Mente en Juego
Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi yo sólo los utilizo para divertirme y esparcir mi mente
Antes de poder poner los pies fuera de la clínica, Mina vio una turba de periodistas y paparazzi montados a las puertas. Seiya detuvo a la rubia a la mitad del pasillo y la condujo a la oficina de Taiki, cubriéndola.
- Lo siento, cariño. No podrás salir por ahí – dijo en tono burlón.
- ¿Por qué? – pregunto la chica aún sorprendida de que tanta conmoción fuera causada por su persona.
- ¡Cómo que porque! – exclamó su amiga peli plateada – No debes olvidar que eres una celebridad que tuvo un accidente grave y que has tenido a la prensa pendiente de ti hace meses, sin contar a tus fans – suspiró.
En ese minuto Mina cayó en cuenta de lo famosa que era aunque no se lo creyera por la tranquilidad relativa que había tenido dentro de la clínica. Con periodistas esperando una declaración, cámaras dispuestas a capturarla y una masa de admiradores tratando de conseguir verla. Espió por encima del hombro de Seiya y veía los destellos de las luces de las fotos.
- Entonces ¿Qué haremos? – pregunto a sus amigos y Seiya sonrió.
- No te preocupes por eso. El maestro del disfraz tiene todo pensado – dijo apuntando a su cabeza. Luego le entrego una peluca pelirroja y unos lentes oscuros. La chica miró la peluca con desdén, el rojo no era el color que le quedaba mejor.
- No pongas esa cara – le dijo Heal – Ya sabemos que ese no es tu color favorito y por lo mismo debes ponértelo - Mina se encogió de hombros y aceptó. Puso la peluca en su cabeza y se vio en el espejo que estaba a un costado. Se veía muy distinta, aun cuando sus ojos eran iguales, aquella masa de cabello hacia cambiar sus facciones. Se miró un poco más y el moreno le pasó los lentes. En eso entró Serena para asegurarse que todo estaba bien.
- Vaya, te ves distinta. Eso es bueno – le sonrió – Esta bien, yo saldré con Heal a calmar a la prensa mientras ustedes salen por la otra puerta y se van.
- En mi auto – exclamó Seiya.
- ¡Claro que no! – rebatió Heal – ¿Acaso crees que el convertible pintado de "sutil" rojo va a pasar desapercibido?
- Está bien, está bien – el moreno movió las manos para calmarla – Le pediré su chatarra a Taiki – se cruzó de brazos y las chicas rieron ligeramente. Antes de salir el chico volteó hacia Mina – De todas formas habría sido divertido ser perseguidos por la ciudad – le guiñó un ojo y la rubia sonrió ante la afirmación. Ella también pensaba que hubiera sido emocionante.
En cuanto Seiya les anunció que estaba listo para partir, Serena se dio prisa para ir a hablar con los periodistas. Iban camino a su destino cuando una mujer de cabellos aguamarina se plantó frente a ellos.
- ¿Es que tengo que enterarme por los tabloides cuando saldrá mi clienta de la clínica? – Mina la miró sorprendida, Heal se paró frente a la rubia y Serena retuvo a Seiya firmemente de la mano mientras movía la cabeza.
- ¿Qué haces aquí? – cuestionó su amiga.
- ¡Como que qué hago aquí! Soy su manager, la que lleva su carrera. Lo mínimo que podían hacer era informarme de su estado para preparar a los medios – los empujó de vuelta a la oficina.
- Mitchiru… - murmuró Mina más para sí. La mujer se veía casi igual a como la conocía salvo que era más adulta y el traje de dos piezas que adornaba su cuerpo se ceñía tan bien a su figura bien formada que el codazo que Serena le propinó a su novio no fue capaz de quitar sus ojos zafiro del escote pronunciado de la mujer.
- ¡Ah! Mi querida joya en evolución – apartó a Heal para pellizcar sus mejillas – Veo que tenías algo pensado para escapar. Te ves bien aun que ese color callejero no te hace juego – la examinó y su expresión se tornó en sorpresa - ¡Pero que delgada estás!
- ¡Por favor Mitchiru, no es hora para tus estupideces! – exclamó la peli plateada, exasperada por la actitud de la mujer.
- ¿Qué? – la miró con molestia – Pues claro que es hora para esto. Ella es mi mejor cliente ya que otro no quiso ser parte de la familia – dijo con tono melodramático falseado y Serena la miró seriamente.
- Prefiero vivir, gracias – habló Seiya y abrazó por la cintura a su novia. La de cabello aguamarina sólo hizo un puchero.
- Tú te lo pierdes querido – y volvió su atención a Heal nuevamente – Dime, linda ¿serás tú quien les explique a esos payasos porque la gran Minako Aino ha estado tanto tiempo encerrada aquí, precisamente en una clínica psiquiátrica?
- Pues, si…
- ¿En serio? – la miró fijamente – Muy bien supongo que tienes idea de la cantidad de mentiras y rumores que han salido – miro a Serena y a Heal alteradamente quienes negaban con la cabeza. Se sentó en un sofá que había por ahí.
- B-bueno yo…
- ¿Y sabes cómo desmentirlos? Veamos – dijo apuntando a sus dedos tomando la cuenta – Está el que dice que Mina es drogadicta o que trató de suicidarse y esta demente, o el que dice que la vieron de vacaciones en Brasil con una nueva conquista y es el pobre Yaten el que está aquí por su culpa… – se quitó la chaqueta para dejarla a un lado arreglando el escote de esta provocativamente posándose en los ojos zafiro que sabía tenia encima y guiñando el ojo sin ningún pudor. Acto seguido Seiya salió de ahí diciendo que iría a esperar a Mina en el auto, justo a tiempo antes que Serena lo sacara de una patada o se le abalanzara a la agente de su hermana.
- No sabía eso. Es que he estado…
- Pendiente de Mina. Lo sé – dijo en tono amable ahora, tornando su semblante más apacible – Ese es tu deber.
- Mitchiru… - sorprendida la peli plateada se quedó estática en su lugar.
- Escucha, lo único que queremos es llevarnos a mi hermana a salvo a su casa.
- ¡Imposible! No pueden llevarla directamente a su departamento – exclamó sacando un Tablet para mostrarles la pantalla – Su departamento y el de ese novio tan adorable que tiene… - Heal le lanzó una mirada asesina y la mujer continuó – Bueno ambos departamentos están rodeados de periodistas. Deben llevarla a algún otro lugar ¡Ah! Y asegúrense que no se saque esa horrenda peluca en unos días. Por lo menos hasta que se calmen los ánimos y podamos armar una conferencia ¿Entendido?
- Vaya, tienes todo calculado – habló Mina al fin quien estaba tan asombrada como Heal por su preparación.
- Mitchiru es una buena agente – dijo Heal con tono neutro, para que no se notara lo admirada que estaba con su trabajo.
- Por supuesto. Ese es mi deber: cuidar a esta chica – le guiñó un ojo a la rubia (ahora pelirroja) y se dispuso a decirles el plan a seguir. Les dijo que lo mejor era que se fuera a un hotel o a la casa de sus padres que no era conocida mediáticamente. Mina las miró sorprendida, primero por la efectividad de su hasta ahora desconocida manager y segundo por el caos que debían enfrentar sólo para sacarla de ahí. Pero resignada a que no tenía nada que hacer en esta situación se sentó a esperar lo que debían hacer. Últimamente no se sentía tan segura de sus decisiones, en otra época habría estado encima de Mitchiru diciéndole sus ideas para llevar la situación pero en este mundo, donde no conocía nada estaba resuelta a dejarse llevar.
Cuando se dio cuenta ya estaba en el auto que conducía Seiya, también disfrazado con una pañoleta en la cabeza y lentes oscuros. Heal estaba a su lado y Serena en el asiento del copiloto, ambas con sombreros. Lo favorable es que el clima era caluroso y llevar lentes era más que normal. El auto salía apenas por el estacionamiento y vieron el tumulto de personas escuchando a la agente de Mina acompañada por la doctora Kino, quien respaldaba la versión de Mitchiru. Pasaron lentamente y cuando salieron de ahí se dirigieron por fin a su destino, cuidando que nadie los hubiera seguido. Para eso Seiya dio un par de vueltas por la ciudad y luego ir a la antigua casa de los Aino.
Introducir aquella deliciosa galleta de chocolate, rellena de crema de vainilla en el medio, dentro del vaso de leche. Eso se podría decir que es uno de los mejores placeres para una persona de naturaleza golosa como lo era Mina. Y si, seguido de esto, viene una ronda de galletas caseras, es lo máximo. Pero esto no era lo que tenía la completa atención de la rubia, sino la persona que le daba tantas atenciones en este momento. Ahí desde su cómoda posición sentada en la pequeña mesa de la cocina la veía dar vueltas y ofrecerle a ella, y a sus amigos, una explosión de sabores que más tarde se arrepentiría de ingerir. Se alegraba de estar tranquila al fin luego de la furtiva salida de la clínica que tuvo pero aún se preguntaba cómo es que de todas las posibles personas que pudieran llegar a ser su madre justamente fue ésta mujer la que veía frente a ella.
Aquella dama adulta enfundada en su típico traje de dueña de casa había sido lo que menos esperaba encontrar la rubia al entrar en su antiguo hogar, guiada por Heal y seguida de Serena y Seiya. La miraba con detención en su danza por los utensilios y moldes, su cabello oscuro y largo ondeaba ante sus movimientos y su vestido le seguía el juego. Una y otra vez hasta que, tras la sugerencia de Serena, se unió a ellos en la mesa, un tanto nerviosa por la mirada fija de su hija menor en sus orbes azules pero contenta de tenerla al fin en casa.
- Estas galletas se ven deliciosas – exclamó Heal, cuidando de no apartar más de cuatro.
- Las cocine especialmente…– sonreía. Su voz calma y melodiosa hacia que las palabras sonaran más sabias salidas de sus labios.
- ¿Hiciste de chocolate? – preguntó Seiya de pronto al examinar la mesa - ¡Por favor, dime que sí hiciste! – rogaba cual niño pequeño ante la mirada reprobatoria de su novia.
- ¡Seiya! Estas galletas son la bienvenida de Mina. No seas caprichoso – lo regaño la rubia mayor mientras el moreno aún suplicaba con la mirada a su suegra.
- Querida, no hay problema. Claro que hice unas especialmente para este novio tan atractivo que tienes – dijo con aire pícaro y apretó ligeramente una de las mejillas de Seiya mientras Serena negaba con la cabeza.
- ¿Lo ves, Bombón? Hizo especiales para tu novio guapo – se hizo el importante con aire arrogante y luego le dio un beso en la mejilla.
- ¿Por qué lo conscientes tanto? – se quejó cruzando los brazos – Después va a querer que le laves la ropa también.
- Ya que lo mencionas. Creo que hay unas cuantas camisas en el auto… – terminando por recibir un codazo Seiya ya no dijo más y se dedicó a comer galletas, viendo a la mujer reír ligeramente.
Mientras tanto todos parecían ignorar a la silente Mina, que divertida con el espectáculo, sólo observaba a todos relacionarse como si se conocieran desde hace mucho. Aun le parecía muy extraño que Serena y Seiya fueran novios pero lo sorprendente era que se llevaban igual que cómo lo recordara de la escuela, siempre con esa atracción magnética que se desarrollaba cuando estaban juntos y la afinidad natural que había aflorado entre ellos no siendo necesarias las excesivas muestras de afecto para reconocer que entre ellos había química. Ahí estaban ahora, ligeramente tomados de las manos y con ciertos acercamientos en los que el chico depositaba un beso en su mejilla o ella acariciaba su rostro para luego separarse y de vez en cuando dirigirse miradas furtivas. Parecían muy felices y cómodos juntos, cosa que siempre extrañó ver entre su princesa y Darien, ya que a pesar de jurarse amor eterno y batallar por eso. Su día a día era extraño, a veces salían más por compromiso que por deseo. Por eso se alegró de ver esta relación más cercana, aunque fuera sólo una ilusión momentánea. Sintió su rostro armar una mueca y luego una presión en su mano. Miró hacia un lado y encontró los ojos esmeraldas de Heal observándola, estudiando la expresión de su consternado rostro. Le sonrió y volteo a ver a su madre que la miraba también, esperando que por fin le hablara luego de la efusiva bienvenida que había sorprendido a Mina…
Flashback
Se encontraba frente a la puerta que había visto en sus visiones y no se atrevía a tocar. Heal se encontraba a su lado como para darle apoyo moral y Serena y Seiya se habían quedado en el auto para aguardar (espiar en el caso del moreno) lo que ocurriría en el encuentro de Mina y su madre.
- Heal… yo…
- Está bien, yo lo haré – y tocó el timbre. Tras lo cual se escuchó un estruendo desde el segundo piso y chocó con la puerta. Se escuchó un particular sonido y la rubia podría haber jurado que pareció un maullido de gato. Lentamente se abrió de par en par la puerta a sus pies y aparecieron unos azules y profundos ojos que las recibieron. Mina quedó perpleja al contemplar la figura de la mujer frente a ella. Sus ojos, cabello y hasta el vestido era igual a cómo lucía la forma humana de Luna. Y ante la expresión de asombro de la chica esta sólo atino a abrazarla, un contacto tan cálido como sólo una madre podría darlo y algo que tranquilizó a la rubia de manera agradable. Ella sólo se dejó abrazar.
- Mamá Kaguya. Ahora sí que te luciste – alabó la peli plateada que había probado al fin una galleta, luego de una larga meditación a su plato.
- ¿Tú crees? – llevó sus manos a sus mejillas levemente sonrojadas – Eso esperaba.
- Disculpa… - habló en un tenue hilo de voz la que ahora apretaba con fuerza sus dedos enredados entre los de la mano vecina.
- ¿Sí?
- Quería preguntarte – de pronto sus ojos se fijaron en la atípica marca que decoraba su frente, una que compartía con su difunto esposo y que le había causado curiosidad a la rubia desde que la vio, admirando todas las fotos que compartía el matrimonio – eso que tienes en la frente…
- ¡Ah! Esto – se apuntó a la parte superior de su cabeza y con nostalgia continuó – es una marca de nacimiento. Un lunar… me dio gusto ver que ninguna de ustedes lo heredó en el mismo lugar – dijo con una pequeña sonrisa. Vio a Serena enrojecer y a Seiya emitir una risilla traviesa.
- ¿Cómo así?
- Ya lo habrás notado – dijo Serena tímidamente.
- ¿Qué cosa? – Mina no entendió ningún mensaje y estaba en el limbo de la información.
- No importa – sonrió su madre otra vez - ¿Qué me estabas diciendo?
- Entonces ¿Por qué él también tiene esa marca? – miró uno de los retratos.
- Eso es un tatuaje – interrumpió Serena con una gran sonrisa.
- ¿En serio?
- Me encanta esta historia – exclamó Seiya acomodándose junto a su novia mientras ella enredaba uno de sus brazos.
- Sí. Fue su propuesta de matrimonio
- ¡¿Te propuso matrimonio con un tatuaje?!
- Algo así – rio levemente - Cuando llegó a mi trabajo con un parche en la frente y una cajita en las manos me asusté mucho. Se veía tan desarmado que creí que había tenido un accidente o algo así. Entonces sólo se arrodilló frente a mí, en medio de la cafetería y me dijo que si me casaba con él. Así nada más – se vio un cambio en su semblante y al recordar momentos tan hermosos sonrió de una forma esplendorosa.
- Guau – Mina pensó que Artemis era todo un romántico.
- Luego tuve que responderle después porque al instante en que me lo pidió una compañera tiró mi bandeja llena de vasos junto con la suya y tuvimos que quedarnos hasta tarde a limpiar – de fondo las carcajadas de Seiya y Heal – Pero ya que estuvimos calmados fuimos a tomar un helado al parque y le respondí. Entonces suspiró y me dijo que había valido la pena. Se quitó el parche de su frente y me mostró una marca idéntica a la mía adornar su frente – sus ojos se humedecieron – Me dijo que era su promesa de amor y lo que nos uniría por siempre – Mina al fin se movió y tomó las manos de su actual madre.
- Es una hermosa historia – le dijo con auténtica sinceridad – Me alegro de haber podido escucharla - La mujer le sonrió de vuelta y acarició sus manos. En ese momento escucharon el azote de la puerta principal de la casa y unos pasos torpes que llegaron a la cocina. Súbitamente entro Yaten, despeinado y con la ropa desarreglada (una manga de su camisa rasgada). Apoyado en el portal de la puerta y con la respiración agitada.
- ¡Cielos! – se levantó la versión humana de Luna y fue a atender al que entre los brazos de Seiya fue conducido a una silla. Mina se acercó a él.
- ¿Qué te ocurrió? – preguntó mientras le acerco un vaso de agua que su madre le pasó.
- Fui a buscarte a la clínica – le dijo con una sonrisa burlona – Pero parece que no lograron verte y… bueno querían información de tu novio. Todos: los fans y los periodistas – la miró de una forma que le caló hondo a la rubia.
- ¡Pero que descuidado eres…! – le regañó su hermana pero él no parecía prestarle atención pues estaba hundido entre los orbes celestes de la rubia quien también parecía comunicarse con el chico sólo con sus miradas.
- Ya no están con nosotros – dijo Seiya con tono fúnebre y Yaten pareció despertar.
- Quería asegurarme que estarías bien – Mina parpadeó y también recobró el sentido.
- Descuida, los chicos hicieron un buen trabajo – los miró agradecida mientras sonreía – Y Mitchiru habló con la prensa.
- Debí haber visto las noticias antes de salir de la oficina como un demente.
- La demencia no tiene cura para ti, enano – se burló Seiya.
- Pues tú tampoco estas muy cuerdo, Sid – le lanzó una mirada retadora y el otro estuvo a punto de responder.
- Bueno, bueno ya basta los dos – la madre de los detuvo antes que empezaran una guerra – Yaten, cariño. Date un baño en la habitación de Mina y luego tomaremos té. Querida, acompáñalo – la apremió Kaguya y nerviosa la rubia asintió. Se dirigió a las escaleras seguida del peli plateado y con torpeza llegaron arriba. Seiya les gritó algo de que bloquearan la puerta y luego se escuchó el regaño de Serena, pero ambos sólo rieron y entraron. La chica cerró la puerta tras de sí y movió los dedos con ansiedad.
- Está bien – dijo el joven – No tienes que enjabonarme la espalda - Ambos rieron ligeramente.
- Bueno, si quieres te presto algún acondicionador – bromeó.
- No, gracias – movió las manos negando – Heal ya me tiene harto con esas cosas.
Ambos se miraron un segundo y él se acercó. La rubia lo vio venir y retrocedió disimuladamente hasta que la pared traidora le cortó el paso. Se apoyó sobre ésta y el chico llegó hasta quedar muy cerca de su rostro.
- En verdad te extrañé, chica fugitiva – ella lo vio con ojos brillantes y sus mejillas se tornaron rosadas. Él la vio y algo pareció incomodarlo, al instante vio a Yaten caminar hacia la puerta del baño. Un poco confundida se desprendió del tapado que la cubría (por "alguna" razón su temperatura había aumentado) para quedar sólo en una ligera blusa que dejaba ver sus hombros y parte de la espalda. Se sentó en la suave cama un minuto con la puerta del baño y la atención del chico tras ella, ahí se sentía tranquilidad y quiso aprovechar el momento para descansar de tanta atención.
- No tienes que quedarte si no quieres – le dijo él súbitamente en un tono tétricamente familiar, hostil, nada que ver con el amable joven de hacía unos momentos - Sólo me daré una ducha y luego bajaré.
- Está bien – dijo aún sin voltear - Será bueno estar en silencio luego del viaje agitado
- Ya veo… - la examinó durante un momento - ¿fue un caos verdad? – algo en su timbre de voz se escuchó irónico. Mina se volvió hacia él. Estaba de pie con una toalla en la mano y otra en el suelo.
- Sí, nunca imaginé que ser una celebridad fuera tan difícil – mientras, alternaba sus ojos entre las manos empuñadas del chico en la toalla y sus ojos, que destellaban algo nuevo, intenso.
- Hablas cómo si fuera la primera vez que haces esto – le dijo aun fijando sus ojos en ella.
- "No tienes idea" – pensó la chica – Eh… bueno no recuerdo estas cosas
- Claro, la amnesia – dijo sarcástico y luego de un segundo continuo como desatando algo escondido - ¿Creíste que no me iba a dar cuenta? – fue la pregunta que desarmó su temple en ese momento.
- ¿De-de qué? – no podía pronunciar claramente ni pensar ¿Qué quería decir con eso?
- Que no tienes amnesia – se acercó a ella y la tomó por ambos hombros bruscamente.
- ¿De qué hablas? – trató de zafarse pero fue inútil.
- ¡No la tienes! No tienes la marca… - dijo casi con la voz quebrada. Mina lo miró con más confusión que nunca y el chico respondió a su pregunta mental – La que tiene forma de lunar en el hombro izquierdo – dijo aclarando en tono serio. Ahí le hicieron sentido las palabras de su madre ¡La bendita marca!
- Eh… yo… ehh – ni siquiera sabía que había una marca "Que suerte la mía", pensó – Yaten…
- Tú no eres Minako… ¡Claro que no! – se respondió sólo - Ella jamás huiría de una turba de periodistas porque le encantaba ser adorada, le repugnaba el contacto por afecto y nunca dejaría que su agente hablara por ella – apretó sus manos en ella - ¡¿Quién eres?!
- No… sé… de que hablas Yaten – respondió asustada. O el chico conocía muy bien a la otra muchacha o tenía algún tipo de poder.
- ¡Sí lo sabes! – se apartó molesto - ¿Crees que Heal no me contaría lo que le dijiste? – "Demonios" pensó para ella.
- Yo… bueno – agachó la mirada avergonzada al ser descubierta. Ahora ¿Qué haría? Seguramente les diría a todos que no era quien decía ser y no habría forma de averiguar nada de lo que pasó. Todo su plan estaba arruinado – Le dije esas cosas porque estaba confundida.
- ¡Deja de mentir! – exclamó y pareció retumbar en su mente, y en la habitación completa – Me vas a decir en este instante cómo fue que llegaste a la clínica y donde está la verdadera Minako – se plantó frente a ella, su mirada llena de ira le hizo recordar cómo es que la inseguridad se apoderaba de ella al ver al otro Yaten mirarla así.
- ¡Está bien! – ahogó las ganas de llorar – Yo… no soy… la chica que conoces. Pero no tengo idea de cómo llegué ni de donde está ella ¡Lo juro! – él continuaba escrutándola con sus orbes esmeralda, tan distinto a cómo la veía su gemela. Se sentía acorralada y sin salida. Indefensa. No tenía con quien hablar ni a quien más recurrir ¿Qué pasaría ahora?
- ¿Por qué te pareces a ella? ¿De dónde eres? – ante la insólita situación sólo había espacio para una cosa en la mente apabullada de la confundida joven.
- Te diré la verdad… - dijo al fin – Pero no sé hasta qué punto me llegaras a creer.
- Pruébame – la reto arrastrando cada letra de la palabra. En ese momento ya había tomado lugar en el suelo.
Mina suspiró y le contó todo lo ocurrido desde que había encontrado a un gato blanco que hablaba (omitiendo nombres), hasta que había despertado en la cama con manos y pies atados. El chico escuchaba atentamente las palabras de la rubia y su rostro cambiaba de expresión muy seguido. De asombrado a incrédulo, de curioso a aterrado. La joven no sabía si esto era bueno o malo pero simplemente le dijo todo. Y cómo si fuera una terapia mental, al decir la última palabra y quedar en completo silencio, se sintió liberada. Ahora venía la espeluznante espera por saber qué le diría él. Lo miró con sus ojos llenos de temor. No porque le tuviera miedo propiamente tal, sino porque la sensación de haberlo perdido a él, le dolía más de lo que hubiera previsto. Aunque sólo fuera una ilusión, aunque tal vez un día volvería a su mundo y regresaría a su rutina. Ver esa mirada tan llena de desdén la arrojó a un precipicio.
- Esto… es demasiado – se levantó y azotó la puerta del baño. Mina clavó sus ojos en el portal que había cruzado el chico, buscando algo pero nada pasó. De pronto sintió un ruido sobre la superficie de la puerta. Se acercó y con toda la valentía del mundo dijo.
- ¡Yaten, lo siento mucho! – apoyó sus manos en la suave superficie vertical – Yo sólo quiero saber cómo volver a mi casa – esperó por una respuesta pero nada – ¡Me iré ahora mismo! – exclamó y se encaminó rápidamente a la puerta pero antes de abrir la mano del peli plateado detuvo su carrera. Clavó sus ojos en aquella extremidad que estaba aferrada en la suya, lo sentía apretar pero temblaba al mismo tiempo. Poco a poco subió la mirada hasta encontrarse con esos orbes esmeralda que ahora la miraban distinto.
- No… - murmuró en un hilo de voz para luego aclarar la garganta – No te vas – ordenó ahora. La chica se zafó del agarre y algo se removió dentro de ella. Ya no la miraba con odio pero si con desconfianza
Uff... al fin salio de la clínica para meterse en otro rollo.
Como ves el siguiente contexto en que se desenvolverá la pobre Mina no será nada fácil.
A que la descubrió muy fácil? Sí pero si me retrasaba más no podría continuar xD
Querida Kativip me alegró mucho que me dieras esas palabras de animo y si lees esto podrías dejarme tu email en un mensaje interno para avisarte de las actualizaciones o mándame un mail al mío... creo que esta publicado :D
Espero que nos leamos pronto
bye
