- Ahora lo que tú quieras. – Y movió su cabeza hasta depositar un suave beso sobre los labios rosados de Emma. Ésta se quedó inmóvil viendo cómo Regina se separaba y atravesaba la puerta hacia la calle.
El día transcurrió entre risas y confesiones con Belle y Ruby. Las jóvenes le contaron a Emma cómo había sido la fiesta de la noche anterior y la rubia aprovechó para confesarles lo que había pasado con Regina.
Ni Belle ni Ruby daban crédito ante lo que estaban oyendo, pero el brillo de felicidad de los ojos de Emma les confirmaba todas y cada una de sus palabras. Más cuando llegó un mensaje al móvil de la dueña de la casa y ésta no pudo disimular su sonrisa.
- Es Regina… Dice de vernos esta noche.
- ¡Claro! Queda con ella, nosotras nos vamos.
- No, no. Yo tengo un plan con vosotras que me apetece mucho. No voy a pasar de mis amigas por una chica. – Emma se volvió al móvil y escribió un rápido mensaje disculpándose con Regina y diciéndole de verse al día siguiente.
Al otro lado de la ciudad, la otra joven recibía el mensaje que le informaba de que su plan para esa noche no iba a poder ser. Sin pensarlo dos veces, llamó a Kathryn y le propuso quedar.
Una hora más tarde, las amigas Mills y Nolan se sentaban en el muelle de Storybrooke. Kathryn sabía que Regina quería contarle algo, la conocía. Pero también sabía que tendría que darle su tiempo, Regina no es de las personas que funcionan bien bajo presión.
- Me gusta Emma. – Regina miraba al infinitivo.
- Ya – Kathryn la imitó y se acercó a ella, colocando su mano encima de la de su amiga – ya era hora de que te dieras cuenta.
- ¿Cuándo te diste cuenta? – A la morena no le sorprendía que Kathryn supiera de su enamoramiento, al fin y al cabo era la persona que mejor la conocía.
- Cuando hicisteis aquel trabajo de genética juntas. Al principio pensé que sólo te generaba curiosidad, pero con los días me di cuenta de que era algo más allá de la curiosidad. – Se hizo un silencio entre ambas, estaban asimilando información – Lo que no sé es si a ella le gustas tú.
- Sí, sí le gusto. Ayer… bueno, sabes que desaparecí de la fiesta. Estaba un poco borracha y fui a su casa. Le dije que me gustaba, pero mi estado no me permitió mucha lucidez y me quedé dormida en su casa. Esta mañana intenté escaparme sin que ella se diera cuenta y hacer como si nada, pero ella se despertó y me preguntó. Le confesé que me gusta desde el trabajo ese y ella me dijo que yo a ella también. Pero sus amigas iban de camino a su casa, así que me tuve que ir y no hemos hablado más.
- Bueno, ¿y tú qué quieres?
- Yo lo quiero todo con ella, Kat. Pero estoy muy asustada. – Una lágrima resbaló por su mejilla. Kathryn decidió mantenerse en silencio y permitir a la chica a su lado pensar, ordenar sus ideas y seguir hablando cuando quisiera – Que me guste una chica es algo nuevo para mí, pero realmente es lo de menos. Me acuerdo de lo que le pasó a Daniel y… no quiero que pase lo mismo con Emma, se me encoge el corazón sólo de pensar que mi madre puede hacer que no la vuelva a ver en la vida. – Las lágrimas aisladas pasaron a ser un lloro incesante.
- ¿Has pensado algo al respecto? ¿Emma sabe lo de Daniel?
- Sí, sabe todo lo de Daniel. Pero no hemos podido hablar de nosotras. Quería verla esta noche, pero está ocupada.
- Amiga, pues deberías hablar con ella cuanto antes. No es sano que estés tan asustada y estoy segura de que hablar con ella te permitirá calmarte. – Kathryn pasó un brazo por los hombros de su amiga y la apretó a sí, notando cómo temblaba y era incapaz de contener el llanto.
- Tengo tanto miedo…
- Shhh. No va a pasar lo mismo que con Daniel, ¿de acuerdo? Vas a hablar con Emma y vais a ser muy cuidadosas. Cuanta menos gente lo sepa mejor y dentro de dos años os podréis ir a la universidad fuera de aquí y tu madre no tendrá ningún tipo de poder sobre ti.
La otra joven sólo pudo asentir levemente, dejándose abrazar y calmar por las palabras de su amiga.
Al día siguiente, tras despertarse y desayunar, Emma echó educadamente a sus amigas y llamó a Regina.
- Estoy libre. ¿Nos vemos?
- Voy para tu casa.
Regina llegó en tiempo récord, tenía que hablar con Emma y estaba muy nerviosa. Sin embargo, se quedó en la puerta sin tocar. Tenía que tranquilizarse un poco. Estaba emocionada por ver a la rubia, pero también preocupada por lo que tenía que decirle. Iba a proponerle tener una relación, pero en secreto. Quería estar con ella, pero era necesario la condición. Por fin se decidió a tocar.
Diez segundos más tarde abrió la que le pareció la persona más bella que jamás había visto.
- Hola. – Regina se quedó mirando a Emma, no sabía cómo debía saludarla, le apetecía besarla en los labios, pero quizás era mejor darle un beso en la mejilla o no hacer nada en absoluto, por lo que sólo pudo mirarla.
- Hola… pasa.
Las dos se adentraron en la casa y se dirigieron a la mesa de la cocina. Se sentaron y en ambas se notaba un ligero rubor, las dos estaban nerviosas, mostrando disimuladas sonrisas y furtivas miradas. Hasta que Regina se envalentonó y se levantó. Alargó su mano hacia Emma, de forma que ésta la agarró y también se levantó. La morena la atrajo hacia sí y puso las manos de la rubia en sus caderas, rodeándola ella con los brazos y colocando sus manos en la espalda de la otra muchacha. Sin pensarlo demasiado para no arrepentirse, poco a poco fue acercando su cara hasta la cara de Emma, entreabriendo sus labios para que sus intenciones quedaran claras, pero tan lentamente que Emma tendría tiempo de apartarse si quisiera hacerlo. Pero no fue el caso, la distancia entre ambas desapareció y lo que comenzó como un gesto tímido terminó siendo un apasionado beso cuando superaron la vergüenza inicial.
- Estaba deseando hacer esto – Regina habló entre beso y beso.
- Y yo. – Emma, sin saber cómo, intensificó a un más el contacto y sus manos empezaron a pasearse por el cuerpo de la morena que, al darse cuenta, la paró.
- Tenemos que hablar. - Acaloradas, las chicas se separaron y se volvieron a sentar cada una en su silla. – Emma, no me voy a andar con rodeos. Quiero estar contigo… en todos los sentidos… ¿qué quieres tú?
Una genuina sonrisa nació de los labios de Emma.
- Quiero lo que tú quieras. Me gustaría… tener una relación. La verdad es que no soy ninguna experta en estas cosas. Sólo he estado con un chico, pero la verdad es que no me va el tema de relación informal. Quiero que seamos pareja.
- Yo también quiero que seamos pareja. – Las chicas se miraron sonrientes – Pero hay un problema: mi madre. Ella no se puede enterar bajo ningún concepto. Y ella se enterará si esto sale de aquí. - Emma empalideció súbitamente. - ¿Qué pasa?
- Yo… puede… solo puede… que les haya contado lo de anoche a Ruby y a Bella. Lo siento, no sabía que querías mantenerlo en secreto. Y no pude contenerme, ayer cuando te fuiste estaba tan feliz que necesitaba contárselo. Perdón, de verdad que lo siento.
- Tranquila Emma, no pasa nada. Me parece bien que se lo hayas contado a ellas. Lo cierto es que yo también he hablado del tema con Kathryn. Pero por favor, asegúrate de que ellas no -digan nada a nadie. Yo ya me he encargado de que Kat no abra la boca.
- De acuerdo – Emma calló, meditando cómo continuar la conversación – entonces… ¿cuál es el plan? ¿Un secreto para siempre?
- No, claro que no. A ver, no quiero agobiarte, pero mi idea es que si… bueno, si todo va bien y seguimos juntas de aquí a allá… pues poder decirlo cuando vayamos a la universidad. Cuando yo ya salga de casa mi madre no va a poder decirme nada ni a ti podrá echarte del instituto. Si vamos juntas a la universidad no podrá separarnos porque ya no estaremos aquí.
Pasaron las semanas y tras las semanas, los meses. Regina y Emma se veían a escondidas, siempre con la excusa de que iban a quedar con Kathryn o Bella y Ruby. La relación estaba cuajando entre ellas y cada vez estaban más cómodas entre ellas, aunque a veces se les hacía difícil reprimir sus ganas de besarse cuando se veían por las mañanas y cuando se despedían a mediodía en el instituto. Sin embargo, la falta de intimidad entre ellas llegó a hacerse insoportable tras varios meses de relación. Ya llevaban 4 meses juntas, quedaba poco para terminar el curso escolar y ellas aún no habían pasado una noche juntas.
- Bueno, ¿qué? ¿Ya te has acostado con Regina Evil Queen Mills? Tiene pinta de ser dominante, ¿me equivoco?
- ¡Ruby! Cállate, no hemos hecho nada. – Emma estaba entre avergonzada y frustrada.- No tenemos oportunidad, en su casa siempre está su hermana y en la mía siempre están Mary Margaret y David.
Dos días más tarde Ruby se acercó triunfante hasta Emma.
- Tengo buenas noticias para ti, rubia. Mi casa se queda vacía durante el fin de semana. Mi abuelita va a ver a su hermana a Boston y yo puedo quedarme en casa de Belle. Así que ahí tienes una noche romántica y lujuriosa con Regina.
Emma se lo pensó durante dos segundos antes de aceptar la oferta. Ella le diría a sus padres que se quedaba con Ruby y Belle, mientras que Regina podía decir que se quedaba en casa de Kathryn.
- Pero Emma, ¿segura que a Ruby no le importa dejarnos su casa? Es decir… me apetece estar contigo y que pase lo que tenga que pasar, pero me da una vergüenza horrible.
- Regina, cariño, por favor. Sólo quiero poder abrazarte al dormir… no necesito que pase nada más si no quieres, pero por favor, déjame que por una vez me vaya a dormir y me despierte mirándote.
Ese viernes por la noche, Emma y Regina se encontraron en la puerta de la casa de Ruby. Ésta estaba con Bella, que les abrió y sin más se despidieron de ellas y se dirigieron a la casa de la castaña.
- ¡Que lo paséis bien!
Muertas de vergüenza, Regina y Emma entraron en la casa y pudieron ver una mesa perfectamente colocada con una botella de vino, velas y una nota: "Hay lasaña en el horno y tarta de queso en la nevera. Y por cierto, no os olvidéis de cambiar las sábanas". De fondo se escuchaba una suave música. Las jóvenes se sonrojaron y agradecieron internamente aquella preciosa velada romántica que las amigas de la rubia les acababan de regalar.
La cena transcurrió entre sonrisas y sonrojos, era la primera vez que estaban en una situación así y la timidez hizo aparición como la primera vez que se besaron. Y tal y como ocurrió la primera vez que se besaron, fue Regina la que tomó la iniciativa y se levantó.
- ¿Me concedes este baile?
Regina y Emma comenzaron a bailar suavemente y así estuvieron un rato hasta que la morena se acercó al oído de la otra chica y susurró:
- Llévame a la habitación.
Las dilatadas de Emma se fijaron en Regina, sorprendida pero deseosa. Delicadamente arrastró a Regina hasta el cuarto de Ruby. Al traspasar la puerta, Emma tomó el control de la situación y besó a Regina. La atrajo hacia sí agarrándola por la nuca.
- Regina, ¿estás segura?
Por respuesta, Regina se separó y dejó caer al suelo su vestido, dejando ver su ropa interior de encaje negro. Emma entendió ese gesto como una invitación y se acercó de nuevo a la morena, besando el cuello, las clavículas, el pecho…
- Eres preciosa.
- Emma, llevas demasiada ropa. - Y Regina tomó la camisa de Emma y se la quitó, observando detenidamente el escultural cuerpo que tenía delante. Alargó sus manos para acariciar el terso abdomen de la rubia.
- ¡REGINA! ¡¿PERO ESTO QUÉ ES?! VÍSTETE YA – Cora había aparecido de pronto por la puerta y las había visto medio desnudas, detrás de ella se escondía una divertida Zelena – Y TÚ… - señaló amenazadoramente a Emma – NO VUELVAS A ACERCARTE A MI HIJA. ALÉJATE DE ELLA O TE ARREPENTIRÁS.
Cora arrastró a su hija, que se había vestido rápidamente, hasta su casa. Emma se vistió y salió corriendo detrás, pero cuando llegó a casa de Regina, la puerta estaba completamente cerrada y nadie respondía a su llamada. Emma se sentó en el escalón esperando a que Regina le respondiera al teléfono, cuando sintió la puerta abrirse. Era Cora.
- No intentes ponerte en contacto con Regina. Está castigada y la voy a tener vigilada. No te acerques más a ella, no vas a volver a verla.
Hasta aquí este capítulo. Ya es el penúltimo. Espero que os guste y muchas gracias por leer!
