Capítulo VII

Secretos y silencio

Clef tomaba su desayuno en la sala comedor, mientras observaba con recelo a Umi conversando con Ascot. Lucía radiante, feliz. Había crecido mucho, sin dudas, se había convertido en toda una mujer. De repente, sintió celos de esa relación tan especial que llevaba con Ascot. A él apenas si lo había saludado cuando había entrado a la sala comedor.

-Es tan lindo, Ascot… igual que el padre…- dijo, mirando al pequeño que llevaba en brazos. Ascot se sonrojó.

-Te queda muy bien, Umi… Tienes buena química con los niños… Tal vez deberías intentar tener uno…- dijo Hikaru, sonriendo. La sonrisa en el rostro de Umi desapareció y su rostro se puso pálido de repente. Se sentó sin decir nada. - Perdón… ¿dije algo malo?- Umi negó con la cabeza, pero no dijo nada.- ¿Qué ocurre, Umi?

-La Diva Japonesa perdió un embarazo hace un año…- Todos voltearon hacia la entrada. La recién llegada entró sin más, seguida de la pequeña de cabellos dorados.

-¿Fuu?- Se sentó en la mesa y su hija hizo lo mismo.- ¿Umi, eso es cierto?- Umi miró al suelo, se la notaba conmovida.

-La súper estrella Umi Ryuuzaki no tiene vida privada. Se nota que sigues tan aislada del mundo como siempre, Hikaru…

-Umi…

-Muchas gracias por seguir de cerca mi carrera, Fuu.- dijo Umi con ironía

-Lo siento… no tenía idea…- dijo Hikaru. En ese momento, Clef se levantó molesto. Su Umi, su pequeña Umi, ¿embarazada? ¿Cómo podía ser posible? Salió del cuarto sin decir palabra y golpeando la puerta al salir. Umi lo observó, notó que estaba molesto, pero ahora que él se había ido se sentía un poco más cómoda como para hablar del tema.

-Está bien, Hikaru… No te preocupes. Fue un momento muy difícil de mi vida, y el hecho de que se haya hecho público lo hizo aun más difícil. Y sobre todo porque era un embarazo deseado, ambos estábamos muy emocionados con la idea de ser padres… Fue mi culpa, debí haber parado un poco con las grabaciones.

-Claro que no, Umi, son cosas que pasan… Estoy a un final de convertirme en obstetra y te puedo asegurar que el continuar con tu vida no debería afectar. Tal vez no era tu momento para ser madre, pero ese momento llegará y serás la mejor de todas.

-Si tal vez...- dijo no muy convencida.

-¡Pero ya no estés triste Umi!- interrumpió Ascot.- ¿Qué te parece si damos un paseo por Céfiro?

-¿Un paseo... por Céfiro?

-Si, siempre has deseado conocer a Céfiro en tiempos de paz... bueno, las cosas no son perfectas, pero Céfiro está tan hermoso como siempre.

-Mmm... Creo que si me gustaría, necesito despejarme, no quiero pasarme todo el día aquí encerrada. ¡Pero sólo si tú eres mi guía y no incluyes a ciertas personas indeseadas!

-Si, sí, claro, sólo nosotros... Hikaru, Fuu, ¿qué dicen?

-¡Claro que me gustaría!- dijo Hikaru.

-Bien... ¿y tú Fuu?- Fuu puso cara de poco interés.

-¡Ay si! ¡Por favor, mamá!- gritó Himeko de repente. Fuu realmente no quería ir, pero le costaba mucho decirle que no a su hija, así que acepto la invitación.

Ascot llevó a las jóvenes al jardín trasero del palacio, en ese lugar estaba el establo donde las guardias reales dejaban a sus caballos. Y también era el lugar dónde Ascot convocaba a sus amigos. Kahamla había decidido quedarse en palacio con su pequeño, allí estaría más segura. Las cosas no estaban del todo bien en Céfiro y Ascot no dejaba de cometer una irresponsabilidad con ese paseo. Si Gurú Clef lo supiera, sin dudas pondría el grito en el cielo. Ascot convocó a su amigo más preciado, ese que tenía la forma de un gusano gigante de color marrón.

-¡No lo puedo creer!- gritó Himeko sorprendida.- Creí que los monstruos no existían...

-Él no es un monstruo, Himeko.- dijo Umi, acercándose a la criatura.- Hola Atalante, ¿me recuerdas?- acariciando su boca. La criatura bajó la cabeza para recibir la caricia con gusto.

-Claro que te recuerda Umi... ¡Jamás le perdonaría que te olvidara!- Umi se sonrojó ante el comentario de su amigo.

-Bueno... ¿y que estamos esperando?- dijo Hikaru, entonces todos subieron a la criatura.

En unos pocos minutos estuvieron en uno de los lugares favoritos de Ascot. Era un claro de lo que solía ser el bosque del silencio, un claro en el que nunca habían habitado monstruos, ni en los peores tiempos de Céfiro. El lugar estaba repleto de flores y había unos cuantos árboles. Pero lo más hermoso era una pequeña cascada que desembocaba en un lago de aguas cristalinas.

-¡Esto es increíble!- dijo Hikaru.

-No digan nada. Este es mi lugar secreto.

-Ascot...

-¡Es cierto, Umi! ¿No creen que vale la pena resignar un secreto por hacer sentir mejor a una amiga? - Hikaru rió, mientras Umi volvía a sonrojarse.

-Pues yo creo qué si lo vale, Ascot.

-Mamá, ¿podemos ir a nadar?

-¿Estas loca Himeko? No tienes topa apropiada para hacerlo.

-¡Vamos, Fuu, apuesto a que podríamos! Tú estás mucho más seria de lo que recuerdo.

-¡Tú no te metas Hikaru! Ella es mi hija y yo decido.

-Pues apuesto a que hay algo más divertido que hacer.- dijo Umi agachándose al nivel de la pequeña.- ¡Mira eso!- dijo señalando la cascada. Detrás de ella parecía haber una cueva.- ¿Qué dices Ascot?

-Eres muy observadora, Umi... en esa cueva descansan las hadas.

-¿Hadas? - preguntó la niña emocionada.

-¿Por qué las hadas se ocultarían en una oscura cueva?

-Por qué allí nadie imaginaria que están y pueden descansar sin que nadie las moleste.

-¿Vamos mamá?

-Prefiero quedarme aquí.

-Tú puedes quedarte Fuu, nosotros iremos. ¿Verdad?- dijo Umi, mirando a Ascot y a Hikaru. Ambos afirmaron con la cabeza.- Himeko puede venir con nosotros, al menos no se meterá al agua, aunque puede que se moje un poco.- Fuu frunció el ceño, molesta.

-Por favor, mamá, déjame ir.

-¡Vamos Fuu! ¿Quién mejor para cuidar a tu hija que las guerreras mágicas?- el comentario de Hikaru molestó más aun a Fuu, pero otra vez esa imposibilidad de decirle que no a su hija termino por invadirla.

-Cuando todos se marcharon, se sentó en una roca y miró el horizonte.

-Ah...- suspiro.- No puedo creerlo, ellas siguen siendo tan infantiles como siempre. Creo que les encantó la idea de tener que quedarse aquí.

-No puedes culparlas por querer volver a ser una niña aunque sea un rato.- dijo la voz de una mujer, Fuu se levantó de inmediato y volteó a ver de quién se trataba.

-¡Presea! ¿Qué haces aquí?

-Yo vivo aquí, lo que me sorprende es encontrarte a ti aquí.

-Si, a mí también me sorprende encontrarme aquí.

-Ellas, al igual que tú, han sufrido mucho en este mundo, deberías darles, y darte, la posibilidad de disfrutar un poco de la magia de Céfiro.

-No tengo deseos de hacerlo. Sólo quiero volver a mi mundo...

-Fuu... ¡Pero mira nada más como has crecido! Eres toda una mujer. ¿Es que no vas a saludarme?

-Hikaru, Umi y Himeko comprobaron con sus propios ojos que Ascot no había mentido. La cueva era impresionante, las hadas revoloteaban por todo el lugar, unas entraban, otras salían y otras descansaban en improvisadas hamacas hechas con hojas colgadas de las estalactitas. Algunas de ellas pasaban por al lado de Ascot y lo saludaban amablemente.

-¿Ellas te conocen? - preguntó Himeko

-Ya les dije que este es mi lugar secreto y favorito. Vengo seguido.

-Debe ser increíble vivir aquí.

-No todas las cosas son lo que parecen, Himeko.- dijo Umi.

-Eso siempre dice mi mamá.

-Bueno...- continúo Hikaru.- Es que todo es relativo, todo en el universo tiene sus ventajas y desventajas y hasta un mundo tan maravilloso como este tiene su lado oscuro, pero eres muy pequeña aun para entenderlo.

-Todos dicen que soy muy madura para mi edad.- Hikaru y Umi rieron, no había dudas de que era hija de Fuu.

-Oigan, ¿qué les parece si volvemos con Fuu? La hemos debajo sola demasiado tiempo.- dijo Ascot y las demás estuvieron de acuerdo.

Al salir de la cueva Himeko corrió al lado de su madre, mientras Hikaru y Umi se sorprendían por la presencia de la armera.

-¡Mami, mami! ¿Quien es ella?- preguntó la pequeña, pero Fuu no contestó.

-¡Presea! - dijo Hikaru con una sonrisa.- Me da tanto gusto verte.

-¡Hikaru! ¡Umi! Están muy grandes y hermosas.- dijo dándoles un fuerte abrazo.

Después de una pequeña charla, invitó a las chicas y a Ascot a comer a su casa. Fuu seguía muy negativa ante todo, pero nada podía hacer, si todos decidían ir, de ninguna manera iba a volverse sola, ya demasiados escalofríos le daba estar ahí. Y, después de todo, cualquier cosa era mejor a permanecer en el palacio, donde estaba el constante riesgo de encontrarse con él.

Tras comer una excéntrica comida preparada especialmente por Presea, Himeko salió al jardín a jugar con Mokona, mientras los demás conversaban un rato. Fuu seguía mucho más seria y callada que de costumbre.

-Himeko es una niña muy alegre.- dijo Hikaru de repente. Sólo quería sacarla de sus pensamientos, pero ella ni se inmutó.

-Si... ¿en verdad es hija tuya?- continuo Umi. Fuu molesta se puso de pie y se asomó a la ventana.

-¿Qué le ocurre?- preguntó Presea en voz baja.

-Déjala... está molesta porque no quiere estar en Céfiro.- dijo Hikaru

-¡Yo creo que tiene algo que ocultar!- continuo Umi, en voz baja.- Y seguramente tiene que ver con esa niña.

-Las estoy escuchando.

-Lo siento. - dijo Hikaru.

-Bueno, es que como tu vida no es pública como la mía tenemos que especular sobre lo que no nos quieres decir.- Fuu no presto atención al comentario de Umi. Desde donde estaba ya no podía ver a su hija y le preocupaba que se alejara del lugar, le preocupaba que anduviera sola por ahí. Desesperada salió al jardín a ver si la veía. Echó un vistazo a los alrededores pero ni Mokona ni Himeko estaban. Comenzó a caminar y la encontró cerca del lugar, corriendo a orillas de un lago de aguas verdosas. Se sorprendió de la hermosura de ese lugar. Allí solía estar el bosque del silencio, el lugar más sombrío que había conocido en su vida, ¿cómo podía haber cambiado tanto? Sin dudas, la gente que amaba a Céfiro había hecho un buen trabajo, miles de corazones orando por el bienestar de Céfiro eran mucho mejor que uno.

-¡Himeko!- la niña se detuvo sorprendida.

-¿Mamá?

-¡Himeko, ven acá!

-Sólo jugaba mamá. ¿No es hermoso este lugar?

-Te dije que no quería que te alejaras de mi.- el rugido de un animal interrumpió el regaño de Fuu. Un enorme dragón apareció como de la nada, una criatura que jamás había visto y jamás había imaginado ver, una criatura que parecía sacada de la fantasía medieval. De escamas color verde oscuro y largos cuernos dorados y brillantes, el dragón tenía un tamaño que a Fuu le impactó. Himeko se quedó paralizada por el susto. - ¡Himeko! ¡Vete de aquí!

-Pero...

-¡Qué vayas a esconderte! - gritó, mientras trataba de llamar la atención del dragón. Pero ¿qué podía hacer? No tenía ni su magia ni su espada, era sólo una mujer común. Había luchado tanto por serlo y ahora daría lo que sea por ser una guerrera mágica. El dragón no era muy veloz, pero tenía una gran fuerza. Se dirigió hacia donde se había ocultado su hija. Desesperada, tomó una piedra y se la lanzó golpeando en su ojo derecho. El dragón pareció sorprenderse por el imprevisible ataque, revoleo su cabeza y luego volteó hacia donde ella estaba. Fuu miró a sus alrededores para ver si había algo que pudiera usar como arma, pero nada, si solo era un bosque. El dragón se acercó a ella y lanzó una llamarada de fuego que ella apenas llegó a esquivar. Era lo único que podía hacer, esquivar los ataques.

Desde atrás de los arbustos, Himeko observaba temerosa la batalla. Fuu pensaba en que hacer pero mucho no se le ocurría. El fuego comenzaba dispersarse por el bosque y Fuu comenzaba a temer que pudiera llegar adonde su hija estaba.

Una y otra vez se encontraba esquivando los ataques del dragón, no podía continuar así, definitivamente no. De repente comenzó a escuchar los gritos de Himeko pidiendo ayuda. El fuego las había rodeado a ella y a Mokona. Fuu corrió hacia ella pero el dragón interpuso su cola impidiéndole el paso. Intentó saltarla pero este la levantó y, usándola cono látigo, la golpeó con fuerza, lanzándola lejos. Cayó de espaldas en el suelo.

-¡Mamá! - gritó Himeko, asustada al ver lo que ocurría. Como pudo se puso de pie en el mismo instante en que el viento comenzó a soplar más fuerte y alborotó las llamas. Himeko abrazó a Mokona con fuerza y se echó para atrás.

-¡Dragón de agua!- se sintió de repente y un torbellino de agua acabó por extinguir las llamas que la rodeaban.

-¡Rayos rojos!- los relámpagos rodearon al dragón, dejándolo inmóvil e imposibilitado de atacar. Himeko observó sorprendida. Estaba a salvo, ¡las guerreras mágicas la habían salvado! Aquellas guerreras de los cuentos de su mamá eran reales y la habían salvado.

-¿Estás bien Fuu?- pregunto Hikaru. Fuu no contestó, solo corrió hacía donde estaba su hija.

-¿Te encuentras bien?- preguntó Umi acercándose a la pequeña, luego se agachó para ponerse a su altura. Asustada, la niña se abrazó a ella.

-Tuve mucho miedo, Umi.

-¡Himeko!- gritó Fuu llegando a ella

-¡Mamá! - dijo soltando a Umi y corriendo hacia Fuu. Umi volvió a ver al dragón mientras se ponía de pie. La magia de Hikaru se extinguía.

-¡Hikaru!

-¿Crees que funcione nuevamente?

-No lo creo, se ve diferente, aun al que enfrente en la aldea de Ascot.

-¡El corazón!- Ascot y Presea llegaron corriendo desde la casa de la segunda.- Deben apuntar al corazón, ese es su punto débil.- dijo Ascot, que de bestias sabía bastante

-¡Espadas de hielo!- gritó Umi y las filosas espadas comenzaron a golpear a la criatura provocándole cientos de heridas. El dragón gemía de dolor. Cuando la magia de Umi cesó, y antes de que el dragón se recupere, Hikaru sacó su espada, corrió hacia é y la clavo en el medio de su pecho. La sangre comenzó a brotar y el dragón cayó al suelo, sin vida.

-Vaya, parece que no han perdido sus habilidades.- comentó Presea.- Ese dragón ha provocado demasiados destrozos.- continuo mirando el incendio que se había propagado.

-Eso puedo arreglarlo, aunque el daño ya esté hecho.- Umi convocó su magia para apagar el fuego de los alrededores y así evitar que el daño sea mayor. Hikaru estaba indignada, eso era lo más parecido a los incendios forestales que solía haber en la Tierra, aunque los de la Tierra solían generarse en épocas de sequías, cuando los árboles no tenían las ramas verdes, y allí con los árboles a medio florecer, el fuego se había expandido con tal rapidez... Esas criaturas estaban destruyendo el mundo por el que tanto había luchado y ni siquiera sabía que estaba pasado. A decir verdad, nadie lo sabía...