Capítulo 7 "El Encuentro"
"Sé Que Todo Estará Bien, Mientras Esté A Tu Lado"
El joven proveniente de Hong Kong frunció el ceño, la presencia que sentía ahora no tenía mucho que ver con la que él conocía ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Cómo era que de pronto había incrementado tanto su magia si al principio ni siquiera la poseía? Con la misma mirada frívola que siempre le dirigía, le indicó que lo siguiera hacia el mismo terreno baldío que habían utilizado para su primera confrontación. Sin embargo ahí se encontró con algo con lo que no contaba, una chica de cabello lacio y mirada café a través de unos anteojos redondos recorría el lugar con una linterna, una libreta en la otra mano y una mochila colgada del hombro. Lamentablemente para él, ese rostro lo había visto antes, mucho antes, no había cambiado mucho, salvo porque ahora su cabello era ligeramente más largo y lo traía atado en dos coletas que le daban un aire de travesura infantil. Su acompañante casi no reparó en ella porque estaba cegado por su sed de batalla. Finalmente, justo cuando el chico chino se disponía a dar la media vuelta para buscar otro lugar, escuchó una voz familiar que lo llamaba.
- "¡Li-Kun! ¿Eres tú?" –la chica con apariencia de una joven aprendiz de reportera se acercaba corriendo hacia ellos- "¡No has cambiado casi nada!"
- "Yanagisawa-San" –respondió resignado el aludido, dándose la vuelta y dudando si no hubiera sido una mejor idea pretender que ella lo estaba confundiendo con alguien más- "¿Qué estás haciendo sola por aquí? Podría pasarte algo" –el muchacho de ojos color miel que estaba a su lado comenzaba a impacientarse.
- "Estoy haciendo investigaciones para un libro que planeo escribir" –respondió ella en tono casual ocultando la videocámara que se asomaba desde su mochila- "Me dijeron que hace algunos días, por aquí vieron unas luces muy extrañas así que vine a preguntar a los habitantes si saben algo."
- "Es mejor que vayas a casa" –le aconsejó maduramente su ex compañero de clases- "Ya es tarde para que andes sola por la calle, es peligroso."
- "Pero las cosas paranormales pasan en la noche" –replicó ella tercamente aferrándose a la libreta donde había apuntado todas las respuestas de la encuesta, inconscientemente frunciendo el ceño en un adorable puchero infantil- "Me dijeron que en ese lote baldío había una figura que brillaba en rojo y que expulsaba fuego de las manos… después llegó otra con una espada y se lo llevó" –concluyó aún apuntando con el dedo en dirección al lugar.
- (("Tange-San, eres un torpe ¿Qué estuviste haciendo mientras esperabas?")) -pensó nerviosamente sin saber cómo hacer para sacarle esas ideas de la cabeza a Naoko.
- "Además no es sólo en ese terreno…" –continuó emocionada la chica sin darse cuenta de la reacción de su interlocutor- "También me dijeron que han visto cosas raras en los alrededores… siempre con esa misteriosa aparición que brilla en rojo…"
- "Mira, me estoy hartando de tus parloteos" –la interrumpió Kenzo bruscamente, con ese brillo rojizo en las pupilas que la hizo retroceder un par de pasos- "Si no quieres largarte me da igual, puedo matarte a ti también" –de sus manos surgió un báculo color rojo metálico con un cristal negro en la punta y varios picos a su alrededor que figuraban un sol entrelazado con una luna abstracta, ambos de un color escarlata ahumado. De su bolsillo sacó un par de cartas parecidas a las de Sakura pero en blanco y negro.
Syaoran no sabía si invocar su espada o esperar a que Naoko se desmayara de la impresión. Sin embargo esto no ocurrió ya que la chica se apresuró a sacar su cámara de video (no tan moderna y profesional como la de Tomoyo) totalmente convencida de que ésa era una oportunidad única en la vida. La decisión de invocar o no la espada fue tomada por Kenzo, ya que al lanzar uno de sus ataques contra los dos jóvenes, el pequeño lobo no tuvo más alternativa que conjurar un contraataque para proteger la vida de la inoportuna chica. Ella gritaba histérica temiendo por su vida entre los brazos del chico que la había cargado para ponerla fuera del alcance de un segundo ataque, la cámara y todas sus cosas yacían olvidadas en el suelo.
No muy lejos de ahí, en la residencia de la familia Kinomoto, una joven de mirada esmeralda lavaba los trastes de la cena mientras su pequeño guardián amarillo bajo la forma de un peluche con alas volaba sobre su cabeza devorando una gelatina. Su hermano mayor no había llegado a cenar y su padre estaba encerrado en su estudio, demasiado ocupado con sus investigaciones como para siquiera voltear a ver la bandeja de comida que su hija le había llevado. Uno de los platos se deslizó por sus manos pero ella lo detuvo justo antes de que chocara contra el fregadero, estaba como "ida" desde que volvió de la escuela… había llegado corriendo a su habitación con una sonrisa deslumbrante y la mirada perdida, llegó a abrazar el osito y dio vueltas hasta que cayó mareada en la cama, donde sonreía con los ojos cerrados, desde entonces parecía no escuchar nada acerca del mundo exterior y hacía las cosas como por inercia sin enfocar la mirada ni borrar esa misteriosa sonrisa de su rostro.
- "Sakurita" –la llamó Kero tratando de hacer que dejara de enjabonar un vaso con el que llevaba casi media hora, la espuma comenzaba a desbordarse hacia el piso- "¡OYEEE!"
- "¿Hoe?" –la chica volvió en sí y soltó el vaso sorprendida pero lo volvió a agarrar antes del impacto- "¿Me llamabas, Kero-Chan?"
- "Es que has estado muy perdida todo el día" –dijo él después de tragar un bocado de gelatina- "Te hablo y no me escuchas, hasta me comí tu comida, la de tu hermano (que serviste distraídamente) y doble ración de postre frente a tu cara y ni siquiera me dijiste que soy un glotón."
- "¡Así que tú fuiste!" –reclamó ella con el ceño fruncido- "¡Estaba segura de que todavía había Okonomiyaki en mi plato!"
- "Je, je, je, je" –rió nerviosamente con una gota de sudor en la frente y ocultándose tras la cuchara- "Bueno, pero el caso es…" –cambió el tema con una expresión grave y tono preocupado fingiendo seriedad para distraer a su ama- "que me preguntaba si habías sentido algo extraño últimamente."
- "¿Hoe?" –a la chica le aparecieron muchos signos de interrogación pero después adoptó una postura seria- "Bueno, ahora que lo mencionas, hay una nueva presencia mágica que no había sentido antes… no he hablado mucho al respecto con…" –su rostro se ruborizó y se sumió de nuevo en su mundo de fantasía- "… Syaoran" –finalizó con una voz que más bien parecía un suspiro.
- "No, no, no, ¡No el mocoso otra vez!" –se lamentó el muñequito pensando que la Card Master no podría escucharlo ya que estaba fantaseando de nuevo- "Desde que volvió no has hecho más que hablar de él y no entiendo por qué… no es más que un MO-CO-SO"
- "¡Syaoran no es ningún mocoso!" –exclamó ella saliendo violentamente de su trance y abalanzándose sobre el sorprendido peluche amarillo- "Ya te he dicho muchas veces que no le digas así."
- "¡No, por favor Sakura, no me mates!" –imploraba en voz baja apretando los ojos y ocultándose detrás de los restos de gelatina que había en su plato.
Pero el golpe de gracia no llegó nunca, en lugar de eso, un silencio sepulcral invadió toda la casa. Cuando el guardián abrió los ojos, descubrió frente a él el rostro preocupado de su ama, quien miraba hacia arriba con la mirada perdida en un gesto de concentración. Murmuró algo acerca de sentir una presencia mágica muy poderosa y subió corriendo las escaleras rumbo a su cuarto, ni siquiera habían pasado cinco segundos cuando ya iba bajando los escalones de dos en dos con su mazo de cartas firmemente agarrado con una mano y con la otra apretaba la llave y el dije que llevaba colgados del cuello. Llegó a la entrada a ponerse los patines después de guardar las cartas en el bolsillo de su pantalón, ni siquiera se detuvo a ponerse el casco o las rodilleras, en cuanto se los hubo abrochado, salió disparada sin voltear hacia Kero quien la siguió fielmente pero con un gesto de preocupación. Sakura patinó como si su vida dependiera de ello a la máxima velocidad que le permitieron sus piernas hacia el lugar de donde provenía la magia, era muy leve pero algo en su interior le decía que debía ir.
En el lote baldío se había desencadenado una pelea bastante pareja, ambos contendientes estaban luchando con todas sus fuerzas y ninguno de ellos parecía ceder terreno. Pequeñas heridas visibles en el cuerpo de cada uno y las ropas ligeramente rasgadas. El joven de Hong Kong no lo había notado desde el principio pero su atacante japonés vestía una túnica larga y negra que le cubría los pies, decorada con pequeñas estrellas color rojo quemado y con el mismo símbolo del cetro dibujado en la espalda brillando en plata. Había estado contraatacando con su carta de agua que expulsaba un líquido ligeramente carmín pero bastante ácido al contacto con la piel, por lo que ahora el chico chino presentaba ligeras quemaduras. Trataba de acercarse para iniciar un combate cuerpo a cuerpo pero el muchacho de cabello ondulado invocó una carta de bosque de la cual salió una enredadera con espinos venenosos que envolvió a su contrincante rasguñándolo en el acto, se acercó a él para contemplarlo vulnerable y saborear el momento. Syaoran le devolvió la mirada con furia estrujando iracundamente el mango de su espada, tanto el arma como su brazo se encontraban inmovilizados por la planta.
- "¿Quién está ahí?" –se escuchó una voz femenina desafiante desde abajo donde se encontró con su amiga de la primaria en estado de shock (el árbol había crecido mucho y los dos chicos se encontraban en lo alto de la copa de éste)
- "Kinomoto-San" –dijo en voz baja Kenzo, reconociendo la voz, pero hablando con una que no podía sonar menos parecida a la suya- "Ella no puede saber esto" –ahora se distinguía un ligero tono de pánico.
El árbol se desvaneció pero de él solamente cayó un cuerpo que aterrizó hábilmente de pie con movimientos felinos, una espada china en la mano y vestido con el uniforme de la secundaria ligeramente maltratado (diluido con ácido y rasgado por los espinos). Los ojos marrones del muchacho la miraron con preocupación y sorpresa, ella corrió hacia él y ambos se fundieron en un abrazo, el cuerpo femenino temblaba entre los brazos del chico y él la abrazó con más fuerza tratando de tranquilizarla. Con los ojos buscó al muchacho contra el que había estado peleando pero parecía haberse diluido junto con las ramas del árbol. A lo lejos, oculto entre el follaje de otro árbol que no podría decirse a ciencia cierta si había estado desde siempre o simplemente era producto de un hechizo, yacía un joven que los observaba aprensivamente con su mirada color miel. La voz indignada del pequeño guardián se quejaba siendo ignorado como si formara parte de los sonidos de fondo de la noche.
- "¿Qué estabas haciendo aquí a esta hora, Syaoran?" –cuestionó la joven sin dejar de temblar y al borde de las lágrimas- "¡¿Y por qué estás herido! ¡¿Qué pasó aquí! ¡¿Qué tiene Naoko-Chan! ¡¿QUÉ ERA ESA COSA!"
- "¡Mocoso! ¡Suelta a Sakura inmediatamente!" –exclamaba desesperado agitando las patitas casi con la misma intensidad de las alas- "¡No tienes que acercarte tanto para explicarle!" –se interpuso entre ellos pero sólo logró ser aplastado cuando se volvieron a aproximar, seguían ignorándolo.
- "Tranquilízate Ying-Fa, por favor" –respondió el aludido con una voz muy cálida- "No es nada grave, lo siento, no quise asustarte"-volteó a ver a la otra chica con un gesto de preocupación- "Yanagizawa-San vino aquí en busca de cosas paranormales y parece que finalmente logró encontrarlas."
Ella se calmó y juntos caminaron hacia su casa después de haber llevado a Naoko a la suya. Aparentemente todo estaba bien, pero el muchacho no se dejaba de preguntar cómo demonios le había hecho el japonesito para conseguir esas cartas y una idea aún más perturbadora lo estaba molestando como un mosquito que sólo espera un descuido para picar: ¿Había creado esas cartas él mismo? La posibilidad de que ya hubiese alcanzado ese nivel de magia hacía que le dieran escalofríos, si hacía sólo tres días que había empezado a sentir magia emanando de él ¿Cómo era posible que en tan poco tiempo hubiera podido reunir tanto poder? Llegaron en un abrir y cerrar de ojos pero Syaoran había tomado una decisión. La miró decidido una vez que estuvieron frente a la puerta, ella notó que había algo extraño y se le quedó viendo intrigada. Mandó a Kero a su cuarto con una voz autoritaria y lo amenazó con no darle postre en un mes si seguía molestando por lo que el pequeño felino dorado voló cabizbajo y resignado hacia donde lo envió su ama.
Mientras tanto entre la vegetación crecida del lote baldío un muchacho de cabello oscuro y ojos claros sufría tanto de celos como de desesperación por no saber si había sido visto. Por ser delatado no se preocupaba ya que pensaba que si su secreto era revelado, él no dudaría en "revelar" también el de su rival. Sin embargo le preocupaba mucho la reacción de la chica ¿Qué diría al respecto? ¿Los rechazaría? Estaba seguro de que no, ella era demasiado dulce como para hacer algo tan cruel e injusto pero ¿Les tendría miedo? ¿Pensaría en ellos como en algún tipo de criaturas amorfas? ¿Los seguiría tratando igual por lástima? Por un lado se sentía aliviado al saber que de ser así, por lo menos su amor por Syaoran se vería debilitado por la decepción pero por otro, si ese hecho era tan poderoso como para destruir algo tan fuerte como lo que había entre ellos, resultaba terrorífico imaginar lo que haría con una relación tan frágil como la que había entre Sakura y él. Tampoco soportaba la posibilidad de que ella lo mirara con lástima en sus pupilas color esmeralda, preferiría morir antes de que eso sucediera…
- "¿Recuerdas la presencia extraña de la que me has estado preguntando?" –cuestionó gravemente Syaoran a la flor de cerezo tomándola de las manos una vez que estuvieron solos frente a la casa de ésta- "Hay algo que ha estado sucediendo desde hace tres días."
- "Sí" –respondió la Card Master sin dudarlo sintiendo cómo la preocupación comenzaba a apoderarse de ella- "Pero no logro ubicar de dónde viene, aunque cada segundo que pasa se hace más fuerte" –bajó la mirada dudando si exteriorizar lo que ella pensaba que eran simples especulaciones- "Por un momento me pareció sentir que venía de…"
- "Pues yo sé de dónde viene" –replicó el chico un poco apenado, la verdad es que ahora sabía que sin su ayuda no podría vencerlo- "Lo que no me explico es cómo sucedió" –ella frunció el ceño y se llevó una mano a la boca- "Es uno de nuestros compañeros, pero es imposible que haya adquirido poderes mágicos si no los tenía desde un principio."
- "Pero en el salón no hay nadie con poderes mágicos" –dijo ella ahora tapándose la boca con ambas manos y mirando al piso tratando de recordar- "Durante estos dos años que he estudiado aquí no he sentido ninguna presencia."
- "No existe ningún tipo de magia que se pueda adquirir de la nada" –continuó el muchacho- "Lo sé porque Meiling la ha buscado hasta el cansancio desde que éramos muy niños."
- "Pero es posible que sí los haya tenido antes sin darse cuenta" –supuso la antigua Card Captor recordando cuando ella abrió por primera vez el libro de Clow- "Y que ahora simplemente hubiese habido algo que los desarrollara ¿No es cierto?"
- "Sí, podría ser" –susurró el chico dubitativo con una expresión de frustración, mirando al piso- "El problema es que su poder aumenta demasiado rápido y me temo que ya no puedo hacerle frente yo solo" –la última frase le costó particular trabajo y no pudo evitar sonrojarse.
- "Hay algo que no entiendo" –proclamó ella poniéndole las manos en los hombros al muchacho para atraer su atención- "¿Cuál es el problema? No tiene por que ser un peligro sólo porque es demasiado poderoso… a menos de que…"
- "…" –Syaoran asintió en silencio para confirmar la idea que había surgido repentinamente en la inocente mente de la chica- "Hay algo extraño con él…" –fue lo único que alcanzó a decir.
- "Eso significa que…" –la idea aún no estaba muy bien definida en su cabeza o simplemente se rehusaba a creerla- "¿Él te ha atacado?"
- "Ya es muy tarde, monstruo" –los interrumpió bruscamente la voz de Tôuya quien llegaba de casa de Yukito- "Métete de una vez antes de que la falta de sueño te altere y empieces a destrozar la casa con tus patas."
- "¡HERMANO!" –le reclamó la chica indignada pero se calmó enseguida al notar al joven de ojos marrones quien seguía hundido en sus pensamientos- "Ahorita entro, tu cena está en un traste dentro del microondas" –agregó hacia su hermano mayor sin voltearlo a ver.
Tôuya notó el tono preocupado en la voz de su pequeña hermana por lo que decidió no importunarlos (¡¿Tôuya siendo considerado tratándose de Syaoran! Oo) y entró a la casa, pero no sin refunfuñar algo acerca de que no se tardara demasiado. El chico de cabello revuelto y ojos marrones decidió que era mejor no meter a la chica en problemas con su hermano mayor y se despidió de ella pidiéndole que no se preocupara (("Encontraremos una solución. Si tú estás conmigo, estoy seguro de que todo va a estar bien")) ella le sonrió agradecida y lo rodeó con sus brazos. Se separaron y la joven Card Master se quedó parada en el umbral de la puerta observando triste y preocupada la silueta del muchacho desaparecer en el horizonte. Luego entró a la casa para encontrarse con el estudiante universitario, quien comía su cena sin calentar parado en la cocina con la mirada perdida, tenía la cadera recargada sobre la meseta que sostenía el horno.
- "¿Cómo está Yukito-San?" –inquirió la hermanita tratando de no sonar demasiado triste.
- "Mal" –respondió secamente el aludido- "Ya tiene varios días enfermo y cada vez está más débil" –la voz normalmente indiferente de Tôuya tembló por un momento y estuvo a punto de quebrarse- "Hoy lo llevé al hospital y lo internaron."
- "¡No puede ser!" –exclamó la chica tapándose la boca mientras una lágrima corría por su mejilla- "¿Puedo ir a verlo?"
- "Mañana" –respondió su hermano guardando la mitad de su cena, no tenía mucho apetito- "Ya no es hora de visitas" –cerró el refrigerador con una expresión distante y subió las escaleras dejando a su pequeña hermana aún horrorizada por la noticia.
La chica subió corriendo las escaleras hacia su habitación en donde encontró a Kero. Éste la tranquilizó diciendo que todo estaba bien y que a la mañana siguiente irían a ver al conejo de nieve al hospital. A la joven Card Master le costó trabajo conciliar el sueño, daba vueltas en su cama preocupada por Yue y por Yukito pues si al último le llegaba a pasar algo, su ángel guardián desaparecería junto con él, abrazaba fuertemente el osito que Syaoran le había dado. A la mañana siguiente llamó por teléfono a él y a Tomoyo, un rato después, cinco minutos antes de que iniciara el horario de visitas en el hospital, los tres chicos ya estaban instalados en la sala de espera con el pequeño león alado oculto en la bolsa de mano de la chica. La joven heredera de la fortuna Daidouji llevaba puesto un vestido ceñido con la falda hasta las rodillas de un color blanco tornasol (que se le ven como brillos lilas) y zapatillas de pulsera, traía el cabello amarrado en una cola y aretes largos plateados. El muchacho traía una playera de cuello de tortuga sin mangas color rojo y un pantalón de mezclilla clara, tenis blancos y cinturón negro. La flor de cerezo por su parte usaba una falda blanca de tablones con una blusa rosa pálido que se amarra en el cuello y botas altas del mismo color, la bolsa donde ocultaba el muñeco era blanca.
- "Ya pueden pasar" –les anunció una sexy enfermera mirando coquetamente al chico- "Tsukishiro-San está en la habitación 202" –agregó consultando la lista que tenía entre sus brazos.
- "Gracias" –replicó Sakura caminando seguida por sus dos acompañantes, temblaba ligeramente pero se calmó cuando el chico chino se puso a su lado y le tomó la mano cariñosamente.
La habitación estaba completamente pintada de blanco y tenía tres camas, dos de las cuales estaban vacías. Frente a ellas, más o menos en una posición céntrica estaba una pequeña televisión prendida en cuya pantalla se veía un programa de cocina, la protagonista hablaba alegremente dando instrucciones mientras preparaba un pastel con pasta de hojaldre. En la cama de en medio estaba el joven de cabello grisáceo ligeramente sentado sobre unas almohadas y con el control remoto en la mano. Los saludó alegremente en cuanto los vio entrar, tenía unos cables con suero conectados en ambos brazos y a su lado una máquina medía los latidos de su corazón, en el fondo se escuchaba su típico "Bip". La antigua Card Captor corrió hacia él con lágrimas en los ojos mientras sus acompañantes se quedaban en la entrada tímidamente, ella se lanzó sobre él abrazándolo exclamando su nombre aliviada.
- "Estoy bien, Sakura-Chan" –la calmó el muchacho con una voz amable- "Sólo estoy un poco débil pero ya me estoy recuperando, los doctores quieren que me quede un rato más para estar seguros y ya en la tarde deben darme de alta."
- "¡Estaba tan preocupada!" –lloró la chica por fin soltándolo mientras los otros dos chicos se acercaban a ella- "Onii-Chan me dijo que estabas muy mal."
- "No…" –prosiguió él- "Lo que pasa es que To-ya se asustó porque me desmayé mientras platicábamos, los doctores le dijeron que tenía principios de anemia y me internaron. No he estado comiendo bien desde que me enfermé."
- "¿Pero vas a estar bien si te dan de alta hoy en la tarde?" –insistió la chica limpiándose las lágrimas- "¿Estás seguro?"
- "No te preocupes Sakura-Chan" –respondió el estudiante universitario de ojos color caramelo- "Te prometo que no me va a pasar nada… ni a Yue tampoco" –agregó guiñándole un ojo.
Ella sonrió más tranquila y se sentó en una de las sillas que estaban frente a la cama, al lado de ella estaba parado Syaoran con una expresión amable y en la otra silla Tomoyo, sonriendo aliviada de que su amiga se sintiera mejor y el muchacho estuviera fuera de peligro. Hablaron durante un rato hasta que la enfermera se acercó a verificar ciertos datos que le dieron las máquinas y llegó el hermano de Sakura con ropa limpia para su "mejor amigo". Entonces los tres chicos salieron del cuarto después de despedirse del interno, no sin un intercambio de miradas fulminantes por parte del hermano y el prometido de la chica de ojos verdes y cabello castaño claro. La joven Card Master se sentía ahora mucho más animada, ya que no cargaba con la preocupación de que Yukito estuviera gravemente enfermo, la fiesta que habían planeado desde el inicio de la semana se había instalado en su mente llenándola de alegría. Los tres fueron a la tienda para comprar refrescos y botanas para llevar a la casa del chico mentiroso.
Una vez que llegaron, fueron recibidos por la joven pareja, una chica de cabello rojizo atado en una trenza entrelazada con listones de colores y ojos de un tono entre avellana y bermellón, vestida con una falda amplia color amarillo y una blusa de tirantes estampada de girasoles, sandalias de plataforma color beige. El muchacho tenía el cabello café oscuro, casi negro y vestía un pantalón beige y una playera color chocolate con un logotipo de una marca conocida de bombones y zapatos del mismo color, su cabello peinado con una raya de lado y una sonrisa divertida en el rostro: por fin podría explayarse con sus despampanantes historias con un público propenso a creerle. Depositaron lo que habían llevado en la cocina y se dieron cuenta de que no había nadie más en la casa, una grabadora tocaba música movida pero no estridente desde un rincón de la sala, al poco rato llegaron dos chicas más: una del cabello corto igual de oscuro que el dueño de la casa vestida elegantemente con un vestido color rojo quemado de manga y falda larga, botas cortas blancas y una bolsa de mano del mismo color, sus ojos cafés profundos destellaron cuando saludó amablemente. La otra tenía cabello castaño no tan oscuro pero le llegaba hasta los hombros y muy lacio recogido con una diadema azul cielo y anteojos grandes y redondos. Estaba vestida con una blusa de cuello "V" y mangas de tres cuartos y un pantalón blanco pescador, sus zapatos bajos color azul marino al igual que su bolsa de mano.
Estuvieron un rato hablando amenamente, actualizándose con respecto a los nuevos acontecimientos de sus vidas y lo que había cambiado desde que se vieron por última vez. Después de que se tenía un panorama general acerca de las vidas de los presentes, la conversación dio un giro repentino, transformándose casi en un interrogatorio para el recién llegado de Hong Kong, que era de quien menos sabían. El sonrojado muchacho respondía con monosílabos las preguntas emocionadas de sus ex compañeras de clases mientras el chico mentiroso enhilaba en su mente alguna alocada historia para contarles. Al cabo de un rato, tanto el pequeño lobo como la flor de cerezo veían sorprendidos y con los ojos muy abiertos al regocijado chico de cabello oscuro y ojos cerrados; esto exasperó enormemente a su novia, quien, buscando desesperadamente por una forma sutil de interrumpir su obviamente absurda mentira, no pudo evitar clavar la mirada en el dedo anular de la mano izquierda de la Card Master. Un leve gritito de emoción se le escapó involuntariamente, atrayendo la atención de los presentes y a la vez interrumpiendo en seco el relato del anfitrión.
- "¡Sakura-Chan!" –fue lo primero que pudo salir de su boca cuando se repuso de la impresión- "¡¿Es eso un anillo de compromiso!" –su novio bajó ligeramente la cabeza, decepcionado de que le hubiesen arrebatado el momento de gloria.
- "¿Hoe?" –la aludida parecía estar un poco distraída pero eso no evitó que se ruborizara- "Pues… sí…" –agregó sonriendo ampliamente, un poco cohibida y un poco divertida por el sonrojo de su prometido- "Apenas ayer nos comprometimos" –todas las chicas a excepción de cierta amatista se agruparon a su alrededor para ver el anillo de cerca.
- "Estaba esperando a que lo notaran para poder escuchar la historia otra vez" –agregó la chica de ojos azules desde su asiento, con una complacida sonrisa mientras recordaba la larga plática que había tenido con su amiga, la tarde del día anterior- "¡Todo esto es tan maravilloso!"
- "¡Sí, sí, sí!" –exclamaba emocionada la pelirroja sin poder contener su alegría, Rika sonreía maternalmente apoyándola de una forma más reservada aunque la joven de los anteojos se puso súbitamente seria- "¡Yo también quiero saberlo todo!"
Estuvieron interrogándolos de una forma casi hambrienta, hasta que Naoko decidió que era suficiente y de una forma disimulada, cambió el disco del estéreo por uno de música más movida. Al poco rato, todos estaban bailando divertidamente a excepción de Syaoran, quien se quedó apoyado en el respaldo del sofá con su vaso en la mano, mirando a la joven de ojos verdes. Todas las chicas se habían puesto realmente locas y bailaban brincando entre los sillones gritando y cantando a todo pulmón, nunca había sido testigo de algo como aquello pero de alguna forma le agradaba mucho ver a su novia divertirse tanto, especialmente después de haberla visto tan afligida por la salud del conejo de nieve. Hasta Rika, que era la más adulta de todas se encontraba ahora parada sobre la mesa de centro de la sala cantando con un cepillo que se había encontrado tirado por ahí simulando ser un micrófono. Las otras le hacían coro desde abajo sin dejar de bailar como poseídas. Takashi se acercó a él con un vaso de refresco en la mano y con la misma sonrisa deleitada que había adquirido desde que los vio cruzar la puerta.
- "Más te vale no haberles puesto algo en las bebidas, Li-Kun" –bromeó el joven de cabello oscuro ampliando aún más la sonrisa, mientras balanceaba distraídamente el vaso, girando la muñeca y haciendo tintinear los cubos de hielo al golpear con el vidrio.
- "…" –el aludido se limitó a sonreír tímidamente lanzándole una mirada sospechosa- "¿Qué estás queriendo decir con eso, Yamazaki-Kun?" –arqueó una ceja en un gesto que era acusador y divertido al mismo tiempo.
- "Nada, nada" –rió el aludido tomando un sorbo de su vaso, el gesto tan amigable y cálido en su usualmente frívolo amigo lo había tomado por sorpresa- "¿Por qué no vienes y te diviertes con nosotros?" –agregó asentando su refresco en la mesa de la sala y riendo un poco más.
El joven de Hong Kong sonrió más ampliamente y siguió a su compañero hacia donde las chicas hacían su desastre…
Notas de la autora
¡Hola! No tengo mucho que decir acerca de este capítulo más que espero que les parezca entretenido y que sacie un poco las dudas que habían surgido en capítulos anteriores. Espero no estar decepcionando a nadie y gracias nuevamente por todos los reviews. Mil disculpas por la tardanza, aunque tristemente tengo que anunciar que de ahora en adelante tardaré un poco más en subir nuevos capítulos (quizá les ayudaría ponerme en "story alert" para los que estén registrados en jeje ---- si claro, como si realmente a alguien le interesara tanto el desenlace de esta historia)
Ya saben que para cualquier cosa, mi dirección de correo electrónico está disponible para ustedes o me pueden contactar vía review. Gracias.
LunaGitana
