Ni me pertenece KHR


De todo corazón no quería que Gokudera se sintiera mal, al rechazar sus dos clubes que eran simplemente aterradores. Se encontraba en una habitación oscura, con una luz bastante tenue, en las paredes tenían pegados afiches de cíclopes, Elfos y otros seres mitológicos, que no reconocía pero reconoció que eran aterradores. Había un recipiente con formol que mantenía la pata de un Yeti, que según contó Gokudera lo compro en un viaje al Himalaya. Otros frascos también tenían cosas, que sinceramente no quería saber que eran, a simple vista eran asquerosas.

Sin querer ser grosero, escucho con cuidado toda la explicación de Gokudera. Hablo sobre que en la noche del 7 de abril de 1950, fue visto en Málaga por primera vez un Ovnis. Tsuna no cree en nada de eso, es de esas personas incrédulas que si no lo ven y no lo toca no cree, como nunca ha visto y ha tocado nada de esas cosas que maravilla a su amigo, simplemente no existe; sin embargo no le dirá a Gokudera para no lastimar sus sentimientos.

Yamamoto el tipo alegre, siempre dio sus comentarios que fueron mal vistos por el de cabello plateado, su coeficiente intelectual, para Gokudera era igual que el de un pollo recién nacido. Ni del mono porque se ha comprado que los monos tienen una buena capacidad de aprendizaje, después de todo el hombre evoluciono del mono; así lo creía Gokudera.

-¿Qué te parece Tsuna? –le pregunto Gokudera.

-Me falta ver el club de Yamamoto, después te doy la respuesta. –le dijo tratando de no ser descortés.

-¡Tsuna, no es necesario que vayas! Esos idiotas monstruos de béisbol no valen la pena.

-¿Eh? ¡Que cruel! –dijo dramáticamente Yamamoto. Tsuna rio entre dientes ver que sus amigos se llevan muy bien.

Era la hora de salida, y Tsuna le faltaba ir al club de Yamamoto, pero Tsuna no se pudo quedar en la práctica del deportista. Orégano no podía ir ese día a preparar la cena, así que le toco hacer la cena para ese día.

Se despidieron en la salida, Tsuna desapareció en el automóvil negro conducido por Cúrcuma y Gokudera tenía que ir con G, mientras Yamamoto tenía la práctica en el club.

Yamamoto llego, cabizbajo a la cancha, su rendimiento estaba disminuyendo. Era el mejor en el equipo, todos sus compañeros tenían fe en que puede llevarlos al primer lugar olvidándose que baseball es un deporte de: equipo.

La mañana llego, con un cielo despejado y Tsuna entro a la academia feliz, por fin terminaría de visitar clubes. Fue agotador, más por las personas egocéntricas que tenía cada club, una sonrisa se estiro en su cara; era viernes y el domingo tenía una cita con Giotto. Se dio cuenta que llamo el encuentro con Giotto "cita" y se abofeteo la cara. ¡Que rayos acabo de pensar! Furiosamente se dijo, jalándose las hebras color café.

En la entrada vio a Gokudera que lo esperaba como un perro, que espera a su dueño. Sonrió al chico saludándolo en la distancia con la mano, se extrañó que no estuviera Yamamoto con Gokudera, siempre los dos adolescentes lo esperaban junto a la entrada.

-Buenos días, Gokudera-kun.

-Buenos días, Tsuna ¿Durmió bien? ¿Desayuno bien? ¿Necesita algo? Solo dime y yo lo voy a buscar…

-Estoy bien, no te preocupes –dijo con una gota de sudor en la sien, su amigo era demasiado entusiasta –. ¿Dónde está Yamamoto?

-Al monstruo del baseball, no lo he visto. –Tsuna asintió, y la curiosidad se arrullo en su pecho ¿Dónde estaría Yamamoto? Se preguntó caminando junto a Gokudera para ir a su aula.

Cuando llegaron al aula esperaban ver al azabache, sin embargo no estaba entonces Tsuna sintió que algo estaba mal. Escucho susurro en los pasillos, estaba seguro que escucho mencionar un par de veces el nombre de su amigo, no hizo mucho caso a los susurros, pero ahora sentía que estaba pasando algo malo, que involucraba a su amigo.

Unos cinco minutos para que las clases empezaran, un chico de grado menor se precipitó al aula de Tsuna. Sus mejillas sonrojadas y su respiración irregular parecía que el chico corrió por varios pasillos hasta llegar donde ellos.

-¡Yamamoto, se va tirar de la azotea oeste! –grito y salió corriendo a la otra aula de la par, anunciando otra vez la trágica noticia.

La información duro un segundo para que fuera procesada por Tsuna, que de un tiro se puso de pie, sin importarle que su silla se cayera, y la mirada preocupada de Gokudera, con sus piernas cortas pero fuertes, corrió en dirección donde dijo el otro chico, donde estaba su amigo.

Cuando llego al sitio se encontró, una pared humana, había muchos estudiantes de varios grados, pidiendo a Yamamoto, que pensara las cosas mejor. Las palabras caían en un saco roto, Yamamoto se negaba regresar a la zona segura; su mirada puesta en el vacío.

-Yamamoto, por favor aléjate de ahí, tu brazo se curara. –le dijo uno de los compañeros de equipo al azabache, que no respondió.

¿Qué podía hacer? Su brazo estaba roto, sin su brazo derecho no podía jugar, sería una pérdida para equipó más de lo ha sido. El dios de baseball, lo abandono, ahora no tiene ninguna razón para vivir. Es inútil, la mejor solución era tirarse en vacío y morir.

La adrenalina bombea por todas sus venas, su amigo estaba a punto de cometer suicidio ¿solo porque su brazo se quebró? Apretó sus dientes y maldijo su pequeña estatura, que no podía ver a Yamamoto que estaba al otro lado de la muralla humano. Olvidándose de su fobia se lanzó al mar de hombres, que rodeaban la zona.

No era el momento para pensar en la urticaria que tendría después de rozar su cuerpo, con la de los otros hombres que estaban allí.

Gokudera, ayudo a su amigo, pero si fuera por el ayudaría a Yamamoto que de su último paso, y que termine con ese show patético. Así lo creí, alguien que acaba con su vida por algo tan tonto, como eso no valía la pena.

Aun así ayudaría a alejar a la peste que rodeaban el lugar, para que su amigo castaño pueda llegar a la cabeza hueca que desea morir.

Tsuna logro traspasar la barrera, sin decir ni una palabra, en un movimiento rápido agarro la camisa del jugador, y con su fuerza sobrenatural, lanzo al chico fuera del lugar. Yamamoto se estrelló contra la pared cerca de la puerta de la azotea, los estudiantes tuvieron tiempo para apartarse para no salir también lastimados.

Todos miraron con los ojos llenos de sorpresa, ¿Cómo alguien tan pequeño tenía esa fuerza? Circulaban rumores que el chico tenía una fuerza increíble, pero ver era casi irreal. Tomaron una nota metal para no molestar al castaño, y sintieron pena por el azabache que se estrelló contra el cemento.

-¡Tú no te atrevas a morir, siendo mi amigo! ¡Ni mucho menos con una tontería como esa! ¿Sabes cuantas personas hay en el mundo con discapacidad? ¿Lo sabes? ¿No? ¡Muchas! Muchas que desean estar sanos para hacer cosas como los has hecho tú, sin embargo no se dan por vencidos. ¿Sabes por qué? Porque se aman, porque aman a sus amigos a su familia. ¿Qué pensara tu padre si se da cuenta de lo que trataste de hacer? Tu padre llorara por tu irresponsabilidad, todos los que te quieren se sentirán triste, Gokudera se sentirá triste; yo me voy sentir triste. ¡No te atrevas a morir, cuando te acepte como mi amigo! ¿Qué rayos es eso del dios del baseball te abandono? El único que se abandonó fuiste tú, que se dejó cegar por esa actitud pesimista ¿Me entiendes? ¡No te voy a dejar morir, siendo mi amigo!

El silencio mortal quedo, todos mirando a la pequeña figura que tenía agarrada de la camisa al jugador, regañándolo. Sorprendente como alguien tan pequeño tenía tanta fuerza emocional y física.

Yamamoto no sabía que paso, en un momento estaba en el filo de la azotea, un paso y estaría muerto, en un segundo fue lanzado y dolorosamente, se estrelló contra la pared en otro segundo, tenía a su amigo que lo clavo contra la pared, gritándole que no se atreviera a morir, cuando aceptó ser su amigo. En algún momento sintió ganas de darle un puñetazo ¿Qué sabia del dolor que estaba sintiendo? Y le estaba dando una conferencia de lo que estaba haciendo estaba mal.

Pero bajo su mirada, para mirar a ese chico que apena acaba de conocer, y le estaba sermoneando con la intención de decirle algo hiriente, pero su boca se cerró cuando vio grandes ojos llenos de lágrimas, y un matiz naranja en su usual caramelo. Esos ojos, lo traspasaron, se dio cuenta que tenía razón, perdería su vida, por un brazo; un brazo que se curaría con los días. Algo que no sucedería si, hubiera dado el último paso para acabar con su existencia.

La mirada, furiosa pero herida, le llego al alma; se sintió idiota por querer cometer suicidio y querer morder a su amigo, cuando estaba desesperando tratando de hacerlo entender.

-Lo siento, Tsuna. –dijo, sintiendo las lágrimas picar en sus ojos.

Todos escucharon, la disculpa y soltaron el suspiro que retuvieron sin darse cuenta. Tsuna lo miro, con las lágrimas manchando sus mejillas, le sonrió, alegre que su amigo entendió sus sentimientos.

Los brazos del jugador, rodearon la pequeña cintura de su amigo que atrajo más a su cuerpo, el olor a kiwi y fresa que desprendía del cabello de Tsuna, hizo que sintiera relajado. Se acercó a la oreja de su amigo, soplando aire tibio el hablo:

-Gracias, Tsuna.

Muchos sintieron celos, es verdad que el moreno tiene una fuerza demoníaca, pero tenía un buen culo, bueno eso era lo que miraban, desde la posición que ellos estaban. La adrenalina, se esfumo de su cuerpo, dejando que la fobia otra vez tome el poder, sintiendo el aliento cálido en su oreja y, los fuertes brazos que rodeaban su cintura, sintió que la sangre subió a su rostro.

-¡Hiiie! –dio su firma, alejándose de su amigo le dio un puñetazo, que hizo que se golpeara la cabeza contra la pared. En seguida quedo noqueado, el azabache se hundió en la oscuridad con una tonta sonrisa.

-¡Oh, Dios mío! Yamamoto, lo siento mucho. –grito Tsuna, viendo el cuerpo inconsciente.

-Che, se lo merecía. –mascullo Gokudera. Arrastrando al joven jugador, para llevarlo a la enfermería, seguido por Tsuna muy preocupado, por su amigo deportista.


Gracias por leer.