CAPÍTULO VII

La oscuridad teñía la claridad poco a poco. El crepúsculo, siempre tan hermoso independientemente a qué fenómeno diera lugar: si al sol o a la luna, apenas se apreciaba entre los ciudadanos de Konoha. Silencio. El viento agitaba salvajemente las hojas, desplazándolas de un lado hacia otro, rompiendo con la quietud del momento.

Lágrimas. El llanto ahogado de Sakura decrecía a medida que avanzaban los minutos, intentando calmarse. El dolor punzaba por salir de su pecho. Su garganta, dolorida, contenía a duras penas sus gritos. Gritaba en silencio. Rogaba.

Sufría. Nada podía compararse con el sufrimiento de perder a alguien querido, aunque anteriormente perdió a otra persona. Ahora lo comprendía, los sentimientos eran diferentes.

Cerró los ojos y rebuscó entre sus recuerdos. Risas. Sí, ahí se encontraba su padre cargándola entre sus brazos y haciéndole cosquillas. Tropezó con una piedra, manchándose el vestido nuevo y sangrando por la rodilla, y su padre, simplemente la acunó y le hizo reír.

Volvió a cerrar los párpados, buscando una imagen más nítida de sus padres. Su padre era alto, medía un metro ochenta, y tenía el pelo castaño; sus ojos verdes y grandes, mantenían una mirada seria a todo aquel que se acercara, excepto para su mujer e hijas; su rostro era rudo, nariz aguileña y boca ancha; y la tez morena. Su madre, no excesivamente alta, era guapa; sus ojos marrones, pequeños y rasgados, eran más expresivos que los de su esposo; su cabello rosado, al igual que el de su hija, era largo y liso; su cara era fina con pómulos prominentes y de labios delgados. Ellos siempre la apoyaron en cualquier momento, aunque al principio su madre no quería que fuese ninja. Kaede, que así se llamaba su madre, luchó para que ella no fuese a la escuela ninja, quería educarla en las tradiciones de Konoha; no obstante, comprendió la determinación de su hija por ser una gran ninja, pudiéndola confortar y animar cuando era propicio. En cambio, su padre, Shikaro, se alegró del camino que escogió su hija, regalándole el sable, Jato, que había pasado de padres a hijos de generación en generación, instándola con ese presente a mejorar sus habilidades.

Las imágenes se sucedían una tras otra, sin darle tiempo a asimilarlas. Evocó la primera vez que su madre le riñó. No pudo evitar una sonrisa al recordarlo. Kaede se mostró muy disgustada cuando, al llegar a casa, comprobó que la cocina se quemaba. Sakura había intentado preparar el almuerzo al equipo siete, nunca antes cocinó y estuvo a punto de quemar toda la casa.

Una furtiva lágrima descendió de su rostro. Desolada y herida iba ligado íntimamente a ella, conocía tan bien esos sentimientos que no se sorprendió que se intensificaran con más fuerza a raíz de la muerte de sus padres. No podía soportar el dolor. La vida era injusta y cruel. ¿Cómo era posible que sus padres murieran sin haber podido agradecerles su ayuda durante estos años de aprendizaje¿Por qué le omitieron que eran espías durante tanto tiempo?

Las palabras de Tsunade retumbaban en sus oídos, clavándose en su corazón como puñales: "Sakura, tus padres han muerto". No podía creerse lo que escuchaba, las palabras se repetían una y otra vez, tomando forma en su consciente. Al principio pensó que su maestra le gastaba una broma macabra, pero sabía de antemano que jamás bromearía de esa forma con ella. Todo su ser tembló, convulsionándose, y sus ojos se llenaron de lágrimas, derramándose por su rostro. Se sentía desfallecer. Los sentimientos de odio afloraron, odiando todo lo que le rodeaba, incluso a su maestra y sus amigos. Conmocionada y furiosa arremetió contra Tsunade, profiriendo toda clase de insultos que pasaban por su mente, destrozando el despacho de la Hokage y gritando enloquecida. No tenía control. Varios Anbus la agarraron, lastimándole los brazos, cuando escucharon los gritos de Sakura. Tardó en tranquilizarse. Avergonzada por su comportamiento, se disculpó ante todos. No le explicaron la misión de sus padres, a pesar que exigió saberla, y Tsunade le aconsejó descanso y paciencia, mientras investigaban quiénes les mataron.

Un cuervo se posó sobre las lápidas de los padres de Sakura, graznó fuerte y alzó el vuelo. Sakura admiró el cuervo, observando como se perdía en el paisaje, recordándole a Sasuke.

— Sasuke — pronunció lentamente.

Dolor. Comprendía a la perfección como se sintió el chico Uchiha al quedarse huérfano a tan corta edad, pues la muerte de tus progenitores es insufrible. El rencor que le guardaba desapareció en ese instante. El instinto de venganza pugnaba por salir, queriendo mutilar y destruir a aquellos que se atrevieron a matar a sus padres. No, sabía que aquello estaba mal, no podía seguir el mismo camino que tomó el Uchiha. Vengarse no les devolvería la vida, pero tenía que hacer justicia.

La rabia e impotencia se intensificaban a medida que pensaba más en Sasuke. Rabia por ser débil. Impotencia por no haber podido proteger a nadie en su vida. No pudo detener a su amigo, a su amor, y tampoco había demostrado su valía como ninja.

Analizó su corazón, comprobando que sus esperanzas habían sido aniquiladas a golpe de cuchillo, destruyendo sus deseos. Desde el momento en que Sasuke huyó ansiando poder, y no como cobarde, hasta el fallecimiento de sus padres, su vida cambió bruscamente. Se esforzó, mejoró, luchó y todo para seguir perdiendo a sus seres queridos. Su sonrisa desapareció, casi tres años atrás, al ver marchar a la única persona que amaba, y hoy confirmaba, una vez más, que jamás volvería sonreír como antaño.

Estaba confusa. Su cerebro procesaba sus pensamientos de manera vertiginosa, sin darle tiempo a comprenderlos, sabiendo que Sasuke aparecía constantemente en su mente. No dejaba de darle vueltas a la misma idea: no era igual que él. Ella nunca dejaría Konoha para aliarse con el enemigo, pues no por ello se haría más fuerte, sino que lucharía junto a sus amigos, mejorando cada día, como el equipo de Gai. Tampoco podría entender como se sintió el Uchiha cuando vio asesinar a sus padres a manos de su hermano, pues ella no tenía hermanos y no presenció la muerte de sus progenitores. Había un sin fin de razones por las cuales ella era diferente a él, pero eso no importaba, el sentimiento debía ser similar, aunque no igual.

La soledad la palpaba desde aquella noche en la que la dejó durmiendo en un banco, haciéndose cada vez más evidente en su rutina. Sus amigos no ocuparían el lugar que ellos dejaron, ese vacío es irremplazable, pero su compañía sería grata y aliviaría ese desamparo.

La realidad era la siguiente. Ella amó con locura, hasta el punto de humillarse y pedir que la dejara irse con él, sintiéndose desdichada por el rechazo del chico. Olvidarle no era una tarea fácil, pues cada rincón de Konoha le recordaban a él, y para colmo, sufría pesadillas que le obligaban a verle cada noche. La verdad era que quería salvarle, para demostrar que no era un estorbo, palabra que le encantaba al joven, y deseaba que encontrara la felicidad, pues el camino que eligió aquella noche no era el más propicio para hallar el karma. Ahora descubría que su amor era un amor infantil, un amor platónico, halló que lo adoraba y lo admiraba, veía en él la perfección, pero supo en ese instante que jamás lo amó como ella pensaba.

Tras esas elucubraciones, volvió a llorar. Lloraba por última vez por el Uchiha y por sus padres. El camino del ninja era difícil, le enseñaron que un ninja no debe derramar lágrimas por un compañero muerto, que no se siente, y hay que cumplir las órdenes a pesar de las vidas que se puedan perder. Sus padres se sacrificaron por la villa y ella haría lo mismo, enorgulleciéndose y afianzándose en esa idea. El camino es largo y dificultoso, habiendo estragos en la senda que hay que afrontar y superar, y ella no se rendiría ante la muerte de sus progenitores, que dieron su vida por proteger a Konoha. Evidenciaría a todos sus amigos, en especial a Tsunade y a Sasuke, cual era su camino del ninja, demostrando así su valía.

El viento agitó el pelo sedoso de Sakura, arrastrando consigo las lágrimas, y trayendo en la lejanía su nombre. No necesitó girarse, sabía quien la había llamado con tanta tristeza, reconocería esa voz en cualquier lugar. Unos brazos musculosos la envolvieron en un abrazo de consuelo, apretándola con fuerza y dándole su apoyo.

— Sakura…

— No hace falta que digas nada, Kakashi. Déjame disfrutar de este silencio contigo, me gustaría compartirlo a tu lado —reveló en un susurro.

Ambos permanecieron callados, sin interrumpir el sonido de las hojas al pasar y mirando las lápidas con melancolía. Kakashi no pudo evitar dirigir su mirada hacia la tumba de sus antiguos camaradas, Obito y Rin, siendo observado por la joven. Sakura aferró las manos grandes y firmes de Kakashi, acariciándole y dándole a entender que sabía como se sentía. El ninja copia captó su mensaje y desenmascarando su rostro se puso delante de ella.

Sakura averiguó que a pesar de los años, Kakashi tenía sus heridas sin cicatrizar y memorizó todos sus rasgos. Su cara inmaculada, perfecta y afligida daba muestras de todo el sufrimiento por el que había pasado. Su frente era lisa, con alguna que otra arruga por los años. Sus ojos tristes, lacrimosos y turbios buscaban la mirada de la chica. Su nariz era fina y recta. Sus labios finos y húmedos formaban una mueca de calvario.

Kakashi acababa de descubrirse ante ella, como nunca antes lo había hecho. No era el mero hecho de ver su rostro, sino que le abría sus cicatrices.

— ¿Por qué ocultas tu rostro?

— En la forma en la que puedo limpiar la deshonra de mi clan. Me avergüenzo de mi padre.

Sakura recordó haber leído en informes antiguos sobre "Colmillo blanco de Konoha", el padre de Kakashi, y sabía de antemano que se quitó la vida tras ser desprestigiado por fallar en una misión. Falló en esa misión por salvar a sus compañeros y eso acarreó grandes pérdidas a Konoha.

— Yo hubiese actuado como lo hizo tu padre, antes salvaría a mis compañeros.

— Antes pensaba que no merecía la pena arriesgar una misión por rescatar a tus compañeros, pero Obito me hizo cambiar de opinión.

Sakura supo que se refería a su compañero de equipo, Obito Uchiha. Conocía todos los detalles de la misión en la que perdió la vida el joven, pero quería indagar respecto a los sentimientos de Kakashi.

— Constantemente hay alguien que nos demuestra otra forma de ver las cosas. Fíjate en Naruto. Él siempre fue odiado por todos nosotros, y en cambio, él daría su vida por defendernos.

— Tienes razón. Obito me recuerda mucho a Naruto en su carácter. Si te soy sincero mi antiguo equipo se asimila tanto al equipo siete, que la añoranza se hace insoportable, pero me reconforta teneros como alumnos. Con ustedes he intentado enmendar todos mis errores, todos mis fallos, pero lo hice mal con Sasuke.

"Sasuke, otra vez él", pensó Sakura.

— No lo hiciste mal. El escogió la venganza y no pudimos hacer nada para que cambiara de opinión.

— Me centré tanto en enseñarle, incluso le enseñé mi técnica, y no me preocupé de ver que estaba confundido y que la tentación de venganza se apoderaba de su cordura. Debería haber hablado más con él. Yo fui quien le encontró en el barrio Uchiha cuando ocurrió toda la matanza, se veía tan asustado e indefenso. Me siento culpable desde que se marchó… Mi sentimiento de culpabilidad era tan intenso que me volví a alistar para los ANBU —reveló Kakashi con tristeza.

— No debes culparte. Yo fui la responsable por su partida, no fui capaz de detenerle…

Kakashi contempló a la joven. Su frente amplia se arrugaba por la impotencia que sentía al escuchar las palabras de la joven.

— Creo que ninguno de los dos somos culpables por su marcha. Nosotros no podemos detener el curso de las cosas, no somos Dioses.

— Nunca he sido capaz de ganar en una batalla, siempre he dependido de ustedes, siendo un estorbo en la mayoría de las ocasiones, pero he cambiado.

— No hace faltas que lo digas, Sakura. Tu mirada, aunque conservan el brillo de haber llorado, se ve firme y segura. Eres fuerte. A tu edad yo era un chaval prepotente, creía que me iba a comer el mundo, y me hundí, como si hubiese chocado contra un iceberg, tras la muerte de Obito. Náufrago estuve hasta que os escogí como el equipo siete, llenándome de nuevas ilusiones. En todos esos años me di cuenta de que no podemos esquivar el destino. El camino del ninja es doloroso. La pérdida es insoportable. El camino del ninja, mi camino del ninja, es pérdida. Perder a tus padres es un golpe duro, pero al menos ellos han luchado por proteger Konoha. No te sientas mal, ellos eligieron su vida de esa manera y sabían los riesgos.

— No sé si me repondré… No soy capaz de sonreír, ha pasado más de una semana y me siento vacía.

— Nada es fácil. Cuando menos te lo esperes volverás a sonreír, porque ellos no querrían verte triste, te hablo desde la experiencia. Ustedes me devolvisteis la sonrisa, con vuestras bromas y peleas…

— Tiene razón, el tiempo lo cura todo…

El último rayo del sol desapareció por completo, dejándoles sumidos en la penumbra de la noche.

— ¿Cómo supo qué me encontraría aquí?

— Porque aquí suelo venir desde que mis compañeros murieron. Es normal que vengas frecuentemente a este lugar.

Permanecieron en silencio durante unos minutos.

— ¿Nos vamos, Sakura? —preguntó, tendiéndole una mano.

— Sí, es hora de volver a casa.

Caminaron hasta llegar a las puertas de Konoha, encontrándose con Anbus vigilando la entrada.

— Sakura, te acompaño a casa.

— No es necesario, no te preocupes —sonrió la joven.

Neji corría toda velocidad, eliminado a todos los enemigos que se le ponían por delante. Había transcurrido una semana desde que se marchó de Konoha y presentía que algo no iba bien. No sabía que me le impulsaba a llegar tan deprisa a su aldea, pero no quería retrasarse más tiempo del debido. Sus compañeros, Lee y Tenten, tenían que quedarse en la Arena, ayudando a los shinobis de allí. Gai, su antiguo maestro, y él avanzaban tan rápido como podían, esquivando los obstáculos del camino, para poder notificar a Tsunade el próximo movimiento del enemigo.

La misión consistió en ir a la Arena y rastrear todos los alrededores en busca de los miembros de Akatsuki o ninjas del Sonido. Encontraron varios ninjas del Sonido, todos escondidos estratégicamente, esperando ordenes para atacar al Kazekage y a la Hokage. La calma que reinaba en la zona era una mala señal, síntomas de que la guerra se aproximaba. A pesar de la muerte de Orochimaru, la aldea del Sonido estaba buscando aliados para destruir a la Arena y a Konoha, y así complacer el último deseo de Orochimaru. En cuanto a la organización más peligrosa, Akatsuki, no habían podido percibir ningún movimiento, como si la tierra se los hubiera tragado.

La misión se había completado con éxito. No obstante, no querían actuar sin establecer una alianza para la guerra que se avecinaba. Los ancianos de la Arena desconfían de Konoha, temen que les traicionen, y por ese motivo sus dos compañeros permanecen en la Arena, para darles una muestra de confianza. Gai llevaba un acuerdo entre ambas aldeas, que tenía que firmar Tsunade, y después se convocaría una reunión entre el Hokage y el Kazekage. Era un trámite burocrático, ambos Kayes confiaban el uno en el otro, pero los ancianos, que son los que componen el consejo, viejos y arcaicos, necesitan tener más pruebas de que la alianza es estable, que un simple pergamino firmado. Y eso que hay varios acuerdos firmados y pactados entre ambas aldeas, y las relaciones siempre han sido formales, pero los ancianos recelan hasta de sus propios nietos.

Neji miraba fijamente al horizonte, viendo claramente las puertas de Konoha gracias a su Byakugan. Su brazo derecho sangraba, pero eso no le importaba ahora, pues sabía que faltaban pocos minutos para volver a su hogar y ver a Sakura.

Sakura se revolvía entre las mantas. No conseguía conciliar el sueño. Llevaba varios días sin pegar ojo, siempre se despertaba con lágrimas en los ojos y con el rostro de sus padres o de Sasuke.

Se levantó del futón, caminó hasta la cocina y bebió un vaso de leche. Ya había cogido la costumbre de hacer el mismo recorrido por las noches. No sabía qué hacer para dormir, bueno, mentira, tenía la solución en sus manos, pero no quería recurrir a las pastillas.

Tras deambular por su casa, decidió asomarse a la ventana y contemplar la luna llena. Bonito, pensó. Sin querer le recordó a los ojos de los Hyuuga, la luna se parecía tanto a esos ojos que ella deseó alguna vez tener, y más en concreto a Neji. Hacía una semana que no había visto al joven, y según tenía entendido tuvo que partir ese mismo día a una misión urgente con su grupo. Deseaba que se encontrara bien, allá donde estuviese, y que regresara pronto, pues extrañaba su compañía. Se había acostumbrado a tenerle cerca todos los días, a sus extrañas conversaciones y a sus silencios. Se asombraba de la capacidad que tenía Neji para ocultar sus sentimientos, lo frío que podía ser y lo cálido que podía ser.

Unos golpes en la puerta la devolvieron a la realidad.

Bajó corriendo las escaleras, que casi se cae, y abrió la puerta, encontrándose con una moribunda Hinata. La agarró como pudo y la metió dentro de su casa.

Hinata estaba malherida, sangraba por todas partes y deliraba. Sakura comenzó a desnudar a la chica, para verificar la seriedad de cada herida, y empezó a aplicarle jutsus médicos. Parecía como si le hubieran dado veneno. La fiebre aumentaba, no conseguía bajar la temperatura del cuerpo de la joven. Entreabrió los ojos de Hinata, que estaban exentos de cualquier signo de vida, y diagnosticó lo que le ocurría.

Tras varias horas de luchar por la vida de la joven Hyuuga, vio resultados: la fiebre casi había desaparecido y las heridas estaban correctamente desinfectadas y cicatrizadas. No sabía cómo habían conseguido herir de esa forma a la chica, ni tampoco cómo la habían envenenado en tan poco tiempo. Era un misterio, misterio que pensaba descubrir cuando Hinata recuperara la conciencia.

Sakura cerró los ojos una vez que se aseguró que Hinata estaba perfectamente y tomó su mano, para darle una muestra de apoyo cuando la chica abriera los ojos. Y sin más, concilió el sueño.


Notas de la autora: Espero que me disculpéis por el retraso, pero me ha costado mucho hacer este capítulo. No sé si os va gustando, la verdad es que eso de no leer tan seguido los capítulos puede despistar… Un beso a todos y muchas gracias por seguir leyéndome. Por cierto, la última parte no está revisada ortográficamente, como lo revise ahora estoy segura que no lo subo, ya la corregiré si veo fallos. besos.

¿Qué os parece el camino que está tomando el fic¿Creéis que dejo algo en el tíntero?