Here again!

Gracias a todas por los bonitos reviews que me dejan, sin duda son el gran aliciente que me hacen continuar con esta historia.

Espero que este capítulo les guste tanto como el anterior ^^


"No es el amor, sino el espanto, lo que nos une"

Borges

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Draco no dijo ni una sola palabra en los más de treinta minutos que los mortífagos tuvieron que estar esperando para la llegada de su señor. Al amparo de la enemistad y rivalidad que solía reinar entre todos los presentes, consiguió mantenerse lo suficientemente apartado como para que ninguno de sus ex compañeros o las viejas glorias amigos de su padre se acercaran a intentar darle conversación. No estaba de humor para fingir un interés que nunca sentía. Las apariencias lo eran todo, lo sabía, y ahora mismo ocupaba un sitio lo suficientemente próximo a Voldemort como para que todos los señores venidos a menos quisieran congratularse con él. Estaba furioso y lo que menos quería en aquellos momentos era que alguien, quien fuera, tuviera la suficiente audacia como para siquiera imaginar la razón de su estado de ánimo.

Si no había contado mal, en el enorme salón ya debían de estar prácticamente todos los convocados a la reunión. Acheron se disculpó ante Malfoy con el pretexto de que iría a saludar a un par de mortífagos y se alejó. Draco se quedó observando detenidamente a toda la sala.

Un par de minutos después, cuando el rubio percibió con desdén que aquella no sería una reunión demasiado interesante, las puertas principales se abrieron y, para su sorpresa, fueron Pansy Parkinson colgada del brazo de Nott los que entraron en la sala. Altivos y orgullosos, con sus rostros al aire y los brazos descubiertos de manera que pudiera verse bien la serpiente tatuada. Desde que el Señor Oscuro se alzara y ellos tomaran el control sobre el mundo mágico y gran parte del mundo muggle, habían actuado duramente y siempre dejando sus rostros al descubierto, sembrando el pánico, ofreciendo una imagen a la que temer y de la que huir. Pero desde aquella funesta noche en la que la Resistencia había adquirido fuerza debajo de sus mismas narices y habían frustrado su intrusión en el Ministerio de Magia causando demasiadas bajas oscuras, los mortífagos, por orden expresa de Lord Voldemort habían decidido volver a ocultarse y permanecer en el anonimato hasta que pudieran erradicar de una vez por todas a esos asquerosos magos amantes de los impuros que parecían no poder erradicarse.

Que Parkinson y Nott se presentaran de aquella manera era una gran ofensa al resto de los allí presentes. Los murmullos airados no se hicieron esperar.

Una serie de miradas se fijaron también en Malfoy, demandándole en silencio que el rubio hiciera algo.

Malfoy se abrió paso a zancadas entre los distintos grupitos dejando atrás los ojos acusadores y las copas de coñac, hasta que se colocó justo cara a cara con los recién llegados. Sin más ceremonia se apartó él mismo su propia capucha para que la dureza de sus ojos y el rictus severo y amenazante de su rostro hicieran innecesarias las palabras que se amontonaban tras sus labios.

Pansy lo recibió con una sonrisa deslumbrante.

-Draco –saludó.

Él se volvió hacia ella y la fulminó hasta tal punto que empezó a sentir cierto cosquilleo en la palma de su mano en añoranza por la varita que llevaba en uno de los bolsillos interiores.

-¿Dónde están vuestras capas? –siseó, llevando su voz hasta poco más que un susurro.

Theodore soltó una breve risita que no pasó desapercibida para el rubio.

-¿Qué te hace gracia, Nott? –su mano se deslizó hasta la madera de espino.

-Nada, Malfoy. ¿Ahora usamos los apellidos? –sin prestarle demasiada atención desvió su mirada al resto de la sala. –Parece que hemos llegado justo a tiempo. Aún no ha empezado la fiesta.

-El Señor Tenebroso debe estar a punto de llegar – tuvo que contenerse para no maldecirlo.

Pansy se acercó a él y le acarició el brazo. Draco se apartó sin más dilación.

–Poneos la capa y esperad.

El rubio hizo lo propio. Volvió a ocultarse bajo la tela negra y se giró para reunirse con Acheron, cuando notó de nuevo el agarre de una mano en su brazo. Malfoy se giró lo suficiente para verle el rostro a Theodore. Era bastante curioso que aunque sólo habían pasado tres años desde que dejaran atrás Hogwarts, todos parecían haber cambiado enormemente. Zabini, Crabble, Bulstrode, él… Sí, de una forma u otra, para mejor o para infinitamente peor, habían cambiado todos. Todos excepto Nott. Detrás de aquellos ojos azules, su melena castaña a medio cuello y aquel rostro tostado de no haber roto nunca un plato, Draco sabía que se escondía un alma fría y calculadora que era capaz de hacer cualquier cosa para cumplir sus objetivos. Lo que más inquietaba a Malfoy, y lo que nunca había conseguido averiguar, era cuáles eran precisamente esos objetivos que perseguía.

-Ocurre algo, Draco. La marca… -miró el tatuaje en el antebrazo de Malfoy que había quedado parcialmente al descubierto. El rubio se zafó de un tirón.

-Tendrás que esperar a oír lo que el Lord Oscuro quiere que oigas.

-Tú sabes algo.

-Claro que lo sé, idiota. ¿Quién crees que convocó esta reunión?

Sin decir nada más, se marchó, perdiéndose de nuevo entre los antiguos slytherins que había allí.

Blaise Zabini y Gregory Goyle ya estaban esperándole junto a Damien cuando Draco volvió de la engorrosa interrupción que habían sufrido. Los saludó con un movimiento ligero de la cabeza y aceptó la copa de whiskey de fuego que le ofrecía Zabini.

-La gente está asustada –comenzó diciendo el moreno. –Corren rumores de que el Señor Tenebroso no está demasiado contento.

-Esos asquerosos Weasley se hicieron con Montague y Rosier en la última incursión. Malditos hijos de puta. Ese dragón salido de la nada fue lo único que impidió que no acabaran todos muertos.

Draco tomó un sorbo de su vaso.

-Son tiempos desesperados y todos llevamos nuestros recursos hasta el extremo. Ese tal Charlie Weasley cuenta con una manada de unos veinte dragones recién traídos de Rumania. Si todos son la mitad de efectivos que este último, lo vamos a tener jodido. –suspiró y apuró el vaso de un solo trago. –La caza sólo hará que disfrutemos más del premio cuando nos hagamos con él.

-Hablas como si todo esto no fuera más que un juego, Malfoy –le espetó Blaise visiblemente enfadado. –Pero ese maldito cabrón casi me arranca la cabeza con una jodida hacha en el Ministerio.

Draco alzó una ceja y dibujó en sus labios una media sonrisa cargada de burla.

-Bueno, Zabini. ¿Qué esperabas? Tienes a su hermanita pequeña cautiva en tu pequeña mansión. Concédele al chico un poco de rabia asesina. Se lo debes, por todas las perversiones que habrás hecho realidad con esa zorrita pelirroja.

Blaise lo miró durante un par de segundos. Luego rompió a reír con ganas.

-Aún estoy amaestrándola. ¿Quién iba a pensar que la pequeña Ginny Weasley tendría esas uñas tan afiladas? –giró el rostro hacia sus compañeros y la luz de los candelabros dejó al descubierto cuatro pequeños arañazos en la mejilla derecha.

-Acepta mi consejo, Zabini –le dijo Draco antes de dirigirse a una de las puertas más alejadas del salón. –No te manches las manos con esa asquerosa impura amante de los sangresucia. No se puede amaestrar al fuego.

Blaise sonrió a la espalda de Draco y elevó su copa a la salud del rubio.

-No te confundas, Malfoy. No estoy adiestrando al fuego. Lo estoy apagando.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Lo peor que podría ocurrirle en una de las visitas intempestivas al despacho de la directora era encontrarse con Harry y Ron y que éstos comenzaran a interrogarla. Para casos como ese, Hermione ya tenía un par de excusas preparadas pero su inoportuna mala suerte hacía que empezaran a acabárseles.

Esta vez, sin embargo, no fue suya la culpa de que el moreno sospechara más de lo normal. Desde hacía un par de semanas, cuando Harry escuchó "sin querer" una conversación privada entre ella y McGonagall, su mejor amigo no paraba de vigilarla. Y por lo que Hermione podía observar, lo que Harry Potter consideraba "discreto", eran miradas furtivas y constantes en clase, caminar veinte metros por detrás de ella en los pasillos y mirar al techo cuando ella se daba la vuelta para exigirle una explicación. Ginny también se había dado cuenta perfectamente del cambio de actitud de su no-novio y no le estaba haciendo demasiada gracia. Harry estaba más que obsesionado con Malfoy y sus compañeros y la noche anterior mismo, el moreno la había interrogado sobre ese "asunto secreto" que se tenía con McGonagall y que evidentemente estaban ocultando al resto del grupo. Él era Harry Potter, el niño de la profecía, aquel destinado por ley divina a acabar con Lord Voldemort, el mago más oscuro de todos los tiempos, si algo ocurría, sin duda debía saberlo.

-Déjate de tonterías, Harry. Hablábamos de cosas de clase. No te vuelvas paranoico –le había dicho.

-¿Ah, sí? ¿Entonces por qué no puedes decirme cómo hilarías tú las palabras Nott, misión y mazmorras en una frase para que me crea que verdaderamente hablabais de cosas de clase?

Ella lo miró indignada, soltando un gritito.

-¡Nos escuchaste! Era una conversación privada, Harry. Jamás debiste…

-Eso ahora mismo es lo de menos. No podéis estar con secretitos vosotras dos. La Orden no lo permitiría. Además podría ser peligroso. Hermione tú no… -de repente se calló.

-¿No qué, Harry? ¿No estoy tan preparada como tú en arriesgar mi vida jugando a los espías y los agentes doble con ese idiota de Malfoy y su panda?

Él en seguida se arrepintió de que Hermione hubiera llegado a la conclusión que él mismo había estado a punto de decir en voz alta.

La castaña suspiró, cansada. Tomó aire y suavizó su voz.

-No tienes por qué preocuparte, Harry. Yo… no debería estar diciéndote nada. McGonagall me hizo prometer que no se lo diría a nadie. Y eso te incluye a ti también.

El moreno se acercó a su amiga y le dio un ligero apretón en el hombro, instándola a que continuara.

-Puedes confiar en mí, Hermione. Ya lo sabes.

Ella asintió.

-Hace unas semanas, McGonagall me prepuso algo… Verás. – dudó. –Con todo este lío de la guerra y todo el movimiento que hay ahora fuera de los muros del castillo, los temarios de las clases van a estar muy restringidos. Y ahora más que Snape se ocupa Defensa contra las Artes Oscuras. No lo sé, Harry. Sin Dumbledore por aquí, todo está patas arriba. Unos días después de comenzar el curso, McGonagall me propuso dar clases particulares de Transformaciones. Se ha ofrecido a enseñarme cómo convertirme en una animaga y yo he aceptado.

Hermione sonrió con desgana a Harry, sin mirarlo una sola vez a los ojos. Cada día que pasaba mentir se volvía condenadamente más fácil. Ahora sólo tendría que hablar con la profesora para que le cubriera en la coartada por si, por algún casual, a Harry se le ocurría interrogarla sobre lo que ella acababa de contarle.

-¿Y qué pintaba Nott en todo eso? –insistió aún no demasiado convencido.

-Por lo visto, la profesora tiene la ligera impresión de que últimamente nos llevamos demasiado bien –soltó rápidamente.

En cuanto se calló, ya se había arrepentido. Ahora Harry había cambiado su expresión y la miraba incrédulo y sorprendido.

-Hermione…

-No.

-Pero…

-Nada. Impresiones suyas. Equivocadas, por supuesto.

Después de esa pequeña conversación de hermano excesivamente celoso, Hermione anduvo con más ojo y más cuidado a la hora de encontrarse con McGonagall y de comentarle sus relativos avances. Sabía que Ron había comentado más de una vez, a sus espaldas como siempre, el hecho de que Hermione se había distanciado demasiado, que estaba "más rara que de costumbre" y de que ahora apenas se juntaba con los dos chicos, sino con Ginny y Lavender. No sabía lo que Harry le contestaba, pero podía imaginárselo perfectamente. En sus ojos también podía ver esa sombra de desconcierto y añoranza.

Ella también los echaba de menos.

Apartando todos esos pensamientos de su cabeza, apretó con fuerza un par de libro que llevaba en las manos y aceleró el paso. Era invierno y la mayoría de Hogwarts estaba en sus salas comunes al calor del fuego, por lo que el pasillo a la biblioteca estaba casi desierto. Al doblar la esquina, vio a Theodore saliendo de ella. Él también pareció verla y le sonrió.

-Ya creía que no ibas a venir –le dijo interceptándola por el pasillo.

-Me he entretenido un poco…

La sonrisa del slytherin se ensanchó.

-No importa. Vamos. La biblioteca está prácticamente vacía. Nadie nos molestará.

El chico la agarró del brazo y prácticamente la arrastró hasta que llegaron a una de las mesas más alejadas de la puerta. Él ya tenía unos cinco libros abiertos y desparramados por la mesa. A lo largo de las últimas tres semanas, Hermione había descubierto que el interés que Nott mostraba hacia los libros y la literatura era prácticamente equiparable al que sentía ella. Eso la tranquilizó, al menos tenían algo verdadero en común. Algo que le facilitaría el trabajo que estaba haciendo. No tendría que fingir más de lo que ya lo estaba haciendo.

Hermione soltó los libros que llevaba en las manos y se sentó en una de las sillas libres. Nott lo hizo justo a su lado.

-Acabo de terminármelo. De hecho, cerré el libro y salí a buscarte –empezó él con una bonita sonrisa.

Hermione se quedó un momento observándole y pensando. Nott la atraía, eso había decidido dejar de negarlo, pero por alguna extraña razón en aquel momento aquello no le pareció demasiada buena idea.

-¿Te ha gustado?

Él dudó.

-No demasiado.

Theodore al ver la cara indignada de Hermione se apresuró a intentar explicarse. Volvió a sonreír, le quitó el libro que acababa de coger de las manos y la giró hacia sí para que ambos quedaran cara a cara. La gryffindor tenía la frente arrugada y el labio inferior proyectado hacia fuera. Ambos sabían lo que aquello significaba. Ella estaba a punto de soltar una larga diatriba sobre los puntos fuertes técnica y artísticamente del libro que habían decidido leer aquella semana.

Desde que tuvieran aquel primer contacto en la biblioteca en el pasillo de obras muggles, Hermione había descubierto que los paseos y visitas del slytherin eran más continuas que esporádicas. Él siempre parecía no verla o, al menos, no le prestaba la más mínima atención. La oportunidad se le presentó casi por casualidad, cuando ella tenía sobre la mesa el libro que el castaño buscaba.

-¿Has acabado con él, Granger? –Hermione levantó la vista del libro en el que estaba sumergida.

Un poco aturdida, aún con las diferentes hipótesis sobre Las causas del canibalismo vampírico formuladas por el mago Gredmond Fitzerald, se quedó mirándolo un momento hasta que consiguió enforcar y hacer que su mente se pusiera de nuevo a trabajar. Lavender y Pavarti estaba sentadas frente a ella, y la rubia no tardó en dedicarle una sonrisilla cómplice a su amiga para después dirigirse al chico. Harry, Ron y Ginny, sentados en la esquina contraria también estuvieron atentos a la situación.

Lavender cogió el libro y comenzó a juguetear con él entre las manos.

-Alicia a través del espejo –leyó la rubia en voz alta. –¿No es algo demasiado… muggle –dijo con fingido desprecio –para una bonita serpiente como tú, Nott?

El chico se giró hacia Lavender y le dedicó una mirada gélida. En seguida, la gryffindor se arrepintió de haberse burlado de él.

-Entiendo que alguien tan deficiente como tú vea extraño la mera figura de un libro, Brown, pero haz el favor de no meternos a todos en el mismo saco de analfabetismo en el que estás tú.

Se echó sobre la mesa y se acercó un poco más a la boquiabierta Lavender. Nott le dedicó otra de sus sonrisas y dio un par de golpecitos a la cubierta del libro. Ella se lo tiró, indignada.

-¿Pero tú qué te crees que…

-Ya sabes donde encontrarme, Granger. –se volvió hacia Hermione, ignorando deliberadamente a la rubia. –Últimamente no me quitas ojo de encima.

Y se marchó de allí. Sin más, dejando a una Hermione sorprendida, una Lavender indignada y a unos Harry y Ron preguntándose que a qué demonios había venido eso.

Esa misma tarde, cuando el resto de los gryffindor se fueron a los jardines y a los entrenamientos de quidditch, Hermione volvió a internarse entre las distintas estanterías y dio con Theodore en la sección de Herbología. Por lo que pudo constatar mientras se acercaba a él, el slytherin estaba preparando la clase de Pociones del día siguiente. Ella tuvo que carraspear un par de veces para que él se dignara a mirarla. La escrutó con la mirada con una seriedad demasiado evidente. Hermione se sintió intimidada por primera vez desde que comenzara el curso y tuvo que admitir, con cierta vergüenza, que después de haberse topado con la loca de Bellatrix Lenstrange aquel silencio que ahora había entre Nott y ella era mucho más incómodo y tenso.

Dejó el libro sobre la mesa y le dio un pequeño empujón para acercárselo. Hermione dio media vuelta, aún sin decir nada, y cuando estaba a punto de doblar de nuevo la esquina y salir de allí, la voz de Theodore la detuvo.

-¿Lo has terminado?

Ella se volvió con una mirada confusa. Elevó una ceja.

-¿El qué?

Nott miró al techo y suspiró.

-¿Qué va a ser? El libro. ¿Lo has terminado?

Hermione se acercó de nuevo a él para que no resultara tan absurdo mantener una conversación a distancia. Además, como luego pudo constatar, Nott era de esa clase de personas que en vez de hablar, susurraban, dándole ese aire de misterio.

-No –respondió.

Nott enarcó una ceja interrogante. Hermione se vio en la obligación de aclararle un poco más.

-Lo empecé hace un par de días y pensaba terminármelo esta noche, pero como has venido y me lo has pedido tan amablemente –a nadie se le habría escapado el sarcasmo y mucho menos a Nott.

Él sólo le sonrió y volvió a empujar el libro hacia ella.

-Pues acábatelo y ven a buscarme mañana. A esta misma hora más o menos, podríamos comentarlo.

Tras decir esto, volvió a sumergirse en su propio libro, sin ni siquiera molestarse en despedir a la gryffindor. Dudando, Hermione tomó el libro de la mesa y se marchó de allí. De regreso a su Torre, la castaña no podía quitarse de la cabeza la sensación de que esa era la señal que necesitaba para empezar a actuar.

Llevaban ya tres semanas reuniéndose todos los jueves justo después de la cena para comentar la novela que hubieran decidido esa semana. Llegaron a un acuerdo y se turnarían cada semana para elegir libro. Contra todo pronóstico, Nott era un auténtico fanático de la fantasía, mientras que Hermione se decantaba más por los clásicos, por lo que la segunda semana tuvieron que leerse El Hobbit, algo que a la gryffindor le supuso un auténtico suplicio. La semana siguiente ella se aseguró de tomarle la revancha.

-¿Dices en serio eso de que no te ha gustado? –aún seguía sin poder creérselo.

-Sí. La obra en sí me parece bastante pasable y un poco sencilla, pero todos los personajes son bastante detestables. Ese Heathcliff me parece lo peor de lo peor.

Poco a poco, una ligera sonrisa de comprensión se fue dibujando en los labios de la muchacha.

-Te has limitado a leerla –dijo como si eso lo explicara todo.

Nott la miró sin comprender.

-Cumbres Borrascosas no es un libro que simplemente debas leer. Hay que comprenderlo, hay que reflexionar, hay que ahondar en todos lo personajes, buscar todo lo que Brönte no dice. Tanto Heathcliff como Catherine Earnshaw son personajes detestables, pero a la vez son terriblemente humanos. No hay ni heroísmo ni perfección humana en esta novela, sino simplemente la verdad pura y dura. La verdadera naturaleza del ser humano llevada a su máximo extremo. Es un amor horrible el que se tienen, pero de una fuerza y una intensidad que glorifica y deja de lado todas las deficiencias que puedan tener.

-No comprendo un amor que te haga desear la muerte del otro –argumentó refiriéndose a una de las partes más polémicas del libro. –Son monstruos e intentan camuflar ese odio y esa necesidad de posesión bajo la palabra "amor". No te engañes Hermione, son seres deleznables que no merecerían ni encontrarse el uno al otro.

-Es triste que pienses así.

-¿Triste?

-Por muy monstruoso que seas, todo el mundo merece encontrarse a su alguien.

-Es un pensamiento bonito, Granger. Ñoño e irreal, pero bonito. –volvieron a mirarse a los ojos. -¿Qué es lo que haces aquí?

Ella lo miró sin comprender.

-Creía que estábamos aquí para comentar los libros –él negó en silencio.

-Aquí, conmigo. Estoy seguro de que hay un montón de leones en esa torre vuestra que estarían más que encantados de tener la batalla intelectual que tenemos cada semana.

Hermione soltó una pequeña carcajada.

-No conozco a ningún gryffindor que pudiera pronunciar "batalla intelectual".

-Pues eso es una pena.

Como tantas otras veces Hermione había visto hacer, aunque nunca directamente a ella, Theodore alargó su mano y le apartó un mechón del cabello a Hermione, rozando más de los estrictamente necesario la mejilla de la castaña con la yema de sus dedos. Ella se quedó quieta, aguantando el aire y observando fijamente como él seguía con la mano en su cara, bajando hasta su cuello, acercando su rostro al de ella.

-Theodore… -él la silenció con un gesto. –No creo que…

-Shhh… ¿Nunca haces nada sin pensártelo mínimo diez veces, Hermione?

-No demasiadas veces. No.

-Siempre hay una primera vez para todo.

Él se acercó un poco más, jugueteando aún con los mechones sueltos que había detrás de la oreja.

Ella no se podía mover.

Cuando Nott estaba ya lo suficientemente cerca como para que Hermione supiera la textura y la fragancia del aliento del slytherin, el golpe repetido de una varita contra la mesa a menos de un metro de ellos rompió por completo la magia del momento. Theodore retrocedió en su silla, enfadado, y se dirigió directamente al intruso. Los ojos grises de Malfoy lo paralizaron.

-Nott –siseó el rubio sin mirar en ningún momento a Hermione, como si ella fuera lo más insignificante de la Tierra. –Blaise te estaba buscando.

-¿Zabini? –era evidente que no se lo creía.

-Sí, Zabini –repitió. –En nuestra sala común. Ahora.

Los ojos de Theodore volaron alternativamente de los ojos grises y la sonrisa de medio lado de Draco hasta la varita que sujetaba entre las manos. Sopesó un momento el tiempo que él mismo tardaría en sacar la suya de la capa. Demasiado. Malfoy lo freiría antes siquiera de que la sacara y eso lo sabía.

El slytherin se levantó lentamente.

-Vuelvo en seguida –dijo dirigiéndose a Hermione.

En cuestión de segundos, Theodore había desaparecido y ella estaba allí, sola, y con Malfoy. De entre todas las personas con las que podría haberlo hecho, Malfoy estaba el último en la lista, empatando con Voldemort y el herpes vaginal.

-Granger… -el rubio la rodeó y se sentó en la silla que antes ocupaba Nott. Echó un vistazo rápido a los libros sobre la mesa y se detuvo en el que aún tenía Hermione entre las manos. -¿Qué es eso?

Ella siguió con la mirada el lugar donde señalaba Malfoy. Tal y como había hecho Nott, Hermione también había llegado a la conclusión de que el hecho de que el slytherin tuviera su varita entre las manos y ella no, era un elemento importante a tener en cuenta para cuidar las respuestas que le diera.

-Un libro –fue lo único que dijo dejando bastante claro con el tono de su voz la repulsión que sentía en esos momentos.

-Un asqueroso libro muggle. –él se acercó lo suficiente para que se le escuchara susurrar. –El hecho de que aún tenga que soportar a los impuros como tú en este asqueroso castillo no significa que podáis pasearos por ahí con vuestras mierdas y mucho menos que puedas empezar a mezclarte con los sangre pura como Nott. Si sabes lo que te conviene, Granger, mantente bien alejadas del nido de las serpientes.

Ella se volvió hacia él. Roja de ira.

-No te tengo miedo, Malfoy –deslizó su mano por el interior de la capa, pero cuando él la apuntó con la suya se paró. –Llegará un día en el que te arrepientas de todo esto, Malfoy. Y voy a ser yo la que te lo recuerde.

Él comenzó a reírse con bastante fuerza. La suficiente como para que Madame Pince se paseara por allí para ver lo que ocurría. La bibliotecaria no aparecía por ningún lado y Hermione no podía más sino que maldecir su mala suerte.

-Eres una estúpida ilusa, Granger y voy a disfrutar muchísimo cuando tenga tu vida entre mis manos y no hagas más que suplicarme que te perdone.

Ella lo abofeteó con fuerza, arrepintiéndose casi al instante. La mano de Malfoy voló hasta su cuello y lo apretó con fuerza. Ella se agarró desesperada a su brazo, arañándolo y golpeándolo. Sin quitarle ojos de encima, la presión descendió.

-Mantente en tu lugar, Granger. O alguien tendrá que enseñarte.

La soltó y se levantó, sin mirarla, sin dedicarle un solo segundo más de su tiempo. Después de la sorpresa inicial, Hermione reaccionó poco antes de que el slytherin saliera por la puerta de la Biblioteca. Aún no se podía creer lo que Malfoy se había atrevido a hacer. La había agarrado del cuello con tal fuerza bruta que por unos segundos no fue capaz de respirar. Lo odiaba con toda su alma y posiblemente aquel encuentro fuera el desencadenante de la nueva determinación con la que había decidido abordar su misión.

Los ojos castaños de la gryffindor relampaguearon con rabia. Esa asquerosa serpiente había llegado demasiado lejos y alguien iba a pararle los pies. Sólo esperaba que ese alguien fuera ella, Hermione Jane Granger.

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La reunión había durado más de lo que Draco tenía planeado y había ido mucho peor de lo que esperaba. El Señor Tenebroso no estaba contento y él había tenido que encargarse de torturar a un par de sus compañeros mortífagos para que sirvieran de ejemplo a los demás y supieran lo que les esperara si fallaban una misión. Uno de ellos casi no lo logró después del Crucius.

A grandes zancadas, atravesó el salón. Sin prestar la más mínima atención a las chicas que seguían recogiendo la estancia gritó, a pleno pulmón:

-¡Granger, arriba! Prepárame un baño.

No podía estar seguro de que la gryffindor se contara entre las doncellas que estaban allí, pero supo que antes de que entrara en su habitación la bañera ya estaría lista y dispuesta para él.


Bueno, ¿qué les pareció?

Para el próximo capítulo prometo una escena mucho más tensa entre Draco y Hermione que ya tengo planeada, aunque bueno, este capítulo tampoco es que se quede muy atrás. ¿Qué os ha parecido la escenita Nott/Hermione/Malfoy de la biblioteca?

Por otro lado, en el presente, los mortífagos traman algo. Pero ¿qué? Además, recordemos que en breve la Mansión Malfoy recibirá la visita de ciertos magos oscuros... vamos que nos queda trama para rato.

Un review?? Os lo pagaré con un Draco sudoroso con necesidad de que le den un baño!