¡Bienvenidos una semana más!

Este capítulo está cargado de momentos tensos y de descubrimientos. Esperamos que os guste la dirección que está tomando este fic. Muchas gracias por seguir cada semana esperando una nueva actualización, por ser pacientes y por vuestras palabras de ánimo.

Nos vemos la próxima semana. ¡Os queremos!

El corazón de Regina se detuvo durante un segundo en cuanto alzó la mirada y vio a Emma acercándose a ella.

Había llegado con más antelación de la deseada y, aunque su acompañante no había llegado tarde, la espera se había convertido en un tormento. Miles de pensamientos le habían rodeado en todo este tiempo, "¿Cómo debo saludarla? ¿Debo ser estrictamente profesional? ¿He escogido el lugar adecuado para vernos?"

Pero de nada sirvió toda respuesta que hubiera encontrado ya que, con una simple sonrisa, Emma desmontó cada una de sus inseguridades.

- Hola, Regina.

- Buenas noches Srta. Swan. Espero que el sitio sea de su agrado, no sabía en qué otro sitio podríamos encontrarnos sin llamar demasiado la atención.

- Sí, me gusta -respondió Emma. - Y por cierto, puedes llamarme Emma.

- Está bien, Em-ma. - dijo Regina mientras rodaba los ojos y le sonreía.

Esperaba esa clase de respuesta. Después de todo, ya la había llamado así el día que se conocieron pero después de todo ese tiempo se sentía raro tomar esa cercanía sin el permiso de la rubia.

Ambas mujeres tomaban aire repetidas veces tratando de controlar sus nervios mientras buscaban cómo continuar con la conversación.

- Siento lo de la entrevista. - comenzó Emma. - Traté de evitar tocar ese tema de todas las maneras posibles pese a las exigencias de mi jefe porque entiendo que no debe de ser muy agradable hablar de las cosas tan espantosas que hizo tu madre y sentir que sólo quieren hablar contigo por el morbo de saber la historia por compl-

- Está bien. - dijo Regina cortante.

- Lo siento… - Emma desvió la mirada avergonzada.

Había ensayado la disculpa miles de veces en esos días pero sus nervios siempre parecían aparecer en el momento más inoportuno.

- La última vez que nos vimos creo recordar que servías copas en ese barucho de mala muerte como tu dijiste, ¿he de suponer que te despidieron en tu primer día por todas las copas que tiraste aquella noche? - comentó Regina tratando de poner un punto y final a aquel espinoso tema.

Emma se sorprendió de que su compañera hubiera utilizado precisamente la noche que se conocieron para cambiar de tema pero se rió al recordar aquella noche.

- La verdad es que estuve trabajando allí más de 3 años.

- ¿¡Tres años!? Pensaba que odiabas ese sitio.

- Lo odiaba. - Emma desvió la mirada por segunda vez en la noche. - Pero aguanté con la esperanza de volver a encontrar a alguien que conocí allí durante mi primera noche. - Su mirada se encontró de nuevo con Regina.

- Buenas noches, mi nombre es Alice y seré su camarera esta noche. - Ajena a la tensión que se había formado en ese momento y a lo que había interrumpido, continuó. - ¿Puedo tomarles ya nota o aún no han decidido que van a tomar?

- Oh, eh… Bueno, yo tomaré…

- Pediremos un menú de degustación, acompañado del vino sugerido por el chef. - respondió Regina con total tranquilidad, como si la conversación que estaban teniendo no le hubiera afectado en absoluto. - Gracias.

- Por supuesto. - dijo la camarera recogiendo las cartas de sus comensales y rozando intencionadamente la mano de la morena.

Emma alzó una ceja ante el gesto. No sabía si, tras la conversación que acababan de tener, era buena idea sugerir la innegable atracción de la camarera por su acompañante así que decidió dejarlo pasar por el momento y dirigirse a lo que esperaba que fuera un tema seguro.

- ¿Cómo va el proyecto?

Los ojos de Regina brillaron ante la mención de lo que hasta el momento era su vida.

- Va bastante bien. En este momento estamos pensando en organizar una gala benéfica para recaudar algo de dinero y acercar nuestro proyecto a todo el mundo. - Regina hablaba entusiasmada, dejando que toda inhibición cayera. Se sentía cómoda, relajada, y la atención que le estaba brindando Emma solo hacía que su corazón se abriera más. Por eso no le importó adentrarse a terreno peligroso. - Me gustaría que la gente pudiera llegar a conocernos de verdad y que todas las dudas con respecto a mi y a las posibles intenciones de mi madre quedaran en el olvido al ver la honestidad del proyecto. - Finalizó con tristeza.

Emma no sabía qué hacer. Deseaba con todas sus fuerzas poder saber más de lo que en su momento fuera una de las historias más sonadas de los últimos tiempos pero sus ganas de conocer a la mujer que tenía delante eran mucho mayores.

- Regina, no puedo hablar por todo el mundo pero estoy segura de que, tras tus palabras en la entrevista, muchas de aquellas dudas se han disipado. - Emma movió su mano por encima de la mesa con la intención de coger la de Regina y tratar de reconfortarla pero se detuvo a medio camino, retirando la mano.

La cirujana suspiró. Sería tan fácil hablar, dejar que todo fluyera sin preocuparse de nada. Total, ¿qué podía perder? La mayoría sabía parte de su historia aunque fuera de lo que habían informado en los medios y Emma parecía no buscar más que su confort. En las pocas veces que se habían encontrado, nunca la había forzado a hablar de nada. Así que decidió seguir los consejos que llevaba días dándole Zelena y se lanzó al vacío.

- Aquella noche, cuando nos conocimos, había salido antes de la universidad y fui al laboratorio donde trabajaba mi madre. - Emma hizo un intento por detener aquella conversación pero Regina la ignoró. - Era el mismo que había compartido con mi padre hasta su fallecimiento y solía ir allí cuando tenía un mal día para sentirme más cerca de él. Cuando llegué no había nadie así que decidí sentarme en su escritorio y pensar en todos los momentos que había pasado allí. Entonces fue cuando lo oí. - Emma escuchaba atentamente, no muy segura de querer conocer el resto. - El llanto de un bebé rompió el silencio junto con la voz de Cora. No sabía qué pasaba así que fui a ver si podía ayudar en algo. Desearía no haber ido…

Regina hizo una pausa para tomar aire. Era la primera vez que contaba esa historia con el corazón abierto y sin pasar de largo en los detalles. La primera vez sin verse en la obligación de hacerlo como pasó con la policía.

- Regina, yo…

- No, por favor. - cortó la morena. - Déjame terminar. Por favor…

- Está bien. - Respondió Emma.

- Cuando abrí la puerta... Cora estaba de espaldas a mí, inyectando algo al bebé que había escuchado llorar. Estaba completamente perdida ya que mi madre trabajaba en el área de biología genética por lo que no entendía qué hacía un bebé en su laboratorio pero sólo necesité un par de segundos para descubrir qué hacía ahí. Al parecer mi madre llevaba meses experimentando con adultos y niños con consecuencias desastrosas en la mayoría de los casos. Cuando la realidad de la situación me alcanzó, mi madre se había percatado de mi presencia así que decidí salir corriendo de ahí.

Regina tragaba con dificultad mientras trataba de controlar sus sentimientos. Habían pasado años pero entre las pesadillas y todas las consecuencias que vinieron después de aquel día, le resultaba casi imposible hablar sin derrumbarse.

- Regina, lo siento muchísimo. No tenía ni idea. - intervino Emma mientras alcanzaba su mano y le daba un apretón. - En los medios…

- Lo sé, al parecer alguien con mucha influencia consiguió que se publicara menos de lo que en realidad sucedió.

- Por eso sigue habiendo tanto revuelo con el tema. Por todas las incógnitas que tiene el caso. - dijo Emma sorprendida. - ¡Y por eso ha habido siempre tanto interés en acercarse a ti!

- Exactamente. Ahora podrás publicarlo y conseguir todo lo que siempre hayas querido.

- Regin-

- Muy bien, aquí les traigo los entrantes y primeros platos. - Alice volvió a aparecer con un carro lleno de platos, interrumpiendo de nuevo a ambas mujeres. - Y por aquí les dejo su bebida. - continuó mientras les servía una copa de vino a cada una. - Espero que esté todo a su gusto y si necesitan cualquier cosa, no duden en pedirmelo. Estoy a su entera disposición. - dijo mientras miraba fijamente a Regina y le guiñaba un ojo.

Emma volvió a ver el flirteo de la camarera y frunció el ceño. Que poca profesionalidad - pensó.

- Regina, volviendo al tema de antes… No voy a publicar nada de esto. No creo que seamos amigas, pero en algún momento me gustaría serlo. - la periodista vio un leve movimiento por parte de su compañera que le hizo saber que esa conversación ya había acabado así que decidió cambiar de tema. - Parece que le gustas.

- ¿A quien? - respondió sorprendida Regina.

- A la camarera. Un poco más y le falta lanzarse a tu cuello.

- Es una lástima que no tenga nada que hacer conmigo. - dijo sin darle mucha importancia.

- ¿Porque es una mujer? - Emma se acercó, interesada en el nuevo tema en el que se estaban adentrando.

- ¿Qué? ¡No! - las mejillas de Regina comenzaron a sonrojarse. - Por supuesto que no. Pero no creo que sea la clase de persona que quiera tener conmigo en este momento.

- Mmm… Ese argumento sólo se suele utilizar cuando ya hay alguien en tu corazón. - insinuó Emma mientras le guiñaba un ojo. - ¡Oh dios mío! ¿Eso significa que son ciertos los rumores entre la cirujana esa de tu hospital y tú?

- ¿Con Zelena? - la risa de Regina resonó tan fuerte por el restaurante que todos los demás comensales se giraron para mirarlas. - Zelena es como una hermana para mí, pensar en ella de esa otra forma… Ugh, ¡sería asqueroso!

- Te entiendo, yo me sentiría igual de rara si se tratara de Ruby.

- ¿La chica del bar?

- Pensaba que esa eras tú.

- Idiota, sabes a lo que me refiero. - las mejillas de Regina seguían aumentando de rojo conforme la conversación avanzaba.

Se sentía bien tener una conversación tan fresca y despreocupada después de todo lo sucedido y, pese a que no lo reconocería en voz alta y mucho menos frente a Zelena, estar con Emma tampoco era tan espantoso.

- Sí, la otra chica del bar. Es mi mejor amiga y toda la familia que tengo. Cuando salí del orfanato, la vida quiso que me cruzara con ella y desde entonces ha sido parte de mi vida y mi mayor apoyo.

- No sabía que…

- Bueno, ya estamos en paz. - respondió Emma con una sonrisa cálida y tranquilizante.

El resto de la noche transcurrió entre pequeñas bromas, detalles aparentemente insignificantes de sus vidas y alguna que otra mirada robada mientras la camarera seguía luchando por hacer notar su presencia.

Al final se hizo tarde y ambas estuvieron de acuerdo en que era un buen momento para despedirse y marcharse. Emma se ofreció de nuevo a llevar a Regina, que había ido hasta el restaurante andando a causa de la cercanía de este con su casa. Regina aceptó aún sabiendo que no le hacía falta, pero le apetecía pasar los últimos minutos que le quedaban junto a la rubia. Sin embargo, en la mente de Emma había algo que le había estado atormentando toda la noche. Lo había dejado pasar porque no quería romper de nuevo la confianza de Regina, pero si no se lo contaba jamás podría dejar de pensar en ello.

-Regina, hay algo de lo que tenemos que hablar - dijo mientras entraba en el coche. Intentó alarmarla lo menos posible, aunque sabía cómo sonaban esas palabras. Regina asintió con la cabeza, prestándole atención y la rubia prosiguió. - Hace dos días fue mi cumpleaños. Y no, no quiero que me felicites. - Intentaba suavizar el impacto con alguna broma, pero sólo consiguió ponerse más nerviosa. - Bueno, el caso es que recibí una nota anónima en mi despacho. En la nota ponía algo que creo que tiene que ver contigo. Tampoco estoy segura al cien por cien pero pienso que podría referirse a ti - diciendo eso, sacó la nota de su bolso y se la entregó a Regina.