció, presionando sus músculos internos y haciéndole sentir a él ese empuje, se sujetó de los hombros del menor y la sensación se disparó. Su frágil intimidad colapsó, derritiéndose sobre él. Los audibles gemidos fueron auténticos y dignos de recordar, muestra suficiente de lo intenso de aquel primer orgasmo. Se deshizo dejándose caer temblorosa sobre el pecho del menor y jadeó, buscando con apuro la mirada contraria. Encontrándose a un agitado hombre, pero no satisfecho.

Ella supo entonces que eso aún no había terminado.

Shikamaru la acomodó sobre la cama y tomo posición detrás, volviendo a adentrarse en ella que aún estaba resentida por el agresivo clímax. La rubia se quejó y resistió con gusto, él notó como se sentía más estrecho y sonrió con satisfacción.

Así continuaron hasta que él apretó la mandíbula, tensó sus músculos y las punzadas se volvieron inconstantes pero más veloces, le presionó contra su cuerpo y dejó brotar su cálida esencia en las entrañas femeninas.

Se recostaron, satisfechos, completos, repletos de amor. Descansaron uno junto al otro.

Temari desecha sobre el pecho de su chico, atiborrada del placer que él le había brindado y de los múltiples orgasmos que había alcanzado en esas horas. Sorprendida por la capacidad de ese haragán y llorón joven que había conocido hace años atrás, aún confundida por la faceta de hombre que le había revelado.

Un sediento Shikamaru jadeaba intentando recuperar el aliento. Extasiado de tenerla junto a él, atónito de lo exquisito que era el sexo con esa mujer. Afortunado de sentir esa pasión por ella, por todo de ella.

Y aún con ganas de más.

Temari… — musitó, removiéndose y situando su cuerpo sobre el de ella.

Una aturdida rubia, se movió cediéndole la posición que el demandaba, aún dudosa de lo que pretendía. Sin embargo, el propósito de Shikamaru quedó más que claro cuando ella notó la rigidez del miembro masculino, el cual ya se situaba en su entrada a la espera.

Se sorprendió aún más. ¿Era posible que alguien tan perezoso como lo era siempre ese hombre, pudiese tener un apetito sexual tan monumental?

Su duda fue disipada al sentir una vez más como era tomada por él, gimió resentida por tanta acción pero no se negó. Muy por el contrario, le complacía esa gula. Le dolía absolutamente todo el cuerpo pero podía seguirle el ritmo por lo que restaba de noche.