Y Sin Embargo Te Quiero.

Capítulo VI: La familia de mi... ¿amiga?

Séptima vez que el sueño le jugaba una broma pesada a su cansada mente. Lo único que quería era descansar; pero al parecer no lo lograría tampoco esta noche. Se levanto con pesadez del sofá y se sentó. Su rostro se hundió en sus manos a la par que apoyaba sus codos en las rodillas.

Well now it's three o'clock in the morning

And I can't even close my eyes

Subió sus manos por su rostro hasta hundir los dedos en sus plateada cabellera. Miro el cielo raso y exhalo con pesadez. -Maldición...- murmuro adormilado.

Three o'clock in the morning

And I can't even close my eyes

Can't find my baby

And I can't be satisfied.

Inuyasha volteo la cabeza y miro su reloj despertador, eran las tres de la mañana. Ni siquiera a esa hora era libre de sus recuerdos y del amor que sentía por ella. Camino hasta la cocina con parsimonia, prendió la luz y antes de abrir la puerta del refrigerador observo el calendario que había sobre este. Abrió la puerta del aparato y tomo unas cuantas

botellas de cerveza. -Faltan pocos días para su aniversario.- pronuncio con dolor que parecía nacer de lo mas profundo de su ser. Destapo la botella y comenzó a beber mientras se encaminaba al sofá.

I've looked around me

And my baby she can´t be found

I've looked around me, people

And my baby she can´t be found

You know if I don´t find my baby

I´m going down to the golden ground

That´s were the men hang out.

Vació todas y cada una de las botellas con verdadera desesperación, como si hubiera estado en un desierto. Sus pesados parpados comenzaron a caer y cedió con suavidad en el sofá hasta que se acomodo para continuar durmiendo. Se entrego al hechizo del sueño. Su mano izquierda, aun con una botella, jugaba con el cuello hasta que vencido completamente dejo caer el contenedor de sus elixir alcohólico.

Good bye everybody

I believe this is the end

oh good bye everybody

I want to tell my baby

Tell her please please forgiveme

Forgiveme for my sins.

oOoOoOooOoOoOo

¿Quién demonios iba a tener abierta una florería a las siete de la mañana? Por Buda había enloquecido, giro a la derecha con sus auto y recorrió unas calles mas. La había encontrado, una tienda pequeña que apenas acababa de abrir. Hizo un par de maniobras para estacionar, apago el motor y salio disparado del automóvil.

-Buenos días.- saludo Miroku a la dueña del lugar. Se miro en el reflejo del vidrio y noto como la corbata se le había desanudado. La tomo y la guardo en bolsillo interno del saco. Desabrocho los dos primeros botones de la camisa.

-Buenos días.- respondió muy coqueta al saludo una mujer de unos veinte años -¿En qué le puedo ayudar?- inquirió mientras acomodaba unos claveles frescos en un recipiente con agua.

-Busco algo...- ¿único? Si, único. Sango era así, única. Necesitaba una flor única y esplendida como Sango si quería que lo perdonara. -...único, especial... eh...- tantas palabras cruzaban la mente del chico que no sabía que decir.

La mujer detuvo su habla con la mano. -Ya se que quiere.- se fue a la parte trasera del local y pronto apareció con una gran cantidad de flores exóticas. -Estas llegaron ayer a última hora, son del Amazonas.- explicaba a la par que sus dedos acariciaban unos pétalos -Bonitas ¿No?- inquirió al no obtener respuesta del joven Houshi.

Miroku observo con sus azuladas orbes las orquídeas. Las examino con cuidado y negó con la mano. -No, esta bien. Muchas gracias pero no es lo que estoy buscando.- informo y salio del lugar.

Las orquídeas eran hermosas, pero no expresaba lo que él quería. Toco con la frente el volante de su auto una vez que estuvo en el. "Un anillo... no, lo puede tomar con otras intensiones y alejarse. ¿Qué podrá ser?" Su mente divagaba entre las extensas posibilidades. Paro en un semáforo y miro a su derecha. Había una tienda de mascotas. Puso la luz de giro y estaciono.

Bajo del auto, esta vez calmado, y entro al local. Lo primero que divisaron sus ojos fue un gatito muy lindo de pelaje amarillo y con algunas manchitas en negro. Había encontrado el regalo perfecto. Se acerco al vendedor, le pregunto el precio y saco la billetera.

El dueño de la tienda coloco al animalito en una caja blanca con orificios y se la entrego al joven Houshi. Este salio del lugar con el regalo en mano y una gran sonrisa en el rostro.

oOoOoOoOoOoOo

La muchacha de castaño cabello entro a su oficina y se quito su tapado negro dejándolo sobre una silla. Reviso los papeles del día y su atención se desvió a una pequeña caja blanca con un moño rojo que reposaba en su escritorio. Tomo una parte del moño al azar y encontró un papel con una inscripción. La leyó y tiro del moño para desarmarlo.

"Perdón" decía el papel con una letra que conocería aunque estuviera ciega.

-Aaaaaaah...- soltó con emoción. Lo que había en la caja era más que lindo, tomo la gatita y leyó en la chapa que colgaba del collar. -Kirara...- murmuro y la presiono con ternura sobre si. Volteo, sentía que alguien la observaba y así era. Miroku estaba apoyado contra el marco de la puerta.

-Gracias por el regalo... pero...- finalizo dudosa a la par que soltaba el animalito sobre la mesa -...no se si debería...- continuo pensando, su dedo indice acariciaba su mentón con gracia.

El joven Houshi se acerco mucho a la muchacha con paso seguro. -¿Perdonarme?- murmuro ronco con matiz en el rostro.

Sango desvió la vista, no quería caer en la tramposa mirada del chico. -Es que...- sus avellanados ojos volvieron al muchacho y se clavaron en él. Sintió como una de sus manos se posaba en su mejilla y la acariciaba con extrema dulzura. Un suspiro casi sordo escapo de sus labios, miles de pequeños relámpagos recorrían su cuerpo al contacto con el chico.

-...siempre lo echo todo a perder.- intento completar la frase de la joven Yoshida, su aun se posaba en su rostro y sus ojos la contemplaban con infinita devoción.

Ambos poco a poco se fueron acercando, los parpados de la muchacha se cerraron con lentitud como a la espera de un sueño y humedeció sus labios inconscientemente. Los corazones de los jóvenes incrementaban paulatinamente sus ritmos, previendo lo que podía ocurrir en ese mismo instante. El joven Houshi suspiro, dejando que su aliento acariciara los labios de la chica castaña cabellera.

-Como ahora...- pronuncio ronco el muchacho, apoyando su frente sobre la de la muchacha. Abrió los ojos y se la quedo contemplando mientras ella permanecía con los labios preparados para recibirlo.

Sango parpadeo un par de veces, confundida. -¿Eh?- inquirió desorientada, clavo su avellanada mirada en las orbes azuladas.

-Que siempre echo todo a perder... como ahora.- explico y se alejo de ella , soltando su mejilla. Tenía que irse o sería culpable de alguna estupidez.

-¡Miroku!- exclamo Sango, tomo al muchacho de las solapas del saco sin mucho cuidado y poseyó sus labios. Movía lentamente su boca sobre la de él tratando de memorizar cada centímetro de sus labios, de sus ricos y carnosos labios. Se sentía tan bien, tan contenida y que de una vez por todas su mente había aclarado todo lo que pensaba al respecto del muchacho al cual le estaba quitando el oxigeno.

Los azulados ojos del joven Houshi se abrieron como platos al contacto de la chica. Por algunos segundos su mente ni cuerpo le respondieron, hasta que volvió a la realidad y se dejo endulzar por los labios de la castaña. Sus manos se posaron en su estrecha cintura y la acercaron mas a su cuerpo. No sabia si profundizar el beso, cuando sintió como la chica lo mordía introdujo su húmeda lengua en su cavidad. La comenzó a explorar con total confianza y necesidad mientras sus manos descendían por el cuerpo de la joven.

Sango se separo bruscamente y estampo su mano contra la mejilla del muchacho. Había sentido como Miroku apretaba su trasero y un escalofrió le recorría la espina. -Pervertido.- le clavo una fría mirada -¡Vete de mi oficina!- ordeno, rodeaba su escritorio en busca de su asiento.

Miroku intento articular algo en defensa pero lo detuvo el sonido apremiante de su teléfono celular. Saco el aparato del bolsillo y atendió. -Hola...- escuchaba con atención -¡Señorita Kagome! Si...- continuaba oyendo -Esta bien, ya voy para allá.- pronuncio serio y comenzó a salir del lugar.

-¡Miroku...- la joven Yoshida capto la atención del muchacho, estiraba el brazo con deseos de atraparlo -¿Qué paso?- inquirió casual.

-Parece que Inuyasha volvió al viejo hábito.- explicaba a la par que con su simulaba tomar de una botella -Y sabes que cuando se emborracha no hay nada que lo despierte.- pronuncio con tono de cansancio.

Los castaños ojos de la chica recayeron en el calendario sobre el escritorio, volvió la mirada al chico de coleta. -El aniversario esta cerca.- expreso con un profundo pesar.

La atmósfera se había vuelto pesada, el parecía duro y casi imposible de respirar. Ambos jóvenes parecían recordar todo como si hubiera sido ayer, ese día creían que habían perdido a Inuyasha también.

oOoOoOoOoOo

-Inuyasha despierta.- pronuncio apretando los dientes. Agito un poco al muchacho sin ningún resultado, frustrada resoplo y se sentó en la mesita de café, enfrente de él, sin poder evitar tirar algunas de las tantas botella vaciás con sus caderas. Se cruzo de brazos y lo observo seria como si eso fuera a despertarlo. Escucho los golpes en la puerta y fue a atenderla.

-Buenos días señorita Kagome.- saludo cortés el joven Houshi del otro lado de la puerta, paso y escruto el lugar. Se encamino a la cocina sin prestarle atención a su amigo tirado en el sofá.

-Buenos días...- dijo extrañada. ¿Acaso Miroku venía a despertar a Inuyasha o a desayunar? -¿Quiere un poco de café y unas tostadas?- inquirió amable tomando el jarro para servirle.

El muchacho de azulados ojos se acerco al bajo mesada, tomo una cubeta, la puso bajo el grifo y la cargo con agua. -Con esto sera suficiente.- miro satisfecho el agua, se arremango y volvió a la sala. La morena lo escoltaba con curiosidad. Clavo sus azules ojos en su amigo, alzo el bote. -Si con esto no se despierta tendremos que pensar algo más.- dijo con cierta maldad en su sonrisa y descargo el agua sobre el chico.

Inuyasha se sentó de un salto en el sofá y arrojo un poco del agua por la boca. Inmediatamente su vista volvió con odio a quien le había bañado de tal forma. -¡¡QUÉ DEMONIOS TE PASA IDIOTA!!- pronuncio furioso y dirigió una mirada poco amigable a Miroku. Pronto sus doradas orbes se posaron en las botellas vaciás frente a él y viajaron hasta encontrarse con el preocupado rostro de la joven Higurashi. Aflojo su rostro, se paro y se fue al baño.

Kagome observo al oji-azul sin comprender. -¿Qué...- inquirió, no sabía realmente por donde empezar. Inuyasha solía comportarse raro, pero esta vez estaba fuera de lo normal.

El joven Houshi aspiro profundo y giro hacia la chica. -Mala noche.- comento seguro y comenzó a desplazarse hacia la puerta de salida -Nos vemos luego.- saludo naturalmente y desapareció tras la hoja de madera.

-Si... claro.- contesto Kagome, que ya estaba fuera de si. Se dejo caer sobre el sofá con pesadez y miro las botellas dudosa. Sus ojos parecían preguntar cosas al aire sin obtener respuesta alguna. La rosada boca de la joven se abrió con parsimonia. -Inuyasha...- suspiro y volteo para ver como el dueño de sus suspiro salía mas fresco de la habitación.

El rostro del oji-dorado estaba mas serio que de costumbre. Doblo las mangas de su camisa hasta el codo y miro el reloj en su muñeca. -Es tarde...- tomo su chaqueta de cuero y las llaves. Su mano libre se aferro al pomo de la puerta, miro a la morena un instante y luego sus orbes doradas se alejaron de ella antes de que hubiera preguntas que no quería contestar. -Vamos.- apremio.

La muchacha se levanto dudosa, su cabeza estaba repleta de cosas que no podía entender. Camino hasta la puerta, volteo. Sentía que alguien la perseguía, pero solo había vació. Vacío y tristeza semejante a la de un alma errante. Suspiro, cerro la puerta y camino tras el platinado que muto a su forma humana.

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-87... 88... 89...- las plateadas hebras de su cabello colgaban en el aire mientras hacía abdominales colgado del pasamanos.

Miroku hacía lo mismo. -¿No te parece que deberías hablar con la señorita Kagome?- inquirió con su calmada voz, Inuyasha hizo oídos sordos. El oji-azul suspiro y continuo: -Es que se veía muy preocupada y es mejor que se entere por ti de eso...- su voz ceso cuando su amigo bajo del pasamanos, lo imito. Con el revés de la mano seco el sudor de su frente.

Inuyasha se saco la playera bañada por la transpiración. -Eso no es asunto suyo, ademas es parte del pasado.- su rostro pensativo y a la vez con deje de tristeza delataba que aun recordaba todo con exactitud, para su mala suerte. Sus manos tomaron con fuerza la segunda barra del pasamanos y comenzó a hacer fuerza hasta que sus pies se despegaron unos pocos centímetros del suelo.

El joven Houshi se coloco frente al medio demonio y copio el ejercicio. -¿Y si alguien mas le cuenta?- inquirió, de alguna forma lograría que el muchacho se desahogara.

El peli-plateado no sabía a que venia tanta preocupación de su amigo para que hablara con la morena. Ya con un poco de ira acumulada, contesto: -¿Quién le va a decir? ¿Kouga?- pregunto con tono despectivo y se soltó del lugar donde ejercitaba. Tomo una toalla y hundió el rostro.

-Aunque sea mencionaselo porque es parte de su pasado, del pasado de las vasijas.- intento convencer una vez mas mientras continuaba con el ejercicio.

Inuyasha medito por unos segundos. -No.- contesto tajante y salio del gimnasio con paso arrogante.

Miroku suspiro sin ganas. Que trabajo le había tocado. Persuadir al cabezota de su amigo le valdría un premio Nobel, por lo menos. No obstante no sabía si daban de esos premios al mejor convencedor.

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Abrazaba sus piernas con la izquierda mientras su mano derecha sostenía el teléfono celular cerca de su oído. Miro por encima de los asientos de las gradas donde se había escondido, quería asegurarse de que no hubiera nadie. Al instante se había dibujado una sonrisa en su rostro la habían atendido.

-Hola Souta.- hablo emocionada por oír la voz de su hermano menor, rodó los ojos por el comentario del muchacho -Si, soy tu hermana.- dijo al borde de la exasperación -No, no me trago la tie... ¿Qué? Ya pasame con mamá.- suspiro, su hermanito la había extrañado -Yo también te quiero.- pronuncio sincera, volvió a observar si en el lugar no había nadie. -¡Mamá!- su voz era invadida por la alegría -Si, es que tuve muchos exámenes.- expreso con un tono nostálgico que poco a poco iba apoderándose de ella. Sus ojos recorrieron el extenso gimnasio, bajo la mirada y continuo hablando: -No, es que aun tengo trabajos que entregar.- una suave sonrisa se dibujo en su cara -De acuerdo... también te quiero... cuidate... besos al abuelo.- resoplo débilmente -Adiós.- corto. Levanto la vista y unos ojos castaños observándola la asustaron -¡Aah!- cayo de espaldas contra el asiento -Eras tú, Sango me mataste de un susto.- dijo una vez que la miro con detalle, puso una mano sobre su corazón.

La joven Yoshida apoyo el mentón en el respaldo de la butaca y sonrió. -Que concentrada que estabas que ni siquiera me oíste entrar.- comento un poco orgullosa de ser tan sigilosa -¿Los extrañas?- inquirió maternalmente.

Kagome se acomodo en el asiento. -Si.- dijo con pesar.

Sango pensó unos segundos. -Tal vez deberías decirle a mi hermano que te lleve.- expreso convencida y casual.

La morena la miro incrédula. -Si, claro y luego me voy a Marte ida y vuelta.- contesto sarcástica y se fue levantando del asiento.

-Kagome él...- quiso continuar Sango.

-Esta bien.- hablo comprensiva, acaricio el hombro de la muchacha y comenzó a alejarse -Gracias Sango, nos vemos.- saludo y salio del lugar.

La chica de castaños cabellos coloco su dedo indice en una mejilla mientras divagaba. Se levanto de su butaca de un salto y salio del lugar. Recorrió el pasillo hasta llegar al estacionamiento. Ahí pudo ver a su hermano caminar tras la morena. Lo alcanzo y lo retuvo unos segundos, los suficientes como para que Kagome estuviera lejos y no la pudiera escuchar.

-¿Ahora qué?- pregunto algo fastidiado mientras le clavaba una fría mirada. El ambarino quito el brazo que le sostenía con brusquedad.

Volvió a agarrarlo de la camisa y lo acerco a ella para decirle algo en secreto. -Hermano... Kagome extraña a su familia.- murmuro en su oído. Lo miro por unos instantes y luego a su amiga que estaba distante de ellos.

Inuyasha volvió a soltarse del agarre de la castaña. -¡Ja! ¿Qué quieres que haga?- dijo sin importancia. Él tenia problemas peores que ese, como sus recuerdos atormentándolo en la noche, y no pedía ayuda a nadie.

-La familia de ella aun esta viva...- dijo afligida -...y nosotros daríamos lo que fuera para ver a nuestros padres otra vez.- finalizo la joven Yoshida, de sus ojos escapo una lagrima que seco al instante.

El ambarino comenzó a alejarse de la castaña. -Llegará tarde a la universidad.- contesto tratando de esquivar la trampa emocional de su hermana. Camino hasta su Audi.

Sango resoplo. -Espero que recapacite.- murmuro para si. Observo como el auto negro se retiraba del lugar.

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Una gran cantidad de personas iban y venían, lo normal para una estación en Tokio. Acomodo una vez mas la mochila que llevaba al hombro, no entendía el por qué del viaje, mejor dicho no lo sabía. Aspiro aire y apretó el puño para darse algo de fuerza. Lo miro sería, no le iba a dar oportunidad de evitar su pregunta. -¿A dónde vamos?- inquirió por undécima vez Kagome.

El joven Taisho apretó los dientes intentando reprimir su ira. Observo a su izquierda, donde se encontraba la muchacha. -Ya veras.- respondió tajante. Retorno el rostro al camino, saco los dos boletos y se los entrego al hombre que estaba delante de él.

-Pero yo quiero saber ahora.- la muchacha de azabache cabello reprocho con matiz aniñado.

Ambos se sentaron enfrentados, Inuyasha volteo el rostro y no le dio importancia al pequeño berrinche de su compañera. El tren arranco después de unos minutos.

Kagome se cruzo de brazos.- Indiferente.- musito para sí y comenzó a mirar por la ventana. Respiro hondo, había algo que rondaba sus cabeza desde la mañana. -¿Quién es Kikio?- inquirió al muchacho de oscuro cabello.

Inuyasha salio del trance en el que se encontraba y volvió con la mirada dura a la morena. -Nadie importante.- hablo sombrío, bajo la vista y miro el exterior por la ventana.

La joven Higurashi que do sorprendida, nunca había visto ese comportamiento en él. Definitivamente su guardián estaba muy raro, trato de descifrar la indescriptible cara del muchacho sin resultado alguno. Había demasiados sentimientos para un solo rostro. Viro la vista hacia las ventanas y contemplo la vista.

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Ahí estaban, miro el papel. No entendía por qué había un templo y no una casa. Escruto los alrededores, la dirección coincidía. -¿Y ahora qué?- inquirió para sí, rasco su cabeza sin parar de mirar a su alrededor -Mejor le pregunto.- se giro para ver a la morena, la chica parecía estar maravillada por el lugar. Separo los labios para pronunciar alguna palabra, pero alguien se lo impidió.

Una mujer de cabello corto, color castaño y ojos del mismo color, soltó las bolsas que traía. -¿Kagome...- hablo con sorpresa.

La muchacha de azabaches cabellos volteo, reconocería esa voz suave y paciente en cualquier lado. -¡Mama!- exclamo entusiasmada, se saco la mochila y corrió a los brazos cálidos de su progenitora , se refugio en ellos como solía hacer las tantas veces que un problema la aquejaba.

Inuyasha de un rápido movimiento tomo la mochila que iba a estrellarse en su rostro. -Ya no hace falta.- expreso sarcástico.

-Que alegría que estés aquí.- decía la señora a la morena mientras la abrazaba con mucho cariño y besaba sus mejillas como si aun fuera una niña pequeña.

Kagome y su madre comenzaron a subir las escaleras del templo. Sin advertir la presencia del chico de renegrida mirada. El muchacho las siguió sin chistar. Al final de la extensa escalinata la joven había sido recibida por un anciano y un pre-adolescente.

El muchacho, de unos 12 años tal vez y el cabello castaño, se soltó del abrazo con su hermana y observo a Inuyasha. -Hermana... ¿es tu novio?- inquirió dirigiendo la vista a la chica.

Kagome volteo y escruto al joven Taisho. Sus mejillas se sonrojaron al instante. -¡No! Él... él... es... es... a...- pensaba algo bueno para dejarlos convencidos -¡Mi amigo!- se separo a su lado -Si, él es Taisho Inuyasha. Me acompaño hasta aquí porque quería descansar en un templo para relajarse. ¿No?- miro al muchacho mientras su cabeza hacía un leve movimiento ascendente y descendente tratando de convencerlo que esa debía ser su respuesta.

Inuyasha por fin entendió la indirecta y contesto: -Si, si por supuesto.- afirmo serio.

-Él es mi hermano, Souta...- señalo al muchacho -...mi madre...- cambio la mano hacía la mujer -...y mi abuelo.- finalizo indicando al hombre mayor y de blanca cabellera.

-Será mejor que entremos.- dijo la señora Higurashi mirando el cielo cada vez más gris -Les preparare algo especial. Se quedaran el fin de semana. ¿No?-inquirió con una sonrisa amable.

Kagome miro al joven Taisho esperando una respuesta. Este solo afirmo con la cabeza. -Si, nos quedaremos todo el fin de semana.- informo sumamente animada.

oOoOoOoOo

Un delicioso aroma a comida casera se expandía por el hogar. Inuyasha inspeccionaba la sala con detalle desde el sofá. Sus concentración fue interrumpida por el menor de los Higurashi. -¿Quieres jugar?- el muchacho le paso un control y le mostró la portada del juego.

El oji-negro tomo el joystick con confianza y se adentro en el juego a la par de Souta.

El sonido plástico de los botones era lo único que se escuchaba en la casa, incluyendo la cocina donde las dos mujeres permanecían en silencio. Kagome volteo el rostro hacia su madre y sonrió, continuo cortando unas verduras.

La mujer de castaños cabellos colocaba algunos trozos de carne en un wok. -Parece que Inuyasha es un buen muchacho.- comento la mujer tras el largo silencio.

La morena al instante forzó una sonrisa. -Si...- asintió no muy convencida. Mientras no se levante de mal humor. Agrego mentalmente. Dio media vuelta y coloco sus manos en la cintura. -¿Dónde se metió el abuelo?- inquirió tratando de cambiar de tema.

-Debe estar leyendo el diario en la sala.- explico su madre a la par que reía suavemente, sirvió lo último que estaba preparando y lo coloco en la mesa -Ve a llamarlos, que esta todo listo.- pidió amable a la chica de azabache cabello.

La joven Higurashi afirmo con la cabeza y salio en busca de los hombres que estaban en la sala. -La cena esta lista.- informo entusiasta, su rostro se tenso en cuanto vio a su guardián jugando con su hermano. Se relajo y repitió: -La cena esta lista.- miro atenta a los dos muchachos que ni se movieron y luego observo a su abuelo que doblaba el periódico y se levantaba del lugar.

Estaba solo a un paso de ganar, le había costado bastante ya que tenía un contrincante muy habilidoso. Se concentro en lo mas profundo de su ser hasta que la pantalla se puso en negro. -¡AAAAAAH!- grito gutural, Inuyasha.

Souta se paro y tomo su cabeza al borde de la desesperación. -¡Aaaah!- chillo el el muchacho y miro a la chica de achocolatados ojos enfrente de ellos que tenía un cable en sus manos que hacia girar graciosamente.

Kagome escruto a Inuyasha que estaba en estado de shock y soltó el cable. -Ya esta lista la cena.- volvió a decir con tono de exasperación.

El moreno regreso a la realidad. -¡¿POR QUÉ DESCONECTASTE EL JUEGO?!- inquirió molesto y se paro de un salto mostrando su magnánima figura delante de la chica.

-¡Estábamos a punto de terminar!- añadió el mas joven de los Higurashi.

La chica de azabache cabellos respiro profundo y rodó los ojos. -Ya esta lista la comida.- insistió y se dirigió a la cocina haciendo caso omiso a los reproches de su aniñado guardián y su hermano.

Inuyasha se encogió de hombros, miro al niño a su lado y le indico con un movimiento de cabeza que lo siguiera. Entro a la cocina y tomo asiento cerca de Kagome. Observo los platillos, todo se veía exquisito. Ahora entendía porque cierta morena cocinaba tan bien, era genético.

La cena transcurría tranquila. El abuelo contaba sus historias de monstruos ancestrales y todos fingían escuchar hasta que el silencio invadió la situación.

La madre de Kagome hizo una pequeña pausa. -¿De donde se conocen, Inuyasha?- inquirió con su amable voz mientras observaba como el chico comía con gran satisfacción.

El joven Taisho trago rápidamente el bocado que tenía, pensó unos instantes. -De la universidad.- contesto sin titubear. La morena lo miro desentendida.

-¿Y qué estudias?- pregunto más animada a la par que degustaba un poco de arroz.

Kagome abrió los ojos de par en par, echo un vistazo a su guardián, luego a su madre y finalmente escondió la cabeza entre los hombros. Su plan de no preocupar a su familia se iría por el caño.

Inuyasha tomo otro bocado y después de beber algo, contesto: -Ingeniería genética.- con tono casual, observo a la morena de soslayo y su rostro esbozo una sonrisa de autosuficiencia.

A la chica de achocolatados ojos la preocupación le salía por los poros, su guardián mentía cada vez más y entre mas grande la mentira mas rápido se descubre. Estaba cerca de coserle la boca cuando oyó como su hermano le preguntaba algo muy típico de su edad: "¿Qué puedes crear super humanos o a Godzilla?" y luego escucho al moreno explicar de forma académica pero comprensible de que trataba su carrera y para que servía dejándola totalmente muda.

oOoOoOoOo

Revisaba su closet por unas cobijas, después de todo Inuyasha iba a dormir en el sofá otra vez. La habitación estaba completamente en silencio salvo por la respiración de ambos. -¿Cómo sabías todo eso de genética Inuyasha?- inquirió quebrando el ambiente.

El muchacho de oscuros cabellos estaba sentado en la cama de la chica, hurgando entre unas cuantas fotos que había en la pared. -Porque estudie para ingeniero, hace mucho tiempo.- dijo con pesadez, sin dejar de observar las imágenes. Le causaba curiosidad ya que en todas estaba la joven Higurashi, pero muy distinta a como la había conocido, en la mayoría de las fotos la muchacha estaba con su familia y un hombre que él no conocía. Ademas en las que estaba con aquel sujeto ella era aun bastante pequeña.

Kagome pensó unos instantes. -¿Y lo dejaste?- siguió interrogando aunque ya sabía de antemano la respuesta, pero quería escucharla salir de sus labios.

-Si.- contesto mientras estiraba sus músculos tratando de desperezarse, se froto un poco los ojos que los sentía pesados y se acomodo un poco más en la cama. Recostó la cabeza en la almohada y cerro sus renegridas orbes solo para descansarlas, no se iba a dormir mientras la oji-marrón le hablará.

La joven Higurashi reunió un poco de fuerzas para luchar contra el cabezota Taisho. -¿Qué esperas para volver?- intento persuadir mientras seguía buscando en el armario -Después de todo veo que te gusta mucho... por la forma en que explicaste y la pasión con que...- le parecía sospechoso que él no le respondiera -¿Inuyasha?- invoco caminando hacia el chico con las cobijas en mano.

Ahí estaba, su guardián en su cama. El oscuro cabello le tapaba un poco el rostro, con dos de sus dedos se lo corrió. Se veía tan sereno y relajado, lo escruto por unos segundos y luego lo arropo con las mantas en un gesto muy maternal. -Debe estar exhausto por culpa del insomnio.- murmuro, acaricio su frente y comenzó a alejarse en dirección a la puerta. Antes de salir, volteo y hecho una veloz mirada al muchacho. -Dulces sueños... Inuyasha.-musito con ternura y apago la luz.

La morena bajo las escaleras hasta la sala, acomodo unas cobijas y se recostó en el sofá. Sus ojos se cerraron con lentitud hasta caer en un profundo sueño. Se abrazo con fuerza a la almohada mientras la paz de la noche la acunaba y la luz plata de la luna velaba por ella entrando a hurtadillas por la ventana.

Pequeñas flores se mecían graciosamente con la cálida brisa. Ese lugar la fascinaba, era de tal paz y quietud, ademas era el último lugar donde había estado con toda su familia. Una mariposa se poso en su mano y voló al instante, aspiro el perfume de las florecillas que se esparcía en el aire. Eso era un verdadero paraíso terrenal.

-¡¡KIKIOOO!!- el grito de un hombre quebró el ambiente como si fuera de vidrio. Los fragmentos cayeron poco a poco.

Kagome abrió los ojos de golpe y se despabilo en un instante. -Inuyasha...- dijo en un susurro. Salió del sofá y subió las escaleras lo mas rápido que pudo antes que su familia despertará. Entreabrió la hoja de madera lentamente y se adentro con el rostro lleno de inquietud.

El joven Taisho respiraba agitado, estaba completamente cubierto de pequeñas gotas de sudor y el cabello se le pegaba un poco al rostro. Levanto la mirada hacia la morena que observaba muy preocupada. -Lo siento.- pronuncio a medida que su respiración cesaba al estado normal.

La chica de achocolatados ojos sonrió escuetamente y alzo una mano para acariciar el hombro del chico. -Esta bien.- dijo calmándolo -Mejor salgamos a tomar aire fresco. Te hará bien.- intento convencer.

-Si...- expreso a la par que asentía sin ningún reproche. Ambos se levantaron y salieron de la habitación, pero por la ventana.

Ya sentados en el tejado, los dos jóvenes admiraban el nocturno cielo. Inuyasha retorno a su forma de demonio mientras esperaba el interrogatorio por parte de la morena. Giro un poco la vista hacia la chica, después de unos cuantos minutos de calma. La cabeza de ella estaba sobre su hombro y dormía plácidamente. El joven Taisho sonrió de costado, el silencio de la oji-marrón la había tranquilizado bastante.

La tomo entre sus brazos, entro al cuarto y la recostó en la cama. La contemplo unos segundos, en especial a su infantil pijama y se alejo sin mucho éxito. La mano de la muchacha le sostenía el puño de la camiseta. Trato de zafarse sin resultado.

Kagome lo acerco un poco más. -Quedate conmigo.- pidió en sueños, sin soltar el agarre.

Inuyasha bufo y se acomodo a su lado. -De acuerdo, pero solo un momento.- se explico como si la muchacha lo escuchara. Sus ojos comenzaron a ceder al hechizo del sueño sin dar mucha batalla. Ya profundamente dormido abrazo a la chica contra su duro pecho y quedo sumido en la tranquilidad.

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La luz del sol le bañaba el rostro. Abrió sus achocolatados ojos, con pereza, encontrándose con el semblante del muchacho que la había cuidado toda la noche. Lo aprecio unos segundos, sus doradas orbes se mostraron confundidas al encontrarla allí, y un suave matiz rojizo tiño su rostro. Se sentó veloz, tratando de recordar lo ocurrido durante la noche y calmando a su agitado corazón que repiqueteaba a mil por hora.

Inuyasha quedo tendido en la cama sin entender el comportamiento de la chica de azabaches cabellos. Se reincorporo de imprevisto en el borde de la cama, tomo forma humana y salio algo avergonzado.

Kagome respiro consiguiendo sosegar a su inquieto corazón, se levanto y se cambio. En menos de media hora estuvo en la cocina. -Buenos días.- saludo alegre, cuando sus ojos se cruzaron con la profunda y negra mirada del medio demonio un poco de carmín invadió sus mejillas. Se sentó esta vez al lado de su madre.

El joven Taisho la siguió con la vista y luego la desvió. -Estaba delicioso.- atino a decir probando el último bocado, se levanto y llevo los platos al fregadero.

Souta apuro el paso. -Si, mamá. Muy rico.- se limpio la boca, dejo los platos en el fregadero y se acerco al moreno. -Vamos Inuyasha, hay que jugar con la pelota.- invito el pre-adolescente y ambos salieron al patio.

La oji-marrón los siguió con la mirada y volvió a su madre con una sonrisa. Bajo la vista a su comida y su mente comenzó a divagar entre los hechos ocurridos.

La señora Higurashi se levanto de su asiento y se dirigió a la alacena. Volteo con una amplia sonrisa. -Hija...- invoco -¿Podrías ir a comprarme algunas cosas?- inquirió con toda la dulzura materna que poseía. La muchacha asintió un tanto desganada, tomo una lista que su madre le alcazaba y se dirigió hacia la puerta. -Dile a Inuyasha que te acompañe porque son muchas cosas.- dijo casual la mujer.

Kagome quedo petrificada al oír su nombre, cómo se lo diría. Meneo su cabeza de forma afirmativa. Se quedo pensando unos instantes hasta que el moreno entro a la casa.

La madre de Kagome sonrió una vez más. -¡Ah! Inuyasha. ¿Puedes acompañarla a hacer algunas compras?- inquirió gentil.

-Eh... si.- contesto, su tez se coloreo de rojo y salio de la casa. La muchacha de oscuro cabello lo siguió hasta llegar al mercado.

Tomo un carro y comenzó a recorrer el lugar para llevar a cabo el encargo de su madre. Sentía la mirada dura de Inuyasha clavarse en su nuca, dio la vuelta dispuesta a pelear para solo ver como el moreno le corría la vista. Lo observo, sus mejillas un poco sonrojadas provocaron un efecto domino en ella: se cubrió de un leve matiz carmín. Llegaron a la caja, pagaron y salieron.

La vuelta fue silenciosa, tanto que era incomodo para ambos. Kagome reunió fuerzas. -Es un lindo día.- solo pudo articular. Genial, sus nervios hacía que dijera tonterías.

El chico que la seguía un tanto mas atrás, se acerco lo suficiente. -Si, muy lindo.- pronuncio nervioso, miro al cielo.

Ya harta de esquivar al muchacho lo miro decidida. -A...- sus labios se abrieron sin pronunciar nada mas, su corazón la había detenido. El palpito salvaje y fuerte le recorrió todo el cuerpo y termino estallando en los oídos. Bajo sus marrones ojos al piso y poso una mano sobre el corazón. -Esta sensación...- murmuro con pesar -...siempre la tengo cuando pasa algo malo.- dijo con el mismo tono y miro a su guardián.

Inuyasha la tomo del hombro. -Entonces apuremos el paso.- pronuncio gutural. Ambos caminaron rápido como si los vinieran persiguiendo.

Subieron las escaleras del templo que parecían infinitas. Entraron a la casa con un poco de preocupación. Dejaron las bolsas sobre la mesa. -¡Mamá ya volvimos!- aviso la morena, el lugar estaba desolado.

-¡Aquí estamos, hija!- llamo la señora Higurashi desde la sala.

Los dos jóvenes caminaron hasta el living, respirando mas tranquilos. Inuyasha miro a la morena y se tiro sobre ella cuando vio como una sombra se acercaba. -Aaaah...- soltó ronco, su brazo había sido atravesado por las garras de la bestia. Cambio su apariencia por la de un demonio. Se levanto y envió al monstruo lejos de un solo golpe.

Kagome se paro y antes de que su familia presenciara la pelea cerro la puerta. -¡No salgan!- exclamo y se corrió del lugar en cuanto vio como ambos demonios se acercaban a ella forcejeando.

El demonio tenía cabello castaño claro por todo su cuerpo, un aspecto macizo, una gran mandíbula y una armadura. Era solo un poco más alto que su guardián. Sus manos presionaban el cuello del medio demonio.

Inuyasha, casi azul, miro a la morena que se encontraba cerca de las escaleras. -Mi es... pada... arriba...- dijo sacando aire de donde ya no tenía.

La morena subió las escaleras con todas sus fuerzas. Entro a su habitación, comenzó a revisar las mochilas que había traído, saco la ropa por todos lados y tomo la última bolsa que quedaba encontrando el afilado objeto en su vaina. Su corazón palpito con fuerza y sin pensarlo dos veces se alejo del lugar, todas las armas se desperdigaron. Dio una vuelta quedando de frente a su agresora, miro hacia su izquierda en donde había un objeto con la forma de una medialuna y se veía sumamente filoso. Retorno la vista al frente, quien la había atacado era una mujer joven, con ojos rojos, piel blanca, cabello negro, un inusual quimono y un abanico con el que cubría sus labios. La observaba con desprecio.

La mujer enseño su maquillada boca y amenazo con abanicar una vez mas esas filosas cosas. La oji-marrón miro la espada que estaba a un lado, la desenvaino consiguiendo esquivar uno de los ataques mientras giraba sobre si misma para ocultarse tras la cama.

La joven Higurashi metió una de sus manos bajo la cama encontrando una de las tantas armas que había desparramado por el cuarto. -¡No te muevas!- amenazo, saco lo que parecía ser un revolver, apretó el "gatillo" y salio la luz del flash. Miro bien, era una cámara digital. -Oh, oh...- soltó la cámara, y apenas se levanto huyo de la habitación.

-¡Danzas de las cuchillas!- ataco la mujer agitando su abanico, las filosas medialunas se clavaron en la puerta que la muchacha de achocolatados ojos acaba de cerrar.

Kagome corrió con la espada en mano, cuando solo le faltaba la mitad del camino tropezó y cayo rodando por las escaleras. Se desparramo por el suelo y al instante se movió del lugar, otro ataque de su adversaria la amenazaba.

-¡Danzas de las cuchillas!- grito una vez mas desde el primer escalón en la altura.

La oji-marrón miro al oji-dorado, que hacía un inútil esfuerzo por ahorcar a su rival. -¡Inuyasha!- llamo y lanzo el arma.

El peli-plateado tomo la espada, sonrió con un toque de cinismo y la clavo en la clavícula del demonio. La saco al instante y lo empujo. Respiro un poco, vio a su izquierda como una mujer desconocida se acercaba a la "vasija" y sin pensarlo la tomo en sus brazos para alejarla del peligro.

-¡Inuyasha!- Souta sostenía la puerta abierta mientras saltaba para llamar la atención -¡Por aquí!- finalizo señalando el exterior.

El ambarino previendo el daño que le podían hacer al niño lo tomo del cuello de la playera, sin soltar a la joven Higurashi, y se escapo al patio de la casa. Los dejo a la sombra del árbol sagrado mientras se encargaba de los monstruos.

-¡¿Qué haces aquí?!- inquirió molesta Kagome.

El pre-adolescente observaba con admiración la batalla. -Quería ayudar. ¿Por qué su cabello es de ese color? Es radical...- finalizo maravillado.

-Porque no es completamente humano.- respondió la chica, miro sus manos que estaban llenas de sangre del medio demonio. Observo como la mujer de rojizos ojos se acercaba a ellos. Cuando estuvo a poco centímetros de ellos, se coloco entre ella y su hermano enfrentándola con la mirada. Cerro los ojos esperando el final.

La mujer de quimono salto esquivando la espada que el platinado clavo en el suelo. Se poso en el tejado. -Mi nombre es Kagura. Recuerdalo Inuyasha, te será útil en tu corto futuro.- advirtió, tomo una pluma del tocado de su cabello y huyo en ella.

Inuyasha se acerco a la morena. -¿Están bien?- interrogo algo agitado, estaba cubierto de sangre y lleno de heridas, ambos Higurashi asintieron -Que bueno porque yo no.- dijo esbozando una suave sonrisa y cayo en los brazos de Kagome, exhausto.

La madre y el abuelo de la joven Higurashi salieron al patio a ver que había pasado. Kagome abrazo al muchacho de plateada cabellera con mas fuerza, pero sin lastimarlo. -Mamá, abuelo...- pronuncio cuando estuvieron lo suficientemente cerca -...tengo algo que decirles.- anuncio algo apenada mientras veía a su guardián.

La señora Higurashi se acerco aun mas a su hija y al medio demonio. -Si, pero primero hay que curarlo.- expreso con su suave voz.

El anciano hombre miro alrededor el desastre. -Souta, voy a necesitar ayuda con esto.- hablo algo resignado, el muchacho asintió.

oOoOoOoOo

El tren ya estaba en movimiento, sus negros ojos se teñían del color anaranjado de los últimos rayos del sol. Viro hacia ella, estaba tan ensimismada en el paisaje. -Kikio... era mi novia.- dijo de la nada y se la quedo viendo.

Kagome volvió en si sin entender las palabras de su compañero. -¿Qué... por qué me dices esto?- pregunto confundida.

La miro con sus profundos ojos oscuros, aun le quedaban cicatrices de esta mañana. -Porque somos amigos.- expreso monótono, volvió a ver por la ventana -Creo...- finalizo algo irónico y alzando un poco las cejas.

-¿Era?- pregunto la oji-marrón con una tonta sonrisa en la cara.

-Murió...- pronuncio lúgubre el joven Taisho, la observo una vez mas -...hoy es el aniversario de su muerte.- su voz escapaba triste y apagada -Era una "vasija", como tú.- termino con una sonrisa amarga.

El semblante de Kagome se torno melancólico. -Lo siento...- solo pudo decir. El chico de oscuro cabello no le contesto, ambos miraron por los ventanales. Ella sonrió de forma imperceptible.

"Soy su amiga..." pensó feliz y triste. Ayudaría como fuera a su amigo a sanar esa herida.

N/A: UFFFF... volvi. Como me costo subir (y terminar) este cap. Fue tremendo... sera alguna venganza?? XD

Bueno regresando a lo serio, ya se va develando algo de lo que pasaba entre Kikio e Inu (y las cosas q faltan todavia). También aparecieron los enemigos... (ah el demonio que pelea con Inuyasha es Royalcan, no me gaste tanto en el detalle xq no s tan impactante en la historia). Creo que nada mas... los dejo y me voy a seguir peleando con mi computadora que hoy esta histerica como ella sola. JAJA XD.

PD: dejen Reviews q siempre son bienvenidos y perdon por el atraso bety... aca t deje el cap recien sacadito del horno...

SALUDOS... Y LARGA VIDA n_n