Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Stephenie Meyer, yo los uso para contarles mi historia.

GRacias a todas por su paciencia, me prestan a ratos la laptop y así voy subiendo capitulos. Espero ya pronto regresar a escribir.

Gracias como siempre a Eve que siempre esta apoyandome y les dejo otro capitulo de giros.

Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction


Capítulo 6

Caminamos un par de cuadras, cuando vi un auto, no muy ostentoso pero aún así no dejaba de gritar que era caro, al acercarnos la puerta se abrió y bajó un hombre como de cuarenta años.

—Tomas, ella es la señorita Bella —dijo Emmett saludando a la persona que estaba parada junto a la puerta del auto—. ¡Entra, Bella! —exigió. Ni cuenta me había dado de que la puerta trasera del auto estaba abierta. Entré pero inmediatamente me dio miedo, ¿a dónde íbamos? Mejor me salía, pero Emmett ya estaba entrando en el auto así que no pude salir.

—¿A dónde me llevas? —Mi voz reflejó el miedo que tenía.

—Bella, ¿cuál es la mejor manera de desestresarse? —me preguntó como si la respuesta fuera la más obvia. Lo miré. ¡Dios! Sexo. ¡Emmett me llevaba a tener sexo!

Me armé de valor y lo miré a la cara.

—No, Emmett no quiero tener sexo. Mira, realmente te aprecio… —La risa de Emmett llenó el auto, parecía que le hubiera contado el mejor chiste del mundo.

—¿Es en serio, Bella? —me preguntó antes de volverse a reír, pero no me contestó nada. Comenzamos a cambiar de zonas. En la que estábamos ahora creo que nunca había estado, había muchas bodegas y… ¿A dónde diablos me llevaba? Sería uno de esos lugares underground donde se permitía todo en el sexo, si era un lugar así no lo conocía, y yo conocía muchos, pero no estaba segura, creo que nunca había andado por estos lugares, o al menos no lo recordaba.

El auto se detuvo y el chofer se bajó, y me abrió la puerta. Bajé con miedo y sentí a Emmett detrás de mí. Se acercó al chofer y le dijo algo, él asintió y subió al auto dejándonos ahí.

—Emmett, es en serio, mira es genial tener sexo con gente que ni conoces, pero no quiero. Se supone que estoy cambiando mi manera de vivir, ¿recuerdas?

—Deja de ser tan tonta, Bella. Camina. —Me dio un empujón y sacó una llave del bolsillo de su pantalón, con la cual abrió la puerta, me preparé para enfrentarme a la gente pero… la bodega estaba oscura y muy silenciosa.

Escuché unos sonidos y de pronto se hizo la luz. Era un lugar de peleas, o de boxeo, o algo así. Miré con aprensión hacia todos lados, tratando de reconocer algo o alguien.

Emmett me dio una bolsa de plástico con algo dentro.

—Es un short y unos tenis especiales. Te doy cinco minutos para que te cambies, si no lo haces yo te desnudaré y te pondré la ropa.

Dicho esto se fue hacia otra puerta y yo rápidamente saqué las cosas. Era un short de licra como los de hacer ejercicio y los tenis eran altos, e igualmente eran para hacer ejercicio. ¿Me había llevado a hacer ejercicio? Comencé a reírme, seré tonta, yo pensando en sexo y Emmett me llevaba a hacer ejercicio.

—Bella, deja de reírte y vístete. Me faltan solo los tenis —gritó Emmett, su voz hizo eco en la bodega vacía.

—Voy papá —le respondí con un grito también.

Estaba poniéndome uno de los tenis cuando Emmett apareció.

—Bella. —Me miró—. ¿Ya te diste cuenta, no?

—Lo siento, por lo regular usaba las drogas o el sexo para evadirme, desestresarme o lo que se me antojara. Gracias.

—No me des las gracias, no seré suave contigo.

Salimos hacia la bodega. Habían un par de rings en medio de la nave, alrededor habían aparatos y cosas para hacer ejercicio.

Emmett me llamó con un silbido haciéndome acabar mi exploración.

—Comenzara aquí —señaló una caminadora—, creo que quince minutos caminando serán suficiente para empezar.

Después de la caminadora, me puso a saltar la cuerda. Inocente de mí pensé que era pan comido. Tenía una hora haciendo ejercicio y sentía que me moría.

—Ven, Bella —me llamó Emmett, que se veía realmente Sexy todo sudado—. Recuéstate ahí. —Lo miré curiosa—. ¡Oh, joder, Bella! —me regañó.

Él se acostó en una tabla que estaba inclinada, yo lo imité en la siguiente. Mis piernas quedaban hacia arriba, vi que él enganchó sus pies en una barras y yo igual.

—Bien, ahora cruza tus manos sobre el pecho —me dijo y lo imité—, ahora haremos series. —Me miró y me evalúo—. Tú haz series de doce repeticiones de los ejercicios que te voy a enseñar, yo haré mas, pero cuando acabes sigues, no esperes a que yo acabe.

Sentía el estómago arder. Mi cuerpo temblaba de lo cansado que estaba, apenas si me sostenía en pie, había vomitado y Emmett seguía terminando sus abdominales. ¡Dios! Eso de hacer ejercicio era la muerte.

Emmett se paró como si nada y me miró.

—Debilucha, no aguantas nada. Ven, vamos por lo último.

Gemí y quise tirarme al piso y llorar, hacer berrinche hasta que me dejaran ir a descansar. Pero él que me llamara debilucha de esa forma, como confirmando algo que ya creía me picó el orgullo, así que caminé con mis piernas temblando hacia donde estaba... junto a un saco de boxeo.

Me tomó de las manos y comenzó a vendarlas, lento, casi podría que decir sensualmente.

—Listo —dijo cuando terminó—. Párate así. —Miré sus piernas e imité su postura—. Bien, mira el saco. —Obedecí—. Imagina que es… Mike. —Sentí como un dolor en la boca del estómago se instalaba—. Ahora, grítale, reclámale todo lo que quieras, golpéalo.

De momento me quedé congelada.

—Bella, tira un golpe. —Y lo hice, sin fuerza, con miedo—. Otro —exigió.

Tomé aire y di otro golpe, pero seguía siendo débil.

—Pensé que tendrías más coraje contra Mike, recuerdas cómo te miraba y te decía que eras una inútil, que ni siquiera en la cama le servias, que tenía que meter a Jessica o no tendría nunca un orgasmo. —Y lo recordé. Lancé un nuevo golpe más fuerte.

Y luego otro.

—Bien, cariño. Sabes que pretendió que volviera a invertir y volvió a ofrecerte, me dijo que me podía quedar contigo una semana o el tiempo que quisiera. Pero que si no te complacía en la cama podía llamar a alguien más, cuando le pregunté si Jessica, él dijo que no, que solo tú eras a quien compartía, ¡qué feo! —Mi cabeza comenzó a llenarse de la voz de Mike, mis brazos tiraban miles de golpes, me dolía pero no me importaba quería hacerle daño. Quería acabar con él.

Yo jadeaba y quería destrozar el saco, quería hacerle daño.

—Y no olvidemos a Jess. La buena de Jess, que siempre quiso ayudarte. Fue ella quien te vació la botella de vodka y dejó la cocaína cerca de ti cuando perdiste a tu bebé.

Grité furiosa, lanzando golpes, podía verla burlándose de mí, podía oír su risa cuando me dijo que mi nena se había muerto, que era lo mejor, así podía seguir de fiesta.

Recordar como cuando mi propio padre me la ponía de ejemplo, siendo ella quien me daba la droga, ella había sido quien me llevaba de fiesta, siempre fue ella la niña buena y yo la alocada, mis padres confiaban más en ella que en mí.

—Ya tranquila, ya, Bella. —Emmett me abrazó. Yo quería seguir golpeando, quería acabar con Jessica, con Mike, con mis padres, así que me removía contra él intentando soltarme, quería seguir golpeando pero me apretó aun más fuerte contra él—. Tranquila, tienes sangre en las manos. Prometo que te traeré mañana a seguir golpeando.

Miré mis manos y era verdad, pero no solo eso, tenía la cara llena de lágrimas, y respiraba con dificultad. Me sentía mejor y peor, triste pero al mismo tiempo un poco más tranquila, quería sentirme bien, amada.

—Tranquila, Bella, ya nadie puede hacerte daño, yo voy a cuidar de ti.

Me abracé a Emmett y seguí llorando más fuerte, más sonoramente; no sé cuánto tiempo estuvimos así, pero toda esa catarsis comenzó a surtir su efecto y comencé a relajarme, sentí como Emmett me levantaba, me murmuraba palabras de afecto. Yo tenía los ojos cerrados y aún sollozaba un poco, pero me sentía cansada, relajada, menos pesada.

Escuché cómo le decía a alguien que tomara mi ropa y la suya, luego mis recuerdos no son muy fiables, pero creo que me llevó a casa, me acostó y se fue. No sé si Edward se dio cuenta de cómo llegué.

Desperté con la cabeza pesada, mover un brazo era algo doloroso. Sin abrir los ojos moví mis dedos, dolían.

De pronto noté algo, el sol daba en mi cara, ¿había sol en mi habitación?

—¡Diablos! —intenté levantarme, pero las piernas no me respondían. Todo mi cuerpo me dolía, hasta las pestañas.

Mi teléfono sonó en ese momento. Gemí, haciendo un gran esfuerzo contesté.

—Bueno.

Gracias a Dios contestaste, estaba a punto de llamar a Edward, es la quinta vez que te llamo. —Era Emmett.

—No lo escuché, acabo de despertarme y me duele todo, no puedo ni pararme —me quejé—, creo que hablar también hace que me duela el cuerpo. Y todo es tu culpa.

La risa de Emmett no se hizo esperar, pero me encantaba escucharlo reír, su risa es contagiosa y un bálsamo para mi dolor.

No te preocupes por el trabajo, en un rato iré a verte. Descansa, te lo mereces. —Después de esto colgó.

Yo quería levantarme, pero simplemente no podía, moví mi brazo para poder ver la hora en el celular, pero me dolía, así que no me importaba la hora.

Cinco minutos más tarde ya no podía postergar el pararme, necesitaba hacer pipi.

Quejándome de cada movimiento y casi orinándome al mismo tiempo, me levanté y llegué al baño, justo a tiempo.

Cuando salí me dirigí a la cocina, quería comer algo. Revisé el refrigerador, pero no había nada, así que tocaba cereal, busqué y tampoco había cereal.

Ni leche, ni nada, caminé de vuelta a la recámara, tomé veinte dólares y esperaba que con eso consiguiera comida, aunque creo que nunca había comido con veinte dólares, lo mejor sería tomar veinte más, e intentaría hacer algo de comer. En el restaurante había estado cocinando, no debería de ser tan difícil.

Salí a la calle y miré para todos lados. ¿A dónde iría Edward a comprar la comida? Caminé hacia una de las esquinas y no encontré nada más que pequeñas cafeterías, vi a una chica barriendo la calle y le pregunté.

—Disculpa, ¿una tienda donde comprar comida?

La chica me miró y señaló con la cabeza hacia más delante, yo miré e iba a comenzar a caminar cuando la chica me habló.

—¿Tú eres Bella Swan? Te vi en la revista.

—No soy ella, mucha gente me confunde. —¡Qué imaginativa soy! Me reprendí—. Ya quisiera yo el dinero de la chica, yo ando con veinte dólares y no tengo más.

Me alejé lo más rápido posible, ¡Dios, qué tonta me vi! Dije las frases de siempre.

Miré la tienda y entré, ¿ahora que compraba? Leche, fue lo primero que se me ocurrió, luego miré alrededor, no era algo muy surtido.

Busqué el refrigerador y encontré la leche, luego busqué algo que hacer de comer, pero no había mucho, tomé un paquete de pan, y un jugo.

Cuando iba de regreso vi un carrito donde vendían burritos, olía muy bien. Me acerqué y compre dos burritos. Pagué solo diez dólares. Así que ahora tenía un par de burritos, un paquete de pan, un medio galón de leche y un litro de jugo.

Ahora el problema era que todo eso pesaba y mis brazos dolían, y faltaba todavía media cuadra para llegar al departamento, sentí que alguien me miraba, busqué con la mirada y no vi nada. Descansé mis brazos, miré mis manos, mis nudillos tenían ya un poco de cicatrización y estaban muy rojas, tirando a morados y estaban hinchados, me estiré para descansar un poco y volví a tomar mis bolsas, llegué al departamento y recordé no había sacado la llave.

Pero casi en ese momento recordé que la vecina tenía una copia, así que llamé a su puerta y le pedí que me abriera; era una señora muy mona, era ya grande y me recordó a mi nonna, le di las gracias y entré.

Me comí un burrito con jugo, luego guardé mis compras y me senté en mi colchón, estaba a punto de quedarme dormida cuando sonó mi teléfono.

Era Angela, había quedado en salir con ella y Jane, y lo había olvidado por completo. Me metí a bañar, el agua caliente cayendo en mis hombros, relajando mis músculos fue una bendición, aunque mis nudillos ardieron un poco.

Iba a comenzar a maquillarme, pero luego lo pensé mejor, no necesitaba impresionar a nadie, simplemente tenía que ser yo, así que opté por solo ponerme un poco de corrector, mascara de pestañas y un bonito labial rosa fresa.

Cuando llegaron me emocioné muchísimo.

—Bella, estás guapísima —Angela me saludó de esa manera—. Me gusta el color que tienes.

—Es verdad, casi pareces una mujer de verdad —me dijo Jane—. Hola, Bella, ni siquiera te saludé. —Me dio un beso y un gran abrazo.

Les sonreí y tomé las llaves. Fuimos en el auto de Jane hasta una cafetería, en la cual pedimos hamburguesas monstruo, que según Jane eran para morirse, y al verlas supe que si eran para morirse, pero de un ataque al corazón.

—¡Dios! Después de comer esto tendré que ponerme a hacer ejercicio —exclamó Angela.

—Y yo tendré que comprar ropa, mis pantalones ya me quedan apretados —les dije.

—Serán exageradas, yo me como al menos dos de estas hamburguesas a la semana y mírenme —Jane señaló su cuerpo esbelto.

—Tú comes como si no existiera el mañana y no engordas ni un gramo.

Las tres estallamos en risas, había pedido una coca zero, pero cambié de idea y pedí una malteada, cosa que no debí haber hecho porque quedé más que llena.

Cuando salimos les hice una pregunta a las chicas.

—¿Creen que podrían rodarme hasta el auto?

—Vamos a caminar un rato, ese parque es lindo, mi mamá siempre trae a mis hermanos pequeños.

Caminamos por el parque, de pronto Jane me miró.

—Bella, tienes que ayudarme. —Se mordió el labio—. Hay un chico, me gusta mucho, pero ni siquiera sabe que existo. —Brincó un poco—. ¿Qué hago? ¿Cómo me arreglo? Tú eres experta en hombres, dime qué hago.

—Jane —la reprendió Angela.

—Es la verdad, Angela, tí todavía no logras que Ben te pida que te lleve a vivir a su casa, solo follan y ya; y yo y mi nula vida amorosa desde que trabajo, a veces pienso que era mejor en la universidad, al menos follaba una vez al día, ahora hace meses, años de que no le doy una alegría al cuerpo. Soy virgen de nuevo por falta de uso.

Volvimos a reír.

—Jane, no sé qué decirte, tú eres hermosa, tal vez si él no te ve como algo más…

—Lo que pasa es que Jane cometió una pequeña equivocación, estaba diciéndome todo lo que iba a hacerle, íbamos en el elevador —señaló Angela—, y él entró antes de que pudiera advertirle a Jane y escuchó gran parte de la conversación.

—Desde entonces me mira como bicho raro, lo detesto. —Suspiró Jane—. Pero es tan guapo.

Estiré mi mano para tomar una flor.

—¡Bella! ¿Qué diablos te pasó?

—¿Edward te pegó? ¿O mejor dicho tú le pegaste? —Jane miraba mis manos.

—No, yo tuve una pelea contra un costal de boxeo. Emmett, ¿no les he contado sobre Emmett? Bueno, él me esta ayudando y yo necesitaba sacar mi estrés, y me llevo a hacer ejercicio.

—Bella, cuando lleguemos a tu casa voy a curarte —dijo Jane—, tienes que tener más cuidado. —Ella apretaba mis dedos y me dolía, pero algo buscaba.

—Jane, me duele.

—Sí, pero busco si te siento una fisura, necesitas una radiografía.

—No me duele como si se me hubiera roto. —Abrí y cerré mi mano, dolía normal como un golpe, sabía cómo dolían las fracturas, dos gracias a Mike y una montando en bicicleta—. Además sale muy caro y no tengo dinero.

—Llevémosla. Alec está de guardia. —Jane se puso roja.

—Así que se llama Alec. No tengo dinero —le repetí.

—Yo te presto mientras te pagan, todo sea por tus dedos.

—Aja, no tiene nada que ver que Alec esté en este turno —le dijo Angela.

—Noo —contestó Jane alargando la o exageradamente mientras se ponía más roja que un tomate.

En el hospital conocí a Alec, era un tipo mono, con cara de niño y arrogante, no me gustó como miró a Jane, como si fuera un bicho raro. Cuando salimos hablé con ella.

—Jane ese tipo merece una lección, te mira como si fueras menos. —Jane me miró aturdida—. Es en serio, lo primero que harás será ser indiferente con él, vas a necesitar toda tu fuerza de voluntad, cuando estés con él trátalo con indiferencia, a ti te gusta bromear con la gente, lo he visto. —Ella asintió—. Pues no lo hagas con él, háblale de usted, se fría.

Angela estuvo de acuerdo, de camino a casa le dimos una serie de instrucciones, ella aceptó, se veía decidida.

Al llegar a casa, no pasaron, así que entré sola y para mi sorpresa en el departamento había visita. Rose, Alice y la madre de Edward, Esme.

Las saludé.

—Buenas tardes. —Y seguí hacia mi guarida.

—Bella —me llamó Esme—, nosotras vinimos a pasar la tarde contigo, Edward nos llamó y nos pidió que... bueno, él nos contó que anoche no estabas muy bien.

—Pues yo la veo bastante bien, solo busca llamar la atención —dijo Rose en voz baja pero lo suficientemente alta para que la escucháramos.

—Rose —le susurró Alice—, hicimos un trato.

—Yo no acepté ese trato ridículo, ¿por qué diablos tenías que prometer tratar bien a esta…? —Me miró con desprecio y escupió la siguiente palabra—. ¿Mujer? Para poder regresar al departamento de quien ha sido mi mejor amigo toda la vida.

—Miren, yo no quiero ponerlas en una situación incómoda. Estoy bien, ayer tuve un encuentro con mis demonios… —Sin poder evitarlo me miré las manos.

—¡Bella! —gritó Esme—. Eso tiene que verlo un doctor.

—Vengo del hospital, no tengo nada roto ni fisurado, son solo los golpes.

Alice se acercó a mí, tomó mis manos y las examiná asombrada.

—¿Quién te hizo esto?

—Dime que no fue Edward —jadeó Esme.

—No, fui yo, boxeé contra un saco y creo que el saco ganó este encuentro.

—Pero, ¿estás segura que estás bien?

—Sí, me sacaron radiografías y todo —les respondí.

Hierba mala nunca muere y ella es el mejor ejemplo de esto —Volvió a decir Rose, me estaba cansando y no quería contestarle, así que le di una gran sonrisa e intenté volver a entrar a mi cuarto.

—Espera, Bella. En serio queremos pasar contigo la tarde, al menos yo quiero. —Esme se escuchaba sincera—. Y la que no quiera —miró a Rose—, puede salir por la puerta, no hay problema.

Rose torció la boca y se quedó callada. Alice miró a Esme.

—Yo sí quiero quedarme.

—Bien, trajimos todo para hacer lasaña, ¿quieres ayudarnos, Bella?

—Claro, solo voy a dejar una cosas y salgo.

El departamento era pequeño, pero cerrando la puerta podría tener cinco minutos a solas.

Cerré la puerta y me quedé parada cerrando los ojos, sería una tarde larga.

La puerta se abrió ,pero yo me quedé con los ojos cerrados.

—No sé qué diablos les das a la gente que haces que te adoren. —La voz amargosa de Rose me llegó a los oídos—. Yo misma creí que eras fantástica, pero ya no, yo sé que tú eres una mala persona. Crees que no sé que haces todo esto para regresar con Edward, pero que sepas que él ama a Tanya y no va a dejarla por ti. Una vulgar prostituta, que solo busca que la mantengan.

Ahora si, se lo había ganado a pulso la rubia de mierda, me volteé y la tomé, no muy delicadamente, de sus cabellos rubios, que por cierto les faltaba hidratación.

—Escúchame bien, rubita de mierda, yo no estoy aquí por Edward, estoy porque por desgracia tengo una mala racha y debo mucho dinero, si por mi fuera estaría en Ibiza o Dubai con algún amante que me tratara como princesa, pero me toca estar aquí aguantando todos tus berridos de vaca amargada. —La jalé más fuerte haciendo que cayera de rodillas y yo con ella—. ¡Me tienes harta! Más que harta, si no dejas de fastidiarme voy a darte una lección.

Apenas la solté me atacó de regreso.

—Pues tú, zorra morena. —Habíamos caído al colchón y ella me halaba los cabellos mientras yo intentaba soltarme de su agarre—. Me la debes, me debes mucho ese día no fui violada, pero fui asaltada sexualmente, esos tipos me toquetearon, me tocaron oíste, y tú me llevaste con ellos, sabías que iban a hacerme. Pero con Edward te hiciste la inocente, recuerdo tu carita toda llorosa, ella tomó alcohol, yo no se lo di —Ella imitaba mi voz, al ver que no cedía en su agarre cambié de táctica y le tomé el pelo otra vez.

—Suéltame, idiota, acepto mi culpa, te pedí perdón ese día y te lo pido de nuevo, pero tú no te negaste a tomar alcohol, querías ser como yo, querías que Edward te hiciera caso, por eso querías ser como yo. En verdad, siento que pasara eso, acepto mi culpa, he pagado caro mis errores.

—Si quería ser como tí, una maldita zorra que era lo que Edward amaba de ti, que fueras una zorra, pero gracias a Dios recapacité antes, ¿quién quiere ser una bruja, drogadicta, borracha —jadeaba cada palabra y sentía el odio con el que lo decía—, capaz de matar a su propio hijo?

Eso sí que no, nadie se metía con mi hija.

—A mí puedes decirme lo que quieras. —Mis manos sacudían su cabeza, ella había aflojado su agarre—. Pero a mi hija la dejas fuera de esto, estoy harta de explicarme, de rogar para que la gente me crea, yo no maté a mi bebé, ¿entiendes? Yo lo amaba. —Unos brazos me separaron de Rose, pero yo quería hacerle daño, intenté patearla.

—Ya, Bella, cálmate. —Era la voz de Edward, pero Rose atacó en ese momento, prácticamente me arrancó de los brazos de Edward, pero otra persona la separó de mí. Edward me llevó a la sala.

—Suéltame. —Me retorcía en sus brazos—. Necesito hacerle algo.

—Ya, por favor, Bella, compórtate, ¡por Dios parecen dos personas sin educación! —me gritó Edward.

—Yo ni el instituto acabé así que no tengo educación. —Me retorcí más fuerte, pero él me sujetó aun más fuerte contra él.

Acercó su boca a mi oído y me susurró.

—Por favor, Bella, ya déjala, ya... Bastante se han lastimado ya las dos. Por favor, hazlo por mí.

¡Oh, malditas palabras! Sabía cómo y por dónde atacarme.

—Yo… voy a tranquilizarme, no por ti, si no por mí —le dije.

—Si ya tranquilizaste a la otra pandillera, ayúdenme con esta —escuché a Emmett gritar.

—¿Si te dejo prometes no atacar a Rose? —me preguntó.

Quería decirle que sí y luego ir por ella, pero miré a mi alrededor y vi la cara de Esme, la de Alice y hasta la de Jasper, estaban preocupados, así que asentí.

—Dímelo —me exigió Edward y se escucha una maldición de Emmett, y un bastardo te lo merecías de Rose.

—Sí. Lo prometo, me quedaré aquí sentada sin ir a lastimar a Rose.

—Esme, quédate con ella. Alice ve por el botiquín al baño y tráeselo a mamá. Jasper, ven conmigo.

—Tengan cuidado con Rose, es muy agresiva —advirtió Alice, cómo si no nos hubiéramos dado cuenta.

Jasper fue tras Edward, y vi cómo se miraban él y Alice, ahí había algo.

Mi mejilla me dolía, llevé mi mano hacia ella, pero Esme detuvo mi mano.

—Espera que te cure los rasguños —¿Rasguños? ¿En qué momento me había Rose rasguñado?

Esme me limpió los rasguños de la mejilla y revisó mi cabeza, varios pequeños mechones de cabello salieron, necesitaba verme en un espejo, seguro me quedaba cicatriz, ¡maldita zorra rubia!

—Bella, quiero disculparme. Rose fue a buscarte, nunca pensé que se comportaría así, ¡Dios! La conozco desde niña. —Esme estaba consternada—. Pero necesito saber... ¿es verdad, lo que dijo?

¡Diablos! Agaché mi cabeza. Ese capítulo de mi vida eran de los pocos de los que me arrepentía.

—Sí, es cierto, pero me arrepentí y volví por ella. Pero si, yo le di alcohol y la dejé sola con ellos. Alice también estaba ahí, pero era más peque. —Esme jadeó espantada, quería justificarme., pero yo bien sabía lo que hacia ese grupo con las chicas que estaban tomadas—. Yo soy culpable. A Alice la dejé en mi recámara. Yo quería darle una lección, y yo…

No pude seguir, ver la cara de Esme y la desilusión en su rostro me hizo callar.

—¡Dios, mi pobre nena! —dijo Esme levantándose y dirigiéndose a donde estaba Rose.

—Tía Esme —la llamó Alice.

—Ahora no, Alice, yo necesito… —Me miró y vi cómo me juzgaba, siempre era así.

Yo bajé mi cabeza y me negaba a dejar salir las lágrimas que ya tenía en los ojos.

—Bella —era la vocecita de Alice—, te equivocaste con Rose, pero no puedes pasar la vida pidiéndole perdón, te arrepentiste y regresaste por ella, a mí me encerraste en tu cuarto, pero Rose ya tenía un plan esa noche y era algo parecido. Ella quería que Edward se desilusionara de ti, ella había planeado ponerse muy borracha y acusarte a ti de darle el alcohol.

—Eso no me disculpa, yo sabía que Royce y sus amigos eran lo peor, me arrepentí y fui a salvarla, pero nunca voy a perdonarme, cuando llegué. —Recordé la cara de Rose—. Ella estaba asustada y ellos… —¡Dios! Iban a violarla y era mi culpa—. Ellos la iban a violar.

—Sí, Bella, pero la rescataste, yo me había salido de tu recámara y buscaba a Rose, recuerdo cómo te enfrentaste a los tipos, ellos no querían dejarla recuerdas, ellos te lastimaron y te amenazaron con que pagarías por quitarle su juguete. Uno de ellos te arrancó la pulsera y te pidió ser su juguete, tú aceptaste y les dijiste que lo serías. pero no ese día. Bella, yo creo que ya pagaste más que suficiente.

Yo no recordaba bien todo, pero mientras Alice lo narraba lo comencé a recordar. Y sí, que había sido su juguete, Jess fue quien me dio la idea de dejar a Rose con ellos y quien me recordó que debía pagar por quitarles el juguete, fue de las primeras veces que me metí droga para poder soportar todo lo que hice.

Necesitaba sacar todo eso de mi cabeza, necesitaba anestesiarme, recordé que en el pantalón tenía mi celular y algo de dinero, sin pensarlo corrí hacia la puerta y salí.

Necesitaba droga de manera desesperada, necesitaba olvidar. Corrí y corrí varias calles, no sabía dónde estaba, cuando llegué a una esquina paré, miré el cartel y llame a mi dealear y le di la dirección de donde estaba.

Lo esperé por veinte minutos cuando vi su auto. Sonreí. Ya acabaría el dolor, acabaría todo.

—¿Preciosa, qué haces en este lugar? —Ven, vamos a una fiesta.

—No tengo mucho dinero, pero…

—Hermosa, tú no necesitas dinero, tienes un hermoso culito con el que me puedes pagar. —Sonreí. ¿Qué más podía decir?—. Nos vamos a ir de fiesta, pero primero necesitamos ponerte guapa, hay fiesta en casa de Paris, y yo soy el invitado de honor.

Pasamos por su departamento, a parte de vender drogas, Isaac, mi dealer, manejaba una pequeña célula de acompañantes. Miré a las chicas. todas las chicas que estaban ahí era porque querían, Isaac jamás tenía a nadie a fuerza, al menos eso decía. Me prestaron ropa y maquillaje, antes de salir una de las chicas entró con una bolsita de cocaína.

—Te lo manda Isaac, para que te des alegría. —Sonrió y yo tomé la bolsa.

La droga me quemaba en la mano, me debatía entre usarla y no.

Isaac entró y me miró, con una sonrisa burlona me cuestionó.

—¿Nena, te vas o te quedas? Y esa va gratis... —Con su boca señaló la droga.

—Gracias —le respondí y sin pensarlo más tomé un poco con mi dedo, y lo llevé a mi nariz, una y otra vez...


Esta Bella no es muy correcta por así decirlo, ella es humana y esa es su manera de evadir su dolor. ¿Qué opinan e este capitulo?

Las quiero y besos.

Estoy tardando mas de lo normal por qué tuve una operación y no puedo usar la computadora mucho tiempo, espero pronto regresar a la computadora.