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El día del baile, me puse el esmoquin que Dorothea, la nueva criada, había alquilado para mí con la tarjeta de crédito de papá. Una de las ventajas de tener un padre que nunca está es que te compra cosas porque eso es más fácil que discutir. Los padres de Sebastian, por ejemplo, son de lo más tacaños… le dijeron que tenía que escoger entre un Xbox y un Wii. Están preocupados por "echarlo a perder" o algo. Mi padre me compró los dos. Después charlé con Sebastian por mi móvil (de papá) mientras esperaba a que la limusina (costeada por… papá) llegara. Comprobé el Sub-Zero en busca del ramillete que supuestamente Dorothea había recogido de la floristería. Aline me había dicho alrededor de quince o dieciséis veces que su vestido era "negro y muy sexy" y que no lo lamentaría si le conseguía un ramillete de orquídeas. Así que, por supuesto, había dicho a Dorothea que lo comprara.

— ¿Alguna vez has pensado que los bailes del instituto son una forma de prostitución legalizada? —dije a Sebastian por teléfono.

Se rio.

— ¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que he dejado caer —pero en realidad quería decir papá— quinientos pavos o así por un esmoquin, una limosina, entradas, y un ramillete, y a cambio consigo algo. ¿A qué te suena eso?

Sebastian rio.

—Clásico.

Miré en el refrigerador en busca del ramillete.

— ¿Dónde…?

— ¿Qué pasa?

— Nada. Tengo que dejarte.

Me sumergí en las profundidades del Sub-Zero, pero no había ningún ramillete de orquídeas. La única flor que había era una sola rosa blanca.

— ¡Dorothea! —chillé—. ¿Dónde demonios está el ramillete de orquídeas que se suponía que tenías que traer? ¿A qué viene la rosa? —Estaba bastante seguro de que las rosas eran más baratas que las orquídeas—. ¡Dorothea!

Ninguna respuesta.

Finalmente la encontré en el cuarto de la ropa, salpicando detergente en el cuello de una de las camisas de papá. Un trabajo bastante cómodo si me preguntas a mí.

Papá trabajaba las 24 horas y no desordenaba el lugar. Yo estaba casi siempre en la escuela o, si no, me quedaba tan lejos de casa como era posible. Así que básicamente, ella conseguía un salario y libre acceso a nuestro apartamento, y todo lo que tenía que hacer era lavar la ropa, pasar la aspiradora y ver telenovelas y rascarse el ombligo todo el día.

Eso y llevar a cabo unos pocos recados simples, que obviamente ni siquiera podía hacer bien.

— ¿Qué es esto? —dije, empujando la caja de plástico del ramillete bajo su nariz.

En realidad, no fue eso exactamente lo que le dije. Añadí unas cuantas palabrotas que probablemente ella ni siquiera entendió.

Retrocedió, alejándose de mi mano. Todas las gargantillas alrededor de su cuello produjeron un tintineo.

— ¿Bonito, verdad?

— ¿Bonito? Es una rosa. Dije una orquídea. Or-quí-de-a. ¿Eres tan estúpida que no sabes lo que es una orquídea?

Ni siquiera reaccionó al "estúpida", lo que me demostró lo estúpida que era. Sólo llevaba en el puesto unas semanas, pero era incluso más imbécil que la última ama de llaves, a la que habían echado por poner su camisa roja barata del Wal-Mart con nuestra ropa. Dorothea no dejó de doblar la ropa, pero miró fijamente a la rosa, como si estuviera drogada o algo.

—Sé lo que es una orquídea, señor Jace. Una flor orgullosa y vanidosa. ¿Pero no puede ver la belleza de esta rosa?

La miré. Era de un blanco puro y casi parecía estar creciendo ante mis ojos. Aparté la mirada. Cuando volví a mirar, todo lo que pude ver fue la cara de Aline cuando apareciera con el tipo equivocado de ramillete. No conseguiría amor de ella esta noche, y todo por culpa de Dorothea. Estúpida rosa, estúpida Dorothea.

—Las rosas son baratas —dije.

—Una cosa hermosa es preciosa, sin importar el precio. Los que no saben ver las cosas preciosas de la vida nunca serán felices. Yo deseo que sea feliz, señor Jace.

Ajá, y las mejores cosas de la vida son gratis, ¿no? ¿Pero qué esperabas de alguien que vive para levantar los calzoncillos de otros?

—Yo creo que es fea —dije.

Ella bajó la ropa que estaba doblando y, rápidamente, me arrebató la rosa.

—Démela entonces.

— ¿Estás loca? —arranqué de un golpe la caja de su mano. Esta rebotó en el suelo—. Eso es probablemente lo que planeabas, ¿eh? Traer el ramillete equivocado para que no lo quisiera, y te lo diera. No creo que la cosa vaya a resultar así.

Ella miró la rosa tendida en el suelo.

—Lo compadezco, señor Jace.

— ¿Me compadeces? —reí—. ¿Cómo puedes compadecerme? Eres una criada.

No respondió, sino que extendió la mano hacia otra de las camisas de papá, como absorbida con la ropa.

Reí de nuevo.

—Deberías tenerme miedo. Deberías mearte en los pantalones. Si le cuento a papá que malgastaste así su dinero, te despedirá. Probablemente haga que te deporten. Deberías tenerme miedo.

Ella siguió doblando la ropa. Probablemente ni siquiera entendía suficiente inglés como para saber lo que le estaba diciendo. Me rendí. No quería recoger el ramillete de la rosa porque eso sería admitir que iba a dárselo a Aline. ¿Pero que elección tenía?

Lo recogí de donde había caído en la esquina. La caja de plástico se había roto, y el ramillete estaba en el suelo, un pétalo se había caído. Basura barata. Me metí el pétalo suelto en el bolsillo de los pantalones y puse el resto del ramillete otra vez en la caja lo mejor que pude. Empecé a salir.

Fue entonces cuando Dorothea dijo… en perfecto inglés, por cierto:

—No tengo miedo de ti, Jace. Tengo miedo por ti.

—Como tú digas.

No pude aguantar más, así que subí el siguiente capítulo.

No olviden dejar sus reviews, me motivan para seguir.

¡Muchos saludos!

KatAnnClaBe